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10 joyitas de los 90 a rescatar del olvido

12/02/2019


Toda época concreta cuenta con su catálogo de películas que van ligadas a ella de forma indisociable, ya sea porque éstas supieron reflejar perfectamente ese momento concreto o bien, de modo contrario, esa etapa y sus formas de hacer y pensar tuvieron una influencia capital en un determinado filme. Ya sea porque fueron un éxito desbordante de taquilla o por el hecho de haber gozado de un gran reconocimiento crítico, incluso tener el inmenso privilegio de haber logrado conciliar estos dos, a veces, irreconciliables mundos, el hecho es que es imposible hablar de los años 60 sin acompañar a J.F.K, y The Beatles de las aventuras moteras de “Easy Rider” o las urbanitas de “Cowboy de medianoche”, del mismo modo que los 70 no se pueden explicar sin el atentado de Munich, Led Zeppelin, los mafiosos de “El Padrino” o el escualo de “Tiburón” ni los 80 sin una cumbre Reagan-Gorbachov, un vídeoclip de Madonna, nuestras lágrimas ante “E.T.” o nuestra admiración por el gran John McClane en “Jungla de Cristal”.

Sin embargo, a la hora de evaluar una década concreta, la vara de medir no es tanto la competición entre los grandes clásicos con que cada una de ellas cuenta sino el número de obras que, sin haber pasado a la historia como símbolos de esa época, sí que nos hicieron disfrutar enormemente y, quizás subliminalmente, nos fueron configurando nuestra mayor predilección por una década que por otra. Como esos secundarios imprescindibles pero que con el tiempo acabamos olvidando en beneficio de los protagonistas, este tipo de películas tan poco dadas a las recopilaciones perezosas y a los comentarios superficiales corren serio riesgo de quedar sepultadas en pocos años en ese disco duro cerebral cada vez más obligado a eliminar datos continuamente para dejar paso a los nuevos. En aras de evitar este injusto olvido, nos hemos propuesto iniciar este humilde proceso de recuperación de las arenas del olvido por una década tan querida e influyente para los creadores de este blog como los años 90. Sí, por supuesto, que seguimos viendo periódicamente “Pulp Fiction”, que cuando observamos a alguien muy presuroso nos sigue viniendo a la mente ese claro consejo de la madre de “Forrest Gump” que su hijo se tomó tan a pecho o que cuando nos hablen de Cracovia recordemos inmediatamente aquel pequeño vestido rojo emergiendo entre el blanco y negro de “La lista de Schindler”. Sin embargo, hemos decidido indagar un poco más en nuestro recuerdos y homenajear a diez películas muy especiales de la década de Nirvana y Ace of Base que creemos imprescindibles y tuvieron su merecido reconocimiento en su día pero que, desgraciadamente, han visto como su eco en nuestros días es prácticamente nulo y, por ello, es posible que algunos hayáis dejado pasar. Sin más preámbulos, en un orden cronológico que elude cualquier competición entre ellas, te invitamos a recordar o a descubrir diez joyitas imprescindibles de los 90.

“¿A QUIÉN AMA GILBERT GRAPE?” (1993)

Hubo un tiempo en el que el sueco Lasse Hallström era, aparte del director de la mayoría de los videoclips de ABBA, un respetado cineasta y no el actual artesano al que Hollywood le endosa cualquier proyecto que se le antoje, por ridículo que éste sea. En su ya prolongada etapa estadounidense, junto con “Las normas de la Casa de la Sidra”, su gran obra es “¿A quién ama Gilbert Grape?”, un atinadísimo drama que surfeaba con admirable equilibrio entre la comedia y la tragedia en su cálida descripción de una familia de lo más disfuncional, que el adorable tendero Gilbert Grape -espléndido Johnny Depp– debe comandar ante la dimisión de su obesa madre y las dificultades que plantea su hermano pequeño, un adolescente con discapacidad mental que interpreta un escalofriante Leonardo DiCaprio, en lo que fue su gran revelación y uno de los mejores papeles de su carrera. Emoción pura, genuina y sin adulterar en un clásico que debería ser más reivindicado.

“TIERRAS DE PENUMBRA” (1993)

Los 90 fueron años de grandes dramas románticos. Sepultado bajo colosos como “El paciente inglés” o “Sentido y sensibilidad”, aparece esta maravilla de la más bella raigambre clásica, “Tierras de penumbra”, basada en una película de televisión y una obra de teatro anteriores y homónimas. En aquella época, el Anthony Hopkins milagrosamente resucitado por “El silencio de los corderos” se encontraba en una época de plena reivindicación, antes de que le diera por aceptar casi cualquier guión por chapucero que fuera éste, y obtuvo un amplio y merecido reconocimiento por un drama de parecidas resonancias clásicas como fue aquel “Lo que queda del día” de James Ivory. No obstante, a nosotros nos parece aún superior este filme del venerable Richard Attenborough, que narraba la historia de amor entre C.S.Lewis, el famoso autor de, entre otras obras, “Las Crónicas de Narnia”, y la poetisa americana Joy Davidman Gresham (una exultante Debra Winger). Es casi imposible encontrar una película tan sutil, tan bien dialogada, tan serenamente hermosa…tan perfecta. Una joya absoluta, vamos.

“LOS JUNCOS SALVAJES” (1994)

El veterano francés André Techiné es uno de esos cineastas de los que se tendría que hablar más. Poseedor de una más que destacable filmografía que se remonta a finales de los años 60, la de los 90 fue una de sus mejores décadas, en la que su excelsa sensibilidad explotó en una etapa de definitiva madurez con varios títulos imprescindibles. La excelente “Los ladrones” bien podía haber estado en este repaso, pero la elegida ha sido finalmente su gran éxito de la década, “Los juncos salvajes”, gran ganadora de los Premios César en su año. Todo un especialista en explorar los gigantescos efectos del deseo en el ser humano, aún más si es adolescente y está descubriendo su homosexualidad, Techiné hizo uno de los filmes más bellos y puros jamás vistos con la historia de un trío de adolescentes, sus amores correspondidos y no correspondidos, durante el convulso desarrollo de la Guerra de Argelia. Cine extremadamente sensorial, en el que se percibe cada caricia, cada rayo de sol y cada chapuzón en el agua, “Los juncos salvajes” también dejó unas interpretaciones juveniles de verdadera enjundia, descubriéndonos a esa excelsa Elodie Bouchez que se convirtió en una de las grandes protagonistas del cine francés en los años venideros.

“CAJA DE LUZ DE LUNA” (1996)

De la cacareada explosión del cine ‘indie’ estadounidense allá por principios de los 90, apenas queda un nombre en el candelero: sí, ya lo habéis averiguado: nuestro querido Quentin Tarantino. Los demás han parecido sufrir una extinción masiva, pero lo cierto es que no desaparecieron súbitamente cual dinosaurios, sino que, simplemente, fueron siendo olvidados progresivamente. Esta circunstancia la sufrieron incluso algunos de los nombres más unánimamente elogiados en aquella época, destacando sobremanera el nombre de Tom DiCillo. Autor de filmes tan reputados como “Johnny Suede” (1991) o “Vivir rodando” (1995), continuó posteriormente lanzando títulos entrañables pero poco más, como “Delirious” (2006), para centrarse después en el documental, como el notable “When you’re Strange” (2009), dedicado a The Doors. Para este post nos hemos decidido por la que nos parece su obra cumbre, la soberbia “Caja de luz de Luna”. Con elementos mínimos pero un guión deslumbrante, el encuentro y la conversación cada vez más profunda entre un estresado ingeniero (descomunal John Turturro) y el excéntrico joven encarnado por Sam Rockwell se convierte en una deliciosa pieza de cámara de tintes existenciales que, en menos de dos horas, repasa, con el mejor humor y la mayor sensibilidad posibles, todos los conflictos que atañen al ser humano en nuestros días. Una las grandes películas de culto de los últimos 30 años.

“BEAUTIFUL GIRLS” (1996)

Sabemos a ciencia cierta que, pese a no ser un título legendario ni romper la taquilla, “Beautiful Girls” es una de las películas favoritas de muchos de los que crecimos en aquellos apasionantes años 90 y la misión debe ser que las nuevas generaciones conozcan y disfruten semejante joya. Desde una naturalidad desarmante, el malogrado Ted Demme puso en imágenes con suma eficacia el mejor guión escrito nunca por uno de los ‘capos’ de la materia en Hollywood, Scott Rosenberg (“Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto”, “Alta Fidelidad”, “Jumanji: Bienvenidos a la Jungla”), un prodigioso texto sobre los devastadores efectos del paso del tiempo, el deterioro de las expectativas vitales y las sempiternas dudas sobre el camino a seguir, repleto de excelentes diálogos, personajes carismáticos y estupendamente desarrollados, situaciones originales y enormemente realistas y un equilibrio perfecto entre la comedia y el drama. Todas estas virtudes fueron exaltadas por un reparto en estado de gracia y perfectamente elegido. Ahí es nada juntar a la mejor Natalie Portman que jamás ha estado en pantalla (su Marty puede ser uno de los mejores roles preadolescentes de la historia del cine), una Uma Thurman exultante de carisma, la magnífica sobriedad de Timothy Hutton, Matt Dillon y Noah Emmerich y el magnífico tono cómico aportado, entre otros, por Michael Rapaport y Rosie O’Donell. Lo dicho, un clásico generacional y una película imprescindible.

“GO NOW” (1996)

El cine social siempre ha sido una especialidad muy británica, pero pocos momentos tuvo dicho género en la Pérfida Albión tan brillantes como los años 90. ‘Popes’ del género como Ken Loach o Mike Leigh filmaron algunas de sus mejores obras en esa época, a lo que se sumaron un buen número de títulos destacables de otros cineastas, desde el risueño ‘megahit’ de “Full Monty” a aquella emotiva gozada que era “Tocando el viento” pasando por un amplísimo etcétera. Un tipo tan inquieto como el prolífico Michael Winterbotton dista mucho de haberse quedado encorsetado en ese estrecho espacio, pero sí puede incluir una de sus grandes obras, como también lo son las magníficas “Wonderland” o “Tristam Shandy: A Cock and Bull Soty”, en dicha vertiente. Hablamos de “Go Now”, una producción televisiva de la BBC que, sin embargo, se estrenó comercialmente en cines en muchos países, entre ellos España y EEUU. El argumento no puede ser más disuasorio ni más merecedor de rellenar una sobremesa de fin de semana en Antena 3: un obrero de la construcción comienza a sufrir los temibles efectos de la esclerosis múltiple justo en el momento en el que acaba de encontrar al amor de su vida. No obstante, el extraordinario mérito del filme es huir de cualquier tentación melodramática y realizar un emotívismo, elegante, sensible y hasta cómico retrato del progresivo padecimiento del enfermo protagonista, interpretado por un Robert Carlyle superlativo, en el mejor rol de toda su carrera, superando incluso sus emblemáticos papeles en “Trainspotting” y la citada “Full Monty”. Para contemplar con el corazón en un puño y soltar unos justificados lagrimones sin sentirnos culpables por nuestra cursilería.

“CUANDO ÉRAMOS REYES” (1996)

Imaginaos un drama sobre boxeo en costante ‘crescendo’ y con un épico combate final, con un protagonista hipercarismático y un ‘malo’ a la altura, ambientado en un exótico escenario, plagado de referencias sociopolíticas y adornado con enormes actuaciones musicales. Esta apetecible mezcla parece obra del mejor guionista posible, ¿verdad? Sin embargo, todo esto sucedió en la realidad y la ‘única’ labor del director del documental que nos ocupa, Leon Gast, fue la de montar con maestría un ingente material de archivo. El filme aborda la loca empresa de celebrar en 1974 en el Zaire (actual República Democrática del Congo) el ‘combate de todos los combates’, el llamado ‘The Rumble in the Jungle’: el que enfrentó, con el título del peso pesado en juego, al aspirante, Muhammad Ali, y al campeón, George Foreman. Gast centra su análisis en los prolegómenos del combate, en el que un Ali en todo su esplendor de rebeldía, carisma e inteligencia se hace pronto con el fervor de la población local con sus multitudinarias apariciones y sus ya tradicionales provocaciones hacia Foreman, el favorito del sistema, la figura del ‘negro bueno’ para los blancos que siempre detestó Ali. Las múltiples resonancias del evento son diseccionadas por grandes figuras presentes en la cita como Norman Mailer o George Plimpton, mientras que, paralelamente, primeras espadas de la música negra como James Brown o B.B.King aparecen actuando en un festival asociado al combate que mereció un posterior documental propio a cargo del propio Gast, “Soul Power” (2008). Merecido ganador del Oscar al Mejor Documental en 1996, “Cuando éramos reyes” es toda una lección de cine y de vida.

“LA TORMENTA DE HIELO” (1997)

Nos ha dejado grandes obras en los años posteriores, entre ellas sus mayores obras maestras -“Tigre y Dragón” (2000) y “Brokeback Mountain” (2005)- , pero no diríamos ninguna barbaridad si consideramos la década de los 90 la época dorada del director taiwanés Ang Lee. Tras acumular en apenas tres años un trío de ases como “El banquete de boda”, “Comer, beber, amar” y “Sentido y sensibilidad”, Lee completó su póker particular en 1997 con “La tormenta de hielo”, una película que si bien tuvo un considerable impacto en su estreno, no ha acabado de ganar -injustamente- la batalla del tiempo. Inspirado en una novela homónima de Rick Moody, Lee nos introducía en el Día de Acción de Gracias de 1973 que viven dos familias de clase alta en una población de Connecticut. Ejemplificando perfectamente el choque de épocas entre los optimistas 60, con la experimentación sexual como estandarte, y los pesimistas 70, que despertaron bruscamente a los estadounidenses de aquella época dorada, la trama hurga con un bisturí ensañador en una fiesta sexual de los adultos llena de resquemores, tiranteces y polvos culpables, mientras que sus hijos también aprovechan como pueden para satisfacer sus nacientes impulsos sexuales. El ‘crescendo’ del filme, que viaja del drama burlón hasta la tragedia más desoladora, tiene su punto culminante en una secuencia absolutamente magistral -la tormenta de hielo del título- que pone los pelos de punta y demuestra toda la sapiencia de un Lee en uno de sus mejores momentos. El lujoso reparto –Kevin Kline, Sigourney Weaver, Joan Allen, Tobey Maguire, Elijah Wood, Christina Ricci, Katie Holmes– no hace sino engrandecer aún más un filme indispensable.

“PLEASANTVILLE” (1998)

Uno recuerda no saber apenas nada de “Pleasantville” y verla en un pase televisivo sin demasiadas ganas de ver algo trascendente. Poco duró el descanso, pronto me di cuenta de que no estaba ante una película cualquiera y tuve que poner en funcionamiento mis sentidos de inmediato para disfrutar debidamente de uno de los grandes títulos de culto del Hollywood de los 90. La ópera prima del guionista Gary Ross no pudo ser más definitiva y nunca ha podido superarla. En un principio, parece una simple trama de evasión cuando dos hermanos adolescentes y totalmente opuestos (encantadores Tobey Maguire y Reese Witherspoon) son ‘abducidos’ por su televisor y pasan a habitar el mundo de “Pleasantville”, un serial de los años 50 en blanco y negro en el que se vive en un ‘status quo’ perfecto, de felicidad perpetua y sin apenas conflictos. Sin embargo, la repentina aparición de estos dos intrusos revoluciona esa pacífica existencia, introduciendo ideas tan ‘revolucionarias’ como la autorrealización, la pulsión del sexo fuera del matrimonio o la puesta en duda de lo establecido, tiñendo progresivamente de color, a medida que van calando estas ideas en la población, un mundo que sus gobernantes quieren mantener inmaculado. Perfecta metáfora de lo que supuso el paso de los bienpensantes años 50 estadounidenses a los expansivos 60, “Pleasantville” se presenta como una obra que logra un virtuoso equilibrio entre la comedia de situación, el sentido de la maravilla mediante sus avezadas técnicas digitales y la profunda reflexión social, resultando en un entretenimiento de altas prestaciones, en la línea de lo que en esos días también supuso la aún superior “El show de Truman”. En definitiva, lo que Hollywood nunca tuvo que dejar de ser.

“HOY EMPIEZA TODO” (1999)


Uno de los grandes directores franceses de siempre, el enciclopédico Bertrand Tavernier, vivió una segunda etapa dorada en los 90 muy a tener en cuenta. Tras la elogiadísima “Capitán Conan” (1996), puso el broche final a la década con la que es, muy probablemente, la mejor muestra de cine social de un decenio especialmente afortunado en ese género. Más humano que nunca en su trayectoria, la toma de conciencia de un profesor de párvulos (extraordinario Philippe Torreton) y su lucha por mejorar las condiciones de vida de sus alumnos, afectadas por la grave crisis del sector minero que asola a sus familias, supone una muestra palmaria del genio de Tavernier, que emociona en cada secuencia en un ‘crescendo’ imparable que, durante su desolador trayecto, te va poniendo nudos en la garganta cada pocos minutos ante la entrega del educador, las miserias de los habitantes del pueblo y la agotadora lucha contra los poderes públicos. Una obra maestra que generó en su época un fervor de culto en España casi inaudito en cuanto a filmes galos y que ahora no deberíamos olvidar ni lo más mínimo. Una película que debería ser visto en cada aula del país.

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