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“Triple frontera”: soldados de (poca) fortuna

20/03/2019

La mayor parte de las veces las prisas son traicioneras. Acababa de estrenar en 2011 la simplemente interesante “Margin Call” cuando el cineasta J.C.Chandor ya era saludado como uno de los nuevos ‘geniecillos’ de Hollywood destinados a renovar el ‘star system’ de directores de los grandes estudios. De ahí que, después de haber entregado hasta ahora otras dos películas únicamente buenas como fueron “Cuando todo esté perdido” y “El año más violento” (ambas analizadas en este blog aquí y aquí), el sentimiento pueda ser de una injusta decepción cuando lo que, expectativas aparte, lo que hemos ido encontrando es, simplemente, un muy buen director pero aún en etapa de formación y sin haber mostrado aún ningún rasgo autoral apreciable, del que hay que seguir estando muy pendiente pero del que haríamos bien en no endosarle una presión tan exagerada como innecesaria.

Es por ello que ahora pueda parecer una claudicación su apuesta por el cine de género en su nueva película, “Triple frontera”, la adaptación de un guión de Mark Boal -saliendo de las alas protectoras de su ya larga colaboración con Kathryn Bigelow- que lleva toda la década dando tumbos por Hollywood, teniendo en su haber posibles protagonistas como Tom Hanks y Will Smith y que finalmente ha sido rescatado por Netflix, como en otras muchas ocasiones recientes, para engrosar su creciente apartado de cine de prestigio.

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Ariel Rot: seis cuerdas, diez canciones y un manual de supervivencia

19/03/2019

Debe de haber muy pocos artistas en nuestro país que hayan tenido el privilegio de formar parte durante su carrera de dos bandas de la entidad de Tequila y Los Rodríguez, siendo además en ambas compositor, guitarrista principal e incluso vocalista en algunos temas, es decir, pieza clave en la historia de dos grupos que hicieron historia. Hoy, Ariel Rot, que tampoco renuncia a recrear y repescar el repertorio de aquellas bandas, tiene tras sus espaldas ya una carrera en solitario extensa, notable y muy reivindicable, pero algo desconocida para el gran público. Y aquí es donde entra la desinteresada y altruista labor de El Cadillac Negro para intentar acercaros al Ariel Rot en solitario a través de un puñado de canciones que bien pueden servir para formar una somera idea de lo que este argentino afincado en Madrid desde hace décadas sigue ofreciendo.

Quizás una panorámica más justa de la carrera de Ariel Rot debería incluir temas de Tequila y de Los Rodríguez, así como de los dos discos que sacó en el periodo entre ambas formaciones, dos discos realmente olvidados y en general olvidables, pero vamos a ceñirnos a la etapa posterior a Los Rodríguez, en la cual ha publicado un buen número de álbumes, casi todos notables y alguno incluso sobresaliente. Y es que Ariel Rot es ya por méritos propios una figura esencial del rock en castellano gracias a un repertorio inmenso, a su genialidad con las seis cuerdas y a una sensatez y coherencia para llevar una larga carrera hacia adelante sin grandes aspavientos pero sin claudicar. (Por cierto, los increíbles Rodríguez también tienen su espacio en este blog aquí, porque sí, porque sí y porque sí).

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“Beautiful Boy”: quererte/sufrirte más que a nada

15/03/2019

La paternidad. Esa circunstancia que puede deparar las mayores alegrías de la vida y, al mismo tiempo, los mayores sufrimientos, sobre todo porque -salvo en deleznables excepciones- afecta al yo más íntimo de cada persona. Este es uno de los temas más recurrentes en la filmografía del director belga Felix Van Groeningen, que ya la trató con profusión en su aclamada “Alabama Monroe” (incluida en nuestra lista de mejores películas de 2014) y, más tangencialmente, en su posterior “Bélgica”. Ahora vuelve a incidir en ella con profusión en su debut estadounidense, “Beautiful Boy”.

Más concretamente, Van Groeningen se mete de lleno en un asunto tan trillado y, por ello, tan resbaladizo, aunque inevitable en la sociedad actual, como es el de la adicción a las drogas de un hijo postadolescente, aunque con la novedad de que vista en su mayor parte desde la perspectiva tanto del padre como, en menor medida, de la segunda mujer de éste y de la madre del chico, y no tanto desde la del propio artífice de los hechos.

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Bokassa: los teloneros desconocidos de Metallica

12/03/2019

Seguro que os pasó a muchos de los que fuisteis raudos a comprar la entrada para las paradas españolas de la gira europea de Metallica en Madrid y Barcelona. Muchos os alegraríais de encontraros en el cartel a otra de las bandas más importantes del rock actual: los suecos Ghost. Pero, sin embargo, casi todos os preguntaríais quiénes coño eran esos Bokassa que aparecían en tercer lugar, destinados a abrir uno de los grandes acontecimientos musicales del año.

No os sintáis culpables, prácticamente nadie conocía al trío noruego que ‘homenajea’ con su nombre al dictador centroafricano Jean-Bédel Bokassa, más allá del ‘underground’ de su nórdico país, hasta que ocurrió uno de esos milagros que acontecen cada mucho tiempo en el mundo de la música. Sucedió que uno de sus fans se dedicó a soltar alabanza tras alabanza sobre ellos en una radio estadounidense (aquí tenéis sus declaraciones concretas). El hecho hubiera quedado en una muestra de frikismo del interlocutor si no fuera porque este se llamaba Lars Ulrich y lleva unos añitos tocando la batería en un conocido grupo de heavy metal de San Francisco. Bastó ese gesto, acompañado de una respuesta llena de sorpresa de Bokassa en sus redes sociales, para que su nombre empezara a sonar a unos cuantos ‘metalheads’ en todo el mundo, seguimiento que ha crecido exponecialmente cuando Ulrich ratificó su admiración por ellos y les fichó como uno de los teloneros de los autores de “Master of Puppets” para su nueva gira mundial.

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“Buffy Cazavampiros”: pelea como una chica

07/03/2019

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Cuenta la leyenda que en cada generación nace una cazadora. También cuenta que, en ocasiones, llegamos tarde a la fiesta. Lo que nadie nos dice es que lo de llegar a tiempo no significa lo mismo para todo el mundo, que lo del momento es muy subjetivo y que a veces no hay ocasión más adecuada que aquella en la que las cosas llegan. Se está hablando mucho de “Buffy Cazavampiros” en las redes sociales en los últimos meses por su posible reboot, su inminente cumpleaños y otro puñado de buenas razones. Lo importante es que en el Cadillac hemos querido ser portadores de nuestro propio altavoz y aprovechar la tesitura para dar voz a un producto que, casi todo el mundo se atreve a juzgar, pero menos audiencia de la recomendable se ha sentado a ver en serio. Reconozcámoslo, los prejuicios nos sobrevuelan de manera constante. Es hora de hacerlos cenizas.

Sería de recibo comenzar este post con una confesión importante: esta serie no formó parte de mi adolescencia ni marcó de ningún modo mi juventud. No hay ninguna razón de peso, simplemente aquellos últimos años de los 90 y primeros años de los 2000 me tenían ocupada con las andanzas de Mulder y Scully, los hechizos de las hermanas Halliwell y los episodios de otros programas de televisión que por aquel entonces pegaban fuerte. No fue más que una cuestión casual. Así que llega el año 2018 y una se planta ante las aventuras de la cazavampiros por probar, con treintaiún años y creyendo que en esta movida ya no hay nada para ella, pero habiendo escuchado y leído maravillas sobre este universo y a sabiendas de que es, para muchos y muchas, un producto sagrado y de culto. Fue tal la sorpresa y tan grato el (doble) visionado de sus siete temporadas, que la sensación de haber abierto un tesoro televisivo más de dos décadas después de su nacimiento y cuando ya había cogido solera no hizo más que dotar de un extraño misticismo a la experiencia. Y hoy, porque lo merece y me siento un poco en deuda, quiero contar a cada lector y lectora, haya visto o no a Sarah Michelle Gellar portando una estaca, las razones por las que “Buffy” es un producto fundamental que no se ha valorado ni por asomo acorde a sus virtudes y por qué, más de veinte años después, ha adquirido una relevancia increíble.

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“One Day at a Time”: la sitcom que necesitaba el siglo XXI

06/03/2019

En un presente en que las series de televisión ocupan un alto porcentaje de nuestro tiempo de ocio, el concepto de comedia ha ido transformándose lentamente, con un mayor énfasis en la última década. Hasta hace unos años, el género se encontraba estrechamente ligado a las risas enlatadas, los escenarios reducidos, los personajes que representaban estereotipos y los gags repetitivos. Es decir, concebíamos comedia como comedia de situación. Cuando como consumidores buscábamos referentes de esos episodios de veinte minutos fáciles de ver e ideales para la evasión, se nos venían a la cabeza títulos como “Seinfeld”, “Friends”, “Cheers”, “El príncipe de Bel-Air”, “Cómo conocí a vuestra madre” o un centenar de títulos más, de todos los tiempos, que solían acompañarnos en la sobremesa y en los que podíamos encontrar un abanico amplio de calidades.

El concepto de comedia, como decía, ha sufrido una metamorfosis en la última década, impulsada sin lugar a dudas por la gran oferta de productos televisivos (y a estas alturas, más que de televisión, hablamos de streaming) y el lujo de poder cribar para quedarnos con lo que más nos convence. Hoy hablamos de comedia y el término nos evoca series de autor como “Girls”, “Fleabag”, “Master of None” o “Better Things” y sátiras vitales como “Bojack Horseman” o políticas como “Parks and Recreation”. Hay una predilección por una mirada más indie del género, con un mayor gusto por lo europeo y, sobre todo, una tendencia a darle un uso más brillante y dramático. Se persigue más el relato de un contexto que el chiste sobre el mismo. Y no es que el gran público no necesite de las risas y la dispersión en 2019, es que da la sensación de que los distintos canales disponibles se empecinan en tener como máximos exponentes a programas con un discurso que a todas luces no se ha actualizado. No quiero levantar ampollas, pero que algo como “The Big Bang Theory”, abiertamente sexista, clasista y otros -istas, sea producto estrella, explica gran parte de este cambio.

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“True Detective”: misión cumplida, Mr. Pizzolatto

04/03/2019

Si hay una persona en la que no me habría gustado estar en su pellejo en los últimos años esa es Nic Pizzolatto. El genio que nos legó para la posteridad en 2014 uno de los grandes tótems de la era dorada de la televisión, esa soberbia primera temporada de “True Detective” (que aquí glosamos convenientemente en su día) se convirtió en uno de los grandes nombres de la cultura mundial, lo que le valió incluso para ver publicada en todo el globo en loor de multitudes su novela “Galveston” (cuya adaptación cinematográfica, dirigida por Melanie Laurent, se estrenó hace pocos meses en España).

Todo ese reconocimiento se vino abajo apenas un año después. El propio jefe de programación de HBO por aquella época, Michael Lombardo, acabó admitiendo que ejercieron una presión excesiva sobre Pizzolatto para que este escribiese cuanto antes una segunda temporada de la nueva gallina de los huevos de oro de la plataforma y aprovechar así el tirón de la primera entrega. El resultado fue un absoluto naufragio. La trama era medianamente potente, los actores estaban muy correctos y, en general, el nivel era el adecuado para un pasable thriller convencional. Pero era poco, muy poco, para una franquicia del nivel de “True Detective”. Todo lo que encajaba como un guante en la temporada inaugural (el tinte existencialista, los profundos diálogos, la atmósfera sórdida), resultaba forzadísimo en esta segunda, dando lugar incluso a escenas sonrojantes, que disuadieron a muchos antiguos fanáticos de asomarse a comprobar como se desvirtuaba su serie favorita.

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“La chica del tambor”: adictivo thriller de autor

01/03/2019
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Hay veces que estamos tan inmersos en la inabarcable oferta disponible en las plataformas televisivas estadounidenses -amén de ahora también las españolas- que olvidamos que ahí siempre ha estado, está y esperemos que siga estando por mucho tiempo la modélica BBC británica proporcionándonos una producción televisiva tremendamente sólida, que combina con especial acierto el respeto a la tradición y la búsqueda de nuevos caminos. Un ejemplo paradigmático de la perfecta mezcolanza de estos dos extremos es “La chica del tambor”, una de las mejores miniseries realizadas por el ente británico en los últimos años y que acaba de emitir Movistar+ en su canal #0. Para descubriros todos sus recovecos, tenemos el placer de contar para este cometido con toda una experta seriéfila: Noelia García.

Al volante: NOELIA GARCÍA

Basada en el quinto libro de John Le Carré, y una de sus novelas más conocidas, “La chica del tambor” es un adictivo thriller que supone el debut televisivo del director surcoreano Park Chan-wook, que hace suya la historia y cocina a fuego lento una excelente miniserie con todos los ingredientes del thriller clásico: tenemos espías, terroristas, tensión, seducción, doble juego… Todo ello sostenido por un gran elenco de actores, entre los que sobresale por encima de todos una Florence Pugh espléndida, a la que secundan un Alexander Skarsgard misterioso y enigmático y un Michael Shannon que, como en todos sus papeles últimamente, brilla en su interpretación de un veterano espía.

Ambientada a finales de la década de 1970, tras la masacre de los Juegos Olímpicos de Múnich, la serie comienza con un atentado en la embajada israelí en la Alemania Federal, que pone en marcha un operativo para atrapar a sus autores. El objetivo es dar caza a Khalil, un escurridizo terrorista que capta a chicas occidentales, a las que utiliza para dejar en el lugar del atentado sus maletas con explosivos. 

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