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“Madre!”: la perfecta anfitriona

28/09/2017

Madre! Jennifer Lawrwnce Javier Bardem

No poca gente considera a Darren Aronofsky un egocéntrico insufrible que sólo pretende epatar a cualquier precio, unos cuantos le creen uno de los grandes genios del cine de lo que va de siglo XXI; seguramente, la corriente mayoritaria será aquella que ve en el cineasta estadounidense un innegable talento destinado a grandes cosas pero al que, en ocasiones, le traicionan sus elevadas pretensiones y cuya filmografía es demasiado irregular para constar entre los grandes. Más allá de estas disquisiciones, para un servidor Aronofsky es un director NECESARIO. Dentro de un mundillo cinematográfico cada vez más homogeneizado, un verso suelto como Aronofsky supone todo un respiro y, sobre todo, mantiene viva la llama de un cine vivo, visceral, personal. Son innegables y seguramente inevitables las ‘ovejas negras’ en su carrera, pero uno siempre preferirá asistir a uno de esos ‘descalabros’ que al enésimo ‘biopic’ aséptico de personaje histórico o a la vigésima entrega de casi cualquiera de las kilométricas sagas que nos inundan.

Su nueva película, “Madre!”, parece una reacción en toda regla a la megalomanía de su anterior “Noé”, seguramente su proyecto más ambicioso comercial y financieramente hablando, y, pese a lo lujoso de su reparto encabezado por Jennifer Lawrence y Javier Bardem, supone un regreso al minimalismo de sus primeras obras, las reveladoras “Pi” y “Réquiem por un Sueño”, pero con el toque de experiencia que ya mostró en su verdadera confirmación, “Cisne negro”; situándose lejos tanto de esa tan fallida como estimulante “La fuente de la vida”  como de esa gozosa excepción clasicista que fue “El luchador” (que ocupa en su carrera un puesto similar al de “Una historia verdadera” en la de David Lynch).

Madre! Jennifer Lawrence

Antes de nada, una advertencia, especialmente para aquellos que se hayan sentido atraídos hacia “Madre!” únicamente por el prestigio de sus intérpretes principales: no esperen pasar dos horas relajados ante la pantalla del cine, no vayan con la intención de degustar un menú familiar, ni siquiera unas tristes palomitas; no asistan en busca de un mero entretenimiento, más bien agárrense a la butaca igual que lo harían antes de montar en la más vertiginosa de las montañas rusas. Nos esperan emociones fuertes, sean éstas en el sentido que sean.

El despertar de una mujer en una enorme casa enclavada en pleno campo podría sugerirnos la promoción de una caja de La Vida es Bella o, bien, un calmado drama romántico. Más aún si a continuación observamos como la joven se dedica a ir rehabilitando esa vivienda, con no pocas imperfecciones, mientras que su pareja , un exitoso escritor (Bardem) que intuimos cercano al género de la autoayuda, busca la inspiración para pergeñar una nueva obra. Sin embargo, una mística introducción nos ha puesto sobre alerta y nuestra inquietud va creciendo a medida que sentimos ese pesar en la protagonista -una Lawrence a la que se imanta la cámara y a través de cuya perspectiva asistiremos a toda la trama- mientras recorre una mansión que no deja de deparar sorpresas. Esa lograda atmósfera -turbia, desasosegante, generadora de razonables dudas sobre el estado psicológico o de drogadicción de la protagonista- se consigue, en gran medida, mediante una majestuosa edición de sonido, gracias a la que los distintos ruidos que va oyendo el espectador son tan importantes o más que los mismos personajes. Estamos en un terreno muy cercano al de aquella pequeña obra maestra de un joven Roman Polanski llamada “Repulsión”.

Madre! Jennifer Lawrence 2

Este tramo inicial no parece más que un aperitivo preparatorio para el segundo acto, que comienza con la llegada a la propiedad de un misterioso hombre (Ed Harris) , que resulta ser un gran admirador del literato, con quien congenia inmediatamente, ante la extrañeza y la inquietud de nuestra protagonista. Esto no pasaría de originar alguna que otra secuencia de situación meramente anecdótica, pero Aronofsky no está en esta ocasión para desaprovechar metraje: cada espeluznante tos, cada cigarrillo clandestino, casi cada mirada de ese extraño visitante le supone al cineasta una oportunidad para ir aumentando la tensión, identificándonos al instante con esa incómoda sensación de invasión de la privacidad que tiene la mujer.

El siguiente escalón de intensidad lo subimos con la ayuda de una de las grandes sorpresas del año: el regreso en absoluto estado de gracia de la añorada Michelle Pfeiffer, aquella actriz que recuperó en la década de los ochenta el glamour y la elegancia de las grandes damas del cine negro clásico. La actriz, a la que veremos también muy pronto en la nueva versión de “Asesinato en el Orient Express”, se muestra pletórica -mefistofélica, malvada pero sutil y plena de clase- y se convierte en uno de los grandes aciertos de “Madre!” cuando aparece en el rol de la esposa de ese incómodo huésped. Su interacción con la protagonista pasará de la inicial cortesía convencional al traspaso de los límites establecidos para un visitante, lo que irá generando un creciente desasosiego, menos salvaje pero comparable al de aquella escalofriante “Funny Games” de Michael Haneke.

Mother! Michelle Pfeiffer

Aronofsky ha mostrado hasta ese momento un absoluto dominio del espacio, de esa casa que recorremos continuamente de la mano de su dueña y que alberga todo el filme, pero esta virtud alcanza ya niveles de excelencia en el climax que supone la súbita y violenta aparición de los hijos de la pareja del matrimonio visitante (interpretados por los hermanos Domhnall y Brian Gleeson). La protagonista comparte, conmocionada, nuestro asombro ante el hecho de que su hogar sea el lugar donde se diriman las cuitas de esa particular familia. Todo estalla en un plano secuencia pleno de virtuosismo y visceralidad -uno de los grandes momentos del año cinematográfico desde ya- que deja al espectador prácticamente sin respiración.

Superado este punto álgido, la trama nos depara una resolución tan sorprendente como sugerente, sin renunciar a algún momento directamente de pura comedia, que se sigue alimentando del conflicto que surge del opuesto sentido de la hospitalidad de la pareja propietaria de la casa, exageradísimo en el caso de la parte masculina y muy escaso en el caso de la femenina. Una coda en la que se resuelve el gran punto de fricción de esta relación y que parece dejar al filme en todo un alegato promaternidad -lo que explicaría su curioso título- podría ser un adecuado punto y final para una obra absolutamente singular, escalofriante y virtuosa a la que un servidor ya estaba poniendo entre los primerísimos puestos de sus preferidas del año.

Mother! Jennifer Lawrence 3

No obstante, cuando todo parece finiquitado, comienza la pesadilla real…Lo que llega a continuación es uno de los ejercicios más caóticos, libérrimos, desaforados y directamente dementes al que uno ha podido asistir jamás en una sala de cine. Podríamos decir que estamos ante un cruce entre “La semilla del Diablo” -otra vez el Polanski primigenio- y el “Anticristo” de Lars von Trier, pero nos quedaríamos absolutamente cortos.

El personaje de Lawrence ya está totalmente superado por los inenarrables acontecimientos. Nos es para menos, imaginad toda la ignominia de la humanidad concentradas en tu propia casa: violencia desatada, absoluto desprecio al respeto más elemental, seguimiento ciego de la masa a los dogmas más peregrinos…Inevitablemente, semejante desparrame de imágenes e ideas no siempre hacen diana y la nota final baja por ello, aunque no podemos dejar de alabar un segmento que provoca un conjunto de emociones tan variado: angustia, asombro, risa tonta, asco, hartazgo…todas ellas citándose en muchas ocasiones a la vez en nuestro sobreestimulado cerebro. Cuando aparecen los títulos de créditos, uno no sabe muy bien si ha asistido a una desmedida metáfora sobre la creación artística o a la más alocada alegoría religiosa jamás hecha (algo hacia lo que se inclina la balanza tras unas claras explicaciones de Lawrence al respecto), pero todo acaba dando más o menos igual: lo importante es que hemos sido llevados a nuestro límite en una experiencia absolutamente inusual.

Madre! Javier Bardem

No podríamos estar hablando ahora de las bondades de “Madre!” si no tuviéramos la fortuna de haber coincidido en el mismo espacio temporal que una actriz destinada ser uno de los más grandes mitos que el cine haya conocido. Puede que ya hiciera un tiempo que la Lawrence no nos había impactado con sus interpretaciones, pero esta ‘mala racha’ ha llegado a su fin. Aronofsky deposita toda su obra en los hombros de la protagonista de “Los juegos del hambre” y ella se entrega sin ningún tipo de reserva a una interpretación bestial, recorriendo todas las gamas posibles de emociones de una manera magistral. Ahora que se empieza a hablar de nominaciones para los próximos Oscar, sólo queda decir que si los académicos prescinden de Lawrence habría que promover una destitución en masa. Si a esto le sumamos la ya comentada reaparición por todo lo alto de la Pfeiffer, es obvio que los intérpretes masculinos quedan muy opacados. No obstante, Bardem defiende muy correctamente su pequeña parcela de protagonismo y Harris, como no, está perfecto en una de sus mejores apariciones de los últimos años.

“Madre!” va a coleccionar millones de comentarios despectivos ante su radicalidad, su desprecio hacia lo convencional, lo encriptado de su mensaje, su aparente sinsentido…La fama de divo de Aronofsky va a aumentar indefectiblemente. Se puede decir incluso que esta última obra no es la mejor de su carrera. Pero para los acudimos a un cine a SENTIR con mayúsculas, “Madre!” ha hecho que su director no sea ya sólo alguien a tener en cuenta, directamente se nos ha convertido en imprescindible.

Madre! Cartel

 

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