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“Blade Runner 2049”: ni secuela, ni relectura

10/10/2017

Es indudable que cada vez que se escuchan los términos remake, reboot, secuela o precuela nos sacude, como mínimo, una sensación de incertidumbre. Si además el título que se va a manosear es un clásico indiscutible del celuloide, la incertidumbre se convierte en algo cercano al terror. Con esta base, ¿en qué momento uno de esos remakes, reboots, secuelas o precuelas se justifican? “Blade Runner 2049” tenía todas las papeletas para hacernos dudar, si bien la elección de Denis Villeneuve como director convirtió ciertos temores en esperanzas. Para ver hasta qué punto esta cinta es necesaria, disfrutable, olvidable o inútil tiramos de la opinión de Jaime Iglesias Gamboa, periodista doctorado en Historia del Cine al que hemos podido disfrutar en medios como Metrópoli, Gara o CinePremiere. No hace falta insistir, aunque lo hacemos, en que los puntos de vista de nuestros invitados no tienen por qué corresponderse con el sentir más o menos general de este blog. De lo que no cabe duda es de que es un placer contar con la prosa de este nuevo viajero ocasional.

 

Al volante: JAIME IGLESIAS GAMBOA

Vivimos una época en la que revisar el patrimonio parece molestar. Cualquier manifestación artística realizada en tiempos pretéritos incomoda porque nos confronta con nuestra esencia, lo que equivale a decir con nuestras imperfecciones. Todo ello sin contar que imperativos estéticos vinculados a la lógica mercantil, tienden a desdeñar como algo viejo, rancio y sin valor toda aquella obra que no se ajuste a la sensibilidad del consumidor actual. El otro día fui al cine y me tuve que tragar dos tráileres, uno de “Asesinato en el Orient Express”, otro de “¡¡¡Jumanji!!!”, remakes imposibles de un miniclásico setentero y una estulticia noventera y, claro, la pregunta que enseguida me vino a la cabeza fue “¿era necesario?”. De hecho ni atendiendo única y exclusivamente a razones puramente pecuniarias me cuadraba aquello. Después de tan indigesto aperitivo me relajé para disfrutar de la película que justificaba mi inversión (jerga financiera obliga) de ocho euros: “Blade Runner 2049”. Lo curioso es que tras casi tres horas de proyección, volvió a asaltarme la misma pregunta que me había hecho un rato antes, con los tráileres: “¿era necesario?”. Pero que no se me entienda mal: la pregunta era la misma, pero las razones que me llevaron de nuevo sobre ella fueron, en esta ocasión, de índole diverso.

Porque “Blade Runner 2049” no es un remake y, en un sentido estricto, tampoco es una secuela. No busca actualizar un clásico con el fin de crear un objeto de consumo a la medida de las expectativas del público actual, entre otras cosas porque si los clásicos lo son, es decir, si hay obras a las que se las reconoce ese estatus es por lo que tienen de atemporales: valen para cualquier estación, son inmunes al paso de los años y lejos de perder su punch lo mantienen y lo vigorizan ante cualquier espectador, en cualquier escenario y en cualquier momento. Además, este nuevo acercamiento al universo de Philip K. Dick (o a lo que queda de él) venía avalado por la firma de Denis Villeneuve, uno de los cineastas más talentosos de la última década, portentoso creador de atmósferas, exquisito calígrafo visual. Con todo esto quiero decir que cuando acudí a ver “Blade Runner 2049”, lejos de ejercer de purista agraviado ante lo imposible o lo suicida que pudiera resultar cualquier tentativa de reelaborar un clásico como el de Ridley Scott (quien a lo largo de los años ya se ha bastado y sobrado él solo para rehacer su película en sucesivos montajes alternativos), lo hice espoleado por la curiosidad de presenciar la relectura o deconstrucción que un cineasta con una voz singular como Villeneuve podía llevar a cabo a partir de Blade Runner.

De este modo el “¿era necesario?” que me asaltó al final de la proyección tiene que ver, claro, con una cierta sensación de frustración. Porque asumiendo que “Blade Runner 2049″ no es ni un remake ni una secuela, resulta que tampoco es una relectura o una deconstrucción, ni siquiera una variación atendiendo a la acepción melódica de dicho concepto. ¿Qué diantres es entonces el film de Villeneuve? Pues siendo generosos y haciendo un símil literario bien podríamos considerarla una nota a pie de página en la que el cineasta canadiense intenta profundizar y aclarar algunos de los conceptos que sostenían el film primigenio. Y el principal problema de la película viene de ahí. En primer lugar, porque como nota al pie la película resulta muy sosa ya que jamás llega a entrar en discusión con el título precedente, sea por respeto al original o por falta de ambición por parte de Villeneuve, cuya jerarquía como autor se diluye, mal asunto. Después, porque ninguna nota al pie puede ocupar el doble de espacio que el texto principal y este “Blade Runner 2049” dura la friolera de 163 minutos y total para no contar nada que no sepamos de antemano. Semejante duración no le da ni siquiera a su director para amplificar el alcance discursivo o las implicaciones de la historia original sino que más bien le sirve para estirar dicha historia como un chicle a partir de una posible subtrama que es la que ocupa, en esta ocasión, el centro del relato y sobre la que no diremos nada porque hoy en día hacer spoiler está peor visto que montar una Declaración Unilateral de Independencia. Pero sin llegar a contar nada, uno no puede dejar de manifestar la perplejidad en la que le sumió un final que desnaturaliza en buena medida el universo distópico que, en clave cyberpunk, sostenía la historia de Philip K. Dick que sirvió de inspiración a Ridley Scott para el primer “Blade Runner”. Y no solo porque dicho final supone una concesión al espectador adocenado buscando tranquilizar su conciencia con un calculado mensaje de esperanza, sino, sobre todo, porque en su ambigüedad abre la puerta a la conversión, esta vez sí, de “Blade Runner” en una suerte de saga, malbaratando la singularidad de una obra única y poderosa hasta hacer de ella materia prima para el negocio del franquiciado.

Es entonces cuando la pregunta de “¿era necesario?” encuentra su respuesta: sí lo era, al menos apelando a esa lógica puramente mercantil que, sin embargo, me sigue resultando insuficiente para justificar un remake de “¡¡¡Jumanji!!!”.

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One Comment leave one →
  1. Iker permalink
    14/10/2017 18:15

    Enorme decepción. No creo que Villeneuve sea ningún “autor”, sino más bien un artesano elegante. Le falta la mala de uva de un Verhoeven para dar algo de vidilla al cine comercial, cuyo nivel, con estrenos como los que comentas, es paupérrimo.

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