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Renovarse (como Lichis) para no morir (como Fito)

03/11/2014

fito_lichis

En esto de la música, al igual que en el resto de las artes, e incluso de la vida me atrevería a decir, a todo el mundo le llega el momento de decidir si evolucionar, renovarse, dar un paso en otra dirección, con la consiguiente amenaza de errar al salirse del camino que se domina con los ojos cerrados, o bien mantenerse cómodamente instalado en ese rinconcito que finalmente se ha encontrado en el que no hay peligro de equivocación, no hay riesgo, pero sin embargo está siempre amagante la espada de Damocles de la reiteración. Mirando a los clásicos, que es donde siempre hay que mirar, tenemos claros modelos del primer caso en Bowie o los Beatles, ejemplificando como nadie el segundo extremo AC/DC o los Ramones. Valga esta pequeña introducción para acometer los nuevos trabajos de Lichis, antiguamente conocido como La Cabra Mecánica, (“Modo avión”) y Fito & Fitipaldis (“Huyendo conmigo de mí”), ya que ambos podrían también ser prototipos de las dos opciones expuestas. Mientras el primero, cansado de una propuesta no entendida del todo por el gran público, a pesar de haber contado con el beneplácito del gran público en algún momento de su trayectoria (bendita “Lista de la compra” y maldito “No me llames iluso“), ha buscando otros rumbos en su nuevo álbum (sin girar completamente, ya que ciertamente su nuevo sonido ya estaba presente en algunas composiciones anteriores, nunca las más conocidas), el segundo insiste en una fórmula que le ha llevado a convertirse en ‘top’ del rock nacional.

Las carreras de estos dos tipos convergieron por primera vez, a menos según tengo conocimiento,  allá por 2003, en el tercer disco de Fito & Fitipaldis, “Lo más lejos a tu lado”, donde Lichis colaboraba en “La casa por el tejado”, el primer single del álbum. En aquella época, el exlíder de Platero y tú luchaba por sacar a flote una carrera en solitario, y vaya que si lo consiguió, precisamente con este disco, y concretamente con el segundo single, aquel “Soldadito marinero” que le metió de lleno en las grandes ligas, para su suerte o desgracia. Por su parte, La Cabra Mecánica estaba empezando a sufrir la resaca de un éxito demasiado masivo. Esa rumbita que era parte de su propuesta, pero ni mucho menos la única ni más interesante, comenzaba a arruinar el proyecto, ahogado en las aguas del éxito. En este cruce se produjo el despegue definitivo de Fito y el ocaso de Lichis, como si el ‘madrileño canalla’ le diera el testigo de las masas al ‘vasco pequeñito y simpático’. Sus carreras volvieron a juntarse en 2009, cuando Fito tomó una canción de La Cabra, “Todo a cien”, para versionarla en su quinto disco de estudio, “Antes de que cuente diez”. Además, en esa gira Fito llevó como telonero a La Cabra Mecánica, lo que da idea de cómo habían evolucionado ambas bandas en los últimos años.

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Y más o menos desde entonces, continuidad y silencio. Fito siguió exprimiendo el éxito con una interminable gira, y La Cabra Mecánica puso punto y final a su historia. Y nos plantamos en el otoño de 2014. Como ya hemos apuntado, primer disco en solitario de Lichis y sexto álbum de Fito & Fitipaldis.

Lichis
“Modo avión”

lichis_modo_avion-portada

La última entrega de canciones inéditas de Lichis databa de 2005, aquel “Hotel Lichis” que se me antoja el mejor disco de La Cabra Mecánica y en el cual hacía un repaso a todos los palos tocados en su trayectoria, ahora de vuelta de todo, con madurez y rabia. Ya allí temas como “Gracias por nada”, “Antihéroe” o “Como Penélope en la estación del AVE” apuntaban el estilo que desarrollaría en su primera acometida en solitario, un estilo que no era nuevo para él (“Drip pop” o “Sobre cañones y moscas”, en sus dos primeros álbumes), y que se reafirmaría en “Valientes”, una de las tres únicas canciones nuevas del recopilatorio con el que dio carpetazo a La Cabra (“Carne de canción”). Es por esto que el giro de timón se intuye como algo natural, como un desarrollo normal a lo largo de casi una década, más que como un quiebro artístico forzado. Y este nuevo traje del que hablamos es básicamente un sonido próximo a Bob Dylan o Tom Petty, un sonido americano clásico que no inventa nada pero que es un placer escuchar cuando se hace con gusto y claridad de ideas.

Ciertamente, Lichis no escatimó en tiempo ni medios para este disco. Y es que la nómina de músicos con los que se ha permitido grabar  haría llorar de envidia a más de uno y de tres (Marc Ribot, Pete Thomas, David Mansfield y Andy Hess, entre otros, son habituales de artistas de la talla de Elvis Costello, B.B. King, Bob Dylan o Tom Waits. Ahí es nada). La producción de otro ilustre, Joe Blaney, acaba por dar al trabajo un empaque, concreción y homogeneidad muy agradecida.

Así, “Casi rock and roll” abre bien en alto, con una melodía y un nuevo estilo de cantar y entonar que ya pone al bueno de Dylan en primera plana. “Salir a asustar” es otra de las grandes del disco, un tema sobre el paso del tiempo, la revisión de la juventud desde la madurez (“Amigo estoy de vuelta en la ciudad, y quiero brindar contigo ahora que ya no salimos, ya no salimos a asustar”), que a mi personalmente me recuerda mucho a “La fábrica” de Quique González. A continuación aparece “Horas de vuelo”, el primer single del disco, que con un estilo country a lomos de un ritmo trotón y una deliciosa slide es una perfecta declaraciones de intenciones, si bien no creo que esté entre los cortes más destacados.

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“Tinkywinky” es un juguetón honky tonk que temáticamente puede recordar en parte a las canciones más canallas de La Cabra. “Tan felices” retoma el corte clásico bajo un manto de guitarras, manteniéndose las acústicas como base de “Dinero por nada”, quizás la más melancólica del disco (“Me estoy haciendo viejo, no me quedo a ver el bis. No me fio de los buenos, mucho menos de ti”). “Tics raros” retoma el gusto por el Tom Waits blusero-industrial, entroncando con aquella “Pinocho” del “Hotel Lichis”, con una armónica salvaje y unos punteos endiablados que acompañan a un Lichis más desafiante que nunca. Ya en la recta final, “Tal vez Buenos Aires” destaca por la presencia de las cuerdas y por posiblemente el estribillo más inspirado. Las dos últimas, “Televisión de madrugada” y “Enemigos”, con el piano tomando protagonismo, son posiblemente las más tristes y maniacodepresivas, como diría el propio Lichis (“Por favor, para esta mierda, estoy donde querías. Luché por ti, contra ti, contra mi leyenda negra”).

Si algún pero le pongo a esta nueva reinvención son las letras. Personalmente creo que Lichis es de los mejores letristas que hay en España, una suerte de cruce entre Robe Iniesta y Joaquín Sabina, y en esta ocasión no todas ellas me sacan la sonrisa o la lágrima. Bien es cierto que él mismo se planteó su nueva aventura en estos términos, con un regreso a los sonidos más clásicos y unas letras más sencillas, huyendo de metáforas retorcidas o ingeniosos juegos de palabras, precisamente donde Fito no se corta…

Fito & Fitipaldis
“Huyendo conmigo de mí”

Fito y Fitipaldis_Huyendo conmigo de mí_Portada

-¿Qué tal el nuevo disco de Fito?

-Bien, pero me pone un poco de mala hostia.

Me explico. Si estuviéramos ante su primer trabajo lo celebraría casi con efusividad. O si viniera de ‘otras historias’, igualmente. El problema, y no es asunto baladí, es que es la tercera vez que saca este disco. Después de un refrescante y modesto debut con “A puerta cerrada”, una apertura de miras con “Los sueños locos”, y su llegada a la primera fila con “Lo más lejos a tu lado”, desde entonces ha editado el mismo disco titulándolo “Por la boca vive el pez” en 2006, “Antes de que cuente diez” en 2009 y “Huyendo conmigo de mí” en este 2014. No se trata de que deba reinventarse en cada entrega, descubrir la pólvora cada año o tocar diferentes estilos en cada canción. Pero calcar el sonido una y otra vez, repetir las mismas estructuras tanto en los discos como en las canciones y autoplagiarse continuamente las melodías me parece que empieza a clamar ya un poco el cielo y le quita muy buena parte del mérito.

Al margen de este inmovilismo, esta nueva colección de canciones da lo que propone, ese rock para todos los públicos hecho con gran (demasiada quizás) profesionalidad y solvencia, con pequeñas dosis de blues, con algo de swing, con gotitas de rock n’ roll clásico, con esa guitarra cada vez más cerca de los Dire Straits, y con esos textos juguetones basados en contrariedades y oposiciones, en bailes de palabras, pero que esconden tras ellos historias honestas y más sangre de lo que pudiera parecer. En la producción, su mano derecha, Carlos Raya, y en las mezclas, Joe Blaney, encontrando así otro nexo de unión entre Fito y Lichis.

Como es habitual, abre Fito el disco con su primer single, “Entre la espada y la pared”, con el que ya sabes que no vamos a descubrir muchas cosas nuevas, si bien se trata de una buena canción en la que altera la estructura esperada, al tratarse de un tema sin estribillo (aunque en más de una ocasión parece que va a aparecer el “Que te voy a decir, si yo acabo de llegar…”) y con los puentes tomando el protagonismo hasta el explosivo final.

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“Lo que sobra de mí” y “Pájaros disecados” resultan típicamente esperadas, con una guitarra sonando cada vez más a Mark Knoppler. “Nada de nada” entronca musicalmente con la anterior “Qué necesario es el rock&roll”, si bien esta vez Fito abandona temáticamente la instrospección para mirar hacia fuera, en una casi inédita en su repertorio canción social. Una de las joyitas del disco es la versión del tema de La Mandrágora “Nos ocupamos del mar”, una deliciosa letra de Javier Krahe que Fito lleva a su terreno con suma facilidad. “El vencido” es el título de la balada blues habitual (con ecos, y más que ecos, de “Que me arrastre el viento”), tema que me produce de nuevo la contrariada sensación de satisfacción por lo que suena pero cabreo por la autocomplacencia. La siguiente, “Garabatos”, es quizás la canción más cercana a Platero y tú de toda su carrera en solitario, y se celebra, y se agradece el retorno a los tintes más urbanos, más frescos, incluso en la letra (“Y la quise besar y ella quería morderme,  toda mi vida es un gesto que solo tus ojos entienden). El tempo vuelve a calmarse con “Lo que siempre quise hacer”, declaración de intenciones en forma de correcto blues, demasiado correcto, demasiado limpio, y es que definitivamente a estos Fitipaldis les vendría bien algo de “desaliño”, algo de la crudeza de, por ejemplo, su “hermano” Robe Iniesta. La instrumental en esta ocasión se llama “Umore ona”, y es de nuevo un ejercicio de rock clásico al que no se le puede reprochar nada formalmente. Y el broche lo pone “Después del naufragio“, la única que ha conseguido “pellizcar” algo al arriba firmante, donde la sinceridad la encuentro más a flor de piel (“Desperté y salí de la sombra, me curé cada hueso y empecé a olvidar noche a noche los recuerdos”) y me sirve para no terminar la escucha excesivamente mosqueado.

lichis y fito

Dicho esto, seguro que hay gente de la opinión de que si algo está bien…para qué cambiarlo, que pararse es muchas veces la mejor forma de avanzar (esto parece extraído de una letra de Fito), o no, o incluso quizás yo también lo piense a veces, porque igual que me encantan Bowie y los Beatles, tampoco me canso de escuchar a AC/DC y los Ramones.

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6 comentarios leave one →
  1. Arzu permalink
    05/11/2014 4:00

    Después de ser amante de Platero y tras correrme con él alguna juerga en Umore Ona entre otros lares, de Fito me apasionan por desgracia cada vez menos cosas. Ahora, cómo mola la parte del videoclip en la que simulan una barra de bar.
    No es que me disgusten sus discos, comparto todo lo que dices; pero soy de los que esperan que el próximo me emocione como sólo él logró hacerlo.
    Sé, de primera mano, que aún es capaz de sorprendernos con un buen puñado de canciones que formen un álbum más espontáneo y menos fabricado, que sea tan bueno o más que los anteriores, pero que tenga un toque más experimental. Para el siguiente, sí o sí, se me antojará necesaria una vuelta de tuerca, una evolución. Eso sí, de los AC/DC no esperare nunca eso ni falta que me hará, pues su gracia está en que siempre tocan la misma maravillosa canción.
    Saludos, Arzu.

    • Sergio Almendros permalink*
      06/11/2014 13:47

      tenemos una visión parecida. los discos son correctos, demasiado correctos. esperemos que se suelte y regrese a la espontaneidad de su primer disco en solitario.
      un saludo arzu

  2. Pako Pacodemipaco permalink
    07/11/2014 11:49

    Muy de acuerdo con tu análisis del disco de Lichis, para mí uno de los mejores discos de 2014 (aunque también coincido contigo en que en las letras, a pesar de destellos notables, se echa en falta la pluma afilada que tenía cuando era La Cabra Mecánica).

    • Sergio Almendros permalink*
      07/11/2014 11:52

      es cierto que las letras son menos “agradecidas”, menos inmediatas, más a ras de suelo. pero imagino que forma parte de su nueva propuesta.
      gracias por tu visita

  3. Nico Ira permalink
    17/05/2015 14:57

    Por desgracia en Argentina se conoce poco y nada de la cabra (lo mismo vale para olatero), y a Fito lo conocimos x el 2 son multitud a medias con Andrés Calamaro, que de hecho me parece el gran responsable que Fito no haya decidido modificarse en la ultima década. Son dos formas de abordar la música igualmente validas, me gusta Radiohead y Motörhead, REM y Ac/Dc, aquí pasa exactamente lo mismo, por suerte disfruto de Fito y lamentablemente, x culpa de las discograficas que prefieren editar regueton y otras bazofias, me pierdo a Lichis

    • Sergio Almendros permalink*
      18/05/2015 8:38

      compañero Nico Ira, estoy seguro de que, a pesar de que Lichis o La Cabra Mecánica no hayan sido editados en Argentina, tendrás posibilidad de acceder a ellos en estos días que sufrimos/disfrutamos (véase youtube, spotify…). Un
      saludo

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