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“Moonrise Kingdom”: la vida desde los prismáticos de la infancia

25/07/2012

Wes Anderson está a punto de conseguir la cuadratura del círculo. Su cine cada vez trata temas más universales y, por lo tanto, puede llegar a cada vez más público pero, no obstante, sigue manteniendo toda su particularísima esencia, todos los ingredientes que le han hecho uno de los cineastas más personales del siglo XXI. Si ya en su afortunada incursión en el cine de animación con “Fantástico Sr.Fox” analizaba con gracia la crisis de la mediana edad, ésta vez su objeto de estudio es algo todavía más inherente a todo ser humano: el amor durante la infancia o preadolescencia, ese amor que nunca se olvida, que tantos pilares levanta para cimentar nuestra vida futura.

Si algo demuestra el cine de Anderson es que la forma es tan importante o más en el Séptimo Arte que el fondo. Si echamos un vistazo al argumento -dos preadolescentes enamorados que se escapan juntos por el campo tras un año carteándose provocando una operación de búsqueda por parte de padres y autoridades- , éste podría ser perfectamente el de un filme de Disney que habría contado hace unos años con Zac Efron y Miley Cyrus como pareja protagonista. Sin embargo, Anderson somete esta trama a su tratamiento habitual: excentricidad, ironía pero sin mirar nunca por encima, un tremendo afecto por los personajes, melancolía, ánimo juguetón, etc. y sale totalmente metamorfoseada en una obra tan sofisticada como sencilla, tan aparentemente frívola como profunda.

El imaginario utilizado por Anderson en “Moonrise Kingdom” no puede ser más único: años sesenta, un archipiélago apenas habitado de Nueva Inglaterra en el que se asienta un campamento de  boy scouts, bajo el mando de un joven y aplicado instructor, del que huye el joven huérfano Sam para cumplir su promesa y encontrarse con Suzy, una niña curiosa y soñadora que vive en una apartada casa junto a sus estrambóticos padres y hermanos. De la búsqueda de la púber pareja se encargará el solitario Capitan Sharp, que es la máxima autoridad de un lugar donde nunca pasa nada. Mientras, una temible tormenta tropical se acerca poco a poco…

Anderson echa el resto en el comienzo y demuestra un tremendo talento narrativo en la precisa, preciosa y , sí, extravagante apertura del filme. En poco más de 20 minutos el conflicto ya está desencadenado, los personajes presentados, las acciones contextualizadas (¡ojo a esos fenomenales “flashbacks”) y, lo que es mas importante, el público metido en la historia y embriagado ante las bellas y curiosas imágenes que se agolpan en la pantalla.

La relación entre los preadolescentes huídos prácticamente monopoliza la primera parte de la película. El bonito encuentro da paso a una escapada en la que ambos echan mano de todos sus recursos para agasajar al otro aunque se dan cuenta que entre ambos hay notables diferencias (Suzy está fascinada por la música pop y la vida de la gran ciudad, mientras que Sam es mucho más “campestre”) y distintos intereses. La idealización que ha tenido lugar durante un año corre riesgo de resquebrajarse pero el amor lo puede todo y un fascinado Anderson nos va contando como se van sobreponiendo a estas primeras dificultades en beneficio del objetivo máximo: seguir estando juntos. Una preciosa playa es escenario de un primer beso tan dubitativo como evocador mientras que los compañeros de campamento de Sam y su instructor (un insólito y muy divertido Edward Norton) buscan a los fugitivos con la incredulidad que supone un acto demasiado maduro (para los pequeños) y demasiado espontáneo (para el rígido instructor).  Tras 40 minutos brillantes la trama se estanca un tanto y el peculiar estilo de Anderson empieza a cansar, comienza a estar al servicio de la vacuidad, menos mal que se trata de una sensación pasajera.

Y es que cuando los adultos -y la terna de estrellas, entre las que Bruce Willis sale sorprendentemente mejor parado que Bill Murray o Frances McDormand- comienzan a ganar protagonismo es cuando el filme gana en riqueza, gracias al juego de espejos que utiliza el cineasta para contrastar la realidad de las distintas generaciones.  Mientras que hemos presenciado emocionados la idealista fuga de los dos infantes para lograr su más preciado sueño, el amor; ahora pasamos a contemplar la zafia actitud de los padrastros “de turno” de Sam, la profunda incomunicación de los padres de Suzy (unos abogados que solo saben hablar entre ellos si el sistema judicial está presente en la conversación) o la soledad que sufre el guarda. Sin embargo, la tragedia de estos adultos es que parecen no darse cuenta de su situación. La grisura de sus vidas lo ha contaminado tanto todo que no reaccionarán hasta que la joven pareja les pongan delante de sus ojos aquello que deberían perseguir en la vida. La película ha tomado impulso de nuevo y ya no va a parar. Anderson consigue hacer sonar en una sintonía bien afinada la épica resolución de la fuga en medio de una devastadora y ¿a la vez sanadora? tormenta tropical, el humor y la sutileza a la hora de atar los últimos cabos del guión.  Un entrañable final aboga tanto por hacer del pasado un buen refugio para pasar los malos momentos como por la unión como método infalible para hacer más bella la vida que nos ha tocado vivir (en este sentido, no son nada anecdóticos unos ingeniosos títulos de créditos a no perderse).

Puede que el actual Wes Anderson no sea el “tótem del cine” que parecen reclamar muchos de sus acólitos pero está aún más lejos de ser ese “esteta que va de guay pero no tiene nada que contar” con el que se empeñan en acusarle sus detractores. De lo que está cada vez más cerca es de ser uno de los directores que van a marcar la presente década. El tiempo dará y quitará razones…

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5 comentarios leave one →
  1. Arzu permalink
    29/08/2012 19:48

    ¡Vaya! La destripas un poquito… Menos mal que ya la he visto y, como ya te he dicho en persona, me ha gustado. Eso sí, admiro tu capacidad para sacarle el jugo a una película tras un único visionado. ¡Crack!

  2. Mónica permalink
    01/11/2012 23:47

    Bueno, por fin me he pasado por la página. Ya sabes cuál es mi opinión sobre esta peli. Quizá es que tenía el día tonto o no el más idóneo para una versión original. Eso sí, me gustó un montón Edward Norton. Y se le entiende genial en V.O. Tb a Bruce Willis.

    • Alberto Loriente permalink*
      02/11/2012 0:11

      Hola, Mónica, y bienvenida por fin al Cadillac! Pase usted sin llamar! Sé bien de tu opinión (no precisamente positiva) y la comprendo. Wes Anderson tiene un mundo de lo más particular y es difícil entrar en él. Yo mismo creía hace años que no me iba a gustar nunca su cine y ese tono suyo tan excéntrico y ‘naif’ me daba bastante pereza. Pero, ya ves, las cosas cambian y ahora, sin ser aún un gran fan, sí me siento a gusto en su mundo y, de hecho, me tengo que poner algún día a revisar su filmografía. Un saludo y espero que ésta sea la primera de muchas veces que hablemos por aquí.

      • Mónica permalink
        14/11/2012 16:23

        Bueno, de momento aparco a este director. Ahora necesito cosas más fácilmente digeribles…. Supongo que tipo blockbuster.

Trackbacks

  1. Cine: nuestras 12 de 2012 « El Cadillac Negro

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