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“La casa de papel”, el éxito de las segundas oportunidades

18/04/2018

Nuestra nueva firma invitada se ha sentado en el cadillac inquietantemente enmascarada. No tiene necesariamente que ser la ya icónica imagen de Dalí la que oculte su apellido, pero podemos jugar a que sí. Y así, con cierto aire de misterio, las próximas líneas se adentran en uno aun mayor, el sorprendente éxito a nivel planetario que “La casa de papel” ha logrado con su llegada a Netflix. Que la intriga y el misterio sean algunas de las principales bazas de la serie nos dan una excusa más para preguntarnos por los motivos de tamaña proeza, más allá de si es merecida o no.

 

Al volante: GOTHAM REI

“Todo el mundo merece una segunda oportunidad”, al menos eso dicen muchos a la hora de valorar un producto o simplemente opinando sobre una cuestión banal de nuestro día a día, en un amago de pasar página o, quizás, perdonar algún tipo de traición. “La casa de papel” ha tenido una segunda oportunidad y no podemos culpar de su reciente éxito al paso del tiempo, pues la ficción de Vancouver Media ha resurgido solo meses después de su estreno en Antena3 (allá por el 2 de mayo de 2017). La plataforma de pago Netflix, tras estrenar la serie semanas después de su despedida en la cadena privada (el 23 de noviembre de 2017) es la culpable de que ahora todo el mundo hable de un grupo de asaltantes que lleva a cabo un atraco en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

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“This is us” se vuelve amarga… y no le sienta bien

11/04/2018

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Tengo que admitir que tuve serias dudas en seguir viendo “This is us” de cara a su segunda temporada. Degusté la primera entrega -de la que aquí di mis impresiones- y disfruté moderadamente de las virtudes de uno de los grandes fenómenos televisivos estadounidenses de los últimos años -ahí están unas audiencias que han conseguido resistir en esta reválida cifras medias cercanas a los 10 millones de espectadores por capítulo-, pero me daba cierta pereza exponerme a la irregularidad manifiesta de una serie que, además, parecía haber agotado en su temporada inicial buena parte de su caudal argumental.

Sin embargo, hubo un factor -además de la pertinaz insistencia de mi esposa- que me hizo volver a apostar por la producción de la NBC: la curiosidad ante el rumbo que iban a elegir sus creadores para prolongar una historia que parecía abocada a un cambio de timón para sobrevivir, teniendo los suficientes elementos de calidad para llevarlo a buen término. Leer más…

Belako y Morgan, dos huracanes para azotar la escena del rock nacional

05/04/2018

Y cuando ya más o menos teníamos reordenadito el panorama musical español, un efervescente y emocionante panorama que ha replanteado usos y disfrutes, que ha reafirmado a algunos, ha confirmado a varios y ha olvidado a otros muchos, pero que indudablemente vive un gran momento, han llegado dos bandas relativamente nuevas y han conseguido que nos replanteemos de nuevo el croquis. Hablamos de Belako y Morgan, dos grupos cuyo principal y quizás único elemento en común es que tienen una voz femenina (en inglés casi siempre) al frente, pero que sí coinciden en que rápidamente, con su tercer y segundo disco, respectivamente, se han colocado como dos de las propuestas más atractivas del escenario rock patrio.

Porque si más o menos ya habíamos aceptado que la segmentación entre indie y mainstream era cosa del pasado, que en la primera división se encuentran tanto vacas sagradas y legendarias como Bunbury, Loquillo o Amaral como bandas procedentes de los círculos alternativos como Vetusta Morla, Los Planetas o Love of Lesbian, con además nexos de unión entre ambas ramificaciones, pero con otro pelotón secundando o ya casi adelantando a estos dos bloques, con por ejemplo Leiva, Quique González o Iván Ferreiro en un lado y Viva Suecia, Sidonie o  León Benavente en el otro, dónde carajo metemos a estas alturas a un par de grupos que aparecen cantando en inglés (como si estuviésemos en los 90, ¡o en los 60!) y cuyas evidentes reminiscencias anglosajonas quedan definitivamente alejadas de los planteamientos y ramalazos cada vez más mediterráneos de la escena musical española. Un par de grupos que además en poco tiempo han demostrado que la evolución no siempre está emparejada con la madurez, ya que desde sus primeros acordes hicieron gala de una personalidad e inteligencia sonrojante para el resto de los grupos noveles. Así, como ya hemos apuntado que musicalmente Belako y Morgan no comparten demasiadas similitudes, vamos a acometer las reseñas de sus últimos trabajos de forma individualizada (pero igualmente emocionada).

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“Ready Player One”: aquí hemos venido a jugar

03/04/2018

Cualquier adaptación cinematográfica de “Ready Player One”, fuera como fuera, hubiera despertado como mínimo mi curiosidad. La novela debut de Ernest Cline no es ni de lejos un prodigio literario, pero sí es un adictivo y, por momentos, gozosísimo viaje en el que si consigues entrar es muy difícil que quieras salir hasta haber llegado a la última etapa. Puede que su trama, sin alardes estilísticos de ningún tipo, no acabe pasando de apañada y resultona, sin más, pero su innegable punto fuerte está en esa premisa que da carta blanca al autor para que nos zambulla de lleno en una interminable bacanal de guiños, homenajes y referencias al cine, las series, los cómics, la música y los videojuegos de (sobre todo) los años 80. No obstante el libro, publicado en 2011, ha sido definido por muchos como el ‘Santo Grial de la cultura friki’, cuando no como ‘porno duro para nostálgicos’. Comprobar cómo sería trasladar todo eso, o una versión muy aproximada, a la gran pantalla ya merecía toda nuestra atención, pero que el encargado de hacerlo haya sido nada más y nada menos que Steven Spielberg justificaba que nuestro ‘hype’ estuviera por las nubes, o más alto si cabe. Ese Spielberg que fue, precisamente, el gran artífice de la inmensa mayoría de las obras que adoramos en nuestra infancia, ya fuera desde su silla de director, desde un despacho o ejerciendo de modelo a seguir (para bien y para mal) para toda una generación de realizadores y productores. Ese Spielberg al que Cline rinde pleitesía, más que a ningún otro, en las páginas de “Ready Player One”.

Que el material que Cline se traía entre manos era oro puro ya quedó claro en 2010, cuando varias editoriales se pelearon por hacerse con sus derechos de publicación. Random House acabó llevándose el gato al agua, por un dineral, y ese mismo día el autor vendió los derechos para su adaptación al cine a Warner Bros, por otro pastizal. Una maniobra muy arriesgada que, tras la publicación de la novela y su éxito sin paliativos, se vio justificada. Aun así, la conversión de “Ready Player One” de libro a película se antojaba un reto complejísimo, y las posibilidades de caerse con todo el equipo eran muy, muy altas. Y no sé qué nos habríamos acabado encontrando en las manos de otro director, pero con Spielberg al frente el resultado ha sido un film condenadamente entretenido y visualmente deslumbrante, un artefacto descaradamente nostálgico que sin embargo sabe al mismo tiempo mirar al futuro, con una factura técnica que en ocasiones parece adelantada a nuestra era y algunas ideas que nunca antes nadie se había atrevido a poner en marcha. Es además la primera cinta de Spielberg con verdadera vocación de blockbuster (y con muchas opciones de conseguirlo) desde “Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio” de 2011. Y eso, tratándose de la persona que inventó el blockbuster, no es como para pasarla por alto. Por supuesto, como ya sucediera con el libro, es imprescindible entrar de lleno en la película, comulgar con su propuesta y aceptar desde el inicio las reglas del juego para poder disfrutarla plenamente. Si no lo consigues, o sientes que esto no va contigo, es muy probable que acabes marcándote ‘un Boyero’. Leer más…

“The X-Files” (IV): dejar ir

30/03/2018

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(AVISO SPOILERS: Hoy estamos aquí para hablar del final de “X-Files”, si aún no has visto “My Struggle IV”, únete al club más tarde. Para análisis de los episodios anteriores puedes pasar por aquí (1×01-1×03), por aquí (1×04-1×06) y por acá (1×07-1×08))

Esta última recapitulación que pone final al recorrido de la undécima temporada va a ver la luz más tarde que sus predecesoras, pero es que es el post que más trabajo me ha costado ponerme a escribir en la vida. Siendo “Expediente X” tan importante para mí y habiéndome acompañado durante más de veinte años, lo último que pretendo y deseo es sentarme ante la pantalla y sacar sapos y culebras de las yemas de los dedos. Tampoco puedo faltar a la honestidad y pecar de conformismo y ceguera ante algunas cosas. Sea como sea, no puedo más que alegrarme por haber esperado a estar preparada para escribir y haberme dado tiempo para respirar y ordenar, en la medida en que es posible (que yo no tengo ADN alienígena), algunas ideas. Pero sobre todo es importante mirarlo todo con perspectiva, volver a mirar si es necesario y aceptar.

La tanda de episodios emitida este año ha supuesto para mí una montaña rusa de sensaciones, todas encontradas, que me han dejado en la posición incómoda de tener que reconocer un descontento que hace años no habría reconocido ni bajo tortura. Madurar era esto, supongo. Vamos, una mierda. La cuestión es que, viviendo a caballo entre los despropósitos y las escenas preciosas y homenajes, la palabra fácil ha desaparecido del léxico a la hora de ponerme de acuerdo conmigo misma. ¿Con qué cuerpo me despido yo ahora?

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Nuestro Top 10 de Steven Spielberg

26/03/2018

Es en las últimas horas del día cuando el chat de Whatsapp de vuestro blog favorito echa humo, con comentarios que van desde nuestras impresiones sobre el último capítulo de la serie que estamos siguiendo hasta las expectativas sobre los nuevos proyectos que se avecinan, pasando por un infinito caudal de temas. Y así, sin venir mucho a cuento, una noche de esas nos encontramos haciendo  una exhaustiva disquisición sobre la filmografía de Stanley Kubrick y nombrando nuestras obras favoritas de tan magno director. Como pretendemos que el Cadillac sea fiel resumen de todo aquello que nos sucede en nuestra relación con el arte, coincidimos en que era imperioso trasladar de alguna forma esas apasionantes discusiones al editor de textos y compartirlas con vosotros. De esta fortuita sucesión de hechos procede pues un post novedoso que espera ser el comienzo de una serie que vaya apareciendo cada ciertos meses en vuestras pantallas. Se trata de la elaboración de nuestro ranking particular, confeccionado a partir de los votos de todos los redactores, sobre la obra de algún artista concreto que sea merecedor de tal honor. Y para comenzar hubo pocas dudas de quién debía ser el homenajeado inaugural: el maestro Steven Spielberg.

Grandes directores hay, por fortuna, muchos, pero aquellos que pueden ser calificados como maestros universales se pueden contar con los dedos de una mano. Y, claramente, Spielberg es uno de ellos. Igual que lo pudo ser John Ford para nuestros padres o abuelos y, seguramente en menor medida, pueda ejercer ese papel Quentin Tarantino para las generaciones más jóvenes, para aquellos que nos situamos entre la treintena avanzada y la cuarentena, Spielberg no es sólo un excelente cineasta, es esa persona que nos abrió de par en par las puertas del cine como nuestro espectáculo favorito, como ese pequeño oasis mágico en el que guarecernos de los sinsabores cotidianos, el que, en definitiva, convirtió el Séptimo Arte en uno de los elementos troncales de nuestras vidas. Y lo mejor de todo es que no tenemos que hablar de él en pasado, sino que su incesante actividad nos ha regalado a lo largo de los últimos años numerosas excusas para acudir al cine, algo que se ha acentuado en este 2018 con el estreno casi consecutivo de “Los archivos del Pentágono” -de la que aquí dimos nuestra opinión- y “Ready Player One”, ese regreso tan esperado a la ciencia ficción cuyo inminente estreno pasa por ser uno de los grandes acontecimientos del año. Por ello, el subjetivismo que siempre estará presente en estas listas de favoritos se acentúa especialmente en el caso de Spielberg. Nada tiene que ver hacer un ranking de, por ejemplo, Christopher Nolan, del que ya hemos recibido sus películas en una edad avanzada y como expertos degustadores de ficción, que hacerlo del creador de “Encuentros en la tercera fase”. En este último caso, supone dejar a un lado nuestra faceta más analítica y fría para sumergirnos en un torbellino de emociones, de recuerdos, de primeras veces, ¡sí, de nostalgia!, que, advertimos desde ya, sacará nuestro lado más emotivo a la hora de evaluar sus distintos filmes y escribir sobre ellos. De esta forma se explican omisiones tan dolorosas como las de las estupendas y tan queridas por nosotros “Munich” y “Minority Report”. Pero es que para estar en un ‘top 10’ de Spielberg hay que ser muy, muy buena película y las que vienen a continuación son las maravillas que nos han merecido tan gran honor. Olvidad la hipoteca, la mala cara del jefe y el cabreo por la corrupción que nos invade, desconectad de la realidad circundante y volved a ser aquel niño que cogía el sombrero de su abuelo para emular a Indiana Jones, ese que se tapaba la cara con un cojín cuando veía asomar la aleta dorsal de ese maligno tiburón, el que quiso disimular las lágrimas que le provocó la captura de E.T. por unos desalmados. Lee el ranking de nuestras 10 películas favoritas del maestro… y vuelve a soñar. Leer más…

Jack White y “Boarding House Reach”: entre el capricho genial y la tomadura de pelo

23/03/2018

“Lazaretto” fue el disco favorito del Cadillac Negro de 2014. Era aquel un trabajo que triunfaba en su redefinición en clave contemporánea de la vasta tradición musical norteamericana y que confirmaba a Jack White como el último representante de una especie en extinción, la del rockero genuino que escarba en la frondosa grandeza del pasado para seguir mirando de frente a un presente y un futuro inciertos. La mayor pega que le encontraba mi compañero Almendros en su crítica del álbum era la ausencia de riesgos que había asumido el de Detroit, y lamentaba (bien es cierto que con la boca pequeña) su perfil continuista con respecto a su primera referencia en solitario, “Blunderbuss” (2012). Tenía razón al apuntar que White había encontrado su zona de confort, pero, en definitivas cuentas, los miembros de este blog quedamos prendados de aquella irresistible y compacta colección de canciones, y, durante mucho más tiempo del que preveíamos, hemos venido esperando con ganas una nueva ronda de ese espectacular cóctel de géneros añejos que en sus manos lucen tan rejuvenecidos. Y así, hace tres meses aparecía en Youtube un críptico vídeo con extractos aparentemente aleatorios, como si de una pasada por el dial de una vieja emisora se tratase, de lo que iba a ser su nuevo disco, “Boarding House Reach”. Como todo buen adelanto, “Servings and Portions from my Board House Reach” no desvelaba más allá del mood general de la obra, fragmentos breves y sugerentes pero descontextualizados que si algo prometían es que esta vez el ex White Stripe sí iba a sobrepasar los límites de su zona de confort y que no hacían sino aumentar las expectativas sobre el que ya era uno de los discos más anhelados de la temporada por un servidor.

Y, ya por fin, cara a cara por primera vez con “Boarding House Reach”, una extraña mueca de desconcierto y perplejidad fue adueñándose de mi rostro a medida que iban transcurriendo los cortes. Porque sí, el nuevo disco de Jack White es lo que nos habían prometido: su obra más libre, multidireccional, imprevisible, insolente y desprejuiciada. Un puzzle sonoro armado con incontables piezas de rock, blues, soul, gospel, country, funk, jazz o hip-hop que ni siquiera necesitan encajar entre sí. La obra de un genio chiflado que ensaya frenéticamente distintas pócimas en su laboratorio de arqueólogo musical sin miedo a probar cualquier combinación, por improbable que parezca. Pero en este experimento que sobre el papel debería ser obscenamente gozoso hay una cosa que echo terriblemente en falta: ¿dónde carajo están las canciones? Porque es cojonudo que White juegue a ser Prince o Beck; si alguien tiene el talento suficiente para jugar en esa liga es él. Pero incluso en pináculos tan desafiantes e inventivos como “Sign o’ the Times” o “Odelay” esos tipos jamás se olvidaron de ese ‘pequeño’ detalle que son las canciones. En “Boarding House Reach” yo cuento unas cinco, más o menos. En 13 cortes. Después de cuatro años. Y, ojo, que conste que no tengo nada contra los interludios. Muchos de mis discos favoritos están trufados de fragmentos instrumentales o pasajes de transición que añaden textura y argamasa al conjunto de la obra, pero White los ha convertido aquí en su materia prima. Hay buenas ideas y notables hallazgos salpicados por todo el minutaje, pero pocas veces cristalizan en una pieza incontestable. Aunque las sucesivas escuchas atemperan la frustración que en un primer contacto se adueña del oyente, con el tiempo uno no termina de ahuyentar la sospecha de que la mayor parte de este disco está compuesto por retales de work in progress, el tipo de material excéntrico para el que no se encontró un desarrollo satisfactorio y que habitualmente termina en la cara B de un single o en un compacto extra de outtakes. Leer más…

“The X-Files” (III): en busca del norte perdido

12/03/2018

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(AVISO SPOILERS: Este post analiza los episodios 11×07 y 11×08 de “Expediente X”, asegúrate de estar al día antes de leer. Para reseñas de los episodios anteriores puedes pasar por aquí (11×01-11×03) y por aquí (11×04-11×06))

Sin comerlas ni beberlas, pero sí saboreando estas mieles agridulces, nos hemos plantado en la recta final de esta undécima temporada con todo lo que ello conlleva, incluida la sudoración fría. Si bien para buena parte de audiencia la noticia del parón era una nueva negativa, me sitúo en el sector que necesitaba airearse de toda esta montaña rusa emocional y sobre todo alargar el delirio y retrasar lo inevitable: que esta season finale/ series finale se nos viene encima con estrépito y ruido. Y ya estamos en lo peor, por supuesto. En la enumeración de despropósitos que a Chris Carter se le pueden haber ocurrido de antemano, en todas las tragedias que pueden convivir en cuarenta minutos, en cómo de bestia será el cliffhanger esta vez, en cúanto vamos a llegar a enfadarnos.

Mientras tanto, claro, nos quedan por recorrer las últimas baldosas amarillas del camino. Que vayamos a acabar en el país de Oz o en Valhalla es otro tema. Tecnología, brujería, sadismos varios y entregas mitológicas mediante, empeñarnos en tratar de disfrutar de este último tramo de episodios, para muchos de nosotros, no es una opción mientras nuestros agentes favoritos sigan en pantalla. A quién queremos engañar.

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