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“Once”, un viaje musical y sentimental

24/07/2012

Cuando arrancamos este blog allá por mediados de febrero, los tres conductores de este Cadillac Negro teníamos un montón de proyectos en nuestras respectivas cabezas, decenas de discos, artistas, películas, series, actores y directores sobre los que queríamos escribir, y con el paso de los meses hemos podido ir dando alas a algunas de esas inquietudes, han ido surgiendo otras por el camino y también nos hemos ido amoldando a lo que nos iba dictando la actualidad. Recuerdo que una de las primeras ideas que tuve fue escribir sobre “Once”, la película de 2006 que, además, me parecía perfecta porque aunaba dos de las materias primas que alimentan este blog: el cine y la música. Hasta ahora, no había encontrado el momento propicio para hacerlo, pero con el estreno en los cines españoles de “The Swell Season”, el documental sobre el dúo musical de mismo nombre y protagonista del mencionado film, tengo por fin la excusa perfecta para escribir este post.

“Once” es una película pequeña. Pequeña porque costó unos 150.000 dólares, porque se rodó en un par de semanas y porque su metraje no supera los 87 minutos. Pequeña porque sus dos protagonistas son dos músicos sin experiencia previa como intérpretes, a los que acompaña un reducido elenco con apenas un par de actores profesionales entre sus filas. Pequeña porque está filmada con escasos medios, cámara al hombro y con un estilo casi de documental, y porque la historia que nos cuenta es tan sencilla que podríamos encontrarla en cualquier esquina de cualquier ciudad que conozcamos. Pero “Once” es, a la vez, una gran película, una película enorme. Porque recaudó más de 20 millones de dólares en todo el mundo. Porque triunfó a su paso por el Festival de Sundance, ganó el premio a la mejor película extranjera en los Independent Spirit Awards de 2007 y porque se llevó ese mismo año el Oscar a la mejor canción con “Falling Slowly”. Porque supuso el despegue profesional como músicos de Glen Hansard y Markéta Irglová. Pero, sobre todo, porque es una de esas películas que te agarran por dentro y no te sueltan, porque son capaces de conmoverte como muy pocas consiguen hacerlo. Bueno, también porque es, en esencia, un musical, y en ese sentido tiene una de las bandas sonoras más excepcionales que uno ha escuchado en su vida.

“Once” es uno de esos milagros que uno se encuentra cada cierto tiempo, un trabajo hecho con muy poquito pero al que, sin embargo, no le falta de nada. Podríamos decir que sería la hermana, o la prima, si queréis, en clave musical de esas “Antes del amanecer” y “Antes del atardecer” que tan felizmente nos evocó hace poco mi compañero Alberto. Y es, sobre todas las cosas, una película sobre el amor. El amor entre dos personas con el corazón roto, un amor que nunca llega a consumarse aunque probablemente les dejará marcados para siempre, tras dejar escapar una de esas oportunidades que uno encuentra, quizás, sólo una vez en su vida. Es también un film sobre el amor por la música y, más concretamente, por los músicos. No es casualidad que el director y guionista, John Carney, fuera el bajista, a comienzos de la década de los 90, de la banda The Frames, liderada precisamente por Hansard. Este último es además el compositor de la mayoría de las canciones de la banda sonora, por lo que se me antoja que debería situarse casi al mismo nivel que el cineasta como autor y responsable del éxito de la cinta.

Como ya hemos dicho, la historia de “Once” es muy sencilla, pero a la vez honesta, emocionante y diría que universal. De hecho, en ningún momento llegamos a conocer los nombres de los personajes interpretados por Hansard e Irglová, pero no es necesario. Él da vida a un joven irlandés con el corazón hecho trizas tras una infidelidad de la que fue su novia durante casi una década. Ahora ella vive en Londres y él sigue en Dublín, arreglando aspiradoras en la pequeña tiendecita de su padre y ganándose la vida, también, como músico callejero. Por el día interpreta temas populares, de Van Morrison y compañía, pero por la noche se atreve a tocar sus propias canciones, casi todas inspiradas en ese amor roto. Ella es una joven inmigrante checa, madre de una niña de dos años y casada con un hombre mayor, con el que no guarda buena relación y que se ha quedado en su país de origen. Vende periódicos y rosas en la calle y limpia casas para poder vivir humildemente, junto a su hija y su madre, en una de las zonas más desfavorecidas de la ciudad. Toca el piano pero no puede permitirse tener ningún instrumento en casa, por lo que sólo puede practicar cuando el dueño de una tienda musical le deja hacerlo durante las horas de cierre. Una aspiradora averiada será testigo (y excusa) del comienzo de este conmovedor viaje musical y sentimental por las calles de la capital irlandesa, con visita a la estatua del gran Phil Lynnot incluida.

 

No es mucho más lo que podemos, ni queremos, contar sobre el film. Estos dos seres perdidos encuentran refugio el uno en el otro, comparten confidencias y establecen un precioso vínculo a través de un puñado de canciones asombrosamente maravillosas, que además parece que vemos nacer y crecer ante nuestros ojos. “Falling Slowly”, el tema ganador del Oscar en 2007, es por supuesto la joya de la corona, y de hecho me tiro a la piscina para afirmar que pocas veces una canción se habrá llevado la preciada estatuilla con tantísimo merecimiento. Pero la banda sonora está repleta de otros tesoros, como esas “Say It To Me Now” o “When Your Mind’s Made Up” que se alzan, majestuosas, en dos de las mejores escenas de la película. O esas piezas en las que Hansard y su guitarra rota asumen el mando, como la hermosísima “All The Way Down”, la desgarradora “Leave”, la doliente “Lies”, la pop-rockera “Trying To Pull Myself Away”, la juguetona “Falling From The Sky” y la cachonda “Broken Hearted Hoover Sucker Guy”. Irglová se permite brillar también en la ensoñadora “If You Want Me” y en la delicada pero intensísima “The Hill”, mientras que ambos cierran la función con la cautivadora “Once”. Y no nos olvidemos de esa joya oculta folk que es “Gold”, de la banda irlandesa Interference. Cualquiera de estos temas serviría, por separado, para levantar cualquier álbum, pero aquí además las tenemos todas reunidas en lo que acaba siendo una compilación memorable.

 

No voy a quitarle méritos a una cinta que, con 150 millones de dólares de presupuesto, llega a recaudar 600 millones en taquilla. Ni cometeré tampoco el error de decir que estas grandes producciones son, la mayoría de las veces, malas películas, porque tenemos un buen puñado de ejemplos que nos demuestran que pueden ser todo lo contrario. Pero sí diré que, al menos a nivel personal, a mí me causan una gran alegría pequeñas victorias como la de “Once”. El impacto del film, de hecho, aún alcanza hasta nuestros días, ya que en 2011 la historia dio el salto a Broadway, cosechando un enorme éxito y arrasando en la pasada edición de los Premios Tony. Regresando a los protagonistas del film, Glen Hansard y Markéta Irglová se vieron lanzados de la noche a la mañana al estrellato (aparecieron en “Los Simpson”, y con eso está todo dicho). Tras haber grabado juntos antes de “Once” el álbum “The Swell Season” (2006), que incluía cuatro canciones que acabarían también en la película, se consolidaron como dúo girando por todo el mundo y publicando en 2009 el disco “Strict Joy”. Demostrando, una vez más, que la realidad supera muchas veces a la ficción, la historia de amor no consumada en el film sí acabó fructificando en la vida real y el documental “The Swell Season” muestra precisamente las vivencias de la pareja tras alcanzar la gloria, y cómo se enfrentó a las mieles y a las miserias del éxito y al triste, pero quizás inevitable, deterioro de su relación. Hablo de oídas, porque en realidad aún no he visto esta especie de secuela involuntaria… y aún tengo que decidir si acabaré haciéndolo, finalmente, o elegiré quedarme con la imagen de estos dos melancólicos seres caminando por Grafton Street, con una tímida sonrisa en sus rostros, seguidos por una vieja aspiradora. A veces hay oportunidades que, quizás, sea mejor dejar escapar.

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9 comentarios leave one →
  1. Alberto Loriente permalink*
    24/07/2012 12:18

    Gran post, Rodri. Tengo que confesarte que, tras largo tiempo queriendo verla, finalmente puede ver “Once” hace apenas un mes y pico. Tenía mucha expectación y, qué quieres que te diga, es de esas veces que no conectas del todo con una película. Me parece muy correcta, pero no comprendo el fenómeno que originó. La historia me parece de lo más sencilla (demasiado) y es casi plenamente musical, género en el que es fundamental que conectes con las canciones. Y no lo hice del todo. Alguna me parece bonita (“Falling Slowly”), pero la mayoría me parecen obra de un Damien Rice de tercera. Aunque eso sí, me hizo recordar mi estancia en Dublín, esa bonita ciudad.

  2. sergioalmendros permalink
    24/07/2012 12:22

    maravillosa película. me choqué con ella por casualidad y quedé prendado, revisándola varias veces en pocos días.
    (la escena en la que intenta componer una canción frente a la pantalla del ordenador donde proyecta imágenes de su exnovia me desarmó)

  3. Tamara de Lempicka permalink
    25/07/2012 1:30

    Estoy palabra por palabra con Alberto. La ví hace poco y a mí tampocó me encantó, como le ha sucedido a otra mucha gente, pero sí me gustó la historia, aun si me quedé con ganas de algo más.

    Quizás ya no estemos acostumbrados a esas historias románticas “a la antigua”, donde todo pasa despacio y la atracción entre dos personas se queda inconclusa, haciéndose evidente sólo a través de miradas intensas y de gestos tímidos, sin traspasar nunca la línea.

    Lo que sí me llegó a tocar el corazón cuando ví la peli fue esa interpretación tan emotiva que Marketa hace al cantar el tema “The Hill”, ese solo al piano con el que acabé con lágrimas rodando por mis mejillas.. Pufffff!

    Y sí, Dublín es realmente encantadora: bonita, alegre, acogedora y muy musical. La ciudad rebosa buen rollo, cerveza, cerveza y más cerveza (¡cuántos litros, madre mía!) y música constante, gente cantando realmente bien en cualquier esquina. Si no la conocéis, os aconsejo que vayáis. ¡No os arrepentiréis!

    Mmmmm ¿cuándo nos volvemos para tomarnos unas “pints”? ;-)

    Abrazos a los dos.

  4. SALTAMONTES 72 permalink
    29/07/2012 18:49

    Ayer , después de salir de ver la peli ” The Guard” ( ” El irlandés ” en estos lares) , mi amiga Clara y yo descubrimos el enorme cartel de la peli ( dentro de los pasillos por los que se accede a las salas del cine de la Plaza de los Cubos). Inmediatamente , las dos tuvimos la misma reacción:” olvídate de cenar … Vamos a sacar la entrada ya ( sólo hay pase de “madrugue”). Es la segunda parte de ” Once” y no podemos perdérnosla”.
    Cuatro gatos en la sala… Pero era imposible dormirse. ¡¡ Qué preciosidad de canciones en directo!! . Lo malo es que esa historia de amor no dura . No sabes si es por que la gira los va quemando o porque la diferencia de edad y experiencias les marca el destino. Hay una frase preciosa ( bueno , en realidad hay muchas) que dice Mar . Algo así como que quizás en otra vida ambos estén juntos porque , los dos saben que están hechos el uno para el otro.
    Ah! Me encantó el formato en blanco y negro …
    Un abrazo y disfrutadla

    SALTAMONTES 72

  5. fede permalink
    20/11/2012 17:48

    alguien sabe que le responde ella cuando él le pregunta si aún lo amaba a su ex esposo??

  6. Anónimo permalink
    22/02/2013 19:07

    LO MUDAMOS TODO PARA EL SUR .SI ESTAN DE ACUERDO YO COMPLETAMENTE SOLEI DORADITE COMO KIZETE

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