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La gélida belleza de “Anna Karenina”

15/03/2013

Anna Karenina_1

¿Otra adaptación de un clásico universal de la literatura revisitado en innumerables ocasiones para el cine y la televisión? ¿Otra película de época de esas que parecen diseñadas exclusivamente para ganar Oscars de vestuario, dirección artística y fotografía? Pues sí y no. La nueva “Anna Karenina” responde afirmativamente a las preguntas anteriores, pero se reserva un enfoque novedoso que le permite desmarcarse de la gravedad envarada y pulcramente académica que tradicionalmente define al melodrama decimonónico. No en vano detrás del invento está el británico Joe Wright, un buen cineasta cuyo mayor defecto tal vez sea creerse mejor de lo que es, en su regreso al “género” que mayores alegrías le ha reportado, tras sus incomprendidas “El solista” y, especialmente, “Hanna”. Wright triunfó con sus  versiones de “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen (otra de esas obras manoseadas hasta la saciedad)  y de la magistral “Expiación” de Ian McEwan, demostrando en ambas (más en la segunda) una inusitada agilidad narrativa y un sugerente sentido visual que traían un toque de modernidad al apolillado cine de época tipo James Ivory.  Así pues, la presencia de Wright a los mandos de la nave es un buen motivo para vencer la pereza inicial que nos despierta el proyecto y darle una oportunidad.

Consciente de que no tiene mucho sentido revisar el fatalista e inmortal romance imaginado por León Tolstói en la Rusia zarista si no se dispone de nada nuevo que aportar, Wright dobla la apuesta de aquel festín sensitivo que era la primera hora de “Expiación” proponiendo un experimento de puesta en escena consistente en simular una gigantesca representación teatral, en la que el movimiento, la coreografía (que casi roza el musical) y los escenarios y decorados que se desmontan y transforman en las mismas narices del espectador posibilitan una belleza plástica abrumadora y unas transiciones imaginativas y elegantes.  Es el vehículo perfecto para que Wright de rienda suelta a su virtuosismo ególatra, sus travellings imposibles,  sus largos planos-secuencia y sus tomas cenitales. Semejante propuesta es un arma de doble filo, porque durante al menos los primeros 30 minutos el auditorio está más pendiente de admirar el deslumbrante torrente de energía visual orquestado por el director que de engancharse a una trama a la que le cuesta coger temperatura, y que de hecho creo que nunca llega a entrar en ebullición.

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La “Anna Karenina” de Joe Wright entra muy fácilmente por la vista, pero no llega a trazar un vínculo emocional entre sus personajes y el espectador. Ni siquiera cuando Wright empieza a calmarse después de una fascinante secuencia de baile se establece la conexión anímica adecuada que exige todo melodrama. En otro género podría ser disculpable, pero precisamente en uno tan pasional es imperdonable que las emociones no traspasen la pantalla. Una película que básicamente se sustenta sobre un triángulo amoroso clásico no puede permitirse que el público no se preocupe por lo que les pase a sus protagonistas, y ahí es donde patina la cinta de Wright.

No vamos a pedir que en dos horas se capture la complejidad y densidad del novelón de Tolstoi (tampoco “Expiación” hacía justicia a las páginas de McEwan y, más recientemente, “Los miserables” apenas rascaba la superficie de la obra de Víctor Hugo –si bien se puede alegar que lo que ahí se adaptaba era el musical-), eso es tarea imposible, pero sí que es exigible una mayor exploración en la psicología de los personajes, que aquí parecen simples marionetas que se mueven por los impulsos caprichosos de un titiritero supremo, y una mejor integración de las tramas secundarias, que lucen superficiales en el mejor de los casos, cuando no como simples pegotes. Así, un personaje como el de Konstantin Levin (interpretado por Domhall Gleeson –visto recientemente en “Black mirror”-), que en la novela funciona como el alter-ego de Tolstói, aquí es un bulto sospechoso y desdibujado cuya peripecia vital no está ni bien explicada ni encaja casi nunca con el resto.

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Tampoco sería justo culpar a los actores de la extrema gelidez que impera en todo el conjunto, aunque alguien debería haber advertido que la elección de un afeminado Aaron Taylor-Johnson como conde Vronsky, objeto de los deseos más íntimos de la protagonista, era un error de casting brutal. Nadie puede creerse que un tipo con ese porte y semejante caracterización pueda causar tales torbellinos emocionales en las féminas. Por su parte, Keira Knightley está tan encasillada en este tipo de personajes que a uno ya le resulta difícil imaginársela sin corsé. Aquí realiza un trabajo esforzado pero ha tenido tardes mejores. Simplemente no alcanza a cubrir todo el arco vital de su Anna Karenina, aunque tampoco era tarea fácil. Más ajustado está un estropeado Jude Law como Alexei Karenin, el cornudo marido cuya paciencia será puesta realmente a prueba.

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A Wright hay que reconocerle el atrevimiento formal de su planteamiento, pero no basta con demostrar lo bueno que es moviendo la cámara, también hay que estar a la altura del material que se quiere adaptar, y en esta ocasión el cineasta no alcanza el listón autoimpuesto. “Anna Karenina” no es una película desdeñable; de hecho sus aciertos, casi todos relacionados con su belleza estética, pueden ser suficientes para parte del público, pero podría (debería) haber sido bastante más de lo que es. Tal vez en la próxima. ¿Qué tal “Madame Bovary”?

 

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8 comentarios leave one →
  1. 15/03/2013 10:25

    Muy buena crítica. ¿Y a ti no ficha ningún periódico? Una injusticia, sin duda.

    • javego permalink
      22/04/2013 2:26

      Se trata de una interpretación arriegada de un gran director ingles (Expiación) sobre una compleja y densa novela rusa . No estoy de acuerdo con que la falta de emoción y de centrarse en la pareja protagonista sea un error. Introduce nuevos enfoques antes no tratados y el virtuosismo de la imagen está más que demostrado . Un notable.

  2. aaa permalink
    15/03/2013 21:05

    Pues sí, aunque su virtuosismo es ciertamente admirable, llega un punto en el que preferiría un poco de calma que nos permitiese descubrir algo de honestidad en las emociones de sus dos protagonistas, una Keira correcta y un Johnson que, como comentáis, es probablemente lo peor de la película.
    Si viéndola pensé que era aburridísima y en algunos tramos un despropósito (la escena de sexo me pareció horrible), con las semanas he pensado que es una película correcta y curiosa, aunque es una pena que no sea algo más. Me quedo con el vestuario, la banda sonora y los decorados, aunque sepan a poco.

  3. Tamara de Lempicka permalink
    16/03/2013 12:42

    Creo que ha sido una de las grandes decepciones de la temporada, al menos para mí. Lo has resumido a la perfección: deslumbrante visualmente pero vacía emocionalmente. Porque más que virtuosista es pedante y pretenciosa: cuando la cámara está más al servicio del continente que del contenido (¡y qué contenido!), mal vamos.

    ‘Anna Karenina’ es una de las novelas más complejas del XIX, no sólo porque hable de un romance furtivo y de una mujer atada a a un matrimonio infeliz y a las normas de su época, tremendamente clasistas y machistas, sino porque es un verdadero retrato de superficialidad y la hipocresía de la aristocracia y de la sociedad decadente de clases de la vieja Rusia, donde las élites dominaban a sus anchas. Te doy la razón en que condensar semejante densidad en 2h es harto difícil, y lamentablemente tengo que decir que tras seis películas sobre esta maravillosa novela, sigo sin encontrar LA adaptación, una que se acerque a su altura (quizás se merezca una miniserie en condiciones. La de la BBC del 2000 tampoco llega).

    Ya no sólo porque en ésta la pareja protagonista ya sea un error mayúsculo de casting, ambos: por favor, no hay quien se crea sus personajes y menos su historia de amor, no hay química, no hay arrebato ni pasión, y además Vronsky parece el hermano pequeño de Anna, no su amante (su caracterización da vergüenza ajena); sino porque personajes cruciales de la novela como el atormentado Lyovin, que es el narrador de la historia (como bien dices, el alter ego de Tolstói), el que nos cuenta qué pasa en la Rusia zarista, o el marido de Anna, el humillado Karenin, todo rectitud y decoro, o su superficial hermano, el libertino Oblonsky, que personifica todo lo que a Anna se le condena pero a él se le consiente, se quedan en meros trazos de lo que en realidad suponen para la historia. En fin, seguiremos esperando. A ver si a la séptima adaptación aciertan.

    Acabo recomendándoos otra historia de época con una preciosa historia de amor, muy bien ambientada y mucho mejor interpretada: ‘Un asunto real’ (A Royal Affair). Merece un millón de veces más la pena y casualmente su protagonista es Alicia Vikander, la dulce Kitty de ‘Anna Karenina’

    Buen fin de semana.

    PD. A ‘J': yo también creo que Jorge Luis García hace una críticas magníficas.

    Saludos,Jorge!

  4. patricia permalink
    17/03/2013 5:22

    Lo describiste a la perfeccion, me supo a poco. Debio haber estallado la pantalla sacudiendo de emocion al espectador, y no lo hizo, y eso q la trama es de una fuerza abrumadora. Tuve la misma sensacion con respecto a los juegos de camara y telones y con Kostantin, q no encajaba y no eran creibles sus sentimientos, Kitty tan parca en su furia, una Keira muy preocupada x el colageno de sus labios, un Alexei q no transmitio ni las ganas de enojarse con el ante tanto perdon, y ni hablar del conde, al verlo supe q fue un gran error, soy mujer y no me transmitio NADA, ni siquiera con uniforme. Gracias x tu agudeza cinefila, me senti identificada

  5. Jorge Luis García permalink*
    19/03/2013 1:37

    Muchas gracias J, aaa, Tamara y Patricia por vuestras aportaciones y sobre todo por vuestros halagos, que, no os lo negaré, son muy bienvenidos.
    Poco más que añadir a vuestros apuntes. Una oportunidad desperdiciada, especialmente sangrante por el material del que parte, y es que es harto complicado que alguna adaptación llegue a hacerle verdadera justicia a la obra de Tolstói.
    Por lo demás, anotamos tu recomendación de “A royal affair”, Tamara. Viniendo de ti creo que podemos arriesgarnos sin temor a que nos defraude. Un saludo a todos!

  6. Alberto Loriente permalink*
    01/04/2013 22:49

    Gran crítica, Jorge. La he visto accidentalmente este fin de semana y coincido bastante contigo. Mi mayor problema no es tanto la escasa emotividad (algo que se podía esperar ante la apuesta estética de Wright), sino que no ponga toda la carne en el asador en su propuesta. Es decir, el señor Von Trier dice que va a hacer una película rodándola sobre marcas de tiza y se ciñe absolutamente a ello (con una brillantez inusitada, todo hay que decirlo), pero aquí lo de ambientar ‘Anna Karenina’ en un teatro (una idea que me parece muy estimable), el señor Wright se lo pasa por el forro cuando le da la gana, aparte de pecar en ocasiones de poca originalidad (las escenas más cercanas al musical me recordaron a ‘Bailando en la oscuridad’). Esta falta de cohesión es lo que me decepciona y uno se tiene que quedar, sobre todo, con ese fenomenal Jude Law (a ver si alguien rescata a lo grande a este gran actor que parece estar en momentos difíciles). Entre lo demás, preciosa la chica de moda Alicia Vikander, bastante correcta la Knightley y voluntarioso Aaron Johnson, que es cierto que lo tiene difícil por su poca adecuación al papel. Me sigue gustando Wright (no olvido su magnífica ‘Expiación’), me sigue gustando que siga intentando dar nuevos bríos a los clásicos, pero para la próxima vez tendrá que afinar la puntería. Si lo hace, seguirá siendo grande, porque talento no le falta.

    • Jorge Luis García permalink*
      03/04/2013 0:44

      Hola Alberto. Tienes razón en tu apreciación de que Wright se pasa el rigor de su propuesta escénica por la entrepierna cuando le da la gana, pero entiendo que no era tarea sencilla llevarla hasta sus últimas consecuencias. En ese sentido creo que para Von Trier era menos complicado ceñirse a sus propias normas en “Dogville”, (que por otra parte juega en otra liga, no vamos a comparar aquí a dios con un gitano). De todas formas, si Wright se hubiera mantenido fiel durante toda la película al planteamiento estético de sus primeros 30 minutos creo que la experiencia habría terminado resultándome más estomagante, aunque ganara en coherencia. Un saludo, amigo.

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