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“Magia a la luz de la Luna”: Deliciosa como la brisa de la Costa Azul

05/12/2014

Magia a la luz de la Luna Colin Firth Emma Stone

Decíamos ayer, que diría el otro, cuando comentábamos la notable ‘Blue Jasmine’, que en los últimos años los seguidores de Woody Allen nos hallamos ante cada nueva película suya con una moneda al aire (o mejor, en el caso del neoyorquino, ante una pelota de tenis en la red de ‘Match Point’). Lejos ya de la asombrosa regularidad que exhibió durante la mayor parte de su carrera, las nuevas obras del autor de ‘Zelig’ nos pueden salir por cualquier lado y eso provoca la angustia que nos reconcome ante cada inminente estreno. Cuando supimos que su flamante ‘Magia a la luz de la Luna’ estaba ambientada en Francia en los años 20 nos invadió una sensación ambivalente: por un lado nos  remitía indudablemente al último gol por la escuadra de Allen, ‘Midnight in Paris’; por el otro, no podíamos dejar de pensar que Europa había sido el escenario de sus dos grandes borrones: ‘Vicky Cristina Barcelona’ y ‘A Roma con amor’.

Una vez superada la secuencia inicial, de engañosos recuerdos a aquella divertídisima ‘La maldición del Escorpión de Jade’, nos vamos adentrando paulatinamente en una trama en la que un aclamado ilusionista se despoja de su ‘alter ego’ artístico, Wei Ling Soo, para acudir a la llamada de un viejo colega e intentar desenmascarar a una joven y bella vidente cuya buena fama se está expandiendo rápidamente por el acaudalado entorno de la Costa Azul. Y, poco a poco, entre ingeniosas réplicas y contrarréplicas sobre el existencialista asunto de fondo de la existencia o no de lo sobrenatural, maravillosos escenarios perfectamente ambientados -excelente la dirección artística- y hondanadas de mala leche hacia el millonario heredero que pretende casarse con la vidente (¡épicas esas serenatas al ukelele!), vamos comprobando que todo fluye perfectamente, que la risa aparece con frecuencia y que, en definitiva, nos hallamos en ese estado tan reconocible, tan confortable, tan placentero, tan delicioso al que Woody nos ha sabido transportar tantas veces.

Magia a la luz de la Luna Emma-Stone Colin Firth

La mayor parte de la responsabilidad de este triunfo corresponde,  dentro de una comedia que basa su estructura en el tan manido contraste entre polos opuestos, a una excelente pareja de personajes protagonistas y a sus correspondientes, e igualmente exitosas, interpretaciones . Stanley, el Wei Ling Soo de calle, es tan relamido, ‘snob’, irritantemente racionalista, ególatra y absolutamente carente de empatía que tendría todas las papeletas para ser perfectamente odioso…si no fuera porque es absolutamente adorable y tronchante. Colin Firth, que ganó por ‘El discurso del rey’ un Oscar con un año de retraso respecto al que realmente mereció por ‘Un hombre soltero’, supera definitivamente el temido ‘síndrome post-estatuilla’ y regresa  a su mejor nivel, tras varias producciones indignas de sus estatus, disipando las dudas generadas por su elección con un trabajo cómico de verdadera altura. El británico sabe insuflar clase, elegancia y toneladas de ironía al que era ya de por sí uno de los mejores roles creados por el maestro en lo que va de siglo y se convierte de pleno derecho en uno de los mejores ‘alter ego’ que jamás haya tenido el cineasta, cada vez menos proclive a aparecer en pantalla.

Lo de Emma Stone era, por contra, una apuesta segura. La que es, junto a Jennifer Lawrence, la mejor actriz joven del momento no tiene en Sophie un personaje tan deslumbrante como el de Firth, pero logra aportarle una deliciosa mezcla de ingenuidad y picardía y, sobre todo, encanto que la hace verdaderamente irresistible. Muchos auguramos que Stone sería la próxima Scarlett Johansson de Allen. El director parece empeñado en darnos la razón y ya la ha contratado para su próxima obra, en la que formará junto al también confirmado Joaquin Phoenix un tándem interpretativo sideral. Pero Firth y Stone no están solos; están apoyados por un estupendo grupo de secundarios con nombres tan atractivos como los de Marcia Gay Harden y Jacki Weaver y entre los que destaca sobremanera la adorable tía Vannesa interpretada por Eileen Atkins.

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‘Magia a la luz de la Luna’ se ve privada de acceder a ligas mayores debido a un tercio final en el que vuelve a aparecer el desaliño que ha marcado con demasiada frecuencia los trabajos menos inspirados de la última época del autor. El debate existencialista se cierra de la manera más convencional e fútil posible, reduciéndolo a un simple ‘mcguffin’, y el destino de los protagonistas se resuelve de forma torpe y excesivamente acelerada, lejos de la magia que reclama el título y que merecían unos personajes tan inspirados.

Sé si me ha gustado una película de Woody Allen si concluyo su visionado con una sonrisa en la boca y con esta nueva obra la mantuve hasta bastantes minutos después de los títulos de crédito. Está claro que ‘Magia a la luz de la Luna’ está lejos de poder meterse entre lo más selecto de una filmografía al alcance de muy pocos, ni siquiera trascenderá la barrera de los no conversos. Sin embargo, entre sus fieles quedará colocada en un estante cercano al de ‘Scoop’ y ‘Si la cosa funciona’, dos filmes tan ligeros y menores como muy disfrutables que siempre recordamos con agrado.

 

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