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“La noche de Halloween”: cuarenta años de Myers y Strode

29/10/2018

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Habré podido repetirme hasta la saciedad con este tema, pero en épocas de remakes, reboots, revivals y repámpanos, hemos de ser especialmente cautelosos cuando nos sentamos en la butaca de una sala de cine o nos enfrentamos a cualquier producto audiovisual y pensar de antemano en qué estamos viendo. John Carpenter dio a luz en el 78 a uno de los mejores slashers de la historia y de los más influyentes. Una cinta de terror con un psychokiller enmascarado icónico, una banda sonora espectacular, la mejor scream queen de todos los tiempos y una atmósfera única (como es común cuando hablamos de este director).

Digo esto, porque nadie puede partir de una cinta de culto de tal relevancia y pretender que nada de lo que venga después le haga justicia real o se acerque al producto original. Es hasta lógico que tras la “Halloween” madre casi todo en esta saga hayan sido entregas mediocres y batacazos, un desfile de inestabilidad y un caer en lo risible que resulta patético porque ni siquiera es intencionado. ¿Qué nos ofrece, entonces, esta nueva entrega de “La noche de Halloween” que llega justo cuando se cumplen cuarenta años de la primera? ¿Tenemos luces y sombras? ¿Queremos olvidar? ¿Hemos sabido disfrutarla?

Antes de recorrer sendas angostas, habría que contextualizar la vuelta de Michael Myers en el presente año para una mejor comprensión. Esta nueva entrega se presenta como una secuela directa del primer filme, obviando, un poco para disgusto de parte de la audiencia, todas y cada una de las que vieron la luz después. Hablo de disgusto sin pretender un alarde de falta de lógica, porque por más que todas las secuelas previas a “Halloween H20” sean un cúmulo de cosas prescindibles, para mí este slasher puramente noventero que se llevó a cabo como celebración del veinte aniversario es una película más que digna y que pertenece a su tiempo. Qué demonios, deberían haberse respetado las escasas entregas en las que Myers y Strode compartieron la pantalla, incluida la verdadera secuela de 1981. Para mí, mejores o peores, cada una de las entregas de la saga con Jamie Lee Curtis son parte del canon y habría preferido que no las obviaran todas justo cuando esta historia llega a la cuarentena. Pero así ha sido, y después de disfrutarla el día del estreno mi visión ha llenado más el lado positivo de la balanza que el negativo, aunque haya mucho de lo que hablar.

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De las críticas que he podido leer hasta hoy en la red, ninguna se deshace en halagos viscerales ni se dedica a dinamitar el visionado con ira. Más bien he leído, con alguna excepción, textos cautelosos que tienen en cuenta los factores necesarios para medir lo que ha funcionado y lo que no. Algo positivo, teniendo en cuenta lo particular de la ocasión. En lo personal, creo importante comenzar esta disertación diciendo que gocé muchísimo la experiencia (al borde, incluso, de la emoción) desde el momento mismo en que pude volver a ver la intro original de los 70. Porque es algo en lo que esta película se ahoga: en nostalgia. En amor por un producto de hace cuatro décadas. Está plagada de guiños y homenajes, desde los planos y escenas más celebres hasta la banda sonora. Hay quienes lo llaman “fan service” y no soy quién para negar que no sea un ejercicio de ello, pero, ¿es que pedíamos algo más? Como acérrima, desde el mismo momento en que “La noche de Halloween” fue noticia procuré no esperar absolutamente nada. Quizá sea esto algo simplista, pero, para mí, Jamie Lee Curtis y Nick Castle encarnando a estos personajes de nuevo ya era suficiente. Por supuesto que quise dejarme ahogar en esa nostalgia y en esos guiños, por supuesto que quería que me contentaran con referencias. Como decía, hemos de tener claro qué pedimos a cada producto.

Aunque la dirección de la cinta corra a cargo, esta vez, de David Gordon Green, John Carpenter se ha mantenido como productor ejecutivo en el proyecto, algo que se hace palpable en el respeto que se respira por su trabajo. Hay que decir, en cambio, que aunque ese respeto se siente fácilmente, algunos factores argumentales pueden llegar a hacer que nos encojamos ligeramente de hombros, debido a ese borrón y cuenta nueva que se hace de la saga desde el punto en que Michael Myers se precipita por el balcón de la casa en la que Laurie ejerce de canguro. Hay cambios evidentes y algunos que afectan incluso a la relación de ambos personajes, y aunque esto no sea necesariamente negativo, sí que requiere de un esfuerzo por parte del espectador el sentarse en el cine y olvidar la historia anterior.

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No obstante, muchos de los cambios vienen impregnados de un matiz positivo, sobre todo para sus personajes femeninos. Ojo, no es que nos libremos de que no se caiga en algún cliché que otro, esto es un slasher. Pero todo y toda amante del subgénero sabe que, aunque sus propias normas se transgreden a menudo, el decálogo de las pelis del asesino enmascarado ha funcionado hasta hoy con unas pautas relativamente marcadas. Aquí, en cambio, se procura ir acorde a los tiempos actuales en la medida en que es posible dentro de sus propias dinámicas, si bien es cierto que a ratos el propio desquiciamiento de Strode se antoje caricaturesco.

El retrato de Michael, por otra parte, me ha satisfecho bastante. Afortunadamente alejan al asesino de esa especie de títere atontado con maneras de zombie que llegó a ser a partir de la segunda entrega para convertirlo en una mala bestia. Del todo. Si algo caracterizó al trabajo de Carpenter es la carencia de elementos sangrientos y la creación de la atmósfera de terror a partir de otros recursos. Esto es otra de las cosas que nos llevan directamente al cine de terror más presente, con más uso del sobresalto y sobre todo de las escenas más sádicas, aunque tampoco se peca de una explicitud excesiva. El hombre del saco es más sobrehumano que nunca y su fuerza no conoce parangón. Puede que en esto haya influido algo aquel retrato casi de hombre prehistórico que Rob Zombie llevara a cabo hace una década en su remake. O no, no es más que una mera conjetura. En cualquier caso, he disfrutado mucho de este Michael desmedido.

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No voy a perderme en muchos más detalles. Habría sido estupendo detenerse en cada escena homenajeada y en muchos más entresijos argumentales, pero no quiero fastidiar experiencias ajenas a quien aún no haya pasado por los multicines. ¿Es “La noche de Halloween” una digna secuela de su homónima? Diría que sí, que en una visión general todo esto ha merecido la pena. Y desde luego, hace mucho más honor al origen de todo que ese desastre hospitalario que es “Halloween II”. Que cada cual espere lo que quiera esperar. Michael ha vuelto a Haddonfield. Otra vez. La historia vuelve a repetirse. Y cuando parece que ya no queda vida vuelve a acontecer. Qué pronto se dice aquello de que han pasado cuarenta años…

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