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“Tarque”: es solo rock and roll

09/10/2018

Para su primera escapada en solitario, Carlos Tarque sabía perfectamente lo que quería hacer, y eso ha hecho, simple y puro rock and roll. El cantante de M-Clan (porque todavía se le debe considerar el cantante de este grupo, ya que aseguran que no ha desaparecido sino que se encuentra en ‘stand by’) ha querido despojarse de todos los vestidos que poco a poco o cada uno en su momento han ido cubriendo la música de la banda para brindar un disco de puro y seco rock, sin más artificios ni medias tintas. Sin embargo, no hemos de dejar pasar por alto que en la pegada tan directa que ha despachado, pretendidamente ha dejado por el camino buena parte de los atributos de los que había hecho alarde hasta ahora, y esto te puede parecer una buena o una mala noticia.

Que Carlos Tarque tarde o temprano iba a probar suerte en solitario era algo que se venía venir a la legua. El ser uno de los más importantes frontman de la escena musical española le hacía carne de escapada, si no de ruptura. Muy pocos grupos con una voz tan potente al frente (o incluso sin ella) se mantienen vivos durante tantos años, es casi ley de vida. Por supuesto que hay ejemplos de lo contrario, pero lo normal es que en algún momento dado el tipo que atrae la mayoría de los focos los quiera todos para él. Así, con M-Clan ya reducido desde hace unos discos a dúo, puede que la negociación de la cana al aire se haciera más sencilla que cuando se ha de pactar con un grupo amplio de músicos que temen perder su estatus. Y en esas nos plantamos, después de que el grupo murciano recuperase laureles y audiencias con el disco “Dos noches en el Price” (que aquí diseccionamos), con el que hacían acopio de su carrera en un gran directo, su último disco fue un paseo por el folk-country-rock americano, un género con el que siempre habían coqueteado pero que no fue hasta “Delta” (aquí reseñado) cuando se sumergieron en él. Personalmente me parece un disco muy bonito e interesante, con algún bajón en su parte media, pero creo que en general lo recibí bastante mejor que la media del público. Por lo tanto, era el momento de dar un puñetazo en la mesa y decir, “no os confundais amigos, lo mío sigue siendo el rock”.

 

Tras escuchar el primer adelanto del disco, de nombre tan simple y contundente como certero: “Tarque”, y leyendo algunas declaraciones del autor sobre lo que había planteado, tenía bastante claro lo que iba a encontrar. Así, igual que con “Delta” era fácil intuir por donde irían los tiros conociendo la trayectoria de la banda y sus inquietudes, para este debut en solitario poco espacio iba a haber para la sorpresa tras los primeros adelantos. El disco de Tarque en solitario iba a ser, y es, una colección de riffs de rock y hasta hard-rock, de canciones con una potente base rítmica, de composiciones directas, y ya. Así, no busquéis dobles lecturas en las letras ni en las intenciones, ya que quizás los pocos descubrimientos que se van encontrando con las progresivas escuchas son los detalles que remiten a una u otra banda de rock clásico. Así, las reminiscencias a AC/DC, Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Deep Purple y un largo etcétera de leyendas de este palo son las que bañan y empapan los temas sin ningún rubor, y eso siempre es algo que celebrar. Y además imagino que él también se lo planteó así, como una celebración de los grupos con los que entró en la música, un homenaje a aquellas bandas que en un momento determinado le volaron la cabeza y le hicieron dedicarse a esto. El juego de homenajes también llega a M-Clan en algunas letras, rememorando en ciertos pasajes a los “murciélagos”, a “algo más fuerte” o a “calles sin luz”.

Las cinco primeras canciones del disco fueron adelantadas paulatinamente semanas antes de su publicación en una estrategia cada vez más habitual para intentar tener algo de altavoz durante algo más de tiempo, en una época en la que un disco pasa de ser novedad a estar en el olvido en un suspiro. Abre el trabajo “Bailo”, en la que ya se apuntan las bazas de las que apenas se separará, es decir, guitarra afilada sobre base rítmica potente y sin florituras y, por supuesto, la impagable voz de Tarque. Le sigue “Ahora y en la hora”, en la se potencia y endurece un punto más el sonido y con la que llegan los primeros ecos directísimos de AC/DC. El tercer corte, “Heartbreaker”, supone un homenaje al malogrado y legendario Tom Petty, si bien el conseguido estribillo y el guiño en el título eran suficientes, pudiendo haberse podido evitar esas traducciones de algunas de las más conocidas canciones de Petty al comienzo de la canción, un recurso algo manido a estas alturas. En “Donde nace el R&R” son Led Zeppelin los que vienen a la cabeza en un riff que recuerda irremediablemente a “Houses of the Holy” y con la voz de Tarque un tono más alta, casi en plan Robert Plan. Y la primera mitad del álbum se cierra con “El diablo me acompañará”, una de las más heavys y una de mis favoritas, quizás la que tiene una estructura más compleja, con algo de The Who quizás, y con la que es casi imposible no menear la cabeza aireando la melena (quien todavía la conserve).

 

La tanda de temas que se habían mantenido inéditas hasta el lanzamiento del disco se abre con “Lobo solitario”, que llama la atención, además de por ser la más calmada, por su sonido de guitarra muy a lo Hendrix, con un comienzo que evoca directamente a gloriosos medios tiempos del de Seattle como “The wind cries Mary” o “Hey Joe”. “Juicio final” presenta la letra más canalla de todas, una especie de enumeración como la de aquel “Pirata cojo” de Sabina, sobre un ritmo casi militar (de militancia rocanrol!). A continuación aparece la más luminosa musicalmente hablando, con las acústicas rebajando la electricidad, “Janis, Amy, Billie”, en la que el sonido de la Creedence Clearwater Revival es más que una referencia, y que supone un homenaje a las tres míticas cantantes apresuradamente fallecidas. Acercándonos al final, “Electroshock” vuelve a poner a AC/DC en primera plana, sirviendo de inmejorable ejemplo del cómo las letras en este disco son muchas veces meros pretextos para dar cuerpo a la canción, siendo ellas las que visten a la música, y no como contrariamente casi siempre suele suceder. El disco finaliza con “Cactus en el corazón”, un tema de redención, casi crepuscular, que se inicia con aires bluseros que recuerdan a aquel tema del primer disco de M-Clan “Ron Vudú”, con el tono perfecto para cerrar la colección, y que posiblemente sea la más canción, con mayúsculas, de todo el lote, la que presenta más elementos para disfrutar aparte del propio estilo.

Carlos Tarque ha sabido tomar la suficiente distancia con el sonido de M-Clan para que este disco no se antoje caprichoso, y aunque ciertos pasajes podrían rememorar sonidos de álbumes como “Coliseum” o “Arenas movedizas”, realmente en “Tarque” poco queda del blues y mucho menos del soul que abrazaban ambos discos, respectivamente. Además, la producción en esta ocasión es bastante más “amable” que en aquellos, una producción a cargo de Carlos Raya, quien también se encarga de las guitarras y ha sido la mano derecha en todo el proceso de gestación, y en la que hecho en falta algo más de suciedad, de garage, de mala uva.

Creo no equivocarme al afirmar que muy pocos seguidores de M-Clan van a poder sentirse defraudados ya que este nuevo proyecto entra con suma facilidad y la voz de Tarque sigue brillando a una enorme altura. Además, es hasta posible que encaje en nuevos oídos, esos oídos rockeros que habían puesto en entredicho a M-Clan en numerosas ocasiones a partir del “Llamando a la Tierra” (¡y qué decir tras “Carolina”!) y que pueden sentirse ahora reengachados a la causa. Por mi parte, celebro y disfruto el disco, su inmediatez, su estilo y su sonido rocoso, pero creo que en él no hay ninguna enorme canción, y es que en ese estilo que tan premeditadamente se ha buscado están también muchas veces sus propias limitaciones. Ya sabemos, al final, “it’s only rock and roll… but I like”!.

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