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Gracias y hasta siempre, “Weeds”

18/09/2012

(ALERTA SPOILER: Prohibido leer sin haber visto hasta el último capítulo de la octava y última temporada de la serie)

Hay una pregunta especialmente complicada para todos aquellos que somos fanáticos de las series (en mi caso, dirían algunos que hasta extremos casi enfermizos) y ésa es «¿Cuál es, para ti, la mejor serie de todos los tiempos?». No «¿Cuál es tu serie favorita?», ojo, sino «¿Cuál es la mejor serie?». Yo, que ni siquiera sabría decir cuál es mi favorita, como comprenderán me considero incapaz de responder a la otra gran cuestión. Pero hace unos meses, mi mujer me vino con una pregunta igual o aún más puñetera: «¿Cuál es, para ti, el mejor final de una serie que has visto?». Según ella, soy excesivamente conformista y fácil de contentar en este terreno, y es posible que razón no le falte, pero ahí contesté sin titubeos: “A dos metros bajo tierra”. Habré visto decenas de veces esos últimos seis minutos y medio y siempre se me saltan las lágrimas, e incluso me basta con escuchar el tema “Breathe Me” de Sia, en cualquier momento y en cualquier lugar, para que se me humedezcan los ojos. Y es que reúne todo lo que yo le pido a un gran final: que me produzca, al mismo tiempo, alegría y tristeza. Alegría si esta conclusión ha sido suficientemente satisfactoria y ha estado a la altura de la grandeza de la serie, y tristeza por el vacío que ésta nos deja, que al fin y al cabo es la mayor y más inequívoca prueba de lo hondo que ha llegado a calar en nuestros corazones. Así, mi ‘top’ se completaría, sin importar especialmente el orden, con los finales de “The Wire”, “Los Soprano”, “Perdidos”, “Battlestar Galactica”, “Friends”… como veis, algunos de ellos bastante polémicos y con muchísimos detractores, pero yo no formo parte de ellos.

¿En qué lugar queda, y a eso venía toda la reflexión anterior, la ‘series finale’ de “Weeds”, emitida el pasado domingo? Puede que, apenas un par de horas después de haberlo visto, cualquier veredicto sea un tanto precipitado, pero dando la razón a mi mujer una vez más, en lo que a mí respecta ha cumplido con lo que esperaba y le demandaba. Ya adelanté en mi post “Weeds”, el colocón más largo que, a pesar de mi fuerte conexión con la serie creada por Jenji Kohan y protagonizada por Mary-Louise Parker, consideraba una excelente noticia que su octava temporada fuese además la última. Tras tres primeros años magistrales, la deriva que empezó a atisbarse en el cuarto y que alcanzó extremos muy preocupantes en el séptimo evidenciaba que las aventuras de Nancy Botwin y todo su séquito no podían dar ya mucho más de sí. Ahora que “Weeds” se ha ido para no volver jamás, sigo pensando que era lo que había que hacer, pero su defunción ha llegado tras una última tanda de episodios que han conseguido recuperar, en cierta manera, la magia de antaño, lo que sumado a un final un tanto agridulce (muy apropiado, de hecho, con el espíritu de la serie) vuelven a dejar esa sensación de abandono y duelo de la que os hablaba. Al fin y al cabo, he pasado cuatro o cinco veranos, ya que no pillé a la serie en sus inicios, manteniéndome fiel a los Botwin, así que maldita sea, cómo no voy a acabar echándoles de menos.

Fantaseaba hace dos meses y medio, tras ver la ‘premiere’ de esta última temporada, con una vuelta, en la medida de lo posible, a los inicios de la serie, casi implorando por un regreso a esa fascinante Agrestic en la que comenzó todo. Y sí, así ha sido en parte, aunque no hayamos vuelto a pisar las calles de la anhelada población californiana (ahora reconstruida y oportunamente rebautizada como Regrestic) hasta “God Willing and the Creek Don’t Rise “, el undécimo capítulo, el número 100 de la serie y que, como no podía ser de otra forma, estuvo plagado de guiños y autohomenajes. Pero ya llegaremos a ese punto. Antes tuvimos diez episodios ambientados en la localidad de Old Sandwich, Connecticut, esa que nos esperaba al final del camino en sus geniales ‘nuevos’ títulos de crédito. Esta pequeña ciudad residencial, con cierto aire a Agrestic aunque con menos encanto, ha acabado siendo el lugar perfecto para que los Botwin fuesen, poco a poco, poniendo las cosas en orden, o no, pero así ha sido siempre “Weeds”. Kohan ha demostrado ser, desde el principio, experta en abrir decenas, cientos de tramas y subtramas que pronto se venían abajo, o quedaban sorprendentemente aparcadas u olvidadas, sin más, dejándonos siempre con la sensación de que algunas podrían haber dado bastante más de sí. Éste ha sido siempre el alma de la serie y hemos vuelto a tener una buena ración de todo ello en este 2012, aunque al final, como siempre, todo ha acabado girando en torno a Nancy Botwin, sus hijos y su cuñado (y Doug), unos personajes situados a años luz de aquellos que conocimos hace ocho años (bueno, Doug no tanto), y a los que quizás hemos visto enfrentados al momento más crucial de sus vidas. Y mira qué les han pasado cosas.

Puede haber dado la sensación de que la creadora de “Weeds” ha llegado a maltratar en exceso a Nancy, Silas, Shane y Andy (y ciertamente a Doug), y de que a veces la fatalidad, o el azar, o lo que sea ha sido excesivamente cruel con algunos de ellos, aunque también en ocasiones se han ganado a pulso sus desgracias. Al final, podríamos decir que cada uno de ellos ha acabado abrazando (o sufriendo) el destino que se merecían. Silas, gracias a un reencuentro tan afortunado como inesperado quizás haya obtenido la mayor de las recompensas, y seguro que de la que más debemos alegrarnos. Tampoco sorprende, aunque duela, ver a Shane convertido poco más o menos que en un despojo humano, aunque por suerte hemos podido atisbar que para él aún hay un rayo de esperanza. Incluso Doug ha logrado, a su manera, la redención, y Andy… bueno, el personaje que más ha sufrido, junto con Silas, durante estas ocho temporadas, ha acabado encontrando también su lugar en el mundo y algo muy parecido a la felicidad. Pero todos los caminos llevan a Nancy. Ya hice en su momento una comparación entre “Weeds” y “Breaking Bad”, dos series que comparten una premisa muy parecida, aunque poco más. Si en el primer tramo de la quinta temporada de Vince Gilligan ////SPOILER ////SPOILER////SPOILER////SPOILER//// hemos ido presenciando el imparable proceso de monstruización de Walter White y su conversión definitiva en Heisenberg ////SPOILER////SPOILER////SPOILER////SPOILER////, Nancy ha seguido el camino inverso, y tras haber recibido un balazo en plena cabeza (eso hace recapacitar a cualquiera) ha intentado hacer las cosas bien por primera vez en su vida, convertirse en una mejor persona de lo que ciertamente ha sido y enmendar sus muchísimos errores, aunque haya podido parecer que era tarea imposible. De nuevo un giro final nos hizo pensar lo contrario, para acabar tirando por el camino de en medio. Nancy ha acabado haciendo lo único que ha sabido hacer, aquello en lo que ha sido rematadamente buena pero que tanto caos ha dejado a su alrededor, aunque esta vez de forma legal, por caprichos de un guión un tanto tramposo, o muy osado en sus predicciones.

El clímax de esta octava temporada, y quizás de toda la serie, lo alcanzamos en el citado “God Willing and the Creek Don’t Rise “. El “Little Boxes” que llevaba ya unas semanas acompañándonos de nuevo nos devolvió en un gesto cargado de nostalgia a las calles de Agrestic (vale, Regrestic, pero viene a ser lo mismo), y la fiesta continuó con las felicísimas apariciones de Conrad, Guillermo, Lupita, Pam… y Megan, para alegría de Silas y de todos los amantes de la “Weeds” primigenia. Los mismos que vimos con el corazón encogido esa última escena entre Nancy y Andy. Un polvo sucio, apresurado, un tanto violento y muy, muy obsceno, para más recochineo en el punto exacto en el que el marido de la primera y hermano del segundo cayó fulminado de un ataque al corazón (puro “Weeds”) no fue, precisamente, a donde queríamos que nos llevase esta historia de cariño y, definitivamente, amor no correspondido. Andy abandonó la escena completamente devastado, y con ese mal cuerpo tuvimos que enfrentarnos a esa ‘series finale’, titulada muy oportunamente “It’s Time”.

Llegó la hora. Otra de las innegables señas de identidad de “Weeds” ha sido su casi inagotable capacidad para la reinvención, podríamos decir que para el ‘reboot’ continuo. Y eso nos esperaba en este doble capítulo, que nos lanzaba de forma inesperada ocho años en el futuro. Aún nos aguardaban algunos reencuentros entrañables: Sanjay, Clinique, Marvin, Tim y por supuesto Dean (genial la revelación de que Isabelle ahora se llama… Bruce), aunque por desgracia no hubo ni rastro de Celia. Muchas cosas han pasado en esos ocho años, y así nos encontramos con una Nancy que ha enviudado ¡¡¡por cuarta vez!!! tras haberse casado con el rabino David Bloom, que además adoptó a su hijo Stevie antes de precipitarse por un barranco con su coche al intentar esquivar a un oso (de nuevo, puro “Weeds”), que es inmensamente rica gracias a sus negocios legales con la marihuana y que, en cambio, está profundamente alejada de Silas y Shane, mientras que su relación con Andy es inexistente. Al menos, vemos que ha sabido hacer una cosa bien en la vida, y es que parece que con Stevie no ha cometido los mismos errores que con sus dos hijos mayores. Durante 57 minutos tenemos momentos francamente divertidos, otros ciertamente amargos y muchos jodidamente emotivos. Por suerte, Kohan no se ha dejado tentar ni por un final feliz ni por un cierre trágico. Aunque en algunos momentos hayamos llegado a pensar que ambos extremos eran muy factibles, no hemos acabado viendo un romance con Andy, pero tampoco la muerte de Nancy. Simplemente, la vida sigue, algo tan sencillo y a la vez tan profundo como eso, y el personaje brillantemente interpretado por Mary-Louise Parker debe afrontar el futuro tras recibir dos importantes aunque dolorosas lecciones de un felizmente casado y padre de una niña Silas (“lo siento, mamá, no todo gira en torno a ti”) y un sereno y maduro Andy (“es hora de que te enfrentes a ti misma”). Sabemos que Nancy ha cometido muchos errores y ha causado mucho dolor, pero también ha hecho cosas bien y no se merece terminar sola, y una última y bellísima escena pone así el broche perfecto a la serie. Nancy, sentada en las escaleras de su casa bajo la nieve, acaba siendo arropada por los hombres de su vida, mientras comparten un último porro. Y una media sonrisa se dibuja en su rostro. Puro “Weeds”. Gracias, y hasta siempre.

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7 comentarios leave one →
  1. Anónimo permalink
    12/10/2012 16:27

    Perfecto, me pusiste los pelos de punta, gracias weeds. :)

  2. Anónimo permalink
    24/10/2012 22:20

    Excelente reseña!

  3. Rodrigo Martín permalink*
    24/10/2012 22:46

    Gracias a ambos! :-)

  4. Anónimo permalink
    13/04/2013 0:51

    alguersuari!!!!

  5. Lamu permalink
    27/04/2013 11:59

    Lo q ahora toca es ver de nuevo la primera temporada (por lo menos, algunos capítulos) y comparar. Yo me enamoré de la serie al primer vistazo, logré enganchar a Jaycee y terminé viéndola sola. Me da a mi q no aguanta la comparación…

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