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“El viajante”: entre el teatro y las ruinas

03/03/2017

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Creemos que es tarea sencilla y (de manera pretenciosa) suficiente la de explorar el mundo desde nuestra zona de comfort guiándonos sólo por esas miguitas de pan que el cine va dejando caer en su avance. Que esos libros con sus ventanas de papel narran con la exactitud suficiente para hacernos poseedores de una verdad que nos capacita para opinar, a veces sentando cátedra, sobre temas importantes delante de otras personas que cuentan exactamente con los mismos referentes que nosotros. Y no obstante, ayuda. No podemos crear un discurso completamente válido sin haber vivido algunas experiencias y pisado algunos lugares en calidad de algo que no sea turista, pero abrir los sentidos al relato de quien quiere retratarlos es lo más cerca que en ocasiones se puede estar de ello. Lo único importante aquí es saberse espectador.

Para eso existe el cine, para ser una ventana a diferentes realidades, para la denuncia, para la evasión a través de mundos imaginados por mentes inquietas, para lo fácil y lo difícil, pero, sobre todo, para que todos estemos pendientes de los premios mientras repetimos que no nos importan. Porque todos nos pasamos las nominaciones a los Oscar por nuestros genitales y los del vecino, si nos deja, pero qué bien nos lo pasamos con ellos, con el lover, con el hater, con el hype y con lo desmedido que es todo lo que los envuelve. Y en el Cadillac no se nos escapan. Leer más…

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“Taboo”: demasiado Hardy

01/03/2017

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Taboo” llegaba a principios de enero con la promesa bajo el brazo de ser la primera gran serie de 2017. Avalada por el sello de calidad de la BBC británica en colaboración con la descollante FX estadounidense, auspiciada por el prestigio de Steven Knight (“Peaky Blinders”), Ridley Scott y una estrella del calibre de Tom Hardy comprometido hasta el tuétano delante y detrás de la cámara, y engalanada con un brillante elenco de rostros televisivos que han destacado en productos recientes (Jonathan Pryce, Tom Hollander, Stephen Graham, Mark Gatiss , Oona Chaplin), “Taboo” exhibía de entrada el pedigrí de los productos de qualité. Ambición, talento y presupuesto no iban a faltar, y el notable episodio piloto así se encargaba de certificarlo. Allí se nos presentaba a James Keziah Delaney, una  especie de fantasma al que todo el mundo daba por muerto que regresa al mugriento Londres de 1814 tras el fallecimiento de su padre para hacerse cargo de su herencia. Y ese legado es un islote de vital importancia estratégica en las líneas comerciales internacionales codiciada por la siniestra Compañía de las Indias Orientales, la Corona británica, los Estados Unidos, el marido de su hermanastra y la viuda de su padre. Así, se nos proponía un tentador y abrasivo mejunje de juegos de poder, violencia, venganza, traición, incesto y magia negra ancestral, y ciertamente de todo eso hemos tenido en estos ocho episodios, pero, contra todo pronóstico, el brebaje ni nos ha embriagado ni nos deja ganas de pedir otra ronda. Taboo” se ha confirmado como una serie de calidad, sí, pero de calidad epidérmica, sobresaliente en la recreación física y moral de una época y un lugar -en el que casi se puede oler la mierda de caballo y las meadas de los callejones-, pero de corazón hueco y alma vacía. Por supuesto que no le faltan instantes magníficos e impactantes, pero da la sensación de que “Taboo” habría tenido más sentido en una pantalla de cine y limitada a las dos o tres horas de una gran producción cinematográfica  que en el formato televisivo, bajo cuyas reglas ha terminado siendo tediosamente reiterativa, innecesariamente enrevesada, excesivamente envarada y ridículamente críptica.

Más allá de su formidable carcasa, la mejor baza de “Taboo” es la presencia arrolladora de Hardy, que a su vez es también su talón de Aquiles, ya que la serie empieza y termina en él, de modo que casi todo  lo que sucede a su alrededor queda eclipsado por su alargada y en ocasiones fastidiosa sombra. Porque sí, Hardy nos confirma que es una bestia parda y que posee un magnetismo animal que se convierte irremediablemente en el centro de todas las miradas, pero también que cuando se pasa de intensito y monopoliza el 80 por ciento de los planos puede resultar muy cargante, e incluso autoparódico (como bien atestigua este impagable vídeo que recopila sus gruñidos y murmullos en la serie).  Leer más…

Los Oscar desafinan en la última nota de una melodía perfecta

27/02/2017

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Ya estábamos apagando nuestros televisores/ ordenadores, exhaustos, somnolientos, pero razonablemente contentos por un ajustado reparto de premios y una gala bastante más entretenida y atinada que en años anteriores cuando…oh. wait!…¿qué hace de nuevo Warren Beatty en el escenario? ¿Por qué de pronto éste está atestado de personas? Al final se descubre el misterio y nos quedamos patidifusos. Ha habido un error en la lectura del premio a la Mejor Película por parte del marido de Annette Bening y de Faye Dunaway (estos Bonnie and Clyde…delinquiendo hasta el final) y resulta que, en vez de la anunciada “La La Land”, el máximo galardón va a parar a ¡”Moonlight”! La confusión reinante ya se ha convertido en historia de los Oscar: miles de titulares destrozados y los presuntos triunfadores Damien Chazelle, Emma Stone, Ryan Gosling y cía ya traumatizados para siempre.

Pese al ascenso de la película de Barry Jenkins en las apuestas, aupado en las últimas horas por su triunfo incontestable en los Independent Spirit Awards, parecía imposible que el máximo reconocimiento no fuera a parar a “La La Land”. La nueva bomba de Chazelle, aparte de generar un consenso entre crítica y público casi inédito, parecía milimétricamente diseñada para arrollar en esta gala: recuperaba un género tan querido para Hollywood como el musical, lucía un equilibrio perfecto entre la rememoración de la época dorada y la necesaria renovación, encarnada en la puesta de largo de la nueva realeza hollywoodiense (Gosling, Stone) y, además, revalorizaba la imagen de la ciudad de residencia de muchos de los académicos, una Los Angeles que era mostrada mucho tiempo después como una posible sede para la magia, pese a la fama -bien ganada- de ciudad caótica, mastodóntica y prácticamente inhabitable. Leer más…

“Fences”: pecados de nuestros padres

24/02/2017

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En los cinco años que El Cadillac Negro lleva en la carretera nunca habíamos escrito sobre Denzel Washington, algo que resulta sorprendente y algo embarazoso si tenemos en cuenta que nos referimos a uno de los más grandes actores vivos, y probablemente el mejor actor negro de la Historia. En  nuestro descargo habrá que hacer notar que en estos cinco años tampoco es que el bueno de Denzel haya hecho precisamente sus mejores películas. Admitimos que en su momento se nos pasó el que ha sido su papel más sustancioso en la presente década, el capitán William Whip Whitaker de la apreciable “El vuelo” (2012) de Robert Zemeckis, que le supuso su sexta nominación al Oscar, pero en realidad Washington lleva demasiado tiempo instalado en un tipo de thriller de acción resultón,  de buena factura visual y rentable en las taquillas. Son películas como “The Equalizer” (2014), “El invitado” (2012), “Imparable” (2010) o incluso la reciente “Los siete magníficos” (2016), que no es un thriller pero juega en esa liga. Hablamos de ejercicios de evasión más o menos competentes que funcionan en sus propios términos  y que Washington eleva unos centímetros extra gracias a su incuestionable personalidad pero que no deberían ser el medio habitual de un tipo de su talento. Es una lástima que el acomodamiento en un prototipo de personaje determinado, la fidelidad continuada hacia ciertos directores (Antoine Faqua, o antes el desaparecido Tony Scott) o la todavía, a pesar de todo, persistente barrera racial le impidan acometer con mayor frecuencia proyectos más personales y estimulantes, porque Denzel Washington es uno de esos intérpretes capaces de hacer cualquier cosa y hacerla mejor que nadie. Como decía un viejo colega, Denzel rezuma carisma hasta removiendo la cucharilla del café. Aunque el suyo no es ese tipo de carisma ultracool pero unidimensional como puede ser el de un Samuel L.Jackson, sino que siempre resulta veraz, profundo y complejo en cualquier registro. Puede ser tanto el tipo íntegro y honrado al que confiarías tu vida como el tipo turbio e hijoputa que hace que te cagues en los pantalones. Y también puede ser ambas cosas a la vez. Ha sido el mejor Malcolm X posible y será (solo el peso de los años podría impedirlo) el mejor Obama posible. Siempre te lo vas a creer, y sin parecer que se esté esforzando en ello.

Todo esto viene a cuento de que llega a nuestra cartelera “Fences”, adaptación de la exitosa obra teatral de August Wilson, y en esta ocasión Denzel Washington por fin nos ha ofrecido motivos para dedicarle unos párrafos. Y, créanme, son motivos de peso. De hecho, esta película hay que verla aunque solo sea por contemplarle ofreciendo un recital antológico, una clase magistral de cómo moldear las aristas de un personaje, bombearle sangre, encontrarle todas las vueltas y arrojarlo a la pantalla con una ferocidad y energía cegadoras. Diga lo que diga la Academia, para un servidor esta es LA interpretación masculina del año. Pero por si esto no fuese suficiente, resulta que Denzel no está solo en su tour de force, sino que viene respaldado por otra fuerza de la naturaleza llamada Viola Davis, una actriz que durante gran parte de la cinta permanece a la sombra haciendo el trabajo sucio, dándole el modesto pero necesario contrapunto al protagonista, para, cuando llega el momento, adueñarse de la función y gritar a pleno pulmón “El jodido Oscar es mío, y punto”, sin que nadie tenga derecho a réplica. Amén a eso, hermana. Así que si el cuerpo os está pidiendo una película de actores on fire, una lucha de gigantes que arrasan con todo porque pueden y porque lo valen (Washington y Davis ya hicieron estos mismos roles en Broadway y ganaron sendos Tonys por su trabajo, o sea, que saben muy bien lo que tienen entre manos), no deberíais perderos “Fences”. Leer más…

“T2 Trainspotting”: viaje a la amistad perdida

21/02/2017

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Hace más de un año, coincidiendo con el cuarto aniversario de El Cadillac Negro, quisimos ir un paso más allá en nuestro crecimiento como medio. Es por ello que decidimos dar la bienvenida a la sección de “Viajeros ocasionales”, en la que abrimos las puertas del Cadillac a amig@s y compañer@s que se pasarán de vez en cuando por estas carreteras, con cosas muy interesantes que contaros y temas muy jugosos de los que hablar con total libertad. Por supuesto, os recordamos que no nos hacemos responsables de las opiniones y palabras de estos autores y autoras, aunque toda esa retaíla ya la conocéis muy bien. Hoy cedemos las llaves a Carlos Ruiz, quien ya fue nuestro invitado allá por los comienzos de esta sección con su artículo sobre Bukowski y cuya pasión principal es la escritura, que ejerce desde Escocia y que plasma en su blog El Hombre Uróboros, donde os recomendamos hacer una parada tras leer esta entrada.

Al Volante: CARLOS RUIZ

“Eres un turista en tu propia juventud, Mark”

(Simon “Sick Boy” Williamson)

 Cuando la televisión autónoma vasca estrenó “Trainspotting” un martes de otoño del año 2000, puse el VHS a funcionar y la vi cien veces. “El cine británico no es sólo Hugh Grant mariconeando por el monte”, dijo entonces el líder de un grupo de brit-pop, y el hecho de haber colado un tema en la por otra parte impecable banda sonora ya le ha dado la publicidad que no recibirá aquí. Antes de saber que acabaría viviendo en Edimburgo lo que queda de siempre, seguí desgastando el VHS un millón y medio de veces y traté de propagar el virus entre mis amigos como hizo Mark Renton con su amigo Tommy, pero tardó en funcionar y para cuando pude tener una conversación decente con alguien sobre la película de yonkis escoceses del barrio de Leith, Tommy ya llevaba mucho tiempo muerto y enterrado como profetizaban las pintadas de vecinos en la pared de su piso: ESCORIA YONKI SIDA. Recientes conversaciones con leithers han resultado ser una fuente inagotable de anécdotas sobre el tema, como hablar con una vecina del Tommy original que inspiró detalles de los personajes de la novela de Irvine Welsh. Fallecido alrededor de 1989, un día simplemente ya no estaba y no fue ninguna sorpresa. Otra persona entrevistada solía ver frecuentemente y sin una pierna a Swanney, “Madre Superiora” pidiendo a las puertas del supermercado Scotmid. Hay muy poca ficción en los sucesos del universo literario de Welsh, el cual afirma codearse con sus antiguos colegas hooligans en el más oscuro antro de Leith al mismo tiempo que discutir sobre arte moderno con sus sofisticados nuevos amigos de Hollywood.

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“Jackie”: el Olimpo ha caído

17/02/2017

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El siglo XX está plagado de imágenes que resumen perfectamente la evolución de nuestra especie, entre las que podríamos destacar tres de ellas por la singularidad del mensaje que dejaron a las generaciones posteriores. Por un lado, Auschwitz (o el holocausto en general), uno de los más aterradores y definitivos ejemplos de cómo el hombre se convierte en un lobo para el hombre. Por otro, la imagen de Neil Armstrong en nuestro satélite natural, uno de los puntos culminantes de nuestro avance tecnológico e interminable ambición por superar nuestros límites. Y, por último, el magnicidio del primer presidente de Estados Unidos nacido en ese siglo XX, John Fiztgerald Kennedy, perpetrado el 22 de noviembre de 1963 en la ciudad de Dallas. Aquella mañana, con la muerte del presidente más joven de aquel país, la nación no sólo despertaba trágicamente del eterno sueño americano llorando amargamente su pérdida; su asesinato era además la prueba de cómo un sistema (en el que el país tenía una fe inquebrantable hasta entonces) era capaz de eliminar a aquellos que pretendían reformarlo (como pocos años después volvería a demostrar con los casos de Martin Luther King y Robert Kennedy).

La historia (con ayuda de la televisión y el cine) ha mantenido imborrable en la memoria de la sociedad americana la impactante imagen de su cuarto presidente norteamericano asesinado, así como el posterior funeral emitido a toda la nación (por no hablar de la muerte en directo de su asesino Lee Harvey Oswald). El fallido informe de la comisión Warren, junto con la teoría de la conspiración, se encargaron de nutrir con todo tipo de detalles los últimos minutos de Kennedy. Sin embargo, los detalles acerca del duro papel que su difunta esposa, Jacqueline Kennedy, tuvo que afrontar durante los días posteriores se mantuvieron siempre a la sombra de su marido.

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“Toni Erdmann”: el (sin)sentido de la vida

13/02/2017

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Si en algo han de estar de acuerdo todos los consumidores asiduos de cine del globo terráqueo es en que los trailers son algo problemático. Llenan de expectativas utilizando las cuatro o cinco escenas interesantes de un montón de películas mediocres, destripan enteros filmes de verdadero interés e incluso en casos como el que hoy nos trae aquí tratan de vender la moto al expectador con un género que no le corresponde, a veces con un resultado bien dañino para el producto. “Toni Erdmann” ha sido promocionada desde el principio como una comedia al uso, con escenas sacadas de contexto y unos cuantos planos de dientes ridículamente grandes. Eso, precisamente, ha provocado una ola importante de decepciones y manidos “no es para tanto” o “no tiene gracia” que a día de hoy vienen a no decirnos nada. Voy a dar un adelanto de mis impresiones: la última cinta de la directora Maren Ade me ha parecido una obra maestra.

Nominada al Oscar a mejor película de habla no inglesa y ganadora del premio Fipresci en el Festival de Cannes, esta producción alemana llega para hablarnos de la felicidad y pedir auxilio en voz baja. Si nadie se ha reído a lo largo de sus casi tres horas de exquisito metraje es precisamente porque resulta la intención última del guión. La historia de Ìnes (Sandra Hüller) y Winfried (Peter Simonischek) Conradi es un drama que no puede resultar ajeno porque es muy de todos. El drama de cuando se está tan ocupado que ya no queda tiempo para reír.

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“Moonlight”: la herida abierta

09/02/2017

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Niño negro atormentado por una madre adicta a las drogas, nada nuevo bajo el sol. Niño negro acosado por una pandilla de su barrio, ya lo hemos visto mil veces. Niño negro preguntándose sobre su posible condición homosexual…hmm…esto ya es diferente. Básicamente eso es “Moonlight”, una de las grandes protagonistas de la carrera de los Oscar con ocho nominaciones y flamante ganadora del Globo de Oro al Mejor Drama: una vuelta de tuerca a ese drama social que hemos podido presenciar en tantas ocasiones.

La gran aportación de la película del aquí revelado director y guionista Barry Jenkins es que sí, hay denuncia de la vida en suburbios de gran parte de la población negra estadounidense y la desesperación que lleva a elegir la letal evasión de las drogas, y sí, también se ponen de manifiesto las dificultades que aún conlleva poder vivir una sexualidad distinta a los estrechos márgenes convencionales, pero estas problemáticas sociales acaban siendo tangenciales, aparecen como un siempre presente telón de fondo en la trama, que centra su atención en la convulsa intimidad del joven protagonista Chiron, ‘Pequeño’ (‘Little’) o ‘Negro’ (‘Black’) -los distintos apelativos por los que se le va conociendo- y, especialmente, en esas profundas heridas que aparecen en la infancia y que acaban marcando, con más o menos intensidad, toda nuestra vida futura. Leer más…