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“Logan”: adamantium puro

06/03/2017

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Diecisiete años después y tras nueve interpretaciones como Lobezno (siete en el caso del Charles Xavier de Patrick Stewart), Hugh Jackman anunciaba que “Logan” sería el último título en el que sacaría las garras del personaje. Un personaje al que Jackman es muy consciente que le debe casi todo lo que es hoy en día como actor, y cuya relación ha paseado con orgullo en cuantas ocasiones se le han presentado (como la gala de los Oscars de hace ocho años que él mismo presentó y cuyo número musical finalizaba con un ‘I am Wolverine!’ a los cuatro vientos). De otra forma, no se entendería que, triunfando como lo ha hecho en otros géneros cinematográficos, siguiera insistiendo en conseguir crear un buen título para su superhéroe; más aún tras los dos sonoros fracasos de crítica y público que tuvieron las dos anteriores entregas de Lobezno (“Orígenes” e “Inmortal“), a los que se suma el lamentable resultado del más reciente título de los X-Men, “Apocalipsis“.

Afortunadamente, “Logan” tiene muy poco que ver con las anteriores entregas de la franquicia de Lobezno. Se aleja voluntariamente de todo lo relacionado con la saga X-Men e incluso de las muestras más actuales del género de superhéroes (con “Los vengadores” a la cabeza). Aquí no hay sitio para mundos post-apocalípticos, estrafalarias demostraciones de superpoderes, ni tan siquiera veremos más mutantes que los indispensables (menos es más) y, en ellos, su faceta humana siempre estará por encima de sus habilidades especiales. Hasta tal punto que difícilmente reconoceremos en ellos a los personajes que una vez conocimos. “Logan” consigue distanciarse de los estándares más recientes del género, acercándose más a títulos como “El caballero oscuro” o “El protegido” en los que, por un lado, se hace difícil considerarla una adaptación de los cómics que los originaron y, por otro, más que una historia de superhéroes, nos encontramos ante un drama con superhéroes. Este foco situado en los personajes y no en sus capacidades, este ritmo que se permite el tiempo necesario para mostrar las diversas emociones de cada uno de ellos, sin cabalgar al galope por la historia para llegar a un desenlace grandilocuente, son los cambios que permiten a “Logan” mostrar (¡por fin!) lo que esperábamos desde hace años del spin-off de este lobo solitario: una brutal y emotiva despedida al mutante más destacado del universo X-Men.

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(Aunque intentamos no desvelar las sorpresas más importantes que “Logan” guarda ocultas, a partir de ahora desvelamos numerosos detalles que cualquier buen aficionado desearía no conocer antes de ver la película. Acude primero al cine y vuelve luego con las garras bien afiladas).

Estrenada mundialmente en la selección oficial del pasado Festival de Berlín (una muestra más de la profundidad que alcanzan su historia y personajes), “Logan” se sitúa en un futurible 2029 (mucho más realista y cercano de lo que cabría esperar en un principio) en el que los mutantes están muy próximos a la extinción. Es en la frontera entre México y Texas, donde un Logan crepuscular, alcoholizado (más de lo que ya era, aunque no le hiciera efecto) y cansado de la vida, malvive como conductor de limusinas (utilizando su verdadero nombre, James Howlett). Perseguido constantemente por su pasado, a sus más de 150 años de edad, Logan ha asumido que él es inmerecidamente uno de los últimos mutantes vivos. Atrás quedaron todos aquellos grandes representantes de su raza que lucharon por unos ideales, líderes que buscaron para los suyos una justicia que nunca llegaron a alcanzar. Todos a los que Logan respetó y amó, se fueron.
Sólo queda a su lado un senil y decrépito Charles Xavier, enfermo de Alzheimer, dependiente de fuertes medicaciones que mantengan bajo control unos poderes psíquicos que ya le han superado. Dejando claro que, cualquier tiempo pasado, fue mejor. A pesar de una difícil relación de dependencia entre ambos, en el fondo ambos temen perder a la única persona a la que aún les importa; mostrando una relación paterno-filial en el que, por la edad de cada personaje, los roles deberían estar intercambiados.
El objetivo de ambos (con ayuda del tercer mutante aún vivo, el albino Caliban) es permanecer recluidos en una cochambrosa propiedad privada al sur de la frontera, mientras Logan consigue el dinero suficiente para poder comprar un barco con el que alejarse de todos y de todo. Buscar para ambos una tumba mar adentro. Pero todo esto cambiará el día que Logan se cruce con una mujer llamada Gabriela (Elizabeth Rodríguez) y su supuesta hija Laura (Dafne Keen), quienes le suplican ayuda para llegar al estado de Dakota mientras huyen de una oscura y peligrosa organización. La niña acabará provocando en Logan ese clásico call of duty al que todo héroe se ve obligado en algún momento a responder. En su caso, de forma reacia al principio; pero tremendamente comprometido al final.

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Son numerosas las bazas con las que cuenta Logan para destacar entre el resto de títulos mutantes. El primero y más evidente es mostrar a un Logan tan árido y ajado como el entorno fronterizo donde se desarrolla gran parte de la trama. Retratar a superhéroes en su época más veterana no es ninguna novedad, pues ya ha sido ampliamente tratado tanto en el cine, como en el cómic. Ahí están los casos de Batman (tanto en “El regreso del Caballero Oscuro” de Miller, como en el primer tramo de Nolan), Spider-man (“Reino”, de Kaare Andrews), Daredevil (“El fin de los días”, de Bendis y Mack), Hulk (“Futuro imperfecto”, de Peter David) o La liga de la Justicia (“Kingdom come”, de Waid y Ross). En el caso concreto de “Logan”, su fuente de inspiración radica en “El viejo Logan” de Mark Millar y Steve McNiven; aunque, para ser justos, la inspiración de este cómic se limita a la actitud de Lobezno, el tono con el que afrontar la historia (ahí tenemos esa clasificación ‘R’ que le sienta de maravilla al film) y en el decadente retrato (físico y mental) con el que sus protagonistas se muestran en pantalla, lejos de su heroico pasado, víctimas vulnerables y falibles de un presente sin concesiones, en el que dos de los mutantes más poderosos apenas tienen recursos para sobrevivir a una civilización que les ha sobrepasado.

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Y sobre esa segunda baza del film que es la clasificación ‘R’ conseguida y la violencia explícita del film, aquí hay un único culpable: “Deadpool“. Sin el enorme éxito conseguido el año pasado por el título de Tim Miller, alcanzado a su vez por la insistencia de Ryan Reynolds frente a un estudio (Fox, nuevamente) que se negaba rotundamente a aportar el presupuesto para una película que presumiría de una violencia y un lenguaje que, según el estudio, iba a suponer un repelente para la taquilla en la primera adaptación de un superhéroe casi desconocido; sin esa rotunda demostración de éxito al adaptar la historia a la naturaleza del personaje (y no al revés), James Mangold no habría podido ahora construir un western y ponerlo al servicio de Lobezno, por lo que “Logan” no habría existido tal y como se ha estrenado.

Don’t be what they made you to be

No obstante, el primer acierto llegó antes incluso de empezar a rodar. Conseguir llamar a esta película “Logan” es toda una declaración de intenciones. Es demostrar que poner el foco de atención en los rasgos humanos de los mutantes podía ser tan interesante (o más) que sus cualidades sobrehumanas; que esta historia trataba sobre personas que lucharon, amaron, temieron y fracasaron. Una vez convencido el estudio (aquí la actitud de Jackman siempre fue decisiva) estaba claro que, si había un mutante al que la violencia descarnada le encajaba como un guante, ese era Lobezno. Pero no el Lobezno al que la franquicia nos tenía acostumbrados, con algunos destellos de rabia contenida y mutilaciones fuera de cámara (hecho del que “Deadpool” no dudaba en mofarse); sino del animal incontrolable que realmente debía haber sido siempre. Un Hulk con garras de adamantium que huye de cualquier coreografía para luchar. Él sólo quiere la cabeza de sus enemigos lo antes posible, instinto que compartirá con Laura desde el inicio. De esta forma, y sin llegar a regodearse en la sangre, “Logan” muestra ante la cámara lo que todo aficionado siempre ha echado de menos en Lobezno: violencia salvaje.
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A pesar de lo que podríamos pensar en un principio, este énfasis en la violencia se compenetra magníficamente con ese punto de inflexión en las vidas de Xavier y Logan que representa Laura (nombre en clave X-23). Una niña repleta de energía, rabia e inocencia por partes iguales. Una esperanza en un mundo en el que hace más de 25 años que no nace un nuevo mutante (situación que recuerda inexorablemente a aquella gran obra maestra de Alfonso Cuarón llamada “Hijos de los hombres“). Como también es una esperanza ese ‘edén’ al norte de Dakota (atentos fans de “Mad Max: Fury road” y muy especialmente los de “Mad Max: Mas allá de la cúpula del trueno“). La tierra prometida de tantos clásicos, posiblemente el último refugio para mutantes, del que la única referencia que tienen sus protagonistas son las coordenadas de su localización, ¡extraídas de un cómic de los X-Men! (nuevamente, una referencia a “El protegido” y la importancia que los mitos y las leyendas perdieron con el paso de las generaciones hasta acabar ilustrando cómics). Laura supone finalmente para Logan no sólo una misión final que cumplir; sino una última oportunidad de alcanzar la redención a una vida llena de imperfecciones, de encontrar sentido a su existencia. Y es que, incluso contando con esa rabia y violencia durante tantos años buscada en su personaje, “Logan” consigue que su mayor acierto sean los sentimientos y emociones de sus personajes.

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Aún así, en el comienzo del segundo tramo, cuando “Logan” se convierte en una road-movie de libro en cuyo viaje iniciático se podría haber aprovechado para conocer en profundidad a los distintos personajes, así como desarrollar la relación de todos ellos…es ahí donde aparecen sus principales fallos. Y, aunque toda esta búsqueda de trasfondo se intenta, el nudo de la película es probablemente el segmento donde decae algo la calidad y el ritmo de la película. Por un lado, la relación entre Laura y Logan sigue siendo muy fría durante demasiado tiempo (teniendo en cuenta la gran evolución que tendrá que experimentar en el último tercio de la historia), por otro, el desarrollo de los personajes y sus relaciones se intentan profundizar en base a elementos poco más que superficiales (la tienda de carretera o el hotel de Las Vegas son escenas que podían haber sido mucho más aprovechadas en este sentido). De alguna forma parece que el enorme potencial que tenía este trío de outsiders, esta familia (para bien o para mal) mutante y desestructurada formada por una niña, un antiguo profesor y un antiguo mercenario es desaprovechada en cierta medida; más aún contando con la larga duración del film (mal endémico de toda la saga X-Men), dejando además la sensación de que el montaje final se ha visto afectado por otro de los vicios redundantes de la Fox: los pases de prueba y remontajes.

Logan: Comic Books aren’t real
Xavier: It’s real to her”

No obstante, hay dos grandes escenas que vienen también a salvar este sector: en el hotel de Las Vegas disfrutaremos de una secuencia de acción (el rescate de Xavier y Laura por parte de Logan) que rivaliza perfectamente con muchas de las grandes secuencias de la saga X-Men y que cuenta con una violencia cruda y directa nunca vista en el pasado de la serie. Al mismo tiempo, todas esas oportunidades desaprovechadas que había comentado, se verán compensadas con la cena en la granja; siendo Xavier el que va hilando poco a poco las oportunidades para que las distintas relaciones paterno-filiales (Xavier-Logan / Logan-Laura) avancen todo lo que no habían hecho hasta ese momento. Es mucho más breve de lo deseado (teniendo en cuenta el tramo de viaje que ya llevaban los tres juntos); pero consigue ser muy efectiva.
Aunque “Logan” no es nada discreta a la hora de relacionarse con el western (las referencias a “Raíces profundas” no pueden ser más directas y no duda tampoco en usar esa inspiración crepuscular para convertir esta carta de despedida en un “Sin perdón” para mutantes), la película estrecha aún más sus lazos con el western al utilizar este paraje tan propicio (una granja, una familia feliz cenando alrededor de la mesa) para ejecutar el primer gran duelo de Logan con ‘su pasado‘, expandiendo la tragedia a todos los personajes allí reunidos. En este punto comprobamos cómo, a pesar del énfasis que la campaña de promoción ha puesto en el hecho de que esta es y será la última aventura del Lobezno de Jackman (hecho que juega en contra del título, porque el espectador va predispuesto a ciertas acciones que sucederán, sí o sí, en la historia que le van a contar), sí han sabido mantener en la sombra otro de los aciertos de “Logan”. Y es que más allá de la amenaza que Essex Corp. supone para los mutantes (avance que ya vimos de alguna forma en las escenas post-créditos de “Apocalipsis”), del inagotable acoso de Donald Pierce (Boyd Holbrook) y sus acólitos (los reavers) durante toda la huida y de los terribles planes del doctor Rice (Richard E. Grant) para con el proyecto Arma-X; aquí todo se reduce a los dos enfrentamientos de Lobezno con su verdadero enemigo, su némesis: su pasado.

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Todo esto forma un conjunto de desafíos, metáforas y lecturas sobre la vida, que resalta notablemente sobre la franquicia mutante, la cual (a pesar de algunos destellos puntuales de genialidad, como las escenas más destacadas de Quicksilver en “Días del futuro pasado” y “Apocalipsis” o, en conjunto, “First class“) hacía mucho tiempo que había dejado de ser una garantía de innovación. Por no hablar de ese paralelismo con nuestra más rabiosa actualidad, tanto en el conflicto migratorio que se ha desencadenado el presidente Trump en los EE.UU. (no deja de resultar curioso que una niña mexicana como Laura, tenga como principal enemigo a un tipo llamado Donald Pierce), como en este capitalismo salvaje con el que las grandes corporaciones nos ven y tratan como simples consumidores a su servicio, muy cercanas ya a ese “no les trates como si fueran niños; sino como productos” que parece ser el lema en Essex Corp. Al fin y al cabo, X-Men siempre trató sobre unos valores que estamos perdiendo a marchas forzadas: defender la diversidad como una fortaleza de nuestra sociedad y no una debilidad. Proteger a los que son diferentes.

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Sobre el reparto, Sir Patrick Stewart consigue reflejar el cambio de actitud de Xavier hacia Logan. El que antaño fue su mentor, actualmente está profundamente decepcionado y enfadado con Logan. Le ha tocado vivir el suficiente tiempo para ver como su mayor promesa acababa destrozando todos los sueños que el profesor albergó durante años en aquella academia para niños especiales. Y, aunque el destino final de todos los mutantes es un tema que apenas se menciona en la película, los amantes del cómic sabrán perfectamente a qué se refiere Xavier cuando le pregunta a Lobezno “¿qué hiciste, Logan?” (para el resto, sólo diré una palabra: Mysterio). El Charles débil, agotado, sin apenas control sobre sí mismo, no ha perdido aún la capacidad que siempre tuvo para ser un guía capaz de corregir poco a poco el timón de un Logan siempre a la deriva, hasta conseguir cruzar la vida de éste con la de Laura, dándole así la última oportunidad que tendrá de expiar sus fantasmas del pasado, brindándole su momento, el que definirá su legado.

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Para el papel de Laura Kinney, (conocida también como X-23 por ser el vigésimo tercero intento del proyecto Arma-X para duplicar a Lobezno), James Mangold buscaba a una niña de entre 9 y 12 años que hablara fluidamente español y que tuviera una capacidad física notable, porque no podría contar con dobles cualificados para sus escenas de acción. Tras realizar audiciones en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, Mangold estaba a punto de aceptar la sugerencia del estudio para que el personaje de Laura fuera encarnado por una adolescente (ya sabemos cómo maneja la Fox algunos temas, sustituyendo talento por belleza); hasta que le llegó una cinta de vídeo desde Madrid, en la que el actor inglés Will Keen grababa a su hija (Dafne Keen, hija también de la actriz española María Fernández Ache) escalando por las estanterías de su casa. Ese día confiesa Mangold que fue el punto de inflexión del proyecto; aún sin tener el guión definitivo acabado, ya sabía que tenía película. Había encontrado a la actriz que daría credibilidad a la relación de Lobezno y Laura. A la pequeña Dafne ya pudimos verla en la serie “Refugiados” que en España emitió La Sexta. A pesar de que en el film se comenta que Laura es hija de Logan, en realidad no es hija de Lobezno, ni siquiera es su clon, es su gemela genética y su relación con Logan era de hermanos protectores. De hecho, su origen no está en los cómics, sino en la tercera temporada de la serie animada “X-Men: Evolution“.

Logan: Everyone I care about gets hurt.
Laura: I should be fine then.

En cualquier caso, el personaje de Laura es muy efectivo tanto en su concepción como mutante (ella también es puro adamantium y sus escenas de acción, repletas de rabia, rivalizan perfectamente con las más salvajes que pueda tener Lobezno), como en su papel de hija (y las connotaciones de esperanza y futuro que conlleva). Como comentábamos antes, muy probablemente la relación de los dos adultos con ella hubiera funcionado aún mejor durante los primeros dos tercios de la historia si se hubiera aprovechado de forma más profunda todo el tiempo (y es mucho) que se le dedica a los personajes durante su huida hacia Dakota del norte. No habría resultado tan fría durante tanto tiempo. No obstante, desde el episodio en la granja, la relación de Logan con Laura acabará por poner los sentimientos de actores y espectadores a flor de piel. X-23 (Laura) podría tener un desarrollo futuro en la saga, aunque su principal misión en “Logan” es aportar un rayo de luz en la vida de Lobezno mediante la relación paterno-filial que ambos establecen.

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Pero, si hablamos de “Logan”, hablamos de Hugh Jackman. Esta es su película, en muchos más apartados de los que podamos sospechar, porque estuvo involucrado en el proyecto desde el minuto cero, negociando con el estudio todos los aspectos concernientes al tono y profundidad del film, buscando al director más adecuado (de hecho, el director y amigo personal de Jackman, Darren Aronofsky fue el primer director con el que contó la película, en la que ciertas influencias de “The Wrestler” también son palpables). Nadie como Jackman fue consciente del momento en el que Lobezno tenía que abandonar la zona de confort que tenía dentro de los X-Men. Aunque los dos primeros intentos no respondieron a las expectativas, “Logan” es el canto del cisne del personaje al que más le debe y la despedida tenía que estar (esta vez sí) a la altura de las circunstancias. Tenía que hacer lo posible por conseguir darle a Lobezno el final que merecía, y no me refiero sólo al final de su personaje en la trama; sino a conseguirle finalmente una buena película que cualquier aficionado recordara con respeto, cariño y admiración. A pesar de que algunas entregas de Lobezno y X-Men fueron claramente mal abordadas, en ninguna de ellas Jackman fue un mal Lobezno, demostrando una y otra vez que el personaje ha sido, es y (muy probablemente) será suyo para siempre, al igual que Sean Connery siempre será algo más Bond que el resto de interpretes. Como decían en “Raíces profundas”, para bien o para mal, será una etiqueta que llevará pegada el resto de su carrera profesional.

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Seguramente, en conjunto, el legado que Lobezno deja no es brillante; pero, como punto final a una relación iniciada en el 2000, “Logan” no solamente es buena; sino que por momentos es brillante. Justificando plenamente la decisión de Hugh Jackman de despedir a Lobezno con una última secuela. Secuela que finaliza tal y como debe finalizar, sin escenas post-créditos, reflejando fielmente el dualismo moral que Lobezno ha tenido desde su origen, poniendo en tela de juicio lo que significa ser un héroe en la actualidad.
Hagan lo que hagan a partir de aquí, (bien sea buscar un nuevo Lobezno, reiniciar la franquicia o continuar con los nuevos y jóvenes personajes mostrados), la hermosa ‘X’ final de “Logan” que marca el final de una etapa, será también la mejor sombra en la que cobijarse antes de iniciar el recorrido de un nuevo camino.

There aren’t any more guns in the valley

logan_manos

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2 comentarios leave one →
  1. 07/03/2017 10:29

    Que review más completa! ha sido un autentico placer leerla! felicidades por el post! de matricula!

  2. José Manuel Loscertales permalink*
    07/03/2017 14:28

    Muchísimas gracias por tu comentario, Silvia.
    Como siempre, es un placer volver a saber de ti y recomendar efusivamente que se visite también tu excelente canal.

    Un saludo y gracias de nuevo.
    JM.

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