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“Steve Jobs”: humanizando a un dios

06/01/2016

Steve-Jobs-Michael-Fassbender

Steven Paul Jobs fallecía el 5 de octubre de 2011 en su residencia de Palo Alto (California). Ese día nos dejaba uno de los mayores magnates, empresarios y visionarios que este planeta ha conocido en su historia reciente. El mayor de todos, si nos centramos en un ámbito tecnológico. En su legado figuraba la empresa con mayor valor bursátil de toda la historia, más de 370 patentes y el orgullo de haber reinventado por completo la industria musical, la de telefonía y la fabricación de ordenadores. Desde el mismo instante en el que se tuvo conocimiento de su fallecimiento, a lo largo de todo el mundo se producían homenajes espontáneos de gente anónima en una especie de sentimiento de pérdida colectivo, que reunía a millones de personas alrededor de las tiendas de Apple diseminadas por todo el planeta. Pero, ¿qué dotes poseía este visionario soñador, este infatigable perfeccionista para reproducir con su muerte una reacción global de estas características, más propia de grandes estrellas del cine o de la música, de líderes políticos o religiosos?…quizás, unas pocas de todos ellos.

Es tal el interés mediático que Jobs despertaba desde hacía décadas alrededor de su enigmática persona, que su muerte supuso la llegada de hasta cinco producciones cinematográficas en los cuatro años que han pasado desde su adios (“Steve Jobs: The Lost Interview”, ” I Steve”, “Jobs”, “Steve Jobs: The Man in the Machine” y, ahora, “Steve Jobs”); además de la publicación de su muy recomendable biografía de la mano del escritor Walter Isaacson. El antiguo CEO de Apple se convierte por méritos propios en un personaje clave para entender nuestro mundo contemporáneo. La imagen que nos queda es la de un hombre que nos enseñó a pensar de forma diferente, a buscar ideales mucho más elevados que el resto; aunque detrás de las cámaras y de su imagen pública, Jobs podía llegar a ser un líder despiadado, falso y cruel. La última producción sobre su figura intenta aportar algo más de luz sobre su conflictiva existencia. 

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Resulta muy representativo que los primeros conocimientos que se supieron de esta gran producción sobre la figura de Steve Jobs provinieran de una filtración de datos que se produjo mediante un ataque informático a la productora Sony. Según dichas filtraciones, tras finalizar Aaron Sorkin su labor como guionista, se negoció con Christian Bale para interpretar a Steve Jobs y con David Fincher para rodarla. El director venía de triunfar con “La Red Social“, inmensa producción que (curiosamente) también relataba los inicios de una figura que ha influenciado a nivel planetario en nuestra relación con los demás: Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook. Tras abandonar por discrepancias económicas director y actor, Sony renunciaba igualmente al proyecto y eran los estudios Universal junto con Danny Boyle los que recogían el testigo con una larga lista de candidatos a actor principal, entre los que figuraban Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Ben Affleck y Bradley Cooper; siendo Michael Fassbender finalmente el elegido para interpretar a Steve Jobs.

Comúnmente asociamos una película a su director (el “Alien” de Ridley Scott, el “Drácula” de Coppola,…) sin embargo, con “Steve Jobs” nos encontramos ante una obra formalmente algo distante del resto de la filmografía de Boyle. Es el espíritu de Sorkin el que sobrevuela constantemente el film. Sus similitudes con “La red social” son evidentes desde su misma concepción: genios con un enorme talento informático y un mayor ego, visionarios tecnológicos, más preocupados por el software y el hardware que por las personas que les rodean, amantes del control obsesivo y dispuestos a cambiar los paradigmas de la comunicación humana para siempre. Pero Sorkin consigue también diferenciarse de su anterior gran obra por medio de dos elementos: la biografía de Jobs escrita por Walter Isaacson, utilizada como principal fuente y la estructura que adopta el libreto final de Sorkin. Una construcción, en principio, muy básica. Montando la historia alrededor de tres significativos lanzamientos de Apple: el Macintosh de 1984 (que pretendía ser la exitosa punta de lanza de la compañía), el ordenador en forma de cubo de NeXT en 1988 (carísimo prodigio del diseño más minimalista, avocado al fracaso desde su concepción) y el iMac de 1998 (ordenador que supone el resurgimiento de Apple y de Jobs una vez retoma éste el mando de la compañía).
Estos tres actos, independientes y distanciados en el tiempo los unos de los otros, serán diferenciados también visualmente, rodando con cámaras de 16mm el primer acto, de 35 mm el segundo y dejando las cámaras digitales para el desenlace final. En paralelo, viajaremos en contadas ocasiones al pasado mediante flashbacks que nos trasladaran a los inicios de Apple (en el famoso garage del número 11161 de Crist Drive, en Los Altos) con la única compañía de su co-fundador Steve Wozniak (Seth Rogen).

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Además, el guión juega con un movimiento muy interesante respecto a todos los acercamientos anteriores a la vida de Jobs. Sorkin decide mantener siempre al espectador entre bambalinas, en el backstage del escenario, minutos antes de esas tres keynotes que servirían para lanzar al mercado productos históricos (por diversos motivos) para la compañía. Asistimos a los preparativos previos en el centro de convenciones; pero en ningún momento veremos el show. Con esta jugada, la atención del espectador no se contamina con diseñadas presentaciones de ordenadores; sino que permanece centrada en el verdadero foco de atención que guionista y director pretenden atender: la personalidad más íntima de Jobs con su entorno más cercano.

Es en este punto donde surge un elemento extra que será absolutamente determinante en el devenir de la historia. Steve Jobs tuvo en 1978 una hija a la que llamó Lisa (poco tiempo después llamaría igualmente a uno de los productos de la compañía), fruto de su relación con Chrisann Brenan (Katherine Waterston). Hija a la que se negó a reconocer durante años, a pesar de que las pruebas de paternidad realizadas con su adn fueron determinantes para demostrar que Lisa era su hija biológica. Será la evolución en la relación entre padre e hija en esos tres momentos históricos para la compañía lo que marque la trama de la película. Es por este preciso motivo por el que las presentaciones pierden todo valor, más allá de servir de fondo a la tensión de la película y establecer de forma más sencilla la cronología de cada hecho. Manteniendo siempre en primer plano la relación de padre e hija (quien pasará de ser una molesta visita a, prácticamente, su musa), mientras toda la organización de los eventos se mantiene en la periferia de la trama.

Steve-Jobs-Steve-Wozniak-2015

Entre bambalinas irán surgiendo otros personajes secundarios en la película; pero claves en el destino de la compañía y del propio Jobs. Así, Steve Wozniak buscará desesperadamente que Jobs reconozca el trabajo clave que su equipo de desarrollo realizó para la compañía. “Woz” siempre ha sido la cara opuesta a Jobs dentro de Apple, la más agradable y racional (“No es binario. Puedes ser decente y dotado al mismo tiempo, Steve”). Siempre se opuso al universo cerrado al que Jobs quería encapsular cada producto de la compañía. Infructuosamente, Wozniak trataba de convencer a Steve de que sus creaciones no son lienzos bajo el diseño de un único pintor. Mientras uno quería el control absoluto de todo lo que el usuario pudiera hacer con sus ordenadores, el otro apostaba por un entorno abierto que brindara múltiples opciones a las personas que depositaban su confianza y su dinero en los productos de la compañía. Lejos quedaban los tiempos en los que ambos se encerraron en un garaje para desarrollar una caja azul; mecanismo con la que pirateaban el sistema telefónico. Años en los que, con menos de 100 dolares en piezas electrónicas, controlabas cientos de millones de dolares en infraestructuras (irónicamente, décadas después volverían a tener a las compañías de telecomunicaciones a sus pies, legalmente ya, con la llegada del iPhone). Poco después, contratados por Atari, desarrollarían el exitoso juego “Breakout“, por el que recibirían un bonus de 7000 dólares, aunque hizo creer a Wozniak que se trataba de sólo 700 dólares. Jobs aprendió en esos años a tomar atajos para lograr sus objetivos. Al final de su relación, Wozniak llegaría a poner en duda el valor técnico del propio Jobs dentro de la compañía. Al fin y al cabo, era incapaz de escribir una línea de código o diseñar un circuito integrado, mientras “Woz” dominaba todos esos roles. La respuesta que recibe de Jobs es una muestra más de la concepción que tiene de si mismo: “Los músicos tocan sus instrumentos. Yo toco la orquesta”. Solamente cuando discute con Steve Wozniak es cuando Jobs llega a quedarse sin argumentos, teniendo que recurrir a un explícito “fuck you” para dar por concluida un discusión en la que él sabe que no tiene razón.

Steve

Otro foco de tensión será la conflictiva relación con el programador Andy Hertzfeld (Michael Stuhlbarg), quien en más ocasiones de las deseadas se encontrará en el punto de mira de las perfeccionistas exigencias de Jobs, tanto laborales, como personales.
Lo mismo ocurre con la figura paternalista que John Scully (Jeff Daniels) supone para Steve. Este antiguo y exitoso dirigente de Pepsi fue reclutado por Jobs ofreciéndole la posibilidad de dejar de vender agua azucarada y empezar a cambiar el mundo a su lado. Steve, hijo de inmigrantes sirios (sí, uno de los más grandes genios del siglo XX y principios del XXI, tiene los mismos orígenes que los miles de hombres, mujeres y niños recientemente ahogados en nuestro mar Mediterráneo; mientras la vieja, lenta, desmemoriada y decadente Europa mira hacia otro lado) siempre sufrió vergüenza por ser un niño adoptado. Scully, fiel a ese papel protector, le indica a Steve otra forma de verlo: que él fue elegido entre otros muchos niños por sus padres adoptivos. Como contrapunto, sería precisamente John Scully el que defendería la salida de Jobs del consejo administrativo de Apple cuando la situación financiera se pusiera aún más complicada.

Entre tanta gente con la que Jobs va arrastrando conflictos, es una mujer la que se sitúa en el centro del huracán, aportando a Steve el punto de cordura, calma y estabilidad necesaria; tanto en la empresa (cuando todos los hombres discuten al inicio del film la importancia capital de que el Macintosh diga ‘Hola’ usando un sintetizador de voz en su presentación y ella recuerda las delicadas maneras con las que Hall 9000 trataba a la tripulación de la nave Discovery 1 mientras intentaba en paralelo matarla en “2001: una odisea del espacio“), como en su vida personal (llegando a presenta su dimisión fulminante si Jobs no paga la matrícula universitaria de su hija, dejando claro que poco importa que la chica sea o no su hija, lo importante es lo que esa chica siente por él); al tiempo que centra al espectador en la verdadera trama de la historia. Esa mujer es la directora de marketing Joanna Hoffman (Kate Winslet).

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Curiosamente, Hoffman es la única capaz de hacer frente a Jobs, aplacando sus salidas de tono. Y digo curiosamente porque es precisamente con las mujeres con quien Steve Jobs tiene mayores problemas de comunicación; al igual que le sucedía a Mark Zuckerberg con su ex-novia Erica.

Y, así, llegamos a Michael Fassbender. A pesar de no haber sido la primera opción del proyecto para interpretar a Steve Jobs; una vez vista la película se antoja imposible que otro actor pudiera haberlo interpretado de forma tan efectiva. El parecido físico de Ashton Kutcher con el genio de Apple era difícilmente igualable; pero la interpretación de Fassbender supera enormemente los momentos más inspirados de Kutcher. El Jobs de Fassbender plasma perfectamente esa molesta perfección de Jobs, ese ser genial y abominable, esa capacidad que Steve tenía para atraer y repeler por partes iguales. Ser, al mismo tiempo, el bufón y el ladrón que Bob Dylan cantaba en la siempre legendaria “All along the watchtower“. Ese conflicto también residía en cada uno de sus productos; pues mientras unían a personas que estaban distantes, permitiendo una comunicación fluida entre ellos y un flujo de incesante información y entretenimiento sin importar donde estuvieras; de igual forma, aislaban al usuario de la realidad que le rodea, fijando toda su atención en esa pequeña pantalla que, a modo de ventana, nos muestra un mundo que no es el que tenemos al alcance de nuestra mano.
El actor irlandés (nacido alemán) derrocha una vez más el enorme talento que tiene para representar a un multimillonario y visionario ídolo de masas y, al mismo tiempo, que nadie desee ser él. Es muy complicado de entender para el espectador que una persona que, por aquel entonces, ya valía cientos de millones de dólares, se negara a pasar una manutención básica (500 dolares al mes) a su propia hija, quien necesitaba de ayudas sociales todos los meses. Esta constante disputa y las tensiones que origina a todos los afectados se suma a los nervios previos a cada presentación, mezclando discusiones y conflictos (internos y externos) con los preparativos y ensayos generales de actos con una enorme expectación pública; aportando un carácter más dramático al título, siempre navegando a través de la imagen pública y privada de Steve Jobs.

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La respuesta a la cuestión con la que comenzaba esta crítica la encontramos en los productos que surgieron de la privilegiada mente de Steve Jobs. Llegó a concebir dispositivos tecnológicos que la gente era capaz de amar. Productos con un alma que todos podían ver y escuchar. Convirtió maquinas que, hasta entonces, provocaban un rechazo inicial (dispositivos angulosos, mayoritariamente oscuros y grandes…una versión modesta de HAL 9000) en algo íntimo, atractivo, amigable, en una proyección de nosotros mismos. Creó productos que podías acariciar…y que podías sentir como te acariciaban ellos a ti.
En ese punto, Jobs adoptó el papel de traductor en la relación que empezaba a crearse entre las máquinas y la sociedad; no entre máquinas y programadores y usuarios avanzados, como ya habían realizado otras compañías. Lo irónico de esta historia y, al mismo tiempo, el mayor acierto del film, es poner en evidencia que el hombre que sirvió de conexión entre el mundo y la tecnología; fue incapaz de crear una unión con la que debería ser la persona más importante de su vida: su hija Lisa.

Como suele decirse, ninguna coincidencia es sólo una coincidencia. En este film plagado de conflictos entre lo que uno es y lo que desearía ser, hay uno de ellos que acaba sobrevolando constantemente al espectador: la idea de que “Steve Jobs” pretende infructuosamente ser “La red social 2.0”; limitándose a ser uno de los mejores títulos de este 2016.

En la última escena, Steve asegura a su hija Lisa que pronto ella podrá llevar mil canciones en el bolsillo y dejar obsoleto el sempiterno Walkman de Sony que la acompaña siempre (y por el que Jobs siempre tuvo mucho respeto, al ser un producto rompedor y original que generó millones de ventas). Promesa que suena casi a un spoiler de los futuros iPod y iPhone, como si ya se sugiriese una (muy improbable) secuela del film. Tras todos los notables esfuerzos por dejar respetuosamente a un lado la figura que lideró la revolución tecnológica de los últimos 30 años y centrarse en retratar al hombre en su intimidad e imperfección; el film finaliza con una ovación en pie a Steve Jobs, bañado por los flashes de las cámaras, segundos antes de dirigirse a su público.
Escena en la que Boyle acaba rindiendo claramente pleitesía a su figura, tras haber puesto en duda su proceder durante gran parte del metraje; en lo que supone un pequeño paso atrás de la producción.

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Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar caer en la trampa de pensar que tienes algo que perder.
Estás completamente desnudo.
No hay razón para no seguir a tu corazón.

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3 comentarios leave one →
  1. 06/01/2016 17:37

    Bueno, la película es para mí un bodrio más propio de sobremesa, donde nada aporta ya a los otros bodrios que sobre él se han hecho. Aparte de esto dos puntualizaciones. La primera es que el juego Breakout fue un desarrollo inicial de Nolan Bushnell y Steve Bristow. Cuando Jobs y Wozniak lo completan ya estaba mucho más que esbozado por los anteriores desarrolladores. La segunda es que Jobs es hijo de padre sirio y madre alemana. Creo entender en el texto que dices que es hijo de inmigrantes sirios. Pues eso a medias. Esto no es baladí, pues tener sangre caucásica al 50% seguro que le ha propiciado bastante más confort y aceptación que el que nunca tendrán esos críos venidos con su familia buscando refugio a Europa.

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