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“Letter to you”: la (enésima) resurrección de Bruce Springsteen

03/11/2020

Pocos universos son tan inasibles y caprichosos como el de la crítica musical. Cuando el pasado 10 de septiembre Bruce Springsteen nos sorprendía con el anuncio de un nuevo disco en estudio con la E Street Band y el lanzamiento de su primer ‘single’, no generó un gran entusiasmo. “Letter to You”, el tema que da nombre al álbum, fue considerado como poco más que un agradable medio tiempo muy en la línea del reciente -y acogido con cierta frialdad- “Western Stars”. Apenas dos semanas después, “Ghosts”, el excelente segundo adelanto, irrumpía en nuestras vidas y las plumas de los críticos empezaron a calentarse, de repente la expectación era ya considerablemente mayor. Y todo se desbordó a una semana del lanzamiento oficial del disco, cuando se publicaron las primeras reseñas del álbum completo, que le auparon con pocos matices a la categoría de los mayores clásicos de la trayectoria del de New Jersey. De los bostezos condescendientes a la euforia más desatada en apenas mes y medio. Bienvenidos al siglo XXI.

Mientras que numerosos músicos coetáneos son adorados como maestros intocables y parecen tener una bula perpetua pese a que, como todo hijo de vecino, alternen obras más inspiradas con otras bastante menos elogiables, Springsteen -quizá por su popularidad intergeneracional- se ve sometido a un perpetuo y severo escrutinio que le recuerda constantemente que sus mejores momentos quedaron muy atrás, allá por mediados de los 80. Parece que se olvida que este señor de 71 primaveras, con suficientes obras maestras en su zurrón como para poder llevar 30 años degustando margaritas en su mansión, nos ha ido proporcionando en lo que va de centuria unas cuantas obras al menos notables (“Devils & Dust”, “Magic”, “Wrecking Ball”) e incluso alguna que roza el sobresaliente (aquel mágico homenaje a Pete Seeger en “We Shall Overcome”). Un trayecto contemporáneo que puede rivalizar perfectamente con los de Neil Young o Bob Dylan, por ejemplo, aunque éstos le ganen por goleada en cuanto a favor de la crítica.

Por todo ello, ¿cabe hablar de “Letter to You”, el disco, como la gran e inesperada resurrección de Springsteen, como si éste acabara de despertar de un prolongado letargo? Uno cree que no, puesto que algunos de los trabajos anteriormente mencionados podían haber merecido en su día un calificativo parecido. Pero ello no quita para que “Letter to You” sea una de las mejores noticias musicales de este apocalíptico 2020.

Ha llegado un momento en su vida y en su carrera en el que parece que el Boss solo mira hacia atrás. El confesado bloqueo creativo que ha sufrido durante el último lustro lo ha ido paliando escribiendo una sonada autobiografía y realizando una prolongada estadía en Broadway para recrear -y contar- sus clásicos en su faceta más íntima. En este viaje al pasado fue particularmente influyente el recuerdo de sus compañeros caídos en los últimos años, como Danny Federici, Clarence Clemons y, muy especialmente, el recientemente desaparecido George Theiss, el último compañero que le quedaba de The Castiles, la primera banda seria de Springsteen. En ese nostálgico contexto, el autor de “The River” escribió nuevas canciones, recuperó tres anteriores a su debut “Greetings from Asbury Park, N.J.” y encerró a la E Street Band junto al productor Ron Aniello en un estudio para realizar una obra a la antigua usanza: apenas cinco días de grabación en riguroso directo sin apenas ‘overdubs’ ni ninguna otra técnica sonora que nos aleje algo de la más primitiva esencia del rock’n’roll.

Pese a que tanto las loas más fervorosas como (las menos) críticas más lacerantes hayan incidido en ese aspecto, “Letter to You” no es un mero ‘remake’ del Springsteen de “Born to Run” o “The River”, aunque aluda con decidida certeza a esa época en muchos de sus momentos más inspirados.

Lo demuestra un arranque tan inesperado como “One Minute You’re Here”, emocionante tributo a esos compañeros caídos en forma de balada acústica, a la que solo aleja de la desnudez de “Nebraska” ese precioso y sutil arreglo orquestal que le da un toque verdaderamente único. Menos inspirado pero más amable se presenta el tema-título, un agradable medio tiempo que ni emociona ni molesta y que podría haber estado en cualquiera de los discos del Boss de los últimos 30 años.

La batería de Max Weinberg empuja impetuosamente “Burnin’ Train”, ahora sí, uno de esos temas que encaja perfectamente con la idea que nos habíamos hecho de la obra, uno de esos rocks directos tan genuinamente Springsteen que parece fijo de cara a la gira de presentación que se proyecta, Covid mediante, para 2022. Menos contundente pero igualmente reconocible es “Last Man Standing”, precioso medio tiempo al que las intervenciones de Jake Clemons al saxo y Roy Bittan al piano le suben automáticamente de nivel.

Pero donde “Letter to You” toma su definitiva carta de naturaleza, su entidad definitiva, es en la recuperación de esos tres temas primigenios de los albores de los 70 que se quedaron guardados en el cajón de los recuerdos, de los que apenas se conocía alguna versión en estudio en un caso o en una prueba de sonido en otro y que han sido afortunadamente desempolvados para ser grabadas bajo la perspectiva de la E Street Band de 2020 pero con el respeto absoluto hacia lo que podrían haber sido de ser publicadas en la década del Watergate y la música disco. Del trío descolla especialmente esa barbaridad titulada “Janey Needs a Shooter”, una de las mejores canciones que escucharás este año y un tema que podría haber formado parte perfectamente de “Darkness on the Edge of Town”. De esta obra maestra recupera esa contundencia de la banda, ese ritmo cortante, esa emotiva voz de Springsteen, ese contraste que aporta el piano de Bittan, en definitiva, toda esa MAGIA. Mientras, “If I Was a Priest” y “Song for Orphans” nos retrotraen aún más en el tiempo y aluden directamente al Springsteen más primerizo. La proverbial influencia de Dylan es palpable en esa incontinencia narrativa, en esas largas parrafadas que mezclan alegorías religiosas con recuerdos del viejo Oeste y declamadas con pasión por una voz que vuelve a tornarse juvenil y apasionada mientras la banda acompaña de forma tan elegante y sutil como siempre. Muy buena la primera, excelente la segunda; en resumidas cuentas, un acierto absoluto lo de estos rescates.

No obstante, la mejor cualidad de esta nueva obra no es tanto esas recuperaciones de archivo sino que su espíritu de frescura, de regreso al garaje, de orgánica vitalidad, ha impregnado a la mayoría de los nuevos temas de un modo muy parecido al que ocurrió con un disco de muy parecidas características: el “A Different Kind of Truth” que, desgraciadamente, ha acabado siendo el testamento en estudio de Van Halen y que aquí analizamos en su día. De ahí se puede explicar la entidad de un tema nuevo como “Ghosts”, uno de los más imponentes que ha grabado el Boss en lo que va de siglo. A unas estrofas punteadas de acústicas muy al estilo Tom Petty le sucede un formidable estribillo circa “Born in the U.S.A.” (¡esos coros!) para concluir con un tremendo ‘crescendo’ final al que quizás le sobran esos algo populistas ‘la la la’, tan pensados para corear en directo. Tampoco hay que pasar por alto “I’ll See you in my Dreams“, el emotivo medio tiempo que cierra el álbum y que nos trae a la cabeza aquel (a veces demasiado olvidado) “Tunnel of Love”.

Quizás para encumbrarle hasta las más altas cimas de la trayectoria de Springsteen con la E Street Band a “Letter to You” le falle algo su zona intermedia. “The Power of Prayer” y “House of a Thousand Guitars” son dos buenos medios tiempos, accesibles y disfrutables, que coinciden en ensalzar el poder liberador y de comunión que puede llegar a proporcionar la música, pero que no acaban de mantener el alto nivel del resto del repertorio. Algo superior es “Rainmaker”, el tema con la letra de más cariz político de toda la obra, que hubiera encajado perfectamente en un álbum como “The Rising”, con esos violines eléctricos tan a lo John Mellencamp y ese gancho para seducir a multitudes en un estadio.

Aún apartando la cacareada resurrección, no debemos dejar de destacar el gran suceso que supone este nuevo disco. Que un músico de semejante edad y sin nada que demostrar se haya sacado de la manga su disco más excitante en, por lo menos, los últimos 30 años muestra la entidad de un artista de una dimensión legendaria y supone un inesperado regalo con el que seguir insistiendo en disfrutar la vida, pese a que haya tantos motivos que inviten a bajar los brazos. Si algún día podemos corear estas grandes canciones en uno de sus multitudinarios conciertos podremos decir que sí, que finalmente hemos ganado. Vamos a por ello.

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