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“Black Mirror”, al filo del abismo

07/03/2013

Black-mirror_season 2

Independientemente de que “Black Mirror” me parezca una serie estimulante, sugestiva y, en definitiva, cojonuda, no se me ocurre un programa de televisión más necesario y de visionado obligatorio en estos tiempos estúpidos que vivimos.  Porque en una época en la que nos sentimos desnudos y desamparados si salimos a la calle sin nuestro smartphone, nos relacionamos con un ojo puesto en la persona que tenemos delante y con otro en el último whatsapp que nos han enviado, twitter ha sustituido a una buena conversación de cañas en el bar, cualquier banal reality show de medio pelo hace hervir las redes sociales y la política se ha convertido en una mascarada protagonizada por una panda de payasos, se hace pertinente que alguien nos ponga un espejo delante y nos muestre lo cerca del abismo que estamos. No se trata de verter críticas irascibles sin ton ni son contra la innovación tecnológica o la comunidad 2.0, cuyas bondades y ventajas son indiscutibles, pero sí es indispensable lanzar una llamada de atención, proferir un grito de aviso, porque corremos el riesgo de que los árboles no nos dejen ver el bosque, de perdernos a nosotros mismos en el rebaño de la trivialidad y la intrascendencia.  Las distopías futuristas de “Black Mirror” nos hablan en realidad (como toda buena distopía futurista) del aquí y el ahora, y nos perturban tanto porque podemos identificarnos plenamente con lo que nos cuentan. La serie de Charlie Brooker nos arroja a la cara una reflexión lúcida y cínica sobre el lado oscuro de nuestra sociedad, buscando sin disimulo provocar una reacción en el espectador, y si para ello tiene que ser por momentos maniquea y efectista pues lo será.

En ese sentido, la segunda temporada de “Black mirror” se mantiene en las mismas coordenadas que ya rigieron su rompedor debut (reseñado aquí), es decir, tres episodios autoconclusivos perfumados con ese aroma sci-fi de la añeja “The twilight zone”, que narran historias independientes y nos presentan futuros muy cercanos y realidades demasiado reconocibles. Incluso el esquema temático es el mismo, si bien ordenado de manera diferente.  Por eso mismo, esta segunda tanda no cuenta con el  factor sorpresa y su impacto tal vez sea menor, pero su mensaje sigue siendo igual de brutal y despiadado, y las ganas de más con las que se queda el espectador que sintoniza con la propuesta son las mismas. El lector que ya haya visto la primera temporada sabe de lo que hablo, y el que todavía no lo haya hecho debería correr inmediatamente a agenciarse los seis episodios disponibles (de menos de una hora de duración cada uno, no les llevará mucho tiempo ponerse al día) y comprobarlo de primera mano (para muestra, el impresionante trailer con el que se anunció su regreso). A partir de aquí me centraré en los capítulos “Be right back”, “White bear” y “The Waldo moment” tratando de soltar los menores spoilers posibles, aunque si el lector no los ha visionado todavía y tiene intención de hacerlo yo recomendaría interrumpir la lectura desde este momento, porque “Black mirror” es de esos productos que funcionan mejor cuanto más se ignora lo que se va a presenciar. Avisados quedan.

Black Mirror_Be right back

“Be right back” retoma el espíritu íntimo y reflexivo del último acto de la primera temporada, “The entire history of you”(sobre el cual se levantará la adaptación cinematográfica que prepara Robert Downey Jr.) para meditar sobre el grado de dependencia que tenemos sobre las nuevas tecnologías y las redes sociales a través de un tema tan universal como es la desaparición de un ser querido y el enorme hueco que éste deja. El capítulo se convierte así en un sobrecogedor cuento moral de soledad y desesperación (en el que se rastrea con facilidad la huella de Philip K.Dick y de películas como “A.I”, de Steven Spielberg), sobre nuestra forma de afrontar la muerte y cómo las decisiones que tomamos pueden hacernos perder el contacto con la realidad. Durante la narración, desprovista de todo poso sarcástico o corrosivo, se escupen con inteligencia apuntes sobre la falsedad de las identidades virtuales y sobre la incapacidad de la tecnología para sustituir el verdadero calor humano. “Be right back”, con esa melancolía inasible que impregna todos sus fotogramas, es  en mi opinión el episodio más brillante del lote, el más sutil, de mayor alcance emocional y mejor desarrollado. Además, nos deja un nombre para apuntar en la libreta, el de Hayley Atwell, una especie de Neve Campbell  igual de maja pero con más talento.

Black Mirror-White bear1

“White bear” cambia diametralmente de tono y estilo para sumergirnos en una pesadilla opresiva, enfermiza y salvaje a la que se le puede reprochar su sensacionalismo y artificiosidad, pero no su bestial pegada y ritmo frenético. La inquietante premisa –una mujer se despierta sin recordar nada sobre sí misma ni sobre la casa en la que se encuentra y empieza a ser perseguida por varios enmascarados que tratan de asesinarla- es tan efectiva como su trepidante desarrollo, salpicado de elementos turbadores y angustiosos (esos grupos de transeúntes-zombis pegados a un teléfono móvil con el que lo graban todo sin intervenir en la acción), pero la verdadera naturaleza de este experimento no se revela hasta que un demoledor giro de guión le da la vuelta a la historia como un calcetín. Es entonces cuando surge el perfil más subversivo de Charlie Brooker (recuerden, guionista de los tres capítulos), apuntando sus dardos directamente contra el voyeurismo de una sociedad anestesiada a la que hay que seguir alimentando con pan y circo a cualquier precio.

Black Mirror - The Waldo Moment

Por último, “The Waldo moment” pretende ser el nuevo “The national anthem”, aunque no alcanza ni de lejos el nivel de gamberrismo feroz y excesivo de aquel ya emblemático primer episodio de la serie. “The Waldo moment” se sitúa en el terreno de la sátira política, y, a través de un dibujo animado malhablado y grosero que empieza a ser tan desmedidamente popular que incluso se presenta a unas elecciones, proyecta un aldabonazo –no tan certero como pretende- a nuestro convaleciente sistema democrático.  Coincidiendo con la incierta situación política creada en los últimos comicios en Italia (lo que demuestra hasta qué punto son oportunas las ideas que propone Brooker), el capítulo incide en el descrédito de unos dirigentes que hace tiempo que no representan a nadie más que a sí mismos, pero también advierte de los peligros que podría entrañar el populismo mal entendido y el desapego de los ciudadanos. La idea de partida “The Waldo moment” es interesante pero su atropellado desarrollo y su torpeza para ensamblar el plano público con el personal le convierten en el capítulo más prescindible del tríptico.

Por supuesto, la factura de los tres episodios es impecable y los creíbles detalles tecnológicos que aparecen aquí y allá le otorgan un sugerente poso de verosimilitud que nos alerta de que nada de lo que aquí se cuenta está tan lejos de nuestro mundo.  Más allá de la calidad individual de cada una de las historias –curiosamente, no hay consenso general sobre cuál es la mejor y cuál la más floja, ni en esta season ni en la anterior-, el mérito de esta producción británica está en su audaz apuesta conceptual que, al ritmo al que se dosifica (insistimos en que tres capítulos por tanda nos sabe a muy poco), bien puede seguir siendo explotada unas cuantas temporadas más. Y es posible que para entonces algunas de sus escalofriantes fábulas ya se hayan convertido en realidad.

White Bear_Symbol

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8 comentarios leave one →
  1. Guillem Guasch permalink
    07/03/2013 11:45

    Ay, pues qué decir de Black Mirror que no se haya dicho ya. Escalofriante es la sensación que ese futuro puede no quedar tan lejano. Waldo me parece el episodio más flojo de todos los seis. Pero, ojo, eso no quiere decir que sea menor. Pero la brillantez de los dos primeros episodios de la segunda juegan en su contra. El primero me parece muy triste. Aquel final, un viejo recuerdo en el desván. El segundo merece reflexiones aparte. Que no baje el ritmo Charlie Brooker y que no se lo crea. Hacen falta más cabrones como él en la televisión.

  2. jorge permalink
    07/03/2013 11:58

    He visto el primer capitulo de la segunda temporada y me pareció un poco flojo con algunos momentos interesantes pero tuve la sensación final que le faltaba algo a la historia, la sensación de que falta algún nudo dramático
    Hasta me pareció uno de esos capítulos de la dimensión desconocida de tv norteamericana, que no es algo malo, pero esperaba algo más para empezar
    nada que ver en absoluto con el primer capítulo de la primer temporada que sigue siendo para mí lo mejor de todo lo que he visto(no he visto caps. 2 y 3 de 2da temporada)
    saludos

  3. 07/03/2013 16:11

    Para mi el mejor capítulo y el más impresionante fue el primero de la primera temporada. Realmente te das cuenta hasta que punto las tecnologías pueden dominar al hombre y de que manera nos influencian. Parece que lo que pasó en ese episodio pueda ocurrir en cualquier momento, al menos es lo que a mi me hizo pensar.
    Igualmente los otros capítulos han estado muy bien y es una serie que recomiendo a todo el mundo para que reflexionemos hacia donde estamos conduciendo la sociedad de hoy en día.
    Muy buen articulo.

    Un saludo.

  4. 13/03/2013 10:41

    La potencia de la novedad en la primera temporada, como es lógico, ahora pierde efectividad, pero ni mucho menos es despreciable. La propuesta de la segunda temporada sigue su fina factura técnica y su intento de hacernos reflexionar; lo que pasa es que ya está cogiendo ideas manidas. Es un riesgo para debatir si hacer más temporadas.
    El mejor episodio es el primero: esa desesperación humana parcheada con la tecnología de la manera más natural y burda te deja perdido. Los dos siguientes usan tópicos muy conocidos: el giro de guión que rompe la historia (la empeora) o el populismo de la democracia que la degenera.

  5. Tamara de Lempicka permalink
    13/03/2013 11:32

    Estoy de acuerdo con ‘J’. La segunda temporada pierde algo de fuerza en términos generales y lo más importante, el elemento sorpresa, como sin duda tuvo la primera. Pero sigue siendo una de las series más originales e innovadoras que hay ahora mismo en la TV.

    También coincido en que, al menos para mí, los primeros capítulos de las dos temporadas son los mejores. El primero de la primera por provocador, corrosivo y delirante (te deja flipando!) y sobre todo, el primero de la segunda temporada, que para nada me parece flojo, por intenso, emotivo y profundo, para mí el más humano. A mí me conmovió profundamente, tanto por su desarrollo como por su final, y creo que todos nos podemos sentir identificados en mayor o menor grado con lo que cuenta.

    Saludos a todos!

  6. Jorge Luis García permalink*
    13/03/2013 13:37

    Hola, Guillem, jorge, soloseriestv, J y Tamara, Muchísimas gracias por vuestras opiniones. Más o menos me queda claro que el primer capítulo de esta 2ª temporada es el que más os ha gustado (salvo a mi tocayo, que ya nos contará, si quiere, si los otros dos le parecen peor o mejor) y que se nota la pérdida del factor sorpresa, aunque la serie siga siendo potente. Pero es verdad que ninguno de estos episodios ha golpeado con la fiereza de “The national anthem”, y, como creo que nunca más podrán repetir ese nivel de corrosión subversiva, yo estimo que Charlie Brooker debería concentrarse en el futuro en trabajarse historias más emocionales, del estilo de “Be right back” o “The entire history of you”. Por ahí sí veo clara la posibilidad de seguir haciendo temporadas sin que se note a corto plazo el efecto desgaste. Al contrario que J, yo no veo muy arriesgada la continuidad de “Black Mirror”. Si fuesen temporadas de 10 o 12 episodios quizás, pero con este formato se puede continuar mucho tiempo mientras (claro está) las musas le acompañen a Brooker. Eso sí, le recomendaría abrir un poco el espectro temático para evitar repetirse a sí mismo. Un saludo a todos!

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