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“Reyes de la noche”: furia en las ondas

14/06/2021

Pocas fuentes de inspiración tan prometedoras han surgido en los últimos años como la de “Reyes de la noche”: la consistente en la furibunda lucha mantenida en los últimos años 80 y los 90 entre las dos grandes figuras mediáticas de los programas deportivos nocturnos: José María García y José Ramón de la Morena. Más que nada porque, más allá del atractivo congénito de los dos personajes, esta pugna podía alcanzar cotas mucho más ambiciosas: un retrato de la escena mediática nacional de aquellos años, el enfrentamiento entre las sempiternas dos Españas, el permanente conflicto entre lo viejo y lo nuevo….y un largo etcétera. La premisa podía haber dado para un excelente documental (ya fuera en forma de largometraje o serie) o para ficciones de muy distinto cariz. Podría haber deparado un retrato íntimo de los dos contendientes o bien una ambiciosa panorámica de la sociedad española de la época o incluso una vitriólica farsa humorística. Lo malo es que la producción de Movistar+ quiere hacer un poco de todo lo señalado anteriormente, quedándose, sin embargo, en un romo término medio.

Adolfo Valor y Cristóbal Garrido, creadores de la serie, han decidido abordar el relato por medio de la comedia dramática, ofreciendo un tono desenfadado, ligero y muy accesible a todo tipo de públicos (no en vano dirige la mayoría de los capítulos Carlos Therón, último rey de la comedia comercial española), pero nunca decididamente cómico, con el objeto de poder introducir, como contraste, elementos realmente dramáticos sin que el edificio acabe colapsando.

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¿Dónde estabas tú en el 91?

17/05/2021

1991 comenzó con los tambores de guerra que sonaban en el golfo Pérsico y terminó con el estruendo de un gigante, la URSS, desplomándose y rompiéndose en pedazos. Entre medias, empujamos a Miguel Indurain hacia la conquista del primero de sus cinco Tours de Francia, conocimos los extravagantes gustos culinarios de un tal Hannibal Lecter, se nos cayó la mandíbula al suelo con los revolucionarios efectos líquidos de “Terminator 2” y el SIDA se empeñó en golpearnos castigando a nuestros dioses, primero a Magic Johnson y poco después, de un modo más trágico, a Freddie Mercury. Y precisamente si hablamos de música, la huella que dejó 1991 en la cultura popular se agiganta exponencialmente. Porque aquel no fue simplemente un año más. De ningún modo. De hecho, podía percibirse en el ambiente que había una revolución en ciernes. Que soplaban vientos de cambio. Los 80 se dirigían hacia su extinción mientras que los 90 se abrían ya paso a machetazos. Se oían cantos de cisnes obligados a marcharse y de gallos que anunciaban una nueva era. Y fruto de esa maravillosa confusión entre lo viejo, lo nuevo y lo atemporal, de esa abrupta colisión entre los sonidos y estilos que dominaron la década anterior y los que estaban llamados a reinar en un futuro que ya estaba ahí, llegó una de las cosechas de discos más impresionantes y fructíferas de la historia, comparable a otras añadas legendarias como las de 1967 o 1977. Algunos, los que ya peinamos algunas canas, lo vivimos en todo su esplendor y podemos dar fe de que aquellos fueron tiempos verdaderamente apasionantes. Uno de los mejores tiempos posibles para ser joven y flipar con la música que te toca vivir. De excitantes descubrimientos y confirmaciones que, aunque en ese momento uno no sea plenamente consciente, terminan marcándote a fuego. Y en lo que se refiere al rock, probablemente sea el último año en el que el género tuvo un impacto real y relevante en la sociedad.

Muchos de los álbumes publicados en aquellos doce meses ocupan hoy posiciones destacadas en las listas de discos más importantes de la historia de la música. Varios de ellos contribuyeron a cambiar esa historia, otros sencillamente nos cambiaron la vida, y algunos no necesitaron cambiar nada para hacernos pasar ratos tan endemoniadamente buenos que se quedaron para siempre en un rincón especial de nuestra memoria. Con estas líneas hemos querido rendir tributo a todas esas obras que significaron algo para cada uno de nosotros, no necesariamente en el momento en el que se publicaron, y que juntas ofrecen la instantánea más nítida posible de una época irrepetible. Por ello os invitamos a acompañarnos en uno de esos viajes en el tiempo que tanto nos gustan, empezando por enero y terminando en diciembre de 1991, y a zambullirnos a fondo, sin límites ni restricciones de tiempo o espacio, en el cúmulo de sensaciones, sonidos, olores, sabores y colores que nos dejó un período inolvidable a través de sus protagonistas, sus discos, sus canciones y sus videoclips. Abróchense los cinturones y disfruten del trayecto, que tenemos para un buen rato:

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“Ted Lasso” y “Home Ground”: comedia y drama en un único partido

21/03/2021

El fútbol, en su condición de deporte rey, no deja de ser omnipresente en nuestras plataformas. Aparte de su obvia presencia constante en forma de retransmisiones en directo, en este tu blog ya hemos levantado acta de algunas de las numerosas ocasiones en las que el género documental ha sabido reflejar el balompié en sus más variados aspectos. Sin embargo, muy pocas series se habían atrevido a incluirlo como eje protagónico de sus tramas. Aún son menos las que lo hicieron con éxito. Pero eso, afortunadamente, ya es cosa del pasado. Una vez más, la experta seriéfila Noelia García se asoma a nuestras pantallas para analizar las dos producciones que han revolucionado para bien el lugar del fútbol en la ficción seriada: “Ted Lasso” y “Home Ground”.

Al volante: NOELIA GARCÍA

En lo que llevamos de 2021 no podemos evitar recordar y comentar cuándo fue la última vez que hicimos aquellas cosas que hace algo más de un año eran habituales en nuestras vidas. En mi caso, el 7 de marzo hizo un año de la última vez que fui al campo a ver a mi equipo de fútbol. Nunca pensé, tras el 0-0 de ese partido, que tardaría tanto en volver a un estadio.

Por ello, era inevitable que el fútbol entrara en mi casa no solo en forma de partidos televisados, sino también a través de dos magníficas series que, ya sea en modo comedia -como es el caso de “Ted Lasso”- o en forma de drama -como en “Home Ground”-, terminarían llenando ese vacío dejado por la imposibilidad de ver los partidos en vivo y en directo.

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“Nuevo orden”: la humanidad era esto

26/02/2021

Mucho ha tenido que ser lo que hemos sufrido o contemplado en los últimos tiempos -y especialmente en los últimos meses- para que lo que nos presenta “Nuevo orden” ante nuestros ojos no solo no nos parezca una ilusoria distopía sino que nos suena incluso cotidiano. No cabe duda de que solo hace unos pocos años la crudísima nueva película del mexicano Michel Franco habría generado un considerable impacto, pero en pleno 2021 -y a pesar de sus abundantes méritos artísticos- la realidad ha llegado a superar la ficción en muchas ocasiones… y a anestesiarnos.

No por ello debemos dejar de valorar en su justa medida la llegada a nuestra esquelética cartelera de una de las entregas cinematográficas más estimulantes que han recalado en ella en estos tiempos pandémicos. Franco, uno de los cineastas latinoamericanos más valorados en el circuito de festivales (hasta tres premios acumula en Cannes y logró otro en San Sebastián por obras como “Después de Lucía” (2012), “Chronic” (2015) y “Las hijas de Abril” (2017)), vuelve a explorar los aspectos más oscuros y sórdidos del ser humano pero para, en esta ocasión, darle un cariz más colectivo y social. No esperen un visionado pasivo, “Nuevo orden” -galardonada con el Gran Premio del Jurado en Venecia- es una explosiva mezcla del carácter revanchista de “Parásitos”, el nihilismo revolucionario de la parte final de “Joker”, el pesimismo apocalíptico de la serie francesa “El colapso” y la actitud iconoclasta de aquella incorrectísima “Calígula” de Tinto Brass.

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“Small Axe”: ¡bailad, bailad, malditos!

21/02/2021

Antes de hablar de “Small Axe”…¿qué coño es “Small Axe”? ¿Es una antología de cinco películas estrenada en la televisión o es una serie-contenedor, con cinco episodios absolutamente independientes pero con relación temática al estilo “Black Mirror”? ¿O las dos cosas al mismo tiempo? La heterogeneidad en la duración de las diferentes películas/capítulos -el primero supera las dos horas, mientras que el resto fluctúa entre los 63 y los 80 minutos- ha animado y hecho casi irresoluble la controversia, tanto que se ha trasladado a la temporada de premios: mientras que alguna de las películas/capítulos ha recibido nominaciones de manera independiente en premios cinematográficos, la obra en conjunto entró en la terna de aspirantes como Mejor Miniserie en los Globos de Oro. Quizás lo único relevante de esta dicotomía es la demostración de la preponderancia actual -aún más pronunciada por la pandemia- de lo catódico sobre el Séptimo Arte. Mientras que “Viudas” -el esperado regreso del gran protagonista de este artículo, el director británico Steve McQueen, tras triunfar en los Oscar con “Doce años de esclavitud”– paso prácticamente desapercibida por las salas hace dos años, “Small Axe” ha vuelto a poner su nombre en boca de todos los medios y del público. Y no cabe duda de que, calidades aparte, buena parte de esta gran repercusión se ha debido a que se ha facilitado el acceso de las masas a su nueva obra gracias tanto a su emisión original en la BBC británica como a su paso por plataformas como Amazon Prime en EE.UU y Movistar Plus en España.

Pues muy bien. Pero, de nuevo, ¿qué coño es “Small Axe”? Pues bien, es el proyecto más ambicioso y largamente acariciado por McQueen. Es un homenaje a sus ancestros y la denuncia de uno de los casos más flagrantes de injusticia y racismo hacia un colectivo en la Europa Occidental en la segunda mitad del siglo XX: el que sufrieron los inmigrantes afrocaribeños en barrios londinenses como Brixton o Notting Hill. Para abordar este conflicto en toda su complejidad y desde ángulos muy diferenciados, el cineasta británico ha decidido plasmarlo mediante cinco historias tan diversas como complementarias que acaban ofreciendo una visión panorámica de lo más completa. Con la crítica mundial rendida a sus pies, es hora de analizar cada película/episodio (sí, nos estamos poniendo pesaditos con el tema) para dilucidar si tanto reconocimiento está debidamente justificado.

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“FLOWERS for VASES/descansos” de Hayley Williams: otro parto del confinamiento

18/02/2021

Ya dije, cuando hablé de Soul, lo necesario que es quitarnos de la azotea aquello de que un minuto sin ser aceptadamente productivos nos convierte en un fracaso. Que todas aquellas publicaciones cuarenteniles que nos animaban a llevar a cabo el proyecto de nuestra vida fueron cuanto menos contraproducentes. Sin embargo, lo que no se puede negar es que aquellos meses sirvieron para ampliar un poquito el universo creativo buscando escapar. Yo misma comencé un podcast, y haríais bien en ir a Señoras del leño (espacio publicitario patrocinado por nadie), Taylor Swift grabó los dos mejores discos de su carrera, y no han sido pocas las muestras de cine y literatura que han visto la luz fruto del confinamiento.

El pasado año, Hayley Williams publicaba el que sería su primer álbum en solitario, tras años como líder de Paramore en medio de toda la euforia emo dosmilera. Petals for Armor es un disco autobiográfico que se pasea por el synthpop, el rock y todos los estilos en los que la artista se siente cómoda, y fue gratamente acogido por la crítica. El plan (¿os acordáis de lo de tener planes vitales?) era publicar una segunda parte del álbum como siguiente paso en su creciente carrera de solista, pero lo que ha venido después es una suerte de precuela creada en soledad y nacida del mirar hacia dentro. Es una delicia, de esas que hacen cosquillitas en el alma y pueden acabar en lagrimeo.

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Postales desde la nueva vieja América

10/02/2021

Parece una obviedad decirlo en tiempos de coronavirus, pero EE.UU -no sólo por la pandemia- lleva viviendo sus meses, si no años, más convulsos por lo menos desde el 11-S o aquel ya lejano y mítico 1968. La elección del presidente más heterodoxo de su historia, Donald Trump, la división cada vez más enconada entre el un conservadurismo cada vez más extremo y el progresismo, su sempiterno problema con el racismo estallando como nunca antes con las multitudinarias protestas por la muerte de George Floyd a manos de la policía, unos comicios presidenciales preñados de polémica, la inédita toma del Capitolio por los seguidores mas acérrimos de Trump… EE.UU parece en estos momentos un bólido sin frenos y cuesta abajo en el que todo parece posible, que parece estar intentando domar Joe Biden desde su reciente llegada al poder. Sin embargo, queda mucho -y difícil- camino por recorrer en esta descarnada pugna.

Como no podía ser de otra manera, este estallido social influye en el arte y, muy concretamente en la música. Y mientras que hay géneros a los que se les presupone -con sus lógicas excepciones, claro- su predilección por uno de los dos ‘bandos’, una de las situaciones más complejas y repletas de grises se produce en uno de los estilos más presentes en este Cadillac: el americana. Mientras que el country de cariz más comercial es uno de los géneros más relacionados con el tradicionalismo republicano y, de manera bastante más tangencial, con Trump; la aleación de música de raíces con el pop y rock más contemporáneo y su carácter más joven y abierto hacen del ‘americana’ un lugar en el que confluyen casi todas las tendencias políticas, aunque cada vez tendiendo más hacia la causa progresista, ejemplificando ese lento viaje que lleva desde la Vieja América a la Nueva. En este agitado contexto, el estilo sigue siendo extraordinariamente fecundo en música de alto nivel, incluyendo tanto a ilustres veteranos que reverdecen laureles como a artistas aún jóvenes pero ya plenamente consolidados y a nuevas promesas que van haciendo méritos más que sobrados para ser los grandes del mañana. En el Cadillac hemos querido seleccionar una pequeña porción de todo lo que el ‘americana’ nos ha dado en los últimos meses, diez grandes obras de orígenes bien variados que, como toda selección, deja inevitablemente fuera a otros artistas que bien pudieran haber formado parte de este post. Sirvan las obras comentadas a continuación no como una elección concluyente, sino como un punto de partida para explorar muchos más trabajos.

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“Euphoria”: de cuando Hopper pintó la terapia

08/02/2021

Si me preguntaran por las mejores ficciones adolescentes televisivas del momento tendría clara la respuesta y al mismo tiempo contestaría que no hay una fórmula mágica para el éxito, porque ambas son lo opuesto en cuanto a su hacer. Por un lado tenemos Sex Education, serie de Netflix que se caracteriza por su ligereza, su esperanza por un mundo mejor, por su tono inocentón. Es fácil verse retratada en un producto cuya representación de la juventud gira en torno a las dudas y aquello que realmente fuimos: pringadillos y pringadillas que no estaban del todo (ni medio) preparadas para crecer. Con Euphoria lo tenemos más complicado. La que podíamos calificar sin ningún atisbo de duda como una de las series estrellas de HBO no me resultó fácil, tiempo atrás, en su visionado. No es que su calidad no fuera notable y no es que no contara con todas las virtudes de los buenos estrenos de la cadena. Es que es dura como una roca. Tan dura, violenta, oscura y vacía de esperanza que cuesta pintarse dentro de su retrato.

La primera mencionada es una pasarela de temas importantes, pero resulta fácil empatizar con ella por sus formas. La segunda, reitero, es tan áspera, tan desapacible y despiadada que adentrarse en ella se nos antoja hostil. Y no es que exponga temas menos relevantes, nada más lejos de la realidad. Su tratamiento de la salud mental en general y de la depresión en particular es obscenamente honesto. También lo es su forma de hablar de la violencia de género, el consentimiento, la falta de autoestima, la exposición no consensuada y la problemática del porno como academia sexual. Cuesta empatizar porque cuando una estaba en el instituto la gran mayoría no tenía un camello ni se dejaba ciento veinte pavos en drogas de diseño, tampoco se veía inmiscuida en líos con la pasma para inculpar a un cabeza de turco, ni se embolsaba un dineral posando con un látigo en una webcam, ni podía pasar las noches fuera y vivir en una rave continua. Sí, me estoy leyendo. Por supuesto que es ficción y en ocasiones sacar del tiesto los problemas sirve para que alguien se fije en ellos. No obstante, cuesta. Hasta que se enciende una bombillita. Y luego llegan los especiales.

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