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“Daredevil”: el diablo en el infierno

19/11/2018

En un momento en el que la incertidumbre se cierne sobre el universo televisivo Marvel de Netflix, con las cancelaciones de “Iron Fist” y “Luke Cage” dejando entrever que la audiencia empieza a estar hastiada de tanto supertipo y bajo la amenaza que supone la inminente llegada de Disney al negocio del streaming, “Daredevil” se ha reafirmado en su tercera temporada como la única razón para lamentar de corazón que finalmente todo este tinglado salte por los aires y la popular plataforma cierre el chiringuito. Porque la serie con la que comenzó a construirse este universo paralelo al UCM con superhéroes más ‘realistas’ y callejeros sigue siendo, tres años después de su debut, la mejor construida, la más compleja, la más entretenida y, en definitiva, la mejor a secas del lote superheroico, no solo de Netflix, sino de la televisión en general. “Jessica Jones” anduvo cerca con su primera temporada, pero tras el sopor con el que nos inundó la segunda tanda el hype se nos bajó muchísimo. Y “The Defenders”, sin llegar a ser a mi juicio el desastre que muchos sí vieron, no colmó las expectativas creadas por un crossover que debería haber supuesto para este universo televisivo, salvando las distancias, lo mismo que “Los Vengadores” de Joss Whedon para el UCM. Muy al contrario, desde entonces, cada nueva temporada de cada uno de estos personajes ha generado menos expectación y conversación social que la anterior, hasta el punto de que incluso la tercera season del “cuernecitos”, la joya de la corona, se ha promocionado y visibilizado bastante menos de lo esperado, y sería una lástima que quedara perdida entre el maremágnum de novedades porque “Daredevil” sigue jugando en una liga muy superior a la de sus colegas de plataforma. Si en esas otras series se hubiera invertido el mismo mimo, talento, inventiva y creatividad que aquí, quizás otro gallo le habría cantado a Netflix.

Las dos magníficas primeras temporadas adaptaron ejemplarmente la mitología del abogado ciego/justiciero de Hell’s Kitchen, un personaje que parecía arruinado para el medio audiovisual tras el filme de Mark Steven Johnson de 2003 bajo los auspicios de la Fox y que Marvel Studios, una vez recuperado los derechos, nunca barajó para incluir en el UCM. A decir verdad, relegar al Hombre sin Miedo al medio televisivo, pero en una cadena no condicionada por las restricciones morales y las rígidas normas procedimentales de los canales en abierto, se reveló como la mejor decisión para un superhéroe oscuro que siempre funcionó como un outsider, incluso dentro de la propia Marvel, y que por su carácter urbano no necesitaba el presupuesto gigantesco de un blockbuster cinematográfico para ser llevado a la pequeña pantalla de manera convincente. Tomando como inspiración básica “El hombre sin miedo” de Frank Miller y John Romita Jr., la primera temporada de la serie creada por Drew Goddard y Steven S. Deknight se alejaba de la pirotecnia para toda la familia de la Marvel cinematográfica y se proponía como un drama de personajes con conflictos y dudas morales, ambientación propia del género negro, una acción física y cruda plagada de golpes que llegaban a doler, guiños bien calzados a los aficionados a las viñetas y un villano definitivo, Wilson Fisk, que se meaba en la cara de sus contrapartidas de opereta del UCM. En su segundo round, con nuevos showrunners al frente –Douglas Petrie y Marco Ramirez-, llegaron el Punisher, Elektra y La Mano, potenciando el elemento sobrenatural y manteniendo admirablemente el nivel, pese a que ciertos desequilibrios en las tramas le impidieran ser tan redonda como el debut (mi compañero Rodrigo diseccionó esta segunda temporada aquí).


Y después de “The Defenders”, donde Matt Murdock tenía un rol relevante y cuyos acontecimientos influían decisivamente en su propia historia, nos llegaba esta tercera temporada, con (otra vez) nuevo responsable al frente, en esta ocasión Erik Oleson, y la incógnita de comprobar si la serie sería capaz de volver a estar a su propia altura. Ya en la última secuencia del crossover se apuntaba la probable dirección a seguir, ya que estaba extraída directamente de las páginas de “Born Again”, el arco de Frank Miller y David Mazzucchelli en el que se narraba el descenso a los infiernos de Daredevil empujado por un Kingpin que orquestaba un elaborado y maquiavélico plan con el objetivo de destruirle primero psicológicamente y finalmente físicamente. “Born Again” está considerada con justicia una de las cumbres del cómic de todos los tiempos, ya sea superheroico o no, y no éramos pocos los que deseábamos que la serie tuviese las agallas de abordar esta historia de muerte y resurrección metafóricas, máxime cuando ya sabíamos que Wilson Fisk iba a estar de vuelta. Finalmente la tercera temporada de “Daredevil” no es una adaptación de “Born Again”, o al menos no lo es en sentido literal, pero sí toma como inspiración elementos que parten de ahí (aunque también recoge influencias de otras grandes etapas) y cierto tono general, aunque sin llegar nunca al nivel de sordidez, desesperación, paranoia y simbolismo que imbuía esa obra maestra. Lo que queda en la pequeña pantalla es, sin embargo, otro temporadón para el diablo de la Cocina del Infierno, la rúbrica a una trilogía majestuosa que, nuevamente salvando las distancias, podría considerarse como “El Caballero Oscuro” de las series de televisión.

(AVISO: Para hablar con más comodidad, a partir de aquí se va a hacer uso de SPOILERS.)

La temporada comparte con “Born Again” la idea (que no la ejecución) de llevar al personaje hacia una travesía por el desierto, un via crucis que tiene mucho de expiación, y obligarle a encarar sus propias contradicciones. Estamos, pues, ante el clásico proceso de deconstrucción y posterior reconstrucción del héroe, que necesita recomponerse a sí mismo antes de enfrentarse a su gran némesis. En ese sentido, la serie se toma su tiempo en los primeros episodios para dejar claro que el equilibrio emocional y físico del protagonista está roto después de la trágica desaparición (otra vez) de Elektra en el clímax de “Defenders” a pesar a los cuidados de la hermana Maggie, nuevo personaje con oscuro secreto a cuestas y con el que tendrá numerosas discusiones a cuenta de problemática relación con Dios. Tiene todo el sentido del mundo, por tanto, que un Murdock sumido en una crisis de fe y peleado con su propia esencia regrese al modesto traje negro de la primera temporada, para disgusto de los fans del icónico uniforme rojo, que no volverá a vestir en toda la tanda; esto es, hasta que no recupere el derecho y la convicción de llevarlo. Y, qué demonios, a Charlie Cox (que está mejor cada temporada que pasa) ese simple antifaz casi le queda mejor que la máscara “oficial”. Esos dos o tres primeros capítulos son un tanto expositivos pero necesarios para comprobar en qué punto vital están los personajes que ya conocíamos (y es que tanto la Karen Page de Deborah Ann Woll como el Foggy Nelson de Elden Henson siguen creciendo y sintiéndose importantes en la serie, algo que obviamente revierte en la calidad de la misma) y presentarnos algunos nuevos como los agentes del FBI Ray Nadeem, que al principio puede caernos un tanto gordo pero que terminará siendo un personaje entrañable y muy importante para el desarrollo de la trama, y Benjamin Pointdexter, al que no tardaremos en identificar como un futuro Bullseye, otro de los antagonistas clásicos del Diablo Guardián. Por supuesto, también nos reencontramos con un Wilson Fisk todavía en prisión, aparentemente dócil y dispuesto a cooperar con los federales para proteger a su Vanessa Mariana, la única cosa que realmente le importa más que él mismo.

Es a partir del capítulo cuarto, “Blindsided”, cuando los engranajes de la trama comienzan a funcionar a toda máquina y empezamos a percatarnos de que los planes de Fisk van muchísimo más allá de permanecer en arresto domiciliario en una lujosa suite de hotel. Se suele acusar a las temporadas de las series superheroicas de Netflix de durar más de la cuenta, de invertir 13 capítulos en contar lo que perfectamente se podría hacer en tres o cuatro menos (y “Jessica Jones” es un buen ejemplo de ello), pero esa sensación no existe en esta tanda de “Daredevil”. Aquí cada episodio cuenta, cada escena tiene un buen motivo para estar donde está, y nunca da la impresión de entrar en una zona de transición o directamente de relleno. La trama, y los personajes de la mano de ella, siempre avanzan hacia delante con tensión y suspense, incluso cuando parece que no lo hacen (y sí, me refiero sobre todo al capítulo del flashback de Karen, vital en todo caso para terminar de apuntalar al personaje) y pese a que en algún momento se fuerce la suspensión de la incredulidad, algo que se perdona fácilmente a tenor de la calidad general del show.

Y si la serie transcurre como la seda en gran parte se debe al empuje que le otorga el personaje de Wilson Fisk, que ni siquiera necesita moverse demasiado o hacer alarde de violencia física para revelarse como el auténtico amo de marionetas. No nos cansaremos de alabar al Wilson Fisk de Vincent D’Onofrio; no solo porque el actor ha conseguido la mejor traducción posible a imagen real del Kingpin de los cómics (ahora ya, por fin, con el traje blanco; sólo le falta el bastón), con esa perceptible ira sorda que recorre todo su lenguaje corporal, sino porque los guionistas siguen acertando al presentarle como la mente criminal definitiva, siempre tres pasos por delante del resto. Incluso cuando la jugada parece que puede volverse en su contra acaba teniendo todos los ases bajo la manga. Y a diferencia de la segunda temporada, en la que las historias de Punisher y Elektra fluían cada una por su cuenta, aquí se ha integrado con mucha inteligencia la trama de Pointdexter con la del Kingpin. Todo ese proceso de manipulación de una mente peligrosamente inestable se conduce brillantemente (magnífica la puesta en escena de la creación del psicópata vista a través de los ojos de Fisk en “The Perfect Game”), y Wilson Bethel (en su día, al parecer, candidato a llevar el escudo del Capitán América) sabe capturar a la perfección el desamparo y la letal amenaza que supone un alma quebrada, de alguna manera lo que podría haber acabado siendo el propio Murdock desprovisto de sus convicciones católicas o sin la estabilidad que le aportan sus amigos (y en ese sentido, está muy bien traído que sea Pointdexter quien lleve el traje de Daredevil durante toda la tanda).

Además, la serie sigue ofreciendo algunas de las secuencias de acción mejor coreografiadas y ejecutadas que podemos ver en una pantalla. En una temporada de corte menos “superheroico” que la anterior, las luchas han sido si cabe más sucias y violentas, menos acrobáticas, con especial mención para esa virguería técnica en plano secuencia de más de diez minutos en la prisión de “Blindsided” (o cómo continuar con la tradición de las peleas de pasillo de la serie doblando la apuesta con grandes dosis de creatividad), pero también sobresalen el asalto a la redacción del Bulletin con Pointdexter arrojando objetos de oficina como armas mortales a diestro y siniestro, el violentísimo combate en la iglesia o ese brutal enfrentamiento a tres bandas en el vibrante clímax de “A New Napkin”, una apropiada y satisfactoria conclusión que bien podría funcionar como punto y final para la serie.

A la hora de escribir estas líneas, Netflix aún no se ha pronunciado sobre la continuidad de “Daredevil”, y la sensación general que percibo es que podría no haber una cuarta temporada. A día de hoy sí está confirmado que “Jessica Jones” tendrá su tercera tanda y que “The Punisher” volverá una vez más. Más allá de eso poco se sabe sobre el futuro de los héroes urbanos de Marvel. Ya no es sólo una cuestión de audiencias (que, según los rumores, ya no son lo que eran), sino de que nadie sabe a ciencia cierta cómo afectará la llegada de Disney a la televisión. Ya sea en Netflix o fuera de ella, material de altura para un par de temporadas más de “Daredevil” sí que hay, a poco que sigan buscando inspiración en los cómics que escribieron no solo Frank Miller, sino también Ann Nocenti, Brian Michael Bendis o Ed Brubaker, pero aunque este resultara haber sido su punto y final, ya quedaría para la posterioridad como el gran producto de referencia del género en la pequeña pantalla. Y realmente será muy difícil que algo, en Netflix o fuera de ella, lo supere.

 

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4 comentarios leave one →
  1. Alejandro permalink
    20/11/2018 8:57

    Maravillosa reseña… Coincido absolutamente en todo lo expuesto en ella… Sinceramente sería una pena que no tuviéramos una o dos temporadas más, pero me temo que la nueva plataforma de Disney es la verdadera culpable de estas incertidumbres en las series de Marvel. Sin duda estamos ante la mejor serie de superhéroes… Gracias por la crítica y enhorabuena por tan buena exposición y desarrollo de la misma.
    Un saludo,

    • Jorge Luis García permalink*
      20/11/2018 10:00

      Muchas gracias, Alejandro. Lo último que se sabe es que el showrunner actual, Erik Oleson, ha entregado a Netflix su concepto para la cuarta temporada, pero, como bien dices, el verdadero problema puede ser la sombra de Disney. Un saludo.

  2. Luna permalink
    27/11/2018 11:19

    Me encantó tu reseña, con la cual coincido. La verdad que me preocupa un poco que Netflix esté tardando en dar luz verde a la cuarta temporada. Es difícil saber cuáles son exactamente las cláusulas contractuales que firmaron las dos compañías en su momento, pero el CEO de Netflix dejó claro en una entrevista que Marvel no tiene poder de decisión para cancelar estos shows, y que sólo Netflix decide la cancelación o continuación de los mismos. Me quedó la impresión de que Marvel tampoco podría llevárselos a otra parte, sino que tendría que empezar un show nuevo desde cero. Por otra parte, el presidente de Marvel Television dijo poco antes del lanzamiento de esta temporada en Octubre que había planes para 6 temporadas de Daredevil. Entonces ¿qué está pasando? Erik Oleson envió su proyecto hace no tanto, quizás simplemente estén discutiendo ideas, pero reconozco que me tiene intranquila la demora. Creo haber leído en alguna parte que Netflix y Marvel TV han tenido alguna diferencia de opiniones en cuanto a la cantidad de episodios de cada temporada, Marvel insiste en 13 episodios y parece que Netflix preferiría 10 u 8, específicamente con alguno de los otros shows de la licencia, no recuerdo cuál (posiblemente alguno de los cancelados). Entiendo la posición de Netflix, ya que ellos son los que financian el show, y no tiene gracia pagar por más cantidad de episodios de calidad dudosa. Pero justo Daredevil se merece los 13 episodios, no sobró ninguno.

  3. 29/11/2018 6:27

    Oye ,

    Veo el sitio web http://www.elcadillacnegro.com y es impresionante. Me pregunto si el contenido o las opciones de publicidad de banners disponibles en su sitio.

    ¿Cuál será el precio si nos gustaría poner un artículo en su sitio?

    Nota: el artículo no debe ser ningún texto como patrocinado o publicitado o así

    Aclamaciones
    Tore Johannessen

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