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“Hysteria”, un divertimento placentero

15/06/2012

Si uno ojea la cartelera de este fin de semana y se encuentra con un título como “Hysteria”, no es raro que piense: “Vaya, ya han estrenado otra de terror”. A mí, en realidad, el título enseguida me remite a Def Leppard, pero eso son cosas mías, por lo que mejor será echarle un vistazo a su sinopsis, y nos encontraremos con esto: “Inglaterra, finales del siglo XIX. El doctor Joseph Mortimer Granville inventó el primer consolador eléctrico para tratar lo que se conocía como histeria femenina, cuyos síntomas incluían insomnio, retención de fluidos, pesadez abdominal, espasmos musculares, irritabilidad o pérdida de apetito”. Toma, ya. O sea, que han hecho una peli sobre la invención del vibrador, vamos. No digáis que no despierta, como mínimo, vuestra curiosidad…

La estadounidense Tanya Wexler, que anteriormente sólo había dirigido las inéditas en España “Finding North” (1998) y “Ball in the House” (2001), es la responsable de esta comedia (sí, evidentemente, estamos ante una comedia) basada por tanto en hechos reales, aunque suponemos que no serán pocas las licencias que los guionistas Stephen y Jonah Lisa Dyer habrán tomado a la hora de escribir el libreto del film. El elenco artístico está encabezado por Hugh Dancy, que da vida al doctor Granville, y Maggie Gyllenhaal, la única norteamericana del reparto, mientras que Jonathan Pryce y Rupert Everett ejercen de secundarios de lujo, en una lista que incluye también a las jóvenes Felicity Jones y Ashley Jensen. Todos ellos, tanto la realizadora como los intérpretes, están más que correctos durante los 90 agradables minutos que dura la cinta, pero no debemos dejar pasar por alto otro de sus puntos fuertes, el notable diseño de producción, que plasma con muchísimo gancho la Inglaterra de 1880, tanto la de la alta sociedad como la de los bajos fondos.

Es cierto que el film, tratando el tema que trata, podría haber sido más gamberro o políticamente incorrecto, y algunos pensarán que esto juega seriamente en su contra, pero también es verdad que “Hysteria” tiene la dosis justa de decoro y corrección para que el humor que destilan, sobre todo, las escenas en esa consulta por la que circulan decenas de respetables señoras que ‘necesitan’ recibir su ‘tratamiento’, no acabe saliéndose demasiado de madre y logre así abrir la cinta a un público considerablemente amplio. Es verídico que casi todas las dolencias e insatisfacciones que padecían las mujeres de la época, con causas de lo más diversas y, ahora la sabemos, otro tipo de tratamientos más convenientes dependiendo del caso, eran englobadas todas de forma un tanto burda como ‘histeria femenina’. A los doctores de entonces sólo se les ocurría una forma de tratar este ‘mal’ tan común: mediante el ‘masaje pélvico’ (lo que venimos a llamar ahora una masturbación en toda regla) para, lógicamente, llevar a las pacientes a alcanzar el ‘paroxismo histérico’ (el orgasmo, para entendernos) y liberarlas así de sus tribulaciones. Qué pillines estos doctorcillos, pensaréis algunos, pero por lo visto en el film, va a ser que no, que la cosa acababa resultando un verdadero ‘coñazo’ (perdón por el chiste fácil y zafio) y la invención de tan rompedor aparato supuso una bendición tanto para unos como para otras.

Si algo deja claro también la película de Wexler era que la inmensa mayoría de estos padecimientos femeninos, de hecho, tenían muchísimo que ver con la falta de derechos civiles de la mujer (si aún quedan muchísimas cosas por hacer, imaginaos entonces), y con el papel al que eran relegadas en sus casas por sus maridos, menos atentos con ellas, en todos los sentidos, de lo que deberían. Esto queda reflejado a través de la Charlotte Dalrymple a la que da vida Maggie Gyllenhaal, una incansable guerrera, modernísima para la época, a la que da mucha fuerza la actriz neoyorquina, consciente de que tiene el papel más bombón de la función entre sus manos. La intérprete, además, consigue salir airosa a la hora de forzar el acento británico (igual un inglés de pura cepa me dice que qué sabré yo, y tendrá razón). El tema, no obstante, no deja de ser algo un tanto accesorio y se asume con la misma ligereza con la que se aborda la gran cuestión de la cinta.

Pero el film tiene aún una capa más, y es que acaba siendo, y eso quizás sea lo más cuestionable, una comedia romántica un tanto convencional y previsible, sobre todo en su tramo final, aunque hay que reconocer que Hugh Dancy y la Gyllenhaal desprenden cierta química. Él viene a ser un cruce entre Dominic West (el McNulty de “The Wire”) y mi primo Pablo (claro… que no conocéis a mi primo Pablo… pues es una pena) y ella está en su línea, feota, algo viejuna para su edad, pero con cierto encanto. Aún así, el hecho de que no estemos ante el romance del siglo no lastra en demasía a una cinta que es, en definitiva, un entretenimiento disfrutable y placentero. Una de esas películas simpáticas, sin demasiados fuegos de artificio, que probablemente no marcarán una época, pero que a veces apetece muchísimo ver para pasar un rato agradable, sin más, pero sin que por ello tengamos que sentir que además nos toman el pelo. Eso sí, un aviso importante a todos aquellos cuyo culo sale disparado de la butaca en cuanto aparecen las primeras letritas en la pantalla: una de las mejores bromas de la película aparece al comienzo de sus títulos de crédito. Y si, ya puestos, deciden quedarse hasta el final de éstos, igual alguna de las cosillas que vean acaba inspirándoles de alguna forma para seguir la fiesta cuando lleguen a casa.

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4 comentarios leave one →
  1. 15/06/2012 21:55

    Posiblemente estemos ante le mejor invento, después de la fregona y la penicilina.

    • Rodrigo Martín Enlace permanente*
      19/06/2012 15:42

      De hecho, fue el sexto aparato doméstico eléctrico en llegar a los hogares… por ejemplo, y cito a la wikipedia, que supongo que podremos fiarnos, lo hizo 9 años antes que el aspirador y 10 antes que la plancha eléctrica!

      • 25/06/2012 11:32

        no séee yoooo eeee jejeje

        bueno se lo diré a ire a ver que pieensa

        Mu buen blog como siempre

      • Rodrigo Martín Enlace permanente*
        25/06/2012 17:29

        Díselo, díselo, aunque espero que no se lo tome mal, se ponga en ‘modo Godzilla’ y me arranque la cabeza… ;-)

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