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Navegando por los afluentes de “The River” de Bruce Springsteen

17/11/2015

Bruce Springsteen_The River

No será el disco más emblemático de la carrera de Bruce Springsteen, ni el más popular o vendedor, ni tampoco el favorito indiscutible de los más viejos fans, pero si un joven aficionado a la música que solo conociera superficialmente al de New Jersey por lo que ha escuchado en la radio o en algún recopilatorio me preguntara por dónde debería tirar para profundizar en su trayectoria, yo le sugeriría que se zambullera en las aguas inagotables de “The River”. Si quiere saber si estás destinado a amar la música de este hombre, en ese disco vas a tener la respuesta más directa. A pesar de tratarse de un álbum doble de generosa duración, no necesita tiempo de reposo, ni maduración, ni de sucesivas escuchas para descubrir sus secretos ocultos. El embrujo de “The River” o es inmediato o simplemente no lo será. 35 años después de su publicación, alberga todas las facetas de Springsteen: el rockero irreductible, el trovador instrospectivo, el alma de la fiesta, el vaquero crepuscular, la estrella del pop, el campeón del pueblo y el baladista capaz de acariciar y lastimar. Además, si hubiera que definir con un solo disco el sonido más puro de la E Street Band, el que más se acerca a la versión ideal de lo que hacía sobre las tablas esta auténtica máquina del rock’n’roll cuando estaba en la cumbre de su poder, personalmente me decantaría por “The River”, por encima incluso de “Born to Run”, que era más un triunfo de la obsesión de un puñado de tipos encerrados durante meses en el estudio de grabación que de la espontaneidad de una banda tocando prácticamente en directo.

Publicado solo dos años después de “Darkness on the Edge of Town”, “The River” confirmó y agigantó el estatus de Springsteen como adalid del rock norteamericano de finales de los 70 y principios de los 80, le catapultó por primera vez a lo más alto de las listas de éxito de EE.UU y le dejó a las puertas del fenómeno de masas global en el que se convertiría, ya sí, con “Born in the USA”. Con motivo de la publicación de “The Ties that Bind: The River Collection”, reedición en formato deluxe (disco original remasterizado, extensa colección de outtakes y descartes, documental, concierto representativo de la época, libro de fotografías y memorabilia varia) de una de esas pocas obras que realmente merecen este tipo de fastuoso despliegue, en El Cadillac Negro queremos aprovechar la ocasión para aproximarnos a “The River”, pero, dado que ya se ha dicho y escrito tanto sobre él, hemos optado por tomar una ruta alternativa, navegar por algunos de los afluentes que confluyeron en su enorme caudal. Si alguna vez se definió este disco como “el diccionario, la enciclopedia, y la Biblia” de Springsteen sobre la música, nosotros hemos querido rastrear las influencias, las fuentes de las que bebió el Boss para darle forma. Aquí caben desde canciones concretas hasta el espíritu más general de un determinado artista o estilo; desde pequeños fraseos musicales que sirvieron de inspiración para crear otras melodías, a temáticas y letras que Springsteen tomó prestadas para moldear las suyas propias. No están todas las que son pero (creemos) que sí son todas las que están. Por supuesto, se admiten más sugerencias.

 

HANK WILLIAMS – Long Gone Lonesome Blues

A finales de los 70 Springsteen descubrió la música de los viejos pioneros del country y el folk y se empapó de esas añejas historias espectrales ancladas a la tierra que alumbraban los rincones más oscuros del alma humana. Relatos austeros, precisos y reveladores que conformaron la fulgurante carrera de Hank Williams, cuyo influjo es patente en los temas más maduros y reflexivos de “The River”, como “Wreck on the Highway”o “Stolen Car”, viñetas de color sepia que seguían ahondando en las promesas rotas y las malas tierras de “Darkness” y que dejaban a los personajes de Springsteen ya a un paso de la negra desesperación en blanco y negro de “Nebraska”. Concretamente el tema homónimo y verdadero centro emocional del álbum recoge parte de su imaginería del clásico de Williams “Long Gone Lonesome Blues” –” I went down to the river to watch the fish swim by/ But I got to the river so lonesome I wanted to die, oh Lord /And then I jumped in the river, but the doggone river was dry / She’s long gone, and now I’m lonesome blue” –, aunque la estremecedora narración del fin de la inocencia juvenil, aplastada por la cruda realidad de un mundo adulto demasiado deprimente, es mérito exclusivo de un Springsteen en la cúspide de su genio. En “The River”, la canción, ya no hay espacio para la fantasía callejera de “Born to Run”, de hecho sus protagonistas podrían ser los mismos que los de “Thunder Road” cinco años después (con parada intermedia en “Racing in the Street” y, en mi cabeza, con destino final en “Atlantic City”). Incluso aquella armónica que prometía que algo extraordinario iba a ocurrir en la autopista ahora suena como una estremecedora herida en las entrañas. “Is a dream a lie if it don’t come true, or is it something worse?”

 

ROY ACUFF AND HIS SMOKY MOUNTAIN BOYS – Wreck on the Highway

Otro de los precursores de la música tradicional estadounidense que Springsteen escuchó a conciencia en la época fue el cantautor y violinista Roy Acuff, conocido como “el rey de la música country”. No en vano, “Wreck on the Highway”, el número más country de “The River”, se inspira en la pieza del mismo título de Acuff, que a su vez la tomó (o la robó) de “I didn’t hear nobody pray”, de Dorsey Dixon. Tanto el tema de Acuff como el de Springsteen giran en torno a un accidente de carretera, pero mientras el primero lamenta en tono sombrío que nadie rezara por el alma de las víctimas (bebidas) (“There was whiskey and blood all together / Mixed with glass where they lay/ Death played her hand in destruction/ But I didn’t hear nobody pray”), el segundo propone una sentida miniatura que reflexiona sobre la mortalidad y la necesidad de aprovechar el tiempo que se nos ha concedido. “Wreck on the Highway” es un tema que nunca podría haber escrito el Springsteen de “Born to Run”, pero que, junto a “Stolen Car”, anticipa al Springsteen meditabundo y emocionalmente frágil que llegaría siete años después en “Tunnel of Love”.

 

CHUCK BERRY – Sweet Little Sixteen

Aunque en muchos sentidos “The River” es una continuación lógica de “Darkness”, también supone una ampliación del campo de batalla. Si en su predecesor Springsteen se preocupó por conformar un bloque indivisible en cuanto a temática, tono y sonido, “The River” pide diversidad estilística y estados de ánimo distintos, incluso contradictorios, y es que el de New Jersey había aprendido que el mundo es una paradoja, y “lo único que puedes hacer con una paradoja es vivir con ella”. Por eso aquí una gran porción de temas recuperan una urgencia, una alegría contagiosa que remite a los inicios del rock’n’roll y del rockabilly, una progresión básica de tres o cuatro acordes y un ritmo infeccioso. Y si hablamos de rock’n’roll primigenio, no hay referente mayor que Chuck Berry, verdadero ídolo del Boss y espejo en el que se miran directamente “Ramrod”, “Cadillac Ranch”, “You can look (but you better not touch)” o “Crush on you”, piezas tan lúdicas como líricamente ligeras que celebran enérgicamente el cliché americano de coches y chicas implantado en los años 50 por Berry. Springsteen no sonaba en estudio tan primitivo desde “Rosalita” o “She’s the One”, y con estos nuevos añadidos a su repertorio cada vez iba a haber menos espacio en sus conciertos para sus celebradas versiones de clásicos del rock, como el “Sweet Little Sixteen” de la gira del 78.

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GARY U.S. BONDS – Quarter to Three

Desde la gira de “Born to Run” la versión del clásico de Gary U.S. Bonds “Quarter to Three” se había convertido en un ‘must’ de los bises de sus shows, un chute de adrenalina espontáneo que desataba la locura en el escenario y fuera de él. Sin embargo, ese hit databa de 1961 y desde entonces el veterano rockero de Jacksonville había quedado en el olvido, aunque no para Bruce y sus chicos de la E Street Band, que precisamente en esta época decidieron revivir su carrera cediéndole algunos de los temas desechados para “The River” (incluido “This Little Girl”, un éxito en listas), además de tocar y producir su disco de regreso, “Dedication” (1981). Pero el espíritu bullicioso de Bonds y de su inmortal clásico también se terminaría colando en la fiesta de “The River”, especialmente en ese contagioso ‘frat-rock’ que es “Sherry Darling”, con la que comparte saxo exultante, melodías juerguistas e incluso los vítores y aplausos que dan la sensación de directo. Otro tema del que “Sherry” bebe mucho es el jovial “Double Shot (of my Baby’s Love)” popularizado en 1966 por The Swingin’ Medallions.

 

THE DRIFTERS – Save the Last Dance for Me

Springsteen siempre había sido un enamorado del R&B y el melodrama pop de finales de los 50 y principios de los 60. Conocida es la influencia que tuvo el ‘muro de sonido’ de Phil Spector en el entramado musical de “Born to Run”, y sabemos por “The Promise” –el disco de retales que quedaron fuera de “Darkness”- que Bruce podía llegar a componer maravillosas golosinas melódicas que no habrían desentonado en el catálogo de Roy Orbison, las Crystals o las Ronettes. Sin embargo, Springsteen era reacio a explotar esa veta en sus discos de estudio. Normalmente los temas abiertamente románticos, sin la coartada de la épica callejera, no encajaban en el concepto que tenía en mente. Sin embargo, en “The River” Springsteen publica por primera vez canciones de amor más tradicionales como “I Wanna Marry You” o “Fade Away”, que, cambiando el glorioso órgano de Danny Federici por unos violines, habrían encajado perfectamente con los Drifters, por ejemplo al lado de “Save the Last Dance for Me”, clasicazo de su etapa con Ben E.King y con la producción de Jerry Leiber y Mike Stoller.

 

JACKIE DESHANNON – When You Walk in the Room

Las producciones de Spector no fueron las únicas sinfonías para adolescentes que prendaron tanto a Springsteen como a las audiencias juveniles de años 60, ni Ellie Greenwich y Jeff Barry fueron los únicos compositores capaces de capturar la ilusión de la inocencia de la época en pequeñas gemas de 45rpm. Por ejemplo, la deliciosa Jackie DeShannon también contribuyó a que los y las jóvenes de la época se enamoraran con un puñado de arrebatadoras explosiones de sentimientos servidas en menos de tres minutos. El material de “The River” es el de un hombre hecho y derecho que ya dejó atrás el candor de los primeros flechazos pero las emotivas inflexiones melódicas y las guitarras jangle pop de “When You Walk in the Room” y “Needles and Pins”, ambas revisadas poco después por The Searchers, influyen en el pulso emocional de temas como “The Ties that Bind”  o esa maravilla inexplicablemente descartada que es “Loose Ends”.

 

THE FOUR SEASONS – Dawn (Go Away)

“The River” proporcionó a Springsteen su primer gran hit en el Top 40 de la mano del single “Hungry Heart”, la más clara incursión en el pop que había realizado hasta ese momento. El tema estaba construido sobre el fraseo instrumental que guiaba el éxito “Dawn (Go Away)” de los Four Seasons de Frankie Valli, quizás el grupo estadounidense más popular de los primeros 60 junto a los Beach Boys (retratado por Clint Eastwood en “Jersey Boys”) . Curiosamente Bruce nunca estuvo muy seguro de que la ligereza pop del tema encajara en “The River” y quiso cedérsela a los Ramones. Tuvieron que ser Jon Landau y Steve Van Zandt quienes lo rescataran, convencidos como estaban de que era el momento de que Springsteen tuviera un verdadero éxito en la radio. Llamaron a Mark Volman y Howard Kaylon, de los Turtles, para añadir unos coros muy armónicos, aceleraron la grabación para que la voz de Bruce sonara más aguda y adolescente y la envolvieron en la seda de saxo, órganos y campanillas de la E Street Band. No dejaba de ser curioso que bajo una melodía y una música tan luminosas se cobijara una letra oscura sobre un hombre que un buen día decide abandonar a su esposa e hijos por razones que ni siquiera él puede explicar.

 

MARVIN GAYE & KIM WESTON – It Takes Two

“Darkness” transpiraba un fuerte sentimiento de individualidad y de aislamiento en sus personajes, pero en “The River” Springsteen trata de volver a conectar a sus criaturas con la comunidad a la que pertenecen. Si entonces sus protagonistas se veían obligados a despojarse de todo excepto de su fe en un futuro mejor, ahora son conscientes de que, después de todo, dos corazones juntos pueden afrontar la adversidad mejor que un lobo solitario. Ese era el mensaje que lanzaban Marvin Gaye y Kim Weston en su fantástico clásico Motown de 1966 y que Springsteen tomó para sí mismo (y para un Van Zandt entregado en los coros) en “Two Hearts”, una de las canciones más inflamadas y vibrantes del álbum. No es de extrañar que en las interpretaciones en vivo del tema a partir del Reunion Tour Bruce añadiera unos versos de “It Takes Two” como reconocimiento del préstamo tomado.

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THE ANIMALS – It’s my Life

Springsteen no permaneció ajeno a los efectos de la Invasión Británica de mediados de los 60 capitaneada por The Beatles y The Rolling Stones, aunque el de New Jersey siempre pareció sentir una mayor predilección por The Animals, The Hollies o The Who. La banda de Eric Burdon, abanderada de un nuevo tipo de conciencia social que proclamaba furiosamente su propia independencia en temas como “We gotta get out of this place”, había sido una inspiración constante para Bruce, que en la etapa pre-Darkness interpretaba frecuentemente en directo “It’s my Life” como válvula de escape a la frustración de no poder publicar nueva música a causa del litigio que mantenía con Mike Appel por el control de su obra. Algo de ese espíritu de autoafirmación de The Animals sobrevolaba aún en la determinación callejera del protagonista de “Out in the Street” o del joven dispuesto a romper el lazo paterno en la magnífica “Independence Day”, secuela desprovista de ira de la abrasiva “Adam Raised a Cain”. Van Zandt, que figuraba como coproductor del álbum, era un amante de aquel sonido de la Ola británica, de las aristas que prefiguraban el garage rock y de su intuición melódica, así que durante las sesiones de grabación animó a la banda a tocar con la intensidad de aquellas bandas. Concretamente, a Max Weinberg le instó a fijarse en la explosividad de Keith Moon, el inimitable batería de The Who. De ahí surgió la furiosa “Roulette”, la primera canción que grabaron para el álbum aunque finalmente fue desechada. Pero ese poderoso “feeling” ya pervivió en el sonido directo, espontáneo y urgente que rezuma “The River”.

 

THE EASYBEATS – Friday on My Mind

En “The River” Bruce Springsteen apuntaló su rol de “working class hero” poniéndose en la piel de un puñado de individuos anónimos atrapados en una vida que no era la que esperaban y que, aun siendo conscientes de que sus sueños quedaron en el camino, de alguna manera también pueden ser héroes en su lucha diaria y vislumbran una escapatoria, efímera pero no por ello menos crucial, en el fin de semana. “Out in the Street” es el himno definitivo para el trabajador que se pasa la semana cargando cajas en el muelle con el pensamiento puesto en un viernes que promete fiesta, luces de neón y la calle, esa calle en la que poder volver a ser uno mismo durante unas horas. El germen del tema, uno de los más emblemáticos del álbum, con su estribillo para berrear entre la multitud y ese saxofón de Clarence Clemons hinchado de vida, hay que buscarlo en”Friday on my Mind” el único éxito de los australianos The Easybeats. Ahí, en ese indiscutible trallazo de 1966, están ya todos los elementos que Springsteen utilizaría en “Out in the Street”, aunque parte de su imaginería también pueden localizarse en otro tema anterior, el maravilloso “Five O’Clock World” de The Vogues.

 

BOB DYLAN – Like a rolling stone

Es difícil encontrar a un cantautor norteamericano de los últimos 50 años que no haya sido influido o inspirado de alguna forma por el bardo de Minnesota. Sabido es que el Springsteen primerizo, verborreico y atiborrado de imágenes poéticas, bebía indisimuladamente de Dylan, pero su influjo en “The River” ya estaba mucho más atemperado. Quizás había rastros suyos (o de The Byrds) en el folk-rock de “The Price You Pay”, pero ya dijimos antes que Springsteen había puesto la mira mucho más atrás de Dylan para los números más folk y country del álbum, así que ¿por qué incluimos aquí a Robert Allen Zimmerman, y además con su tema más emblemático? Pues esencialmente porque la protagonista de “Point Blank” podría ser la de “Like a Rolling Stone”, solo que ubicada en el universo proletario del de New Jersey. Ambas son personajes que en algún momento del camino se perdieron en las sombras de la desesperación. Si bien es cierto que la chica de Dylan cae desde más arriba (una princesa de clase alta que termina trapicheando entre mendigos y traficantes), mientras que el destino de la de Springsteen quizás ya estaba prefigurado por sus circunstancias sociales. El tono de Dylan es cínico y revanchista, casi podría decirse que se regodea en su desgracia (“How does it feel?”), pero el del Boss es compasivo y empático, incluso romántico en un sentido fatalista. Desearía salvar a la chica, aunque no puede. Curiosamente, el de Duluth concede a su protagonista en los versos finales un haz de luz, una oportunidad de redención (“When you ain’t got nothing, you got nothing to lose, you’re invisible now, you got no secrets to conceal”), pero Springsteen no atisba ningún futuro que no sea trágico. “Point Blank”, con su hipnótica atmósfera noir, apuntalada por el piano de Roy Bittan y las líneas de bajo de Garry Tallent, es una de las grandes joyas de “The River”. Quizás esté un tanto infravalorada por lo poco que la ha recuperado en directo, pero su carga dramática es absolutamente necesaria, como la del tema título o la de la también fenomenal “Jackson Cage”, para servir de contrapeso a los temas más lúdicos y festivos de la obra. Martin Scorsese solía decir que Springsteen era capaz de contar en una canción lo que a él le llevaba dos horas de celuloide. “Point Blank” es una de esas canciones.

 

THE RASPBERRIES – I wanna be with you

La grabación de “The River” comenzó en abril de 1979 en el Power Station de Nueva York, y lo que iban a ser cinco semanas se prolongó durante meses y meses en los que Springsteen escribía más y más canciones. Cuando un tema parecía ya listo, Bruce encontraba otra melodía para la letra, o utilizaba algún elemento como punto de partida para una canción distinta. Así, descartó un álbum sencillo magnífico como “The Ties that Bind” porque carecía del tipo de intensidad conceptual que buscaba y siguió haciendo aumentar la factura del estudio. “The River”, que finalmente se publicó en octubre de 1980, terminó siendo un álbum doble, pero bien podría haber sido triple o cuádruple, dado la enorme cantidad de material de calidad que se registró en aquellas sesiones, un caso de incontinencia creativa sin parangón en la historia del rock. Un buen puñado de aquellos descartes se editaron en la caja “Tracks”, y en muchos de ellos (“Where the bands are”, “Take’ em as they come”, “Dollhouse”, “Be True”) se percibía el amor de Springsteen por las melodías adictivas, las guitarras crujientes y los ritmos ágiles del power pop aprendido en las canciones de bandas herederas de la Invasión Británica como The Raspberries, a los que Springsteen escuchó con frecuencia en aquellos días. Este grupo de Cleveland tuvo cierto éxito en los primeros setenta con temazos a reivindicar tan adhesivos como “Go all the Way”, “Tonight” o esta “I Wanna be with You”.

 

VAN MORRISON – Madame George

“’Astral Weeks es como una religión para todos nosotros”, así de tajante se mostraba Steve Van Zandt al respecto de la obra maestra de Van Morrison publicada en 1968, ocho canciones libres y flotantes, alejadas de todo patrón convencional, que creaban un clima especial cuya magia nunca jamás ha vuelto a capturarse, ni siquiera por el propio autor. La huella del león de Belfast es perceptible en Springsteen, ya desde los tiempos de “Greetings from Asbury Park”, pero muy especialmente en la larga caricia soul de la emocionante “Drive All Night”, otra de las piezas clave de “The River”. Pocas veces el Boss ha sonado más desesperadamente romántico que en la piel de ese individuo que conduciría toda la noche solo para comprarle algo tan mundano como un par de zapatos a la chica cuyo amor quiere recuperar. Su interpretación vocal aquí es absolutamente magistral y, en la mejor tradición de Van Morrison, consigue llegar a una catarsis desgarradora a base de masticar las palabras, escupirlas, gritarlas, derramarlas y repetirlas una y otra vez (“through the wind, through the rain, the snow, the wind, the rain, You’ve got, you’ve got my, my love, heart and soul”) hasta quedarse sin aliento, él y nosotros. El nocturno y delicado paisaje sonoro de la E Street Band, puntuado por un ardiente solo de Clemons, redondea de la mejor manera esta joya suprema.

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SUICIDE – Dream baby dream

El dúo neoyorquino formado por Alan Vega y Martin Rev es uno de los grandes grupos malditos de la historia. Su vanguardista fusión de rockabilly y art rock fue en su momento ignorada, cuando no abiertamente rechazada, por un público aún no preparado para tales desafíos sónicos. Pero ha sido tan decisiva su influencia en muchas bandas posteriores que ahora son un grupo de culto. Springsteen debió de ser de los pocos que ya en su momento se quedaron prendados por la audacia del dúo. “Si Elvis volviese de la tumba sonaría como Alan Vega”, dijo en alguna ocasión, y también es conocida su devoción por “Dream Baby Dream”, el tema que tocó durante toda la gira de “Devils & Dust” y finalmente grabó en “High Hopes”. Lo cierto es que el Boss estrechó lazos en el estudio con Suicide mientras él grababa “The River” y ellos su segundo álbum homónimo, y aunque su influjo es más notorio en el posterior “Nebraska”, concretamente en “State Trooper”, ya en “The River” asoman detalles que recuerdan a la música del dúo. Volvemos a “Drive All Night”, donde la reiteración de palabras, el órgano de Federici llenando el fondo de forma incorpórea, o el ritmo inalterable recuerdan a las estructuras minimalistas, los sintetizadores desvencijados y las cajas rítmicas de Suicide.

 

THE CLASH – 1-2 Crush on you

Springsteen siempre sintió simpatía por Joe Strummer y The Clash, con los que notaba una conexión mucho mayor que con la facción más nihilista del punk británico encarnada por Sex Pistols. Aunque musicalmente no tuvieran tanto que ver, Springsteen y The Clash hablaban desde EE.UU e Inglaterra del mismo tipo de personajes aprisionados por una realidad gris y deprimente, y la visceralidad y la energía elemental que caracterizaban tanto a Bruce como al punk suponían una reacción a la ampulosidad que se había adueñado del mundo del rock en los años 70. Si hay un disco en el que Springsteen esté más cercano a The Clash ese sería “The River”, no solo porque “Crush on You” parezca inspirada, al menos nominalmente, en “1-2 Crush on You”, aquella cara B del single “Tommy Gun”, sino porque el vigor y la garra eufórica de las canciones más potentes del disco (y también de algunas que quedaron fuera como “Held Up Without a Gun”) enlaza de alguna manera con la actitud de los británicos. De hecho, “The River” es a Bruce Springsteen lo mismo que “London Calling” a The Clash, un despliegue de estilos y sabores nacidos de su mutua pasión por el rock’n’roll.

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7 comentarios leave one →
  1. 20/11/2015 15:19

    ole

  2. 25/11/2015 10:59

    Impresionante, enhorabuena

    • Jorge Luis García permalink*
      26/11/2015 1:19

      Muchísimas gracias, Vicente y Strummer. Un saludo

  3. Nacho tele52 permalink
    27/12/2015 19:15

    Como siempre ,como todo lo que escribes del Boss novedoso e ilustrativo

    Muchas gracias por compartir tus conocimientos y por el cariño con el que siempre escribes cuando es sobre Bruce.

    • Jorge Luis García permalink*
      28/12/2015 12:09

      Gracias a tí, Nacho, por tus palabras, de verdad. Un placer.

  4. Kim permalink
    22/05/2016 13:52

    It takes two, baby
    It takes two, baby
    Me and you.

    Me acorde de este artículo el martes pasado en Anoeta cuando Bruce y Steve terminaban de cantar Two hearts.

    Un saludo y gracias por escribirlo.

    • Jorge Luis García permalink*
      24/05/2016 0:46

      Gracias a ti, Kim, por recordarlo y volver aquí para comentarlo. Un saludo.

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