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Los grandes de hoy en día (VII): Javier Bardem

19/11/2012

Pese a los últimos bombazos en taquilla de películas como ‘Lo imposible’ o ‘Las aventuras de Tadeo Jones’ no se puede decir que un cine español cada vez más asfixiado económicamente nos haya dado muchas buenas noticias en los últimos años, por lo que es aún más incomprensible que una de las mejores provoque una división de opiniones tan feroz y tan ligada a la España más atávica, siempre mezclada con cuestiones políticas. Porque, queridos aficionados al cine, estamos asistiendo a un hecho histórico: nunca el cine español había contado con una estrella internacional de la interpretación de tamaño prestigio, nunca un intérprete patrio había provocado tanto unanimidad a la hora de ser considerado lo que es: simple y llanamente, uno de los mejores actores del mundo en la actualidad, Sí, lo habéis adivinado, vamos a hablar de Javier Bardem.

Comentábamos en nuestra anterior entrega de esta serie el repentino estrellato de Naomi Watts ya superada la treintena; pues bien, Javier Bardem representa el polo contrario. Nacido en una legendaria familia de actores y directores (con especial mención para su tío Juan Antonio, uno de los mejores cineastas españoles de todos los tiempos), Bardem tuvo contacto con el mundo del cine desde su más tierna infancia y contó con breves y esporádicas apariciones en películas y series televisivas. Sin embargo, no se decidió por la interpretación como su modo de ganarse la vida -antes había sido un destacado jugador juvenil de rugby- hasta el inicio de los años noventa. Bastó con que apareciera en ‘Las edades de Lulú’ (1990) para que, ayudado por la proyección que le proporcionaba su pertenencia a la citada familia, los focos se posaran sobre él como una de las promesas del cine español. La popularidad estalló con ‘Jamón Jamón’ en 1992. De la mano de su gran mentor en sus primeros años, Bigas Luna, Bardem se convirtió en todo un ‘sex symbol’ con su presencia poderosa y tosca y su innegable carisma y en el motor de toda una generación de actores jóvenes, entre los que se encontraban sus compañeros de reparto, Penélope Cruz y Jordi Mollá. Luna volvió a explotar esa imaginería de la España más profunda y cañí en ‘Huevos de oro’, muy inferior a su predecesora pese a contar con todo un Benicio del Toro, con la que Bardem se acercaba peligrosamente a lo caricaturesco (algo a lo que no ayudó su papel en ‘El amante bilingüe’, de Vicente Aranda). En esos momentos, le vino como anillo al dedo su papel en la exitosa ‘Días contados’. La estremecedora visión lateral del conflicto vasco por parte de Imanol Uribe contenía todo un regalo para Bardem: el papel del drogadicto Lisardo. Nuestro protagonista no desaprovechó la ocasión y se consolidó en la élite con un Goya como Mejor Actor de Reparto.

Era un momento clave de su carrera y la expectación generada también se había convertido en presión. Sin embargo, fue  aquí cuando Bardem sacó su madera de ‘grande’ a relucir. Su opción no pudo ser más acertada. En vez de quedar enclaustrado en el papel de chulito que le habría dado una fama tan grande como efímera, decidió tomar el camino más largo y arriesgar. La sobria ‘El detective y la muerte’, de Gonzalo Suárez, fue un buen primer paso en ese sentido, pero el triunfo total llegó en 1995 con su debut en la alta comedia con ‘Boca a boca’. Se trata de una película demasiado olvidada hoy en día, perteneciente a un género prácticamente extinguido que tan bien dominaba Manuel Gómez Pereira, otro cineasta demasiado olvidado, pero en aquel momento supuso todo un suceso. Un Bardem en su papel más inimaginable por entonces, un chaval tímido que se mete en los mil y un líos cuando se pone a trabajar en un teléfono erótico, supo convencer al público de que era un actor, además de superdotado, todoterreno. Sin duda, uno de los momentos claves de su carrera, con su primer Goya como protagonista incluido. Ya totalmente consolidado en España, algo a lo que contribuyeron sus grandes interpretaciones en ‘Extasis’, ‘Los lobos de Washington’, ambas de Mariano Barroso, y ‘Perdita Durango’, poco importó que algunas de sus apuestas más fuertes en ese final de siglo no obtuvieran un gran recibimiento: ni el policía postrado en una silla de ruedas de su única colaboración con Almodóvar, ‘Carne trémula’, ni el adicto al sexo del thriller ‘Entre las piernas’ ni el homosexual de ‘Segunda piel’ suponen papeles de referencia en su trayectoria pero sí que evidenciaron la constante búsqueda de retos a superar por parte de nuestro protagonista.

Como el éxito es para los valientes, un nuevo intento de ponerse al límite como actor como el que suponía interpretar al perseguido escritor cubano homosexual Reinaldo Arenas en ‘Antes de que anochezca’ (Julian Schnabel) le convirtió inesperadamente en estrella. Pocos podían apostar por ello, ya que la película era tan modesta económicamente como en su recepción por parte de los críticos, pero la interpretación de Bardem era tan poderosa que sobrepasó los límites del filme y se llevó toda una Palma de Oro del Festival de Cannes, a lo que añadió su histórica primera nominación al Oscar. Se abría de forma inmejorable una década que iba a ser prodigiosa. Si bien la infortunada ‘Pasos de baile’, de John Malkovich, no tuvo apenas repercusión, el cine español le esperaba con los brazos abiertos para convertirlo en una de sus leyendas. Sin duda, entre sus tres mejores personajes se encuentra Santa, el pícaro y comprometido parado de ‘Los lunes al sol’. Con muchos kilos de más y un ‘look’ nada favorecedor, Bardem daba pie con una tremenda variedad de registros a un personaje memorable, capaz en la misma escena de hacerte esbozar una sonrisa y de ponerte el alma en un puño. Otro más que merecido Goya que se repetiría en 2004 con otro difícil reto, el de interpretar al tetrapléjico Ramón Sampedro en uno de los grandes éxitos de la historia del cine español, el ‘Mar adentro’ de Alejandro Amenábar. Obligado, salvo en algún ‘flashback’ y en alguna escena onírica, a actuar postrado en una cama y diezmado por ello de recursos interpretativos, Bardem utilizó su virtuosa gestualidad para aprovechar un papel ‘bombón’ (de esos que tanto gustan a las Academias que entregan premios), en el que se combinaban sarcasmo,  sabiduría y una tremenda humanidad, para triunfar por todo lo alto y convertirse en una de las mayores celebridades españolas.

Aupado por el éxito en el extranjero de ‘Mar adentro’ y ante la perspectiva de haberlo hecho ya todo en España, Bardem dio su definitivo salto al cine internacional mediada la primera década del siglo. La suerte no le sonrió en tres proyectos tan atractivos como fallidos finalmente. Si tremendamente decepcionante fue su colaboración con un mito como Milos Forman en ‘Los fantasmas de Goya’, en la que interpretaba a un muy excesivo hermano Lorenzo, la situación mejoró poco con la versión del habitualmente eficaz Mike Newell de todo un clásico de la literatura, ‘El amor en los tiempos del cólera’, de Gabriel García Márquez. Bardem se mostraba poco cómodo en la piel del romántico Florentino Ariza, especialmente cuando un mejorable maquillaje le hacía perder buena parte de su gestualidad. Pero el colmo de la mala fortuna es que todo un Woody Allen te ofrezca protagonizar una película y la que te toque en suerte sea la peor de toda su filmografía, esa mediocre ‘Vicky Cristina Barcelona’, en la que poco podía hacer con un personaje tan tópico (un ‘latin lover’ de manual) como Juan Antonio. Teniendo todo esto en cuenta, pudiera parecer que el asalto internacional de nuestro protagonista se había saldado con un fracaso. Y seguramente hubiera sido así sino fuera porque una de las grandes instituciones del cine actual, la pareja formada por los hermanos Ethan y Joel Coen, le eligió para intervenir en su película más dura, la excelente adaptación de ‘No es país para viejos’, la apocalíptica y ultraviolenta novela de Cormac McCarthy. Con apenas unos cuantos minutos de intervención, Bardem logró convertir a su malvado Anton Chigurh en todo un icono del cine moderno y uno de los personajes que siempre encabezan esas listas tan habituales de ‘los mejores malos del cine’. Tocado con un peinado tan imposible como ya legendario, Bardem tuvo que utilizar todo su talento para provocar terror a partir de un personaje sin asideros, un personaje sin una historia ni una evolución a la que aferrarse y que apenas habla, un personaje tan ambiguo que no es ni siquiera un personaje sino la propia encarnación del Mal. Favorecido por la ola de reconocimiento que llevó a la película a ser la gran protagonista de la noche de los Oscar, Bardem consiguió esa primera estatuilla dorada para un actor español y, lo más importante, un reconocimiento sin precedentes en Hollywood.

En los últimos años y tras una dura lucha y muchos méritos contraídos, Bardem se encuentra en la posición más envidiable para un actor. Dueño de un prestigio excepcional, se puede permitir rodar lo que le venga en gana y esperar el proyecto que más le atraiga, sabedor de que las ofertas (muchas y muy interesantes) se agolpan en su buzón. Que le apetece un trabajo arduo y arriesgado, pues protagoniza y es capaz de tirar hacia arriba la última película de todo un Alejandro González Iñárritu,la irregular ‘Biutiful’, con una excepcional interpretación que le valió un nuevo Goya, una nueva Palma de Oro y una nueva nominación al Oscar. Que le apetece relajarse después de tan asfixiante trabajo, pues se permite el lujo de ser la ‘guest star’ de una producción de gran ambición comercial como ‘Come, reza, ama’. Que le rondan sus sueños infantiles, pues nada acepta pasar a la nómina de malos memorables de la saga James Bond en ‘Skyfall’; otra excelente encarnación, otro personaje con visos de leyenda (ese misterioso e implacable Silva, ¡otra vez con peinado imposible!) y otro paso más en su cada vez más firme escalera hacia la gloria.

Su único hándicap actual es el inmovilismo de Hollywood. Un actor de su calibre se tiene que limitar, por su físico y su procedencia, mayoritariamente a papeles de villano o a personajes latinos, lo que suele relegarle a papeles secundarios, por mucha enjundia que éstos tengan. Sin embargo, esto puede estar a punto de cambiar: Bardem se ha dado el gusto de trabajar con dos mitos vivientes. Pendiente de estreno tiene ‘To the Wonder’, un drama romántico tibiamente acogido en Venecia de nada más y nada menos que el cineasta de culto por excelencia, Terrence Malick. Bien potente también es su próximo proyecto, el nuevo largometraje de Ridley Scott, ‘The Counselor’, con el que le espera un prometedor 2013. Sin duda, será un gran honor seguir los pasos de un mito andante del cine español.

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7 comentarios leave one →
  1. 19/11/2012 18:50

    Como siempre, impecable tu análisis. Me alegro de haber tropezado con tu blog. Te adjunto enlace al que comencé después de ver el tuyo, humor político bastante ácido.
    Gracias.http://latiafelisa.blogspot.com.es/

    • Alberto Loriente permalink*
      19/11/2012 21:32

      Gracias por los elogios, Jesús. He descubierto el tuyo gracias a tu sugerencia y creo que lo seguiré a menudo. Humor y sátira política son seguramente los elementos que mejor casan en estos tiempos que vivimos. Enhorabuena y un saludo!

      • Jesus Rodriguez Morales permalink
        20/11/2012 13:17

        Me encantaria estar al lado de tus otros compañeros de viaje

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