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“Juego de tronos”: tributo

24/05/2019

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Las redes están plagadas de montajes a modo de tributos. Cualquier motivo sirve para publicar un vídeo con el que ensalzar los parabienes de una serie, película o celebridad. Desde que en el Cadillac empezamos con nuestro propio canal en YouTube, sabíamos que pronto deberíamos aportar nuestra pequeña colaboración a la causa… sólo teníamos que encontrar el motivo adecuado para estrenar nuestro primer tributo. Y la lista de candidatos que manejábamos para la inauguración era extensa; pero, como ocurre con todas las primeras veces en la vida, el elegido debía ser muy especial.

Si ayer era nuestro compañero Rodrigo el que analizaba la última temporada de “Juego de tronos” en su portentosa entrada “El fin de una era“; hoy en el Cadillac hincamos la rodilla ante esta serie y publicamos nuestro especial primer tributo. Nos inclinamos ante sus logros, ante su dominación del panorama televisivo durante ocho años, ante sus descomunales cifras, sus enormes virtudes y defectos, ante la polarización inmediata de una gigantesca producción que nos ha tocado el corazón, el alma y las vísceras como (casi) ninguna otra. Ante una historia que detuvo el mundo en su conclusión y añadió  unas valiosas pulgadas extras a una caja cada vez menos tonta y cada vez menos pequeña. El invierno pasó… y ya lo echamos de menos.

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“Juego de tronos”: el fin de una era

23/05/2019

(AVISO SPOILER: La noche es oscura y alberga spoilers. Y este post, como ya te habrás imaginado, también)

Corría el año 2011 de nuestra era, el domingo 17 de abril de aquel año para ser más exactos, cuando HBO estrenó la que habría de convertirse en la serie más importante, en cuanto a impacto mediático y popular, de esta década. Quién sabe si de la historia. De momento, puede que lo sea. «Tenemos que ver esto, pues lo va a petar muy fuerte en los próximos años», le dije un día después, el lunes 18 de abril, a mi prometida, hoy esposa, en el piso que acabábamos de estrenar y que entonces, pues faltaban unos añitos para que llegaran los críos, era aún un lugar meticulosamente diseñado para el ocio, el esparcimiento y el solaz más absoluto. Así que vimos el primer capítulo de “Juego de tronos”, titulado “Winter is Coming”, ese mismo lunes. Lo vimos descargado, por supuesto. Muchas pestes se han echado contra la piratería, pero allá por 2011 si querías estar al tanto de las series, y decidir cómo y cuándo ver cualquier cosa, lo que hoy nos parece normal, vamos, tocaba bajarse los capítulos y los subtítulos de algún sitio (a poder ser) fiable, pasar los archivos al disco duro o a un pendrive, enchufarlo a la tele y a tirar. Las series más de moda aún tardaban semanas, cuando no meses, en llegar de alguna forma a nuestro país, cuando llegaban. Y las que llegaban lo hacían generalmente en condiciones de programación y emisión muy mejorables, por no decir que eran maltratadas, o masacradas, por la cadena de turno. Netflix, o al menos la Netflix que conocemos hoy en día, no funcionaba ni siquiera en EE.UU, y el resto de plataformas creadas a su imagen y semejanza, internacionales y nacionales, irían naciendo a la sombra de su éxito en años venideros. Así que sí, no nos quedaba más remedio que… Qué demonios, qué hago intentando justificarme ahora. Desde el bombazo de “Perdidos” y algunos aún a día de hoy, todos nos hemos bajado gigas y gigas de series y películas como si no hubiera un mañana.

El caso es que, volviendo a 2011, aquella noche mi prometida, hoy esposa, y yo vimos el primer capítulo, y nos flipó. Y así, desde ese día, fuimos siguiendo “Juego de tronos” semana a semana. Ya entonces todos estábamos más que acostumbrados a meternos unos maratones seriéfilos de aúpa, bien fuera porque nos bajábamos temporadas o series enteras, o porque nos las pillábamos o nos las dejaban en DVD, que aún se estilaba aquello. Pero lo de los maratones quedaba para temporadas pasadas, o series ya finalizadas. Las series nuevas, en 2011, aún se seguían degustando semana a semana. Algunas no daban para mucho, pero otras te permitían comentarlas durante días, hasta la emisión del capítulo siguiente (y desde “Perdidos”, no encontrábamos nada que pudiera llenar tanto nuestras tertulias como “Juego de tronos”), con las personas de tu entorno o con las del otro lado del planeta vía foros y redes sociales. Cierto es que las discusiones fuera de madre, las salidas de tono, la mala educación, las faltas de respeto y el troleo han formado parte de este fenómeno desde su origen, pero la crispación a comienzos de esta década no era tan asfixiante y, más o menos, se podía debatir de lo que fuera con una relativa tranquilidad. A enriquecer la experiencia general contribuían, también, los blogs. Los numerosísimos blogs que nacieron y proliferaron en aquellos días. Como, sin ir más lejos, El Cadillac Negro.

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“Los hermanos Sisters”: el sinfín de la violencia

16/05/2019

No hace mucho leía a un viejo amigo lamentarse en Twitter de los pocos grandes ‘westerns’ notables rodados en los últimos años. Tampoco es que la situación me parezca angustiosa -ahí están las muy destacables visitas al género de realizadores como Quentin Tarantino, los hermanos Coen, Tommy Lee Jones o incluso Kevin Costner, por no hablar de series como “Deadwood” o “Godless”- , pero sí que es verdad que, ya solo por la mucha menor frecuencia con la que se filman historias del Viejo Oeste, el número de clásicos de espuelas y pistolas se ha venido reduciendo sensiblemente en las últimas décadas.

Es por esto por lo que resulta tan agradecido el estreno de “Los hermanos Sisters”, la nueva cinta del director francés Jacques Audiard, porque incorpora un título más a la nómina de ‘westerns’ clásicos del siglo XXi y se convierte, además, en un firme aspirante a los primeros puestos de la lista. Sí, así de buena es.

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Cuando el cine español se dejó de historias (y empezó a contarlas)

15/05/2019

Españolada: Término despectivo usado para referirse a una mala película española que tiene su origen en un subgénero cinematográfico iniciado en los años 30 y desarrollado durante el Franquismo, pero que frecuentemente (y especialmente durante algunas épocas) ha servido para referirse a cualquier film rodado de Francia, Portugal, África y el Mediterráneo pa dentro. Y es que durante mucho tiempo las películas españolas tuvieron colgado el sambenito de títulos menores (siendo educados) por el mero hecho de haber sido producidas en el segmento territorial arriba acotado. Es cierto que durante una época el grueso de la cinematografía patria se movió en unos parámetros ciertamente sonrojantes, precisamente los títulos que se englobaban en ese subgénero llamado españolada, pero no se puede olvidar que a lo largo de la historia España también había sido cuna de nacimiento de genios de la talla de Luis Buñuel o Luis García Berlanga. Sea como fuera, el cine español estuvo muy mal visto durante demasiado tiempo, lo que cambió en la década de los 90 (más especialmente en su segunda mitad), cuando se vivió toda una eclosión de nuevos creadores que al fin lograron conectar con el gran público y, casi por primera vez, con la juventud de un país que hasta entonces solo disfrutaba con el cine americano (¿americanadas?). Además, junto a estos nuevos directores, los más veteranos lograron algunos de sus mayores éxitos gracias a algunas de sus mejores obras. Ya no era una broma proponer ir a ver una película española.

Los nuevos realizadores a los que nos referimos lograron atraer la atención de una nueva audiencia gracias a una renovada forma de hacer cine, de entender el cine, huyendo de los patrones preestablecidos en nuestro país para abrir las miras sin ningún tipo de complejos, lo que hizo posible la identificación de los espectadores, llegando incluso a producirse, además de éxitos de taquilla, ademanes de fenómenos sociales con algunas películas de las nuestras, algo nunca visto por estos lares. Mientras, esos directores ya asentados dieron buena cuenta de su experiencia y del buen momento que vivía la cinematografía española para brindar enormes cintas que conectaban con una audiencia más madura pero también en algunos casos con ojos más jóvenes. No hemos ejemplificado todavía con ningún nombre porque de eso va el texto, de recordar las películas que hicieron que en la década de los 90 se obrase el milagro de que el cine español se quitara la etiqueta de españolada y fuera juzgado por sus propios méritos (o deméritos, según el caso). Y a ello vamos, a recordar los 30 títulos más importantes del cine español en los años 90, una clasificación sin un orden concreto pero dividida en dos bloques, uno con las películas de los más incipientes directores y otro con las de los cineastas más veteranos.

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“¿A quién te llevarías a una isla desierta?”: el desengaño total

08/05/2019

La mirilla de Netflix se está empeñando cada vez con más insistencia en buscar la diana en un más o menos definido sector de espectadores, una porción de dimensiones importantes no obstante, y sus producciones propias cada vez van dirigidas en un mayor porcentaje a un público joven ávido de consumo rápido de títulos (para así poder inundar sus storys con sus últimos visionados), títulos de enganche fácil pero fondo cuestionable, y esto es así en las series, la principal razón de ser de la plataforma a día de hoy, y también en las películas. Tras “7 años”, en 2016, en lo que fue la primera producción española de Netflix, comentada en su día aquí, llegan de golpe a la plataforma de la N dos nuevos títulos que dejan a aquella película como, por ahora, la mejor aportación de Netflix a la cinematografía española, lo cual no es decir mucho bueno. Vamos a dejar de lado “A pesar de todo” para no sumergirnos en un torrente de improperios y descalificaciones para centrarnos en “¿A quién te llevarías a una isla desierta?”, un título más interesante pero que a duras penas salva el aprobado.

Dirigida por Jota Linares, la cinta es una adaptación de la obra teatral que el propio Linares, junto a Paco Anaya, estrenó en Madrid en 2012, un texto que muestra el súbito desencanto de cuatro jóvenes que descubren de golpe cómo su aparentemente idílica vida y prometedor futuro no es para nada como ellos han pretendido creer. “¿A quién te llevarías a una isla desierta?” pone la mirada en los millennials, esa generación acostumbrada a recibir tantos halagos como menosprecios y azotes, y eso es lo que plantea la película, un sopapo de realidad en la cara de unos personajes que abren los ojos a un paisaje desolador, tanto por el escenario en el que se han visto obligados a vivir como por el castillo de naipes que han ido construyendo en él.

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“Vengadores: Endgame”: te quiero 3.000

03/05/2019

En el último mes y medio no hemos hablado de otra cosa en el seno de El Cadillac Negro, de puertas para adentro, que no sea Marvel y su universo cinematográfico (MCU). Bueno, exagero. En realidad hemos hablado de unos cuantos y muy variados temas, como suele ser costumbre en nuestro siempre candente grupo de WhatsApp, pero es cierto que el rollo marvelita dominó en los últimos tiempos, cuando no monopolizó, nuestras conversaciones durante muchas, muchísimas horas. Demasiadas, para tormento de algunos. ¿Habría sido así de cualquier forma con el estreno de “Vengadores: Endgame” cada vez más cercano en el horizonte? No lo sé, pero sin duda lo que realmente prendió la mecha, porque nos dejó a todos los demás con el culo torcido, fue la decisión hace unas seis semanas de nuestra compañera Irene de adentrarse en el MCU desde cero, y con la firme intención de tragarse 21 películas de un género hacia el que entonces había mostrado una nada disimulada aversión, con el objetivo de llegar a tiempo al estreno en cines de la cuarta (¿y última?) entrega de la saga “Vengadores”. Muchos dudamos del éxito de tamaña empresa. Yo al menos, lo confieso. Pero Irene fue quemando etapas, sorprendiéndose y sorprendiéndonos a cada nuevo paso que daba y… bueno, ella lo cuenta mejor que nadie en el extraordinario post “Una forastera en las tierras de Marvel”. Su odisea, en todo caso, nos acabó espoleando a los demás a acometer nuestros propios revisionados, nos permitió analizar de nuevo, con la perspectiva del paso del tiempo y el peso de toda la producción posterior, cintas que habíamos visto por primera o única vez diez, siete, cinco años antes, y abrió interesantes y muy enriquecedores debates que fueron alimentando y engordando aún más una pasión que ya venía suficientemente henchida en los últimos tiempos, sobre todo a partir de esa, creíamos, inalcanzable “Vengadores: Infinity War”.

Aprovecho para pedir disculpas ahora a los otros dos integrantes de este blog que, ajenos por completo al MCU por voluntad propia (nosotros les queremos y les respetamos igual ;-), así somos de tolerantes) tuvieron que soportar con mucha paciencia, y a menudo con muy buen humor, semejante avalancha de fervor desmedido. Pocos días antes del estreno de “Endgame”, uno de ellos cuestionó hasta qué punto podíamos analizar las bondades de un film, y evaluar si era mejor o peor como película independiente, cuando para entrar en ella era requisito indispensable que calibrásemos el peso de 21 títulos anteriores, sin los cuáles ésta carecería por completo de entidad propia. Dicho de otro modo, o así lo entendí yo, nuestro compañero se empeñaba en buscar alguna manera de juzgar, de forma justa y ecuánime, cintas tan dispares como “Endgame” y “La pequeña Suiza”, por mencionar otro estreno de ese mismo fin de semana. Mi respuesta, y ahora la tengo aún más clara, es que no, no se puede valorar “Endgame” en  igualdad de condiciones con ninguna otra película que se haya rodado en estos 124 años de historia del cine. Si acaso, con “Infinity War”. Y es cierto, “Endgame” no se sostiene por sí sola sin los 21 films que la han precedido, pero esto, lejos de ser un hándicap o restarle valor, convierte al cénit hasta la fecha del MCU en una obra pionera, rompedora, única en su especie y probablemente, qué demonios, con total certeza irrepetible. Leer más…

Ghost, los nuevos popes del rock

29/04/2019

Llevamos los rockeros veteranos años y años esperando el advenimiento de una banda nueva que vuelva a reinar en las listas de éxitos, que sea capaz de relevar en la cabecera de los festivales a las veteranas formaciones de siempre, que suponga el regreso de las guitarras a lo más alto del ‘mainstream’, que provoque que una nueva hornada de aficionados se sume a nuestro amado género y que, en definitiva, éste no quede convertido para siempre en un reducto de nostálgicos. Hemos ido depositando nuestras esperanzas en un buen montón de prometedores proyectos y la mayoría han sido enterradas ante prematuros finales de trayectoria o por una paulatina merma de calidad que les hacía imposible equipararse a las leyendas que engrandecieron el rock.

Y en esas estábamos, mientras buscábamos a los próximos Led Zeppelin o Guns’n’Roses, cuando de repente surgió Ghost, un grupo sueco enmascarado en ropajes diabólicos más propios del black metal y manteniendo -hasta hace poco- en el anonimato sus identidades , que fue escalando puestos con una rapidez inusitada con una propuesta nada evidente -que mezcla referencias al proto heavy metal y al hard rock más oscuro y primitivo con toques a la música gótica y un evidente ramalazo pop 80’s- hasta convertirse, disco a disco, en una de las grandes referencias de la música actual, con una legión de seguidores pendientes de cualquier movimiento de su líder Papa Emeritus, ahora Cardinal Copia, y sus Nameless Ghouls. Aprovechando su inminente visita a España como teloneros de superlujo de Metallica en sendas citas imprescindibles en Madrid y Barcelona, nos hemos decidido a repasar la trayectoria cargada de grandes éxitos y mejores canciones de la banda que, por fin, nos ha devuelto la fe en la capacidad de mover masas del rock. Alabados sean.

(POSDATA: Al final del post encontraréis -y también en nuestro perfil de Spotify- las canciones -y su orden- que queremos que toquen Ghost a su paso por España en una explosiva playlist)

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“In the End”: el punto final de The Cranberries

28/04/2019

Hace más de un año, un 11 de enero, publicábamos en el Cadillac un post sobre el recorrido de The Cranberries, una banda sin la cual el panorama musical de los noventa no estaría completo y que nos ha ido dejando, a lo largo de los años, unos cuantos himnos. El destino quiso que, cuatro días después, los medios anunciaran la temprana muerte de Dolores O’Riordan y aquel post quedara como la suerte de despedida que nunca había pretendido ser. Fue una tarde rara. No es necesario reiterar mi relación personal con esta banda porque ya lo hice en aquel momento, pero su llegada a las radios y tiendas de discos marcaron mi vida de una manera especial, entonando su sempiterno “Zombie” desde los ocho añitos. Sí, fue una tarde rara. Y gris. Nunca habría pensado que sería doloroso ver crecer de manera desorbitada las visitas a un escrito propio, pero así de retorcida es a veces la temporalización de las cosas.

En aquel instante pensamos que el cierre de The Cranberries había llegado de manera forzada, sin saber que la discográfica y el resto de miembros de la formación guardaban un epílogo a esta historia. Antes de irse, Dolores había grabado la parte vocal del álbum que acaba de publicarse, que, ahora sí, llega en forma de despedida y como clausura de un relato musical lleno de la magia de los gorgoritos de una líder, letras desesperadas, guitarras y sonido irlandés. “In the End” es fruto de una maqueta avanzada, de tener que reestructurar muchas cosas que ya estaban hechas, de acabar lo inacabado, de querer vender un álbum más y de agitar al viento un pañuelo de seda desde la ventanilla de un tren que arranca. Somos increíblemente conscientes de por qué ha visto la luz, pero muchos de sus seguidores de largo recorrido hemos percibido esto como un regalo, la oportunidad de acariciar por última vez la voz de O’Riordan en temas no escuchados. Y en lo personal, este álbum es todo lo que, dadas las circunstancias, esperaba.

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