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The Cranberries o el instinto animal de Dolores O’Riordan

11/01/2018

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(Hace solo unos días publicábamos este artículo haciendo repaso a la carrera de The Cranberries. Lamentamos profundamente que estas líneas se hayan convertido súbitamente en un homenaje a Dolores O’Riordan, la voz que acompañó durante muchos años a muchos de nosotros, una de las voces de toda una generación).

Creo haber escrito las mismas palabras más de una vez en el Cadillac, pero la idea sigue siendo relevante. Los referentes musicales que más acaban por marcarnos y quedarse con nosotros (y esto no deja de ser aplicable a otras manifestaciones artísticas) a menudo no son escogidos, sino que llegan de manera circunstancial a nuestras vidas. Yo tenía ocho años en 1994, cuando una canción llamada “Zombie” (aunque en aquel momento no lo supiera) empezó a sonar en las cadenas que tenía sintonizadas en mi radio-casette. Una canción que chillaba sin piedad todo el día (emitiendo un sonido similar a “iaheeeeeee”) y que desde el principio me dejó prendada de la voz de la cantante. “No Need to Argue” fue una de las primeras cintas que mi madre me regalara, aunque no la primera, y The Cranberries es una banda que logró quedarse conmigo para siempre.

Fundada en Limerick por los hermanos Hogan, la banda irlandesa no firmaría con una pequeña discográfica hasta la llegada de Dolores O’Riordan, quien, le pese a quien le pese, se convertiría prácticamente en la protagonista de esta historia siendo responsable de la mayor parte de las composiciones. Es difícil definir la música de The Cranberries en un sólo género, pues desde sus inicios se han movido con comodidad en el folk, en los ritmos celtas, el pop rock, el pop, el rock, el grunge y las melodías más acústicas. Tienen, en cambio, un sonido realmente propio al que la maravillosa voz y los gorgoritos de O’Riordan han otorgado una personalidad incuestionable. No serán los mejores, ni su rock alternativo sería el más determinante de aquella década de los noventa, pero en lo personal se antojan tan especiales y me han acompañado durante tantísimo tiempo, que no podía dejar pasar la ocasión de dedicarles el post que nunca les había dedicado. Repasemos hoy, brevemente, su discografía y demos un paseo por las canciones que durante más de veinte años han aportado al panorama musical.

 

Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We? (1993)

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El álbum debut de la banda irlandesa tiene ese olor característico, esos colores y sabores que le son propios a un producto iniciático. Con unas técnicas instrumentales menos pulidas y menos bañadas en corrección y una voz más animal (aún) y menos controlada de la vocalista, “Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We?” se presentó con tres singles: el a día de hoy archiconocido “Dreams”, “Linger” y “Sunday”. Temas que, curiosamente, nadan en un tono inocentón (aunque no más optimista) que contrasta con el rock lánguido y de corte más depresivo de cortes como el “I Still Do” que abre el disco, la magnífica “Waltzing Back” , “Not Sorry” o el desgarre creciente de “How”. Es casi un concepto, este puñado de canciones. Un discurso sobre amor y desamor propio de bandas jóvenes al que, sin embargo, no le debo reproches.

Es este primer trabajo un inicio con todos los matices más reconocibles que luego configurarían a The Cranberries, una oda al pop rock que sueña con ser un poquito grunge y a la vez no deja atrás su elegancia. Puede que en aquel momento nadie los conociera más allá de las fronteras británicas, pero “Wanted” sigue siendo entonada en masa.

 

No Need to Argue (1994)

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“No Need to Argue” no es cualquier disco de los Cranberries, es EL DISCO. El trabajo que los catapultó a la cima y los convirtió en uno de los grupos imprescindibles de los noventa, el álbum del que más copias vendieron. El primero, en realidad, para muchos de nosotros, porque tal y como comento en la introducción de este post, todos los conocimos con “Zombie”, cada uno a su edad, en su contexto y circunstancias. En 1994 todos entonamos aquel primer single con fuerza (in your heeeeeeeead, in your heeeeeeeaaaaaaad), una canción que siempre será símbolo y estandarte, un discurso sobre el terrorismo y la violencia que en la edad de su temprano descubrimiento a mí se me escapaba, evidentemente, por completo. Un paso más cerca del rock alternativo y una inmersión en el grunge.

Este segundo disco, más maduro, pulido y oscuro que el anterior, con más protagonismo en las composiciones, esta vez, de O’Riordan que de Hogan, vuelve a hablar del amor y la decepción, pero también de la guerra, de la muerte, incluyendo la denuncia social en sus letras o el homenaje al poeta Yeats que es “Yeats’ Grave”. Cuatro singles más llegaron a ver la luz: la emocionante balada “Ode to My Family”, “I Can’t Be With You”, la gran “Ridiculous Thoughts” que siempre ha sido de mis favoritas y la parsimoniosa “Dreamings My Dreams”.  De los sonidos más rockeros al folk más bucólico, son numerosos los grandes temas de “No Need to Argue”. Desde el magnífico “Empty” con un clímax de cuerda, pasando por el dolor de “The Icicle Melts” en el que se preguntan qué le está pasando al mundo hasta esa vuelta al origen que supone “Disappointment”.

 

To the Faithful Departed (1996)

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“To The Faithful Departed” era casi una prueba de fuego para la formación después del bombazo del éxito del álbum previo. Un trabajo que obtuvo respuestas encontradas por parte de la crítica (aunque el número de ventas fue más que positivo) debido a su carácter más experimental aunque la mezcla de géneros fuera la misma que convivía en sus discos anteriores. Una heterogeneidad patente en los seis singles que salieron de esta tercera producción: el hard rock con tintes de grunge de “Hollywood”, el punk rock rítmico de “Salvation”, esa balada tan irlandesa y delicada incluso en sus arreglos vocales dedicada a los que ya no están (el álbum está dedicado a la memoria del abuelo de Dolores O’Riordan y a Denny Cordell) que es “When You’re Gone”, la frescura de “Free to Decide”, los toques celtas inyectados en el rock de “I Just Shot John Lenon” y la sensación de desnudez emocional de “I’m Still Remembering”.

Drogas, muerte, decepciones, guerra, experiencias mundanas. The Cranberries seguía teniendo claro de qué hablar en sus canciones mientras jugaba, como decía, con sonidos más experimentales. Temazos como “The Rebels” se dan la mano con el toque fúnebre de “Electric Blue” o con las melodías circenses de “Will You Remember?” en lo que para muchos, aunque no logre entenderlo ni pueda estar de acuerdo, sería uno de los álbumes más flojos del año.

 

Bury the Hatchet (1999)

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“Bury the Hatchet” es uno de los discos más redondos del grupo y mi predilecto junto a “No Need to Argue”, llegando tras una crisis personal y de salud de O’Riordan e inspirado (mucho) en su maternidad, algo que queda patente en sus composiciones. Es, además, un nido de grandes éxitos del que surgirían cinco singles que cualquier lector podría entonar con fuerza en este mismo instante: “Promises”, magnífica en la estridencia de sus guitarras y en ese hard rock que a veces se les da tan bien; “Animal Instinct“, una de mis favoritas en todo su recorrido, apoyada en ese acústico tan propio; “You and Me”, en honor a su hijo, popera, ligeramente folkera e irlandesa a más no poder; la archiconocida “Just my Imagination” y “Copycat” con su rollo funkero.

Pero no sólo en sus greatest hits se apoya este álbum. La contundencia de “Loud and Clear”, lo intimísima que resulta la maravillosa “Shattered”, el desparpajo rockero y tan de pub de “Desperate Andy” o la desgarradora balada sobre el abuso infantil “Fee Fi Fo” hacen que este cuarto trabajo merezca a día de hoy nuestras mejores críticas y un lugar privilegiado entre los partos de The Cranberries.

 

Wake up and Smell the Coffee (2001)

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“Wake up and Smell the Coffee” es el último álbum de la banda antes de su temporal separación y se nota. Es un trabajo falto de ambición donde lo preocupante no es que la convicción no llegue a la primera escucha, sino que a la segunda y tercera sólo se resaltan sus carencias. Casi da la impresión de que los cuatro integrantes se sentaron a la mesa a escoger los temas que más habían roto las listas a lo largo de los años y decidir caer en el autoplagio. Así, el single “Analyse” suena igual que “Dreams”, “This Is the Day” suena como “Zombie” en algunas de sus estrofas y acordes y “Wake up and Smell the Coffee” nos lleva automáticamente a pensar en una versión descafeinada de “Promises”. A pesar del tema de apertura, “Never Grow Old”, que no funciona del todo mal como arranque, o el sencillo “Time Is Ticking out”, el resto del disco se mueve en una suerte de desorientación que no nos encaja. Si hasta “Every Morning” parece cantado por un coro setentero en pantalones de campana…

En 2003, The Cranberries anunciarían su separación, que ya estaba más que cantada (literalmente), para que Hogan y O’Riordan emprendieran otros proyectos. De la segunda se publicarían dos álbumes en solitario, de los cuales el primero, “Are You Listening?”, resultaría un compendio de temas más que digno, destacando ese “Ordinary Day” que llegó a ser número uno en las listas de algunos países.

 

Roses (2012)

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En 2009 la líder de la formación confirmaría la vuelta en activo y una gira de reunión esperadísima por sus seguidores. Dicho retorno traería consigo un nuevo álbum, “Roses”, tres años después. Un trabajo que si bien no es al completo el álbum de madurez que muchos anhelaban, se acerca a la idea. Casi despojado de los ritmos más eléctricos y mucho más cohesivo en sus formas que todo lo anterior, “Roses” se abraza a esas guitarras acústicas que siempre fueron su llave maestra y se aleja (casi, reitero) de los arrebatos duros y gruncheros (que defendieron muy bien en otro tiempo) para recostarse sobre el pop rock y el folk sin pudor.

Sólo un sencillo, “Tomorrow”, vio la luz durante la promoción de este nuevo disco, un tema lleno de frescura que se asoma a otros días mientras mira hacia adelante. No obstante, este compendio de canciones cuenta con varios picos altos que no sería de justicia olvidar: la añoranza de “Raining in my Heart”, “Losing my Mind”, “Astral Projection” , la garra de “Show Me the Way” o mi favorito, “Schizophrenic Playboy”, que recuerda a los sonidos que la banda utilizaría en el pasado.

 

Something Else (2017)

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“Something Else” se coló hace unos días en nuestro top de discos favoritos de 2017 de manera dignísima y, a todas luces, apelando a la nostalgia. Este último álbum de The Cranberries bien podría ser considerado un cruce entre el “grandes éxitos” y el unplugged sin ser del todo ni lo uno ni lo otro. Como una manta calentita en tiempos invernales, “Something Else” viene con diez versiones acústicas de estudio de algunos de los temas más importantes de su carrera y tres nuevos temas que harán las delicias de los que han estado siempre con ellos, en las duras y en las maduras: “Glory”, “Rupture” y “Why”, un corte maravilloso dedicado a la memoria del padre de Dolores.

Cada cual marcará sus prioridades y preferencias en esta existencia nuestra tan esperpéntica, pero, en lo personal, volver a escuchar canciones como “Linger”, “Zombie”, “Ridiculous Thoughts”, “When You’re Gone” o “Animal Instict” en un acústico tan cuidado me supuso un viaje por la ruta de la memoria con lagrimita incluida que me obligó a abrazar de manera inevitable lo último que nos han dado.

Es un misterio si tras la última gira terminada en octubre The Cranberries tiene algún plan futuro. De ser así, algunos siempre los acogeremos en casa. Larga vida al gritado “in your head”.

 

 

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One Comment leave one →
  1. Anónimo permalink
    11/01/2018 11:43

    La gira se suspendió en Mayo, por problema físico de Dolores

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