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“American Gods”: Dioses a bordo de un Cadillac negro

19/06/2017

La adaptación televisiva de “American Gods” ha sido un proyecto de complicada concepción, larga gestación y parto difícil, aunque algunos no teníamos ninguna duda, desde que supimos de su existencia (las primeras noticias datan de 2011), de que acabaría saliendo adelante y viendo la luz, sí o sí. Y es que haber dejado pasar la oportunidad, en este caso, hubiera sido un pecado mortal. Por varios motivos, siendo el primero de ellos que la novela, por su propia naturaleza, era idónea para ser transformada en un producto audiovisual de primer nivel, especialmente en la pequeña pantalla. Cualquiera que leyera el libro se percataría de que su traslación a imágenes no sería nada fácil, y estaría plagada de retos y obstáculos, pero por otra parte podría abrir infinitas y emocionantes alternativas a los encargados de tan compleja misión. Además, estamos hablando no sólo de una novela de gran popularidad, especialmente en EE.UU. (que al fin y al cabo es lo que importa), sino de la más popular de su autor. Y ese autor, Neil Gaiman, además de una celebridad es uno de esos novelistas y guionistas de cómic ˗por acotar˗ cuyo número debe estar en las agendas de los productores de medio mundo. Sin llegar a los extremos de su amigo y mentor Alan Moore, que repudia e incluso boicotea cualquier producción inspirada en su obra, ni a los de Mark Millar, que últimamente parece que no publica nada si no tiene garantizada de antemano su pertinente adaptación, Gaiman se deja querer, no descarta nada y, en algunos casos, alienta y forma parte activa en algunos proyectos, como es el caso de esta “American Gods”.  Él mismo, que cuenta con experiencia como guionista para televisión (“Doctor Who”, “Babylon 5” o su propia “Neverwhere”) y cine (“Beowulf” o “La máscara de cristal”, para su colega Dave McKean) ejerce de productor ejecutivo de la serie, trabajando muy estrechamente con los showrunners Bryan Fuller y Michael Green. Y eso se nota.

Tras su paso frustrado por la HBO, que acabó tirando la toalla en 2014, el proyecto fue rescatado por la cadena Starz y no tardaron en anunciarse los nombres de Fuller y Green para desarrollar la serie. Unas noticias tremendamente esperanzadoras, creo, para cualquier fan de la novela, entre los que me incluyo. Yo reconozco que no había visto anteriormente ningún show de Starz, pero sabía lo suficiente sobre series como “Spartacus”, “Camelot” o “Black Sails” como para tener la seguridad de que la cadena llegaría aún más lejos que la propia HBO a la hora de retratar esa crudeza, violencia y sexo tan presente, y fundamental, en algunos pasajes del libro. Y aunque, en mi humilde opinión, Green no es garantía de nada, pues es capaz de lo mejor (“Logan” o “Kings”) y de lo peor (“Linterna Verde” o “Alien: Covenant”), con el fichaje de Fuller creo que sí entramos todos en éxtasis. Después del copioso y gozosísimo atracón que nos puso en bandeja con “Hannibal”, sabíamos que Fuller era el hombre idóneo para darle a “American Gods” todo el empaque visual y la audacia narrativa que un libro como éste requería. Ahora, tras el cierre de su primera temporada de ocho episodios, ya podemos resolver la cuestión de si nuestras enormes expectativas lograrían ser colmadas, y la respuesta es un SÍ, aunque quizás no tan rotundo como a muchos nos hubiera gustado. “American Gods” es una serie magnífica, que además no traiciona a la novela, y se ha ganado sin discusión su derecho a ser considerado uno de los mejores estrenos del curso. Tan deudora de “Hannibal” como cabría esperar, es un prodigio técnico y artístico, empezando por esos subyugantes títulos de crédito (¿demasiado deudores por su parte de los de “Millennium” de David Fincher?). Nos ha brindado algunos de los minutos de televisión más sobresalientes en lo que llevamos de 2017, y bastantes argumentos para creer en ella y confiar en que seguirá dándonos más alegrías en años venideros. Y aun así, uno tiene que reconocer que su primera temporada ha tenido sus fallas, muy evidentes, y no ha sido ni mucho menos perfecta, aunque algunos sí creímos que llegaría a serlo tras el visionado de sus tres primeros capítulos.

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Yo no me considero, ni mucho menos, un talibán en cuestión de adaptaciones cinematográficas o televisivas. Entiendo todo ese rollo de que una peli es una peli, una serie es una serie, un libro es un libro y un cómic es un cómic, lo que funciona en un contexto no tiene por qué hacerlo en el otro, hablamos de medios distintos con distintos lenguajes, y un espectador nunca recibirá ni procesará la información de la misma forma en que lo hará un lector. Asumo pues que, en una versión filmada, es necesario cambiar, añadir o suprimir muchas cosas que aparecían sobre el papel. Lo que nunca toleraré es esa artimaña de comprar los derechos de una obra en cuestión, haciéndose en la misma transacción con las ilusiones de sus seguidores, para después pasarse vilmente por la entrepierna susodicha obra, perpetrando un producto tan alejado de su fuente original que en algunos casos sólo conserva el título y poco más. Los ejemplos recientes más fragrantes son “Guerra Mundial Z” y “Lucifer” (un personaje, por cierto, ‘creado’ por el propio Gaiman). Así que, siempre que no lleguemos a esos extremos, uno intenta encarar la adaptación de cualquier ficción por la que tenga especial predilección con la mente abierta, predispuesto a dejarse sorprender e intentando no ser muy duro con los posibles deslices. Confieso, eso sí, que a veces es muy difícil no sentir cierta indignación cuando uno ve que se está desaprovechando un material de partida muy valioso, pero creo que esto es inevitable.

Si en el caso de “Juego de tronos”, por poner un ejemplo que la mayoría conoceréis, los responsables de la serie están obligados a resumir mucho, muchísimo, acortar, simplificar o fusionar tramas, eliminar otras tantas, introducir cambios notables e incluso inventarse lo que crean necesario, siempre en pos de que la historia funcione en pantalla y sea lo más accesible para el mayor número de potenciales espectadores, intentando no perder nunca la esencia y el sentido de la saga de George R. R. Martin, en el caso de “American Gods” casi estamos en el espectro contrario. Si uno quiere sacar varias temporadas, como parece clara la intención, de un libro que no llega a las 550 páginas, no sólo puede recrearse a conciencia en el argumento de la obra, sino que tiene la oportunidad de expandirla a placer y explorar sin miedo todas las vías que ésta le ofrezca. Y no se me ocurre una obra que no sólo lo permita, sino que lo estimule más que “American Gods”. Es tan vasto y fascinante el mundo que nos presenta Gaiman, hay tantos personajes e historias apenas apuntadas o sugeridas por el autor que desearíamos conocer, intuimos tantos vericuetos por los que nos gustaría perdernos, que casi sería una herejía que Fuller y Green no optasen por exprimir al máximo todas las posibilidades de la novela. Por suerte, así parecen haberlo entendido ellos también y por ahí han ido, desde el primer instante, sus pretensiones. No ha sido en eso, por tanto, en donde ha fallado por momentos esta primera temporada… o sí. Porque nada de esto tiene sentido si, por el camino, pierdes el norte con demasiada frecuencia y te olvidas, durante buena parte de los episodios, de lo esencial, que es la trama principal. Y no tanto por el tema de la mayor o menor fidelidad, que aquí viene a ser lo de menos, sino por una cuestión aún más fundamental: los espectadores potenciales que no se han leído el libro, que siempre serán la mayoría, deben entender DE QUÉ VA la serie. Y ya una vez que hayas captado su atención con algo más que tu poderío visual y, cuantos más mejor, se hayan subido a bordo, ya puedes desviarte por carreteras secundarias y hacer las paradas que estimes convenientes, pues estarán tan cómodos y entregados a la causa que no concebirán bajarse. Sigo pensando, en todo caso, que los propósitos de Fuller y Green siempre han sido los idóneos, que el plan es el correcto y que tienen los objetivos muy claros, pero quizás no han acertado del todo con la ejecución, ni han encontrado el timing más adecuado.

No digo que ningún espectador haya tenido ni la más remota idea de lo que estaba sucediendo en “American Gods”, pero por lo que pude sondear por ahí sí creo que ha existido demasiado desconcierto y no son pocos los que llegaron a sentirse bastante perdidos a lo largo de toda la temporada. A mí, como lector de la novela, me tenían ya casi ganado de antemano, y no les costó nada conquistarme del todo cuando enseguida pude corroborar que aquello iba a ser un puto deleite para los sentidos, y que los aciertos de casting y caracterizaciones eran extraordinarios, con un elenco difícilmente mejorable. Además, yo sé lo que se traen entre manos y adónde llevará todo esto, y por nada del mundo querría perdérmelo. Pero he intentado, desde el primer momento, meterme en la piel de un espectador no lector, y mis mayores miedos eran que éstos sintiesen que la historia, además de confusa, no avanzara demasiado llegados a cierto punto, y el regocijo visual y sensitivo no enmascarara esa sensación de estancamiento. Sin ir más lejos, hablando con mis compañeros de este blog, ninguno de los cuales se ha leído el libro, pude comprobar que mis temores no andaban nada desencaminados. Traicionando un poco (o bastante) su confianza, incluyo aquí algunos de los mensajes que me llegaron en una conversación a cinco bandas tras la emisión del sexto episodio, y así además convierto este post en solitario en algo mucho más coral. Eso sí, se dice el pecado pero no el pecador:

«Visualmente es espectacular, pero la historia se ha detenido».

«Muy de acuerdo. La historia está atascada y a falta de dos capítulos me parece muy poco lo avanzado».

«Me parece un buen producto pero no puedo llevar un mes sintiendo que no pasa nada (…) sólo recrearnos en imágenes y sonido».

«El otro día me dijo una amiga muy admiradora de Gaiman que creía que los que no habían leído la novela no iban a entender nada».

«Una adaptación NUNCA puede depender de que una parte importante de la población se haya leído una novela de proporción descomunal en un género tan propio, además».

Siendo justos, también hubo quien la defendió a ultranza:

«Hablo un poco sólo por tocar los huevos, pero que el ‘pero’ a la serie sea que quizás no se entienda la trama… cuando estáis flipando con lo nuevo de “Twin Peaks”…».

«Algunas cosas no valen para nada pero molan, no?».

«A ver si ahora vamos a poner por los suelos la serie cuando estábamos flipados hace dos días».

Siguiendo con esta crónica, tras el séptimo episodio hubo prácticamente unanimidad en que fue un capítulo fantástico en sí mismo, pero quizás no lo esperado ni lo más conveniente como penúltima entrega de una temporada, en el punto en el que nos encontrábamos. Pero ya aludiremos a ello más adelante, porque ha llegado el momento de meternos más de lleno en faena.

(AVISO SPOILERS: A partir de aquí se va a hablar más en profundidad de la trama de la primera temporada de la serie, así que quien no haya llegado hasta “Come to Jesus”, octavo y último episodio de esta tanda, es conveniente que no siga leyendo.)

No quiero que parezca que el objetivo de este post es poner a la serie a caer de un burro. No son pocas las cosas positivas que, hasta el momento, se han destacado con rotundidad y franqueza, y también puedo hablar por mis compañeros cuando digo que, en líneas generales, están muy satisfechos con muchas de las cosas que han visto. Sí puede ser que, en una época en la que estamos rodeados de series estupendas, y alguna que otra obra maestra, tendamos a juzgar con mayor severidad cada producción que llega a nuestras pantallas, y no pasemos ni una. Pero también es una cuestión de equidad que no nos dejemos llevar por el fanatismo e ignoremos las flaquezas de un show cualquiera, por mucho que el cuerpo nos pida defenderlo a ultranza. Cuando “American Gods” patina lo más honesto es mencionarlo, del mismo modo que estamos obligados a ensalzar todas sus virtudes y aciertos. Y es que en muchos sentidos la serie es un ejemplo de adaptación modélica. El mundo presentado por Neil Gaiman ha sido puesto en imágenes de forma tan sugerente y rompedora que puede haber superado en ocasiones nuestras mejores expectativas, y se intuye la voluntad de no pervertir el sentido último de la historia mientras, como decía, se va enriqueciendo su universo dotándole si cabe de mayor espectacularidad. De hecho, la misma secuencia de inicio de la serie, la que abría el inaugural “The Bone Orchard”, nos sirve casi como metáfora perfecta de lo que ha supuesto la traslación de “American Gods” de un medio a otro. Permitidme que os desvele cómo nos lo contó Gaiman, que tampoco os destripo gran cosa: en el primer ‘Coming to America’ de la novela, que en realidad no leemos hasta pasadas 80 páginas, los vikingos llegan a las costas norteamericanas casi derrotados pero no hundidos, y nunca desisten en sus intenciones de asentarse en esa nueva tierra, animados por los rituales que hacen en honor a sus Dioses y por los buenos presagios que creen interpretar. A los pocos días de desembarcar, se topan con un solitario e inocente nativo, le dan de comer, le emborrachan, se ríen de él y acaban ahorcándole como ofrenda a Odín, el Padre de Todos. Semanas después, mientras se resguardan en su campamento recién construido de la crudeza del invierno, centenares de indios caen sobre ellos y, a lo largo de una noche, «fueron matando uno a uno a los treinta hombres de treinta maneras distintas», sin que Gaiman quiera ser más gráfico. Y así, «los marineros fueron olvidados, por la historia y por su pueblo». Pero cuando más de un siglo después Leif ‘El Afortunado’, hijo de Erik ‘El Rojo’, vuelve a poner un pie en aquellas tierras, sus Dioses ya estaban allí. «Lo estaban esperando». Vemos por tanto que el fondo de la historia es el mismo, más aún la relevancia que habrá de tener su mensaje, pero en la serie los guionistas han sido mucho más retorcidos: son los propios vikingos los que, deseosos de abandonar un territorio hostil y regresar a su hogar, se auto mutilan, sacrifican y masacran entre ellos para obtener el auxilio de sus Dioses y los vientos favorables para poder partir. Los pocos supervivientes que consiguen embarcarse de vuelta guardarán el secreto de su odisea, aunque sus Dioses ya se queden allí para dar la ‘bienvenida’ a sus descendientes. La secuencia es, probablemente, la más cruenta y explícitamente sangrienta de la temporada, todo un desparrame de exagerada (e irreal) violencia que busca dejar con la boca abierta al espectador, a la vez que le sirve de advertencia sobre lo que puede encontrarse si decide seguir adelante. Este ejemplo nos sirve para explicar, más o menos, todo el trabajo de Fuller y Green a lo largo de la temporada: vamos a contar esencialmente lo mismo pero no exactamente de la misma forma, cambiaremos lo que consideremos necesario y añadiremos cosas de nuestra propia cosecha, y buscaremos en todo momento provocar el mayor impacto posible en los televidentes… sin cortarnos ni un ápice.

Si a todo esto le sumamos el ya mencionado y muy evidente empeño de los guionistas por profundizar aún más en el texto de Gaiman, y ampliarlo a su conveniencia, las directrices parecían estar muy claras, y en mi opinión iban bien encaminadas. Y creo que, durante sus tres primeros episodios, lo hicieron de forma impecable. Hablamos de tres capítulos, “The Bone Orchard”, “The Secret of Spoons” y “Head Full of Snow”, que, qué casualidad, fueron extraordinariamente fieles a lo narrado en la novela, con situaciones y diálogos, de hecho, casi calcados. Aunque sí se tomaran muchas licencias, alterando los hechos (la presentación de Technical Boy y el linchamiento de Shadow), adelantando acontecimientos (la primera aparición de Media como Lucille Ball) o simplemente inventándoselos (las brillantísimas introducciones de Anansi y Anubis), éstas parecían estar más que justificadas, y todo encajaba y fluía a las mil maravillas. También salieron más que airosos a la hora de plasmar las, digámoslo así, nada convencionales escenas de sexo de la novela. Y mira que lo tenían difícil. El numerito de Bilquis, ya sabéis, probablemente sea uno de los momentos más jodidamente impactantes del libro, pero convertirlo en imágenes sin caer en el ridículo me parecía una misión casi imposible. Cómo se me ocurrió dudar de estos tipos. Con el polvo de Salim y el Jinn aún se atrevieron a ir más allá, y nos brindaron una de las escenas más insólitamente hermosas que hayamos visto este año. Otra muestra de su talento es su destreza a la hora de transmitirnos esa sensación, en la que tanto incide Gaiman, de que una enorme tormenta está a punto de desatarse y aún no somos capaces de valorar cuáles serán las consecuencias. La guinda del pastel la ponen unas interpretaciones que van desde lo muy correcto (Ricky Whittle como Shadow) a lo sublime (Orlando Jones como Anansi o Peter Stormare como Czernobog). Lo de Ian McShane ya es un nivel incluso superior. Yo le adoro con todo mi ser desde que interpretara en “Deadwood”, hace ya más de una década, a Al Swearengen, mi personaje televisivo favorito. Desde entonces he disfrutado enormemente con cada aparición suya, pero no he dejado de rezar para que se produzca el milagro de verle en otro rol que pudiera rivalizar con el puto Swearengen… y creo que Mr. Wednesday puede ser la respuesta a mis plegarias. El personaje está hecho a su medida. Esperemos que Fuller y Green no lo arruinen.

Para cuando ha terminado “Head Full of Snow” nos hemos plantado, más o menos, a la altura de la página 120 de la novela sin dejarnos demasiado por el camino, y con la serie ya renovada uno empieza a pensar que, si juegan bien sus bazas, esto les puede dar para tres temporadas sensacionales, o alargarla más aún si para entonces a Gaiman le ha dado tiempo a publicar la anheladísima secuela del libro, en la que supuestamente está trabajando. Quedan cinco capítulos y el espectador aún está, como es lógico, tan desconcertado como el propio Shadow, pero claramente esa es la intención y además las piezas deberían ir poco a poco encajando… Y, sin embargo, nos topamos con “Git Gone”.  Y empieza la controversia. He de reconocer que a mí me gusta mucho la Laura Moon del libro. Es muy poco lo que sabemos de su vida, menos aún acerca de su personalidad, y sus apariciones serán muy breves y puntuales, siempre como una ayuda o un auxilio para Shadow, y nunca como una intromisión o un obstáculo. Que en la serie no sólo quieran darle mucha más presencia a su rol sino que lleguemos a conocerla casi mejor que a ningún personaje, y se la involucre mucho más directamente en los acontecimientos es una decisión que comprendo. . Otra cosa es que dedicarle un episodio entero a su ‘presentación’, por mucho que tenga algunos puntos gloriosos, me parezca lo más adecuado. Algo parecido sucede con Mad Sweeney. Tras su primer encontronazo en el Jack’s Crocodile Bar, en la novela Shadow sólo vuelve a encontrárselo una vez más, y creo que con el único propósito de confirmarnos que su moneda de oro fue la responsable de la resurrección de Laura, un detalle que no había quedado tan claro en el libro. Eso sí, su desenlace, que ya no podremos ver en la serie, es especialmente conmovedor. Que Laura y Mad Sweeney tengan muchos minutos en la “American Gods” de Starz, como sin ninguna duda acabarán teniendo Media, Mr. World, Technical Boy, Anubis, Mr. Ibis, Anansi, Czernobog o Easter, tiene toda la lógica del mundo. Que Laura y Mad Sweeney sean dos personajes cojonudos, con un trabajo excepcional por parte de Emily Browning y Pablo Schreiber, es algo que aplaudimos. Que Laura y Mad Sweeney se hayan convertido, en los dos últimos tercios de la temporada, en los protagonistas absolutos del show, robándole la tostada a Shadow y Mr. Wednesday, es algo con lo que ya no puedo sentirme tan cómodo. Más aún cuando su ‘buddy movie’ particular nos ha brindado algunos momentos hilarantes, sí, pero también unos cuantos absurdos e intrascendentes, muchos de ellos al lado de un Salim/Not Salim completamente fuera de sitio.

No son Laura y Mad Sweeney los que salvan un capítulo como “Lemon Scented You”, sino el acojonante debut en la serie de Crispin Glover como Mr. World y la doble aparición como David Bowie (¿la mayor deidad que haya aparecido en la serie?) y Marilyn Monroe de una Gillian Anderson en estado de gracia (aquí debo mencionar que la actriz sí es una verdadera Diosa de carne y hueso porque, primero, es cierto, y segundo, si no lo hago alguien en el Cadillac me va a pegar un puñetazo). Tras dos capítulos que Fuller y Green se han sacado de la chorra, ya va tocando que esto se enderece de nuevo… pero no lo hace. Con “A Murder of Gods”, el episodio más flojo de la temporada de largo, recaemos en el mismo vicio. Y llega la polémica al Cadillac. Los que leímos el libro sabemos que seguimos estancados como tres capítulos atrás en la página 120 de la novela, y los que no, sin saberlo, también lo saben, porque tienen la sensación de que ni Shadow y Mr. Wednesday por un lado, ni Laura, Mad Sweeney y Salim/Not Salim por otro, nos están llevando a ninguna parte. El ‘Coming to America’ del arranque, con ese Jesucristo mexicano como guest star, es además el más prescindible y simplón de todos los que hemos visto, y me da por pensar que… bueno, mejor dejemos eso para más adelante. A estas alturas entiendo que los guionistas siguen empeñados en que la audiencia esté tan perdida como el supuesto protagonista, pero me pregunto si el derroche y virtuosismo visual en las asombrosas secuencias en las que Shadow, un tipo aparentemente normal y corriente, se va cruzando con Czernobog, las tres Zoryas, Technical Boy, Media, Mr. World o Vulcan no estarán dando la impresión de que el ex presidiario está atrapado en un mundo irreal y fantástico, cuando es todo lo contrario. Shadow y Mr. Wednesday viajando por carreteras secundarias en un Cadillac negro, más allá de la anécdota que lógicamente a nosotros nos hace mucha gracia, es una alegoría perfecta de qué demonios estamos viendo en “American Gods”: son los Dioses, ciertamente una legión de ellos, los que están viviendo y moviéndose entre nosotros, y no al revés.

En este punto creo que la percepción más o menos unánime es que la serie ha ido bajando el nivel con sus sucesivas entregas, pero no tanto como para perder la esperanza. Estamos convencidos de que en sus dos últimos capítulos del año Fuller y Green pondrán toda la carne en el asador, y superarán el bajoncillo dejándonos al final con muy buen sabor de boca. Y entonces llega “A Prayer for Mad Sweeney” y volvemos a quedarnos con cara de WTF. Porque sí, es un episodio maravilloso, que adapta además uno de los ‘Coming to America’ más emocionantes de la novela, pero no es concebible que le dediquen casi 50 minutos de metraje ni lo encajen como antesala de la season finale, cuando aún queda tanto por resolver. Como cuarto o quinto capítulo de la segunda temporada me parecería incontestable, ¿pero aquí y ahora? Y que opten por Emily Browning y Pablo Schreiber para poner rostro, respectivamente, a Essie MacGowan y al Leprechaun (en el libro es un ‘Pixie’, algo así como su equivalente en Cornualles) puede ser un juego de casting curioso, y la primera lo borda especialmente, pero añade aún más confusión al asunto. Me preguntan mis compañeros si esos ‘Coming to America’ y ‘Somewhere in America’ acabarán teniendo una relación directa con la trama principal, y mi respuesta es que al menos en el libro no es tanto así, son más bien unos aderezos magníficos para engalanar, contextualizar y darle aún más empaque al Universo creado por Gaiman. Otra cosa es que Fuller y Green sí se empeñen en dársela, y en todo caso tendremos que esperar. De todos modos, de los cuatro ‘Coming to America’ del libro ya hemos visto aquí tres, y se han sacado otros dos de la manga, mientras que también han agotado los dos ‘Somewhere in America’ de la novela, añadiendo otro de su cosecha. Habrá que ver cómo se las ingenian con esto en futuras temporadas.

Recuerdo que hace unos meses leí en alguna parte que la primera temporada de “American Gods” podría llegar hasta la Casa de la Roca, y yo pensé «pero cómo diablos van a llegar SÓLO hasta la Casa de la Roca». Pero según se iba desarrollando la cosa, mi pensamiento iba cambiando y ya era más bien «con un poquito de suerte llegaremos hasta la Casa de la Roca…». Y la verdad es que podría haber tenido bastante sentido, pues el episodio de la Casa de la Roca sirve en cierto modo en la novela como un punto de giro que nos hace entrar de lleno en el segundo acto de la historia. Pues ni con esas. Fuller y Green, en cambio, deciden cerrar el chiringuito hasta 2018 con “Come to Jesus”, que básicamente consiste en adelantar la aparición de Easter y darle mucha más pompa y relevancia (en el libro no llega hasta la página 290 y es bastante más discreta), soltar a decenas de Jesucristos en una fiesta, en la que también se cuelan Laura y Mad Sweeney, revelar que Mr. Wednesday es Odín y desatar las hostilidades. Ah, también tenemos de vuelta a Anansi y Bilquis, aliados en una secuencia tan fastuosamente deslumbrante como históricamente didáctica. A ver, punto por punto: Easter mola y Kristin Chenoweth luce de maravilla en el personaje, y eso está muy bien porque quedaos con que esa tipa va a ser verdaderamente importante. Si ya el arranque de “A Murder of Gods” con el Jesucristo mexicano me dejó un poco mosca, el desfile de este episodio a mi parecer roza la chorrada mayúscula, más aún cuando no se te ocurre otra cosa que poner como Jesucristo ‘principal’ a Jeremy Davies. ¡A Jeremy Davies, joder! ¿Cómo esperan que no nos tomemos eso a pitorreo? Así que sí, Gaiman acertó cuando, pese a haber incluido a este ‘personaje’ en un primer momento, decidió sacarlo finalmente de la novela porque sentía que no funcionaba. Lo de Laura y Mad Sweeney me tiene tan desconcertado, tiene tan poco que ver con lo que escribió Gaiman que prefiero no elucubrar nada, y ya veremos con qué nos sorprenden. En cuanto a la revelación de Mr. Wednesday, la escena les ha quedado de lujo, pero era tan evidente para todos menos para Shadow que sorprende un poco que hayan jugado con ello como una de las culminaciones de la temporada. La irrupción de Media/Judy Garland, Technical Boy y Mr. World en el guateque nos sirve al menos para ir al quid de la cuestión, desvelar el meollo del asunto, agarrar al toro (o al búfalo) por los cuernos y zamparnos a la madre del cordero: amigos, esto va de una guerra entre Viejos y Nuevos Dioses, ni más ni menos. Que no es poco. Nos hemos quedado a las puertas de la Casa de la Roca y no nos han dado todo lo que esperábamos recibir, pero algo es algo. Siendo un capítulo brillante por momentos siento que está muy lejos de ser la season finale soñada, aunque me cueste creer que quien haya llegado hasta aquí no encontrará motivos suficientes para regresar la próxima temporada. Yo me quedo con un regusto un tanto amargo y una gran preocupación: insisto en que no tengo ningún problema con que unos guionistas se salgan por la tangente y se saquen cosas de la manga, pero siempre y cuando estén al servicio de la historia, y yo empiezo a cuestionarme si en realidad lo que han hecho no ha sido más que estirar el chicle un tanto artificiosamente para poder exprimir el libro y sacar cinco, o seis temporadas, cuando lo más razonable en principio sería plantarse en dos o tres. Lo hemos visto antes muchas veces, demasiadas, y ya sabemos cómo suele terminar. A ver si al final Fuller y Green son más listos, o más retorcidos, de lo que pensábamos, y en realidad se han propuesto convertir a su “American Gods” en una cuestión entre creer o no creer. En una cuestión de fe.  

 

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3 comentarios leave one →
  1. 20/06/2017 7:29

    No me he leído el libro así que sólo puedo hablar de lo que he visto. Sabía, a grandes trazos de qué iba la serie, pero confieso que he ido un poco perdido durante los ocho episodios. Me he visto durante mucho rato, quizás demasiado, fuera de la carretera. No sé si hubiera sido mejor un principio como el final, situando al espectador sobre quién es quién, o una presentación mejor de los personajes. Visualmente no esperaba menos pero hay que reconocer que suele recrearse demasiado.
    Me ha chirriado un poco la elección de cásting para Laura Moon. Aunque lo hace bien no tiene el magnetismo que los demás tienen. Me ha encantado Mad y hubiera querido más de Easter, que Fuller la recupera en un ambiente tan tan tan de Pushing Daisies.
    Hacía muchísimo tiempo que esperaba la serie. Tenía la esperanza que llenara un poco mi vacío de SOA, Justified, Leftovers, pero la verdad, estoy un poco decepcionado.
    En fin, ha sido terminar y leer la reseña ;)

    Saludos

  2. 24/06/2017 14:00

    Estupenda review de la temporada y suscribo cada palabra. Yo me lei también el libro hace muchos años (hay partes de las que me cuesta acordarme) pero coincido en que la adaptación a muchos niveles es alucinante. El timing es su punto flojo, pero parece que las series cada vez intentan salirse más del esquema prestablecido y tradicional. La casa de la roca será (espero) una estupenda premiere para la próxima temporada… si no estiran mucho el chicle y nos dejan con las ganas hasta más adelante. Habrá que confiar en Fuller, aunque con el propio Hannibal nos de motivos para sospechar, pero también para que los lectores aún nos podamos sorprender.

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