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“Prometheus”, ni tanto ni tan poco

09/08/2012

No recuerdo la edad que tendría, pero en cualquier caso no era más que un chaval la primera vez que vi “Alien, el octavo pasajero”, de Ridley Scott. Lo que es seguro es que tenía los mismos años que la propia película, que fue estrenada en 1979, el mismo año en que nací. Los de mi generación entenderán perfectamente cómo pudo llegar a marcarme, a mi tierna edad, un film que fue entonces, y creo que lo sigue siendo, la mayor muestra de terror en estado puro que nadie haya filmado jamás. Son muchísimas las virtudes y aciertos de la cinta, tantas que podríamos tener la tentación de calificarla como una pieza perfecta cuando, como ocurre con casi todas las obras maestras, no lo es, pues tiene también sus debilidades que, en el fondo, también contribuyen a su grandeza. En realidad, podría tirarme páginas y páginas, y horas y horas, escribiendo sobre ella, y este no es el propósito, pero lo cierto es que he perdido la cuenta de las veces que he vuelto a verla, la última precisamente la pasada semana, y es innegable que aguanta el paso del tiempo y se mantiene tan sólida como el primer día. Ahora somos capaces de juzgarla y disfrutarla con todo el bagaje que llevamos a cuestas, con muchas más referencias en nuestras cabezas y algunos conocimientos sobre el medio de los que entonces carecíamos, y aún sigue siendo acojonantemente maravillosa (o maravillosamente acojonante). Pero nada que pueda compararse con aquel o aquellos primeros visionados, por supuesto que no. Lo mismo podríamos decir de su inmediata secuela, “Aliens, el regreso” (1986), de James Cameron, que con mucha más acción y una menor dosis de terror quizás se ajustaba más a nuestros gustos de la época. Luego, llegarían una tercera y una cuarta parte, esas ya las estrenaron cuando éramos un poco más mayorcitos y, entre eso y que el nivel de calidad innegablemente fue mermando con cada entrega, es lógico que nos dejasen una huella mucho menor. De los posteriores encuentros entre nuestro alienígena asesino favorito y nuestro segundo alienígena asesino favorito (cada cuál que elija el orden que quiera, aunque yo lo tengo muy claro) mejor ni hablar.

A mediados de 2009, comenzaron a llegar las noticias de que una quinta entrega de la saga estaba en marcha, y para entontes la verdad es que, más que ilusionarnos, nos resbalaba por no decir que casi nos indignaba. Luego confirmaron que en realidad estaban planeando un par de precuelas (eso es importante, siempre se trató, desde el principio, de más de una película) y nos quedamos más o menos igual, pero cuando nos enteramos de que sería el mismísimo Ridley Scott el que estaría al mando, no supimos muy bien si alegrarnos o tener aún más miedo. Por un lado, su presencia podía hacer que el proyecto ganase en consistencia, legitimidad y calidad, pero por otro nos obligaba ya a estar pendientes del asunto, cuando teníamos asumido que “Alien” nos daba más pereza que otra cosa, y si el invento terminaba en desastre acabaríamos tan decepcionados como dañado el prestigio de Scott, aún considerable a pesar de que su carrera, para mí, se resume en un 50% de grandes films y un 50% de mierdas infumables. Después nos enteramos de que Scott y la Fox andaban peleados porque esta última quería que el cineasta rebajase el nivel de sangre y violencia de la cinta para que pudiese llegar a más público y el primero se negaba (buenos presagios) y amenazaba con mandarlo todo a mandar por saco. La cosa siguió adelante y nos dijeron que al final no harían una precuela, que sería otra cosa completamente distinta, luego que sí, que tendría que ver con la saga, y finalmente que no, pero que sí, que un poquito, pero que no mucho… Un jaleo de mil pares que poco a poco se ha ido clarificando y del que ya podemos dar nuestro veredicto con el estreno de “Prometheus” en las salas españolas.

El hecho de que alguien muy listo decidiese que la película debía llegar a nuestras pantallas casi dos meses después de ver la luz en Estados Unidos y buena parte del planeta, y el aluvión de trailers condenadamente reveladores (algo aún más inexplicable después del secretismo que envolvió al proyecto hasta pocos meses antes de su estreno) han hecho que hayamos llegado a “Prometheus” con mucha más información y menos vírgenes de lo que hubiésemos querido. En nuestra retina no sólo están grabadas muchas imágenes que preferiríamos haber descubierto en la sala del cine, sino que además nos han ido llegando las encontradas reacciones que la cinta ha levantado, entre la crítica y los espectadores, allá por donde ha pasado: algunas fervorosamente favorables y otras rotundamente negativas, y al parecer sin término medio. Y por ese territorio neutral es por donde, precisamente, transita la opinión de quien esto escribe, que no se ha encontrado ni con la obra maestra que todos deseábamos ni tampoco, ni mucho menos, con el truñaco que algunos han creído ver. Me atrevo a decir que “Prometheus” ha acabado siendo víctima de sus propias expectativas, y con esto no intento disculparla, ni mucho menos, porque una película debe darnos aquello que pretendía vendernos, y debe estar a la altura que se le presupone por los nombres involucrados en el proyecto. En este caso, además, se suma el hecho de que se ha metido de lleno con una de las ‘vacas sagradas’ de la historia del cine, y eso suponía asumir unos riesgos considerables.

“Prometheus” tiene muchos, muchísimos hallazgos, y de hecho hay pocos que nieguen que visualmente es un espectáculo magnífico y apabullante, realzado por el que quizás sea el mejor 3-D visto en un cine desde “Avatar”, aunque por supuesto no llega a superarlo ni de lejos (para eso, me temo, deberemos esperar a “Avatar 2”).  Se nota, y mucho, que el suizo H. R. Giger, creador de la estética del monstruo y los ambientes del primer “Alien”, ha estado involucrado en el proyecto. Los escenarios y las numerosas criaturas que desfilan por la pantalla llevan su malsana y seductora firma, y no es casual que tratándose de una precuela, o semiprecuela, o lo que sea, muchos de los diseños utilizados hayan sido rescatados de sus primeros trabajos para el primer film que o bien fueron desechados o bien acabaron evolucionando en otra cosa. La música, obra del actual colaborador habitual de Scott, Marc Streitenfeld, a veces brilla majestuosamente y otras atruena de forma un tanto molesta, la fotografía de Dariusz Wolski se nos antoja perfecta y los efectos especiales, uno de los cimientos fundamentales de toda obra de ciencia ficción y a cargo de la hoy en día imbatible Weta Digital, son igualmente impecables, aunque esto nos llevaría a una peliaguda cuestión. Como ya sucediese en la segunda trilogía de “Star Wars”, la acción de “Prometheus” se sitúa más de 30 años antes que la de “Alien” pero, sin embargo, ha sido rodada precisamente más de 30 años después, por lo que, lógicamente, visualmente luce mucho más. Además, si en 1979 muchas de las limitaciones presupuestarias o técnicas fueron suplidas magistralmente potenciando su enfermiza, desasosegante y oscurísima atmósfera y unos claustrofóbicos encuadres cerrados, lo que acabó redoblando el impacto del film, aquí Scott no parece querer guardarse nada y hace un exagerado despliegue de todo el virtuosismo que parece tener a su alcance. Admitimos que la Nostromo era un carguero de mala muerte con siete mataos (y un gato) a bordo, y que la Prometheus parece ser la ‘crème de la crème’ de la Corporación Weyland, pero eso no acaba justificando el enorme retroceso tecnológico experimentado por aquella mítica nave (ese entrañable MS-DOS…) frente a esta ‘nueva’ que, con todo un derroche holográfico, se nos muestra ahora en pantalla. Vale, es cierto, “Prometheus” es una película rodada en el siglo XXI para espectadores del siglo XXI, pretender lo contrario hubiese sido quizás un soberano error, pero Scott no hace en ningún momento el más mínimo ejercicio de contención.

Con esta salvedad, poco o nada podemos reprocharle al Scott director, que a su sobrado dominio del apartado técnico suma su buen hacer construyendo, tras un bellísimo e impactante prólogo (y unas posteriores imágenes de mi amada isla escocesa de Skye, que he llegado a visitar hasta en tres ocasiones), una primera hora de película con un ritmo mucho más dinámico que en “Alien” o incluso que en la más ‘entretenida’ secuela de Cameron, en las que recuerdo que pasaban más de 60 minutos hasta que las hostilidades se desataban realmente en la pantalla. Pero las pequeñas flaquezas que va mostrando hasta el momento la cinta empiezan a hacerse más visibles cruzado el ecuador del film, cuando se desata un interludio ‘gore’ que a punto estuvo de echar a mi mujer de la sala (y de hecho echó, que yo viese, a un par de espectadores). Mi estómago es bastante resistente, por lo que no tengo mayor problema con ello, pero la sensación de cierto desmadre, de cierta arbitrariedad y caos se confirma tristemente con un último acto en la que las costuras de “Prometheus” se rompen y quedan al desnudo sus múltiples agujeros. Eso sí, en medio de todo el follón, Scott nos regala, o mejor dicho, nos endosa, LA ESCENA, rodada con una tensión y crudeza tan enfermiza y despiadada que puede llegar a rivalizar, o incluso a superar en impacto y tensión a aquella legendaria en la que al bueno de Kane le reventaba el pecho, pariendo a un pequeño y repugnante xenomorfo. Me imagino que, de verla siendo aún un muchacho, me hubiese costado horrores conciliar el sueño durante unas cuantas noches. Lo malo es que ni siquiera este monumental ‘highlight’ acaba sustentándose por el desarrollo posterior de la acción. Sí, amigos, no soy el primero ni el último que os dirá, ya que en este punto parece haber unanimidad, que el guión de Jon Spaihts y Damon Lindelof acaba convirtiéndose en el mayor punto débil de “Prometheus”. Del primero apenas sabemos nada y poco nos importa, pero el segundo parece dar la razón a todos sus detractores, mostrándose más tramposo y ‘licencioso’ que de costumbre y fallando esta vez en lo que se supone que, al menos, era su fuerte: la construcción de los personajes.

Es en este punto en el que debemos hablar de los actores, y lo cierto es que el reparto es capaz de brillar en la medida en que se lo permite el libreto de Spaihts y Lindelof, salvándose así sólo dos intérpretes, o dos intérpretes y medio, o dos intérpretes y dos medios… Complicada cuestión, ya que en realidad sólo salvaríamos a una Noomi Rapace que dota de coraje y resolución, pero también de vulnerabilidad y emoción, cuando debe, a una Elizabeth Shaw que por suerte no es un simple remedo de la mítica Ellen Ripley, sino que tiene sus propias motivaciones y justificaciones, y por supuesto a Michael Fassbender. Que el androide David acabe convirtiéndose en el personaje más complejo, más elaborado, más profundo, más humano de la función no es por otra parte ninguna sorpresa, pues al fin y al cabo estamos en el ‘universo Alien’ y en manos del creador de “Blade Runner”. ¿Alguien ha dicho por ahí ‘2001’? Pues también, su influencia es más que notable en buena parte de la cinta. Además, a Fassbender parece que le da igual cómo le vistan, cómo le peinen o el texto que le pongan delante, él parece empeñado en erigirse siempre en el puto amo del cotarro, y aquí vuelve a conseguirlo. Más difícil nos resulta juzgar el trabajo de Charlize Theron, cuya fría Meredith Vickers promete mucho más de lo que en realidad da, y que no alcanza a sorprendernos cuando los guionistas, supuestamente, creen que lo hará, o el de Idris Elba (el legendario Stringer Bell de “The Wire”), que consigue levantar un personaje apenas esbozado con toneladas de convicción y carisma. Del resto poco o nada podemos decir, porque ni los actores demuestran tener demasiado empaque ni sus caracteres están debidamente construidos.

Supuestos científicos experimentadísimos, eminencias en biología, geología, arqueología y demás que se comportan de forma torpe, estúpida o negligente, personajes que apenas sabíamos que estaban allí y que de repente realizan la mayor de las heroicidades sin saber muy bien por qué (les da por ahí y ya está), deslucidas  resoluciones de algunas de sus tramas… Es probable que muchos de estos errores no se subsanen, pero parece confirmado que hay al menos 20 minutos de metraje perdido que el cineasta se vio obligado a cortar (¡qué raro, esas cosas no le pasan a Ridley Scott!) y que verán la luz en un futuro ‘montaje del director’, que en este caso sí es posible que mejore el acabado final del film, o que le dé un poco más de coherencia. Entre otras cosas, se habla de flashbacks sobre Peter Weyland, el fundador y líder de la compañía propietaria de la Prometheus, que al menos justificarían que se haya contratado, en lugar de a un actor veterano, a un intérprete como Guy Pearce (44 años) al que en pantalla vemos horriblemente maquillado (¡y que no aprendemos, oye!) como un anciano decrépito, y ya de paso entenderíamos mejor a un personaje que al final pasa más bien sin pena ni gloria.

Sé que mucha gente ha visto “Prometheus” casi con la única intención de encontrar sus conexiones con “Alien, el octavo pasajero”, y que buscaban en el último film de Ridley Scott todas las respuestas a los enigmas que dejó en el aire aquella cinta y que no fueron resueltos por ninguna de sus secuelas, y es verdad que muchas cuestiones han podido quedar suficientemente respondidas o, mejor aún, convenientemente sugeridas, pero lo que en realidad se han encontrado, y quizás deberían haberse informado mejor, es con una historia que plantea sus propios dilemas, nos presenta una hipótesis apasionante y abre muchas expectativas. Porque, para fastidio de muchos, “Prometheus” es claramente el inicio de una saga, no sabemos si de una o de dos películas más. No es descabellado que una futura o futuras entregas acaben enlazando con mayor consistencia todas las piezas del ‘universo Alien’, aunque yo no lo vea tan necesario. En cualquier caso, Lindelof se ha caído del barco para el próximo film, dicen que por sus múltiples compromisos, aunque yo siempre tiendo a pensar mal. Y aunque la película de Scott no haya sido todo lo redonda que esperábamos, creo que ha abierto la puerta a una trama que puede dar muchísimo de sí. No sólo no siento que las dos entretenidísimas horas que pasé pegado a la pantalla hayan supuesto una pérdida de tiempo, sino que me han dejado con ganas de más. Y esa, quizás, acabe siendo la mayor virtud del film.

4 comentarios leave one →
  1. David permalink
    10/08/2012 15:12

    Buenas Rodrigo. Ante todo enhorabuena por el blog, ha sido una grata sorpresa encontraros.

    El otro día leí una critica similar en la que ponía a caer de un burro a Lindelof, mostraba las incongruencias de la pelicula y sus multiples incognitas al mas puro estilo Perdidos.

    Después de leerla, unido a que con tres niños no tengo un rato para escaparme, se me quitaron todas las ganas de ver la pelicula.

    Hasta hoy.

    Coincido contigo en que visualmente tiene que ser espectacular, motivo suficiente para buscar un momento del que no dispongo y “huir” hacia una sala a disfrutar de ella.

    Quizas no sea mucho pedirle, quizas fuesen muy altas sus espectativas, pero yo le voy a dar un voto de confianza.

    Solo espero que merezca la pena porque convencer a mi mujer para que se quede con los tres va ser un trabajo duro …

    Un saludo.

  2. 11/08/2012 20:15

    La acabo de ver y la verdad es que me ha gustado, lo suficientemente espectacular y digan lo que digan muchos, con un guion consistente. Bien hecha y bien interpretada, quizás el personaje de Theron sea el mas desaprovechado, pero aun si digno. Los demás protagonistas cumpliendo de sobra.

    No olvidar que en el estreno de blade runer fue una película defenestrada por critica y publico, y luego el tiempo la ha puesto en su lugar. En cuanto a su director, pues de los actuales vivos de los mas interesantes y con una carrera que pocos pueden igualar. Ademas con el aliciente de moverse un muchos géneros y fuera de sus dos obras casi maestras en el cine fantástico, tiene un ramillete espectacular de muy buenas películas…Saludos

  3. carloskalibur permalink
    12/08/2012 18:00

    En mi opinion, una pelicula de ciencia ficcion mas,creo que el tiempo la pondra en su lugar( no sabemos si como obra de culto, o como blockbuster palomitero, yo me inclino mas por lo segundo) pero no esta a la altura de alien, y desde luego no esta a la altura de sus espectativas.
    Solo hay que ver las impresiones de la gente al salir de la sala.,simplemente decepcionantes.
    Es una pelicula que ha contado con un mas que jugoso presupuesto, y es por eso por lo que ha dado un producto visualmente espectacular, pero el guion hace aguas por todas partes, y esto no se puede consentir en una pelicula que prometia ser la pelicula del año y se ha quedado en un titulo mas del verano

    Lejos quedaron los años en los que las peliculas de ciencia ficcion eran lo mas atractivo de la cartelera pues este genero esta de capa caida y es triste pues la tecnologia y los medios juegan en su favor, pero es precisamente eso lo que las ha matado de exito, igual que a las peliculas de terror, ya que antes suplian la carencia de medios con atmosferas aterradoras, con guiones impresionantes, y ahora solo quieren apabullarnos visualmente con millones gastados en efectos especiales digitales mientras los guiones hacen aguas por todos lados, y por favor!! con todos los grandes actores que existen de mas de 50 años y tienen que maquillar de viejo a guy pierce!! eso no es cutre, es lo siguiente, solo demuestra que ridley scott jamas estara a la altura de cameron o de kubrick por poner ejemplos.

    Mucho me temo que esta pelicula pretendia ser en sus origenes algo muy distinto, y las peleas con el estudio y la busqueda de financiacion la han dejado a medio camino de algo que no se muy bien como calificar, y es tristisimo pues se ha perdido una oportunidad unica para crear algo redondo,pero creo que como he dicho antes, los mejores años del señor scott estan ya muy lejos en el tiempo

    y sobre la futura secuela, que quereis que os dia, que me es indiferente,lo que mal empieza, tristemente mal acaba, y creo que en este caso no va a ser una excepcion

    El año pasado sin ir mas lejos, se estreno la precuela de”la cosa” de carpenter, y como precuela es 1000 veces mas solida que esta truñeteus,y sin embargo paso sin pena ni gloria,pero claro, ni contaba con tanto presupuesto, ni tantos millones gastados en publicidad,y vuelvo a repetir, con la pasta que se han gastado en efectos especiales solo faltaba que tambien estos hicieran aguas.

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