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Un año en las entrañas de “Nashville”

26/05/2013

Nashville Season One

Cuando comenzó la temporada televisiva al otro lado del Atlántico, allá por el pasado mes de septiembre, me marqué como objetivo sumar, a la larga lista de series que ya sigo actualmente, algún nuevo estreno que pudiese enriquecerme como espectador pero también, otro gran aliciente, como autor de este Cadillac Negro, y las elegidas fueron “Vegas”, “666 Park Avenue” y “Nashville”. Con las dos primeras arrastré también a mi compañero Jorge, y aunque yo las abandoné enseguida, él tardó aún algo más de tiempo en tirar la toalla. Al menos con la serie de Dennis Quaid le dio para escribir un post en este blog, aunque con la segunda, es comprensible, ni siquiera le quedaron ganas. “Nashville”, en cambio, sí pasó el corte. El mío, digo. Una serie ambientada en la capital del country (un género que a mí, personalmente, me gusta bastante), protagonizada por la gran Connie Britton y creada por Callie Khouri, la oscarizada guionista de “Thelma & Louise”, parecía en mi caso una apuesta bastante segura, y así fue. Para redondear la jugada, el show cuenta con la supervisión musical de, nada más y nada menos, el inmenso T-Bone Burnett, el tipo más poderoso (y valioso) del country en la actualidad y, mira por dónde, marido de la Khouri. Más de siete largos meses después de su estreno, que es lo que tienen estas series que superan los 20 capítulos por temporada, algo que a mí cada vez me resulta más difícil encajar, podemos valorar por fin el primer año en antena de “Nashville”, que no será el último, gracias a una renovación que se hizo de rogar y no fue anunciada hasta hace apenas un par de semanas.

Las series de las ‘networks’ estadounidenses, y en este caso hablamos de la ABC (participada, no lo olvidemos, por Walt Disney), deben pasar primero un riguroso corte para ver si reciben, a mitad de temporada, la bendición para poder entregar una tanda completa de episodios. “666 Park Avenue”, también de la ABC, fue de hecho fulminada tras su noveno capítulo, dejando los cuatro restantes ya rodados para ser emitidos en verano, aunque España curiosamente fue el primer país del mundo en emitirlos, a principios de año. “Vegas”, de la CBS, sí consiguió llegar a los 21 episodios, pero acabó igualmente cancelada. Igual no hace falta citar más ejemplos, queda claro que la exigencia es altísima, y “Nashville” ha conseguido salvarse a pesar de haber ido manteniendo unas audiencias simplemente aceptables, desinflándose un tanto desde su esperanzador arranque. Tampoco ayudan, creo, esos parones de dos, tres, cuatro semanas que de cuando en cuando sufren este tipo de series a lo largo de un año. Sí ha contado, en líneas generales, con el beneplácito de la crítica, aunque no estemos ante un “Mad Men”, un “Juego de tronos” o un “Breaking Bad”, y también ha ayudado el excelente funcionamiento de su banda sonora, que es por otra parte magnífica (no podíamos esperar menos del tito T-Bone), con dos CD editados, aunque buena parte de los ingresos llegan, como mandan los tiempos, a través de iTunes. Tendremos, en cualquier caso, al menos un segundo año para pasearnos por las calles de Nashville, un segundo año en el que esperamos que muchas cosas sigan más o menos como están y otras mejoren notablemente, porque pueden y deben hacerlo. Que habrá cambios, eso está garantizado.

Nashville - Deacon & Rayna

La incertidumbre sobre el futuro de “Nashville” tuvo que ver bastante en los últimos tiempos, al parecer, con los roces entre la cadena y la productora, y cierto descontento de su estrellaza principal, Connie Britton. La solución ha llegado, de momento, en forma de despidos, o sustituciones de gran parte de su equipo de producción para su segunda temporada, lo que no deja de ser una incógnita, pero lo cierto es que el próximo año la serie contará con aire fresco, y eso tenemos que recibirlo en principio como una buena noticia. La lógica nos dice que, cuando se acaba confiando en un producto, los cambios se hacen para mejorar, aunque eso no siempre se cumpla. Lo importante es que no se resienta su impecable y fastuoso diseño de producción, algo habitual en una casa como la ABC. Esto, sumado a que está rodada además en la ciudad que le da nombre, algo que se nota, y mucho, para bien, hace que sea un producto ostensiblemente caro. Pero “Nashville” no es sólo fachada. Ni la música y sus resplandecientes escenarios son los únicos que brillan. Es, ante todo, una serie de personajes, de muchos personajes, que conforman el no poco complejo universo de una de las ciudades más musicales del planeta. Algunos están mucho mejor construidos y tienen más riqueza que otros, eso es inevitable, pero nos encontramos con una muestra bastante completa (y compleja) de toda la flora y fauna que debe poblar el lugar, desde sus más altas esferas hasta sus ambientes más humildes, sin caer demasiado en los bajísimos fondos, que esto tampoco es “The Wire”. Pero las dos puntas de lanza de “Nashville” son, inequívocamente, la gran diva interpretada por la enorme Britton, Rayna James, una reina (valga la redundancia) veterana del country que empieza a mostrar preocupantes señales de declive, y la joven y emergente Juliette Barnes, un remedo de Taylor Swift y Miley Cyrus, con algún toque de Lindsay Lohan, interpretada con una solvencia asombrosa por Hayden Panettiere, que se quita así el sambenito de ser la eterna ‘cheerleader’ de “Héroes”. A Britton no hay quien la tosa, y ella solita se adueña del show en muchísimos momentos, pero eso lo dábamos por descontado. La gran sorpresa, insisto, es Panettiere, que lidia con un personaje difícil, excesivo, de subidas y bajadas, que a veces despierta rechazo, otras simpatía, ora odio, en no pocos momentos lástima… Sus pluscuamperfectos rasgos (a mí me da la sensación de que está permanentemente cincelada con Photoshop) y su imperturbable semblante son ideales para el rol que muestra en pantalla. Esta pelea de gatas es el principal ‘leitmotiv’ de la serie, y ambas salen ganando: las dos actrices fueron nominadas, y merecidamente, tanto a los Globos de Oro como a los Premios Satellite.

Nashville - Juliette & Glenn

En medio de esta batalla campal, que también tiene sus momentos de tregua, nos encontramos con Deacon Claybourne, ex amante de Rayna y su guitarrista y escudero durante décadas, y también el mejor personaje masculino de “Nashville”, casi diría que el mejor personaje en general de toda la serie, y no es poca cosa, ya que aquí ellas manejan el cotarro y han tomado claramente la delantera. En gran parte gracias a un Charles Esten sobradísimo de carisma, el bueno de Deacon es un tipo honesto e íntegro, un héroe de una pieza, un señor que se viste por los pies, un pobre diablo que lleva media vida peleando contra sus adicciones, siendo la peor de todas su perpetuo, como una condena, amor por la mujer equivocada. Es, en definitiva, uno de los mejores personajes vistos en una pantalla de televisión en muchísimo tiempo. La nómina se completa con su sobrina Scarlett O’Connor (Clare Bowen), tan candorosa e inocente que, tras 21 capítulos, nos quedamos con la sensación de que, en realidad, es rematadamente tonta; el novio de ésta, Avery Barkley (Jonathan Jackson), obsesionado con el éxito y capaz de pisar a quien sea con tal de conseguirlo; y el bonachón y talentoso Gunnar Scott (Sam Palladio), que pronto hace buenas migas con Scarlett, con lo que ya tenemos el triángulo liado… uno de los muchos que veremos en la serie. Scarlett, Avery y Gunnar son sólo una muestra de los jóvenes valores que intentan abrirse paso en el complicado negocio musical del country en pleno siglo XXI, Juliette encarna a la ex niña prodigio que arrasa entre el público adolescente pero se enfrenta a ese duro y decisivo trance de abrazar la madurez… o caer en el olvido, mientras que Rayna ve amenazado su hasta entonces inamovible estatus y debe reinventarse para no perder el trono, y de paso seguir manteniendo su lujoso tren de vida. En torno a todos ellos pululan managers, directivos de discográficas, cazatalentos, productores, músicos (destaca la colaboración especial de Michiel Huisman, el entrañable Sonny de “Treme”), abogados, ayudantes, ‘roadies’… Otro gran punto a favor de la serie es que Britton, Panettiere, Esten, Bowen, Jackson, Palladio, incluso las jovencísimas Lennon y Maisy Stella, que dan vida a las hijas de Rayna (esa espléndida versión del “Ho Hey” de The Lumineers), todos interpretan ellos mismos las canciones del show, con resultados más que aceptables. En el plano musical, partiendo de que tendríamos una muestra bastante amplia de todo lo que se cuece en el country actual, “Nashville” es excelente. Cómo no iba a serlo cuando todos y cada uno de sus capítulos llevan por título el de una canción de Hank Williams, el Puto Dios Supremo del Country (para los más despistados, el de la foto de mi avatar).

Nashville - Scarlett & Gunnar

Es de justicia reconocer que no todo funciona a la perfección, como por otra parte es lógico. Aunque tengan algunos puntos en común, “Nashville” no es “Treme”, que a su vez es una dignísima heredera de su hermana mayor “The Wire”. Así, todas las tramas políticas del show de la ABC, las corruptelas, tejemanejes, traiciones y maquinaciones para hacerse con el poder de la ciudad, que ocupan buena parte de su metraje, son francamente flojas, o por decirlo de otro modo, palidecen claramente en contraste con todo lo demás. Tampoco ayuda que los personajes que llevan el peso de estas tramas sean los que menos nos interesen, como el marido de Rayna, Teddy Conrad (Eric Close), un mediocre sin sangre al que dan permanentemente ganas de abofetear; el mismísimo padre de la diva, Lamar Wyatt (un desprovechado Powers Boothe), villano de manual, siempre al borde de la caricatura o la parodia; la hija de éste y por tanto hermana de la prota, Tandy Hampton (Judith Hoag), que la mayoría de las veces da la sensación de que pasaba por allí; o la inestable Peggy Kenter (Kimberly Williams-Paisley, mujer por cierto de Brad Paisley, estrella del country que hizo su aparición en la ‘finale’ de la serie), que parece salida directamente de una telenovela… Salva la papeleta el personaje de Coleman Carlisle, porque es el más íntegro de esta desafortunada pandilla y está interpretado además por un tipo con el empaque, la presencia y la credibilidad de Robert Wisdom, y eso siempre es una garantía.

 

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No son muchos más los detalles que queremos comentar de su argumento. 21 capítulos dan para mucho: Rayna, Juliette, Deacon y su séquito pasarán por un incontable número de aventuras y desventuras, encuentros y desencuentros, triunfos y decepciones, mientras el niño bueno hará su particular descenso a los infiernos, el cabronazo recibirá su cura de humildad y acabará abrazando algo parecido a la redención, la tonta seguirá siendo tonta, el que ha venido jugando con fuego se quemará… No estamos colando ningún tipo de spoiler, “Nashville” visita más o menos todos los lugares comunes ya vistos anteriormente en este tipo de dramas, aunque lujosamente revestidos y muy bien contados, y merece la pena hacer el viaje. Y pasearse por esa impresionante urbe de fascinantes localizaciones, como el Bluebird Cafe, un garito real con presencia constante en la serie, que se ha revalorizado aún más gracias a ésta como lugar de culto entre los visitantes de la ciudad. Tampoco podemos pasar por alto e ignorar que, a lo largo de su primer año en antena, “Nashville” nos ha ido colando trazos de culebrón puro y duro, a veces bastante gruesos, así que están avisados, que luego no se diga. Incluso diría que en su tramo final se les fue un poco la mano. Valga como ejemplo su ‘season finale’. De nuevo, no es spoiler: piensen en todos los golpes de efecto y cliffhangers más habituales que este tipo de productos suelen usar (y abusar) para dejarnos colgados y con la boca abierta al final de una temporada. Tómense su tiempo, cojan si quieren papel y lápiz y escriban una lista, no importa si les queda muy larga, incluso algo absurda. Pues bien, probablemente la mayoría, si no todas las cosas que han escrito, sucedieron en el último episodio de la serie, “I’ll Never Get Out Of This World Alive”. Una innecesaria ida de olla que no debería empañar, no obstante, el buen trabajo realizado a lo largo de todo un año. Sea como sea, “Nashville”, uno de los estrenos más afortunados del curso 2012/2013, regresará tras el verano en la que podría ser, esperemos, la temporada de su confirmación. Nosotros al menos nos pasaremos por allí, para ver qué se cuece.

Nashville Intro

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3 comentarios leave one →
  1. aaa permalink
    27/05/2013 8:46

    Nashville se ha convertido en uno de los estrenos más entretenidos del año. Si bien la serie no es ni espectacular ni especialmente inspirada (parece escrita, dirigida y actuada con el piloto automático), ha habido muy pocos capítulos malos y han ofrecido, semana a semana, un culebrón de manual modélico. Eso sí, la pelea de gatas que nos prometieron quedó en un segundo plano en los últimos capítulos para dejar paso a las tramas más trilladas del culebrón venezolano. Sin embargo, sus 21 capítulos de la temporada han estado realmente bien y, como comentáis, Hayden Panatierre está enorme de diva psicótica y se convierte en la verdadera estrella del show, por encima de una algo desganada Connie Britton. Veremos qué tal la segunda temporada, aunque el histerismo de la season finale apunta maneras. De Scarlett y Gunnar (y la trama política de marido y padre de Rayna) mejor no hablamos.

  2. 27/05/2013 14:28

    Tenía la serie apuntada desde hace tiempo como amante del country, y más con la presencia del señor T-Bone Burnett, pero nunca encontraba el momento. Después de tu crítica me animo definitivamente.

    Al hablar de “Nashville” creo que hay que recordar también la película “Country Strong”, que por lo leído en la crítica bebe bastante de ella. Gran película que te recomiendo Rodrigo.

    Saludos. Alvaro Draper.

  3. 03/06/2013 21:20

    Cuando me enteré de que esta temporada se estrenaba una serie en ABC con la temática de la música country de fondo , enseguida me interesé por ella, porque este tipo de música me gusta y porque las protagonistas me llamaban la atención: Connie Britton, totalmente recuperada de sus fantasmas en American Horror Story y Hayden Pannetiere, a la que no he vuelto a ver desde su paso como animadora en Heroes. No parecía que fuera a ser una serie muy exportable, precisamente por estar centrada en un género musical que difícilmente traspasa fronteras pero, una vez estrenada y si no le dan demasiados minutos a las canciones, creo que podría llegar a funcionar en cualquier sitio.

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