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“La chica danesa”: la convivencia de Einar y Lili

14/01/2016

 

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El año no ha hecho más que empezar y ya se nos ha bombardeado sin piedad con un sinfín de próximos estrenos, nominaciones y premios que, de no haber antecedentes que se remontan al momento en que el ser humano se erigió como crítico profesional por derecho propio, nos mantendrían las expectativas tan altas que el tiro acabaría saliendo por la culata una y otra vez. Que acaba por ocurrir es un hecho, pero al menos podemos atribuirlo a un mea culpa muy acertado. Y es que de todo lo que está por llegar, de todo lo que tenía ganas de sentarme a ver, la británica “The Danish Girl” sobresalía con fuerza en mis preferencias.

Tom Hooper se nos presenta de nuevo con una película biográfica sobre Lili Elbe, artista danesa transexual y primera mujer en someterse a la cirugía de cambio de sexo. Una película que podría haber resultado exquisitamente dolorosa, que ya, de partida, cuenta con una premisa interesantísima y sobre todo, con una oportunidad de oro para tratar un tema del que es muy necesario seguir hablando en todas las manifestaciones del arte. Digo que podría porque, si bien es cierto que mi opinión (o percepción) no es tan negativa como la de otros espectadores, he experimentado sensaciones muy encontradas cuando la pantalla se ha fundido a negro.

Volvemos a los años veinte. Un apartamento en Copenhagen es testigo del arte y al amor del matrimonio de pintores que conforman Einar y Gerda Wegener, una falsa y temporal imagen de la felicidad. Einar, amanerado y elegante en sus formas, inmerso en sus paisajes azules. Gerda, fuerte, adelantada, de infinito talento. Un día pide a su marido que pose para ella como una mujer para poder avanzar en su trabajo y unas medias acaban por ser el detonante de unos recuerdos enterrados y una realidad que grita y quiere salir. Einar es transexual, Einar es una mujer y quiere, necesita que le permitan serlo. Lili, que nace como un personaje creado para el arte, que vive sus primeros días como una identidad intermitante, acaba por serlo todo.

 

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Decía que mi percepción del filme no es tan negativa como la de otros espectadores, al menos teniendo en cuenta las críticas que he podido leer. “La chica danesa” es una buena película, es sólo que se queda a medias en lo que se propone, que sigue un esquema que se antoja más simple de lo que debería. Da la impresión, también, dentro de la sensibilidad que no podemos negarle, de que ofrece un tratamiento más superficial de lo que querríamos, que la importancia de la propia historia, tratándose además de un biopic, exigía una profundidad mayor, menos ligereza. Paradójicamente, estos personajes no son un cuadro del que sólo se pueda interpretar.

Quizá, y esto es sólo una opinión individual, el punto más negativo que he percibido en la cinta es la prisa. Así, a secas y a bocajarro. Está claro que el guión quiere llegar a una parte y parece que tiene prisa por hacerlo, pisando silencios y evoluciones más naturales. Saltémonos la obviedad de que una producción cinematográfica cuenta con un tiempo determinado. Es precisamente esa evolución forzada la que impide que la obra no cale como tiene que calar, aunque desde luego el conjunto consiga conmover.

 

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Podríamos decir que esta historia nos ofrece dos puntos de vista, dos maneras de vivir un cambio, dos víctimas, al fin y al cabo, de una realidad dolorosa. Einar pasa a ser Lili a ratos hasta recordar que su alter ego femenino es historia antigua, que nació en su niñez, que lleva encerrada mucho tiempo en un traje de hombre. Parece surgir como un juego, como un personaje creado para las fiestas, los juegos sexuales y la pintura, pero el sufrimiento que su vuelta a casa trae a Einar es imposible de medir, por su esposa, porque ese desdoblamiento es sólo una negación de la verdadera identidad, porque los médicos quieren tratarlo como una enfermedad que erradicar.

I think Lily’s thoughts, I dream her dreams. She was always there.

Y no es menos sufrimiento el de Gerda, que demuestra ser una mujer adelantadísima a su tiempo y con las ideas bien claras, que acepta lo que en principio parece sólo una nueva afición de su marido, que acepta más tarde la realidad y apoya la existencia de Lili por la felicidad de alguien a quien adora. Quizá, al fin y al cabo, no es tal la sorpresa para ella. Se nos deja ver desde el principio que uno de los rasgos que la enamoraron de Einar cuando lo conoció fue, precisamente, esa casi latente feminidad, esas maneras suaves, esos labios delicados que la llevan a afirmar que besar a su marido es como besarse a sí misma. Claro, que la realidad se aleja bastante de esa elegante androginia y sólo podemos preguntarnos qué siente realmente, qué se le mueve dentro a una mujer al darse de bruces el hecho de que su marido es transexual.

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Decía que “La chica danesa” no es exactamente la película que esperaba ver, que cuenta con ciertas carencias que ensucian un poco todo el conjunto. Aún así, hemos de reconocerle sus propias virtudes, virtudes por las que su visionado sigue valiendo la pena y por las que me atrevo a sugerirlo, a alentaros a buscar vuestra propia visión de una historia que no deja de ser recomendable conocer. Uno de los principales factores que como espectadora suelo valorar en un producto es el de tratar temas que nos atañen a todos con respeto y la mayor sensibilidad posible, lo cual consigue. Esto se refuerza además con una estética maravillosa y una banda sonora notable a cargo de Alexandre Desplat. Aunque quizá su mayor virtud es la de contar con Eddie Redmayne, cuya interpretación, fuera de todo reproche y absolutamente brillante, consigue conmovernos escena tras escena durante las dos horas que dura el filme.

Me dejo algunas cosas en el tintero, cosas en las que me hubiera gustado perderme hablando, pero, como he mencionado, sigo recomendando que empleéis un par de horas en ser testigos de la historia de Lili Elbe porque no existe obra cinematográfica que sea percibida igual por todas las miradas y, ¿no consiste el arte en eso?

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2 comentarios leave one →
  1. Anónimo permalink
    16/01/2016 21:47

    A mi me ha encantado de principio a fin

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