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La triste agonía de “Bloodline”

11/07/2017

Bloodline Kyle Chandler T3

(ALERTA SPOILER: En el siguiente post se desvelan algunos detalles esenciales de la tercera temporada de ‘Bloodline’, si aún no la has visto, ya sabes, paciencia y vuelve después de hacerlo)

Ya sabréis a estas alturas que en este blog hemos sido claros defensores de “Bloodline”. Tanto cuando, tras una rimbombante ‘premiere’ en el Festival de Cannes y llevando el peso de ser uno de los grandes estandartes de Netflix,  su magnífica primera temporada (aquí analizada) fue recibida, allá por 2015, con una injusta frialdad, como cuando, ya el pasado año, lograba salir indemne del difícil punto y aparte que supuso la desaparición de su protagonista estrella, Danny Reyburn (Ben Mendelsohn), ofreciendo una segunda entrega (que aquí reseñamos) que iba creciendo y creciendo tras un tibio comienzo hasta quedar en un nivel notable.

Nos gustó especialmente que, tras el final de esa segunda temporada, “Bloodline” quedara liberada por fin del yugo que suponía la ausencia de Danny y dejara la trama en un punto tan culminante como pleno de sugerentes caminos que explotar: John huyendo hacía nadie sabe donde, dejando atrás su pesada carga familiar y personal, Kevin claramente amenazado tras asesinar en un arranque de ira a un Marco Díaz que estaba a punto de destripar los oscuros secretos de la familia Reyburn, Meg en trance de abandonar a sus parientes de nuevo y Eric O’Bannon guardando una bomba de relojería para hacerla explotar en cualquier momento.

Bloodline season 3 Norbert Leo Butz

Las grandes esperanzas que albergábamos pronto se ven confirmadas con un excelente inicio de temporada: los acontecimientos se suceden sin parar en las horas siguientes al asesinato de Marco, la noche tórrida, húmeda y magnética de Florida, con sus peligrosos caimanes al acecho, sirve de embriagador telón de fondo de las peripecias de unos personajes perdidos, perseguidos por las sombras de sus recientes actos, intentado huir de los efectos de ese poderoso imán en que se ha convertido su, otrora paradisíaco, ahora cenagoso hogar. Con la investigación policial atando cabos poco a poco, los hermanos Rayburn intentan entretejer una tela de araña inexpugnable que tienda sus hilos hacia otros presuntos culpables, no dudando para ello de ayudarse de personajes tan oscuros y peligrosos como ese Roy Gilbert que con tanta clase interpreta el hermanísimo Beau Bridges. Uno, pobre iluso, fantaseó llegados a este punto que “Bloodline” se permitiera, ya en su confirmada última entrega y con la ventaja de tener tan sólo diez capítulos por “rellenar”, el gustazo de ponerse ambiciosa y desarrollar íntegramente esta tercera temporada en esa única noche. Posteriores acontecimientos me hicieron confirmar que el actual estado de forma de los creadores de la serie estaba muy lejos de poder acometer semejante virguería.

Con el preámbulo del funeral de Marco, único fragmento de lucimiento de Meg en una temporada especialmente discreta para este personaje, “Bloodline” decide levantar el pie del acelerador, alejarse de la excitante intensidad que supuraba hasta ese momento y, en una muy controvertida elección, hacer dar a la trama un salto de varios meses adelante. Al modo de aquella insuperable “Delitos y faltas” del mejor Woody Allen, nos encontramos con una realidad que da de bofetadas a cualquier atisbo de moralidad: el asesino Kevin vive el mejor momento de su gris existencia, estrenando paternidad y con un futuro laboral aparentemente más despejado que nunca gracias a su creciente interacción con Gilbert y su red de negocios, mientras que John, que ha abandonado definitivamente cualquier tentativa de abandonar su ‘patria chica’ , convive razonablemente con su nuevo estatus de separado.

Bloddline season 3 Linda Cardellini Kyle Chandler

En esta zona intermedia, los distintos episodios son resueltos con oficio -detrás de la cámara están, entre otros, un reconocido artesano de Hollywood como Mikael Häfstrom, el ínclito Mario Van Peebles o incluso el honorable veterano Michael Apted– y logran mantener el interés, pero queda demasiado claro que estamos en una zona de transición, un puente hacia el esperadísimo final, y no hay nada que nos haga exaltarnos y saltar del sillón. La trama se encamina peligrosamente hacia un convencional drama judicial en torno a la causa que finalmente implica a O’Bannon como el presunto asesino de Marco. No parecía la mejor opción resolver de una manera tan poco imaginativa un argumento tan potente, pero los diferentes testimonios en el estrado se postulaban como una solución narrativa medianamente convincente para que, de modo definitivo, fueran puestas las cartas sobre el tapete y se explicite la ingente cantidad de verdades ocultas que guardan celosamente los personajes.

Bloodline season 3 Norbert Leo Butz 2

Sin embargo, la serie se torna excesivamente dubitativa y no parece decidirse en otorgar al juicio esa máxima responsabilidad para llevarnos al esperado final. Pese a los numerosos giros que acontecen en esa vista, con las sucesivas comparecencias de John, Kevin y Sally y la decisiva -en todos los aspectos- intervención de Chelsea, esa adorable hermana de O’Bannon encarnada de nuevo a la perfección por Chloe Sevigny, todo queda demasiado diluido y escaso de intensidad al tener que alternarse en exceso con otras vertientes de la trama bastante poco satisfactorias, como la cada vez mayor implicación de Kevin en los sucios asuntos de drogas de Gilbert, el definitivo final del matrimonio de John y ese simplón portazo al personaje de Ozzy, que finalmente queda en muy poca si tenemos en cuenta las expectativas que generó su aparición en la segunda temporada.

Bloodline season 3 Chloe Sevigny

A estas alturas, la tónica es descendente pero se encuentra dentro de unos cauces convencionales. Todo hasta que llega el fatídico noveno capítulo de la tanda, uno de los más desafortunados que un servidor ha presenciado en los últimos años. Sitúense: estamos únicamente a falta de dos episodios y quedan aún un gran número de interrogantes por resolver, además del deber ‘moral’ de dar el final más satisfactorio posible a una producción que rayó a tan alto nivel no hace tanto. Pues bien, había numerosos caminos que poder tomar, el más razonable el ir comenzando ya en este noveno episodio a cerrar varias de las tramas para concluir el resto en el capítulo final o bien acabar ya con todas en este noveno y dedicar el décimo a realizar una coda que nos aclare el futuro de la familia Reyburn. Casi todo era válido menos lo que “Bloodline” nos acaba ofreciendo: aprovechando el ‘cliff hanger’ con que concluye el episodio 8 sobre un accidente de un submarinista, lo único que nos queda claro es que la víctima es John. A partir de ahí se suceden 55 minutos absolutamente vacuos en la que nos adentramos en la confusión mental que le ha provocado el suceso, presentándonos toda una serie de confusos sucesos contradictorios -con la ‘fantasmagórica’ reaparición de Danny incluida- que obligan al espectador a replantearse la situación a cada minuto, hasta que llega un momento en el que éste simplemente renuncia y presencia el resto de este infumable ejercicio de estilo entre la indiferencia y la indignación más absoluta. Diez minutos hubieran estado bien, incluso un capítulo entero si la temporada es larga (recuerden, ejemplo, los devaneos de Charlie con las drogas en las maratonianas entregas de “Perdidos”), pero desperdiciar un capítulo completo cuando únicamente tienes diez a tu disposición es de una irresponsabilidad y una ignorancia supinas.

bloodline-season-3-kyle-chandler

Ante la papeleta que tiene que resolver, al ‘grand finale’ de “Bloodline” no le queda más remedio que exhibir una notable fluidez narrativa para ir tapando los múltiples agujeros. Sin embargo, la precipitación a la que se ve abocada no deja apenas espacio para propiciar momentos memorables. Es la desesperación de Sally -en uno de los grandes momentos de lucimiento de una Sissy Spacek sobresaliente a lo largo de toda la serie- el cénit de un último capítulo que deja al gran protagonista de esta entrega, el Kevin de un crecido Norbert Leo Butz, con una conclusión tan enrevesada como mal resuelta, que deja en la absoluta inopia al personaje de Meg y que juega demasiado sin acabar de rematarla bien con la trama de John, de nuevo con un excesivo protagonismo del fantasma de Danny.

Finaliza así “Bloodline” casi boqueando de agotamiento y dejando a su espectador con sensación de alivio, algo que no esperábamos para nada al encarar esta tercera temporada, que parecía una perfecta plataforma de reivindicación para la eternidad para  una serie que casi siempre había recibido mucho menos de lo que merecía.  Tristemente, “Bloodline” quedará en los anales para el común de los mortales como una producción fallida de Netflix, algo muy desesperanzador cuando en su primera temporada caminó por las alturas del Olimpo -ennobleciendo la ficción televisiva con su aire de tragedia griega, la madurez de su planteamiento y un estudio de personajes para enmarcar- y que en fragmentos de la segunda y -más escasos- de la tercera, mantuvo un nivel homologable a las ‘grandes’ del panorama actual. Pero así de dura es la competencia en la televisión de nuestros días, al mínimo descuido caes en el olvido. Y los creadores de “Bloodline” se han despistado demasiado en el momento de la verdad. Aunque, desde ahora, siempre miraremos con sospecha las preciosas playas de Florida.

Bloodline season 3 logo

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3 comentarios leave one →
  1. 12/07/2017 11:22

    Con el paso del tiempo es muy fácil decirlo pero lo más sensato hubiera sido terminar tras la ausencia definitiva de Danny, que tanto daño le ha hecho. Desde entonces se toman demasiado tiempo en tratar de llevar al espectador al mismo nivel emocional de sus personajes. A veces lo consigue, ahí es cuando Bloodline vuelve de verdad. Aquella tensión, el drama tras la puerta cerrada.
    Yo, que clasifico estúpidamente las series en comprables o no: es decir, en volverlas a ver, Bloodline la compraria seguro. Sobretodo la primera…
    Y me gustó mucho mucho el último plano, por cierto.

    Saludos

    • Alberto Loriente permalink*
      12/07/2017 11:28

      Hola, Guillem,
      La verdad es que coincido contigo, disfruté mucho la primera temporada, pero al ver su conclusión, deseé en secreto que la cosa se quedara ahí, puesto que me parecía imposible que lograra mantener el nivel tras la desaparición de este tremendo personaje que es Danny. Curiosamente, ese puente que es la segunda temporada consiguió dejar las cosas muy apetecibles para la tercera, pero, en mi opinión, no se han atrevido a ir más allá, a dar pasos decisivos para remontar la trama, que al final ha quedado demasiado encerrada en los escenarios de siempre y se han equivocado en su búsqueda del impacto por el impacto, sin tener en cuenta que lo que a la mayoría de sus seguidores nos atraía era su sobriedad y su madurez, su huida de los caminos fáciles. Pero bueno, siempre nos quedará esa memorable primera entrega.

      Un saludo y gracias por comentar

      • Frankie permalink
        12/07/2017 18:39

        Yo me quedé entre la primera y la segunda y con un buen sabor de boca cuando casi la tenia en el buen recuerdo un amigo la vio completa y con ganas de poder argumentar con el la acabé…piiiii craso error, ya no lo voy a recordar igual, hasta incluso ese testimonio desgarrador de Sally que tan duro fue no sumaba , al contrario, y creo q hasta el fantasma de Danny ya ni se creia la historia….no bloodline asi no se termina
        Gran review Gracias
        Quien era la morena guapita – rayburn creo…q igual aparecia con ozzy, el hijo de Danny y hasta con Danny” espiritu”…jo q lio.😎

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