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Luces y sombras en “Masters of Sex”

01/10/2014

Masters of Sex-Season2

(ALERTA SPOILER: Revela detalles de la segunda temporada de la serie)

“Masters of Sex” fue la gran revelación de 2013, y eso que su carta de presentación como legítima heredera de “Mad Men” elevaba el listón de exigencia unos cuantos centímetros más de los reclamables a cualquier serie novel. El producto de Showtime cumplió en su primer año las expectativas y dejó un gran sabor de boca a (casi) todos los amantes de la ficción adulta, aunque ni Globos de Oro ni Emmys la acogieran con los brazos totalmente abiertos. Sin embargo, su segunda temporada ha ido dejando la sensación generalizada de que la showrunner Michelle Ahsford y su equipo de guionistas no han terminado de dar con la tecla adecuada para estar a la altura de su ejemplar primera tanda. Y en El Cadillac Negro, aunque nos duela, nos vemos obligados a estar de acuerdo con esa sensación. No es que “Masters of Sex” nos haya defraudado, ni mucho menos, pero es innegable que esta temporada ha tenido sus luces y sombras y que ha pecado de demasiado irregular. Para bien o para mal, consciente o inconscientemente, “Mad Men” sigue siendo la referencia de “Masters of Sex”, y este desigual conjunto de episodios prueba, entre otras cosas, lo complicado que es mantener el equilibrio entre sutileza, elegancia, inteligencia y sentimiento sin despeñarse en algún momento por las cuestas del melodrama más trivial, o directamente del culebrón de sobremesa. “Mad Men”, lo consigue la mayor parte del tiempo; “Masters of Sex”, ya en su segundo asalto, ha tenido sus dificultades.

Puede que la premura con la que Ashford y su gente tuvieron que escribir, rodar y montar esta segunda temporada (no olvidemos que “Manhigh”, el último capítulo de la primera tanda, se emitió el 15 de diciembre de 2013; y “Parallax”, el primero de la segunda, llegó el 13 de julio de 2014) haya influido decisivamente en que la serie haya lucido este año una capa de grasa que antes no veíamos, o que al menos estaba mejor disimulada. Pese a ello, cuando “Masters of Sex” funciona, y eso sucede en muchos momentos, consigue volar a gran altura, lo que nos permite albergar esperanzas fundadas de que el show sepa aprender de sus errores y en el futuro nos depare temporadas más redondas y mejor enfocadas que la que acaba de finalizar.

Masters of Sex-Fight

Si algo tiene claro los responsables del programa es que Bill Masters y Virginia Johnson son el corazón de su historia. Cuando ellos dos están en pantalla, cuando la serie se centra en su compleja y poco ordinaria relación, el termómetro entra en ebullición. Un solo capítulo, esa pieza de cámara que es “Fight”, vale por todos los demás, y de hecho todas las escenas que a lo largo de la temporada tienen lugar entre las cuatro paredes de la habitación del hotel Chancery Park Plaza aportan siempre un matiz nuevo -ya sea un secreto oscuro del pasado, un reproche inesperado o una tierna confesión de vulnerabilidad- a ese complejo vínculo entre dos criaturas que no saben definir lo que sienten juntos (o no se atreven a hacerlo) pero que no pueden ni quieren renunciar a ello. Ayuda no poco la increíble química que surge entre Michael Sheen y Lizzy Caplan, espléndidos, enormes ambos. Caplan porque es puro carisma, un imán para la mirada del espectador, y su Virginia es admirable incluso en su momento más bajo, “The Revolution will not be Televised”; y Sheen porque sigue lidiando de modo soberbio con un personaje antipático, por momentos terriblemente egoísta y deleznable, pero al que sabe encontrarle una humanidad herida muy real. Realmente “Masters of Sex” podría ser una serie de solo dos personajes y probablemente seguiría funcionando, tal vez incluso mejor. Sin embargo, esto empezó siendo una serie coral y, al parecer, eso debe seguir siendo, pero el problema de disponer de una pareja protagonista tan arrolladora es que corre el peligro de fagocitar todo lo demás, y eso, casi exactamente, es lo que ocurre esta temporada.

A “Masters of Sex” le ha sentado muy mal perder al único dúo que en la primera tanda pudo llegar a rivalizar en capacidad de fascinación con el tándem Masters & Johnson. Me refiero, obviamente, a Barton Scully y su esposa Margaret, un binomio conmovedor y patético del que, debido a problemas de agenda de Beau Bridges y Allison Janney, solo pudimos disfrutar en el arranque de la temporada. No es de extrañar que la presencia de ambos personajes en ese inicio, unido al impacto del ya mencionado “Fight” (el tercer capítulo), nos hiciese creer por unos instantes que la serie estaba tan en forma como el año pasado. Pero los Scully desaparecieron pronto y los guionistas tuvieron que devanarse los sesos para hallar tramas secundarias que acompañaran a la principal sin percibirse como un pesado lastre. En la mayor parte de los casos no lo han logrado. Es más, cuanto más se han alejado los personajes secundarios de la órbita de Masters & Johnson, más desubicados y fuera de lugar se han sentido. Quizás solo el drama de la lánguida doctora Lillian DePaul (Julianne Nicholson), en un delicado arco argumental que no se alargó más de la cuenta y que terminó cuando tenía que terminar, estuvo realmente a la altura. La sorprendente aparición de Frank Masters (Christian Borle) , el hermano perdido de Bill, también fue un hallazgo, pero realmente solo porque permitió ahondar más en el pasado del protagonista y su tormentosa relación con su padre.

Masters of Sex-Bill-Frank

Sin embargo, el deambular de Libby Masters en la serie ha sido más achacoso. Es comprensible que los guionistas hayan querido darle cosas que hacer a una buena actriz como Caitlin Fitzgerald, pero su forzado incidente doméstico con la niñera y su creciente interés por los derechos civiles, o más bien por Robert Frankin (Jocko Sims), se han visto muy desconectados de los intereses reales de la serie, colindando peligrosamente con lo folletinesco. “Masters of Sex” carece de la capacidad de tomar con precisión el pulso a la realidad social de la época (finales de los 50, principios de los 60) que sí tiene “Mad Men”. Lo que en la serie de AMC se inserta con habilidad y finura en las historias de sus personajes, aquí aparece demasiado telegrafiado, con trazo grueso y torpe. Libby ha sido su intento más evidente en ese sentido, pero la esposa de Bill Masters funciona mejor como personaje trágico, aprisionado por una realidad que ha cercenado sus sueños de juventud, que como indicador de los vientos de cambio que traía el Dr. King a la América de los 60.

Por su parte, Betty DiMello (Annaleigh Ashford) ha sido un acierto como alivio cómico en su rol de eficaz secretaria de Bill Masters, pero para reintroducirla en la órbita del equipo investigador hubo que dar un rodeo demasiado largo durante los primeros episodios a través de su matrimonio con Gene Moretti (Greg Grunberg), y no es que se tratara de una historia desechable pero sencillamente interrumpía más que complementaba. Aunque para trama accesoria que directamente no tiene ningún sentido más allá del puro relleno está todo lo concerniente al doctor Austin Langham (Teddy Shears), un personaje que debió quedarse en la primera temporada y cuya presencia en esta última tanda no está justificada en modo alguno. Los guionistas deberían ser conscientes de que toda su historia con Cal-o-Metric y Flo Packer (Artemis Pebdani) no funciona dentro de esta serie y desequilibra notablemente el conjunto. Más afortunada ha sido la evolución de Lester Linden (Kevin Christy), el comprometidísimo nerd que documenta todo el trabajo de Masters & Johnson, y su relación con el personaje de Barbara Sanderson (Betsy Brand, la Marie de “Breaking Bad”), una de las pocas tramas de este año que entroncan con sentido y sensibilidad con el estudio de la pareja protagonista, un estudio quizás demasiado olvidado en la trama general.

Masters of Sex-Betty

Ha sido una temporada estructuralmente caótica y dispersa, tanto a nivel argumental como de gestión de los tiempos. Sabíamos que Ashford tenía una hoja de ruta planeada para cinco o seis tandas que pretende contar la historia de Masters & Johnson hasta los años 90, por lo que intuíamos (y así lo pronosticábamos en el post “Masters of Sex: criaturas misteriosas”) que debía producirse un salto temporal que nos llevara a otra etapa en las vidas de los protagonistas. Sin embargo, “Parallax” arranca después del cliffhanger de “Manhigh” con Bill en la puerta de Virginia, y lo hace jugando con los puntos de vista de ambos con notables resultados, de modo que el avance en el tiempo (de 2-3 años) se deja para más adelante, ya mediada la temporada. La tanda comienza con buen pie y llega demasiado pronto a su primer punto álgido, el ya mencionado “Fight”, a partir del cual aparecen con más claridad los problemas. Resultan demasiado evidentes los distintos pesos entre tramas que no conviven bien, y en cada episodio se suceden momentos álgidos (casi siempre relacionados con Bill y Virginia) con minutos de la basura. La mayoría de las historias –incluyendo el peregrinaje (ficticio) del doctor Masters por varios hospitales de los que sale tarifando- no dan la sensación de avanzar, sino de dar vueltas sobre sí mismas haciendo tiempo, hasta que alcanzamos el séptimo episodio, “Asterion”, que supone una especie de nuevo comienzo que debía haber llegado mucho antes. La temporada queda mejor enfocada a partir de ahí y, aun con algunos baches y flaquezas, se las arregla para despachar capítulos notables como “Story of My Life” o “One for the Money, Two for the Show”, en los que se percibe un esfuerzo de los guionistas por establecer paralelismos y juegos de espejos entre los dramas y situaciones de los distintos personajes, logrando así mayor cohesión y complejidad narrativa.

Masters of Sex-Libby-Virginia

“Masters of Sex” aún atesora potencial y cuando lo explota adecuadamente surgen chispas de gran televisión adulta, momentos de una intimidad turbadora que traspasa la pantalla. El reto para la próxima temporada es recuperar el equilibrio exhibido en su primer año, diseñando una estructura menos arbitraria y mejor pensada, sin miedo a eliminar personajes y tramas prescindibles que no hacen sino obstruir el show, y cuidando las formas para no caer en baratas viñetas sentimentales de novela rosa. La factura de la serie a nivel técnico sigue siendo irreprochable y prácticamente todo el reparto realiza un trabajo excelente, independientemente de la relevancia o ausencia de la misma de sus personajes, pero por encima de todo continúa teniendo una pareja ganadora que puede soportar sobre sus hombros el peso de cualquier serie. Confiamos en que Ashford no permita que el invento se le desmorone.

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3 comentarios leave one →
  1. paco permalink
    01/10/2014 13:07

    Grandisima Review, creo que no te has dejado nada en el tintero, Gracias! ,comparar con MAD MEN no me parece justo, guión, presupuesto, caracteres, localizaciones, etc. quizás la cronología histórica, esta bien y ayuda para situarnos en la época( el combate de boxeo, kennedy , etc), veo que no has querido comentar nada de la decisión de Bill al final, no se si aquí es el espacio, en otros foros ha levantado mucha polémica, por lo de ocultárselo a Virginia y que reacción tendría , a mi me parece que hizo lo correcto, su estudio han no completado como bien has dicho en esta 2 temo.apenas lo continúan o se ve, si mas,la parte de lo “disfuncional”,y esta muy bien que quieran curar antes que publicar, pero quizás esa transición no han sabido exponerla con mayor importancia. Yo pienso que lo del hermano no era necesario, ya culpó bastante a la madre( y lo compartió
    con Virginia) por lo del padre, no veo necesario seguir hurgando esa herida, pero en fin había que rellenar , no? y superar a B.Bridges y sra. reto imposible, tampoco era necesario alargar mas el “sufrimiento” de esa pareja. No se que mas pueden ofrecernos, pero seguro que lo sabrán acabar bien. Saludos ! ( que serie recomiendas ahora ?) P.

    • Jorge Luis García permalink*
      02/10/2014 12:27

      Muchas gracias por tu comentario, paco. La decisión de Bill en la season finale me parece coherente con su forma de ser y actuar, es decir, individualista, egoísta y egocéntrica. La historia terminaría dándole la razón, pero eso no justifica su mezquina actuación a espaldas de Virginia, quien, en todo caso, dudo mucho que hubiera podido recuperar a sus hijos tan fácilmente como ella pensaba. Por otro lado, las comparaciones con “Mad Men” se me antojan inevitables, por cuestiones estéticas, temáticas y tonales, y porque se aborda prácticamente el mismo contexto histórico. Incluso el mejor capítulo de este lote, “Fight”, tiene demasiadas deudas con “The suitcase”, uno de los más celebrados y memorables de la serie de la AMC. ¿Qué serie ver ahora? En la misma onda de “Masters of Sex” no se me ocurre nada, pero creo que es justo y necesario paladear cada instante que nos ofrezca “Boardwalk Empire” en su último adiós. Un saludo.

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  1. “Masters of Sex”: definitivamente esto no es “Mad Men” | El Cadillac Negro

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