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“Vinyl”: larga vida al rock n’ roll

17/02/2016

Vinyl HBO 1

(ALERTA SPOILER: Si aún no has visto el episodio piloto de “Vinyl”, te aconsejamos que dejes de leer, te pongas delante del televisor, subas el volumen al máximo y te sumerjas, ya, en la nueva serie de la HBO)

Imagínense a un melómano cuya mayor debilidad es el rock n’ roll de los años 70. Imagínense también a un seriéfilo compulsivo que es capaz de tragarse muchas cosas, y muy diversas, pero que ha elevado a los altares muchas de las grandes joyas de la HBO, entre ellas la reciente “Boardwalk Empire”. Imagínense ahora a un cinéfilo con gustos igualmente muy amplios que, y destacamos esto porque viene al caso, espera impaciente cada nuevo estreno de Martin Scorsese en los cines. Imagínense que estas tres personas son la misma (sí, lo han adivinado, el autor de este post), y comprenderán el hype tan brutal que le atenaza desde hace unos cuantos meses por el estreno de “Vinyl”, una serie de la HBO creada por Terence Winter, el responsable de “Boardwalk Empire”, producida de nuevo por Scorsese, que además dirige su flamante capítulo piloto, aliados esta vez con el mismísimo Mick Jagger, y ambientada en la escena rockera del Nueva York de los años 70. Así que podría decirse que “Vinyl” es la serie que un servidor lleva esperando TODA SU VIDA. Siempre he pensado que el mundo de la televisión nos debía La Serie Definitiva sobre el rock n’ roll, pues lo más parecido que habíamos tenido hasta ahora era “Californication”… y ni siquiera era una serie sobre el rock n’ roll, aunque se acercase mucho a ello en sus temporadas segunda y sexta. Quizás debería haberle dado alguna oportunidad más a “Sex&Drugs&Rock&Roll”, pero tuve que abandonarla después de su primer capítulo por aquello de tener que lidiar con dos mellizos recién nacidos, meterse el verano por medio… Como sea, su arranque no me disgustó pero tampoco me agarró por las entrañas, y en cualquier caso la serie de Denis Leary era a todas luces una propuesta muy menor, sobre todo si la comparamos con la grandiosa ambición, profundidad y trascendencia que derrocha un proyecto como éste que nos ocupa.

Que si hype por aquí, que si hype por allá… Muchos ya estaréis incluso cansados del dichoso palabrejo de moda, sobre todo cuando la expectación desmedida por cualquier tipo de producto es algo que ha existido toda la vida. Pero lo cierto es que el exceso de sobreinformación y la velocidad (inmediatez, mejor dicho) a la que se propaga todo en nuestros días, la ingente profusión de avances y trailers, la descomunal magnitud de las campañas promocionales, han hecho que vivamos en La Era del Hype. Y todo hype puede y suele desembocar, pues sucede con mucha más frecuencia de la que nos gustaría, en una decepción morrocotuda. ¿Puede ser el caso de “Vinyl”? ¿Cumplirá nuestras expectativas o acabaremos llevándonos una desilusión que, para algunos, sería difícilmente digerible? HBO suele ser garantía de muchas cosas, aunque no es ni mucho menos infalible, pero los nombres involucrados, su contrastadísimo talento y la indiscutible excelencia de sus dilatadas carreras obligan a que nuestra confianza, en este caso, sea máxima. Y al menos tras el visionado de su doble capítulo piloto, emitido en USA el pasado domingo, podemos estar tranquilos. Qué demonios, tranquilos no, emocionadísimos.

1973

Tanto es así que, acostumbrados como estamos en este blog a hacer reseñas de temporadas completas, y no de capítulos sueltos, nos hemos saltado esta ‘norma’ en ocasiones excepcionales, y ésta tenía que ser una de ellas. Teníamos claro desde hace meses en El Cadillac Negro que seríamos unos cuantos los que seguiríamos “Vinyl” a lo largo de sus diez primeros capítulos, así que con total seguridad nos reencontraremos por aquí a mediados de abril para que podáis conocer nuestras impresiones, ya mucho más fundamentadas, tras el visionado completo de la primera temporada de la serie. Una serie que, y lo digo ya, ojalá se prolongue durante muchos, muchos años… Y es que mimbres y materia prima para que algún día lleguemos a hablar de “Vinyl” como uno de los shows televisivos de referencia de la década tienen, de sobra. Y digo que tienen mimbres y materia prima, entre otras cosas, porque la serie arranca en 1973. Hace meses, cuando leí una de las primeras sinopsis del proyecto, me pareció entender que estaría ambientado a finales de la década de los 70, y giraría en torno a la figura de un ejecutivo discográfico empeñado en defender la vigencia del rock ‘de toda la vida’ frente al empuje imparable del punk o la música disco. Y ya me pareció bien. Pero qué gratísima sorpresa cuando descubro, recientemente, que no, que la cosa pinta aún mejor, pues nos remontamos como decía a 1973. Y 1973 es, para mí, un año mágico, en el terreno musical. Un año (aún faltaban seis para que yo viniera al mundo) en el que se publicaron algunos de mis discos favoritos, o que contenían, al menos, muchos de los himnos que me han acompañado a lo largo de casi toda mi vida. Hablo de los debuts homónimos de Queen y Aerosmith, la irrupción de Bruce Springsteen con sus dos primeros álbumes, “Greetings from Asbury Park, N.J.” y “The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle”, “Houses Of The Holy” de Led Zeppelin, “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd, “Aladdin Sane” de David Bowie, “Quadrophenia” de The Who, “Berlin” de Lou Reed, Alice Cooper también por partida doble con “Billion Dollar Babies” y “Muscle Of Love”, “Sabbath Bloody Sabbath” de Black Sabbath, “Who Do We Think We Are” de Deep Purple (o el canto del cisne del Mark II), “Tubular Bells” de Mike Oldfield, “Goats Head Soap” de The Rolling Stones, “The Blue Ridge Rangers” de John Fogerty, “Hello!” de Status Quo, “Heartbreaker” de Free… También, aunque tardaran uno o dos años en publicar sus primeros trabajos, 1973 presenció la fundación de varias de mis bandas de cabecera, como AC/DC, Kiss, Bad Company, Journey o Kansas. ¿Y lo mejor de todo? Que sí, que 1973 fue un año cojonudo pero… ¿y todo lo que aún vendría después? Así que me reconozco eufórico por el triunfal arranque que ha tenido esta “Vinyl”, y aún más eufórico ante la perspectiva de lo que aún puede estar por venir.

Vinyl HBO 2

Pero centrándonos en lo que vimos (y escuchamos) el pasado domingo, lo mejor que puede decirse del piloto dirigido por Scorsese es que no sólo funciona como una inapelable, acertadísima introducción al mundo que se nos abre con “Vinyl”, sino que casi podría funcionar por sí mismo como un todo, como dos horas que, de ser estrenadas en los cines, nos harían hablar de una nueva (y magnífica) película de Scorsese. No desentonaría ni por factura, ni por ambición, ni por trama. En el capítulo reconocemos muchas de las claves y constantes de la obra del director neoyorquino. Y es que aquella primera sinopsis que leí en su día no era del todo exacta, pero sí se aproximaba bastante. El personaje principal de la función es un ejecutivo discográfico en crisis, tanto a nivel personal como profesional. Lo hemos visto tantas veces en su cine que ya hemos perdido la cuenta: protagonista hecho a sí mismo que consigue llegar a lo más alto, entregándose por el camino a un reguero de excesos, trapicheos y adicciones, tras lo cual llega la insalvable (y en cierto modo merecida) caída al vacío. Si además es él mismo el que nos narra sus desventuras con una voz en off, de forma directa e incluso insolente, es inevitable que nos vengan rápidamente a la mente “Uno de los nuestros”, “El lobo de Wall Street”… En estos primeros minutos de “Vinyl”, nos encontramos con un Richie Finestra (Bobby Cannavale) desesperado por evitar la muerte de su discográfica, American Century. Cannavale está inmenso y se antoja como la elección perfecta para el papel. Yo personalmente llevo siguiéndole la pista desde que le descubriera allá por 2003 en “Vías cruzadas” (“The Station Agent”), junto al hoy archifamoso Peter Dinklage. Aunque su relación con Winter, y lo que sin ninguna duda le ha puesto este trabajo en bandeja, se remonta a su demoledor recital en la tercera temporada de “Boardwalk Empire” como Gyp Rosetti, probablemente uno de los mejores y más terribles villanos en una serie que andaba sobradísima en este terreno.

Vinyl HBO 3

Tampoco parecen irle mucho mejor las cosas a Finestra en el plano familiar, pues enseguida atisbamos muchas sombras en su relación con su esposa y madre de sus dos hijos, Devon, interpretada por una bellísima Olivia Wilde que regresa así a un gran proyecto en el medio que más alegrías le ha dado, teniendo en cuenta sus discretas intervenciones en la gran pantalla. Aunque, en cierto modo, la verdadera familia de Richie parece encontrarse entre las paredes de las oficinas de American Century. Otro rostro muy televisivo, Ray Romano, da vida a su gran amigo y mano derecha Zak Yankovich, encargado de la promoción (o sea, los sobornos) del sello. El tercero de a bordo, el responsable de ventas (o sea, de enmascarar las pérdidas) Skip Fontaine, tiene el rostro y el bigotón de J.C. MacKenzie, mientras que el abogado de la compañía, el patoso Scott Levitt, está encarnado por P.J. Byrne, ambos salidos de la ‘cantera’ de “El lobo de Wall Street”. Al frente del importante departamento de A&R (encargado de descubrir, contratar y controlar a los artistas) está Julie Silver, un Max Casella que llega también procedente de “Boardwalk Empire”, aunque algunos siempre le recordaremos como el Benny Fazio de “Los Soprano”. Un personaje que, de haber sido realizada “Vinyl” hace 20 o 30 años, habría caído en las manos de Joe Pesci, así que los incondicionales de Scorsese ya saben de qué estoy hablando. A las órdenes de Silver, destacan los jóvenes Clark Morelle (Jack Quaid, sí, el hijo de Dennis y Meg) y sobre todo Jamie Vine (Juno Temple), que en realidad no deja de ser ‘la chica de los sandwiches’ y, más importante, la responsable de custodiar el cajón encargado de suministrar drogas a cholón a toda la oficina. Con el fichaje de Temple, uno de los rostros más reconocibles del elenco, la cadena no sólo se hace con una estupenda actriz, sino que también, y esto no quiero que se me entienda mal, evita tener que lidiar con un nuevo ‘caso Emilia Clarke’, pues a lo largo de su carrera la actriz ya ha demostrado (sin ir más lejos, en este episodio) que no tiene ni tendrá complejo ninguno a la hora de quitarse la ropa. Esto es la HBO, ¿acaso no os lo esperabais?

Vinyl HBO 4

El primer jefe de Richie en la industria musical, Maury Gold (Paul Ben-Victor), y el extraordinariamente talentoso cantante Lester Grimes (Ato Essandoh), se nos muestran, a través de flashbacks, como dos figuras determinantes en el pasado de nuestro protagonista. E inolvidables, imposible no destacarlas, han sido las intervenciones de Andrew Dice Clay como Frank ‘Buck’ Rogers, peculiar dueño de una importante cadena de emisoras de radio que acabará cogiendo por las pelotas a American Century, y Bo Dietl como Joe Corso, un turbio promotor que intentará mediar en el conflicto. Un conflicto que acabará estallando en una de las escenas más memorables, delirantes y salvajes, marca de la casa, del episodio. La gran curiosidad del cast, no obstante, es la presencia de James Jagger (sí, el bueno de Mick no ha podido evitar la tentación de enchufar a su hijo) con un papel nada menor, el de Kip Stevens, líder de la ficticia banda de proto-punk Nasty Bits. El jovencito Jimmy tiene presencia y físico (y un gran parecido con su padre), pero ahora tendrá que demostrar si es capaz de sacar adelante un personaje que se vislumbra que puede resultar vital para la trama.

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La presentación de personajes es, en todo caso, modélica y ejemplar, y la forma narrativa elegida, con esa voz en off que nos explica todo lo que, de entrada, necesitamos saber, esos oportunos y en ningún momento confusos saltos en el tiempo, o esas ráfagas y postales visuales y sonoras que el director nos sabe endosar en los instantes precisos, sirven para que, tras dos horas de episodio, sepamos ya de dónde venimos, en dónde estamos y empecemos a imaginar hacia dónde vamos. Es posible que los últimos minutos del capítulo y su contundente desenlace hayan dejado a unos cuantos desconcertados, e incluso un tanto incrédulos, pero mi impresión es que estamos ante una secuencia que tiene mucho más peso simbólico que realista, y que funciona tanto como catarsis en esta ‘película’ como posible punto de inflexión en la serie y detonante de las próximas acciones del protagonista. Ignoro si el resto de episodios, ya sin la dirección de Scorsese, mantendrán el tono, el ritmo y la estructura de este piloto tan generoso en metraje, o si simplemente ha sido la fórmula por la que, con muchísimo acierto, se han decantado para meternos en situación.

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Tampoco podemos ponerle ningún pero a la ambientación de la serie. Si algo sabe hacer a la perfección Scorsese, casi mejor que ningún otro, es retratarnos con una fidelidad máxima el Nueva York de comienzos de los 70, un Nueva York que él conoció, saboreó y padeció en sus propias carnes. Y es que recordemos que, precisamente allá por 1973, el cineasta se encontraba estrenando sus “Malas calles”. Tampoco nos sorprende constatar que la trastienda del negocio musical es un escabroso mundo regido por mafiosos, tramposos y depredadores sin escrúpulos y muy pocos límites, un terreno sucio y pantanoso en lo que los responsables de la serie se mueven como peces en el agua. Winter, que antes de destaparse como genial showrunner con “Boardwalk Empire” se fogueó durante siete años en “Los Soprano”, es también el guionista de “El lobo de Wall Street”, así que tanto él como Scorsese han demostrado que, cuando se trata de bajar a las cloacas, saben perfectamente de lo que están hablando.

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Poco o nada tenía que demostrar Scorsese (responsable de “El último vals”, “No Direction Home”, “Shine a Light” o el videoclip de “Bad”), a estas alturas, a la hora de plasmar su maestría filmando los numerosos números musicales que van salpicando el metraje. El cineasta se deleita y rueda con pulso, buen gusto y energía unos segmentos, algunos más breves, otros mucho más alargados, indispensables en una serie como “Vinyl”. Algunos temerán que acabemos topándonos con otra “Treme”, y aunque yo no creo que vaya a ser el caso, tampoco tendría el más mínimo problema en que así fuese. En cualquier caso, estos ‘interludios’ musicales, además de muy necesarios, no sólo no cortan el ritmo de la narración, sino que la enriquecen y están perfectamente integrados. Sin llegar al desbocado frenesí de, por ejemplo, “El lobo de Wall Street”, las dos primeras horas de “Vinyl” son un ejercicio mucho más ágil y vibrante que la media de lo que estamos acostumbrados a encontrarnos en una cadena como la HBO. Esa vieja y cansina cantinela de que «es una serie muy lenta» o «es que no pasa nada», aquí no se aplica. Además, “Vinyl” puede llegar a ser en ocasiones muy irreverente, nos escupe un ‘fuck’ cada dos frases (bueno, eso tampoco debería sorprendernos ni en Scorsese ni en la HBO), derrocha sentido del humor y chistes inapropiados (ZAK: ¿Cuántas putas veces va a tener que revisarlo su abogado? No me gusta eso, Richie. RICHIE: Son concienzudos. Eso es todo. ZAK: Alemanes concienzudos. Vale, ¿ahora se supone que voy a dormir mejor? Soy judío. Si me dices que los alemanes son concienzudos, nos subimos al ático y empezamos a escribir un puto diario.), y es más violenta de lo que podríamos imaginarnos en un principio, con alguna secuencia que, ahí es nada, no desentonaría demasiado en “Boardwalk Empire”. En definitiva, “Vinyl” es puro y genuino rock n’ roll.

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Y “Vinyl” es, también, una fabulosa y vastísima enciclopedia sobre la materia, tanto que un espectador no demasiado experto, o incluso algunos más avezados, puedan llegar a perderse por momentos, o se les escapen muchas referencias. Se habla mucho, muchísimo de música, y no sólo de los tejemanejes de la industria, sino que la lista de artistas a los que se alude (cuando no nos los muestran) es interminable: New York Dolls, Slade, England Dan & John Ford Coley (tremendo pullazo les endosan), Jethro Tull, Edgar Winter, Black Oak Arkansas, Skip James, Peetie Wheatstraw, Big Boy Crudup, Pinetop Perkins, Kokomo Arnold, Thomas A. Dorsey, William Brewster, Reverend Gary Davis, Big Joe Turner, Louis Jordan, Jackson Browne, Aerosmith, ABBA (que fueron rechazados por American Century al no verles ningún potencial, y de los que incluso se burla todo el departamento de A&R al escuchar “Ring, Ring”, uno de sus primeros singles), The Good Rats, Grand Funk Railroad, Savoy Brown, Robert Goulet, Professor Longhair, José Feliciano, Frankie Lymon, Hank Ballard, Chuby Checker, Jackie Wilson, Iggy Pop & The Stooges, Pete Townshend, Alvin Lee, Bo Diddley, Screamin’ Jay Hawkins, Joe Houston, Elvis Presley, Neon Boys… También se hace referencia a históricos tiburones del mundo discográfico, como Ahmet Ertegun o David Geffen, al artista y mecenas del underground neoyorquino, Andy Warhol, e incluso al afamado crítico musical Lester Bangs. Pero las estrellas más relevantes de la función serán el jovencísimo (entonces) cantante Donny Osmond, causante de uno de los conflictos claves que estallarán en este episodio, y sobre todo Led Zeppelin, primero objeto de deseo y finalmente gran frustración para American Century, con apariciones estelares de Robert Plant, interpretado por Zebedee Row de forma un tanto paródica, y su legendario manager, el temible ogro Peter Grant (un más acertado Ian Hart). “Vinyl” nos traslada, de hecho, a los instantes previos a la emblemática actuación de los Zep en el Madison Square Garden que quedaría grabada para la posteridad en el film “The Song Remains The Same”. Un guiño glorioso. Uno más en una serie que en ningún momento deja de ser un honesto y sentido homenaje a la música que cambió nuestras vidas.

RICHIE: Verano de 1955. El Cine Kingsway en Brooklyn. Estaban poniendo “Semilla de maldad”. Así que mis amigos y yo bajamos. Nos sentamos en la oscuridad. Aparece el logo de la MGM. Y esa canción arranca.

♪ One, two, three o’clock, four o’clock rock ♪

RICHIE: Tío, a mis amigos y a mí se nos fue la olla.

ZAK: ¿Qué es eso, eh?

RICHIE: Es rock n’ roll.

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Confieso que, aunque no sea el único factor a tener en cuenta, para mí una serie puede ganar muchos enteros si tiene la buena y sana costumbre de incluir en cada capítulo una potente dosis de trallazos rockeros. Colecciones de temas, oficiales o no tanto, que acaban siempre entrando de cabeza en mi iPod. En este sentido, andamos un poco de luto desde la desaparición de “Californication” y “Sons of Anarchy”, y ya sólo nos quedaba agarrarnos a “Supernatural” y a esa “Peaky Blinders” que se está haciendo demasiado de rogar. Pero “Vinyl”, no concebíamos otra cosa, no sólo nos garantiza que en esto no nos decepcionará, sino que pretende ser más generosa que ninguna. Desde mediados de enero ya está disponible en versión física y digital (y en streaming, al final de este post os dejamos un regalito) el primer volumen de su banda sonora, con 18 temas pertenecientes al arranque de la serie. Sí, 18 temas que pudimos escuchar en su mayoría en la premiere del domingo, aunque en realidad en el capítulo disfrutamos de muchísima más música, así que podría decirse eso de que no están todos los que son, pero sí son todos los que están. A partir de ahora y cada viernes, HBO irá editando, aunque sólo digitalmente, un EP con la música correspondiente a cada nuevo episodio, así hasta completar los lanzamientos con un segundo y más amplio volumen en versión física que coincidirá, a mediados de abril, con su season finale. Eso es cuidar con mimo un producto, sí señor.

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A lo largo del capítulo, como decíamos, sonaron un buen puñado de clásicos de rock y R&B, y los que recoge ese primer volumen editado corresponden a Otis Redding (“Mr. Pitiful”), Ruth Brown (“Mama He Treats Your Daughter Mean”), Dee Dee Warwick (con su versión de “Suspicious Minds”), Mott The Hoople (“All The Way From Memphis”), Chris Kenner (“I Like It Like That”), The Jimmy Castor Bunch (“It’s Just Begun”), The Meters (“Hand Clapping Song”), The Edgar Winter Group (“Frankenstein”) y Foghat (“I Just Want To Make Love To You”). Fuera se han quedado, entre otros muchos, “All The Young Dudes” de Mott The Hoople, “Mama Weer All Crazee Now” de Slade, “Iron Man” de Black Sabbath… Pero quizás lo más jugoso que recoge el disco sean las nuevas grabaciones realizadas ex profeso para la serie, como puede ser “Sugar Daddy”, el tema título que suponemos que acompañará a la cabecera de la serie, aunque aún no la hayamos visto, cortesía de Sturgill Simpson. O “No Good” de los islandeses Kaleo, escuchada en los trailers. El propio David Johansen de los New York Dolls se encarga de regrabar los dos clásicos que su banda, “Stranded In The Jungle” y “Personality Crisis”, toca en la escena cumbre del piloto. El personaje de Lester Grimes, por su parte, cuenta con la prodigiosa voz de Ty Taylor en los dos temas que le vemos interpretar, “The World Is Yours” y el “Cha Cha Twist” de Brice Coefield (no me resisto a señalar, en este punto, que Taylor es un ídolo para este blog desde que nos dejara con la boca abierta teloneando con su grupo Vintage Trouble a AC/DC, el pasado mes de mayo). Soda Machine, con sus versiones del “Want Ads” de Honey Cone y el “Slippin’ Into Darkness” de War, son los responsables de poner música a la fiesta de cumpleaños de Richie. Y por último, pero no por ello menos importante, tenemos a los Nasty Bits, con un tema compuesto nada más y nada menos que por Mick Jagger y su hijo James, “Rotten Apple”. Seguro que no es el único regalito que nos dejan.

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Reconozco que un servidor estaba entregado, entregadísimo a la causa desde el inicio. Confiaba y deseaba que “Vinyl” cumpliera mis expectativas, no concebía que no pudiera ser así tanto por su temática como por los nombres involucrados en el proyecto, y mis plegarias han sido escuchadas. Supongo que habrá otros espectadores que quizás sean menos benévolos en su juicio, o que no la vean con los mismos ojos. Al final, esto es como todo: si esto no te interesa, si esperabas otra cosa o te llenan más otro tipo de series, por suerte tenemos de sobra para que sigas buscando. Pero “Vinyl” no engaña. Si quieres un retrato crudo, exhaustivo y veraz, trágico y a la vez divertido, de una época y un universo que a muchos nos apasiona, ésta es tu serie. Si tampoco necesitas una clase de (esta) historia, pero simplemente te apetece un buen bocado de sexo, drogas y rock n’ roll, también lo tienes. En “Vinyl” hay sexo, aunque quizás no tanto como cabría esperar, o al menos hasta ahora no más que en otras series de la misma cadena. En “Vinyl” hay drogas. A cascoporro. Y en “Vinyl” hay rock n’ roll. Tendremos que esperar un par de meses para ver si es capaz de saciarnos plenamente o si nos quedamos a medio camino y con ganas de más. También está por ver si, aunque el producto pueda calarnos muy hondo a unos cuantos, conseguirá llegar a suficientes espectadores como para que incluso una cadena como la HBO siga confiando en ella. Pese a desconocer aún los números que logró su primer episodio, y teniendo siempre en cuenta que compite contra “The Walking Dead”, esa devoradora de audiencias, me atrevo a decir que la prueba de fuego, la primera reválida, que es la más importante, la ha superado con creces. Ahora, crucemos los dedos. O no, mejor dicho, alcemos nuestras manos y hagamos los cuernos.

Larga vida al rock n’ roll. Larga vida a “Vinyl”.

·

 

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3 comentarios leave one →
  1. Stan Wenders permalink
    06/03/2016 22:21

    Buenas amigos! Dónde narices se emite “Vinyl” en España? O me toca tirar de ordenata
    Saludos!

    • Jorge Luis García permalink*
      08/03/2016 0:14

      Hola Stan, de momento no hay fecha de emisión en España para “Vinyl”. Toca buscarse la vida ;-) Un saludo!

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  1. “Vinyl”: polvo blanco para melómanos | El Cadillac Negro

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