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“The Vast of Night”: radio nostalgia

13/07/2020

La ciencia ficción es uno de los géneros que más obras de culto ha dejado a su paso a lo largo de la historia. Tal vez una de las razones sea su target, espectadores y lectores que lejos de dejarse arrastrar por el tópico facilón de lo tonto que es perderse en este tipo de relatos “cuando ya se tiene una edad”, se abrazan a ellos como maná en el desierto. También es un target un poco (a veces demasiado) purista, sin ánimo absoluto de ofensa y habiendo vivido en este grupo desde que era una niña.

Es por eso que cada vez más a menudo la nostalgia se convierte en un recurso útil para creadores y creadoras de este tipo de ficción, pero no sólo no funciona siempre, sino que en estos casos la acogida de un producto se ve condenada al maniqueísmo y al “lo odias o lo amas”. Algo que, por supuesto, ha ocurrido con “The Vast of Night”, que ha visto la luz gracias a Amazon Prime Video sin que se haya dejado de hablar de ella en las últimas semanas.

La cinta, dirigida por Andrew Patterson, nos regala una noche cualquiera emplazada en el Nuevo México de los años 50 en la que dos jóvenes que trabajan en la radio local (Sierra McCormick y Jake Horowitz) captan una frecuencia más allá de lo recocido por el ser humano. ¿Nos suena? Eso es porque esta historia ya nos la habían contado antes un millón de veces, aunque nunca nos la habían contado igual. De ahí el hechizo colectivo y de ahí las caras de escarnio antológicas.

Yo estoy encantada y lo estoy porque esta cinta tiene todo lo que me gusta, y es que se baña en litros de elementos de las historias de extraterrestres clásicas. Personajes curiosos que buscan saber más y no tienen miedo a indagar, fuerzas militares escondiendo cosas, víctimas de encuentros que necesitan que sus experiencias vean la luz, avistamientos de luces en el cielo, bosques plagados de cenizas, Roswell y la radio.

“The Vast of Night” cuenta con una simple premisa y tiene pocas pretensiones. Argumentalmente es sencilla y no aporta nada nuevo al género, pero es uno de esos casos en los que el “cómo” se queda con espectador muchísimo más tiempo que el “qué”. Bajo esa historia clásica de seres de otro planeta que se empeñan en explorarnos (¡precisamente a nosotros!) hay una calidez que abraza, hecha de planos preciosos, del negro de la noche, del rojo del neón, del verde sin el cual no concebimos a un género que nos ha dado tanto. Y por si no fuera suficiente, vive dentro de un episodio de “Twilight Zone” (bueno, de “Paradox Theatre Hour”).

Soy de la opinión de que la creación de nuevas historias, la defensa de nuevos discursos y la representación de otras voces son muy necesarias, pero cuando se hace bien, la nostagia puede envolvernos en una manta calentita y surge la magia. Resulta fácil disfrutar de este filme sin pedirle mucho más, porque, tal vez, en medio de una pandemia, tras tres meses de encierro y tratando de adaptarnos a una normalidad irreconocible, es todo lo que necesitamos.

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