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“Achtung baby”, la mosca en la pared

02/04/2012

Cuando mis compañeros en El Cadillac Negro propusieron hablar de nuestros discos favoritos, yo no tuve ninguna duda, porque aunque son varios los que, tirando de tópico, me llevaría a una isla desierta, solo hay uno que me haya calado hasta el tuétano desde el mismo momento en el que fue puesto a la venta. Es  “Achtung baby” de U2. Un CD que habré escuchado millones de veces, del que me sé de memoria cada uno de sus recovecos, y que me ha acompañado siempre desde que se publicó en 1991, cuando yo era un chaval de 15 años. Se puede decir que sin ese disco en mi estantería no sería el tipo que soy, porque ha estado presente en casi todos los momentos importantes de mi vida (que, pensándolo bien, tampoco son tantos) y nunca, jamás, me he cansado de él. Seguramente habrá discos mejores (aunque, pensándolo bien, tampoco tantos) pero, si hablamos de conexión emocional absoluta, éste es mi elegido.

Pero viajemos por un momento a 1991. Soplan vientos de cambio en la música popular. Se palpa en el ambiente. Los tótems de los 80 se tambalean, la frivolidad y los maquillajes exagerados han caído en el olvido. En EE.UU el rock independiente de grupos como REM  asoma la cabeza ante un AOR cada vez más desfasado, mientras que el “hair metal”, agonizante, pone su cabeza en una guillotina llamada “grunge”.  En Inglaterra, el sytnh pop y los ídolos efímeros de la factoría Stock, Aitken & Waterman son sustituidos por los nuevos sonidos bailables procedentes de Manchester –Happy Mondays, The Charlatans, EMF-, el hedonismo de las “raves” y la electrónica oscura y reptante de Massive Attack y Orbital.  En ese 1991 se publican algunos discos, con el “Nevermind” de Nirvana como estandarte, que cambiarán el modelo de negocio de la industria. Algunos mitos ochenteros resisten  -Michael Jackson mantiene su hegemonía a golpe de videoclips apabullantes, Bon Jovi se recicla en grupo de baladas para adolescentes y Madonna vampiriza las modas como puede-, otros incluso alcanzan su momento de mayor popularidad –Guns N’Roses, Metallica- , pero la mayoría están abocados a la inevitable extinción, sobrepasados por el signo de los tiempos, o, en el mejor de los casos, les espera una larga hibernación, puesto que en la música el tiempo es cíclico y casi todo el mundo termina volviendo al negocio cuando la coyuntura se torna favorable. ¿Qué papel jugaría U2, uno de los grupos más emblemáticos de los 80, en este contexto?

El cuarteto irlandés ya había sido una extraña anomalía en medio de la extravagancia estética y exageración del artificial e inofensivo “mainstream” de los años ochenta.  Nacidos de los estertores del post-punk y en plena new wave, U2 representaban un ideal de rock apasionado, serio, comprometido y  épico más propio de los 70 que de los tiempos que corrían. Contra todo pronóstico, su actitud, imagen y música -amadas por muchos, denostadas por tantos otros- se convirtieron en otro icono de la época merced al éxito estratosférico de “The Joshua Tree” en 1987. La banda de Bono, The Edge, Larry Mullen Jr. y Adam Clayton era entonces la más grande del planeta. Tanto creció el fenómeno que comenzó a dar síntomas de un nada disimulado gigantismo, palpable en las ambiciones desproporcionadas de “Rattle & Hum” (1988), un presuntuoso disco que pretendía enseñarles a los americanos las raíces de su propia música pero que en el camino perdía todo rastro del sonido personal que caracterizó a la banda. (Esa es la versión oficial de la historia; la mía es que “Rattle & Hum” fue el primer disco de vinilo que me compré y siempre tendrá un hueco especial en mi corazón). Pese a que aún seguían contando con el favor del público, U2 se encontraban a un paso de la “dinosaurización”, tenían a la crítica de uñas y se enfrentaban musicalmente a un callejón sin salida, por lo que el día de fin de año de 1989 decidieron anunciar un largo descanso para “soñarlo todo de nuevo” y descubrir cuál era el camino a seguir.

¿Cómo se enfrentaba entonces una de las grandes bandas de los 80 al nuevo contexto musical y sociocultural mundial que proponía el cambio de década? Por supuesto, reinventándose. De aquellas tensas sesiones en los estudios Hansa de Berlín (donde David Bowie gestó su trilogía con Brian Eno en los 70), rememoradas en el reciente documental “From the sky down” , surgió el disco que cualquier grupo de la época (indie o no) hubiera matado por firmar. Una sofisticada construcción sónica armada con texturas novedosas, dirigida por Eno, Daniel Lanois, Steve Lillywhite y Flood, que suponía una ruptura con el pasado y que redefinía el  futuro, porque, todavía hoy, en 2012, “Achtung baby” suena como el rock del siglo XXI. U2 no solo sobrevivía a la criba de los 90, sino que se ponían en cabeza del pelotón con una obra intensa, oscura, frágil, bella y tremendamente sexy, aún no superada.

El primer aviso llegó con el single “The fly”. Toda una declaración de intenciones. El sonido de cuatro hombres talando el árbol de Joshua, como le gustaba definir la canción a Bono, era psicótico, con un renovado The Edge proyectando riffs que emulaban a un enjambre zumbando en el centro del cerebro y soltando un solo sideral, plagado de efectos de pedales y ecos; Larry y Adam edificando una arquitectura rítmica dinámica, enrevesada, que exploraba territorios desconocidos para la banda; y Bono, con la voz filtrada y en modo conversacional, lanzando consignas lapidarias apuntando hacia la confusión de los nuevos tiempos (“every artist is a cannibal, every poet is a thief, all kill their inspiration and sing about their grief”). Además, la banda aparecía en el correspondiente videoclip con una imagen completamente nueva, con un Bono enfundado en cuero negro y parapetado tras unas gafas de mosca exudando carisma, irremediablemente “cool”, mientras que un torrente de imágenes caóticas ya anunciaba la estética vanguardista del  revolucionario “Zoo TV Tour”. Aún recuerdo el  cosquilleo y la emoción de estar ante algo fresco y excitante que me produjo “The fly” la primera vez que vi el vídeo en televisión.

Tampoco olvido la sensación de que el reproductor se había estropeado la primera vez que puse el CD en el equipo. “Zoo Station” lo abría con unos acoples industriales que sonaban como una pedrada contra el cristal y que introducían un ritmo kraut con tonos metálicos sobre el que se anunciaban al mundo los nuevos U2. “I’m ready, ready for the laughing gas, I’m ready for what’s next”, cantaba un  Bono más seguro de sí mismo que nunca entre texturas maquinales. “Even better than the real thing”  demostraba hasta qué punto los cuatro irlandeses le habían tomado el pulso al espíritu de su tiempo, acercando  a The Rolling Stones a la cultura de clubes, y  “One”  probaba que no habían perdido el toque a la hora de alcanzar la fibra sensible y que, debajo de las capas de maquillaje, seguían siendo los mismos. Ahora es una canción excesivamente manoseada, pasto de FMs y bodorrios (y que me perdone algún colega), pero si uno hace el esfuerzo de volver a escucharla con los oídos despejados sigue encontrando una conmovedora y emocionante confesión, llena de amargura y reproche.

“Achtung baby” presentaba también a unos U2 más sutiles en sus textos. Definitivamente alejado de las proclamas con el corazón en la boca de “War”, Bono escribe a una escala más íntima sobre deseo, duda, traición, sexo y tentación, y de ese nuevo enfoque se beneficia por ejemplo “Until the end of the world”, una joya majestuosa de atmósfera dramática y casi recitada que desde entonces ha sido un “highlight” en los conciertos del grupo. La frase “In my dream I was drowning my sorrows, but my sorrows they learned to swim” me sigue poniendo los pelos de punta. “Who’s gonna ride your wild horses” envolvía entre distorsiones de guitarras prestadas del rock alternativo –Sonic Youth, Dinosaur Jr.-  una melodía deliciosa que podría haber tenido sitio en “The Joshua tree”, mientras que “So cruel”  era una inmersión abisal en las profundidades del alma entre tramas electrónicas, un piano minimalista y unas cuerdas sublimes.  “Mysterious ways”  emparentaba a U2 con el sonido de Manchester, de Primal Scream a Stone Roses, a través de sus percusiones exóticas, sus efluvios psicodélicos y un riff de guitarra funky que desembocaba en el remanso de placidez de la surrealista “Tryin’ to throw your arms around the world” , el momento más luminoso del disco.

Pero lo mejor de “Achtung baby” estaba en su tramo final, un tríptico que eleva al disco a la altura de obra maestra, absolutamente imperecedera, y que son mis 15 minutos de música preferidos de todos los tiempos. La secuencia empezaba con la magia envolvente de “Ultra violet (light my way)” , una pieza épica y expansiva que no quieres que termine nunca, pero que cuando lo hace da paso al denso laberinto emocional de “Acrobat” , con The Edge vomitando espirales de lava y un Bono dramático y desamparado (“I’d join the movement if there was one I could believe in”) que se resiste a ser engullido. El cierre perfecto  llegaba con “Love is blindness” , una obra de arte, infinitamente desoladora. Bono, perfecto; el efecto vibrante de bajo tan particular; la percusión comatosa y los escalofriantes aullidos de la guitarra de The Edge.

“Achtung baby”  fue recibido con controversia. Muchos fans de los sombreros y el chaleco no aceptaron de buen grado el nuevo rumbo emprendido por la banda y “The fly”  fue incomprendida en EE.UU.  Aunque el disco vendió bien desde el principio, no fue hasta la edición de “One” como single que empezó a tener la consideración de clásico de su tiempo. U2 jamás volvieron a alcanzar cotas creativas semejantes. Durante mucho tiempo siguieron haciendo lo que les dio la gana. Profundizando en la electrónica menos acomodaticia con el reivindicable  “Zooropa” (1993) o en el proyecto “Passengers”, y dejándose llevar por la tendencia del momento, el dance-rock, en “Pop” (1997), pero tras años de ir en cabeza hubo un momento en el que se pararon, miraron alrededor y no vieron a nadie. El público, algo asustado con tanta irreverencia , ironía y disfraces, se había quedado atrás y ellos decidieron recular y volver a sonidos más reconocibles y confortables en “All that you can’t leave behind” (2000), con el que reconquistaron a las audiencias masivas. Desde entonces los fans siempre esperamos que en el siguiente disco recuperen aquel espíritu arriesgado e innovador que alumbró “Achtung baby”, sabiendo en el fondo que es imposible reproducir lo irrepetible.

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17 comentarios leave one →
  1. Anónimo permalink
    06/04/2012 23:09

    Pedazo de resena para un pedazo de album.

  2. Arzu permalink
    09/04/2012 13:28

    Jorge, éste me ha parecido un gran artículo, muy en tu línea. Hace años que no me detengo a escucharlo, y ahora me dan ganas,

  3. Jorge Luis García permalink*
    09/04/2012 19:13

    Muchas gracias, Anónimo y Arzu, por comentar y por vuestros halagos. La verdad es que “Achtung baby” puedes tenerlo aparcado durante meses o años y cuando vuelves a él descubres que no ha envejecido nada. Eso no se puede decir de todos los discos, incluso de muchas obras maestras.
    Saludos!

  4. vicks permalink
    13/04/2012 18:20

    Maravillosa e inmejorable descripción de uno de mis cinco discos preferidos de todos los tiempos. Felicidades, Jorge. Se nota que te apasiona y lo sabes transmitir con total claridad. Por cierto, yo todos los años me hago una copia de este cd para cambiar el que tengo en el coche, que termina rallado después de tanto oírlo. Huelga decir que el cd original lleva conmigo desde que tenía 14 años y tengo un sitio reservado para él de lujo en mi casa (de aquí no sale nunca). Jamás se me ha perdido o estropeado, ni siquiera durante las 3 mudanzas que he sufrido…

  5. Anónimo permalink
    14/04/2012 10:20

    “Se puede decir que sin ese disco en mi estantería no sería el tipo que soy…” plas, plas, plas.

    Totalmente de acuerdo. Hoy por hoy el AB es algo más que un disco para toda una generación. Una obra de arte que nos cambió a muchos y por la que a día de hoy somos amantes de la música.

    Felicidades!!

  6. Jorge Luis García permalink*
    14/04/2012 12:56

    vicks y anónimo de las 10:20, os agradezco mucho vuestras felicitaciones y comentarios. Mi copia de “Achtung baby” también se conserva en perfecto estado pese a los muchos años transcurridos y la cantidad de veces que habrá sido insertada en un reproductor. La reciente edición super deluxe de 6 cds y 4 dvds me ha estado tentando durante algunos meses, pero no la he encontrado a un precio lo suficientemente decente para mi bolsillo, así que espero que mi edición me siga durando muchos años más. Un saludo.

  7. Diego permalink
    11/05/2012 17:51

    Excelente reseña. Me agrada como se contextualiza el álbum. Yo no tuve la oportunidad de muchos de ustedes de escucharlo el mismo día que salió, ya que yo nací un año después. Pero 18 años después de que se publicara me lo topé, gracias a que mi hermano me regaló el No Line On The Horizon, e hizo que me interesara por esta banda, asi que dos de los primeros discos que compré posteriormente fueron The Joshua Tree y Achtung Baby, sin saber que eran obras maestras, sin saber a lo que me estaba adentrando. Estos discos son obras maestras que ya no se hacen en la actualidad, y aunque ahora hay muchas bandas buenas, ya no hay discos de tan gran excelsitud. Excelente reseña, repito. Felicidades.

    • Jorge Luis García permalink*
      12/05/2012 0:08

      Diego, muchas gracias por tu comentario. A veces me pregunto si el apego que tengo por discos como “Achtung baby” o “The Joshua tree” se debe a que los descubrí a una edad temprana en la que uno es más impresionable y lo idealiza todo. Me reconforta descubrir que personas como tú, que aún no habían nacido en el año de su publicación, pueden maravillarse al escucharlos por primera vez tanto como lo hice yo en su momento. Ese es el peso de las obras maestras, y, efectivamente, hoy por hoy cuesta encontrar trabajos tan incontestables, pero, aún así, si buscas un poco ahí fuera terminas encontrando discos muy buenos y disfrutables que algún día podrían ser considerados “clásicos”. Un saludo.

  8. Anónimo permalink
    22/06/2012 1:47

    Muchas felicidades por el artículo, lo encontre de casualidad y me ha sorprendido gratamente saber que no soy el único al que esas tres últimas canciones le siguen emocionando. Sinceramente Acrobat es una de mis canciones preferidas, y una de las mejores de U2, y jamás he entendido que no sea muy apreciada, y que nunca la hayan tocado en directo (¿Será por ser demasiado difícil?). Un saludo. Por cierto deberías hacer opinión sobre No line on the horizon.

    • Jorge Luis García permalink*
      26/06/2012 0:22

      Muchas gracias Anónimo por tu comentario. No creo que seamos los únicos a los que la tríada final de “Achtung baby” les parece oro puro. A mí me gustaría que en directo U2 explorasen más su fondo de catálogo y no se limitaran a los greatest hits. Es cierto que en la última gira recuperaron “Ultraviolet”, “The unforgettable fire” o “Zooropa” pero me gustaría que profundizaran más esa línea. Lo que pasa es que son muy listos y saben perfectamente lo que quiere oír un estadio de 80.000 personas. EnEl Cadillac Negro seguro que volveremos a hablar de Bono y cía. Solo espero que más pronto que tarde nos den nos den motivos para hacerlo . Un saludo!

  9. 11/05/2017 15:23

    Piel de Gallina. Acabo de leer el articulo ahora mismo y parecia mi vida con este disco.

    Felicidades por el articulo!

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