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Edgar Allan Poe: mofa de todo lo mundano

31/10/2014

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Hay una guirnalda de gatos negros sobre mi cabeza, mire a donde mire sólo veo calabazas sonrientes mostrando sus cómicamente terroríficas dentaduras y los comercios están llenos de disfraces baratos. Hoy es Halloween, una fiesta que muchos se empeñan en no disfrutar y que a otros, aunque no nos haya correspondido pedir caramelos de puerta en puerta en nuestra infancia, nos encanta. Todos los años por estas fechas los blogs se llenan de artículos temáticos, de parrafadas sobre el origen de este festivo, de recomendaciones de películas para pasar una noche de miedo, clásicos imprescindibles y episodios escalofriantes para los seriéfilos. Es una lástima que entre la diversión que nos suponen el cerveceo, las palomitas, las risas y los sobresaltos, las letras queden relegadas durante este día a un segundo plano. Por eso este año El Cadillac Negro ha decido cargar con el rol defensor de las bellas artes y hablar del maestro entre los maestros de la literatura de terror: Edgar Allan Poe.

Puede que algunos de vosotros os estéis preguntando por qué elegir a un autor al que todo el mundo conoce y del que casi todo el mundo (se dice) ha leído algo, pero es esa posible pregunta la que me ha llevado a querer hacerle un homenaje en este día en que, con gusto, va a reinar la oscuridad. Porque es una pieza indispensable en el canon literario del género de terror y el padre de los relatos de detectives, porque muchas obras literarias que sucedieron a las suyas y la literatura actual no podrían entenderse sin su legado, porque su presencia continúa en todas las artes, porque en los estudios de filología, dos siglos después, seguimos utilizando sus magníficos textos sobre crítica y teoría literarias. Porque, seguramente como unos cuantos de vosotros, llevo enamorada de sus relatos y su poesía desde antes de que me llegara la edad de cuestionar el mundo.

No estamos aquí para hablar de su vida, que, por supuesto, estuvo llena de demonios. Pero las circunstancias que rodearon a su muerte siguen siendo a día de hoy un misterio y las especulaciones acerca de ellas no dejan de fascinarnos. Como en muchos otros escritores y poetas malditos (especialmente si hablamos del Dark Romanticism), el uso de estupefacientes como medio de ilustración creativa y autodestructiva estuvo más que presente y existen bastantes posibilidades de que a Poe le llegara el cierre de su historia a causa del delírium trémens. De hecho, en mi cabeza, lo último que vio fue al cuervo. No hay forma de convencerme de que esa escalofriante criatura parlante, portadora de horribles augurios, no estuvo allí para ver morir al genio y pronunciar unas palabras que jamás conoceremos.

Podríamos considerarlo la figura central de la literatura gótica y su obra, como he mencionado, forma parte del romanticismo oscuro. Sus aportaciones al género están plagadas de tinieblas, surrealismo y obsesión por la muerte, se aprecia en ellas un claro rechazo por las cosas más comunes, por todo lo mundano, una angustia casi exquisita que dota a toda su producción literaria de una elegancia macabra. No sólo nos dejó una amplia bibliografía de terror, ya que sus relatos de misterio, humor y aventuras no son menos dignos de admiración, pero en cierto sentido, ya que hablamos del siglo XIX, Poe fue un paso más allá  en el género de terror con sus relatos claustrofóbicos y sus gráficas descripciones. Tampoco podemos obviar el hecho de que fue la principal fuente de inspiración de autores imprescindibles como H. P. Lovecraft, rey del terror cósmico y padre de Cthulhu, quien reconoció innumerables veces su admiración. En las montañas de la locura, su célebre novela corta, es al fin y al cabo un homenaje a Las aventuras de Arthur Gordon Pym, la única novela de Edgar Allan Poe. A sus cuentos detectivescos también debemos la existencia de Sherlock Holmes, la creación más importante de Arthur Conan Doyle. Escritores de la talla de Kafka, Borges e incluso Baudelaire, en mayor o menor medida, se vieron influenciados por su obra.

Y supongo que ha llegado el momento de hacer lo que he venido a hacer, recomendar y compartir con vosotros mi selección de imprescindibles en la narrativa breve de Poe. Los diez relatos escogidos (con un bonus track poético al final), son, en general, de sobra conocidos e increíblemente representativos dentro de su obra. Si ya os habéis perdido innumerables veces en sus letras, es ésta una buena ocasión para mirar hacia ellas con renovada curiosidad. Al fin y al cabo, siempre queda algo que decir. Si aún no lo habéis hecho, nunca viene mal un mapa que nos guíe a la hora de adentrarnos en terreno desconocido.

“El pozo y el péndulo”

Con un prisionero de la inquisición española como narrador, “El pozo y el péndulo” es un relato delirante, angustioso y perturbador. Nos sitúa al protagonista atado en una celda y sólo con dos opciones: un péndulo con una guadaña al extremo que, sin lugar a dudas, sesgará su existencia, o un pozo de incalculables y oscuras profundidades al que lanzarse. La narración se convierte en un juego psicológico gracias al miedo y ansiedad descritos en primera persona, a la lentidud de las acciones y a una historia completamente focalizada en las sensaciones, que no son agradables. Además, el terror infligido al lector es completamente ajeno a circunstancias y elementos sobrenaturales, convirtiendo la lectura en una experiencia mucho más realista de la que ofrecería cualquier historia de fantasmas.

De todas las adaptaciones a la pantalla que se han hecho de este relato (y sólo una de ellas relativamente digna), valdría la pena mencionar como curiosidad el corto de animación creado por Ray Harryhausen. Por supuesto, no recomiendo verlo sin antes haber leído el texto. No merece la pena destripar la experiencia de una narración magnífica en cinco minutos.

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Y en este pensamiento me detuve. No me atrevía a ir más allá de él. Insistí sobre él con una sostenida atención, como si con esta insistencia hubiera podido parar allí el descenso de la cuchilla. Empecé a pensar en el sonido que produciría ésta al pasar sobre mi traje, y en la extraña y penetrante sensación que produce el roce de la tela sobre los nervios. Pensé en todas esas cosas, hasta que los dientes me rechinaron. Más bajo, más bajo aún. Deslizábase cada vez más bajo. Yo hallaba un placer frenético en comparar su velocidad de arriba abajo con su velocidad lateral. Ahora, hacia la derecha; ahora, hacia la izquierda. Después se iba lejos, lejos, y volvía luego, con el chillido de un alma condenada, hasta mi corazón con el andar furtivo del tigre.

“El gato negro”

Una de las piezas de narrativa breve más célebres no sólo del autor, sino de la literatura en general. Uno de los puntos fuertes de esta historia es el de contar con un narrador no fiable, utilizado con frecuencia en la literatura posterior y magníficamente reflejado en novelas como, por ejemplo, The Turn of the Screw, de Henry James. Este narrador, que adora a su gato, acaba terminando con la vida del animal al perder el control por culpa de su alcoholismo. Las circunstancias se tornan aún más retorcidas y siniestras cuando aparece un segundo gato terriblemente similar a su añorado Pluto. Este gato, que en primera instancia se antoja un consuelo,  parece traer consigo una cadena de desgracias, infortunios que se van acrecentando hasta un final fatal. El relato trata temas recurrentes en la obra de Poe como son la repulsión, el miedo y las supersticiones, pero sobre todo destaca por su brillante uso de la culpa, una culpa casi tan aguda como la que Hermann Hesse retrataría con sus letras casi un siglo después.

No obstante, yo no estoy loco, y ciertamente no sueño. Pero, por si muero mañana, quiero aliviar hoy mi alma. Me propongo presentar ante el mundo, clara, suscintamente y sin comentarios, una serie de sencillos sucesos domésticos. Por sus consecuencias, estos sucesos me han torturado, me han anonadado. Con todo, sólo trataré de aclararlos. A mí sólo horror me han causado, a muchas personas parecerán tal vez menos terribles que estrambóticos. Quizá más tarde surja una inteligencia que de a mi visión una forma regular y tangible…

“El retrato oval”

“El retrato oval” es, junto con “La máscara de la muerte roja”, uno de los partos más breves de la mente de este genio. Es también, sin embargo, una de las piezas más susceptibles de analizar y de las que más significados pueden obtenerse, y no me cabe la menor duda de que fue una fuente de inspiración vital para la célebre novela (su única novela) que Oscar Wilde bautizó como El retrato de Dorian Gray. Este relato es un magnífico ejemplo del mise en abyme, la historia dentro de la historia. El narrador pasa la noche en un castillo abandonado y halla un libro en el que se cuenta el origen de varias pinturas, entre ellas una que se encuentra en su morada y que muestra el bello rostro de una joven. Según el libro, el pintor y marido de la joven llegó a obsesionarse de forma tan insana con la elaboración del retrato que a cada pincelada iba consumiendo la vida de ésta.

Como he comentado, estas breves páginas ofrecen una gran multitud de análisis, pero mi propia conclusión es que Poe trató de demostrar que la obsesión por la perfección se encuentra en los rincones más oscuros de la naturaleza humana, y en este caso, la muerte (el final) llega de la mano del arte. En contraposición a “El retrato oval” (siempre me ha gustado comparar estos relatos), también encontramos en “The Birthmark”, de Hawthorne, la muerte que llega por culpa de esa obstinación con la perfección, pero que viene de la mano de la ciencia. Hawthorne nos cuenta cómo un científico, completamente obsesionado por hacer desaparecer la única marca imperfecta del cuerpo de su esposa, termina por matarla. Por supuesto, y a pesar de la brillantez del segundo autor, siempre me quedaré con el relato de Poe y esa exclamación final que, sin pensar demasiado, puede resultar desgarradora.

 ¡Ciertamente, esta es la vida misma!

“El corazón delator”

Este relato guarda varios puntos en común con “El gato negro”, no sólo en lo que concierne al argumento y desenlace de las historias, sino en cuestiones narratológicas como el tipo de narrador (que en ambos casos es un narrador no fiable) o en los temas que en ellas se tratan, como la obsesión, la repulsa y la paranoia. Esta historia, también archiconocida, nos narra cómo el protagonista, terriblemente obsesionado con el rechazo que la causa el ojo enfermo del anciano con el que vive, un día decide asesinarlo y esconder su despedazado cuerpo bajo el entarimado del suelo de la casa. Es el miedo del asesino, la psicosis permanente con la que ahora ha de cargar, el verdadero causante del desenlace del relato, donde no hay elementos sobrenaturales sino una sugestión insoportable.

Me resulta imposible decir cómo surgió en mi cabeza esa idea por primera vez; pero, una vez concebida, me persiguió día y noche. No perseguía ningún fin. No había pasión. Yo quería mucho al viejo. Nunca me había hecho nada malo. Nunca me había insultado. No deseaba su oro. Creo que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre. Era un ojo de un color azul pálido, con una fina película delante. Cada vez que posaba ese ojo en mí, se me enfriaba la sangre; y así, muy gradualmente, fui decidiendo quitarle la vida al viejo y quitarme así de encima ese ojo para siempre.

 “El tonel de amontillado”

Curiosamente, y siendo éste uno de sus más famosos relatos, “El tonel de amontillado” no suele colarse entre los favoritos de los lectores de Edgar Allan Poe. Un relato que a mí, personalmente, me encanta. Un relato lleno de sadismo, con unos toques de humor negro que no pasan fácilmente desapercibidos y que, sobre todas las cosas, cuenta con una narrativa impecable. Nos cuenta la historia de una venganza, la venganza de Montresor hacia Fortunato, al que conduce ebrio hasta las catacumbas de su casa para consumar con frialdad su represalia. Quizá el verdadero misterio de esta historia, el punto más oscuro, es la causa que lleva a Montresor a cometer ese horror final, ya que sólo se habla de una pasada humillación y toda interpretación queda libre para el lector. ¿Era en realidad el protagonista de la historia víctima de la locura?

¡Una excelente broma, por cierto! ¡Una excelente broma!

“Los crímenes de la calle Morgue”

Pionero, iniciador de una tradición. Este es el primer relato detectivesco propiamente dicho en la historia de la literatura, la primera de las tres piezas narrativas en las que aparece el aficionado detective M. Dupin (junto a “La carta robada” y “El misterio de Marie Rogêt”) y, como he mencionado previamente, el culpable del posterior éxito de la monumental serie de novelas y relatos sobre Sherlock Holmes que Arthur Conan Doyle creó.

Encontramos a Dupin investigando el terrible crimen que ha acabado con la vida de dos mujeres, madre e hija, por las calles de París. La historia reta al lector en distintos niveles, casi haciéndolo partícipe de la resolución de un caso que parece imposible, el de esas dos mujeres brutalmente asesinadas en una habitación cerrada, llevándolo a imaginar posibilidades que quedarán lejísimos de la revelación final. También he mencionado con anterioridad que Poe fue un autor realmente moderno en su trabajo, algo que queda demostrado en la extrema violencia que rodea al crimen y en la confrontación entre intelecto y brutalidad de la que el final está impregnado.

foto doble asesinato en la calle morgue 2

Esta facultad de resolución está, posiblemente, muy fortalecida por los estudios matemáticos, y especialmente por esa importantísima rama de ellos que, impropiamente y sólo teniendo en cuenta sus operaciones previas, ha sido llamada par excellence, análisis. Y, no obstante, calcular no es intrínsecamente analizar. Un jugador de ajedrez, por ejemplo, lleva acabo lo uno sin esforzarse en lo otro. De esto se deduce que el juego de ajedrez, en sus efectos sobre el carácter mental, no está lo suficientemente comprendido. Yo no voy ahora a escribir un tratado, sino que prólogo únicamente un relato muy singular, con observaciones efectuadas a la ligera.

“La caída de la Casa Usher”

Maravilloso como pocos, “La caída de la Casa Usher” es uno de los relatos más inspiradores para el arte posterior. Roderick Usher, un artista excéntrico, invita a un amigo (el narrador de la historia)  a su viejo caserón. La única compañía permanente del artista es su hermana, quien desafortunadamente muere y es enterrada en una cripta. A pesar del dolor y el luto, en el viejo Usher comienza a despertarse un terror sobrecogedor que contagia al lector y que viene provocado por unos ruidos terribles y una corazonada macabra. Es uno de los mejores cuentos góticos clásicos de la historia, una de las primeras muestras de terror psicológico que dio la literatura y quizá el relato de Poe que más veces ha sido adaptado a la pantalla (teniendo en cuenta que casi toda su obra ha pasado por el cambio de formato innumerables veces).

En esta historia se repite un tema recurrente en la bibliografía del escritor, el del enterramiento y la angustia del ser humano por presenciar el propio, algo que también se muestra en “El entierro prematuro”, donde el narrador sufre de catalepsia y vive enfermizamente obsesionado con ser enterrado vivo. Las perspectivas son diferentes en ambos casos, desde luego, y la intención del autor es distinta en los dos relatos, pero no pueden pasarse por alto ciertas similitudes.

Por supuesto, no iba a pasar de puntillas sin mencionar mi homenaje favorito (tanto a Poe como al relato) y que llegó de la mano de Ray Bradbury con “Usher II”, una de las historias que comprende Crónicas Marcianas y de la que hablé en el post que le dediqué en el segundo aniversario de su muerte.

Vi que era un esclavo sometido a una suerte anormal de terror. “Moriré -dijo-, tengo que morir de esta deplorable locura. Así, así y no de otro modo me perderé. Temo los sucesos del futuro, no por sí mismos, sino por sus resultados. Me estremezco pensando en cualquier incidente, aun el más trivial, que pueda actuar sobre esta intolerable agitación. No aborrezco el peligro, como no sea por su efecto absoluto: el terror. En este desaliento, en esta lamentable condición, siento que tarde o temprano llegará el periodo en que deba abandonar vida y razón a un tiempo, en alguna lucha con el torvo fantasma: el miedo”.

“El hombre de la multitud”

Es uno de los cuentos que más desapercibido suele pasar en toda la bibliografía de Edgar Allan Poe, pero a mí me cautiva una y otra vez con cada lectura. “El hombre de la multitud” se presenta como un relato muy breve y con una idea tan sencilla como inquietante: la de un hombre, narrador sin nombre, al que se le despierta una inmensa curiosidad por un anciano de harapientas vestiduras y decide perseguirlo por las calles de Londres durante dos días.

De nuevo el autor (como en “El tonel de amontillado”) deja todas las interpretaciones posibles al lector, que dos siglos después continúa sediento de significados. ¿Cuáles son las razones de esta siniestra fascinación del narrador por un desconocido? ¿Guarda ese desconocido realmente algún terrible secreto? Incluso críticos y teóricos se atreven a afirmar que en realidad el narrador se persigue a sí mismo.

 Hay ciertos secretos que no se dejan expresar. Hay hombres que mueren de noche en sus lechos, estrechando convulsivamente las manos de espectrales confesores, mirándolos lastimosamente en los ojos; mueren con el corazón desesperado y apretada la garganta a causa de esos misterios que no permiten que se los revele. Una y otra vez, ¡ay!, la conciencia del hombre soporta una carga tan pesada de horror que sólo puede arrojarla a la tumba. Y así la esencia de todo crimen queda inexpresada.

“Berenice”

El protagonista de esta historia va a casarse con su prima, Berenice, que padece una enfermedad degenerativa que la va consumiendo día tras día hasta el último de ellos. La única parte del cuerpo de Berenice que parece no sucumbir al deterioro es su dentadura, una dentadura perfecta con la que su primo empieza a vivir obsesionado. Este es, sin lugar a dudas, uno de los relatos más sádicos de Poe, llegando a ser censurado en el tiempo de su publicación, e importantísimo también en la tradición literaria gótica, siendo una inspiración no sólo para la tradición literaria, sino para la cultura popular que abarca todo ese cine de terror que tanto nos gusta.

Adquiere también unas connotaciones sexuales bastante notables que no han pasado por alto en ninguna interpretación posterior, consiguiendo que nunca haya dejado de ser una lectura moderna, como una buena parte de su obra. Además, “Berenice” fue el primer relato del autor en presentar a un narrador maníaco, obsesivo e indudablemente enfermo. Una figura que se repetiría a menudo después.

¿Cómo es que de la belleza ha derivado un tipo de fealdad; de la alianza y la paz, un símil del dolor? Pero así como en la ética el mal es una consecuencia del bien, así, en realidad, de la alegría nace la pena. O la memoria de la pasada beatitud es la angustia de hoy, o las agonías que son se originan en los éxtasis que pudieron haber sido.

“La máscara de la muerte roja”

Otro de esos relatos breves, muy breves del autor que resulta delito no leer, célebre y adaptadísimo. La historia ocurre en un antiguo reino víctima de una gran pandemia, “la muerte roja”, que provoca entre quienes lo sufren unas grandes pérdidas de sangre. Ante este panorama desolador, el gobernador, Próspero, decide encerrarse en su refugio junto a otras personalidades de poder y riqueza, abandonando al pueblo a su suerte. Una fatídica noche, éste decide organizar una mascarada a la cual no sólo asistirán sus pomposos camaradas, sino un invitado sorpresa que le hará pagar por todos sus pecados.

El cuento nos presenta una alegoría de lo inevitable, de la muerte y de la justicia, pero además cuenta con unos matices didácticos o adoctrinadores bien marcados, con una evidente lección moral. La muerte roja es una enfermedad ficticia, como tantas han surgido en la literatura, el cine y otros ámbitos artísticos a lo largo de la historia. Sin embargo, es fácil ver que Poe podría estar haciendo referencia a la peste o a la tuberculosis, a los estragos causados por estas y su respuesta política.

Que el mundo exterior se las arreglara por su cuenta; entretanto era una locura afligirse.

 “El cuervo”

Dije al principio de este artículo que la selección finalizaría con un bonus track poético que casi se ha decidido solo, a pesar del drama que me ha supuesto dejar a un lado mi eternamente adorado “Annabel Lee”. Ha sido casi de aplastante lógica, ya que  “El cuervo” no sólo es el más célebre poema de Edgar Allan Poe, sino el gran favorito debido a sus inmensas virtudes. No es simplemente un poema, ya que por su condición narrativa es uno de los mejores cuentos de terror clásicos que cualquier lector puede encontrar.

En una atmósfera gótica, desangelada, oscura y sobrenatural se nos describe el dolor del narrador por la pérdida de su amada Leonor. Un dolor que se ve interrumpido por el terror cuando un cuervo parlante irrumpe en la estancia y se posa sobre el busto de Palas de este afligido joven. El cuervo, que parece traer consigo un augurio espantoso y el culmen de la locura de ese destrozado amante, no cesa de repetir un “nunca más” que ha dejado huella en la historia.

¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Además de ser una influencia para múltiples autores y cineastas que han tratado de plasmar a esta criatura (y esta historia) en el séptimo arte, contamos con una adaptación moderna de “El cuervo” que no va a olvidársenos jamás, y que sin duda ha pasado a la historia de la televisión. Hablo, por supuesto, de la adaptación del poema que pudimos disfrutar en el primer especial de Halloween de Los Simpson, con Bart como el cuervo.

Natural_History,_Birds_-_Raven

Como en este blog somos melómanos sin remedio, no puedo terminar sin mencionar que la basta bibliografía de Poe no sólo ha inspirado a escritores y cineastas, sino también a una cantidad considerable de músicos. Claro, que hoy voy a quedarme con dos pesos pesados: Lou Reed y The Alan Parsons Project.

En primer lugar, si aún no habéis leído el magnífico relato que mi compañero Rodrigo dedicó al primero en el aniversario de su muerte, tenéis que hacerlo sin excusas. “The Raven”, su álbum homenaje al autor, es un disco conceptual que merece la pena escuchar y que trata de pasar por sus poemas y relatos en dos actos. Además, cuenta con unos vocalistas invitados de absoluto lujo.

Tha Alan Parsons Project también quiso aportar a la música el homenaje que Edgar Allan Poe merece con su primer disco, “Tales of Mistery and Imagination”, que se inspira en su obra a través de siete magníficas piezas.

Y ha llegado la hora de decir adiós y adentrarnos en las catacumbas de algún palacete abandonado, como manda la tradición. No olvidéis que cuando de terror se trata, los clásicos entendieron mucho mejor la oscuridad, se rodearon con mucha más elegancia de tinieblas y supieron aprovechar sus demonios, sus miedos y sus tragedias para crear las más aterradoras y maravillosas pesadillas.

Todo lo que vemos o parecemos
Es sólo un sueño dentro de un sueño

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3 comentarios leave one →
  1. Dammed permalink
    01/11/2014 19:19

    Ya hablaremos tu y yo sobre esto… me faltan calificativos para ponerle a esta entrada tan “redonda”.
    Solo decir, que siento impulsos de coger entre mis manos mi libro de “Narraciones Extraordinarias” y volver a leerlo.

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