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Don’t Stop Believin’, Tony

21/06/2013

Tony Soprano 1

Hace diecisiete meses que pusimos en marcha este blog llamado El Cadillac Negro y en todo este tiempo no le hemos dedicado una sola entrada a “Los Soprano”. Y eso que es nuestra serie favorita. Y lo es porque, sencillamente, es la mejor serie de todos los tiempos. Un mérito que en realidad para nosotros compartiría con “The Wire”, sin que tenga sentido, y menos en un día como hoy, decidir cuál debería ir primero. Dejémoslo en un empate (¡bendito empate!) y punto. Y si hasta ahora no le hemos hecho un hueco en condiciones a ninguna de las dos grandes joyas históricas de la HBO es, simple y llanamente, porque les tenemos un respeto reverencial, casi rayando lo enfermizo, y siempre hemos estado esperando el momento oportuno para decidirnos, o buscando cuál sería la mejor forma de acercarnos a ellas sintiendo que podríamos hacerles realmente justicia, o preguntándonos si el texto estaría a la altura de lo que creemos que merecerían ambas series… Sí, efectivamente, nos han faltado pelotas. No le demos más vueltas. Y entonces, una calurosa mañana de junio, uno viaja aburrido en el tren de camino al centro de Madrid, entra en su Facebook con más desinterés que otra cosa, por aquello de matar el tiempo como sea, y se entera de que al maldito James Gandolfini le ha dado por morirse a los 51 años, en Italia, al parecer víctima de un infarto. Y el móvil de repente empieza a pesarle como un puto ladrillo entre los dedos temblorosos. Unos dedos que apenas se han recuperado varias horas después, cuando comienzan a dar forma en el ordenador al post que nunca hubiesen querido escribir.

Le debemos una entrada en condiciones a “Los Soprano”. Ahora más que nunca. Y una promesa es una promesa. Pero esto, por desgracia, es otra cosa. Esto es una despedida. Porque Tony Soprano nos ha dejado. Se ha ido, y para siempre. Ahora ya sí. El fundido en negro definitivo. Y duele. Aunque supiésemos desde hacía siglos que no volveríamos a tener nunca más a “Los Soprano” entre nosotros. Si alguna vez existió esa posibilidad, por mínima que fuera, de retomar, o rematar (que parece un término más apropiado) la serie mediante una película, ya quedó definitivamente descartada hace tiempo. Pero esto es una caída del telón que ninguno nos esperábamos. Un brusco “The End” en toda regla. Bueno, vale, en realidad Tony Soprano no ha muerto ni lo hará nunca. Porque Tony Soprano es eterno. Infinito. Inmortal. Pero ya sabéis a lo que me refiero. Que estoy jodido, vamos. Que creo que muchos lo estamos. Y uno siente la necesidad de rendirle homenaje y no sabe muy bien cómo hacerlo. Y entonces se pregunta cómo es posible que se sienta tan miserablemente triste por la muerte de un actor al que a su vez admiraba profundamente por haber interpretado a un grandísimo hijo de puta por el que llegó a sentir un cariño y una devoción incondicional y absoluta, sí, pero también miedo y pavor. Porque todos recordamos hoy el afecto que nos provocaba ese intimidante mafioso, y ensalzamos eso como el mayor logro de Gandolfini, pero no olvidemos que en cuestión de segundos también era capaz de helarnos la sangre y de horrorizarnos hasta extremos inconcebibles. Y ahí es donde residía realmente su grandeza.

Tony Soprano 2

Construir un personaje de moral reprochable que acabe cayéndole bien a la audiencia no es fácil, pero hemos conocido ya a un puñado de buenos intérpretes que han sido capaces de lograrlo. Pero conseguir hacerte viajar de un extremo al otro, llevarte en pocos minutos del respeto y la adoración más genuina y sincera al desprecio y la repugnancia más visceral y extrema, hasta el punto de provocarte un debate ético interno, y hasta que no te queda otra que aceptar que ambos sentimientos tendrán que convivir de alguna forma en tu interior, por muy imposible que esto parezca… eso sólo está al alcance de los más grandes. De los genios. Y Gandolfini lo conseguía gracias a su imponente físico. Que era cada vez más imponente, y más físico, con el paso de los años y de las temporadas. Y con su voz, y con esa forma que tenía de acariciar a veces las palabras y otras veces de escupirlas, o arrojarlas como cuchillos o balas certeras al corazón de sus oponentes, ya fuesen en ese momento sus archienemigos o los miembros más queridos de su familia. Pero especialmente a través de sus ojos, que podían ser los de un animal herido y cansado, en busca de refugio y protección, o los de una fiera desatada y letal, decidida a llevarse a una manada de elefantes por delante si era necesario. Pero también, incluso, a través de su respiración. De sus inspiraciones, resuellos, inhalaciones y jadeos. Tony Soprano parecía un volcán en permanente riesgo de erupción, o un dragón siempre en alerta, preparado para lanzar en cualquier momento el más mortífero de sus rugidos.

Tony Soprano 3

Quizás la clave estaba en que, a pesar de todo, Tony Soprano era un tipo extremadamente vulnerable. Capaz de herir y hacer daño como el que más, sobre todo a sus más allegados, pero también terriblemente permeable al dolor. Sometido por la madre más castradora de la historia de la televisión (me río yo de Norma Bates), mareado por un tío caprichoso y senil, reclamado por una familia que en el fondo sólo quería ser normal, y él por su propia naturaleza no podía concedérselo, agobiado por uno de los trabajos más exigentes del mundo, y con una de las mayores pandillas de indeseables que se recuerdan a su cargo, dominado por sus pasiones, especialmente las más bajas, y torturado por una sensibilidad fuera de lo común, el jefe mafioso de Nueva Jersey era una bomba de relojería andante. De una complejidad tal que era imposible que pudiese ser desactivada. Por más que lo intentara, con toda sus buenas intenciones, la pobre Doctora Melfi. Y esa complejidad se la debemos, en un 110%, a James Gandolfini.

Tony Soprano 4

Un Gandolfini al que, y eso duele aún más, parecíamos haber recuperado recientemente para la causa. El año pasado pudimos verle en dos películas como “La noche más oscura” y “Mátalos suavemente”. Creo que no soy el único que, cuando le vi en ambos films, con sus trescientos kilos a cuestas, pensé “Tony, cabrón, te va a dar un puto infarto”. Lo de ‘cabrón’ creo que queda claro que era en plan cariñoso, y lo de ‘Tony’ era porque, irremediablemente, era imposible examinarle interpretando cualquier personaje y no acabar viendo, o queriendo ver, que viene a ser lo mismo, a aquél por el que siempre será recordado. Y ya nunca sabremos si en el futuro le esperaba ese papel que haría que, aunque sólo fuera por un momento, nos olvidásemos de nuestro mafioso favorito y lográsemos verle con otros ojos. Por eso jode aún más pensar en sus próximos proyectos televisivos, en especial en esa mini serie titulada “Criminal Justice” que marcaría su regreso a la HBO, su casa, y en donde iba a meterse en la piel de un abogado.

Tony Soprano 5

Reafirmo nuestra promesa de entregaros algún día un post en condiciones sobre “Los Soprano”. Porque la mítica serie creada por David Chase no era solamente Tony. “Los Soprano” también eran Carmela, Meadow, Anthony Jr., Christohper, Adriana, Silvio, Paulie, la Doctora Melfi, Junior, Livia, Janice, Bobby, Ralph, Artie, Richie, Furio, Big Pussy, Vito, Johnny Sack… Y por supuesto habría que visitar el Bada Bing, y Satriale’s, y el Vesuvio, y tendríamos que hablar de nuestros capítulos o nuestros momentos favoritos, y estaríamos obligados a comentaros nuestras impresiones sobre su, aún seis años después, polémico final, que en un alarde de no-originalidad hemos decidido dejaros al final de esta entrada. Pero eso lo haremos en su momento. Hoy solamente podíamos y debíamos tener unas palabras para Tony. Para James Gandolfini. Para El Putísimo Amo Supremo de Nueva Jersey. Pero no, no diré eso de ‘descansa en paz’. Lo que realmente espero es que, allá donde hayas ido, encuentres una gramola en donde puedas pinchar el “Don’t Stop Believin’” de Journey, y pidas unos aros de cebolla por los buenos tiempos… como aperitivo a una indecente comilona, y luego te corras la mayor de las juergas. Con peyote incluido si hace falta. Y que nunca te falten los puros, ni el alcohol, ni por supuesto las mujeres.

Y que seas feliz, si es posible.

Y que muchas gracias.

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7 comentarios leave one →
  1. Alberto Loriente permalink*
    21/06/2013 8:35

    Me quito el sombrero, Rodrax. Gandolfini forever!

  2. Jorge Luis García permalink*
    21/06/2013 10:06

    Muchas gracias, Rodrax, por expresar con palabras lo que muchos sentimos en estos momentos. Gandolfini nos ha dejado, pero Tony vivirá en nosotros para siempre.

  3. Jorge Garcia permalink
    21/06/2013 10:20

    Siempre es triste que muera alguien que no lo merece, sobre todo dejando gente en el mundo que sí que lo merece. Este señor por lo menos nos hacía pasar buenos momentos con su interpretación. Quedémonos con lo bueno y revisitemos esta buenísima serie como homenaje a él. A mi particularmente me cuesta decidir entre The Wire y Los Soprano. Creo que elegiría The Wire, pero para gustos los colores. Lo que más me gustaba de Los Soprano era la naturalidad con que se trataba el tema gansteril, como la vida misma.
    Respecto al final, aunque te deja un poco con la cara de tonto porque en mi caso no me lo esperaba así, después de un tiempo y viéndolo de nuevo aquí otra vez me parece un buen final. Abierto para que cada uno se saque sus conclusiones y siga con la historia de Los Soprano en su cabeza.

    Un saludo y os reitero mi enhorabuena por el blog.

  4. Txiquiteo permalink
    21/06/2013 10:43

    Pues en mi opinión es el mejor final de la historia de la tele, te dejan con la duda, como han ha pasado tantas otras veces a lo largo de la serie.

    Lo que esta claro es que era un actorazo y es el icono de cine y tele más importante de la decada pasada. Dentro de 20 años se pondra de moda vestir con la ropa hortera que llevaban, jeje

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