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“Fear The Walking Dead”: ¿quién dijo miedo?

07/10/2015

Fear The Walking Dead Season 1

(ALERTA SPOILER: No es recomendable que sigas leyendo si no has visto “The Good Man”, el sexto y último episodio de la primera temporada de “Fear The Walking Dead”)

La serie “The Walking Dead” presentaba en su arranque, en octubre de 2010, un planteamiento original, o al menos no demasiado explotado, en las historias de zombis. Original o no demasiado explotado si no fuese porque era casi calcado al de “28 días después”, otra pieza fundamental para entender el bestial resurgimiento del género (¡que no son zombis, son infectados!) experimentado en los últimos años. Pero tendremos que creer al creador del cómic “Los muertos vivientes” en el que se basa la serie, Robert Kirkman, cuando asegura que ambas obras se gestaron a la vez (aunque la suya viese la luz casi un año después –octubre de 2003− del estreno del film de Danny Boyle −noviembre de 2002−), por lo que vale, estaríamos de nuevo ante uno de esos casos en los que dos personas tienen la misma idea al mismo tiempo separados por miles de kilómetros de distancia. Esa premisa inicial, en la que ambas coincidían, nos presentaba al protagonista principal de la historia despertando del coma en un hospital, tras sendos percances, y encontrándose ya con un mundo totalmente devastado. No asistimos por tanto a la génesis del apocalipsis, no presenciamos los desconcertantes inicios de la epidemia, no nos recreamos en la histeria colectiva ante el hundimiento de la civilización ni vemos como, poco a poco, el mundo se va yendo irremediablemente al carajo. En ambos casos, nuestro ‘héroe’ ha de enfrentarse de improviso y sin recursos, desorientado y totalmente perdido, a una situación inexplicable en la que todo ha cambiado y nada queda ya del mundo que conocía, y en la que debe jugarse la vida a cada paso que da mientras teme, desde su más profunda ignorancia, por la suerte de sus seres queridos. Y en ambos casos, la elipsis lo es todo. Ahí está la gracia. Es lo que no vemos, lo que jamás se nos muestra, lo que refuerza y da mucho más empaque a la historia. Porque imaginarse el horror puede ser más horripilante que presenciarlo de primera mano. Serie y película tendrán luego un desarrollo totalmente diferente, y además en “The Walking Dead” (como en las mejores obras del género) nunca sabemos, ni sabremos, las causas de este apocalipsis, algo que sí sucedía y de hecho jugaba un papel fundamental en “28 días después”. Y si no hay causa u origen conocido, tampoco hay cura o remedio posible, por lo que lo único que importa es sobrevivir y adaptarse como sea a ese mundo que ya nunca volverá a ser el que fue.

Un lustro después de su estreno y con su supervivencia garantizada por muchos años, “The Walking Dead” se ha convertido en la joya de la corona de la AMC, al menos en cuanto a audiencia, superando en su momento álgido los 17 millones de espectadores, algo totalmente inconcebible hasta ahora para un programa emitido en un canal por cable. No es extraño, por tanto, que la cadena haya puesto en marcha un spin-off de la misma, otro viejo hábito de las televisiones que sin embargo parece haber vuelto con fuerza en los últimos tiempos. ¿Cómo lo hacemos?, debieron plantearse en su día las cabezas pensantes de la AMC. ¿Contamos exactamente lo mismo, pero desde otro punto de vista, con otro grupo de supervivientes? ¿Trasladamos directamente la acción a otro lugar, con los mismos elementos ya conocidos y que tan bien nos funcionan? ¿O a alguien se le ocurre algo distinto? Finalmente se decantaron por esta última opción, pero claro, ¿cómo diferenciarte de algo cuya gracia estaba precisamente, al menos en sus inicios, en una idea original? Pues con un producto que ha de ser, necesariamente, mucho más convencional. Una precuela, en este caso. Un ‘Así Empezó Todo’. O dicho de otro modo: lo mismo de siempre contado por enésima vez de la misma forma. Qué pereza, ¿no? Venga, vale, no debemos juzgar las cosas sobre el papel, y además, qué demonios, si todos vamos a verla viniendo de donde viene. Pero está justificado que nos preguntemos si “Fear The Walking Dead”, que así se llama el invento, era algo realmente necesario, aunque sea hija de la indiscutible reina del género. Un género que sí, aún goza de muy buena salud, pero corre peligro de acabar decayendo (o pereciendo) por la desmedida proliferación de productos y subproductos de toda índole y condición.

Fear The Walking Dead - Maddie mirando por la ventana

Insisto, porque creo que es importante: ¿necesitábamos, sinceramente, una serie como “Fear The Walking Dead”? Desde el punto de vista narrativo, ¿era indispensable, o cuando menos apetecible, que alguien nos rellenase esa elipsis? ¿Alguien se moría por ver aquello que no nos mostraron en su momento? ¿Aporta realmente algo, hablo siempre desde el plano argumental? Para mí es un rotundo NO. La mera existencia de “Fear The Walking Dead” sólo se justifica desde los, por otra parte, lógicos y comprensibles propósitos de una cadena por explotar al máximo su producto estrella, por poner en marcha una rentable y productiva franquicia, que al fin y al cabo es lo que se lleva ahora. Bueno, quizás el enfoque sea exagerado y no haya que tomarse las cosas tan a la tremenda, pues en realidad no es que nos vaya la vida en ello, nadie está obligado a ver tal o cual serie, ninguna es verdaderamente esencial para nuestra supervivencia y su única finalidad no es otra que entretenernos, hacernos pasar un buen rato, distraernos, emocionarnos, divertirnos… aporte mucho, poco o nada a la historia de la televisión. Y mientras esto sea así, ¿para qué comernos la cabeza con tonterías? Así que, al final, sólo importará que “Fear The Walking Dead” sea o no sea una buena serie, y cumpla o no cumpla con su cometido.

Fear The Walking Dead - Travis mirando por la ventana

Y es que, si hablamos de Entretenimiento, con mayúsculas, “The Walking Dead” es uno de los mejores productos de la actualidad. Los más fieles ya sabréis que es, desde los inicios de este blog, una de nuestras series fetiches. Aunque no sea (y nunca será) una joya a la altura de “Twin Peaks”, “Los Soprano”, “The Wire”, “A dos metros bajo tierra”, “Deadwood”, “Breaking Bad”, “Mad Men”… Pero no deja de ser, en muchos sentidos, un hito televisivo sin precedentes y, admitámoslo, es adictiva como pocas, pese a todos esos que están continuamente dejando de verla y nunca lo hacen. Ahí están sus números. Apasionante por momentos, irritante también en muchas ocasiones. Con sus aciertos, muchos, y sus debilidades congénitas, de sobra conocidas. Así que sólo debemos esperar de “Fear The Walking Dead” que, a su manera y con sus armas, más o menos esté a la altura. Aunque nunca un spin-off arruinará una buena serie, sí puede aportarle de alguna forma algo más de valor. Puede sumar, pero nunca restar. Si “Better Call Saul” hubiese acabado siendo un truñazo, esto nunca hubiese restado ni un gramo de grandeza a “Breaking Bad”. Pero que sea la cojonudísima serie que es hace que amemos mucho más a Vince Gilligan y compañía, y que Alburquerque sea ahora y por siempre uno de esos lugares televisivos a los que siempre querremos regresar.

Fear The Walking Dead - Chris mirando por la ventana

Lanzada con una temporada inicial de sólo seis episodios, repitiendo por tanto la fórmula de “The Walking Dead”, y con una segunda temporada ya garantizada que se alargará hasta los 15, no tardamos demasiado en constatar que este spin-off cae en muchas de esos detalles que tanto sacan de quicio a la amplísima legión de ‘haters’ de la serie madre. Éstos siempre han puesto el acento en dos cosas: pocos zombis y mucho diálogo, y a menudo intrascendente. Pues si no querías caldo, toma dos tazas. Durante buena parte de su primera temporada, vemos muertos vivientes con cuentagotas, algo entendible en sus primeros capítulos pero más cuestionable cuando, a la altura de su tercer episodio, y sobre todo del cuarto, sabemos que ya se ha liado pardísima y Los Angeles (y suponemos que sucederá lo mismo en el resto del planeta) ya está arrasada por los caminantes. Pero, oh, “Fear The Walking Dead” es eso que solemos llamar, y a muchos les asusta el término, Una Serie De Personajes. Así que en realidad presenciaremos el desencadenamiento del apocalipsis desde el limitado punto de vista de una familia, perdón, de dos, o espera, que son tres… Da lo mismo, durante demasiados capítulos casi toda la ‘acción’ transcurrirá en una casa. UNA CASA. Lo cual tampoco sería del todo una mala idea si la intención hubiera sido enfocarse más en ese “Fear” de la primera parte del título que en el “The Walking Dead” de la segunda. Pero miedo, lo que se dice miedo, más bien poquito. O nada. Desconcierto, algo de desasosiego, gente mirando por la ventana, que si salgo, que si no salgas… No han sabido, creo, transmitirnos el pavor real que una situación así podría provocar en un grupo de gente normal y corriente, que es por donde se supone que iba la cosa. “Fear The Walking Dead” no ha sido, hasta el momento, una serie terrorífica, y eso me parece algo imperdonable.

Fear The Walking Dead - Ofelia mirando por la ventana

Pensemos también en que de eso, de gente encerrada en sitios, hemos tenido ya mucho con Rick Grimes y compañía, y en el 99,99% de los títulos de esta índole, y nos daremos cuenta de que, con sus primeros seis episodios, “Fear The Walking Dead” no ha aportado absolutamente nada nuevo al género. Y yo me pregunto, ¿para qué situar la trama en un área metropolitana habitada por casi 19 millones de personas, si luego vas a reducir tantísimo tu enfoque? ¿No es eso generar unas expectativas que luego no has querido, o no has sabido, satisfacer? No hemos visto espectaculares escenas de masas, ni siquiera hemos intuido el pánico colectivo en una de las zonas más pobladas del planeta… salvo, muy fugaz y chapuceramente, en los absurdos disturbios del segundo y tercer capítulo de la serie. Todo esto estaría muy bien si, siendo como decimos Una Serie De Personajes, éstos hubiesen sido lo suficientemente atractivos como para que hubiésemos temido por su suerte desde el primer minuto. Y no creo que haya sido el caso.

Fear The Walking Dead - Nick y su mono

Me alegré mucho cuando supe que Kim Dickens estaría al frente del proyecto, una de esas actrices que están en todos los lados y todo lo hace maravillosamente bien. Y que ya nos ha legado, al menos, dos interpretaciones memorables en su carrrera: la Joanie Stubbs de “Deadwood” y la Janette Desautel de “Treme”. Suyo es el personaje más potente y salvable de la trama, la orientadora escolar Madison ‘Maddie’ Clark. Ella sí parece darse cuenta de lo que está sucediendo, sufre quedándose sentada esperando a que todo se arregle por sí solo, su miedo, frustración y cabreo resultan verosímiles… y si tiene que reventar una cabeza a golpes de extintor, pues lo hace y a otra cosa. Su novio, el profesor de inglés Travis Manawa (Cliff Curtis), no es por su parte ni demasiado valiente ni demasiado cobarde, ni un patoso ni extremadamente competente, ni un completo ignorante ni el tipo más avispado del barrio. O lo que es lo mismo, carne fresca para los zombis, más pronto que tarde. ¿Qué por fin parece reaccionar en la season finale? Vale, pero aún, creo, le queda un buen trecho por recorrer. El hijo yonqui de Maddie, Nick (Frank Dillane, como curiosidad, hijo de Stannis Baratheon, y Lord Voldemort de jovencito) es uno de los personajes con mayor potencial de la serie… pero necesitaríamos ver un yonqui de verdad, más parecido a los de “Trainspotting” o “El pico”, y no lo que hemos visto hasta ahora, para que la cosa tuviera su gracia. Retorcerte en el sofá con un mono de mil demonios, tener un ataque epiléptico y a la media hora sentarte como si tal cosa con tu madre y tu hermana a jugar al Monopoly no parece así, de primeras, demasiado coherente. Su hermana Alicia (Alycia Debnam-Carey) no es más que la típica adolescente rayada, como Chris (Lorenzo James Henrie), el hijo de Travis, que además anda siempre a la gresca con su padre, tampoco sabemos muy bien por qué… Y por ahí anda Liza (Elizabeth Rodriguez), madre de Chris, ex mujer de Travis, que no cae bien de primeras, pero tampoco llegamos a odiarla… En realidad, nos da bastante igual lo que le pase. En fin, lo llaman ‘familia desestructurada’ y no pasan de ser todos relativamente vulgares y normaluchos. Claro, que a ellos se unen, para darle algo de vidilla al asunto, los Salazar, una familia de inmigrantes salvadoreños. La matriarca, Griselda (Patricia Reyes Spíndola, mexicana), tiene desde el primer minuto un inmenso cartel en la frente que reza ‘Voy a ser la primera en morir’. La hija, Ofelia (Mercedes Mason, sueca) es guapa y tal, y no tan pánfila como creeríamos, así que igual acaba aportando cosas. Y el padre, Daniel (el cantante Rubén Blades, panameño)… venga, va, Daniel sí mola. Un tipo que tiene una barbería pero igual que usa la cuchilla para hacerte un afeitado perfecto, la puede usar para cortarte la piel a tiras y acabes confesando lo inconfesable, tiene que molar. Porque Daniel, en su juventud, era torturador del ejército salvadoreño. Un pasado oscuro, eso siempre está bien. Eso sí, como estratega de misiones de rescate demuestra ser un absoluto cafre.

Fear The Walking Dead - Alicia, Miss Simpatía

En definitiva, sólo Maddie y Daniel le echan un par de narices al asunto, y también son los únicos que ya desde el principio demuestran que tendrán lo que hay que tener para sobrevivir a un apocalipsis zombi, y que algún día podrían llegar a unirse al grupo de Rick sin llegar a desentonar demasiado, en un posible aunque creo que no demasiado deseable ‘crossover’. No, “Fear The Walking Dead” no brilla demasiado por su elenco principal, y que los militares, en este caso la Guardia Nacional, se revelen tan pronto como los villanos de la función, resulta también bastante manoseado y obvio, y contribuye a la ramplona y predecible tónica general de la temporada. Una temporada herida por una más que evidente falta de ritmo y tensión, y que sólo con una season finale explosiva podía llegar a elevar su nota media. Yo, de verdad, pensaba que sería así, más aún al ver la buena acogida que parecía haber tenido el capítulo en la red. Ante esto tengo que decir una cosa: con qué poquito se consigue un 9,1 de nota media en IMDB.

Fear The Walking Dead - Maddie, la buena vecina

“The Good Man” tiene en 50 minutos muchísima más acción que todo el resto de la serie, lo cual tampoco es decir mucho y era lo esperado. Por fin vemos algunas tomas aéreas de una Los Angeles devastada que sí, nos ayudan a entender algo mejor la magnitud del asunto. Y tenemos zombis, miles de zombis. Se nota que el episodio se ha llevado gran parte del presupuesto de este año. Pero tiene demasiadas incoherencias, estupideces y tópicos como para poder pasarlos por alto. Empezando por el, como decía, temerario plan ideado por Daniel. Que para rescatar a tus seres queridos guíes a dos mil muertos vivientes al lugar en el que están encerrados, sólo para poder despistar a los guardias, poniendo en peligro de muerte a cientos de inocentes y, también, a aquellos a los que quieres liberar, es un disparate monumental. Y ya de paso, dejas a miles de zombis a las puertas de la que era tu comunidad, dispuestos a zamparse a tus ya desprotegidos vecinos. Genial. Que unos militares tengan que robarles las llaves de la furgoneta a unos adolescentes, cuando están en un parking con decenas de vehículos (¿es que ninguno sabe hacer un puente?) tampoco tiene el más mínimo sentido. Que una mujer de ciencia, consciente de que el mundo se ha ido al carajo y no hay solución posible, se abandone a su suerte y decida suicidarse, ya lo vimos en el infausto “TS-19” de “The Walking Dead”. Además, ¿cómo ha conseguido liquidar a decenas de pacientes, uno por uno, cama por cama, sin que ninguno de ellos haya dado señal de haberse resistido? Que un soldado como Andrew, consciente de la que se está liando y por mucho que esté resentido con su torturador, en lugar de poner tierra de por medio se meta en la boca del lobo, sólo para dispararle (¡en el brazo!) a su traicionera ex novia, es una gilipollez mayúscula. Sólo se justifica en hacer que Travis, reventándole a puñetazos, reaccione de una vez por todas. Pero habría otras formas, digo yo. Y que la única sacrificada de entre el elenco principal haya sido Liza, el eslabón más débil, la que claramente sobraba y menos nos importaba, es un movimiento demasiado cómodo de los guionistas. Se veía venir, además, desde que a mitad de capítulo la vimos forcejeando con un zombi, y lo de oh, sorpresa, me han mordido, por favor mátame, también lo hemos visto cientos de veces. Al menos se ha unido al grupo Strand (Colman Domingo), que sí podría ser un gran fichaje de cara al año que viene. Todo apunta a que, al menos en sus primeros compases, la acción transcurrirá en alta mar, lo que sí podría darle algo de aire fresco a la ficción. Aunque en definitiva volvamos a lo mismo: gente encerrada en sitios.

Fear The Walking Dead - Daniel Salazar aka Sweeney Todd

Recordemos lo que fue “The Walking Dead” en su primera temporada: un piloto magnífico, un segundo capítulo muy bueno, tres episodios en los que la cosa decayó estrepitosamente y una season finale lamentable. No nos olvidemos, tampoco, de que el arranque de su segunda temporada sacó de quicio a casi todo el mundo, y que sólo en el segundo tramo de ésta la cosa empezó a mejorar, algo que, creo, no ha dejado de hacer desde entonces. Tampoco ningún personaje de “The Walking Dead” nos enamoró desde el primer minuto, aunque más de uno sí consiguió ser odiado hasta el hartazgo. Algunos, incluido su protagonista, han necesitado muchos capítulos, incluso varias temporadas, para ganar en entidad y solidez. ¿Alguien se imaginaba, por ejemplo, que Carol pasaría de ser una señora frágil y lastimera a la implacable pateaculos que tan buenos momentos nos está dando en la actualidad? “Fear The Walking Dead” no es una serie nefasta, pues sus cuarenta y tantos minutos semanales se han ido dejando ver sin ofender demasiado al espectador, aunque provocasen unos cuantos bostezos y más de un momento de incredulidad, y la experiencia nos dice que aún tiene mucho margen de mejora, y mimbres para ello. Y aún no debemos ser demasiado implacables con sus personajes, pues igual nos acabamos llevando una grata sorpresa. Pero visto lo visto, queda cierta sensación de salida en falso y de oportunidad desaprovechada. Ahora la AMC, Robert Kirkman y el showrunner Dave Erickson deben decidir si este spin-off no pasa de ser un mero aperitivo del gran plato principal (“The Walking Dead” vuelve con su sexta temporada el próximo domingo), o se convierte en algo de más categoría. Que la segunda temporada vaya a tener, como parece, 15 episodios, lo que supone que estará mínimo cuatro meses en antena, nos hace pensar que la cadena quiere tenernos el año entero entretenidos con los muertos vivientes, con el peligro que esto conlleva. Y ahí sí tendrán que ponerse las pilas, pues con 15 capítulos de naderías y más de lo mismo, un servidor y muchos más podríamos bajarnos del barco.

Fear The Walking Dead - Abigail

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