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“Horace and Pete”: la tristeza de una Budweiser

07/09/2016

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El pasado año hablábamos de la quinta temporada de “Louie” como una posible despedida, ya que el propio comediante (nuestro comediante triste) había declarado sus intenciones de aparcar el producto. No nos importó por aquel entonces no saber si aquel road trip fue lo último que veríamos del gran Louie porque, como señalamos, durante años dicha serie se había convertido en una oda al surrealismo que esconden las acciones cotidianas, al factor sorpresa de la rutina, al “todo puede salir mal” y al “esto ha salido bien por pura casualidad”. De ese modo, el final no debería ir acompañado de fuegos artificiales, sino ser un final, un corte en la realidad tan ordinario como la vida.

Meses más tarde Louis C.K. volvió a declarar que aquel libro estaba cerrado, aunque sus más fervientes seguidores creemos que no lo ha guardado en la estantería y cuando le plazca puede volver a abrirlo como cuando cualquiera de nosotros hace un paréntesis en algo que lo está manteniendo estancado. Sin previo aviso, no podía ser de otra manera, en enero de este año lanzó una web serie llamada “Horace and Pete” de la que no he podido disfrutar hasta ahora. Pero dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, y por no contener el entusiasmo e ignorando aquello de poner por las nubes las expectativas de nuestros lectores, diré que hasta el momento y a falta de la emisión de otros pesos pesados, este es mi producto favorito del año.

Con diez episodios de duración variable (entre 30 y 70 minutos), la historia ofrecida y estructurada a la perfección (porque no hay nada aquí que no sea impecable) como una obra de teatro, queda totalmente cerrada, pudiendo considerar al producto como una mini serie debido a su formato. ¿Qué funciona en “Horace and Pete”? Pues absolutamente todo, empezando por un reparto soberbio compuesto por el propio Louis C.K, Steve Buscemi, Edie Falco (la gran Carmela Soprano), Alan Alda y Jessica Lange como protagonistas.

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Si en múltiples ocasiones nos hemos llevado las manos a la cabeza cuando se ha tratado de que “Louie” encaje en la simple y plana definición de comedia (una comedia para llorar, de nuevo, una comedia triste), el producto que el mago pelirrojo firma este año da lugar a menos elucubraciones a la hora de ajustarse a las características de un género. Aquí ya no quedan vestigios de comedia. Esta web serie es un drama, una tragedia, la tragedia que una vez más guarda el día a día y que se arrastra de generación en generación. La nostalgia y la melancolía están presentes a lo largo de todo su recorrido, son parte del decorado, de la historia, del contexto, de los personajes. La tristeza lo impregna todo.

Transcurre, como era de esperar, en un pub de estilo irlandés llamado “Horace and Pete’s” que lleva cien años abierto y pasando de padres a hijos, Horaces y Petes a Horaces y Petes. Un lugar que ha quedado anclado en el tiempo, que se ha visto atrapado en ese siglo de historia, con su máquina de discos, su viejo mobiliario de madera y lo trágico del arraigo de las tradiciones. Un lugar donde la única cerveza servida es la Budwaiser y donde no se ofrecen combinados, donde el precio varía de consumidor a consumidor, sujetos a la ley de que no es lo mismo sentarse en una de sus ajadas mesas siendo un hipster para beber “irónicamente” que no salir del bar dejándose arrastrar por la tristeza de una vida mal llevada o unas cartas mal repartidas.

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Puede presumir de muchas cosas, pero si algo destacamos por encima de todos los factores que la hacen grande es su absolutamente magistral guión.”Horace and Pete” vive esencialmente en sus diálogos, en las dolorosas conversaciones familiares que a veces se convierten en monólogos que lejos de resultar cargantes nos atrapan en el nudo de palabras y silencios, en las disertaciones de los parroquianos que parecen vivir en el establecimiento. Lo consigue todo en un escenario reducido que se limita al propio bar y la vivienda del piso superior que habitan sus propietarios.

Esa barra de bar es un escaparate social, un reflejo de las opiniones de la ciudadanía, del conformismo atroz, del inconformismo apasionado, de lo anecdótico. Un escaparate donde se tratan todos los temas que nos atañen en la vida empezando por la política y la ligereza con la que se trata en las calles. El sexismo, la violencia, la enfermedad, el racismo, las relaciones, la soledad, el sexo o la propia muerte.

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Resta hablar, precisamente, del corazón de toda esta obra, de lo que subyace y mueve el motor de esta historia, que es la tragedia que guarda la tradición. Una tradición que condiciona a los títeres que tienen que formar parte de ella, una tradición que se nos antoja absurda porque el negocio no es rentable pero pesan más los cien años, una tradición cruel en la que ha habido un pasado (y existe un presente) de maltrato y sufrimiento personal, que sólo contempla al varón y que no tiene el menor interés en evolucionar por que las cosas son como son y un siglo parece un aval.

Es una recomendación ferviente, queridos lectores del Cadillac. “Horace and Pete” es una maravilla que ha quedado relegada entre tantos éxitos televisivos este año y, como siempre, esto vuelve a tener sentido. Es la voz de Louis C. K. que viene a decirnos que la vida es un asco, pero hay que tirar de ella, como manda la tradición.

 

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