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“The Afterman: Ascension”, el doble salto de Coheed And Cambria

30/11/2012

Dos años separan en el tiempo al disco que nos ocupa, “The Afterman: Ascension” de Coheed And Cambria, del anterior trabajo del grupo, “Year of the Black Rainbow” (2010). No es demasiado, en los tiempos que corren, más bien todo lo contrario, pero en el caso de la banda neoyorquina estos dos años probablemente hayan sido los más decisivos y trascendentales de una carrera que, a nivel discográfico, comenzó hace exactamente una década. En estos diez años la banda ha ido construyéndose una solidísima base de fans, ciertamente más numerosa al otro lado del Atlántico que aquí en el Viejo Continente, seguidores que han ido cayendo rendidos no sólo ante el concepto de la banda, que ya explicamos hace unos cuantos meses en ‘Las extraordinarias aventuras de Coheed And Cambria’, sino ante su inimitable forma de hacer música. A Coheed And Cambria o les ignoras o, irremediablemente, les amas. Muchas y muy diversas influencias confluyen dando como resultado un estilo totalmente novedoso, único, personal e intransferible, y sobre todo reconocible al instante. Lejos de agotarse, la fórmula les ha permitido seguir creciendo año tras año, disco tras disco, hasta llegar a ese “Year of the Black Rainbow” que cerraba y abría, a la vez, la saga “The Amory Wars”. Sí, hay que saber de qué estamos hablando para entenderlo.

Conviene detenerse un instante en ese 2010 para poner las cosas en perspectiva. Ese año se cumplió la hoja de ruta marcada desde el principio y, en cierta manera, se llegó el final del camino. “The Amory Wars”, una odisea en cuatro actos que acabó siendo contada, de forma desordenada, a través de cinco discos, parecía quedar definitivamente cerrada, llegando así, inevitablemente, a un punto de inflexión. Además, algunos fans se mostraron abiertamente desencantados con un trabajo en el que el grupo cometía el enorme pecado de no sonar 100 por 100 a Coheed And Cambria, quedándose en un 80 por ciento, por explicarlo de algún modo. Otros entendimos, en cambio, que Claudio Sánchez y sus chicos simplemente se empeñaron en firmar su disco más ambicioso, trabajado y maduro hasta la fecha, abriendo aún más si cabe su ya de por sí amplísima paleta de colores. Algunos terminamos adorando el resultado mientras que a otros el salto les pareció demasiado brusco, cuando en realidad no lo era tanto. La verdad es que ahora poco importa, porque la prueba más dura aún estaba por llegar: la pérdida definitiva, y parece que esta vez sin vuelta atrás, del bajista Mic Todd, un miembro especialmente querido por sus seguidores, bajista excepcional pero también ‘yonkarra’ incurable. La adicción a la heroína de Todd ya le hizo perder su puesto en el grupo durante unos meses en 2006, aunque acabó volviendo tras haberse supuestamente rehabilitado, pero en julio de 2011, en plena gira con Soundgarden, el músico fue detenido por robo a mano armada y posesión de narcóticos. Su despido fue fulminante, pero los problemas se acumularon cuando a finales de ese mismo año el batería Chris Pennie anunciaba también su salida (amistosa, nos contaron) del grupo. Coheed And Cambria quedaba súbitamente reducido a un dúo, con el vocalista, guitarrista, compositor principal e ideólogo Claudio Sánchez acompañado únicamente por su fiel escudero a las seis cuerdas Travis Stever. Un ‘negro arcoíris’ amenazaba con devorar al grupo, cuyo futuro se nos presentaba más incierto que nunca. 

Pero, como diría nuestro adorado Alfred Pennyworth, «las cosas siempre se ponen peor antes de que mejoren», y los fans volvieron a tener motivos para ilusionarse apenas dos semanas después de la marcha de Pennie con el anuncio del regreso a la formación del batería original Josh Eppard, quien también dejó la banda en 2006 por sus gravísimos problemas con las drogas, parece que felizmente superados seis años después. Además, el ahora trío confirmaba que se encontraba ya trabajando en su siguiente álbum y que éste seguiría englobado dentro del universo de “The Amory Wars”, en febrero de 2012 colgaba un clip acústico de un nuevo tema, “Sentry The Defiant”, y en abril se anunciaba el fichaje del bajista Zach Cooper, con lo que las cosas se ponían de nuevo en su sitio. La grabación terminó en junio y un mes después Coheed And Cambria nos daban un alegrón más al revelarnos que el nuevo álbum, “The Afterman”, sería doble, aunque vería la luz en dos entregas separadas, “Ascension”, en octubre de 2012, y “Descension”, en febrero de 2013. La incertidumbre y la espera habían merecido, rotundamente, la pena.

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El concepto del doble álbum gira esta vez en torno al personaje de Sirius Amory, el astronauta y científico que da nombre a la saga y que descubrió, mucho antes de los eventos narrados en “Year of the Black Rainbow”, la fuerza conocida como ‘The Keywork’, que mantiene unidos e interconectados los 78 planetas de Heaven’s Fence. En esta primera entrega, “The Afterman: Ascension”, el bueno de Sirius tomará contacto con esta misteriosa fuente de energía para descubrir que es, en realidad, una especie de ‘más allá’ en donde están atrapadas un sinfín de almas torturadas, con algunas de las cuales nuestro protagonista establecerá contacto. “Descension” narrará su regreso al hogar tras esta espantosa experiencia y sus terribles consecuencias. Como no podía ser de otra forma, el envoltorio en el que Coheed And Cambria nos vende todo esto es magnífico y la edición ‘digipack’, que es la que tiene un servidor, es fabulosa, aunque a uno le da mucha rabia no haberse podido agenciar la versión ‘deluxe’, ya que su precio, y más si se le suman los gastos de envío, es prohibitivo.

En el plano estrictamente musical, “The Afterman: Ascension” es una jugada mucho más arriesgada de lo que parece a simple vista, y de la que han salido rotundamente airosos. Una rápida primera escucha, nunca aconsejable tratándose de Coheed And Cambria, podría dar la impresión de que han dado un paso atrás y han regresado a los tiempos de sus, posiblemente, dos mejores álbumes, “In Keeping Secrets of Silent Earth: 3” (2003) y “Good Apollo, I’m Burning Star IV, Volume One: From Fear Through the Eyes of Madness” (2005). Esta hubiese sido, en parte, una maniobra entendible y un gesto de esos que tanto agradecen los fans, pero en cierto modo hubiese implicado renegar de su pasado más reciente y tampoco ha sido así. No hace falta escarbar mucho para darse cuenta de que todo lo que la banda ha ido aprendiendo por el camino, todo el bagaje de estos diez años de carrera y muchos de los más felices hallazgos que podíamos encontrar en “Year of the Black Rainbow” están ahí, pero ya mucho mejor integrados y en perfecta convivencia con el estilo clásico del grupo. Podríamos decir que Coheed And Cambria han dado un doble salto, al pasado y al futuro, recuperando la frescura y el entusiasmo de sus inicios pero mezclándolo con la madurez y sabiduría que sólo otorga el paso del tiempo, devolviéndonos a un grupo en plena forma con un porvenir a todas luces brillante.

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“The Afterman: Ascension” arranca felizmente repitiendo el esquema de sus cinco álbumes anteriores. “The Hollow”, una intro instrumental que incluye un diálogo entre el propio Sirius Amory y The All Mother, la inteligencia artificial que controla su nave (luego habrá más, oportunamente situados entre tema y tema), da paso a ese pepinazo que es “Key Entity Extraction I: Domino The Destitute”. Hace unos años hubiese sido impensable que un tema como éste, que además se alarga hasta los 8 minutos, pudiese ser elegido como primer single de un disco, pero las cosas han cambiado y ahora los sencillos no se eligen para sonar en la radio, sino para tener un vídeo chulo colgado en Youtube. Y “Domino The Destitute” lo tiene, y además todos los ingredientes que hacen que esté destinado a ser un clásico instantáneo del grupo, en la línea de “In Keeping Secrets of Silent Earth: 3” o “Welcome Home”: una intro fabulosa (con ecos del “Wasted Years” de Iron Maiden, todo hay que decirlo), intrincados riffs de guitarra, una base rítmica demoledora, estructuras complejas, cambios de ritmo, estribillos épicos y un clímax final apabullante. Cuando se pone dramáticos y salvajes no hay Dios que les tosa, pero estos cuatro tipos son capaces de firmar a continuación una de las piezas más delicadas, bellas y conmovedoras de toda su discografía, “The Afterman”, segundo single (acompañado de un vídeo precioso), en el que precisamente más se nota la herencia recibida de “Year of the Black Rainbow”, con influencias también del proyecto paralelo de Claudio Sánchez, The Prize Fighter Inferno. Una jodida maravilla que crece y crece con cada escucha.

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Los Coheed de la vieja escuela no tardan en volver a hacer su aparición con “Mothers of Men”, un fantástico tema que también encajaría perfectamente en “In Keeping…” o el primer “Good Apollo”, y no podría hacer mejor elogio, y con “Goodnight, Fair Lady”, una genialidad con un ramalazo tremendo a Thin Lizzy (seguimos sumando felices influencias) que cubre la cuota hard rockera comercial imprescindible en cada álbum de los neoyorquinos, como ya hicieron en su momento “Blood Red Summer”, “Feathers” o mi favorita de la banda, “The Suffering”. Pero toca agarrarse los machos ante lo que se nos viene encima, con dos de las piezas más cañeras y pesadas de la banda en mucho tiempo, “Key Entity Extraction II: Holly Wood The Cracked” y “Key Entity Extraction III: Vic The Butcher”, que no pueden negar que son, ambas, primas hermanas de “The Velourium Camper III: Al The Killer”, un tema de culto especialmente querido por sus fans más fieles. “Holly Wood The Cracked” es su canción más metalera en años, que podría haber firmado perfectamente Dave Mustaine en sus mejores tiempos, si no fuera por ese espléndido interludio marca de la casa, mientras que “Vic The Butcher” incita irremediablemente a agitar la melena (o, en mi caso, a añorarla) y a levantar los pies del suelo, especialmente con ese machacón «Hang your secrets, hang ‘em up, hang ‘em up now» que nos devuelve la versión más ‘hardcoreta’ de la banda, y que me perdonen los puristas de este género.

Llegados a este punto, y haciendo justicia al nombre del álbum, la banda está volando altísimo y es hora de comenzar a planificar el descenso, que empieza a vislumbrarse con “Key Entity Extraction IV: Evagria The Faithful”, otra pieza cautivadora y envolvente cocinada a fuego lento que es necesario paladear con calma, con un trabajo magnífico de toda la banda pero especialmente por parte de Eppard. El cierre, un tanto anticlimático, llega con “Subtraction”, sin duda el punto más calmado de un disco intensísimo, una exquisita composición que nos va calando poco a poco hasta dejarnos el alma empapada y una certeza, que el álbum se nos ha hecho corto no, cortísimo. Esa sería la única pega que podría ponerle a “The Afterman: Ascension”, que dura sólo 39 minutos y 29 segundos, algo bastante inusual para un grupo que suele entregarnos trabajos de una hora o una hora y cuarto. Pero hasta eso tiene su justificación, pues febrero de 2013 está ya a la vuelta de la esquina y entonces podremos degustar completa una obra que alcanzará la hora y 20 minutos, una duración que está en el límite de lo tolerable para haber entrado en un único CD. Además, si algo no tiene “Ascension” es relleno, todos sus temas brillan de alguna u otra forma, y si la banda logra el mismo resultado con “Descension”, lo que tendremos en nuestras manos será una putísima doble obra maestra. De momento, ya sabemos que el anhelado “Sentry The Defiant”, rebautizado precisamente “Key Entity Extraction V: Sentry The Defiant”, y otro tema que lleva rulando años por ahí, “Iron Fist”, serán dos de los nueve cortes de dicho trabajo, y tienen una pinta buenísima. Ya sólo nos quedaría rezar para que se decidan a marcarse una gira europea y se dejen caer por España, a poder ser con su propio show y no dentro de un festival… Aunque eso, me temo, es soñar demasiado.

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2 comentarios leave one →
  1. Iru permalink
    30/11/2012 17:49

    Interesante articulo, y gran critica. No puedo esperar a Descension :D

Trackbacks

  1. Música: nuestros 12 de 2012 « El Cadillac Negro

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