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15 discos en directo que dignificaron el rock español

10/05/2018

Los más viejos del lugar recordarán que hubo una época en la que los discos en directo representaban todo un acontecimiento tanto para el artista que los publicaba como para sus seguidores, pero también para el público mayoritario, resultando en muchas ocasiones una gran oportunidad para ampliar audiencia, a veces incluso logrando las cimas comerciales de su carrera. Hoy en día, los directos se han quedado en poco más que anécdotas o instantáneas de un momento, sin demasiado que aportar la mayoría de las veces. Es de imaginar que la facilidad para acceder al audio e imágenes de cada concierto en forma de grabación casera ha hecho perder parte del misterio, descarriándose por el camino además parte de la más romántica melomanía. Porque en su momento no se trataba únicamente de tener el audio perfectamente grabado de un concierto, lo importante era  tener la captura de un momento determinado, con el sonido que fuera, ya que ciertamente algunos de estos directos no gozaban de la mejor calidad y/o producción, con espacio incluso para los errores (y cuantos más, mejor, ya que eran esos detalles los que dotaban de misticismo a algunos de esos títulos), y con la recopilación de las piezas más importantes de un determinado repertorio, todas juntas y en vivo. Ahora esto parece un tema menor, pero entonces era un tesoro.

En un periodo que podríamos acotar entre los años 80 y la primera mitad de los 90, buena parte de los artistas que cortaban el bacalao en nuestro país dejaron plasmado en algún momento su sonido en directo en los legendarios vinilos, quedando muchos de ellos para la historia bien por su calidad, bien por lo que significaron para sus carreras o incluso por lo que representaron para el rock nacional. Acotando además en el rock más puro y dejando escaso pero merecido espacio a otros sonidos más suaves y domesticados, os proponemos una lista con los 15 álbumes en directo de rock español más importantes de aquella época (y quizás de todas las épocas), una lista cronológica tan discutible como cualquier otra y finiquitada con una lista de reproducción (aquí sin posibilidad de titubeo) imprescindible.

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“Vengadores: Infinity War”, Marvel infinita

29/04/2018

Diez años de Universo Cinematográfico de Marvel (UCM) han dado para un puñado de películas muy disfrutables, unas cuantas cumplidoras y alguna que otra un tanto mediocre, pero sobre todo han servido para transformar las reglas de blockbuster contemporáneo e instaurar una era en la que el género superheroico ha llegado a su cénit, plasmando en la gran pantalla imágenes que hace dos décadas se antojaban inimaginables y secuestrando las taquillas de todo el mundo en una burbuja que, lejos de explotar, se ha ido agigantando con el paso de los años. Aunque si en algo ha destacado Marvel Studios por encima de la competencia de Warner, Sony o Fox (hasta su compra) es en haber creado pacientemente un universo compartido y serializado en el que la sensación de continuidad en forma de vasos comunicantes que convergen en periódicos macro-eventos es tan importante como las aventuras individualizadas. Una mega-franquicia cuyos ambiciosos propósitos despertaban dudas razonables en sus inicios pero que ha terminado convirtiéndose en todo un hito de la industria del entretenimiento. Y en este universo de películas mejores y peores, más o menos redondas, siempre se las han arreglado para imprimir su personalidad, su sello, su garantía de marca. El público sabe lo que puede esperar de un producto Marvel y acude en masa a la llamada, independientemente de que venga protagonizada por un primer espada o por un personaje de la segunda línea, hasta el punto de que una cinta como “Black Panther” (que entraría en la categoría de las cumplidoras) ha roto todos los pronósticos y reventado el box-office.

“Vengadores: Inifinity War” se venía anticipando desde hace años como el gran clímax y, a su vez, un punto y aparte para el UCM tal y como lo conocemos, el punto de inflexión hacia el cual conducían todos los caminos que hemos transitado durante este tiempo. Tanto para un creyente convencido como para quien sólo busca en estas películas simple entretenimiento epidérmico para pasar el rato sin comerse demasiado la cabeza con conexiones y vínculos, esta era la cita ineludible marcada en rojo en el calendario. También para un servidor, que ha aplaudido a rabiar cuando la ocasión lo merecía (“El Soldado de Invierno”, “Guardianes de la Galaxia”, “Civil War”) y ha torcido el morro cuando el nivel era claramente insuficiente (“Iron Man 2”, las dos primeras entregas de “Thor”). Normalmente a unas expectativas tan altas, a un hype tan descomunal, le suele suceder una comprensible decepción en mayor o menor grado, pero, y ya llegamos, eso no me sucede aquí. “Infinity War” es felizmente (casi) todo lo que esperaba que fuese y (casi) nada de lo que temía encontrarme. Es el espectáculo palomitero de superhéroes definitivo, tan grandioso, épico, adrenalínico, intenso, divertido y emocionante como se nos había prometido, y al mismo tiempo es el mejor homenaje de Marvel a sí misma, el perfecto “greatest hits” de una década, una recopilación monumental bien secuenciada de todos los subgéneros y tonalidades con los que ha jugado siempre pero elevados a la máxima potencia, a tamaño XXL. Marvel infinita. Solo un deceíta resentido o un espectador ajeno a estos tinglados al que hayan engañado de mala manera para entrar en la sala podría salir de ahí defraudado. En serio, después de esto, cualquier película de supertipos que venga detrás va a parecer una modesta verbena de barrio, o una fábrica de botijos. ¿Es entonces la mejor película del UCM? Pues no lo tengo claro, pero ahora mismo, pocas horas después de haberla disfrutado como un gorrino, lo parece. Leer más…

“Isla de perros”: Wes Anderson corona su racha triunfal

25/04/2018

Sé que a la hora de hablar de Wes Anderson no es la tónica general, pero no, no voy a dármelas de enterado. Uno no sabe muy bien por qué, pero la verdad es que ignoré durante muchos años al cineasta texano, quizás por esa condición suya de gran pope del ‘hipsterismo’, y aún tengo importantes fallas en su trayectoria inicial. Vamos, que no soy ni mucho menos uno de esos que tanto parecen abundar hoy en día que le siguieron religiosamente desde que rodó su primer plano.

Un servidor debutó en la filmografía de Anderson con su primera película de animación, la estupenda “Fantastic Mr.Fox”, y de ahí en adelante no me he podido resistir a acudir al cine con cada uno de sus siguientes estrenos. De este modo disfruté con esa preciosa oda al fulgor preadolescente que es “Moonrise Kingdom” -que ya analizara aquí en este blog- y ese divertísimo ‘cartoon’ en imagen real que resultó ser “El Gran Hotel Budapest”. Una excelente racha digna del mayor de los maestros que ha sido coronada de la mejor manera por su nueva maravilla recién estrenada, “Isla de perros”. Leer más…

“La casa de papel”, el éxito de las segundas oportunidades

18/04/2018

Nuestra nueva firma invitada se ha sentado en el Cadillac inquietantemente enmascarada. No tiene necesariamente que ser la ya icónica imagen de Dalí la que oculte su apellido, pero podemos jugar a que sí. Y así, con cierto aire de misterio, las próximas líneas se adentran en uno aun mayor, el sorprendente éxito a nivel planetario que “La casa de papel” ha logrado con su llegada a Netflix. Que la intriga y el misterio sean algunas de las principales bazas de la serie nos dan una excusa más para preguntarnos por los motivos de tamaña proeza, más allá de si es merecida o no.

 

Al volante: GOTHAM REI

“Todo el mundo merece una segunda oportunidad”, al menos eso dicen muchos a la hora de valorar un producto o simplemente opinando sobre una cuestión banal de nuestro día a día, en un amago de pasar página o, quizás, perdonar algún tipo de traición. “La casa de papel” ha tenido una segunda oportunidad y no podemos culpar de su reciente éxito al paso del tiempo, pues la ficción de Vancouver Media ha resurgido solo meses después de su estreno en Antena3 (allá por el 2 de mayo de 2017). La plataforma de pago Netflix, tras estrenar la serie semanas después de su despedida en la cadena privada (el 23 de noviembre de 2017) es la culpable de que ahora todo el mundo hable de un grupo de asaltantes que lleva a cabo un atraco en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

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“This is us” se vuelve amarga… y no le sienta bien

11/04/2018

This is us 2

Tengo que admitir que tuve serias dudas en seguir viendo “This is us” de cara a su segunda temporada. Degusté la primera entrega -de la que aquí di mis impresiones- y disfruté moderadamente de las virtudes de uno de los grandes fenómenos televisivos estadounidenses de los últimos años -ahí están unas audiencias que han conseguido resistir en esta reválida cifras medias cercanas a los 10 millones de espectadores por capítulo-, pero me daba cierta pereza exponerme a la irregularidad manifiesta de una serie que, además, parecía haber agotado en su temporada inicial buena parte de su caudal argumental.

Sin embargo, hubo un factor -además de la pertinaz insistencia de mi esposa- que me hizo volver a apostar por la producción de la NBC: la curiosidad ante el rumbo que iban a elegir sus creadores para prolongar una historia que parecía abocada a un cambio de timón para sobrevivir, teniendo los suficientes elementos de calidad para llevarlo a buen término. Leer más…

Belako y Morgan, dos huracanes para azotar la escena del rock nacional

05/04/2018

Y cuando ya más o menos teníamos reordenadito el panorama musical español, un efervescente y emocionante panorama que ha replanteado usos y disfrutes, que ha reafirmado a algunos, ha confirmado a varios y ha olvidado a otros muchos, pero que indudablemente vive un gran momento, han llegado dos bandas relativamente nuevas y han conseguido que nos replanteemos de nuevo el croquis. Hablamos de Belako y Morgan, dos grupos cuyo principal y quizás único elemento en común es que tienen una voz femenina (en inglés casi siempre) al frente, pero que sí coinciden en que rápidamente, con su tercer y segundo disco, respectivamente, se han colocado como dos de las propuestas más atractivas del escenario rock patrio.

Porque si más o menos ya habíamos aceptado que la segmentación entre indie y mainstream era cosa del pasado, que en la primera división se encuentran tanto vacas sagradas y legendarias como Bunbury, Loquillo o Amaral como bandas procedentes de los círculos alternativos como Vetusta Morla, Los Planetas o Love of Lesbian, con además nexos de unión entre ambas ramificaciones, pero con otro pelotón secundando o ya casi adelantando a estos dos bloques, con por ejemplo Leiva, Quique González o Iván Ferreiro en un lado y Viva Suecia, Sidonie o  León Benavente en el otro, dónde carajo metemos a estas alturas a un par de grupos que aparecen cantando en inglés (como si estuviésemos en los 90, ¡o en los 60!) y cuyas evidentes reminiscencias anglosajonas quedan definitivamente alejadas de los planteamientos y ramalazos cada vez más mediterráneos de la escena musical española. Un par de grupos que además en poco tiempo han demostrado que la evolución no siempre está emparejada con la madurez, ya que desde sus primeros acordes hicieron gala de una personalidad e inteligencia sonrojante para el resto de los grupos noveles. Así, como ya hemos apuntado que musicalmente Belako y Morgan no comparten demasiadas similitudes, vamos a acometer las reseñas de sus últimos trabajos de forma individualizada (pero igualmente emocionada).

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“Ready Player One”: aquí hemos venido a jugar

03/04/2018

Cualquier adaptación cinematográfica de “Ready Player One”, fuera como fuera, hubiera despertado como mínimo mi curiosidad. La novela debut de Ernest Cline no es ni de lejos un prodigio literario, pero sí es un adictivo y, por momentos, gozosísimo viaje en el que si consigues entrar es muy difícil que quieras salir hasta haber llegado a la última etapa. Puede que su trama, sin alardes estilísticos de ningún tipo, no acabe pasando de apañada y resultona, sin más, pero su innegable punto fuerte está en esa premisa que da carta blanca al autor para que nos zambulla de lleno en una interminable bacanal de guiños, homenajes y referencias al cine, las series, los cómics, la música y los videojuegos de (sobre todo) los años 80. No obstante el libro, publicado en 2011, ha sido definido por muchos como el ‘Santo Grial de la cultura friki’, cuando no como ‘porno duro para nostálgicos’. Comprobar cómo sería trasladar todo eso, o una versión muy aproximada, a la gran pantalla ya merecía toda nuestra atención, pero que el encargado de hacerlo haya sido nada más y nada menos que Steven Spielberg justificaba que nuestro ‘hype’ estuviera por las nubes, o más alto si cabe. Ese Spielberg que fue, precisamente, el gran artífice de la inmensa mayoría de las obras que adoramos en nuestra infancia, ya fuera desde su silla de director, desde un despacho o ejerciendo de modelo a seguir (para bien y para mal) para toda una generación de realizadores y productores. Ese Spielberg al que Cline rinde pleitesía, más que a ningún otro, en las páginas de “Ready Player One”.

Que el material que Cline se traía entre manos era oro puro ya quedó claro en 2010, cuando varias editoriales se pelearon por hacerse con sus derechos de publicación. Random House acabó llevándose el gato al agua, por un dineral, y ese mismo día el autor vendió los derechos para su adaptación al cine a Warner Bros, por otro pastizal. Una maniobra muy arriesgada que, tras la publicación de la novela y su éxito sin paliativos, se vio justificada. Aun así, la conversión de “Ready Player One” de libro a película se antojaba un reto complejísimo, y las posibilidades de caerse con todo el equipo eran muy, muy altas. Y no sé qué nos habríamos acabado encontrando en las manos de otro director, pero con Spielberg al frente el resultado ha sido un film condenadamente entretenido y visualmente deslumbrante, un artefacto descaradamente nostálgico que sin embargo sabe al mismo tiempo mirar al futuro, con una factura técnica que en ocasiones parece adelantada a nuestra era y algunas ideas que nunca antes nadie se había atrevido a poner en marcha. Es además la primera cinta de Spielberg con verdadera vocación de blockbuster (y con muchas opciones de conseguirlo) desde “Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio” de 2011. Y eso, tratándose de la persona que inventó el blockbuster, no es como para pasarla por alto. Por supuesto, como ya sucediera con el libro, es imprescindible entrar de lleno en la película, comulgar con su propuesta y aceptar desde el inicio las reglas del juego para poder disfrutarla plenamente. Si no lo consigues, o sientes que esto no va contigo, es muy probable que acabes marcándote ‘un Boyero’. Leer más…

“The X-Files” (IV): dejar ir

30/03/2018

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(AVISO SPOILERS: Hoy estamos aquí para hablar del final de “X-Files”, si aún no has visto “My Struggle IV”, únete al club más tarde. Para análisis de los episodios anteriores puedes pasar por aquí (1×01-1×03), por aquí (1×04-1×06) y por acá (1×07-1×08))

Esta última recapitulación que pone final al recorrido de la undécima temporada va a ver la luz más tarde que sus predecesoras, pero es que es el post que más trabajo me ha costado ponerme a escribir en la vida. Siendo “Expediente X” tan importante para mí y habiéndome acompañado durante más de veinte años, lo último que pretendo y deseo es sentarme ante la pantalla y sacar sapos y culebras de las yemas de los dedos. Tampoco puedo faltar a la honestidad y pecar de conformismo y ceguera ante algunas cosas. Sea como sea, no puedo más que alegrarme por haber esperado a estar preparada para escribir y haberme dado tiempo para respirar y ordenar, en la medida en que es posible (que yo no tengo ADN alienígena), algunas ideas. Pero sobre todo es importante mirarlo todo con perspectiva, volver a mirar si es necesario y aceptar.

La tanda de episodios emitida este año ha supuesto para mí una montaña rusa de sensaciones, todas encontradas, que me han dejado en la posición incómoda de tener que reconocer un descontento que hace años no habría reconocido ni bajo tortura. Madurar era esto, supongo. Vamos, una mierda. La cuestión es que, viviendo a caballo entre los despropósitos y las escenas preciosas y homenajes, la palabra fácil ha desaparecido del léxico a la hora de ponerme de acuerdo conmigo misma. ¿Con qué cuerpo me despido yo ahora?

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