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“Blue and Lonesome”, de los Rolling Stones: aún nos queda el blues

05/12/2016

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Hubo un tiempo no tan lejano en el que los Rolling Stones respetaban esa regla no escrita en el mundo del rock que indicaba que para salir de gira era pertinente la excusa de tener  un disco nuevo que defender sobre las tablas, y así sucedió con los tours mundiales que siguieron a “Steel Wheels” (1989), “Voodoo Lounge” (1994), “Bridges to Babylon” (1997) y “A Bigger Bang” (2005), sus trabajos posteriores a la travesía por aquellos turbulentos años 80 que estuvieron a punto de llevárselos por delante.  El imaginario colectivo tiende a infravalorar esos discos, quizás precisamente porque daban la impresión de ser más una coartada para volver a la carretera (el verdadero filón de ingresos de la banda) que obras capaces de perpetuar su inalcanzable producción de los 60 y 70. Hicieran lo que hicieran, “Tatto You” (1981) siempre marcaría la frontera entre la excelencia de los dioses y la irrelevancia de los dinosaurios. En todas estas décadas, los Stones nunca han dejado de ser la banda que “hay que ver” en directo aunque solo sea una vez en la vida, pero lo de comprarles un disco de nuevas canciones era otra cantar. Sin embargo, un servidor siempre tendrá un cariño especial por esas obras, que son las que fueron publicando desde que empecé a tener consciencia (musicalmente hablando). De acuerdo en que no se pueden comparar con nada de lo que hicieron en su época dorada, que contienen demasiados minutos prescindibles o que a veces padecen de un exceso de cálculo y cosmética (especialmente “Bridges to Babylon”, el más comercialoide y flojo del lote), pero también guardan en sus surcos instantes magníficos y reivindicables que si se unieran en una playlist aguantarían el tipo bastante bien ante otros momentos de su pasado.

Sin embargo, desde “A Bigger Bang” (o incluso desde antes, con aquel tour a cuenta del recopilatorio “40 Licks”) los Stones asumieron –al igual que muchas otras viejas bandas- que lo de publicar un disco para salir de gira era un invento sin sentido. El de 2005 era en realidad un trabajo más que notable, en mi opinión lo mejor que podían ofrecer en estudio a esas alturas del partido, pero todo el mundo, incluido el grupo, se olvidó rápidamente de él. En el concierto que dieron en el Vicente Calderón en 2007 (aquel en el que Keith apareció evidentemente embriagado) no cayó ni un solo tema de ese disco, pese a que la gira aún se llamaba “A Bigger Bang Tour”. Jagger y Richards se debieron preguntar que para qué molestarse en componer y registrar nuevas canciones si  en vez de eso podían escarbar en su enorme e inigualable fondo de catálogo y acompañar con ellos los clásicos que todo el mundo espera oír. Desde entonces las giras de los Stones no necesitan más excusa que la celebración de un aniversario, o ni siquiera eso, y lo único nuevo que han publicado en los últimos tiempos fueron dos temas para la enésima recopilación, “GRRR!” (2012), que les mostraban en una forma más que digna. Tampoco es que a una banda con más de 50 años de trayectoria se le deba exigir más. En realidad, ya es bastante asombroso que a una edad en la que la mayoría de la gente se dedica a pasear por el parque a los nietos, jugar al tute y observar las obras de las calles, estos tipos sigan subiéndose a un escenario para rockear más y mejor que muchas bandas a las que triplican los años. Pero también es verdad que si Bob Dylan aún es capaz de entregar discos con sustancia, un anciano como Leonard Cohen se saca de la manga tres obras mayores en sus últimos cinco años de vida, Neil Young publica sin control a diestro y siniestro,  McCartney todavía sigue en la brecha, o incluso el propio Keith Richards es capaz de sonar como los Stones pero sin los Stones (en su más que disfrutable “Crosseyed Heart” de 2015, reseñado aquí), uno no podía evitar pensar que a Sus Satánicas Majestades aún les quedaba al menos un último arreón. La cuestión era cuándo y cómo iba a llegar. Leer más…

“Solas”, el otoño de The Answer

01/12/2016

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Qué poquita bola les hemos dado, sin duda mucha menos de la que se merecían, a The Answer en este blog. Vale, exculpo a mis compañeros y lo asumo como un error por mi parte. Cuando arrancamos el motor de este Cadillac Negro, y ya va para cinco años, tenía clarísimo que uno de mis primeros posts estaría dedicado a la banda norirlandesa. Los tres miembros fundadores del blog éramos ya entonces muy fans de los primeros trabajos del grupo, y tampoco faltábamos a la cita cada vez que se dejaban caer por nuestro país, con bastante asiduidad, para ofrecernos sus demoledores directos. Una fidelidad que al menos dos de nosotros hemos podido mantener hasta nuestros días. Y sin embargo, The Answer no se asomaron por el Cadillac hasta casi un año y medio después, con motivo del lanzamiento de su cuarto álbum, “New Horizon” (2013); un discazo a la altura de los tres anteriores, puro y genuino rock ‘n’ roll que demostraba que lo suyo no era ningún espejismo y confirmaba que la banda tenía tralla para rato.

El grupo no tardó mucho en editar su quinto disco de estudio “Raise A Little Hell” (2015). La ocasión perfecta para volver a escribir sobre ellos, y así tenía que haber sido. De hecho, como los tres lanzamientos coincidieron en el tiempo, llegué a esbozar un post ‘a tres bandas’ junto a los fantásticos regresos de Thunder con “Wonder Days” y Europe con “War Of Kings”. Hubiese sido un post chulísimo, pues habría juntado a tres de mis bandas favoritas que, habiendo tenido su momento de gloria en los 80 (Europe), 90 (Thunder) y 00 (The Answer) aún se encontraban dando mucha guerra mediada la década actual. Como tantos otros proyectos de aquellos días, se truncó por un feliz motivo: el nacimiento de mis dos vástagos. De haber podido escribir sobre “Raise A Little Hell” hubiese señalado que sin ser, ni mucho menos, un mal trabajo, sí comenzaba a mostrar ciertas señales de estancamiento y fatiga. Los temas de corte más rockero no estaban tan inspirados ni brillaban tanto como antaño, y quedaban un tanto deslucidos frente a las baladas o medios tiempos que eran, de largo, lo mejor de aquel disco. Lo que no se le puede negar a The Answer es la constancia, y apenas un año después ya les tenemos de vuelta. En un 2016 en el que han celebrado, además, el décimo aniversario de su debut “Rise”, el grupo regresa con su sexto álbum, “Solas”. Seis discos en una década no es una producción nada desdeñable en los tiempos que corren, y eso ya de por sí es una buena noticia. Además, se palpa en el ambiente que con “Solas” estamos ante un momento clave en su carrera, la prueba de fuego que marque su relanzamiento o les condene al declive. ¿De qué lado ha caído la moneda? Pues lo cierto es que la primera toma de contacto, al menos en mi caso, fue de desconcierto total… pero no por lo segundo, sino afortunadamente por lo primero: The Answer han madurado (¡bien!) y han sabido reinventarse (¡mejor aún!), aunque eso descoloca. Es algo que no hubiésemos esperado hace un par de años y que, de hecho, no hubiésemos sabido muy bien si lo acogeríamos de buen grado. Pero ha llegado cuando ha llegado y de la forma en que lo ha hecho, y varias escuchas después uno siente su amor hacia la banda renovado y entiende que es lo mejor que les (y nos) podía haber pasado. Leer más…

“Animales fantásticos”: y cuando nos hicimos adultos, la magia todavía estaba allí

28/11/2016

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Al 18 de noviembre le tocó ser testigo de uno de los blockbusters más esperados del año, con permiso de “Rogue One”. Multitud de seguidores y amantes de una saga fantástica que, durante una década (tanto en ese papel que huele de maravilla como en la gran pantalla) construyó un universo mágico de proporciones míticas, tuvieron una cita en salas de cine de todo el mundo. La magia, precisamente, surge cuando dichas salas se llenan de un público que baila entre la veintena y la treintena, un público que se enamoró de las lecciones de Defensa contra las artes oscuras y los partidos de quidditch hace mucho tiempo y nunca quiso apartarlos porque son un salvavidas magnífico en medio del caos rutinario y el estrés del mundo real.

No podemos entrar en materia sin deternernos, brevemente, en esa expansión del universo mágico al que pertenece esta nueva aventura. Una expansión que pasa por el propio rincón web de Pottermore, por el guión impreso de Harry Potter y el legado maldito, por los libros de la biblioteca Hogwarts que se publicaron años atrás y con el nacimiento de una nueva saga que no se desliga de todo ello. Da la impresión de que todo ello es real, de que podemos irnos a trabajar por las mañanas perteneciendo a una de las cuatro famosas casas de la escuela de magia, practicar el deporte de los magos por excelencia (porque ya es posible), vestir sus galas y leer sus libros, saber que en cada parte del mundo la magia se vive y gestiona de diferente manera. Leer más…

“Aliados”: amar en tiempos revueltos

25/11/2016

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Segunda Guerra Mundial, Casablanca. ¿Les suena, verdad? Pues a Hollywood también. Y ha pensado que una buena opción comercial puede ser la de reverdecer los años dorados de los grandes estudios y utilizar una estrategia infalible en aquellos tiempos: dos grandes estrellas, un escenario exótico, una trama de espionaje, la inevitable aparición del romance…No se asusten, no estamos ante un temido ‘remake’ de la mítica película de Michael Curtiz,  sino ante “Aliados”, la nueva obra de todo un veterano empeñado en volver a ser protagonista: Robert Zemeckis. Y esto está más cerca, salvando las distancias, de la “Encadenados” de Hithcock que del filme que encumbró para siempre a Humphrey Bogart.

Tras desperdiciar casi toda la década pasada empeñado en fomentar su amada ‘performance capture’ en cintas animadas con tan poco peso como “Polar Express” o “Beowulf”, Zemeckis lleva embarcado en lo que va del presente decenio en una esforzada redención, haciendo lo que se espera de un director con tanto pasado detrás. Un cine adulto, basado en historias reales, con la espectacularidad exigible como para explotar su innegable talento visual y con la suficiente profundidad para el que parece ser su objetivo actual: volver a protagonizar una gala de los Oscar, como ya lo hiciera en 1995 con “Forrest Gump”. Lo intentó sin éxito con las estimables “El vuelo” y “El desafío” y ahora redobla la apuesta con esta “Aliados”. Leer más…

Freddie Mercury, que estás en los cielos

24/11/2016

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El año del grunge. O del estallido del grunge. Así es como muchos recordarán 1991. Nirvana prendieron la mecha un 24 de septiembre con la publicación de “Nevermind”, pero había reservas de pólvora escondidas de sobra, y Pearl Jam, Soundgarden, Alice in Chains y compañía contribuyeron a que la explosión fuese de tal magnitud que acabaría arrasando con todo a su paso. Y ya nada volvería a ser igual. Otros quizás recuerden 1991 como el año en que Metallica y Guns N’ Roses, o Guns N’ Roses y Metallica, se convirtieron en las bandas más poderosas del planeta, iniciando una encarnizada lucha por el trono que no llegó nunca a solventarse con un vencedor claro. Pero cómo no mencionar también que aquel año se publicaron obras tan emblemáticas como “Achtung Baby” de U2, “Out Of Time” de R.E.M., “Blood Sugar Sex Magik” de Red Hot Chili Peppers, “Screamadelica” de Primal Scream, amén de los debuts discográficos de unos tales Blur, The Smashing Pumpkins o Massive Attack… Yo, que en agosto de 1991 cumplí 12 añitos, compraría entonces algunos discos que disfruté muchísimo en su momento y puedo seguir haciéndolo ahora sin complejos, un cuarto de siglo después; cositas como “Dangerous” de Michael Jackson, “Waking Up The Neighbours” de Bryan Adams, “Joyride” de Roxette, “We Can’t Dance” de Genesis… 1991 fue un año cargadito de hitos en lo musical, tantos que nos llevaría un post entero y quizás ni con esas le haríamos justicia, así que hagan ustedes memoria, o echen un vistazo aquí sí necesitan que se la refresquen. Pero para mí, sobre todo lo demás, 1991 fue, es y será siempre el año en que murió Freddie Mercury. Del mismo modo en que, transcurridos apenas diez días de este 2016, sabía ya que siempre lo recordaría como el año en que murió David Bowie. Ya podía ser un año especialmente aciago en cuanto a defunciones (como así está siendo) o aunque pudiesen acontecer un montón de cosas determinantes (que tampoco ha sido el caso). Qué pupita hace ahora escuchar “Under Pressure”, ¿verdad?

No hace falta que nos fijemos en otras disciplinas artísticas o culturales, ya sólo en el terreno de la música hemos perdido muchos ídolos. Muchísimos. El más reciente, hace sólo un par de semanas, el señor Leonard Cohen (el padrino de este blog). Por desgracia, es ley de vida, tenemos que hacernos a la idea de que cada vez será una cosa más frecuente. Unos se fueron de manera más prematura, otros después de haber disfrutado de una larga y próspera existencia, pero siempre nos parece demasiado pronto cuando hablamos de esos tipos y tipas que nos proporcionaron tan buenos ratos, que nos acompañaron en los buenos y malos momentos, o incluso en ocasiones, de alguna manera, nos cambiaron la vida. Y ninguna muerte es más “importante” que otra, pero sí es cierto que las de algunos artistas nos sacudieron de tal forma que podríamos decir que incluso trascendieron lo musical. Y lo hicieron a nivel planetario. Es ese triste y selecto club al que pertenecerían Elvis Presley, John Lennon, Michael Jackson… y también Bowie, y por supuesto Mercury. Esto lógicamente es una impresión muy personal. Porque Queen, además, es el grupo de mi vida. Y eso, para alguien tan melómano y mitómano como yo, es decir mucho. Ésta es la cuarta vez que escribo sobre la banda, o algo relacionado con ella, en el Cadillac, y me parecen pocas. Durante una etapa de mi vida, precisamente tras la muerte de Freddie, no escuchaba prácticamente nada más y se convirtieron casi en una (creo que sana) obsesión. Mi mujer y yo nos casamos en Las Vegas hace cinco años, pero en ningún momento se nos pasó por la cabeza hacerlo caracterizados como Marilyn y Elvis: ella iba vestida de Campanilla y yo con el célebre traje de Freddie Mercury en la gira The Magic Tour. Así que tengo que reconocer que Freddie, pese a tener uno tantísimos ídolos, está por encima de todos. Se cumplen ahora 25 años de su muerte. Entonces mi pilló como decía con 12 añitos, y ahora me veo plantado en los 37. Más de dos tercios de mi vida han estado marcados por su recuerdo, su música nunca ha dejado de acompañarme y mi admiración hacia él nunca ha dejado de crecer. Cualquier homenaje que uno intente rendirle difícilmente podría hacerle justicia y eso da algo de vértigo, pero algunas fechas es imposible dejarlas pasar por alto, así que de algún modo hay que hacerlo. Lo que les propongo es una selección, faltaría más, totalmente subjetiva y personal y a todas luces insuficiente no de los que yo creo que son sus mejores temas, pues ni siquiera estarían aquí muchos de mis favoritos, sino de algunas interpretaciones en las que me parece que él estuvo especialmente sublime. O bien me dejaron una huella más profunda, por los motivos que fuesen. O quedé tan atónito y deslumbrado la primera vez que las escuché que lo recuerdo casi como si hubiese sucedido ayer mismo. Aquí lo más importante es la experiencia vital de cada uno, y la memoria juega siempre un papel determinante. De la mía, con mucho pesar por dejarme tantas cosas fuera, extraigo estas 16 canciones que en un principio iban a ser 15. Encantado estaré, por supuesto, de que compartáis cuáles serían las vuestras. Leer más…

“La llegada”: el lenguaje universal

22/11/2016

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No hace tanto sacábamos nuestra bilis a pasear ante la confirmación de que se iba a rodar la secuela de “Blade Runner”. Por fin, el extenuante Ridley Scott lo había conseguido, tras años de amenazar con el proyecto. Como siempre que se anuncia una secuela/precuela/’reboot’ de uno de nuestros buques insignia cinematográficos -y esto es algo demasiado habitual hoy en día- montamos en ira, no sin bastante razón. Sin embargo, la situación cambió radicalmente cuando conocimos que Scott iba ceder la silla de director a, nada más y nada menos, que Denis Villeneuve. Algo muy bueno tenía que haber visto uno de los grandes cineastas de la actualidad para meterse en semejante embrollo -o eso o es un suicida peligroso- después de haber ido incrementando su prestigio exponencialmente a cada paso que da. La guinda de un atractivo reparto puso la guinda para que, definitivamente, picáramos el anzuelo y estemos ya ansiosos para conocer el resultado de esa arriesgada empresa.

En esas estábamos, y con la efectiva “Sicario” aún relativamente reciente, cuando, casi sin avisar, se nos ha plantado una nueva obra del canadiense en la cartelera, “La llegada”, su debut en la ciencia ficción, que bien podría pasar como un ensayo general de lo que está por venir, aunque más allá de compartir género, no creemos que vaya a tener que ver demasiado que ver con su próximo proyecto. “La llegada” cuenta, como bien indica su parco título, ese ansiado aterrizaje de naves extraterrestres en nuestro querido planeta, pero lo hace de una manera muy diferente a la que el Hollywood más comercial nos ha ido acostumbrando a lo largo de los años y de las décadas. Leer más…

“Midnight Special”: Jeff Nichols, entre las estrellas

21/11/2016

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El talento genuino siempre sale a relucir. No obstante, resalta mucho más si se le hace contrastar con su ausencia. Lo puede testificar un servidor, cuando se sometió a un maratón cinematográfico repleto de decepciones, planteamientos mediocres, realizaciones planas y ambiciones desmedidas en proyectos absolutamente insuficientes. De pronto, como un agradecido oasis en el más tórrido desierto apareció “Midnight Special”, la cuarta y ya penúltima -acaba de ser estrenada en EE.UU la muy prometedora “Loving”– película de Jeff Nichols, y uno pudo por fin disfrutar de lo lindo y congraciarse con el cine de verdad.

Maltratado por los distribuidores españoles -el estreno de “Midnight Special” se ha producido de tapadillo en dos únicas salas- , el joven Nichols se ha destacado con sus anteriores “Take Shelter” y “Mud” -ambas magníficamente analizadas por mis compañeros  aquí y aquí– como uno de los directores más prometedores del cine estadounidense. Su nueva obra, su debut en una ‘major’ como Warner, se presentaba así como una reválida para ascender definitivamente en el escalón. Y en lo que a un servidor respecta…lo ha conseguido con creces. Leer más…

Pixies: el sueño del mono loco

18/11/2016

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“Me enfadé mucho el día en que me enteré de que Pixies se separaban. Vaya desperdicio. Les veía un futuro inmenso. Igualmente, me enfadé cuando escuché “Nevermind” de Nirvana. La estructura de las canciones era un saqueo a Pixies en toda regla.”  David Bowie

“Intenté escribir la canción pop perfecta, y básicamente me dediqué a copiar a Pixies.”  Kurt Cobain

El riff de guitarra agrio y agresivo de la entrada, la estrofa calmada sostenida sobre un pulso rítmico muy subrayado, la repetición de una frase como un mantra obsesivo  y el estallido de energía del estribillo violento, vociferante, consciente de ser el instante culminante de toda canción pop que se precie. Loud-Quiet-Loud. Esa era  la fórmula de “Smells Like Teen Spirit”, la canción que dinamitó la barrera que separaba el underground del mainstream y definió las reglas del planeta rock para la década de los 90.  El tema, sí, era de Nirvana, pero la fórmula era un atraco perfecto, aunque ese pequeño detalle en realidad no le importaba a nadie, salvo quizás al puñado de fans de los Pixies que, como el propio Bowie, se percataron de la descarada maniobra de rapiña. Pero, amigo, triunfar en el juego discográfico no es una cuestión de llegar primero sino de saber llegar, y Black Francis, Kim Deal, Joey Santiago y David Lovering llegaron demasiado pronto. En los Pixies colisionaba la velocidad agresiva del punk, el calambre electrizante del rock y la dulzura melódica del pop, todo ello mezclado y agitado en un brebaje lunático que sabía a veneno y a antídoto, y era (continúa siendo) peligrosamente adictivo. Sin embargo también eran demasiado bizarros, demasiado psicóticos, demasiado adelantados a su tiempo, a una industria que en la segunda mitad de los 80 todavía necesitaría unos años para asimilar la transformación que se estaba cociendo en los sótanos del rock alternativo, a espaldas del top 100 de Billboard y las radiofórmulas convencionales. Para cuando apareció “Nevermind” en 1991 las cargas de dinamita ya estaban colocadas y sólo se necesitaba encender la mecha. La MTV contribuyó con la rotación intensiva del vídeo del gimnasio y las animadoras anarquistas, y el oportuno aura de hermoso maldito de Kurt Cobain (tan opuesto al de Black Francis) hizo el resto. La ironía es que para cuando la coyuntura por fin era la idónea  para que el mundo acogiera y abrazara a los Pixies, éstos ya estaban a punto de desaparecer.

Pero el tiempo, a veces, también sirve para corregir injusticias históricas, y al igual que ocurrió antes con la Velvet Underground, durante el transcurso de los 90 prácticamente todo aquel que pintaba algo en la escena independiente (desde Radiohead hasta Pearl Jam, pasando por Smashing Pumpkins o PJ Harvey) admitió sus deudas y su gratitud hacia el legado de los de Boston. El boca a oreja permitió que muchos aficionados descubrieran a la banda y se generara un fenómeno de culto, de modo que empezó a disfrutar de una popularidad impensable durante el tiempo en el que estuvo en activo. Una recopilación publicada en 1997, “Death to the Pixies”, reunía un puñado de aldabonazos imbatibles que funcionaba como perfecto pórtico de entrada al universo de los duendes para todos aquellos que, como un servidor, no pudieron o no supieron escucharles en vida. Ya en pleno siglo XXI, Pixies también fue de los primeros grupos indies emblemáticos que se acogieron al fenómeno del revivalismo nostálgico (tradicionalmente adscrito a los viejos dinosaurios de los 60, 70 y 80), es decir, el de reunirse, tocar sus viejos “hits” ante un público que en su inmensa mayoría no llegó a verles en directo en su época de esplendor, tomar el dinero y a correr. Y en los últimos años la publicación de nuevas canciones han dividido al fandom entre quienes se rasgan las vestiduras ante unos anexos indignos e innecesarios a una discografía que se consideraba perfecta y entre los que acogemos de buen grado el nuevo material a sabiendas de que en el mejor de los casos será un decente eco de tiempos infinitamente mejores. Aprovechando la nueva visita a nuestro país (Barcelona, este 20 de noviembre) y que todavía está reciente su último disco, “Head Carrier”, os invitamos a acompañarnos en un recorrido por la trayectoria de los Pixies de la mano de 15 de sus mejores temas. Leer más…