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“El juicio de los 7 de Chicago”: tan lejos, tan cerca

26/10/2020

Porque sabemos que es un viejo proyecto de Steven Spielberg que se ha ido activando y desactivando en varias ocasiones y que finalmente fue rodado hace más de un año, pero es inevitable pensar en el don de la oportunidad que ha mostrado “El juicio de los 7 de Chicago”, la segunda película de Aaron Sorkin como director, a la hora de aparecer en nuestras pantallas, concretamente a través de Netflix.

Mientras vivimos uno de los años más convulsos socialmente en EE.UU de los que tenemos recuerdo -polarización extrema, pandemia desbocada, explosión de indignación ante el racismo instalado en las fuerzas de seguridad, una larga campaña electoral precediendo a unos esperados comicios… -, es imposible que no se nos venga a la mente otro año, concretamente el que ha sido elevado a los altares de la historia estadounidense como el más inestable y difícil: aquel incendiario 1968.

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Llorando a Van Halen

08/10/2020

Recuerdo la única vez que pude verle en vivo y en directo, la noche en la que le tuve delante de mí durante un par de horas, a escasísimos metros. Fue el 14 de junio de 1995, en la gira de presentación de “Balance”, aún con Sammy Hagar como vocalista y apenas un año antes de que ellos mismos dinamitaran la banda, asestándole un golpe tan brutal que ya nunca volverían a recuperarse del todo. Pero eso ahora ya no tiene importancia. Entonces vivíamos días felices, y la tarde antes del concierto fui a casa de mi amigo Diego para hacer una pancarta. Teníamos 15 años y aquel habría de ser mi tercer concierto, tras haber visto previamente a Brian May y a Deep Purple con Joe Satriani. Usamos pintura negra sobre una sábana blanca, en la que escribí en letras bien grandes y visibles “EVH IS GOD”. La madre de Diego llegó cuando estábamos terminando y, además de no entender nada, dejó bien claro que esa ocurrencia nuestra no le había hecho ninguna gracia.

Cómo podría ella entender la inmensa felicidad que aquellos mocosos de 15 años sentirían al día siguiente mientras entraban en el Palacio de los Deportes, después de un montón de horas de cola para asegurarnos la primera fila, envuelto yo en aquella pancarta. Tras los primeros teloneros, los madrileños Lizard, una banda muy prometedora que como tantas otras tuvo una vida demasiado efímera, y un buen show de Pretenders, aparecieron ellos en escena. Éxtasis absoluto. Durante el arranque del concierto levantamos y enseñamos unas cuantas veces la pancarta, pero fue a la altura de “Dreams”, una de mis canciones favoritas de siempre, cuando la arrojamos al escenario. Sammy la cogió, se la echó sobre los hombros a Eddie y éste tocó el resto de la canción y el solo final (uno de los momentos que más me emocionan de su discografía) envuelto en mi pancarta. Al terminar Eddie se la quitó, la leyó, nos miró levantando el pulgar, la dobló y se la guardó. Fue uno de los momentos más felices de mi vida. 

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Alberto Torres, del Chaminade al cielo

28/09/2020

El autor de este post conoce a Alberto Torres desde hace 23 años y eso ahora mismo, a sus 41 años, viene a ser más de la mitad de su vida. No sólo le conoce sino que como músico le profesa una admiración profunda y absoluta, y en lo personal es un tipo al que quiere mucho. Muchísimo. Y quizás por ese motivo, paradójicamente, nunca se había decidido antes a abrirle las puertas de El Cadillac Negro. Por todas esas veces que Alberto Torres se hubiera merecido, como artista, haber encontrado algún hueco en este blog, y no han sido pocas, siempre hubo algún estúpido “se van a pensar que hablo bien de él porque es mi colega”, o peor aún, esa autocensura de quien se cree incapaz de escribir con objetividad sobre algo o alguien que le toca muy de cerca, sin que se le vea demasiado el plumero. Qué tontería, visto ahora con perspectiva, pues si uno lo piensa, ¿cuándo demonios hemos tenido la obligación de ser objetivos en este blog? Y sobre todo, ¿cuándo nos ha importado antes lo que los demás pensaran, cada vez que hemos escrito algo desde el corazón?

Por suerte, el tiempo a veces acaba poniendo las cosas en su sitio, y Alberto Torres se merece por fin toda la atención de este blog (y deberían tomar nota el resto de medios nacionales) tras haber sido candidato en la noche de este domingo 27 de septiembre al premio a la mejor música original en la 62.° edición de los Premios Ariel (los Oscar mexicanos, para que nos entendamos), por la banda sonora de “Cómprame un revólver”, cinta dirigida por Julio Hernández Cordón. No ganó, pero sigue teniendo un mérito bestial, y además era el único extranjero entre los nominados en una categoría con un nivel muy alto que, tradicionalmente, suele barrer para casa. En sus seis décadas de historia apenas la han conquistado compositores no mexicanos, entre ellos el español Javier Navarrete en 2007 por “El laberinto del fauno”, o nada menos que Nick Cave, Warren Ellis y Atticus Ross en 2012 por “Días de gracia”. Sí, en esa liga es en la que juega ahora mi colega, que de hecho este año fue, junto con Pedro Almodóvar, el otro único español presente (es un decir, pues se celebró de forma virtual) en la gala. Leer más…

The Jayhawks: música para días lluviosos

08/09/2020

En la actualidad es difícil encontrar un autoproclamado rockero que no tenga en su colección una importante proporción de discos que se puedan relacionar -de forma más o menos directa- con la música de raíces de la America blanca, el country y, sobre todo, ese fértil terreno fronterizo que se ha venido llamar el ‘americana’, algo que hace dos décadas no era ni mucho menos habitual. Siempre hubo una relación evidente e indivisible entre ambos géneros, desde los tiempos de pioneros como Johnny Cash y Ricky Nelson hasta la labor congraciadora entre esos dos mundos de clásicos como Gram Parsons y su labor en The Byrds, Neil Young, Tom Petty o The Eagles, por decir solo unos pocos. En los años 80 el nexo de unión más evidente fue la ingente labor de esa esplendida generación de bandas que se englobó en el llamado ‘Nuevo Rock Americano’, liderado popularmente por R.E.M. pero con integrantes tan lustrosos como Jason & The Scorchers, The Long Ryders, The Dream Syndicate o Green On Red. Pero, para los que tuvimos nuestro bautismo de fuego con el rock en los años 90, los grandes culpables de nuestra pasión por esos sonidos ancestrales fueron, ademas de grandes como Lucinda Williams, Whiskeytown o Mike Ness, especialmente dos bandas tan brillantes como Wilco y The Jayhawks, los protagonistas del presente artículo.

Ya son 35 los años los que la banda de Minneapolis lleva facturando una de las aleaciones más afortunadas que se recuerdan entre pop, rock y country -elementos que han ido variando en su proporción en cada disco del grupo- , siempre con un mimo casi artesanal destinado a hacer la mejor canción posible. Puede ser la oportuna entrada de un piano, un inesperado arreglo de viento, un estribillo memorable o un bonito ritmo acústico, pero The Jayhawks casi siempre encuentran ese elemento mínimo que logra convertir una composición aparentemente sencilla en una maravilla para los oídos. Con una trayectoria marcada por las idas y venidas de Mark Olson, con el que el eterno Gary Louris forma una de esas legendarias parejas compositivas al estilo Lennon/McCartney, la banda siempre ha sabido sobrellevar sus sucesivas crisis a base de grandes composiciones, acabando por configurar una amplia discografía que, con sus inevitables picos y valles, no puede calificarse de otro modo que de ejemplar. Insertos ahora en un plácido y estable momento de su carrera, no podíamos dejar pasar más tiempo para honrar a una de nuestras bandas predilectas con un repaso a su espectacular trayectoria. Que ustedes lo disfruten.

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“Folklore” de Taylor Swift: un álbum inesperado en un año imprevisible

09/08/2020

Plagas de langostas en Oriente, un Chernobyl más radiactivo, amagos de Tercera Guerra Mundial, una pandemia, meses de cuarentena, realidades nuevas a las que aún tenemos que adaptarnos, el auge de la conspiranoia. No tenemos claro si 2020 está siendo real o estamos viviendo en el guión de un escritor de ficción apocalíptica, pero, que como año ha perdido cualquier atisbo de previsibilidad, es un hecho. Vaya película. Aunque no toda sorpresa iba a ser mala. Nadie esperaba, por ejemplo, que varios miembros del Cadillac acabáramos disfrutando un álbum de Taylor Swift. Y no de uno cualquiera, no. Un álbum anunciado apenas unas horas antes de su lanzamiento, nacido de todo este caos y que ya ha batido unos cuantos récords. Muy merecidamente.

Cuando hago referencia a lo extraño que resulta que nos haya cautivado un trabajo de la artista, no es que le tengamos ningún tipo de aversión, que ya estamos mayorcitos en este viejo coche para prejuicios. Simplemente, hasta ahora, no había despertado nuestro interés por dedicarse a unos estilos musicales que no suelen ser aquellos con los que más disfrutamos. La cuestión es que ocurre. El anuncio salta en los medios, no sé si es culpa de la estética o el concepto, pero mis niveles de curiosidad se disparan y acabo por entrar en uno de mis discos favoritos en lo que va de año. Ahí es nada.

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“The Vast of Night”: radio nostalgia

13/07/2020

La ciencia ficción es uno de los géneros que más obras de culto ha dejado a su paso a lo largo de la historia. Tal vez una de las razones sea su target, espectadores y lectores que lejos de dejarse arrastrar por el tópico facilón de lo tonto que es perderse en este tipo de relatos “cuando ya se tiene una edad”, se abrazan a ellos como maná en el desierto. También es un target un poco (a veces demasiado) purista, sin ánimo absoluto de ofensa y habiendo vivido en este grupo desde que era una niña.

Es por eso que cada vez más a menudo la nostalgia se convierte en un recurso útil para creadores y creadoras de este tipo de ficción, pero no sólo no funciona siempre, sino que en estos casos la acogida de un producto se ve condenada al maniqueísmo y al “lo odias o lo amas”. Algo que, por supuesto, ha ocurrido con “The Vast of Night”, que ha visto la luz gracias a Amazon Prime Video sin que se haya dejado de hablar de ella en las últimas semanas.

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Los recortes impulsan a “El Ministerio del Tiempo”

05/07/2020

El titular que precede estas líneas podría ser el sueño húmedo de cualquier neoliberal, pero no necesariamente deseable en el terreno económico. Sin embargo, en el terreno de la ficción sí que a menudo es muy aconsejable esa vieja máxima que dice que menos es más. Así ha sucedido en la cuarta (¿y última?) temporada de, quizás, la ficción más emblemática que se produce en una televisión en abierto española: la irreductible “El Ministerio del Tiempo” (de la que aquí pueden leer un extenso análisis de sus tres primeras temporadas)

De nuevo desarrollada tras una larga incertidumbre, con la inestimable ayuda de HBO (en lugar de Netflix, que colaboró en la tercera temporada) y las sempiternas dudas sobre su viabilidad, el gran ‘fáctotum’ de la serie, Javier Olivares, tomó la acertada decisión de concentrar la entrega en apenas 8 capítulos (los mismos que en la inaugural) de 60 minutos de duración cada uno (10 menos de los habituales), paliando así uno de los puntos más flojos de la producción de TVE: la excesiva dispersión y la existencia de demasiados momentos de relleno.

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“Run”: (no tan) extraños en un tren

16/06/2020

Habrá que ‘culpar’ a Richard Linklater de haber dejado prácticamente finiquitado ese subgénero del drama romántico que es el de ‘breve encuentro’ (por aquella obra fundacional del gran David Lean). Poco o nada se puede aportar ya a esas crónicas sobre el flechazo entre dos personas en un espacio y tiempo muy limitados y que les lleva a replantearse toda su existencia de lo que ya mostró el cineasta estadounidense en esa portentosa trilogía que conformaron “Antes del amanecer”, “Antes del atardecer” y “Antes del anochecer”.

Aún así, hay todavía insensatos que intentan poner su pica en Flandes en tan infranqueable territorio. La última en sumarse a tan difícil empresa ha sido la actriz y guionista británica Vicky Jones, famosa amiga y socia -dirigió la obra de teatro que antecedió la creación de la soberbia “Fleabag”- de la gran figura actual del universo seriéfilo, Phoebe Waller-Bridge. Jones ha sido la encargada de crear para HBO “Run”, una miniserie de siete capítulos de media hora de duración cada uno, en la que Waller-Bridge colabora ejerciendo de productora ejecutiva y actuando en un secundario pero atractivo personaje.

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