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“Port of Morrow”, el pop pluscuamperfecto de The Shins

24/03/2012

The Shins es una de esas pequeñas grandes bandas a las que uno coge un cariño especial. Sus discos no son redondos pero siempre, siempre, entregan en cada uno de ellos al menos tres o cuatro auténticas maravillas que te reconcilian con el mejor pop de toda la vida. En un mundo perfecto, The Shins jugarían en las grandes ligas mainstream, pero en el que vivimos de momento tienen que conformarse con ser uno de los secretos mejor guardados (aunque no nos engañemos, cada vez menos) y queridos de la división “indie”, sobre todo desde que un par de temas suyos sonasen en la banda sonora de aquella película con Natalie Portman, “Algo en común (Garden State)”.

Formada en Albuquerque (Nuevo México) en 1997, The Shins es en realidad el vehículo personal del vocalista y guitarrista James Mercer, el único miembro que queda de la formación original (un caso parecido al de Conor Oberst en Bright Eyes, o el de Kurt Wagner en Lambchop). Su voz aguda y evocadora le sienta como un guante a ese pop pluscuamperfecto y emocionante que tanto recuerda a The Beatles, Beach Boys y, sobre todo, The Zombies. Entre melodías atemporales, tan sencillas como inesperadamente complejas e intrincadas, ráfagas de psicodelia, armonías vocales exquisitas, especias folk y country y ligeros condimentos electrónicos, la música de The Shins suena  a veces luminosamente eufórica, a veces misteriosamente nostálgica, pero siempre viva. Para los que no les conozcan, degustar por primera vez los placeres de “New Slang”,  “Turn on me”,  “Saint Simon”, “Australia” o So says I”  debería ser una especie de revelación.

No tengo un álbum preferido de The Shins. “Oh inverted world” (2001) , el primero, es el que tengo menos escuchado, pero ahí ya hay un frescura producto de la escasez de medios que se confirma totalmente en “Chutes too narrow” (2003), uno de mis discos favoritos de aquella época, y quizás el que mejor representa todas las cualidades de la banda. “Wincing the night away” (2007) mantuvo el nivel e incluso alcanzó un insospechado éxito en las listas de Billboard, motivado seguramente por la amplia base de fans que ya aglutinaban en aquel momento. Desde entonces, el silencio. Mercer se alió con el productor de moda, Danger Mouse, para dar forma al sorprendente proyecto Broken Bells, que generó uno de los singles más celebrados de hace un par de temporadas, “The High Road”.

Y en 2012 Mercer regresa con The Shins. Es un decir, porque ha reformado de nuevo el grupo, y esta vez ha puesto a los mandos al productor Greg Kurstin -que ha firmado trabajos para estrellas como Kylie Minogue, Lily Allen o Kesha, aunque en su currículum también figuran  créditos para The Flaming Lips, Foster the People o Marina and the Diamonds-, movimiento que puede entenderse como un intento definitivo por asaltar las grandes audiencias. No sabemos si lo conseguirá con este flamante “Port of Morrow”, pero sí podemos constatar que, como en todos los trabajos de The Shins, hay un puñado de cancionacas.

Concretamente, los tres primeros disparos son oro puro. “The Riffle’s Spiral”  es quizá el único momento en el que se insinúa la huella de Broken Bells, a través del leve colchón electrónico sobre el que descansa un tema sorprendente (y acertadamente) sofisticado que casi se dirige a las pistas de baile. Pero si “Port of morrow” será recordado por algo, es por ser el disco de “Simple song”, una gloriosa gema de power-pop que en sus cuatro maravillosos minutos resume lo mejor de la banda. Mi canción favorita de lo que llevamos de 2012 (y posiblemente lo siga siendo al terminarlo).  El trío lo completa “It’s only life” , una balada excelsa de estribillo absolutamente elevador , belleza prístina y sensibilidad a flor de piel.

El disco prosigue combinando medios tiempos y lentas que, como siempre ocurre con The Shins, ganan más cuanto más las escuchas. Destacan la sencillez acústica de “September” y la deslumbrante opulencia de “No way down” , pero también hay, más acusadamente que nunca, un cierto regusto por el soft-pop de FMs setenteras que edulcora un tanto el resto del menú. The Shins nunca sonaron tan perfectamente arreglados y tan pulidos. No tiene por qué ser algo malo, pero “Port of morrow” les termina de alejar de sus raíces “indies” para acercarse a ese concepto de banda “para todo el mundo” que Mercer perseguía. En cualquier caso, el conjunto de las diez canciones aquí incluidas se revela muy equilibrado y ofrece unas cuantas rodajas de esa magia que tanto nos conmueve y que invitan a repetir una y otra vez.

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