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El niño que vio la luz

15/12/2013

Brian 1

Tiene sólo 14 años y siente que el corazón se le podría parar en cualquier momento. De puro éxtasis. Está a sólo unos metros de distancia, frente a él. Es sólo un hombre, pero para él es casi un ser sobrenatural. Una deidad. Su héroe. Es miércoles. 15 de diciembre de 1993. Un día como cualquier otro para el común de los mortales, pero la fecha lleva meses marcada en rojo en su calendario. Es el día en el que asiste a su primer concierto. Un acontecimiento ya de por sí suficientemente relevante en la vida de cualquier persona. En su caso, además, el hecho de poder ver a ese guitarrista al que venera como a un Dios hará que esa noche no sólo sea inolvidable, sino una de las más felices de su existencia. Durante semanas, desde que lo compró por 3.000 pesetas en el Madrid Rock de la Gran Vía, ha guardado como el mayor de sus tesoros ese pequeño y rojo pedazo de papel que le dará acceso a la gloria. Esa tarde, cuando por fin lo ha sacado del libro de Stephen King en donde lo ha mantenido todo ese tiempo a buen recaudo para meterlo en su cartera, lo ha observado por enésima vez, y ha vuelto a leer el nombre del artista, y la fecha, y el lugar del recinto, para convencerse de que sí, de que estaba sucediendo: The Brian May Band. 15 de diciembre. Aqualung.

Tiene sólo 14 años y hace pocos meses que ha comenzado el instituto. Algunos dirán que ya es un adolescente, pero, entre nosotros: aún es un niño. Demasiado inocente, mucho más cándido e ingenuo de lo que sin duda intenta aparentar. Y se podría distinguir por muchas cosas, pero una de las más notables, y la que más nos interesa en este momento, es que es un fan acérrimo de Queen. Lo es desde los 9 años, desde que se compró en vinilo “The Miracle”. Un par de años después, también en vinilo, se haría con “Innuendo”, luego llegarían, ya en CD, los pertinentes “Greatest Hits II” y “Greatest Hits I”, por este orden, coincidiendo con la devastadora noticia de la muerte de Freddie Mercury… pero la compra que realmente le cambiaría la vida, y no estoy exagerando, sería la de “A Night At The Opera” y “A Day At The Races”. Nunca antes había escuchado nada semejante. Si “Bohemian Rhapsody” ya le había volado la cabeza, las maravillas que encontró en aquellos dos discos le dejaron, literalmente, sin habla. Un mundo nuevo y maravilloso acababa de abrirse de par en par. Y él estaba dispuesto a llegar hasta el final.

Brian 2

Arrastró en su cruzada a su mejor amigo, que pronto cayó como él preso de aquel embrujo. Juntos fueron completando poco a poco la discografía de Queen. Cuando uno de ellos conseguía ahorrar las mil o mil y pico pesetas que costaba un CD, siendo su única fuente de ingresos entonces, lógicamente, la paga semanal que les asignaban sus padres, se escapaban al Madrid Rock, o a El Corte Inglés, o al Alcampo, y así, de forma desordenada, iba cayendo álbum tras álbum. Si su amigo se agenciaba “News Of The World” y “The Game”, él se los grababa en cinta. Si él se hacía con los dos primeros y “Sheer Heart Attack”, pues a la inversa. En alguna ocasión consiguieron ‘engañar’ a algún colega para que se comprara algún disco y no tardaban en tomárselo prestado. Si se enteraban de que tal compañero de clase tenía el doble CD de “Queen At Wembley”, se las ingeniaban para que les invitara a su casa y salían de allí con el álbum debajo del brazo. Por supuesto que los cumpleaños y las Navidades eran también unas fechas idóneas para ir avanzando en la misión, y para hacerse con piezas jugosísimas como algún VHS (los dos “Greatest Flix”, el mismo “Queen At Wembley”, el “Rare Live”…). Y cómo no, ven una y otra vez el concierto homenaje a Freddie Mercury celebrado el 20 de abril de 1992 en ese mítico estadio londinense, que grabaron en vídeo cuando se emitió unos días después en La 2. Para ellos, Freddie es un ser mitológico, legendario, casi irreal. Brian May, en cambio, es su ídolo. Un personaje también épico pero que, al fin y al cabo, habita aún en su mismo mundo. Él ha corrido a comprarse su álbum en solitario, “Back To The Light”, el mismo día en que salía a la venta. Y le ha parecido un discazo. También, cada cierto tiempo, se acerca a Discos Melocotón, en la Calle Salud, para admirar la copia de “Star Fleet Project”, el Mini-LP del 83 de May que venden por el ‘módico’ precio de 10.000 pelas, y se repite una y otra vez que, algún día, cuando tenga mogollón de pasta, será suyo. Lo que aún no sabe es que, algún día, lo que existirán serán unas cosas llamadas MP3 y descargas, y que para entonces ni el dinero ni la ilusión valdrán lo mismo.

Brian 3

Su mejor amigo y él han empezado a dejarse el pelo largo. Con el tiempo lograrán tener unas melenas imponentes, pero en ese momento aún lucen un aspecto un tanto lamentable. También han comenzado juntos a aprender a tocar la guitarra. La eléctrica, por supuesto. Muchos sábados por la tarde quedan en su casa, y acaban cenando unos perritos calientes preparados por su madre, acompañados de unos Trina de manzana. O lo hacen algunas tardes entre semana en la casa de su amigo, a veces sin vigilancia paterna, momentos que aprovechan para asaltar el mini-bar mezclando sin conocimiento todo lo que encuentran, dando como resultado un combinado mortal que muy ingeniosamente bautizan ‘Bulsara’. Y aunque lo cierto es que uno debe encontrar justificación en sus propias limitaciones, él siempre acabará echándole (injustamente) la culpa de no haber aprendido a tocar bien la guitarra a su amigo. Porque éste pronto empezará a mostrar un talento excepcional y asombroso con las seis cuerdas, y él, maravillado, muerto de envidia y acomplejado al mismo tiempo, se irá quedando irremediablemente atrás. 20 años después, él no habrá pasado de tocar con algunos grupillos (en el más ‘serio’, con el que llegaron a dar algunos conciertos, ejercerá curiosamente de batería, y bastante regular) y de hacer algunas grabaciones caseras, mientras que su amigo será un virtuoso, un fuera de serie que se ganará la vida profesionalmente como músico.

Brian 4

Pero ahora tiene sólo 14 años, y sus ilusiones no sólo están aún intactas, sino más bien hinchadas y por las nubes, mientras viaja junto a su amigo en el asiento trasero del coche del padre de éste, en dirección a la sala Aqualung. Su propio padre ocupa el asiento del copiloto, pues ambos progenitores les esperarán pacientemente en el exterior del recinto hasta que el evento termine. Los dos muchachos se han calzado sus mejores camisetas de Queen para la ocasión, en su caso una verde con el logo y el nombre de la banda en letras doradas. No puede hablar por su amigo, pero él vive esos instantes como en una nube. Y aunque todo el ritual es nuevo para ellos, cuando por fin se encuentran dentro de la sala milagrosamente se sitúan en un lugar privilegiado, en las escaleras frente al escenario y la pequeña pista del local, con muy buena visibilidad. Empiezan a actuar los teloneros, una joven banda catalana llamada Sweet Sister, y a ellos, tan jóvenes, impresionables e inexpertos en esas lides, les parecen la bomba. Unos musicazos con un puñado de temones. Años después hallará su único disco, titulado “Flora & Fauna”, en Ebay a precio de saldo, y se lo comprará por aquello de la morriña. Y lo encontrará francamente mediocre. Unas canciones más o menos decentes (algunas más que otras) arruinadas por una producción pésima, una ejecución muy pobre y una pronunciación en inglés muy deficiente. Ni siquiera se llevará una decepción. La cosa se queda en una anécdota graciosa.

Brian 5

Pero el mundo parece detenerse cuando, tras la lucida actuación de los catalanes y el pertinente descanso, la sala se queda totalmente a oscuras, la audiencia ruge, el corazón bombea a mil por hora y comienza a sonar pregrabada “The Dark”, la pieza con la que se abre el álbum en solitario del señor May. Cuando arrancan los primeros acordes de “Back To The Light”, al principio sólo es una silueta a contraluz, pero es inconfundible, está sólo unos metros delante de él, con la Red Special colgada del cuello, y esa voz, tan frágil, cálida y punzante al mismo tiempo… Cuando llega el estribillo, una explosión de luz ilumina el escenario y se encuentran por fin cara a cara frente a su ídolo, su héroe, su Dios, todo lo que podamos haber dicho anteriormente y en ese momento nos estaremos quedando cortos. Se sienten pletóricos. Completamente henchidos y colmados de gozo. Es mejor que cualquier jodido orgasmo. En ese instante, no deben ser muy distintos de esas jovencitas que lloran y patalean cuando persiguen a los New Kids On The Block, Take That o ese tipo de grupos. Y la banda que apoya al señor Brian May es sencillamente apabullante y espectacular: Cozy Powell a la batería, Neil Murray al bajo, Jamie Moses como guitarra de apoyo, el ‘quinto Queen’, Spike Edney, a los teclados, y dos guapas coristas, Cathy Porter y Shelley Preston, que además de cantar de maravilla, bailan y se contonean sin parar… Recordemos que ellos tienen 14 años. Y cómo están las hormonas a esas edades.

The Brian May Band

Tras el primer tema, el delirio más absoluto: “Tie Your Mother Down”. Y después, un puntazo cuando el público, al principio unos pocos tímidamente, enseguida toda la sala al unísono, comienza a corear insistentemente «¡Mustapha, Mustapha!».  El guitarrista no da crédito, no puede creerse que le estén pidiendo uno de los temas más rarunos de la discografía de La Reina, por lo que hace oídos sordos, sigue con el guión establecido y empalma sin tregua uno de los mejores temas de su disco en solitario, “Love Token”, con una de las canciones de Queen favoritas del muchacho, “Headlong”. Pero esos jodidos madrileños siguen insistiendo: «¡Mustapha, Mustapha, Mustapha!». Así que May se ve obligado a cantar la intro del tema de apertura de “Jazz”, y el público estalla agradecido en aplausos. La comunión es total, y el músico aprovecha para calzarse la guitarra acústica para interpretar “Las Palabras de Amor” y, ya con todo el viento a favor, un “Love Of My Life” dedicado a Freddie, que como era de esperar es cantado con el corazón en un puño por todos los presentes. Al chico se le saltan las lágrimas. El estribillo de “’39”, otro de sus temas favoritos, sirve como introducción para “Let Your Heart Rule Your Head”, y luego otro momento condenadamente conmovedor, “Too Much Love Will Kill You”, que le pone la piel de gallina.

Brian 6

La banda se arranca entonces con una canción que nunca antes ha oído pero que le deja totalmente maravillado. Es amor a la primera escucha. Por suerte, Brian May editará unos meses después el directo “Live At The Brixton Academy”, que además de servir como un espléndido recordatorio de lo que sería aquella noche madrileña, le descubrirá que esa pieza misteriosa y extraordinaria es “Since You’ve Been Gone”, un tema de Russ Ballard popularizado por Rainbow, el grupo en el que militaría durante unos cuantos años Cozy Powell. Desde ese momento y durante el resto de su vida, una de sus canciones de cabecera. Un arrollador “Now I’m Here” precede a otro de los momentazos de la velada, el solo de guitarra de May que traslada a los dos amigos al Séptimo Cielo. “Resurrection”, el tema más potente de “Back To The Light”, incluye también el pertinente solo de batería. Antológico es quedarse corto. Dos décadas después, aún sentirá cómo le tiemblan las pelotas y las entrañas desde aquella noche. Y con los años, el chico acabará siendo también un gran fan precisamente de Rainbow, Whitesnake o Black Sabbath, y considerará a Powell uno de los cuatro mejores baterías de toda la historia, junto a John Bonham, Ian Paice y Keith Moon. Y se sentirá dichoso por haberle podido ver en vivo y en directo. “Resurrection” también esconde la parte cañera de “Bohemian Rhapsody”. Colosal. Llegan las obligadas presentaciones de la banda y los músicos se sienten desbordados por el cariño del público madrileño. Edney y Powell se llevan casi más aplausos que el propio May. Bueno, no tanto, pero casi. Un bonito “Last Horizon” sirve de preludio para un “We Will Rock You” orgiástico, que el muchacho desearía que no hubiese acabado nunca. Pero todo lo bueno termina. Aunque aún no ha llegado la hora. El grupo se retira unos minutos, pero regresa para interpretar “Teo Torriatte”. Y si Brian May ya lo flipó con el episodio de “Mustapha”, más atónito se queda cuando todos los asistentes, desde el primero hasta el último, y sin fallar una sola sílaba, cantan y clavan el estribillo en japonés. El momento es precioso. Pero ya no hay tiempo para mucho más. Casi todos intuyen lo que viene a continuación, así que el chico coge aire en los pulmones, y con toda la energía que es capaz de reunir, grita con todas sus fuerzas: «¡¡Hammer To Fall!!».  Brian May sonríe. «Are You Sure?», pregunta, y con el rugido del respetable por respuesta, se arranca con el himno guitarrero de “The Works”. Y el muchacho cree que podría desmayarse en cualquier momento. Y así, tras casi dos horas de ensueño, la fiesta llega irremediablemente a su fin.

·

Durante el viaje de vuelta está prácticamente conmocionado. Y los días siguientes le sacude un bajón considerable. Por una parte, se siente vacío, aunque por otra tiene la certeza de que esa noche le ha cambiado, de que ha visto la luz y de que desde ese momento muchas cosas serán distintas. De algún modo sabe que probablemente nunca volverá a sentir lo mismo que ese miércoles 15 de diciembre en la sala Aqualung, que nunca hay una segunda primera vez y que Brian May no hay más que uno, pero también está convencido de que le esperan otras muchas noches de gloria y otros cuantos ídolos a los que deberá rendir pleitesía. Lo que aún no sabe es que está a punto de adentrarse en una de las épocas más oscuras y difíciles de su existencia. Supongo que, ahora sí, le espera eso que llaman adolescencia. Entre otras cosas, su mejor amigo y él comenzarán a distanciarse. Al principio serán pequeñas grietas, con el tiempo será un abandono total y absoluto. Pero los buenos momentos y los recuerdos imborrables siempre quedarán ahí, para siempre. Dos décadas después estarán en ese punto en el que son ‘amigos de Facebook’, y cuando se ven, tan de vez en cuando que nunca recuerdan cuando fue la última vez, se funden en un abrazo y al menos son capaces de reconocer la ilusión y la alegría en los ojos del otro.

Brian 7

Paradójicamente, tras un disco titulado “Back To The Light”, Brian May también se adentrará en uno de los momentos más jodidos de su vida. Un divorcio, depresiones, adicciones varias… Después de aquella noche en la sala Aqualung, el muchacho le volverá a ver en tres ocasiones. La primera, en la gira de su siguiente disco, “Another World”, un buen trabajo durante cuya grabación, trágicamente, morirá el gran Cozy Powell. El concierto será el 18 de septiembre de 1998 en la sala Macumba, con la Brian May Band reunida de nuevo, aunque con Eric Singer a la batería y dos nuevas coristas. Otra gran noche, pero para entonces él ya contará con mucho más bagaje tanto musical como personal, y las sensaciones serán muy distintas. Las dos veces siguientes ya será con ese experimento llamado Queen + Paul Rodgers. Dos conciertos que, es justo reconocerlo, también disfrutará enormemente. Pero eso sí, 20 años después, el chico no dejará de preguntarse por qué demonios en todo ese tiempo el bueno de Brian no habrá obsequiado a sus fans con dos o tres discos más en solitario, con sus correspondientes giras. Él mataría por haber visto algo así de nuevo. Supongo que cada uno se aferra a sus recuerdos y al pasado a su manera. Y Brian May también tiene derecho a tener la suya.

15-12-1993

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4 comentarios leave one →
  1. 16/12/2013 22:52

    Joder, leyendo esto me parecía estar leyendo un artículo sobre mí: también fue mi primer concierto, también tenía 14 años, también fui acompañado en mi caso por mi hermano, también nos llevaron mis padres y esperaron por allí a que terminara, también me estaba dejando el pelo largo, también nos pusimos en los escalones del final de la pista con una visibilidad magnífica, también me sorprendió “since you’ve been gone”, que tampoco la conocía y, sobre todo, también experimenté esa sensación que describes, ese concierto significó muchísimo en mi vida; el vacío de los días posteriores igual… ¿Cuantas veces me habré visto en VHS “The Brian May Band live in Brixton Academy” para tratar de recordar aquella noche?

    Salud y Rock en directo

    • 17/12/2013 7:50

      Yo tenía un año menos en el 1993 y vivo en Canarias, así que ese concierto era para mí un imposible. Pero la historia de la adoración a Queen compartida con el mejor amigo es BRUTALMENTE calcada a la mía. Los descubrí en el colegio y le contagié a mi mejor amigo la enfermedad. Usamos el método descrito en el artículo para coleccionar entre los dos todos los CDs hasta que lo conseguimos ya en el instituto. Incluso mi amigo empezó a los 14 a tocar la guitarra y ahora es un fuera de serie admirado por muchos (no es profesional, pero sólo por falta de oportunidades)… Afortunadamente, la grieta horadada por el tiempo es mucho menor: ayer estuve en su casa.

  2. 18/12/2013 11:28

    Leche, me he emocionado.

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  1. Freddie Mercury, que estás en los cielos | El Cadillac Negro

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