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“Amor”, empacho de realidad

11/01/2013

Amor (2012)

Incómodo, turbador, desasosegante , áspero, inquietante… son calificativos que siempre se asocian al cine del austriaco Michael Haneke, el director europeo más respetado y agasajado por la crítica de los últimos tiempos. Ver un filme de Haneke nunca es un trago agradable; hay que tener estómago y estar preparado para pasarlo mal durante un par de horas. Si el momento no es propicio puede resultar una experiencia insoportable, e incluso también si lo es. Para mí, su cine es como uno de esos jarabes que te dejan un malísimo sabor de boca pero que empieza a hacer su efecto a las pocas horas. Las películas de Haneke escuecen, están hechas para ser sufridas y su onda expansiva llega mucho más allá de la sala de cine. Sus mejores cintas se caracterizan por introducir un elemento anómalo, normalmente de naturaleza violenta y brutal, en un refinado y cotidiano microcosmos burgués y observar imperturbable y retorcidamente cómo se desmorona esa frágil estabilidad. En “Funny games” (1997) eran un par de jóvenes psicópatas la que irrumpía salvajemente en la casita de campo de una familia acomodada;  la respetada y respetable profesora  de “La pianista” (2001) ocultaba una sexualidad reprimida y alienada que al ser expuesta públicamente terminaba arrojándola a una patética e implacable espiral de humillaciones; y el pudiente matrimonio de “Caché (Escondido)” (2005) veía cómo su mundo se volvía del revés por culpa de unas misteriosas cintas de vídeo anónimas que parecían reclamar viejas cuentas pendientes del pasado. “Amor”, su última y multipremiada película, aunque con matices también se mueve bajo esas coordenadas, pero en este caso el monstruo detrás del armario es mucho más prosaico, por real, tangible e inevitable.

En “Amor” tenemos a un matrimonio de ancianos, Georges y Anne, que disfrutan de un plácido retiro tras una vida dedicada a enseñar música. Asisten orgullosos al recitan de un antiguo alumno, comparten un cariño verdadero que aún les permite flirtear como dos jóvenes enamorados y se hacen mutua compañía en un apartamento parisino que refleja fielmente sus cultivados gustos y placeres. Y de repente la enfermedad, y todo lo que ella significa, llama a la puerta sin cita previa. A un primer ataque que deja paralizada la mitad derecha de Anne le sucederá la progresiva decadencia de un cuerpo y una mente que solo tienen a su fiel compañero para apoyarse. Haneke muestra con su gélida maestría durante la primera hora cómo el dramático cambio de las circunstancias afecta a la relación de la pareja. El cineasta no se permite nunca caer en las tentadoras redes de la lágrima fácil, aunque tampoco renuncia a introducir breves y luminosos retazos de ternura. Los largos planos, las dilataciones del tempo narrativo y el minimalismo escénico (toda la acción transcurre en el piso, cuyas estancias recorre y recorre Haneke hasta que quedan grabadas en nuestra memoria) también ayudan a abrir distancia con el melodrama de manual, mientras se arroja una necesaria reflexión sobre la indignidad de arrastrar una vejez acosada por la demencia, que se lleva cruelmente poco a poco los recuerdos  de una vida plena y ya perdida para siempre.

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Sin embargo, si un servidor no puede compartir las calificaciones de obra maestra que está recibiendo “Amor” allá por donde pasa es, principalmente, por un segundo tramo en el que Haneke se recrea más de la cuenta en el sufrimiento, el dolor y la agonía. El director de “La cinta blanca” se maneja mejor en la insinuación y la sugerencia que en lo brutalmente explícito, que en su cine suele ser más efectivo cuanto más seco e inesperado se presenta. Tres cuartos de hora de balbuceos inconexos, pañales cambiados y delirios desgarradores se antojan un empacho de realidad demasiado excesivo. Quien más y quien menos ha vivido de cerca los devastadores efectos de la senectud en algún ser querido, y todos sabemos lo terrible que es comprobar cómo la enfermedad se ensaña y humilla a esa persona, despojándola de todo lo que la definió. Recrear ese tremebundo proceso de una forma tan dilatada me parece totalmente impúdico e incluso deshonesto, por no decir innecesario. De hecho, hay una escena en la que el marido le explica detalladamente a su única hija el penoso día a día que vive al lado de su esposa y concluye diciendo que “nada de esto merece ser mostrado”. Pues eso. Hay otras formas menos descarnadas y más respetuosas de acercarse a la demencia (pienso por ejemplo, porque la tengo reciente,  en la conmovedora novela gráfica “Arrugas”, de Paco Roca). Por suerte, Haneke da carpetazo a toda esta aflicción con una espeluznante escena que, esta vez sí, le reconcilia consigo mismo.

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Pero si hay algo que es intachable tanto en la primera parte del filme como en la segunda es la actuación de Emmanuelle Riva y Jean-Louis Trintignant. Ambos lucen en estado de gracia y Haneke solo les necesita a ellos para que la película sea emocionante. Los pocos secundarios que aparecen (entre ellos una Isabelle Huppert tan eficiente como siempre) son meros accesorios. La veteranísima Riva se está llevando y se llevará todos los galardones posibles por su hiperrealista imitación del deterioro absoluto, aunque es en la primera mitad de la cinta donde a mí realmente me seduce, mientras que Trintignant, algo más joven pero físicamente mucho más castigado que ella, le ofrece el necesario contraplano en el que se agolpan el cariño, la desesperación, la frustración y, sí, el amor del título. Haneke remata su cinta con un epílogo un tanto confuso y ambiguo que no parece pertenecer a esta película pero que conecta directamente con algunos de los inciertos finales que suelen culminar sus filmes. Es “Amor”, por tanto, una cinta más que estimable, en la que el cineasta austríaco busca y encuentra nuevos registros en su voz –y de paso, nuevas audiencias que hasta ahora preferían ignorarle, como prueba su meritoria saca de nominaciones a los Oscar- pero que no llega a provocar ese sudor frío que empapa los huesos que caracteriza a buena parte de su filmografía. Eso sí, el mal cuerpo te lo deja igual.

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7 comentarios leave one →
  1. Fincher permalink
    11/01/2013 10:58

    Hola Jorge,

    Buen análisis, yo esta película la vi en el Zinemaldi, y reconozco que me impactó muchísimo. Comentas que en ocasiones puede ser excesivo mostrar la situación en vez de sugerir. Creo que hoy en día estamos sobreexpuestos a verlo todo, desde crímenes y violaciones hasta escenas completamente exageradas. Sin embargo, aquí defiendo a Haneke: nos muestra una realidad que es muy cercana a los espectadores, que nos obliga a reflexionar y a vernos reflejados en un espejo y una situación en el que todos podemos encontrarnos tarde o temprano. Coincido con tu pasión por los protagonistas: son simplemente perfectos, y gracias a ellos este drama se sostiene en el tiempo y te obliga a no pestañear.
    Haneke siempre es duro, pero creo que esta vez no es tan gratuito como en sus largometrajes anteriores.
    Un saludo

    • 11/01/2013 13:52

      Me parece muy acertado el análisis. De hecho estoy completamente de acuerdo contigo. Si la intención de la película es una reflexión, debería haber cierta distancia en el relato. En “Amour” no la hay. El espectador es golpeado sistemáticamente por una realidad que ya conoce y que no admite reflexión alguna.

      Eso sí, los actores y la factura, perfectos. Pero en general, me quedo con esa frase de Haneke de “el tiempo no me ha ablandado”. Aquí lo demuestra haciéndonos sufrir innecesariamente.

  2. Bidania permalink
    11/01/2013 23:26

    Hola! Acabo de verla, y francamente, pensaba que iba a sufrir muchísimo más: de hecho he ido sola al cine… El tratamiento es duro, sí, porque el tema lo es; pero en absoluto gratuito, tal y como decían arriba. Creo que los 45 minutos de los que hablas, son donde se demuestra precisamente el título de la película, esto es, el amor de ellos dos; y sin regodearse demasiado en demencias y pañales.Me ha parecido que muestra la degradación de los personajes (y las derivadas de ello en su relación con la hija, las auxliares…) en su dosis justa. Y también el final -que tú calificas como epílogo confuso y ambiguo- me ha parecido que engarzaba circularmente con el principio del film, y que, sin regodearse en la desgracia de ambos, permitía sobrevivir a su amor, escapando por la puerta de casa….en su demencia enamorada

  3. chema permalink
    14/01/2013 12:05

    Ayer tarde ví la película con mi mujer. No soy un gran admirador de Haneke, aunque reconozco la calidad de su lenguaje. Lo considero demasiado “pornográfico”, o dicho de otra forma, autor de cine par voyeurs, donde prima LO que se va a ver.
    El tema de “Amor” es delicado. El tratamiento de la vejez/enfermedad y la degradación vital que supone y la solución eutanásica, me gustó (emocionó) bastante más en el caso de “Mar adentro” de Amenábar.

  4. Anónimo permalink
    19/03/2013 0:50

    Yo sere mucho mas escueto,, la pelicula es como ver un cuadro hiperrealista de una mierda. Arrepentido del tiempo dedicado , del dinero gastado y solo hablo de ella para no recomendarla

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