Skip to content
Anuncios

“Better Call Saul”: delitos y faltas

22/06/2017

(ALERTA SPOILER: Prohibido leer sin haber visto “Lantern”, el décimo y último episodio de la tercera temporada de “Better Call Saul”)

Acaba de terminar la tercera temporada de “Better Call Saul” y ya no tiene sentido que andemos comparándola minuto a minuto, plano a plano, con “Breaking Bad”. Y digo esto precisamente en el año en el que los vínculos con la serie madre han sido mucho más profusos y evidentes, pues ya no hablamos sólo de ingeniosos guiños o jugosos easter eggs que pudieran hacernos más o menos gracia, sino de elementos, tramas y personajes comunes muy reconocibles y presentes en un primerísimo plano, y con una importancia capital. Tanto es así que ya podemos decir con seguridad que “Better Call Saul” no se merece ser contemplada como un producto derivado, ni una cosita menor, sino como una ficción que nos está contando un fragmento distinto de la misma historia. Así que sí, tendremos que seguir mencionando a la mítica serie de Vince Gilligan una y otra vez, pero ya sólo por razones argumentales (y sentimentales), dejando de lado de una maldita vez cuestiones como si está a la altura de su predecesora, si ésta es igual de buena que aquélla, o si “Better Call Saul” es una serie exclusivamente para fans de “Breaking Bad”. “Better Call Saul” es una serie para fans de “Better Call Saul”, que a estas alturas puede que no seamos muchos, pero sabemos perfectamente a qué atenernos.

Sabemos, por ejemplo, que “Better Call Saul” es una serie única, con una personalidad tan definida y una forma tan irrenunciable de hacer las cosas, siempre a su manera, que ya solamente eso la convierte en necesaria e imprescindible. Por supuesto que se sigue notando la herencia de “Breaking Bad”, pero ha conseguido distanciarse lo justo y necesario como para que puedan apreciársele sus propias virtudes. En un año en el que hemos alucinado, de momento, con el derroche y el ingenio visual de cosas como “Legión” o “American Gods”, (“Twin Peaks” jugaría en su propia liga), no exageramos lo más mínimo si decimos que “Better Call Saul” es una de las series más asombrosamente bien realizadas de la actualidad. Tampoco es ninguna sorpresa. Y a diferencia de las dos primeras mencionadas más arriba, aquí estamos hablando de un caso en el que se conjuga a la perfección el virtuosismo en el fondo y en la forma. En muchos sentidos, siempre guardando las distancias, tendría ahora mismo bastantes más puntos en común con “Fargo” que con las anteriores, siendo por momentos ésta una versión árida de aquélla, o aquélla una versión helada de ésta. Hablamos de escenas extraordinarias, inesperados hallazgos narrativos (por ejemplo, el accidente de coche de Kim) y planos bellísimos, que habría que capturar y colgar en algún museo. Creo sinceramente que “Better Call Saul” ha hecho las cosas muy bien desde el inicio, pero en estos últimos diez capítulos lo ha bordado y ha entregado su temporada más redonda hasta la fecha. Y lo ha logrado sin hacer concesiones, ya desde un arranque en el que se mostró más fiel que nunca a sí misma, como queriendo dejar bien claro que las reglas de la partida no habían cambiado. Leer más…

Anuncios

“American Gods”: Dioses a bordo de un Cadillac negro

19/06/2017

La adaptación televisiva de “American Gods” ha sido un proyecto de complicada concepción, larga gestación y parto difícil, aunque algunos no teníamos ninguna duda, desde que supimos de su existencia (las primeras noticias datan de 2011), de que acabaría saliendo adelante y viendo la luz, sí o sí. Y es que haber dejado pasar la oportunidad, en este caso, hubiera sido un pecado mortal. Por varios motivos, siendo el primero de ellos que la novela, por su propia naturaleza, era idónea para ser transformada en un producto audiovisual de primer nivel, especialmente en la pequeña pantalla. Cualquiera que leyera el libro se percataría de que su traslación a imágenes no sería nada fácil, y estaría plagada de retos y obstáculos, pero por otra parte podría abrir infinitas y emocionantes alternativas a los encargados de tan compleja misión. Además, estamos hablando no sólo de una novela de gran popularidad, especialmente en EE.UU. (que al fin y al cabo es lo que importa), sino de la más popular de su autor. Y ese autor, Neil Gaiman, además de una celebridad es uno de esos novelistas y guionistas de cómic ˗por acotar˗ cuyo número debe estar en las agendas de los productores de medio mundo. Sin llegar a los extremos de su amigo y mentor Alan Moore, que repudia e incluso boicotea cualquier producción inspirada en su obra, ni a los de Mark Millar, que últimamente parece que no publica nada si no tiene garantizada de antemano su pertinente adaptación, Gaiman se deja querer, no descarta nada y, en algunos casos, alienta y forma parte activa en algunos proyectos, como es el caso de esta “American Gods”.  Él mismo, que cuenta con experiencia como guionista para televisión (“Doctor Who”, “Babylon 5” o su propia “Neverwhere”) y cine (“Beowulf” o “La máscara de cristal”, para su colega Dave McKean) ejerce de productor ejecutivo de la serie, trabajando muy estrechamente con los showrunners Bryan Fuller y Michael Green. Y eso se nota.

Tras su paso frustrado por la HBO, que acabó tirando la toalla en 2014, el proyecto fue rescatado por la cadena Starz y no tardaron en anunciarse los nombres de Fuller y Green para desarrollar la serie. Unas noticias tremendamente esperanzadoras, creo, para cualquier fan de la novela, entre los que me incluyo. Yo reconozco que no había visto anteriormente ningún show de Starz, pero sabía lo suficiente sobre series como “Spartacus”, “Camelot” o “Black Sails” como para tener la seguridad de que la cadena llegaría aún más lejos que la propia HBO a la hora de retratar esa crudeza, violencia y sexo tan presente, y fundamental, en algunos pasajes del libro. Y aunque, en mi humilde opinión, Green no es garantía de nada, pues es capaz de lo mejor (“Logan” o “Kings”) y de lo peor (“Linterna Verde” o “Alien: Covenant”), con el fichaje de Fuller creo que sí entramos todos en éxtasis. Después del copioso y gozosísimo atracón que nos puso en bandeja con “Hannibal”, sabíamos que Fuller era el hombre idóneo para darle a “American Gods” todo el empaque visual y la audacia narrativa que un libro como éste requería. Ahora, tras el cierre de su primera temporada de ocho episodios, ya podemos resolver la cuestión de si nuestras enormes expectativas lograrían ser colmadas, y la respuesta es un SÍ, aunque quizás no tan rotundo como a muchos nos hubiera gustado. “American Gods” es una serie magnífica, que además no traiciona a la novela, y se ha ganado sin discusión su derecho a ser considerado uno de los mejores estrenos del curso. Tan deudora de “Hannibal” como cabría esperar, es un prodigio técnico y artístico, empezando por esos subyugantes títulos de crédito (¿demasiado deudores por su parte de los de “Millennium” de David Fincher?). Nos ha brindado algunos de los minutos de televisión más sobresalientes en lo que llevamos de 2017, y bastantes argumentos para creer en ella y confiar en que seguirá dándonos más alegrías en años venideros. Y aun así, uno tiene que reconocer que su primera temporada ha tenido sus fallas, muy evidentes, y no ha sido ni mucho menos perfecta, aunque algunos sí creímos que llegaría a serlo tras el visionado de sus tres primeros capítulos. Leer más…

“The Handmaid’s Tale”: el sitio de una mujer

15/06/2017

467823

En 1985, Margaret Atwood publicó una gran novela distópica llamada El cuento de la criada. Una historia sobre la república de Gilead (Nueva Inglaterra en otro tiempo), un estado teocrático y totalitario donde se volvía a “los valores tradicionales”. Una obra sobrecogedora en la que las mujeres pierden de un golpe sus derechos y se convierten en incubadoras móviles, donde hay poder y esclavismo elegante, donde todo es un ritual, incluidos los horrores. Una pieza de ciencia ficción social que no se nos antoja tan ficcional en muchas de sus capas, de estremecedora narrativa y que, de manera no casual, pasó mucho más desapercibida que los trabajos de Orwell, Huxley o Bradbury (de quien hablamos largo y tendido en el Cadillac).

Por fortuna, en una era en la que las series de televisión se han interiorizado en las rutinas de consumo, Hulu se interesó por el producto literario, adaptándolo con maestría a la pequeña pantalla y haciéndolo llegar a un abanico amplio de espectadores (aquí ha llegado de la mano de HBO España). Esto ha provocado que un gran número de esos espectadores se interesen por esas páginas, disparando las ventas del libro. Es una suerte de justicia poética rara y que probablemente no sea sueño de ningún autor, pero lo cierto es que el discurso de Atwood y las ganas de arriesgar de una cadena han dado a luz al que sin duda es uno de los principales estrenos televisivos del año.

Leer más…

The Cannibal Queen te dan una nueva oportunidad

13/06/2017

The-Cannibal-Queen-Rules-of-Duality

Si estuviéramos en un mundo  ideal, una banda como los barceloneses The Cannibal Queen serían reconocidos como uno de los grandes grupos rockeros del país, girarían regularmente por España y Europa en salas razonablemente grandes y estarían presentes en los carteles de numerosos festivales veraniegos, A día de hoy, sin embargo, en la España de 2017, The Cannibal Queen es un combo absolutamente desconocido para el rockero medio español, siendo sólo un secreto a voces que comparten críticos y los aficionados más bregados, y tienen que picar piedra para poder ir sobreviviendo.

Mientras decenas de bandas escandinavas llegan sin cesar y deleitan -con merecimiento- al rockerío tanto continental como español, unos The Cannibal Queen que tienen poco que envidiarles -cualitivamente hablando- continúan poco más que en la casilla de salida, siempre con la guillotina acechando ante sus numerosos cambios de formación, después de tener tres muy estimables discos en el mercado. Leer más…

“Personal Shopper”: voyeurismo y fantasmas

08/06/2017

a

Ciertos productos cinematográficos nacen directamente del vientre del éxito y reciben tal admiración colectiva que acaban por crear una suerte de público némesis que, pasado el tiempo de rigor, decide situarse del lado de la crítica negativa extrema para no formar parte de la opinión media. Otros, como el que hoy nos trae aquí, parecen diseñados para ser percibidos y entendidos de diferente manera por su potencial audiencia, una audiencia bastante más comedida y mucho menos numerosa, que escoge el camino del “nada pasa” o del “todo ocurre aunque nada se mueva”. Lo curioso del segundo caso, que ilustra a las mil maravillas la recepción de “Personal Shopper”, es que pueden leerse textos interesantes incluso de aquellos que no han terminado de convencerse con la propuesta, que resulta un placer perderse en divagaciones sobre lo que ha de ofrecer o no ofrecer sin importar a qué lado de la crítica decida quedarse quien escribe. Y aquí, adelanto, nos quedamos del lado satisfecho.

“Personal Shopper” es la última cinta estrenada de Olivier Assayas, producción francesa y ganadora en 2016 al premio a mejor director (que comparte con Cristian Mungiu por “Los exámenes”) en Cannes. Encarnada por Kristen Stewart, Maureen es una joven estadounidense que vive en París haciéndose cargo de las compras personales y el fondo de armario de una celebridad, un empleo que le permite la estancia en la ciudad mientras espera una manifestación espiritual de Lewis, su hermano muerto. Comienza a recibir, además, extraños mensajes a su teléfono móvil de parte de un desconocido.

Leer más…

“The Leftovers”: Obra Magna

06/06/2017

Una vez finalizada la obra completa, una vez disfrutados todos sus capítulos y el título en su conjunto, acercándonos para ver el detalle pero también dando varios pasos atrás para observar el lienzo en toda su envergadura, ya podemos afirmarlo sin ningún rubor ni duda: “The Leftovers” es una de las mejores series que se han emitido en televisión en muchos años. Y no lo tenía fácil, pero es que tampoco lo pretendió. Ya desde su inicio, la magnitud del proyecto para la HBO, lo osado y pretencioso de la propuesta y la alargada sombra de “Lost” aún proyectándose sobre su creador, el (digámoslo ya para poner las cartas sobre la mesa) genio Damon Lindelof, comenzaban poniendo el listón a una altura que hacía que sus numerosos ‘haters’ estuvieran frotándose las manos hasta hacerlas arder. Sin embargo, desde el principio se vio que “The Leftovers” no iba a hacer concesiones a nada ni a nadie, y donde podíamos intuir una espectacular sinopsis, la desaparición súbita del 2% de la población, pronto entenderíamos que esa brutal propuesta quedaría al servicio de otras historias, de unas consecuencias no menos devastadoras que el mero hecho que las desencadenó, pero sin dudas menos tentadoras para el gran público. Así, quienes se acercaron a la serie llamados por el efecto “Lost” y por su punto de partida irresistiblemente llamativo, pronto se vieron frustrados por un planteamiento bastante alejado de lo que podrían esperar. Y posiblemente esa era la jugada de Lindelof, soltar lastre rápidamente y que se quedaran en la aventura únicamente quienes aceptaban las reglas, para que luego nadie se llevara a engaños. De esta forma, la primera temporada, entre innumerables aciertos, palideció de algunas fallas, especialmente en su primera mitad, posiblemente en busca de su identidad y temerosa de no ser entendida. Pero cuando “The Leftovers” encontró su sitio y confianza suficiente para expandirse sin miedos, entró en una velocidad de crucero que no hizo más que entregar joyas en forma de capítulos extraordinarios (esa primera temporada ya fue analizada en su día en La deriva emocional de “The Leftovers”). La segunda temporada fue sencillamente magistral; el equipo de la serie, ya liberado de cualquier presión y con la carta blanca que les dio haber encontrado su hueco y saberse poseedores de un material extraordinario y de una capacidad sobresaliente para llevarlo acabo, se permitió mil y unas licencias, tanto de fondo como de forma, las cuales no podían menos que ser recibidas entre las alabanzas de una audiencia entregada a la propuesta. En El milagro de “The Leftovers” ya dimos buena cuenta de esta segunda tanda de maravillosos capítulos.

Y en ese punto se presentaba la tercera temporada, en la que la serie volvía a ponerse en el precipicio principalmente porque el desenlace de la T2 había sido prácticamente insuperable y además podía haberse considerado un cierre absoluto más que coherente. Además, el anunciado final definitivo con esta tercera temporada volvía a sacar del armario a ‘los fantasmas del final de “Lost”‘, ya saben, el temor de algunos a que todos los misterios que han ido salpicando la serie no queden perfectamente resueltos. Sobre este último punto, personalmente me posiciono en el bando de los que no necesitan que les expliquen cada escena, de los que aceptan que ciertas cosas han sucedido porque sí, porque es una ficción y se puede tomar todas las licencias que quiera, y más en este título, que desde el principio ha hecho alarde de extravagancia, imaginación, creatividad e incluso delirio. Con estos cimientos, quizás peligrosamente inestables para algunos, Lindelof y Tom Perrota han vuelto a dar en la diana firmando una temporada emocionante y sorprendente, han dado un cierre preciso a cada una de las tramas, han rubricado un final que hace de la serie ser merecedora de un puesto en el Olimpo de las ficciones televisivas, y han cincelado una obra maestra absoluta.

Leer más…

La inesperada decepción de “The Americans”

05/06/2017

 

(ALERTA SPOILER: Este artículo hace alusión a detalles importantes de la quinta temporada de “The Americans”)

Llevamos tiempo proclamando a los cuatro vientos que “The Americans” es uno de los shows más sólidos de la actualidad, y la verdad es que ya no nos importa que el público masivo y los grandes premios la vengan ignorando sistemáticamente porque nos hemos acostumbrado a que el programa de Joe Weisberg y Joel Fields sea un placer minoritario para disfrute de un puñado de fieles. Admitamos que su ritmo pausado y densidad argumental no son para todos los públicos, y que para entrar en el mundo de los Jennings se necesita cierta paciencia y predisposición que el espectador medio no siempre está dispuesto a conceder. Dicho lo cual, “The Americans” este año no ha estado a su nivel habitual. Cuando en 2016 se anunció la renovación por parte de FX  de dos temporadas más que disipaban el fantasma de la temida cancelación y aseguraban una conclusión apropiada para la serie, nos felicitamos por la valentía del canal a la hora de apostar por un producto de indiscutible calidad a pesar de que los datos de audiencia no eran todo lo buenos que deberían. Y aunque 23 capítulos más nos parecían muchos teniendo en cuenta el punto en el que había quedado la historia tras el cierre de la cuarta temporada, también pusimos toda nuestra confianza en el equipo de showrunners que nos había traído hasta aquí sin dar un paso en falso y elevando el listón con cada nueva entrega sabría cómo abordar el tramo final sin dar la sensación de marear la perdiz. Pues bien,  lo que nos ha enseñado la quinta temporada de “The Americans” es que tan frustrante es que una gran serie no pueda cerrarse como sus creadores habían concebido inicialmente como que se alargue más allá de lo que la lógica recomienda.

La sensación que nos queda es que la tranquilidad de tener dos seasons por delante antes de echar el cierre definitivo ha sido contraproducente para el show, que ha perdido tensión, urgencia y punch, no ha sabido o querido dar el paso adelante que se necesitaba para mantener la progresión que traía y se ha extraviado en tramas que esperábamos pacientemente que nos llevaran a algún sitio pero que terminaban diluyéndose o siendo apartadas prematuramente. Tampoco es que “The Americans” se haya traicionado a sí misma o haya entregado una mala temporada, porque hemos seguido teniendo actuaciones sensacionales, dilemas éticos, poderosas escenas y el mismo mimo por el detalle en la reconstrucción de la época de siempre. Pero es la primera vez que una tanda de esta serie parece más preocupada en dejar las piezas preparadas para lo que vendrá después que de construir un arco argumental sólido con un propósito definido. Ha sido una temporada anticlimática, temerosa de precipitarse hacia algún punto que sugiriese algún posible desenlace y celosamente dedicada a salvaguardar el status quo. Una temporada  que de tanto cocerse a fuego lento ha terminado requemándose en la olla. En ese sentido, aquella larga escena con la que concluía el primer capítulo,  “Amber Waves”, en el que los protagonistas se dedicaban a cavar la tierra durante 15 extenuantes minutos para crear una supuesta tensión que explotara en un final impactante que no lo era tanto, se antoja la mejor metáfora posible de estos 13 episodios. Leer más…

Auge, caída y reunión de Guns N’Roses: Las 20 fechas clave (2017 edition)

01/06/2017

Guns and Roses

Hace año y medio el equilibrio del universo mostraba su poder cuando, en medio de unos trágicos meses en los que vimos desaparecer a algunos de los grandes iconos del rock como Lemmy y David Bowie, nos consolaba proporcionándonos una de las noticias más inesperadas, y a la vez esperadas, la reunión de Guns’n’Roses o, al menos, de tres quintas partes de su formación original. También expresábamos nuestras razonables dudas -dada la extrema volubilidad de las relaciones en la banda- de que esa reconciliación se prolongara en el tiempo. Y aquí estamos, en junio de 2017, con la resaca de la actuación en Bilbao y esperando la inminente de Madrid, asombrados y felices de que aquel anuncio de un concierto en el festival Coachella se extendiera con una exitosa y ¡¡¡tranquila!!! gira estadounidense y ahora ese ‘Not in this Lifetime…Tour’ cruzase océanos para pasar por continentes como Oceanía y Asia y ¡¡¡por fin!!! en Europa.

Desde El Cadillac Negro hemos querido celebrar uno de los grandes acontecimientos musicales del año rescatando, convenientemente actualizado, este post para contextualizar debidamente el paso de Axl y cía por la piel de toro, repasando la historia de una de las bandas más virtuosas y, a la vez, convulsas de la historia del rock mediante el análisis de las 20 fechas claves de su trayectoria. Un largo viaje, tan repleto de alegrías como de decepciones, por una época en la que primero vivimos el resurgir del rock como gran movimiento juvenil y, posteriormente, el comienzo de su largo declive popularidad, No es sólo la historia de una banda, es un pedacito de la historia de cada uno de nosotros.

You know where you are?

You’re in the jungle baby

You’re gonna die

Leer más…