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20 años de “Placebo”: con faldas y a lo Molko

03/06/2016

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Existen multitud de estandartes musicales en nuestra propia historia como individuos que marcan las distintas etapas vitales, artistas que nos han inspirado, discos que han funcionado como la banda sonora de nuestras victorias y fracasos, nuestros primeros calentones, nuestras pérdidas, nuestras rutinas más vulgares y nuestras memorias más surrealistas. Puede que algunos de estos símbolos estén sujetos a nuestra elección y preferencias, moldeables a causa del tiempo y las experiencias, pero con frecuencia aquel que acaba por convertirse en nuestro animal espiritual llega de manera casual, como si el universo se hubiera movido o lo hubiéramos buscado sin saberlo.  Mi historia con Placebo es una historia de magnetismo y de tiempos adecuados encerrados en los peores momentos, un meet and fuck tan directo como un tiro a quemarropa.

La banda londinense supo introducir su dedo medio en el panorama del rock alternativo de los noventa con sus canciones sobre drogas y fármacos de diseño terminados en “-ína”, sobre los estados más humanos y la depresión más explícita, sobre el sexo desde todas las perspectivas. Brian Molko, vocalista y líder de la banda, acabaría por convertirse en un símbolo con su exquisita androginia, su descaro en la retórica y su evidente y sonora admiración por el hombre de las estrellas, David Bowie (del que fueron teloneros en sus comienzos). Este cóctel molotov artístico detonó en la línea temporal de mi existencia una década después, cuando ya había alcanzado la veintena y tarde, pero Molko encajaba perfectamente en todos mis vacíos de aquel entonces y los discos de Placebo se convirtieron en muy poco tiempo en un mantra que repetir, una banda sonora omnipresente que a día de hoy sigue siendo especial, aunque una década más en los huesos nos haya despojado de aquella vieja costumbre de idealizar a toda aquella figura que formara parte de nuestro desfile de ídolos y revoluciones sexuales.

Que el germen de todo esto yazca en un reencuentro en una estación de Metro de Londres es uno de esos datos que otorga cierto glamour callejero a la historia. Molko y Olsdal fueron los fundadores y ambos continúan como una constante a día de hoy. En julio de 1996, dos años después de su formación inicial, los chicos del “Nancy Boy” verían publicado su primer y homónimo trabajo discográfico con gran éxito y acogida. “Placebo” es un álbum diferente a todo lo que la banda produciría después, nadando de refilón en una suerte de punk pop, con ritmos muy parecidos en la mayoría de sus temas. “Come Home”, “36 Degrees”, “Teenage Angst”“Bruise Pristine” nos regalan ritmos más sucios que los que en años posteriores darían sentido al estilo de Placebo, ritmos con los que saltar con el carmín ligeramente corrido y el pelo alborotado. Mis temas favoritos de su debut, sin embargo, apuntan hacia el futuro con una languidez emocional y unas lágrimas de cristal más propias en general de su discografía: “I know”, “Lady of the Flowers” e incluso “Hang On to Your IQ” empiezan a jugar con los cambios de tiempo, introducen el sintetizador al que Molko se abrazaría más tarde y ofrecen una melancolía más pausada, aunque bañada de esa vocalización menos contenida y trabajada del cantante.

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Pero si un tema quedaría impreso en la memoria colectiva del público, ese es, por supuesto, “Nancy Boy”, el single que supuso el pistoletazo de salida, la carta de presentación de un grupo despojado de complejos y toda una declaración de principios dirigida a todo aquel que concibe la bisexualidad como una moda. Es, desde luego, donde nace aquella polémica que este trío despertaba hace un par de décadas. Su sexualidad maravillosamente abierta, las faldas y el maquillaje de Brian, las canciones sobre la angustia adolescente, las referencias a un polvo robótico que a día de hoy seguimos sin encontrar en “Bionic”, el lubricante, las emociones más oscuras, los viajes en ácido. Nuestras abuelas no hubieran aprobado nada de esto. 

Chinese masseuse, comes between us
talks in haikus, plastic venus
Got a headrush, in her pocket
two rubbers, two lubes, and a silver rocket

Tras firmar con una discográfica mayor (Virgin Records) un año antes, en 1998 Placebo se reafirmaría con “Without You I’m Nothing”, rompiendo la maldición del segundo producto y presentando un trabajo mucho más personal, una suerte de tránsito entre el desenfado de su álbum debut y los sonidos más limpios pero más experimentales del “Black Market Music” que lo sucedería. Este segundo disco funciona como un testimonio, una narración de experiencias pasadas de quien durante veinte años se ha erigido protagonista de la historia. Desde “Pure Morning” hasta el hidden track “Evil Dildo”, las relaciones de Molko funcionan como un contexto. Ese “Pure Morning” que nos anuncia la salida, primer single, acabaría por convertirse, quizás, en el tema más emblemático de este segundo álbum, un tema sobre las amistades femeninas encerrado en un loop de guitarra muy agradecido. “Brick Shithouse” cuenta con reminiscencias muy apreciables de “Placebo”, con la diferencia de ese sonido más limpio anteriormente mencionado y con una voz mucho más trabajada y pulida por parte del cantante, un caso parecido al del segundo single, “You Don’t Care About Us”, con su masturbación mental y su despecho.

Pero aunque “Pure Morning” haya quedado en la memoria con más perseverancia al pasar los años, tal vez el single más significativo y representativo de esta entrega sea el mismo que le da nombre, ese maravilloso “Without You I’m Nothing”, donde se encierra la esencia, la intención, ya que al fin y al cabo el tema central de este disco es el romance o los despojos que éste va dejando a su paso. Grabaron, además, una versión con David Bowie que merece ser recordada.

I’m unclean, a libertine
And every time you vent your spleen
I seem to lose the power of speech
Your slipping slowly from my reach
You grow me like an evergreen
You never see the lonely me at all

Tras la maravillosa “Ask for Answers” y los ritmos conocidos de “Allergic”, el grupo nos ofrece un “The Crawl” con el que casi nos arrastramos literalmente, que habla de un estado de ánimo decadente en su rítmica monotonía. El single “Every You Every Me” nos cuenta, según Molko, la desventura de todo el que “ha tenido la mala suerte” de acabar acostándose con él. Del último tramo de “Without You I’m Nothing” destacaría dos temazos: “My Sweet Prince”, en el que presenciamos dos romances de final trágico (uno con las drogas, representadas aquí por “el dragón”, y otro con un hombre); y “Burguer Queen”, que vuelve a llevarnos a la historia de otro de sus ex amantes.

Me and the dragon can chase all the pain away
So before I end my day, remember..
My sweet prince, you are the one

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Tras nueve meses de grabación, “Black Market Music” (2000) fue casi un parto. Es un álbum más heterogéneo que los anteriores, que habla del mundo que se mueve a nuestro alrededor y en el que nos movemos y que mezcla géneros sin miedo. Según el propio Brian, estas ganas de experimentar y adentrarse en terreno desconocido llegaron tan impulsadas por el ego y la arrogancia como por el hecho de que sus aventuritas con las drogas se les estaban yendo de las manos. En el mundo de la música, afirmaciones como esta son marketing puro y un verdadero imán, pero no nos extrañaría nada teniendo en cuenta que hemos visto entrevistas de esta época y períodos posteriores en las que el entrevistador acababa hasta los cojones de las carcajadas histéricas de un Molko ahumadísimo. Sea como fuere, la calidad del resultado es indudable.

Salieron cuatro singles de este tercer disco: “Taste in Men”, que inaugura el trabajo con sus ritmos de rock electrónico; “Slave to the Wage”, que viene a recordarnos (desde una posición privilegiada, añadiría) que somos esclavos de una jornada laboral y las exigencias del mundo moderno; “Special K”, sobre la delgada línea que separa al amor de la droga y con un videoclip homenaje a la ciencia ficción; y “Black-Eyed” (quizá mi favorito), un tema sobre una infancia marcada por los problemas y un hogar roto.

La banda cuenta con la colaboración de Justin Warfield en “Spite & Malice”, una suerte de rap-rock que comulga con aquello de “de noche, todos los gatos son pardos”. Después de una fantástica “Passive Aggressive” llega la suave y casi libre de instrumentos (pues depende en poca medida de ellos) “Blue American”, una canción que el cantante parece dirigir a su madre, pero que supone una crítica a su cultura, a su educación y a la autoayuda y donde no faltan referencias literarias.

I read a book about the self
Said I should get expensive help
Go fix my head
Create some wealth
Put my neurosis on the shelf
But I don’t care for myself

“Black Market Music” no sólo se caracteriza por la heterogeneidad estilística antes mencionada, sino por su amplitud temática a lo largo de sus doce pistas con respecto a la languidez romántica del álbum anterior. “Commercial for Levi” es una dedicatoria al técnico de sonido Levi Tecofski, que salvó la vida de Molko en uno de sus viajes a Wonderland; “Haemoglobin” es quizá el tema que más evoca al debut del grupo y describe un estado mental (tal vez alterado o impulsado por estos viajes), mientras “Narcoleptic” imagina lo que pudo haber sido. “Peeping Tom” es el cierre triste del álbum en medio de uno de esos episodios depresivos en los que un individuo es capaz de percibirse a sí mismo como una ínfima molécula en un universo de gigantes.

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Lo cierto es que suele romperme las narices el hecho de elegir favoritos. Creo que es algo muy sujeto al tiempo y a las circunstancias y que la respuesta puede ser muy variable. Pero me voy a contradecir: tengo un par de álbumes de Placebo favoritos. En oposición a la opinión mayoritaria, pienso que en 2003 con “Sleeping with Ghosts” (y el posterior “Meds”) llegarían a ser lo que se proponían ser como banda. El declive llegaría después. En este cuarto álbum se retoma el tema de las relaciones o los fantasmas de ellas, hay un foco en el pasado, en los demonios y en las vivencias que se nos quedan sobre los hombros, en ese chispazo que puede llegar a evocar un olor concreto o un lugar.

Molko, Olsdal y Hewitt nos reciben con un “Bulletproof Cupid” completamente instrumental y con cierta garra como apertura para recordarnos inmediatamente después que siguen teniendo ganas de experimentar. “English Summer Rain” es el cuarto single de este trabajo, un tema que te encierra dentro de su monótona melodía (siguen apostando por los ritmos elecrónicos) y de su única estrofa: “Always stays the same, nothing ever changes, English summer rain seems to last for ages“. Con “This Picture” aterriza ante nosotros un tema mayúsculo que sería utilizado como segundo single para promocionar el álbum, con una relación de sadomasoquismo y dominancia como eje central y un cenicero emocional por bandera.

“Sleeping with Ghosts” bautiza este trabajo con una intimidad en la que resulta fácil la inmersión y difícil la huída, unos minutos suaves de guitarras lentas en los que se reitera la idea de que “las almas gemelas nunca mueren”, encerrando de nuevo la naturaleza de una etapa en un frasco. El primer single, “The Bitter End“, es uno de los temas más populares de la formación, con unos ritmos más inclinados al pop rock que se convertiría en su estilo, en su zona de comfort, en años posteriores. Un “amargo” final con referencias a Orwell. Y si bien “Something Rotten” vuelve a aletargarnos con su desgana, su pesimismo y su intento de conclusión psicodélica, “Plasticine” vuelve a levantarnos con su frescura. Este tema, como añadido, homenajea a “Sonic Youth”, banda absolutamente esencial de rock alternativo de la que Placebo bebe hasta atragantarse y con la que Molko mojaba los slips que se ceñían debajo de sus faldas.

Remember me whenever noses start to bleed
Remember me, special needs
Just 19 and sucker’s dream I guess I thought you had the flavour
Just 19 and dream obscene with six months off for bad behaviour

La maravillosa “Special Needs”, lanzada como tercer single del álbum, nos abre la recta final con una historia sobre el poder que una relación que años después no es más que un fantasma puede ejercer sobre el individuo y nos empaña con su vapor caliente. “I’ll be yours” y “Second Sight” ejercen un contraste entre el momento de saltar y el de aterrizar en el asfalto medio helado, entre el momento de hacer una promesa y el de guardar rencor después de incumplirla. El trío se despide con “Protect Me From What I Want” como himno a nuestro deseo constante de autodestrucción y, como en “Black Market Music”, se empecina en que la tristeza es un estado de ánimo sublime en el que dejar a su público. Cuando suena “Centrefolds” el ovillo emocional es una forma de vida.

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Cabe mencionar que la edición especial de “Sleeping With Ghosts” contiene un CD de covers que ha ido adquiriendo relevancia con el paso de los años. Quizá la pieza más famosa sea la versión del mítico “Where Is My Mind” de los Pixies. Igualmente destacable esa maravillosa “Running Up That Hill” (Kate Bush) que también consiguió colarse en televisión. O “I Feel You” de Depeche Mode, aunque las comparaciones son odiosas, Depeche Mode es una bandera de mi infancia y la voz de Gahan fue un amigo imaginario más.

En 2006 la banda publicaría “Meds”, uno de los discos más famosos de su recorrido como músicos, un trabajo que resulta redondo en el que ya han abandonado casi del todo sus últimos polvos con el pop punk y que se zambulle de lleno en el pop rock radiofónico con tintes electrónicos del que no se han movido desde entonces. Desafortunadamente, este quinto álbum es también el último en el que Placebo brillaría con una ambición distintiva y el último que grabarían con Steve Hewitt como batería de la formación. “Meds” funciona casi como un estado de ánimo, una sucesión de historias impregnadas de una sensibilidad especial, una oscuridad emocional no carente de cierta belleza ni de paranoia.

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La apertura viene de la mano del famosísimo tema homónimo, con su guitarra acústica como anunciación de buena nueva, su desorientación psicotrópica y rítmica y la colaboración de Alison Mosshart. “And the sex. And the drugs. And the complications”. “Infra-red”, tercer single, es sin lugar a dudas una de las piezas cumbres de este puzzle, que juega con un tempo que imprime la misma desconfianza de la que habla, se recrea en la paranoia y el deseo infundido de venganza en esta condición. “Someone call the ambulance. There’s gonna be an accident”. Y antes de que lamamos el suelo y nos tumbemos sobre el mismo a imaginar que esa masa de estrellas que se vislumbra desde abajo se nos va a caer encima con dos temas mayúsculos y flemáticos, “Drag” nos vende la moto con su atmósfera pegadiza y su ligero toque de petardismo glam.

Seguramente “Space Monkey” es uno de los temas menos conocidos y más infravalorados de Placebo. Aunque mi propia inclinación hacia sus estrofas de sintetizador y su estribillo de intensidad emocional guarden algo de subjetivo, sus cuatro minutos de duración están bañados en un flujo experimental bastante acogedor. No menos notable resulta la preciosa “Follow the Cops Back Home”, nacida en un viaje a Islandia, donde la presencia policial callejera es mínima y el índice criminal muy bajo (o eso dicen). De “Post-Blue” destacaría múltiples virtudes entre su electrónica maraña, pero no está de más recordar el trabajo de Olsdal al bajo. Tampoco es carne de desprecio esa suerte de vuelta suavizada (muy suavizada) a los orígenes que supone el primer single, “Because I Want You”.

Leave me dreaming on the bed, see you right back here tomorrow, for the next round.
Keep this scene inside your head, as the bruises turn to yellow, and the swelling goes down.
And if you’re ever around, in the city or the suburbs, of this town,
Be sure to come around, I’ll be wallowing in sorrow, wearing a frown, like Pierrot the clown.

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El recorrido del álbum continúa con un atípico “Blind” que, por una vez, no habla del amor como un ente sombrío desde una perspectiva de pasado, sino desde un presente en el que a pesar de las grietas existe la opción de luchar. Aparece después una frágil “Pierrot the Clown” que nos conquista con su delicadeza y con la idea de que dentro de los moratones que deja el tiempo también se enredan algunos sueños. Y la recta final de “Meds” viene de la mano de una colaboración con Michael Stipe (R.E.M.) en “Broken Promise” que vuelve a alternar la fiereza de un estribillo contundente con la desnudez del piano que acuna sus estrofas. El techno-pop de “One of a Kind” convierte a este tema en uno de los más curiosos de esta etapa de la banda y la balada atmosférica “In the Cold Light of Morning” funciona a las mil maravillas para convencernos de que acabamos de escuchar un trabajo discográfico mayúsculo. Aunque todavía nos queda el broche de oro antes de que se cierre el telón, uno de mis temas favoritos en la historia de Placebo: “Song to Say Goodbye”, cargado de connotaciones vitales.

Me reitero en la idea de nadar a contracorriente defendiendo estos dos álbumes anteriores, dos álbumes que ya se alejan del espíritu original del grupo. Sin embargo, lo que presenciamos en ellos es una evolución caprichosa, un sentido de la experimentación completamente válido desde el punto de vista del artista que trata de probarse. Es ahora cuando comenzamos a avanzar por terreno pantanoso y saltamos del deseo de cambiar al deseo de acomodarse y ser parte del mainstream. A estas alturas hacía mucho que Placebo no era la banda de la polémica, pero ni siquiera resultaba relevante cuando el producto ofrecido era bueno. En 2009 presentarían “Battle for the Sun” y nos romperían los esquemas. Para mal. Con la entrada de Steve Forrest como batería comienza una era de querer llenar estadios a lo Muse e incluso más adelante sumarse a la muchedumbre de la corriente Indie que no es Indie.

Los primeros cuatro temas de este sexto trabajo discográfico no consiguen convencer a su público habitual. Nadie diría que estamos ante lo nuevo de un sello que solíamos reconocer de no ser porque está ahí la voz de Molko, presente. Resulta casi molesto lo de caernos con todo el equipo en la misma línea de salida. “Kitty Litter” es la primera prueba del delito, con su distorsión y sus riffs intensos. Brian no deja de repetir aquello de “I need a change of skin” y nosotros asentimos. Es una apertura potente lejos de toda discusión, pero no termina de resultar. Seguimos con un “Ashtray Heart” que ha sido objeto de chiste durante años con sus coros en español y que por mucho que se deje escuchar no pasa de ser facilón. “Battle for the Sun”, primer single, mejora ligeramente el panorama con sus variantes in crescendo que al menos nos impulsan hacia arriba. Cerramos este tramo encharcado con “For What It’s Worth”, un tema tan sombrío como bailable.

El disco no llega a convencer quizá hasta su quinto tema, “Devil in the Details”, un intento de ejercicio de combinación metalera y electrónica que funciona lo suficientemente bien como para que bajemos (algo) la guardia. Afortunadamente, “Bright Lights” sí cuenta con reminiscencias al Placebo de antaño en su lluvia new wave. Cabe señalar que en general la temática del álbum se mueve en una línea algo más optimista que todo lo anterior. Eso sí, sin renunciar a la oscuridad, invitando a construir una luz en ella desde la que luchar con los pies en la tierra. Esta canción se pierde, precisamente, en esos conceptos. “A heart that hurts is a heart that works”. Puede que “Speak in Tongues” sea una de las mejores canciones de “Battle for the Sun”, con sus cambios de ritmo y registros que funcionan a las mil maravillas, algo que vuelve a producirse en “Never-Ending Why”.

 They’re picking up pieces of me
While they’re picking up pieces of you
In a bag you will be before the day is over
While you’re looking for somewhere to be
Or looking for someone to do
Stupid me to believe that I could trust in stupid you
And on the back of my hand
Were directions I could understand
Now that old buzzer Johnny Walker
Has gone and ruined all our plans
Our best mate plans

Llegamos a la recta final con “Julien”, un tema que, quizá por extraño, me ganó desde primera hora. Sí, tal vez sea un “suicidio a cámara lenta”, pero mezclamos el dance pop con unos riffs intensísimos y Molko salta del registro más grave que le hayamos escuchado jamás a sus habituales agudos en un abrir y cerrar de ojos. “Happy You’re Gone” tampoco desentona en el conjunto y puede contener trazas de cacahuete y discos anteriores con su parsimonia. “Breathe Underwater” y “Come Undone” , en cambio, juegan a ser épicas, la segunda en su condición de balada. Y la banda se despide con un “Kings of Medicine” en el que se introducen por primera vez las trompetas. Un tema muy distinto a los del resto del recorrido y positivamente destacable. Lo cierto es que el disco gana algo con las escuchas, ya sea porque en realidad no es un resultado tan horrible (sino menos ambicioso y con menos carácter propio) o porque el ser humano tiende a acostumbrarse a todo.

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Ya en 2012 y con la fecha de su siguiente álbum anunciada, Placebo daría a luz el “B3”, un EP que sirvió para calmar los ánimos y el síndrome de abstinencia de sus seguidores. Un EP que llegó como la lluvia en plena Arizona después del costalazo de “Battle for the Sun”, dotado de una oscuridad menos plástica y compuesto por cinco pistas inclinadas a tiempos anteriores al desastre. La primera de ellas, que da nombre al trabajo discográfico, se vende por sí sola con su fuerza y la marca de identidad de la banda. “I Know You Want to Stop” es quizá el punto más débil del conjunto, un cover de Minxus que nos deja un poco exhaustos por repetitivo, pero con una técnica impecable. “The Extra” es quizá mi tema favorito de “B3”, un medio tiempo con un trabajo magnífico por parte del bajo y arreglos electrónicos, con una letra digna de ser firmada por el grupo. Seguimos adelante con “I Know Where You Live” y con su, de nuevo, cuidada lírica, su neblina gris y su tenaz guitarra. Un corte que en directo tiene que ser sublime. Se despide este brevísimo tracklist con “Time is Money”, otra de sus pausadas baladas que tan bien les funcionan como cierre.

Sounds like words are out of style
Silence beckons down the murder mile
I keep on talking to the hand
In a language I don’t understand
If I am an extra in the film of my own life
Then who the hell is the director?
If I am an extra in the film of my own life
Will someone please turn off the camera?

Resulta cruel que, tras este aperitivo que nos devolvía la esperanza, en 2013 aparecieran con un “Loud Like Love” que dejaría por las nubes a “Battle for the Sun”. Un disco tonto, fácil. Un disco poco ambicioso y muy de cualquiera. Lo que meses antes se apreciaba como un intento de vuelta a tiempos mejores ahora nos confirmaba que la banda había tomado un camino de no retorno en cuanto a sus intenciones. Un séptimo álbum con letras además insultantemente simples y obvias que comulga con aquello de “mucho ruido y pocas nueces”, con una producción excelente pero con menos profundidad de la que nos gustaría.

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Todo empieza precisamente con “Loud Like Love”, un tema que, reconozcámoslo, es pegadizo y rítmico a más no poder, con un aire popero de aúpa que nos impide detestarlo del todo porque desde los primeros acordes nos estamos moviendo a su compás, pero que nos lo ha dicho todo en unos segundos con ese “love on an atom, love on a cloud” que nos anuncia que el amor se va a tratar de manera superflua. No es menos problemático el primer single, “Too Many Friends”. Es popularmente sabido que las redes sociales y el uso desmedido de las nuevas tecnologías nos están despersonalizando sin piedad, pero Placebo sabe hacerlo mejor y las críticas hacia la condición humana siempre se han llevado a cabo con una maestría que no está presente aquí. Y aunque parezca que “Scene of the Crime” podría salvar un poco esta entrada musical con su originalidad rítmica, tampoco destaca lo suficiente. Más o menos llega a funcionar, pero no va mucho más lejos. Un caso parecido al de “Hold on to Me”, que no nos toca como debería pero tampoco nos molesta.

El corte que sí nos irrita a más no poder es “Rob the Bank”. Puede que con “Too Many Friends” el trío caiga más bajo que nunca, pero esta quinta pieza cuenta con una realización bastante correcta que sin embargo deja atrás los ingredientes esenciales y seguimos sin encontrar lo que buscábamos como público. En lo personal, “A Million Little Pieces” es un soplo de aire fresco dentro de esta cadena de frustraciones, una balada más propia y que si bien no es de las mejores, al menos nos recuerda a cuando se llegaba a producir aquella suerte de catarsis que venía acompañada de la voz de Molko. Puede que incluso “Exit Wounds” nos evoque la misma sensación con su electrónica minimalista y su intensísimo estribillo. Sin lugar a dudas la segunda mitad del producto funciona notablemente mejor que la primera, algo que nos confirma “Purify”, que cuenta con todos los elementos que hicieron de la banda lo que llegó a ser; o “Begin the End”, que tañe las cuerdas perfectas en su recta final. Como despedida, el golpe pianístico de “Bosco” sigue empecinado en un neorromanticismo que tampoco nos interesa en demasía.

Veinte años cumple la banda. El 16 de julio se marcan dos décadas desde su debut y de momento, tras la marcha de Forrest, los dos miembros fundadores declaran sus intenciones de no producir nada nuevo y dedicar un par de años a una gira mundial como celebración. Hace unos meses publicaron un “Unplugged” que en otro tiempo habría resultado más motivador, aunque quizá, en el presente y con la negativa certeza de que esta fórmula está quemada, nos pasa un poco desapercibido.

No sabemos lo que está por venir ni sabemos si para repetir la caída preferimos que no venga nada, lo que sí tengo claro como seguidora (bastante más fiel en el pasado) es que agradezco todo el caudal de intensidad que un día trajo Placebo, que como artistas dieron palabras al estado de muchos y que para bien o para mal, su paso por la Tierra un día nos trajo catarsis líquida y desamor con látex. Nos vamos con “Twenty Years”, una de sus caras B más destacables y que honra a quienes un día llegaron a ser. Como diría ABBA, gracias por la música.

 

 

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3 comentarios leave one →
  1. 01/05/2017 12:12

    Este post es bestial. Enhorabuena. Has puesto en palabras lo que muchos otros sentimos en esta especie de relación de amor y odio con Placebo, producto del desengaño amoroso de quien fue el primer amor musical de nuestras vidas y aún así siempre, siempre, estará ahí.

    Los cuatro primeros discos fueron un viaje redondo. Seguiré haciendo como si Placebo hubiese dado al pause ahí, y en esa franja pudiéramos quedarnos para siempre con ellos.

  2. Irene B. Trenas permalink*
    03/05/2017 0:21

    ¡Muchísimas gracias! Quise que fuera muy personal.

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