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“Rojo”: preludio de la tormenta

01/08/2019

Todos lo sabemos ya. En cuanto vemos que una película argentina está ambientada en los años 70, instintivamente damos por sentado que en algún momento, ya sea más o menos tangencialmente, se va a acabar tratando la dictadura militar de Jorge Videla, No es de extrañar que un periodo histórico tan desgarrador como silenciado durante demasiados años haya explotado en la gran pantalla, desde hace bastante tiempo, como uno de los asuntos estrella en la producción cinematográfica del país sudamericano.

En el caso de “Rojo”, la tercera película del director Benjamín Naishtat y una de las grandes triunfadoras del pasado Festival de San Sebastián -¡tiene narices que se estrene casi un año después!- al hacerse con los premios a Mejor Dirección, Mejor Actor (Darío Grandinetti) y Mejor Fotografía (Pedro Sotero), se elige el sutil método ya empleado por Michael Haneke en la ejemplar “La cinta blanca” respecto a la I Guerra Mundial, el de explicar un hecho histórico diseccionando sus antecedentes. Porque, aunque veces lo parezca atendiendo a muchos manuales de Historia, estos sucesos no ocurren de la noche a la mañana por ciencia infusa, son el estallido de un caldo de cultivo que se ha ido cocinando durante años, incluso décadas, anteriores.

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Iggy Pop: 15 mordiscos de la Iguana

11/07/2019

¿Qué ha hecho Iggy Pop para pasar de ser, al poco de comenzar su carrera, un guiñapo social, uno de esos músicos de los que los periódicos tenían redactado ya su obituario ante su masivo consumo de sustancias a ser uno de los grandes personalidades pop de la actualidad, un codiciado hombre anuncio, un icono de la moda y una solicitada presencia en películas de algunos de los cineastas más prestigiosos de nuestro tiempo? Pues muy fácil: sobrevivir. Una trayectoria desigual como pocas, con algunas de las cumbres más altas que jamas haya logrado músico alguno y algunos otros vertiginosos descensos a las simas más profundas, le ha ido deparando un cariño y un prestigio prácticamente indiscutido y poco habitual en estos tiempos de reinados tan fugaces. Padrino del punk, brutal animal de escenario capaz de las locuras más bestias vistas en concierto, protegido y aliado del David Bowie más experimental en su periplo berlinés, fallida estrella new wave, tardío admirador y practicante del hard rock 80’s, renacida leyenda en tiempos del ‘grunge’, insospechado ‘crooner’ amante del jazz y la ‘chanson’ francesa…. enumerar todas las facetas de Iggy sería inacabable. Algunos por ello le compararían con un camaleón…pero todos sabemos que es una iguana.

Al líder de The Stooges solo le hemos dedicado un post, el que analizaba su último disco de estudio, “Post Pop Depression”, por lo que hemos decidido volver a saldar una de nuestras deudas aprovechando su presencia en la temporada de festivales veraniegos española, con fecha especialmente significativa en el Mad Cool madrileño, del que es uno de sus principales alicientes. Lo que sigue no es un recopilatorio de canciones de Mr.Osterberg, seguramente ni siquiera sean estrictamente sus mejores temas, pero sí que es una selección de 15 grandes momentos que pueden servir para resumir una de las carreras más extensas, desconcertantes y también apasionantes de la historia del rock. Disfruta de todo este ‘poder crudo’ que te brindamos y, si te gusta, aumenta considerablemente la ración de Pop (que no pop) en la extensa ‘playlist’ que hemos confeccionado en nuestro perfil de Spotify y que encontrarás al final del post. Search and destroy!

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Nuestros imprescindibles para el Mad Cool 2019

09/07/2019


Os contaremos un secreto: A pesar de todos los errores organizativos, meteduras de pata y circunstancias adversas (de los que se hicieron eco generosamente los medios de comunicación), en El Cadillac Negro fuimos de los que disfrutamos a lo grande del Mad Cool 2018. Quizás tuvimos mucha suerte, pero lo cierto es que nos las arreglamos para esquivar gran parte de los problemas que desesperaron, con toda la razón del mundo, a una buena porción de los asistentes, y pudimos centrarnos en lo que de verdad nos importaba, que era la música. Y ésta se ofreció en generosas y variadas raciones, con especial mención para ese ya legendario concierto de Pearl Jam que rebasó todas nuestras expectativas. Tan satisfechos terminamos de la experiencia que nos juramentamos a regresar a Valdebebas en 2019 a poco que el cartel acompañase y nuestras situaciones personales lo permitiesen. Mad Cool 2019 ya está aquí (11, 12 y 13 de julio) y los miembros del Cadillac acudimos, casi al completo, a la llamada, a pesar de la evidencia de que la oferta de esta temporada se queda lejos de la aplastante exuberancia de la de 2018. Tampoco era fácil volver a reunir un plantel de nombres semejante al de entonces, y menos en un año complicado para los festivales en general ante la falta de grandes nombres en circulación, así que aunque el cartel que finalmente le ha quedado a Mad Cool 2019 es bastante digno, sobre todo comparado con su competencia directa, no termina de escapar a la sensación de que le ha faltado algo; de que el line-up final no es el que habían soñado ni la propia organización ni nosotros mismos, que, quizás malacostumbrados por el menú de 2018, esperábamos al menos una gran guinda que finalmente no llegó.

Así pues, Mad Cool 2019 se presenta como una edición de transición para el festival, pero no menos importante para la definición de su identidad. Si el año pasado funcionó como un sonoro golpe en la mesa para situar la marca definitivamente en el mapa internacional, esta vez se trata de asentarse. Y eso pasa por mejorar todo aquello que no funcionó en 2018 a nivel organizativo. No hablamos tanto de presentar el mejor cartel del momento como de proporcionar la mejor experiencia posible al asistente. En ese sentido, la reducción del aforo y la eliminación de un escenario son pasos en la buena dirección. En cuanto a la música -y obviando esa Welcome Party con Rosalía como gran reclamo no incluida en el abono de tres días, en una decisión como mínimo cuestionable-, volvemos a tener esa distintiva mezcla entre históricos veteranos que apelan con grandes dosis de nostalgia a la memoria personal y colectiva de los que ya tenemos una cierta edad y artistas relevantes en distintos géneros de la escena actual. Particularmente, en el Cadillac echamos en falta otro cabeza de cartel potente el jueves (en serio, ¿Bon Iver?, ¿por qué él es cabeza y no Vampire Weekend? O ya puestos Iggy Pop, que es objetivamente el artista más importante que pisará esta edición y aparece en tercera línea como si se tratara de un cualquiera), algo más de clase media de nivel contrastado y más representación patria con cierto pedigrí (Vetusta Morla quedan como único islote), una parcela en la que el festival ha reculado flagrantemente en esta edición por razones que se nos escapan. Con todo, nos vuelve a salir una buena lista de nombres que tenemos muchas ganas de ver, algunos irrenunciables, otros prometedores y algunos que igual tienen que ser sacrificados a causa de los dichosos solapes. Nuestros 15 imprescindibles del Mad Cool 2019.

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“Toy Story 4”: hay una voz en mí

02/07/2019

¿No os ha pasado nunca? Ese día/esa noche genial con un grupo de amigos con el que habéis ido cogiendo confianza progresivamente y que finalmente ha llegado a una jornada de comunión absoluta. Además de la lógica euforia…¿no os ha entrado cierta melancolía porque en el fondo sabéis que habéis asistido al cénit de una relación que a partir de ese momento irá sufriendo un lógico declive? Pues esa sensación tuve cuando disfruté de la majestuosa “Toy Story 3”, que ya nada podía llegar a ser de esa magnitud con esa panda de amigos juguetes que me eché en mi tardía adolescencia -edad poco propicia para abrazar ídolos infantiles- con el estreno de la entrega fundacional de la saga de Pixar y que nos ha ido acompañando a todos durante tantos años.

Por todo esto, no salté de alegría cuando se confirmó la existencia del proyecto para hacer una cuarta parte de la historia de Woody y cia y menos aún cuando su desarrollo se fue dilatando en el tiempo y su estreno retrasándose mientras que una numerosa serie de catastróficas desdichas fueron asolando su producción, siendo entre ellas la más notoria el cambio forzado en la dirección tras el escándalo acontecido en torno a John Lasseter, realizador previsto inicialmente. A consecuencia de todo esto, teníamos una de las películas más importantes de la compañía del flexo en manos de un cineasta debutante como Josh Cooley y un guión escrito por numerosas manos, bajo el mando de Andrew Stanton, entre ellos los actores Rashida Jones y Will McCormack. La terca realidad parecía imponerse a la más optimista de las expectativas.

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“Matrix”: todo bajo control

01/07/2019

matrix portada

Hace pocos días se cumplían veinte años del estreno en nuestras salas de una de las seis piedras angulares del cine de acción (otro día hablaremos al respecto de esto). Un título concebido, escrito y dirigido a partes iguales por las hermanas Lana y Lilly Wachowski (en aquellos años, los hermanos Larry y Andy) que supuso un revulsivo en tantos aspecto de la vida cultural y social que, en El Cadillac Negro, se nos antojaba ineludible realizar la crítica que no pudimos veinte años atrás. No obstante, dado que el título que hoy tratamos es sobradamente conocido por todos, no haremos especial hincapié en las aventuras del programador diurno y hacker nocturno Thomas Anderson; sino que intentaremos diferenciarnos un poco del resto de análisis que el aniversario del film ha generado,para dedicar algo de tiempo a reflexionar sobre aspectos no tan íntimamente relacionados con la trama y sí con los efectos y consecuencias que veinte años después podemos comprobar nosotros mismos a nuestro alrededor.

1999 fue el año que los fans de la ciencia-ficción llevaban largo tiempo esperando, pues un título revolucionaría completamente el género, renovaría las ilusiones de toda una generación y marcaría un nuevo camino a seguir para el resto de superproducciones en años venideros. Sin embargo, contra todo pronóstico, ese esperado título no sería “La amenaza fantasma” (primera producción del universo “Star Wars” desde “El retorno del jedi” en 1983). El elegido sería un film de mucho menor presupuesto; pero con toneladas de imaginación y talento. Ese año se produjo la alineación de planetas necesaria (léase: combinación perfecta de filosofía, religión y cultura de masas) para generar el masivo éxito que supuso “Matrix” a escala global. La taquilla fue claramente ganada por “La amenaza fantasma”; pero ese año fue, indiscutiblemente, el año de Neo, Trinity, Morfeo, del bullet-time y de la Inteligencia Artificial. Cuando cinematográficamente hablamos de 1999, hablamos sin duda alguna de “Matrix”.

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La noche en que Rosalía embrujó a Córdoba

16/06/2019

Hace ya once años que se viene celebrando en Córdoba la Noche Blanca del Flamenco, un festival que trae consigo a célebres cantaores y cantaoras, bailaores y bailaoras. Artistas del cante jondo y sus variantes que se despliegan por las calles de la ciudad andaluza como una reivindicación cultural maravillosa. De raíces y de barrio. El Cigala, Chambao, José “El Francés”, Rosario Flores, Medina Azahara, José Mercé, Enrique Morente y su Estrella, Eva Yerbabuena, Niña Pastori, Pepe de Lucía, Marina Heredia, Raimundo Amador o Remedios Amaya son sólo una pequeña muestra del arte que la provincia ha acogido durante muchas madrugadas.

Cuál fue mi sorpresa cuando a comienzos de año se anunció a Rosalía como la estrella de esta edición. Y no es que la aparición de la artista en cualquier festival del mundo sea en este preciso momento una rareza, pero saber que la vas a tener en casa, después de haberte dejado emocionar profundamente por su “Los Ángeles” y desgarrar por “El mal querer” una y otra vez, tanto como para dedicarle prácticamente una oda en el Cadillac tras su publicación, se antoja un regalo. No tengo claro cuántas veces me he perdido en su último álbum pero voy a dejar caer que han sobrepasado el centenar. Verla iba a ser harto complicado, más a medida en que se acercaba la fecha y se conocían las condiciones para acceder a su concierto. Un concierto que ha traído cola (literal y metafórica) por producirse en un recinto limitado como es la plaza de toros, porque la pureza del flamenco y blá blá blá, porque el caché de la artista y blé blé blé. Nada nuevo bajo el sol, salvo que a servidora le gustan los retos y se le pone la piel de gallina cuando canta Rosalía, así que hacer cola de madrugada para conseguir entradas y volver a repetir horas de cola para verla en condiciones eran cosas que, simplemente, tenían que ocurrir. Y cómo ha merecido la pena, lectoras y lectores del Cadillac. Aquí, en esta Córdoba, lejana y sola, que escribiera un día Lorca en su “Canción del jinete”, anoche se nos rompió algo.

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Cuando nosotras escribimos (I)

11/06/2019

Hace un par de años decidí comenzar un pequeño ciclo de autoras que acabó por dilatarse y mutar de ciclo a cambio en mi consumo lector. Más relevante que dicha decisión, que al fin y al cabo sólo afecta a mi propio hábito, son las razones que me llevaron a tomarla. De repente me di cuenta de que, cuando alguien me preguntaba por mis escritores preferidos y mis ficciones predilectas, siempre hacía mención a la narrativa gótica de Poe (a la que dediqué un post un Halloween cualquiera), a la “transgressive fiction” de Palahniuk que hace mucho se me empezó a agotar, al realismo mágico de García Márquez o la maravillosa metaliteratura de Paul Auster. Me di cuenta, sí, de que entre el puñado enorme de autores enumerado que para mí destacaban por encima del resto sólo se colaban unas cuantas autoras. Pensé en mis aportaciones al Cadillac en la categoría de letras: todas sobre autores masculinos, a pesar de que Anne Sexton es mi imagen identificativa en este blog. Pensé en los libros que había leído el año anterior: la inmensa mayoría, a excepción de El cuento de la criada de Margaret Atwood, y un par más, los habían escrito hombres. Se antoja una simpleza, pero percatarse de esto es percatarse de que algo funciona obscenamente mal.

Dando aún más vueltas al tema, porque a servidora es más fácil arrancarle la cabeza que una idea, pensé en que siempre se habla de las mismas autoras, de aquellas que el canon literario que se estudia en los centros educativos se molesta en enseñarnos. Salen a colación Virginia Woolf, Jane Austen, Simone de Beauvoir, las hermanas Brönte, o Mary Shelley entre otras figuras fundamentales. Se habla de que Sylvia Plath metió la cabeza en el horno para quitarse la vida. Una muestra importantísima en calidad pero una mota ínfima de polvo en un universo de grandes montañas. Y lo que es más grave aún, repasando mis años de cursar filología inglesa, donde la literatura es una pieza fundamental, me vuelvo a dar de bruces con la realidad al llegar a la conclusión de que sí, claro que me hicieron estudiar y analizar a unas cuantas autoras, pero son un porcentaje bajísimo dentro los autores estudiados en el plan de enseñanza.

 

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Enredado en Sad Hill (sin poder salir)

09/06/2019

No lo voy a negar: la celebérrima ‘Trilogía del Dólar” de Sergio Leone y, sobre todo, su tercera y última entrega, “El bueno, el feo y el malo”, es uno de mis más gratos recuerdos de niñez. No recuerdo haberla disfrutado entera en esa época más que una vez, pero el número de ocasiones en que vi fragmentos suyos son innumerables. Se trata de una de las películas preferidas de mi progenitor, que no desaprovechaba ninguno de sus numerosos pases televisivos para volver a presenciarla y ahí estaba un servidor para volver a asistir a las andanzas de Rubio, Tuco y ‘Ojos de ángel’ de nuevo. Asimismo, el tema principal de la maravillosa banda sonora original que pergeñó Ennio Morricone era uno de los mejores momentos de un gastado recopilatorio de música de películas del Oeste (lo de llamarlas ‘westerns’ era entonces cosa exclusiva de unos cuantos estupendos) que era uno de los pocos hallazgos salvables que podía esquilmar de la vieja colección de casettes de mis padres.

Sin embargo, el tiempo pasó, mis descubrimientos fílmicos cada vez eran mayores en cantidad y calidad y aquella gran película se quedó en eso, un bonito recuerdo, convirtiéndose en mi único contacto con ella durante muchos años “The Ecstasy of Gold”, la legendaria composición de Morricone convertida por Metallica desde sus inicios en la mejor sintonía de apertura de un concierto de la historia. Cualquiera que haya esperado durante horas de pie el inicio de un recital de los de San Francisco o, incluso, con que se disponga a presenciar uno de sus directos por YouTube sabe de la enorme carga emotiva de ese momento cargado de épica antes de la descarga metálica de Hetfield y cía.

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