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Vida, muerte(s) y resurrección de Thunder

15/08/2017

Thunder 1989/2017

«Nacieron en la época equivocada». Cuántas veces habremos usado este dicho para hablar de esos artistas y bandas de rock clásico, sobre todo a partir de los 90, que no lograron el éxito y el reconocimiento que seguramente se merecían. Puede incluso que hayamos abusado demasiado de esta expresión y muchas veces estemos confundiendo nuestros deseos con la realidad, pero en el caso de Thunder esto es rotundamente cierto. Cuando irrumpieron en 1990 lo tenían todo, absolutamente todo, para comerse el mundo: un cantante con una garganta prodigiosa, cuatro músicos excepcionales, un compositor (Luke Morley, guitarrista y líder) capaz de sacarse de la manga un buen puñado de temazos destinados a petarlo en las listas de éxitos y, sobre todo, toneladas de ganas, pasión, energía, actitud y, no menos importante, un irresistible sentido del humor. Y no, nos duele decir que no se comieron el mundo, aunque bien es cierto que en sus inicios al menos llegaron a darle un buen bocado. Y es que, para insistir en nuestra tesis, ellos siempre tuvieron, y tienen, muchísimo más talento que muchos otros grupos que sí llegaron a saborear la fama y la gloria en décadas anteriores.

Ahora, en 2017, cuando se cumplen 28 años de su fundación, tras 11 discos de estudio (la mayoría excepcionales), numerosos directos y recopilaciones, dos rupturas con sus correspondientes regresos y otras muchas vicisitudes, a sus seguidores más fieles nos queda el consuelo y la satisfacción de ver cómo Thunder atraviesan uno de los mejores momentos de su carrera. Al menos parecen haber recuperado el crédito y el prestigio que durante tanto tiempo se les ha negado, pueden recorrerse Reino Unido de punta a punta llenando grandes recintos y sus dos últimos álbumes no sólo son quizás lo mejor que han grabado en 20 años, sino que han vuelto a auparles a los primeros puestos de los más vendidos en su país de origen. En el plano personal, yo me hice fan del grupo en 1995, con la publicación de su tercer disco, y puedo decir con total convencimiento que Thunder fueron La Banda de Mi Adolescencia. La mayoría de mis ídolos para entonces o estaban muertos o ya eran muy mayores y, aunque algunos pudieran mantenerse aún con cierta dignidad y trascendencia, estaba claro que sus años dorados ya habían pasado. Thunder en cambio eran sangre fresca, editaban discos con cierta regularidad y todavía les quedaba una larga carrera por delante. Además, sus canciones igual hablaban de rock n’ roll, fiestas y tías buenas como abordaban cuestiones más peliagudas, como los miedos y tribulaciones de la juventud, la sensación de desarraigo, el maltrato o el infanticidio… Y qué demonios, nadie ha sabido cantarle al amor, y al desamor, como ellos. Creo que no hubo un feliz encoñamiento ni un doloroso desengaño sentimental que no estuviese marcado, en aquellos años, por alguna canción de Thunder. Y eso es algo que irremediablemente te acaba ligando a ellos de por vida. Comprendan por tanto el entusiasmo de un servidor a la hora de repasar la historia del grupo. Una historia que, en realidad, comenzó hace más de 40 años… Leer más…

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Regreso a Twin Peaks (III): el turno de Frost

11/08/2017

twin-peaks-3x01-3x02-2017

(AVISO SPOILERS: Este post es una continuación de las entregas anteriores. Hoy analizamos el bloque de episodios 3×09-3×13 de la tercera temporada de “Twin Peaks”. Para leer el análisis de los episodios 3×01-3×04 pasad por aquí y para leer el análisis de los episodios 3×05-3×08 pinchad aquí.)

Como esta resurrección sólo vamos a vivirla una vez en nuestra existencia, seguimos sin querer dejar pasar la oportunidad de escribir sobre las sensaciones que nos está dejando la tercera temporada de nuestra “Twin Peaks”, con todo lo que ello conlleva. Hoy continuamos nuestras andanzas con el comentario de los cinco episodios siguientes, episodios que por norma general han despertado más reacciones negativas que todo su recorrido anterior y donde se ha notado, por mucho que algunos y algunas sigamos disfrutándola, un descenso en su brillantez (salvando algunas muy notables entregas) y un tono bastante más comedido.

Si por algo se han caracterizado estas entregas, por mucho que el sello de Lynch siga siendo evidente e imborrable, es por hacer más notable la presencia de Mark Frost, especialmente en todo lo relacionado (como se hará alusión unas cuantas veces en esta entrada) a The Secret History of Twin Peaks, la novela que el mismo guionista publicó los meses previos a la serie evento. Y quizás a estas alturas nos habíamos emborrachado tanto del hombre de “Terciopelo azul” y sus referencias y expresiones artísticas, que por contraste ahora nos hemos desinflado ligeramente.

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Arcade Fire se quedan a medias con “Everything Now”

31/07/2017

En esta época musicalmente fragmentada, en la que ya no hay espacio para los iconos globales y absolutos que en otros tiempos marcaban el rumbo de la escena pop-rock desde una posición que aunaba prestigio crítico y liderazgo de masas (véase Beatles, Stones y Dylan en los 60, Bowie en los 70, Prince en los 80, Nirvana en los primeros 90 o Radiohead en el cambio de siglo), los canadienses Arcade Fire quizás serían para la generación millennial lo más parecido a uno de esos antiguos referentes categóricos de amplia onda expansiva. Casi siempre ensalzados por la crítica especializada desde la publicación del ya clásico “Funeral” (2004) y suficientemente aceptados por el mainstream, al menos desde que “The Suburbs” (2010) alcanzara el número uno tanto en EE.UU como en Reino Unido y se hiciese con el Grammy al disco del año, la banda de Win Butler y Régine Chassagne incluso protagonizó uno de esos volantazos imprevistos, uno de esos movimientos arriesgados que se demanda de todo artista con inquietudes creativas que se precie, en “Reflektor” (2013). Aquel trabajo fue recibido con división de opiniones (como debe serlo toda buena maniobra de reinvención) entre quienes no comulgaron de buen grado con el acercamiento a la pista de baile de su característica épica emocional, y entre quienes aplaudimos con ganas la osadía (aplauso que ofrecimos en este post). Así pues, las expectativas ante un disco de Arcade Fire en 2017 eran dobles, pues a la inevitable curiosidad que despierta lo nuevo de uno de los grupos más reputados de la actualidad había que sumar la incógnita sobre qué dirección iban a tomar cuatro años después del paso tan valiente como cuestionado que supuso su esfuerzo anterior.

Y lo primero que pudimos degustar de “Everything Now” fue el tema homónimo, lanzado casi simultáneamente al paso de la banda por el Primavera Sound, una pieza de disco-pop de melodía prístina, luminosa y pegadiza, en la que todo el mundo reconoció inmediatamente la huella de cierta banda sueca legendaria, pero que a mí, personalmente, me dejó un poco a medias. Una canción reconocible, con esa intención de himno comunal tan idiosincrásica de Arcade Fire y una letra que apunta a la inmediatez fútil de los tiempos que vivimos, pero demasiado limpia, plana e inocua para ser un primer single suyo. Poco que ver con el turbio tobogán de sensaciones que proporcionaba “Reflektor”, la canción. Con el paso de los días fueron cayendo nuevos avances que ya sí nos corroboraron que Arcade Fire aparca definitivamente las guitarras y dobla su apuesta por los sintetizadores de sabor a new wave ochentero y los ritmos bailables. Es decir, que se mantienen en sus trece, para disgusto de todos aquellos fans de los tres primeros discos desencantados con el nuevo rumbo. Un caso parecido (salvando las distancias) al de U2 cuando después del, en su momento, controversial “Achtung Baby” decidieron tocar aún más las narices a sus viejos fans en “Zooropa”. Leer más…

“Dunkerque”: la victoria de la derrota

27/07/2017

Dunkerque 2

Llega un momento determinado en las trayectorias de los cineastas verdaderamente grandes en que, como atraídos por una poderosa fuerza magnética, no pueden evitar introducirse en el género bélico, como si el filmar la guerra fuera el examen final de su oposición a la eternidad. Lo hicieron Coppola, David Lean, Spielberg, Kubrick -en dos ocasiones-, Malick, Oliver Stone, Michael Cimino, Clint Eastwood e incluso, lateralmente, Quentin Tarantino (Scorsese se dedicó a retratar otras guerras, las mafiosas). Y todos ellos, en mayor o menor medida, obtuvieron el aldabonazo a su extraordinaria carrera, siempre exceptuando ese borrón que supuso para Brian de Palma la floja “Corazones de hierro”. Si hay tres o cuatro cineastas actuales que podrían recoger el testigo de estos colosos, uno de ellos es sin duda Christopher Nolan y no lo ha dudado el director de “Memento” a la hora de ponerse a la obra con semejante desafío, retratando uno de los hechos más decisivos -y menos conocidos- de la Segunda Guerra Mundial: la evacuación de las tropas británicas en Dunkerque en 1940.

A la hora de abordar el gran ejemplo de la mediocridad humana que es cualquier contienda militar, Nolan parece no haberse inspirado demasiado en los mencionados maestros. En “Dunkerque” no nos encontraremos el descenso infernal a la psique humana de “Apocalypse Now”, ni el existencialismo de “La delgada línea roja”, ni el estudio de las consecuencias en la vida civil de “El cazador”, ni el militante antibelicismo de “Senderos de gloria” y “La chaqueta metálica”, ni el análisis de la culpa de “Salvar al soldado Ryan”, ni el retrato generacional de “Platoon”. El cineasta británico ha puesto más el foco en el siglo XXI y su película está más conectada a ese hiperrealismo imperante en los últimos años, recordando en su puesta en escena a esa algo vacía pero magnética “Black Hawk derribado” de Ridley Scott, a la asfixiante “Cartas de Iwo Jima” de Eastwood y a las escenas de tiroteos de ese díptico tan infravalorado que firmó Steven Soderbergh sobre el Ché Guevara. Leer más…

Mezclados y agitados (la cuadrilla del rock patrio)

20/07/2017

Hace algunos años se rumoreó e incluso se intentó la posibilidad de una gira conjunta con Bunbury, Loquillo, Andrés Calamaro y Jaime Urrutia, una propuesta que hubiera supuesto juntar en un mismo escenario un elevado porcentaje de la historia del rock de este país, aunando de una tacada los repertorios de este póker de ases y de, recordemos, sus míticos grupos: Héroes del Silencio, Loquillo y Trogloditas, Los Rodríguez y Gabinete Caligari. El proyecto no llegó a cuajar, pero aun así me lo imagino como germen de las infinitas colaboraciones que cada vez con más frecuencia han llevado a juntar en el estudio y en el escenario a las más representativas voces del rock nacional, llegando a formarse una especie de núcleo duro que hace que todo aquel que se acerque a él se asegure una importante repercusión y un buen puñado de nuevos seguidores , retroaliméntandose de la misma forma entre ellos mismos. Además, volviendo a imaginar aquella frustrada gira como precursora de algo, en los ultimísimos años, junto a la incontenible explosión de festivales veraniegos, han empezado a surgir un buen puñado de citas en las que los protagonistas exclusivos son los grupos de rock nacionales, tomando el testigo de aquel precursor Espárrago Rock que se celebró durante 15 años en distintos puntos de Andalucía, con nombres como los de Amaral, Iván Ferreiro, M Clan, Leiva, Los Zigarros o Quique González, por citar solo algunos ejemplos, resultando casi obligatorios en estos carteles.

Uniéndonos a y aprovechando esta moda tan saludable, os proponemos un repaso por algunas de estas colaboraciones, a sabiendas de que, ya de entrada, se trata este de uno de esos artículos en los que siempre van a faltar temas o artistas, por lo que avisamos de que el vistazo va a centrarse en los ‘fab four’ nacionales arriba nombrados para a partir de ellos abrazar a otro buen puñado de nombres cercanos de una u otra forma a su estilo, más que nada para intentar centrar un tema que, de otra forma, sería casi inabarcable. Por lo tanto, abrimos la coctelera y empezamos a mezclar sabores (casarán deliciosamente bien ya que realmente todos gozan de semejantes ingredientes).

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La triste agonía de “Bloodline”

11/07/2017

Bloodline Kyle Chandler T3

(ALERTA SPOILER: En el siguiente post se desvelan algunos detalles esenciales de la tercera temporada de ‘Bloodline’, si aún no la has visto, ya sabes, paciencia y vuelve después de hacerlo)

Ya sabréis a estas alturas que en este blog hemos sido claros defensores de “Bloodline”. Tanto cuando, tras una rimbombante ‘premiere’ en el Festival de Cannes y llevando el peso de ser uno de los grandes estandartes de Netflix,  su magnífica primera temporada (aquí analizada) fue recibida, allá por 2015, con una injusta frialdad, como cuando, ya el pasado año, lograba salir indemne del difícil punto y aparte que supuso la desaparición de su protagonista estrella, Danny Reyburn (Ben Mendelsohn), ofreciendo una segunda entrega (que aquí reseñamos) que iba creciendo y creciendo tras un tibio comienzo hasta quedar en un nivel notable.

Nos gustó especialmente que, tras el final de esa segunda temporada, “Bloodline” quedara liberada por fin del yugo que suponía la ausencia de Danny y dejara la trama en un punto tan culminante como pleno de sugerentes caminos que explotar: John huyendo hacía nadie sabe donde, dejando atrás su pesada carga familiar y personal, Kevin claramente amenazado tras asesinar en un arranque de ira a un Marco Díaz que estaba a punto de destripar los oscuros secretos de la familia Reyburn, Meg en trance de abandonar a sus parientes de nuevo y Eric O’Bannon guardando una bomba de relojería para hacerla explotar en cualquier momento.

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Regreso a “Twin Peaks” (II): que le den a la televisión convencional

07/07/2017

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(ALERTA SPOILERS: Continuando con el post anterior, hoy analizamos la siguiente tanda de episodios (3×05- 3×08) del regreso de “Twin Peaks”. Si aún no has visto “The Return: Part 8”, únete a nosotros más tarde.)

Iba a comenzar esta entrada con un “pedid y se os dará” poco justo para nuestros lectores y lectoras. Hace un mes, cuando nos zambullimos de lleno en ese estreno celebradísimo de una de las series de televisión más míticas de la historia por derecho propio, llegó a nosotros la sugerencia de reseñar semanalmente este hito único. Aunque podría haber sido de nuestro agrado hacer una excepción en una ocasión tan especial como esta, lo cierto es que las reviews semanales no terminan de encajar en la dinámica de publicación del Cadillac, además de suponer una carga de trabajo añadido a nuestras rutinas laborales y personales que de momento se nos antoja pura utopía. Sin embargo, el bloque de entregas que sucede a ese exitoso y embriagador estreno guarda en sí mismo tanto contenido, hay tantos tesoros por descubrir y tantos secretos por desentrañar en esa cueva maldita, que se antoja necesario volver a hacer balance y hablar el idioma del genio.

Reconozco que cuando imaginé la continuación de esta serie de posts nuestra, “Regreso a Twin Peaks”, la concebí en mi cabeza como una defensa tan apasionada como innecesaria de lo que semanalmente estábamos presenciando. Y es que el producto que, casi llegando a su ecuador, está resultando, no podía dejar indiferente a nadie, para bien o para mal. Se leen opiniones y juicios de índoles muy diferentes y extremas, a caballo entre la percepción de genialidad y el más puro sin sentido. Porque hay un tipo de público que un día llamó a las puertas de ese pueblecito motivado por el misterio, por el “quién lo hizo”. Un tipo de público que disfruta a diario con series policiales y de investigación cuyo principal foco de interés en esta serie era el asesino de Laura Palmer. Y ojo, que no sólo es una audiencia respetable, sino que no estamos aquí para sentar cátedra. Cada cual con lo suyo, con sus aficiones, con sus elefantes blancos y sus formas de evasión. Parece algo superfluo tener que matizar que no hay un clasismo seriéfilo ni de consumo ni ánimo alguno de elitismo en este párrafo, sólo interés por ir a la raíz del problema con el desdoblamiento de la recepción del show: el tipo de público al que a estas alturas queda patente que va dirigido.

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Cinco razones para aplaudir la tercera temporada de “Fargo”

04/07/2017

 

Aunque no hay un consenso absoluto al respecto, la sensación más recurrente entre los seriéfilos es que la tercera temporada de “Fargo” ha estado por debajo de las dos primeras. Que aunque sigue siendo una buena serie, se le empieza a ver el truco, y que la fórmula, antaño novedosa,  ya no sorprende como antes y empieza a agotarse. Algunos llevan más allá su desencanto y la han calificado como “aburrida”, “lentísima” o “decepcionante”.  Al parecer, el show que hace tres años nos asombró a todos vampirizando la forma y el fondo de la obra maestra de los hermanos Coen y construyendo a partir de ahí una obra con una identidad personal e intransferible se ha quedado algo anticuado, más aún ante la enorme competencia existente en un vasto panorama televisivo que no deja de proponernos mes tras mes productos en teoría imprescindibles (que a la hora de la verdad no son tantos).

Sin llegar a al extremo de los más críticos, he de confesar que servidor se ha alineado en algún momento durante estos diez capítulos con esta corriente mayoritaria. Porque puede ser cierto que el show se está repitiendo y básicamente se limita a reciclar una y otra vez la receta prescrita en “Fargo”, la película. Puede ser cierto que los personajes se perciben como meras variaciones de otros ya presentados en  cursos anteriores, en algunos casos sin llegar a igualar el atractivo o la gracia de los originales (que, por otra parte, también eran a su vez variaciones del ecosistema clásico coeniano). Y puede ser cierto que haya habido algún bache narrativo durante el transcurso de la tanda, que la trama no haya estado tan bien medida, hilada y abrochada como en ocasiones precedentes. Todo esto puede ser cierto. Pero si algo nos ha enseñado la tercera temporada de “Fargo” es que la verdad es un concepto relativo y resbaladizo, que puede adulterarse fácilmente para reescribir la realidad. En una época en la que importan menos los hechos objetivos  que las emociones subjetivas, desde aquí proponemos otra percepción de la realidad, tan válida o tan caprichosa como cualquier otra. Y es que pese a todo lo que se ha apuntado más arriba, aún creemos que el tercer año de “Fargo” ha estado a un magnífico nivel, en muchos sentidos similar al de los dos anteriores y, por ende, sigue siendo uno de los shows imprescindibles de la actualidad. Y justificamos tal proclama esgrimiendo cinco razones: Leer más…