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“Open windows”: Webchats indiscretos

13/07/2014

OpenWindows

(AVISO: Aunque este humilde servidor considera que las siguientes líneas no contienen spoilers, que puedan desvelar momentos cumbres del film que tenemos entre manos; sí es posible que, alguien ajeno a sus trailers y campañas publicitarias, pueda obtener más información de la estrictamente necesaria para acudir a la sala de cine. Si éste es tu caso, pasa al siguiente artículo de El Cadillac Negro antes de que algún hacker se haga con el control de tu ordenador)

Imaginad que, mientras dais lectura a este artículo en vuestro ordenador, se abren varias ventanas más en la pantalla, a través de las cuales podéis observar la vida privada de vuestro actor/actriz favorito/a sin su consentimiento y sin que esa persona se percate de vuestra “presencia” digital. Obviamente, para muchos sería un sueño hecho realidad, dando gracias a la deidad de turno por tan afortunado momento; pero, para otros, supondría un dilema moral: la privacidad de esa persona asaltada por nuestra intromisión en su vida. El cine ha tratado en múltiples ocasiones el ‘voyeurismo’ pero, para el caso que nos trata hoy, citaremos especialmente dos: “La ventana indiscreta” (1954, Alfred Hitchcock) y “Doble cuerpo” (1984, Brian De Palma). En estas dos historias, el mirón queda moralmente justificado por la misión de salvar la vida de la persona objetivo de su mirada, ocurriendo lo mismo en el film de Nacho Vigalondo; aunque, a diferencia de los dos clásicos, en “Open Windows” se produce un interesante giro de tuerca al verse el protagonista “obligado” a contemplar la vida privada de su actriz fetiche, sin que la tendencia ‘voyeur’ fuera algo inherente al personaje hasta ese momento de su vida (no ocurría lo mismo con L.B. Jefferies y Jake Scully).

“Open Windows” es, ante todo, un thriller que adapta al siglo XXI este “espionaje amateur”, entrando de lleno a cuestionar la exposición pública que muchos realizan de su actividad privada, la facilidad que aportan las nuevas tecnologías para conocer múltiples aspectos personales de la gente y la amenaza para nuestra intimidad que todos estos componentes pueden dar como resultado. Limpiad bien la lente de vuestra webcam y comprobad que la cámara de vuestro teléfono os enfoque correctamente, porque dirigimos el Cadillac hacia una carretera donde la privacidad y la moralidad brillarán por su ausencia.

A nivel personal, debo decir que el director cántabro Nacho Vigalondo (genio y figura para unos; polémico y provocador para otros), llamó mi atención ya en el año 2003 con aquel corto nominado a los Oscar llamado “7:35 de la mañana”, una loca ‘declaración de amor’ rodada en blanco y negro, que situó a Vigalondo en múltiples certámenes dentro y fuera de nuestras fronteras. Entre corto y corto, unos años más tarde llegaría su puesta de largo con “Cronocrímenes” que, a día de hoy, sigo considerando unas de las mejores operas-primas del cine patrio y, por descontado, una de las mejores películas de viajes en el tiempo de la historia (no soy el único).

Con semejante título en su haber, debo decir que tenía mucho interés en comprobar la evolución del director con la que sería su segunda producción: “Extraterrestre“. Sin embargo, parte de mis expectativas no se cumplieron totalmente. Es cierto que seguía siendo un perfecto ejemplo de originalidad, de buena realización, de frescura en lo conceptual, sorprendente forma de abordar el género alienígena y una muestra de todo lo que puede hacerse con mucha imaginación y poco presupuesto (además de una muy calculada promoción). Pero, para empezar, Vigalondo optó por una comedia romántica (lo de la invasión alienígena realmente no es más que atrezo); género al que respeto, pero lo considero una mala elección para una película que debería ponerte en el mapa, tras la llamada de atención que supuso “Cronocrímenes” a nivel nacional e internacional. Siguiendo por el casting, que no termina de conseguir que la película funcione, ni como comedia, ni como romance. Y terminando con un guión que funciona muy bien en el primer acto; pero que transcurridos 45 minutos ya empieza “a pedir la hora”.

Y así, siguiendo la frenética actividad de Nacho en las redes sociales y admirando no sé si a partes iguales a la persona pública y al director, llegamos a su tercer título, esta vez una co-producción rodada en inglés y con un reparto internacional encabezado por  (el eterno Frodo) Elijah Wood, Sasha Grey (que sí, que es esa Sasha, pesados) y por Neil (“Where is Jessica Hyde?”) Maskell que ya nos dejó con la sangre helada en aquella maravilla de la televisión llamada “Utopía” (de la que escribiremos en pocos días aprovechando el estreno de su segunda temporada).

Vigalondo continúa demostrando un talento innato para componer un arranque portentoso en sus películas. Mediante un ‘trailer’ (cine dentro de cine) del próximo y exitoso título de la actriz Jill Goddard (Grey) y un acto de promoción (con un breve cameo del propio director), empezamos el que será el mayor desafío técnico y narrativo de la película: Todo lo que el espectador contemplará ocurrirá íntegramente en la pantalla de un ordenador portátil.

A través de una webcam conoceremos a Nick Chambers (Wood, como fan absoluto de Goddard, propietario de una web-homenaje a la citada actriz) que ha ganado mediante un concurso la oportunidad de cenar con su idolatrada interprete, y que se encuentra en la habitación de un hotel contando los minutos que faltan para esa cita.

En alguno de esos minutos previos, recibe una llamada en su ordenador que le notifica que dicha cita ha sido cancelada; pero esa misma persona que le comunica tan desafortunada noticia le propone poder observar a la actriz en su intimidad (gracias a una conexión que establece directamente con el portátil y el smartphone de la actriz)…mientras planea cómo matarla.

A partir de este punto, Nick comienza una frenética carrera por detener al asesino, salvar la vida de su actriz favorita y salir vivo del laborioso plan maestro que tiene diseñado el asesino apodado “Chord” (Maskell).

Sin desvelar ningún elemento crucial de la trama, hay que señalar que Vigalondo se mueve durante la primera hora con maestría por la pantalla del portátil, dirigiendo la cámara (y, por tanto, la mirada del espectador) hacia aquellas ventanas en las que en ese momento está ocurriendo un hecho crucial, haciendo del montaje de este título un auténtico desafío técnico y una nota de originalidad destacable. Además, aunque utiliza un punto de vista forzado, se aleja lo suficiente de esa moda, un tanto saturada a estas alturas, que es el ‘found footage’.

Pero ese mismo ímpetu en aportar algo novedoso y diferente acaba fagocitando la historia en sí, para convertirse en la principal limitación del título. Y es que las 17 pulgadas a las que se reduce el “terreno de juego” terminan siendo un lastre una vez el espectador ha superado el asombro inicial. Momento que, además, coincide con la (una vez más) temida fatiga en el desarrollo de la historia y con la consecuente aparición en el guión de inverosímiles giros sorpresa, la gran mayoría ineficaces.

Así mismo, ese afán por lo tecnológico, lleva a la utilización de conceptos que parecen metidos en la trama con calzador, simplemente para dar al film un aspecto más “ciber-moderno”. Destacando esa multi-composición de vídeo en tiempo real mediante el uso de decenas de cámaras de seguridad, que acaba siendo un mero elemento de distracción para el espectador, frente a una trama que debería tenerle atado al asiento a esas alturas de película. (Por poner un artificio similar, recordad aquel sonar que utilizaba la frecuencia de todos los móviles de Gotham para componer una imagen tridimensional en “El Caballero Oscuro”).

A nivel de reparto, Elijah Wood ya tiene tablas de sobra en su carrera como para levantar y dignificar un personaje como el de Nick Chambers (a pesar de ciertas decisiones, difíciles de justificar, que tomará su personaje). Siendo éste un film para su entero lucimiento, destaca cierta similitud con el personaje de su anterior título (también por tierras patrias) “Grand Piano”.

A Sasha Grey no es posible considerarla una mala elección. A nivel de marketing ha funcionado perfectamente (infinidad de artículos han dejado bien claro el pasado de la actriz. Detalle que sirve más para catalogar a esos medios, que a ella misma); aunque su papel podría haber sido interpretado por cualquier otra actriz del panorama actual, porque Grey no es capaz de aportar brillo a un personaje con pocas aristas.

En cuanto a Neil, repite un papel de psicópata como en Utopía; aunque en esta ocasión deja a un lado la contención, para intentar divertirse con un papel que apenas tiene presencia física y, cuando la tiene, casi siempre es detrás de una máscara.

Aún así, la película se detiene lo suficiente para establecer cierta crítica al estilo de vida actual, en el que cualquier acto registrado por una cámara o teléfono móvil puede acabar a la vista de todos y marcar por entero la vida de una persona sin que tenga posibilidad alguna de borrar ese mal paso. Y también una crítica abierta a ese sector de la sociedad educado en los reality-shows y en las oscuras aguas de los medios más sensacionalistas, capaces de disfrutar una muerte en directo y pedir el postre a continuación.

Open Windows es un título más en la carrera de Vigalondo que estará marcado por el extremismo de sus espectadores; separando por una gruesa línea roja, aquellos que opinan que cualquier obra de Nacho es una genialidad, y aquellos que consideran que es una absoluta pérdida de tiempo y dinero. En mi caso, considero que Vigalondo es, de momento, un director con más éxito social que el que demuestra en taquilla. Una persona con un indudable talento para la realización de pequeñas (en su duración) historias, que continúa buscando el camino que le permita convertir un gran corto en una buena película de principio a fin. Alguien que aprovecha cada oportunidad que tiene para intentar sorprender al espectador. Y eso, acierte o no, es algo que personalmente le agradezco y que considero que nuestro cine necesita.

Es un director que va por libre en el panorama cinematográfico español.

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2 comentarios leave one →
  1. Xoloitzcuintles permalink
    15/07/2014 1:26

    Coincido con el análisis. Yo al final acabé fuera de la película con tanto giro de guión sin sentido, que podrían haber funcionado si la historia fuese más cómica y desenfadada, pero no olvidemos que se toma bastante en serio a sí misma, por mucho que haya algún pequeño gag suelto. En su favor hay que decir que aunque los planes de los protagonistas sean absurdamente complejos, casi todo cuadra y se justifica, no llega al nivel del giro final de “Ahora me ves…”, aunque poco le falta.

    El subtexto tampoco es gran cosa. Hay cierta carga irónica en el personaje de Sasha Grey, cuyo escándalo se utiliza para la promoción de la película, buena idea por parte de Vigalondo, porque ya hemos visto lo que se ha destacado en todos los medios (entrevista en El Hormiguero, ejem) sobre esta “Open Windows”. La crítica del final al morbo del espectador, bueno, me quedo con el primer episodio de “Black Mirror”.

    Bien señalado que sus resultados en taquilla han sido muy decepcionantes, sigue demostrándose que una cosa es tener seguimiento en la red y otra mover el culo para pagar la correspondiente entrada. Las promociones por otros medios siguen siendo más efectivas.

    Creo que de momento la carrera en largometrajes de Vigalondo va de más a menos, pues “Los Cronocrímenes” me parece una gran película con un guión de hierro, “Extraterrestre” no pasa de simpática con un tercer acto bastante flojo y “Open Windows” se queda en fallida si la miramos fríamente, aunque resulte entretenida exceptuando las cabriolas del final. Habrá que seguir atentos a su trayectoria a ver si resurge.

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