Skip to content
Anuncios

“The Next Day”: Bowie ha vuelto

06/03/2013

David Bowie's The Next Day

Lo confieso: llegué a David Bowie muy tarde. Tendría unos 20 o 21 años, y para mí, que me considero un consumidor de música bastante precoz, eso significa haberlo hecho, como os decía, tarde, rematadamente tarde. Pero quizás era el momento adecuado. En cualquier caso, para entonces ya había conseguido superar esa fase en la que todo aquello fuera del hard rock y el metal más ortodoxo, simplemente, no existía. De hecho, acababa de vivir una fiebre absoluta por Lou Reed, habiéndome agenciado toda su discografía en un tiempo récord, y además pasando por caja, “Metal Machine Music” incluido. Que ahora lo pienso y manda huevos. Sea como sea, saltar de Lou Reed a David Bowie venía a ser un paso lógico y coherente, pero mi entrada en el universo del Duque Blanco no deja de ser un tanto extraña, creo: “The Singles Collection” (1993), “Bowie at the Beeb” (2000) y “Hours…” (1999), un álbum por el que guardo un cariño especial, como es lógico, y que hoy por hoy me sigue pareciendo buenísimo.

Para cuando llegaron “Heathen” (2002) y “Reality” (2003), dos trabajos simplemente correctos (siempre he pensado que juntando lo mejor de ambos tendríamos un disco cojonudo), ya había escarbado muchísimo más en su vastísima producción: me había maravillado con sus obras más celebradas, había descubierto otras con menos buena prensa pero que, por lo que sea, me cautivaron igualmente, otras que me sobrepasaron, otras que me resbalaron totalmente… Bowie puede llegar tarde, pero cuando lo hace no te suelta. Así, de repente, abres la puerta y te encuentras con una de las carreras discográficas más fecundas, únicas e inigualables de la historia del rock (25 álbumes de estudio en 36 años, y nunca dos iguales), y te sientes como esa Dorothy en blanco y negro recién llegada al extraordinario y colorido Mundo de Oz, rodeado de cosas que te fascinan, otras que te aterran, algunas que no comprendes… Y comienzas incluso a fantasear con lo máximo, que sería verle en directo, algo así como presentarte en la Ciudad Esmeralda y sentarte en las rodillas del mismísimo Mago. Ya sabéis cómo sigue la historia. El hombre es, en realidad, de carne y hueso, por si alguno no lo sabía o aún dudaba de ello, y nos lo confirman unos problemas de salud que le llevan primero a cancelar en 2004 el exitoso “A Reality Tour”, después a limitar sus apariciones en público y, finalmente, a desaparecer por completo. Va pasando el tiempo y a Bowie, que nunca, jamás, ha estado más de tres años sin grabar un disco, parece que se le ha tragado la tierra.

Bowie 2013 (1)

Llego a darle vueltas, incluso, a la idea de escribir un post en este blog hablando de lo que parecía un retiro definitivo, alabando esa forma suya de irse tan… tan… no sé, honesta, sin hacer ruido, sin aspavientos, sin poses, sin gilipolleces. Como diciendo «Vosotros seguid con vuestras cosas que yo me retiro a mis aposentos, a descansar y a vivir la vida, que me lo he ganado». Como diciéndolo para sí mismo y no en voz alta, claro, porque en realidad no nos dimos cuenta de que se había marchado, definitivamente, hasta que no miramos alrededor, buscamos por toda la estancia y ahí ya sí nos dimos cuenta, aterrados, de que no estaba. Una postura, como digo, honesta, y así, a simple vista, bastante más loable que la de Scorpions o Judas Priest, por poner dos ejemplos muy recientes (y evidentes), dos bandas que admiro mucho pero que desde que se embarcaron en sendas giras de despedida no sólo no han parado, sino que no parece que tengan, realmente, ninguna prisa por retirarse. Volviendo al tema que nos interesa, nunca escribí ese post, pero la idea seguía ahí, en la recámara, hasta comienzos de este mismo año. Porque el pasado 8 de enero Bowie cumplía 66 años y, aunque entonces no lo sabíamos, resulta que estábamos todos invitados a la fiesta. Y así, casi diez años después, nuestro héroe volvió a tomar la palabra y, en un vibrante brindis que nunca olvidaremos, nos dijo: «Tengo nuevo single, nuevo videoclip y, en un par de meses, tendré nuevo álbum. He vuelto». Durante unos segundos nos quedamos estupefactos, sin saber muy bien qué decir ante algo que ninguno de nosotros esperaba, y cuando por fin reaccionamos, lo celebramos. No era para menos. Luego aprovechó la algarabía general para soltarnos, en medio de todo el follón, que no saldría de gira, y aunque el nivel de decibelios de la fiesta bajó un poco, seguimos celebrándolo.

.

Cómo ha logrado, durante los dos años que ha durado la grabación de “The Next Day”, llevarlo todo totalmente en secreto, es un misterio casi indescifrable. Ninguna de las personas involucradas se fue de la lengua. Bueno, ninguna no. Hubo alguien que se chivó pero nadie le hizo caso. Robert Fripp, el hombre al que le debemos el glorioso sonido de guitarra de “Heroes” (1977) y otros grandes momentos en “Scary Monsters” (1980), no sólo declinó participar en el álbum, sino que además el muy cabroncete al día siguiente lo cascó en Internet. «Que he rechazado participar en el nuevo disco que está grabando Bowie», o algo así, soltó. Y por lo que sea, nadie le creyó. Sea como fuere, la fecha marcada en rojo en el calendario se va acercando. Tras el sorprendente, de muchas maneras, “Where Are We Now?” Bowie nos regala un segundo single con un curradísimo videoclip, “The Stars (Are Out Tonight)”, que nos hace reafirmarnos en la creencia, o en la esperanza, de que estamos efectivamente ante algo grande. Y remata la jugada colgando en streaming, doce días antes de su lanzamiento, gratis y con una calidad excelente, el disco íntegro en iTunes. Poniéndoselo en bandeja, de paso, a cientos, miles, millones de piratas. «No me importa», parece decir, «he hecho un discazo y, cuando salga, vais a ir todos corriendo a la tienda a comprarlo. O no. En realidad eso es lo de menos».

.

¿Es así? ¿Es “The Next Day”, su álbum número 26, un discazo? Las primeras críticas que nos llegan de allende los mares son absolutamente entusiastas y apuntan en esa dirección. Hay quien escribe cosas como «El regreso de Bowie al rock», cuando todos sabemos que nunca ha dejado de rockear, aunque no sea lo único que haya hecho, o incluso «El regreso de Bowie al glam», algo que ya nos parece que es salirse un poco de madre. Por eso, con la tranquilidad ética y moral de quien correrá a la tienda a comprarlo cuando salga a la venta, tenemos que comprobar por nosotros mismos si “The Next Day” es tan bueno como lo pintan. Y lo es. Mejor, sin discusión, que “Reality” y “Heathen”, aunque compararlo con “Hours…” ya implicaría un debate en el plano sentimental que, de momento, decidimos aplazar. Mucho más satisfactorio, en líneas generales, que “Earthling” (1997), y no digamos ya si lo comparamos con “Outside” (1995), “The Buddha of Suburbia” (1993), “Black Tie White Noise” (1993), la experiencia con Tin Machine… Así, vamos retrocediendo en el tiempo y nos preguntamos: «¿Es su mejor disco desde cuándo? ¿Desde “Let’s Dance” (1983)? ¿Desde “Scary Monsters”?». Bufff, eso son palabras mayores. Lo que para mí es indiscutible es que es el mejor disco que Bowie podría haber hecho en 2013. Y eso no es poca cosa, y no muchas leyendas, de hecho, pueden presumir de ello. Caigo en la cuenta también de otro dato asombroso: con “The Next Day”, Bowie ha publicado álbumes de estudio en los 60, en los 70, en los 80, en los 90, en los 2000 y, ahora, en los 2010. Seis décadas al pie del cañón. Aún no sabemos si ha vuelto para quedarse, si este nuevo disco es el primero de una nueva era, o si será en cambio su despedida definitiva. Si es esto último, se habrá ido poniendo un broche inmejorable a una carrera apoteósica, y logrando una marca al alcance de muy pocos, o de casi nadie.

Bowie 2013 (2)

Producido por Tony Visconti, su colaborador más fiel ya desde la época de “Space Oddity” (1969), “The Next Day” es una reivindicación de toda su trayectoria, como ya nos anticipaba su juguetona portada. Suena como sabemos que debería sonar Bowie en 2013, moderno y actual, pero con ecos, benditos y maravillosos ecos que nos transportan en el tiempo a los mejores momentos de su producción. Pero no lo hace de forma forzada, ni tampoco excesivamente solemne, simplemente fluye y se eleva como lo que en definitiva es, una celebración. Catorce temas directos y rotundos, con una duración que oscila entre los 2:59 de “Dirty Boys” y los 4:38 de “You Feel So Lonely You Could Die”. Un disco que deja muy buena impresión en una primera escucha, que entra con facilidad pero que gana y gana en sucesivas audiciones, creciendo y alzándose en toda su complejidad. Junto a Visconti, músicos de confianza del artista (los guitarristas Gerry Leonard, David Torn y Earl Slick, los bajistas Gail Ann Dorsey, Tony Levin y el propio productor del disco, los baterías Zachary Alford y Sterling Campbell, el saxofonista Steve Elson) junto a algún nuevo fichaje (el pianista Henry Hey). Y Bowie canta de maravilla. Más maduro que nunca pero sin perder ni un ápice de magia y potencia. Nadie ha sabido aprovechar los inevitables cambios que sufre una garganta y unas cuerdas vocales en casi cinco décadas de carrera, en su favor, mejor que él, ni nadie ha sabido adaptarse tan bien al paso del tiempo. Ya no tendrá el aspecto tan jodidamente saludable, aunque luego la procesión fuese por dentro, que lucía hace diez años durante su última gira, pero sí parece estar en plena forma.

Bowie 2013 (3)

Arranca “The Next Day” con la canción homónima y es un comienzo inmejorable. Si el single “Where Are We Now?” nos hizo creer que nos encontraríamos con un disco intimista, triste, oscuro y melancólico, pronto salimos de nuestro error. El tema título (¿con resonancias de “Scary Montsters”… de “Heroes”?) nos pone a mil, nos llena de energía, nos obliga a levantar los brazos y, eso sí, nos hace maldecir su decisión de no salir de gira porque es probable que nunca la escuchemos en directo. “Dirty Boys” es, en cambio, funky, lenta, sucia y pegajosa, y el saxo de Elson nos transporta inevitablemente por momentos a la era “Young Americans” (1975). “The Stars (Are Out Tonight)”, segundo sencillo del disco, es cien por cien Bowie por sus cuatro costados, un temazo que destacaría resplandeciente en cualquiera de sus trabajos anteriores. “Love is Lost” es una de mis canciones favoritas del disco, con su ritmo marcial y su férrea armazón eléctrica y mecánica que se desmadra, lo justo, en los instantes finales. “Where Are We Now?”, que pudo parecer una decisión un tanto extraña como primer single, pero para eso Bowie siempre ha hecho lo que se le ha antojado, gana situada en el conjunto del álbum, en donde sirve de contrapunto a la energía desatada hasta ese momento. Es una pieza íntima y cálida, envolvente y con un final bellísimo. Jugando de nuevo con los contrastes, la alegre “Valentine’s Day” podría ser el tema por el que algunos hablaron de un regreso, o algo parecido, al glam rock, aunque a mí casi me remite más al inigualable pop rock que Bowie sacó a pasear en “Hunky Dory” (1971). “If You Can See Me” es, en cambio, esa típica marcianada que podríamos encontrar en cualquiera de sus trabajos de los 90 y que ni siquiera salvan, en mi opinión, los maravillosos coros de Gail Ann Dorsey. Habrá también quien la ame, pero para mí es el único momento del disco en el que siento la tentación de pulsar la tecla de avanzar a la siguiente canción. Por suerte, volvemos a estar casi donde lo dejamos con “I’d Rather Be High”, que nos muestra a un Bowie rejuvenecido, tiene algunas de las mejores guitarras del álbum y es, líricamente, brillante. “Boss Of Me” marca el regreso del saxo de Elson pero esta vez en una línea más funkrockera y directa. “Dancing Out In Space”, como bien indica su nombre, es una pieza que nos invita a bailar, mientras nos dejamos mecer por las envolventes guitarras de Torn y disfrutamos con la interpretación un tanto retorcida y gamberra de Bowie. Un tono y una sonoridad que se mantiene en “How Does The Grass Grow?”, una pieza colorida, enérgica y cambiante que se atreve incluso a evocar (¿o parodiar?) el riff de “Apache” de The Shadows. “(You Will) Set The World On Fire”  es otro de los ‘highlights’ del disco, con un riff de guitarra áspero y crudo, que nos introduce en un tema de rock musculoso y sofisticado, una de esas fórmulas que sólo alguien como Bowie es capaz de hacer que funcionen. “You Feel So Lonely You Could Die” parece por su título una composición de Hank Williams pero es en realidad un medio tiempo precioso engrandecido por el piano de Hey, unas acertadísimas cuerdas y los estupendos coros de Dorsey y Janice Pendarvis. Llega a recordar por momentos a “Rock ‘N’ Roll Suicide” y rescata, en su tramo final, el patrón de batería de “Five Years”. El bueno de Ziggy, en cualquier caso, andaba por ahí. Y el telón se cierra con “Heat”, el tema más oscuro, retorcido, opresivo y lastimoso de “The Next Day”, dominado por las tortuosas guitarras de Leonard y Torn, unas llorosas cuerdas y la acústica del propio Bowie, que además canta como cantaría un condenado a muerte en la noche antes de su ejecución.

Termina el disco y sentimos que ya no estamos donde estábamos. Hemos hecho un viaje y, como todo viaje, de alguna forma nos ha cambiado. Paladeamos un poco lo que acabamos de vivir, rememoramos paso a paso la experiencia y, después de unos segundos de duda, volvemos a seleccionar la primera pista del álbum. Pulsamos el play. «Joder, Bowie ha vuelto», musitamos. Y sonreímos.

Bowie Heroes

Anuncios
6 comentarios leave one →
  1. 07/03/2013 1:15

    Excelente artículo. Bowie ha vuelto!!

    Enhorabuena por el blog.

  2. Monty permalink
    11/03/2013 1:57

    ¡Uff, qué ganas tengo de que salga a la venta el nuevo disco!. Parece, por lo poco que he podído oirlo, sólo una vez, que va a ser un grandísimo disco. No a la altura de los que grabó en los 70, ni tampoco creo que tenga necesidad de hacerlo, pero tampoco un Let´s Dance, Tonight o Never Let Me Down (su peor disco, con diferencia, juto con el primero de Tin Machine). A ver si sale de gira, tengo la suerte de haberlo visto en el 87 y en el 90, aunque son dos de sus dos giras más flojas, pero…..¡Qué se le va ha hacer!.
    Con respecto al Hours, tiene canciones que no están mal, sobre todo la de Seven, que me encanta, pero las tres últimas canciones junto con la de What´s Really Happening?, me parecen un auténtico peñazo:-( Mi disco favorito de Bowie, es el Diamond Dogs….¡Todavía flipo co los perros de diamante!.
    Bowie, ha hecho pocos discos malos, pero los que ha hecho, los ha hecho de verdad, vamos, que no se ha andado con tonterías.
    Pero lo más importante es que Bowie ha vuelto, y por la puerta grande.

  3. 09/04/2013 12:27

    lamentablemente, una vez escuchado el disco se queda en eso, en las ganas que teníamos de que fuera un disco de referencia en su carrera, un redescubrimiento de Bowie y que nos enseñara que había estado incubando tras estos 10 largísimos años de silencio.
    La realidad es que pasará a la historia como un disco más del montón, con sus momentos álgidos y su letanía general.
    Pero realmente, más allá de las ganas, nadie en su sano juicio esperaba que este fuese un gran disco.
    Lo mejor del disco será la gira que le seguirá, poder ir a verle en concierto, probablemente no habrá muchas más oportunidades…
    Grande Bowie.

Trackbacks

  1. Música: nuestros 13 de 2013 | El Cadillac Negro
  2. La perfección, o Bowie en los 70 (I): el hombre de las estrellas | El Cadillac Negro
  3. “Blackstar”: la última mutación de David Bowie | El Cadillac Negro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: