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“Narcos”: adictos a Pablo Escobar

19/01/2017

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(ALERTA SPOILER: El siguiente post analiza elementos clave de la primera y segunda temporadas de “Narcos”, que, por otra parte, son sobradamente conocidos por cualquier lector mínimamente familiarizado con los hechos reales en los que se basa)

Es sorprendente la vertiginosa escalada de “Narcos” al pedestal de series más mediáticas de la televisión actual, como se pudo comprobar con la atención concitada el pasado septiembre ante el lanzamiento de su segunda temporada, vía Netflix. No contaba ni con un gran estudio detrás -la serie es obra de la francesa Gaumont International Television que sólo había catado estas lides como coproductora de “Hannibal”– ni con grandes nombres de referencia en sus créditos, si acaso el cineasta brasileño José Padilha, autor de las dos entregas de “Tropa de Élite” y el nuevo “Robocop”, que aquí ejerce como director fundacional de los dos primeros capítulos y productor ejecutivo. Ni siquiera sus principales productores e ideólogos –Chris Brancato, Carlo Bernard y Doug Miro– habían pasado de la segunda fila en su faceta de guionistas.

Una razón de peso para este éxito es que el lanzamiento de su primera temporada coincidió con la expansión de Netflix por varios países y, como sucedió en España, el operador tuvo que buscar un estreno potente como banderín de enganche ante la imposibilidad -por razones de acuerdos firmados anteriormente- de contar con sus producciones estrella –“House of Cards” y “Orange is the New Black”– para este cometido. En efecto, “Narcos” fue la primera serie que probaron muchos suscriptores de la plataforma en España, pero cabe preguntarse por qué precisamente la eligieron a ella y no a otra. Leer más…

“La la land”: cantando bajo las estrellas

18/01/2017

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(Si aún no conoces la banda sonora que tienen los sueños, la pasión y las esperanzas,  mejor acude a una sala de cine para ver “La la land”;  porque entre las notas de esta crítica hay SPOILERS).

El musical, ese género al que desde su nacimiento se le ha acusado de estar construido sobre una visión idealizada de la vida. Y puede que algo de razón sí tengan los que abanderan tal reproche; porque no hay que estar muy cuerdo para ponerse a cantar uno sus penas y alegrías con los brazos abiertos y la mirada al cielo…salvo que esté en la ducha, claro. Sin ir más lejos, el primer plano de “La la land” (en España, “La ciudad de las estrellas”) nos muestra el típico atasco matutino que todos estamos hartos de sufrir un día tras otro en el acceso a cualquier gran urbe. La cámara va sobrevolando los capós de numerosos coches en los que, sus conductores, se desahogan machacando el claxon como si existiese una relación directa entre el número de decibelios generado y la posibilidad de que los vehículos que nos preceden se desintegren. Hasta que una mujer desabrocha su cinturón de seguridad, abandona su coche y empieza a bailar en mitad de esa pesadilla de humo, ruido y calor. Con los primeros compases de “Another day of sun”, el caos desaparece, los cientos de conductores que compartían ansias por incorporarse a la autopista principal, se van uniendo acompasadamente a un majestuoso espectáculo de notas y pasos de baile capaz de mirar de tú a tú a gigantes como “West Side Story“.

Pero incluso dándoles la razón a esos críticos con este idílico comienzo, ese virtuoso plano-secuencia-trampa (contiene dos cortes milimétricamente realizados) “La la land” ya es capaz de generar, en todos los detractores de este género, el irrefrenable impulso de levantarse de su butaca y ponerse a aplaudir hasta que su reloj de pulsera acabe impactando en alguno de los afortunados con los que comparten sala. Y lo consigue con el que, probablemente, sea el número musical más superficial del film. Escena que aúna ambición y talento, pero que no duda tampoco en hacer un guiño a las nuevas generaciones, cuyo mayor acercamiento hasta ahora al musical probablemente hayan sido esos flashmobs que se abren paso entre los innumerables canales de YouTube. Lo que “La la land” nos depara a partir de ese punto es la visión única de una sociedad, una ciudad, una industria, una pareja, un sueño. Una invitación a componer la banda sonora de toda una vida.
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“The Young Pope”: el éxtasis de Sorrentino

16/01/2017

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“¿Qué más hemos olvidado? Hemos olvidado masturbarnos, usar anticonceptivos, abortar, celebrar matrimonios homosexuales, permitir que los sacerdotes se amen e incluso se casen. Hemos olvidado que podemos decidir morir si detestamos vivir, hemos olvidado tener relaciones sexuales con otro propósito que no sea el de procrear sin sentirnos culpables. Divorciarnos, dejar que las monjas pronuncien la misa, tener bebés de todas las formas que ha descubierto y descubrirá la ciencia. Seré breve, hijos míos, no sólo nos hemos olvidado de jugar, sino de ser felices. Y sólo hay un camino que lleva a la felicidad. Y ese camino se llama libertad.”

Paolo Sorrentino llegó para dar la campanada. Llegó para rompernos los esquemas cuando el año iba llegando a su fin y ya estábamos pensando en los mejores productos que se habían emitido sin saber que aún no habíamos visto, quizás, el mejor de todos ellos. “The Young Pope” es una producción italiana que de momento cuenta con diez episodios impecables, firmados por quien hace dos años se iría a casa con un Óscar a la mejor película de habla no inglesa: “La gran belleza”. Y parece pertinente arrodillarse, queridos lectores. Qué difícil resulta recomendarla debido a su temática y contexto y cuántas virtudes hemos de ensalzar aquí.

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“Lovesick”: cómo conocí a mis amantes

12/01/2017

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Hay series que, más allá de su mayor o menor calidad, de su más o menos gracia en el caso concreto de las comedias, caen mejor o peor. Y a mí “Lovesick” me cayó estupendamente desde el principio. No se trata de que sea la más divertida, ni por supuesto la más original, simplemente es una cuestión de empatizar con su tono, con sus personajes y con su forma de contar las cosas. Disponible en Netflix, me atrevería a decir que “Lovesick” es la antítesis de otras comedias en teoría más importantes y ensalzadas de esta plataforma, como “Love” y “Master of none”, añadiendo a este carro a otras como “Girls” o “Eres lo peor”. Así, donde estas pretenden en muchos casos reinventar las sitcoms, descubrir nuevas perspectivas para analizar las relaciones amorosas y, sobre todo, ser originales y tremendamente ingeniosas constantemente, “Lovesick” apuesta por un perfil más modesto, contando una historia ya narrada mil veces, con un planteamiento para nada transgresor y con protagonistas que no buscan demostrar su agudeza y chispa en cada línea de diálogo.

Como no es un título demasiado conocido, vamos a presentarlo un poco por encima, sin spoilers, claro (qué coraje me da tener que avisar de esto en una comedia… pero nos curamos en salud, que hay mucho tiquismiquis suelto). Se trata de una serie británica, en un principio titulada “Scrotal recall” y emitida en Channel 4, que tras una primera temporada de seis episodios fue adquirida por Netflix para, después de asear el nombre, encargar una segunda tanda de ocho capítulos. Y cuenta la historia de Dylan (Johnny Flynn), un joven que descubre que tiene clamidia, por lo que debe de contactar con todas las chicas con las que ha tenido relaciones sexuales para advertirlas, sirviendo este punto de partida como excusa para repasar las distintas aventuras sentimentales de un tipo empeñado en enamorarse y en hacer las cosas siempre del modo más correcto posible. Junto a él, su mejor amigo y némesis, Luke (Daniel Ings), un ligón empedernido, un asaltacamas vanidoso y simplón que sin embargo no produce ningún tipo de rechazo, protagonizando las partes más divertidas e hilarantes. Y el tercer vértice del triángulo es Evie (Antonia Thomas), una adorable joven con la personalidad menos definida y más compleja que sus dos compañeros de piso. Su estructura basada en continuos flashbacks usados para contar las historias amorosas del protagonista, un tipo que a pesar de presentarnos a numerosas parejas irremediablemente tiene el amor más cerca de lo que cree (o incluso desea), no puede sino recordarnos a una de las grandes comedias de los últimos años, la entrañable y demasiado alargada “Cómo conocí a vuestra madre”.

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Un resumen de 2016

05/01/2017

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Dentro de unas horas, pequeños y mayores disfrutarán cada uno en su medida de la ilusión de los Reyes Magos. En algún momento de nuestra vida nos lanzamos a preguntar quiénes eran esas majestades tan generosas con aquellos que se portaban bien. La respuesta a dicha pregunta suponía la caída de uno de los últimos telones de inocencia que nos quedaban, acercándonos un poco más a ese concepto que tanto mencionaban nuestros mayores: la realidad. Tras unos años de resignación en los que asimilas la verdad que esconde esa noche, pronto vuelve de nuevo la capacidad de ilusionarnos; pues comprendemos que esos Reyes Magos habitan en todas y cada una de las personas a las que queremos. Que los regalos son una prueba más de afecto, de amor, de amistad para con nuestros seres queridos. Recuperando así parte de la magia perdida el día que obtuvimos la respuesta a aquella gran incógnita.

Afortunadamente, hablar de ilusión no es sólo hablar de la noche del 5 de enero. La vida está plagada de enormes momentos que buscarán alojarse permanentemente en un rincón de nuestros recuerdos. Todos los que aquí escribimos (y estamos seguros de que también vosotros) hemos vivido algunos de esos momentos de ilusión en una sala de cine o delante del televisor en el salón de nuestra casa, impacientes de que se apaguen las luces de la sala, deleitándonos con los instantes previos al comienzo de nuestra serie favorita. Como humilde homenaje que podemos hacer a todos vosotros, queridos lectores, y también a todos los profesionales que hicieron posible este año plagado de grandes y pequeñas historias que merecían ser contadas, de alegrías y decepciones, al final de tantas cosas que sirvieron para hacer inolvidable el año que acabamos de abandonar…os proponemos echar un último vistazo al retrovisor. Tiempo para dedicar unos últimos minutos llenos de humor y cariño a este 2016 que vemos empequeñecerse en nuestro espejo mientras iniciamos la andadura por el que será un apasionante 2017 que, en nuestro caso, implica estrenar un canal en YouTube.
Con mucha ilusión, esperamos que esta primera entrega os guste.

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“Comanchería”: los señores de las llanuras

30/12/2016

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Ya lo dijimos hace sólo un par de días, cuando la incluimos entre nuestros 15 films favoritos de 2016: “Comanchería” (“Hell or High Water”) es una de las mayores y mejores sorpresas que nos hemos llevado este año. Es una de esas películas que ni siquiera sabes que existen hasta que no las tienes delante o te topas con ellas casi por casualidad, pues no llegan precedidas de campaña de promoción alguna, y difícilmente veremos su tráilers proyectados en una sala de cine. Tras una más que buena recepción en el pasado Festival de Cannes, en EE.UU. se estrenó a principios de agosto, en una época más propicia para los blockbusters y producciones para toda la familia, y sin embargo la excelente acogida por parte de la crítica y una taquilla más que decente la convirtieron allí en uno de los grandes ‘sleepers’ del verano. Sus recientes tres nominaciones a los Globos de Oro, en categorías tan relevantes como mejor película dramática, mejor guión original y mejor actor secundario (Jeff Bridges) deberían acabar dando visibilidad a una cinta que no se merecería pasar por nuestras carteleras, como tantas otras, sin pena ni gloria.

“Comanchería” cuenta la historia de dos hermanos que se dedican a robar bancos para poder saldar sus deudas y no perder el rancho familiar, mientras un Ranger de Texas al borde de la jubilación, en el que sería su último caso, les pisa los talones. ¿Qué hace tan especial a “Comanchería”, qué la convierte en una de las mejores producciones del año, más allá de esta simplona y manida sinopsis, más propia de un simplón y manido telefilm? Pues TODO lo demás. Empezando por el portentoso guión del también actor Taylor Sheridan, unas interpretaciones para enmarcar de todo su elenco, una fotografía preciosa a cargo de Giles Nuttgens, su atinada banda sonora, con un score original de Nick Cave y su compinche habitual Warren Ellis, y un David Mackenzie que, como director, no sólo no desaprovecha todos estos elementos a su favor sino que les saca máximo rendimiento, imprimiendo además a la cinta de una narrativa muy ágil e inteligentísima, que nunca se desvía de lo esencial y en la que no parece sobrar ni un solo plano. Leer más…

Nuestras películas de 2016

27/12/2016

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Es ya un mal endémico en los últimos lustros el que durante el año nos vayamos quejando de la pobreza de la cartelera actual, de la escasez de nuevos clásicos que llevarnos a la boca, etc… y es acabar esos doce meses, ordenar nuestros gustos en nuestras ya tradicionales listas y cerciorarse, una vez más, de que la cosecha no ha estado nada mal y que tenemos un buen puñado de películas imprescindibles añadidas al disco duro de nuestras vidas. En el caso de 2016, la parte alta de nuestro ránking deja claro que nuestros grandes ídolos, los directores con los que siempre contamos, han estado a la altura, incluso añadiendo nombres que finalmente no acabaron entrando en la lista pero no andaron muy lejos de hacerlo (Eastwood, Almodóvar, Tom Ford, los hermanos Coen). Así, sospechosos habituales de los últimos años -Tarantino, Iñárritu, Carney, Villeneuve, Yates, Nichols- puede que no firmaran sus mayores obras maestras -aunque en algún caso eso es discutible- pero dieron una nueva muestra de su sabiduría y buen hacer con filmes tan variados como interesantes, dejando claro que hay que seguir teniéndolos muy presentes en el futuro. Aunque, sin embargo, de lo que nos congratulamos especialmente es del regreso por todo lo alto de dos genios que hacía demasiado que no aparecían en las pantallas de nuestros cines: sin duda, los de Todd Haynes y Charlie Kaufman han sido los dos grandes regresos del año.

Pero de lo que hay estar especialmente contentos es del descubrimiento o consolidación de nuevos nombres que irrumpieron con fuerza en este 2016 y que, sin duda, contribuirán en los próximos años a mantener la llama viva. Ahí está, ese flamante número 1 para la película más emocionante del año, “La habitación”, que ya coloca entre los grandes a un Lenny Abrahamson que ya se nos había revelado con la inclasificable “Frank”. Y qué decir del aplomo mostrado por los hermanos Russo y por Gareth Edwards a la hora de sobrevivir a dos retos tan difíciles como mantener el nivel exigido y dar algunos de los mejores momentos de dos sagas tan emblemáticas como “Capitán América” y “Star Wars” en dos de los mejores ‘blockbusters’ del año: “Civil War” y “Rogue One”. Además, desde los más variados territorios, aparecieron grandes sorpresas inesperadas como el húngaro Laszlo Nemes con la sobrecogedora “El hijo de Saúl”, el escocés David Mackenzie con uno de los mejores ‘westerns’ de los últimos tiempos, “Comanchería”, la franco-turca Deniz Gamze Ergüven con ese gran tratado del ‘angst’ adolescente en terrenos difíciles que es “Mustang” y el estadounidense Robert Eggers con la gran película de terror (y mucho más) de estos 365 días: “La bruja”. Todas estas maravillas nos dan renovadas energías para encarar con mucho optimismo 2017, pero eso ya será el año que viene, ahora lo que toca es echar la vista atrás y rememorar todo lo que hemos disfrutado en éste. Sin más prolegómenos… ¡con vosotros, nuestras quince películas favoritas del año! Que lo disfruten… Leer más…

Nuestros discos de 2016

22/12/2016

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Sabor de veteranos. Así podría definirse la lista de discos favoritos que nos ha salido en 2016 en El Cadillac Negro. Lo que tampoco es ninguna novedad, pues hemos de reconocer que en este rincón siempre hemos apostado más por nombres clásicos y por artistas con cierto bagaje que por rebuscar debajo de las piedras en busca de esa next big thing que nos haga quedar muy cool pero que a los cuatro días ya nadie recuerda. Claro que nos gustaría que apareciera más sangre nueva y excitante que nos volase a todos la cabeza y pusiese el panorama musical del revés (al menos nuestro panorama, que ya sabéis que muy pocas veces tiene que ver con hip hop, R&B moderno o el escaparate mediático de los Grammy), pero la realidad de estos tiempos es que la mayoría de nuestros grandes discos del año los firman nombres que ya estaban con nosotros hace una década, dos, tres o incluso mucho más. Así que sí, hemos detectado pocas cosas nuevas que brillaran bajo el sol, aunque eso no significa que la cosecha no haya sido excelente, con un puñado de obras mayúsculas a las que seguramente nos seguiremos acercando el día del mañana.

Pero en otro sentido 2016 también ha sido un año para olvidar, porque en el inevitable parte de bajas que cada temporada  nos lega el planeta rock, en esta ocasión figuran nombres a los que, en nuestra ingenuidad, casi llegamos a considerar invencibles, inmortales. Que de una tacada se nos marcharan iconos absolutos de la cultura popular como David Bowie, Prince y Leonard Cohen supuso una triste y dura bofetada de realidad que además amenaza con repetirse a menudo en el futuro próximo.  Pero que al menos dos de ellos pudiesen marcharse por la puerta grande, dejando epitafios a la altura de su leyenda, nos permitió celebrar y honrar  su genio una última vez. Esa brisa fúnebre inevitablemente se filtra en nuestra lista, pues pocas veces los redactores de este blog hemos llegado a un consenso  tan categórico sobre el primer puesto  de uno de nuestros rankings. Sin más preámbulo, aquí están nuestros 15 discos de 2016. Leer más…