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“Mismo sitio, distinto lugar”: recalibrando a Vetusta Morla

16/11/2017

Bien podría haber introducido Vetusta Morla su último disco, “Mismo sitio, distinto lugar”, con aquel “disculpad mi osadía” de su pretérito éxito “Valiente”. Y es que el grupo madrileño ha dado un pequeño salto mortal con su cuarto álbum de estudio, un pirueta con la que dar un paso al frente y salirse del encorsetamiento en el que se podía vislumbrar que podrían caer en un futuro cercano. Vetusta Morla lideró el que podría considerarse nuevo indie, y a estas alturas son ya casi unos veteranos en él, atreviéndome a atisbar cierto desdén hacia ellos por una parte de los más recientes seguidores de este movimiento (“hay tanto idiota ahí fuera”…). Pero Vetusta Morla siempre fueron más que eso, y lo han vuelto a demostrar. Ya con la vitola de ser uno de los grupos más importantes en habla hispana de todo el mundo, había llegado el momento de arriesgar sonoramente, si bien el riesgo y la independencia siempre fueron sus puntas de lanza en cuanto a la forma de gestionar su carrera (recordemos que sus primeros discos los lanzaron bajo su sello propio a pesar de tener numerosas ofertas, por lo que el que ahora se hayan aliado con Sony para la distribución a nivel mundial no es más que una herramienta para intentar hacerse más grandes, habiéndose ganado el no ser sospechosos de nada más).

Todo ese nuevo escenario que se han construido, ese nuevo rumbo en su carrera, ese replantearse su posición y la dirección que tomar, queda latente en “Mismo sitio, distinto lugar”, disco que me atrevo a colocar como únicamente el punto de salida de una nueva etapa. Y en ese punto de reinvención nunca está de más hacer acopio de lo logrado hasta el momento, de echar un último vistazo a lo que han sido, para así poder obrar la transformación desde dentro hacia fuera, partiendo del germen de lo que ha sido el grupo para plantearse nuevos retos sonoros. Por lo tanto, la tan cacareada revolución que se ha vendido de este álbum yo no la veo tan exagerada, ya que la esencia de Vetusta Morla sigue siendo reconocible en casi todos los cortes del disco, esta vez vestida con nuevos ropajes, pero hasta que no veamos cómo han quedado cuando se despojen (si lo hacen) de toda esa avalancha sónica, no podremos comprobar hasta qué punto ha llegado la transformación. Por ahora, lo que los nuevos temas presentan es, casi siempre, la estructura e intención de siempre pero con un esbelto y apabullante trabajo de producción detrás, adornando y engrandeciendo las canciones con abundante material electrónico, que es la parte que más ha podido epatar en sus seguidores (para bien o para mal, que hay de todo).

Que conceptualmente lo más interesante del disco es ese grito desvelando las intenciones presentes y futuras de la banda lo demuestran varios temas, pero destacan especialmente la transparencia que exhiben en el corte que abre el disco y en el que lo cierra. Así, “Deséame suerte” se presenta como la más reconocible canción de Vetusta Morla, casi como una sombra de aquella “Copenhage”, todavía sin los elementos novedosos que aparecerán más adelante. Su letra muestra a una banda casi cansada de sí misma, “sin cima que ascender”, buscando “las riendas de un nuevo corcel” y celebrando “haber llegado aquí sin un solo talismán”, es decir, sacando pecho de su camino y de su andar. Esa nueva llamada a agarrarse a un nuevo clavo queda también patente en la canción que cierra el álbum, compartiendo título, “Mismo sitio, distinto lugar”, admitiendo encontrarse “en la antesala del derrumbe total”. Si bien el primero de estos dos temas posee una melodía extraordinaria y musicalmente es de los más accesibles, con un toque de energía y rabia en algunos momentos, esta coda final es más templada e introspectiva, tenebrosa a veces, con más sutileza y riesgo en los detalles más destacados de la producción.

Temáticamente, Vetusta Morla continúan huyendo de las canciones de amor, y es que son muy pocas las composiciones a lo largo de su carrera que tocan más o menos directamente los temas del corazón. Sí hay temas de esperanza/desesperanza, de deseos, de frustraciones, de anhelos, pero en un plano más general de existencia. Y en este disco no hay demasiadas excepciones. Continuando con la línea guerrillera y de desencanto social que casi acaparó el anterior “La deriva”, aquí toman el relevo de ese compromiso títulos como “El discurso del rey”, “Consejo de sabios” o, con un tono irónico, “Palmeras en La Mancha”, mientras que la confrontación personal, los conflictos a ras de suelo, se plasman en “Guerra civil” y “Te lo digo a ti”, con “Punto sin retorno” como llamada a no mirar atrás llegado un determinado momento, pudiendo extrapolarse a casi cualquier circunstancia vital. Y es que lógicamente cada oído puede llevar estos mensajes a un territorio determinado, ya que además Vetusta nunca ha sido un grupo de letras transparentes, aunque en “La deriva” sí hubiera un mensaje más directo.

Más allá de la intención prosaica del disco, lo que más ha dado que hablar de él ha sido su evolución instrumental, el hecho de haberse acercado a la electrónica, haciendo un envidiable uso de ella aunque no dejando que todas las virguerías perpetradas en el estudio aplasten la personalidad de la banda. Como ya apunté más arriba, tampoco creo que se trate de toda una transformación estilística, sino más bien de una evolución, un nuevo paso en la carrera, en esta ocasión con más hechuras de zancada. Pero, repito, es de agradecer que el sonido del grupo siga siendo identificable y que estos elementos novedosos no pequen de impostura. Así, tras el inicio clásico de “Deséame suerte”, los primeros apuntes de innovación aparecen en “El discurso del rey”, especialmente en el tratamiento de las guitarras, que podrían trasladarnos a la época del “Achtung Baby” de U2 (compartiendo con aquel legendario disco además los estudios de grabación) y a apuntes originales en la sección rítmica. Sí es definitivamente más sorprendente la idea de “Palmeras en La Mancha”, insuflando una buena dosis de ironía y un desprejuiciado formato a la canción, salpicando en ella titulares de noticias casi a modo de collage. Como punta de lanza de esta innovación lanzaron “Te lo digo a ti”, posiblemente la que presenta una mutación más radical respecto a lo que había sido hasta ahora el sonido de Vetusta Morla. Me pareció una buena jugada, un golpe casi maestro, dar ese puñetazo en la mesa para tocar un poco en la moral de aquellos que ya renegaban del grupo por su condición de superestrellas (que lo son) y de casi vetustos (perdón por la licencia) de la escena independiente. Otros de los momentos musicales más espectaculares llegan en la parte final de “Guerra civil”, si bien aquí hay ciertas similitudes con el desarrollo ya mostrado, salvando muchas distancias, en “En el río”, y en “La vieja escuela”, donde los teclados le dan a la canción un color característico y a la que, de nuevo con sus correspondientes diferencias, la veo similitudes con Arcade Fire, más concretamente con los Arcade Fire de “Reflektor”, ese disco que va camino de convertirse en un título de culto y referencia para muchos trabajos actuales.

Pero aparte de todos estos torrentes sonoros que son los que más llaman la atención a primera escucha, todo el disco cuenta con una producción arriesgada y una instrumentación novedosa, a veces en un primer plano y otras como fondo, dando suaves pinceladas a la canción, ya sea mediante la ya comentada electrónica o con orquestación, instrumentos imposibles/curiosos o con el simple tratamiento de los coros, grabados en alguna ocasión al revés, lo que otorga un ambiente de inquietud y desasosiego. Merece la pena detenerse en una escucha del disco con los oídos bien abiertos, buscando recovecos, desoyendo incluso la letra y la melodía para centrarse en los innumerables detalles de producción que, si bien hacen perder la inmediatez de “Un día en el mundo” o el músculo de “La deriva”, le otorgan un plus en valentía y riqueza sonora, otorgando capas y capas de ornamentación a las canciones.

Con numerosas virtudes a lo largo de todo el trabajo, y con sus defectos también, personalmente me quedo cuatro canciones en las que se condensa todo lo bueno del disco, quizás lo mejor del disco, y todas seguidas: la inmensa “Consejo de sabios”, quizás la que tiene más papeletas de himno, con un gran desarrollo épico y una melodía emocionante; el coqueteo con el vals de “23 de junio”, en el que bucean en otras armonías y ojean más allá de la música anglosajona, como ya sucediera en “Maldita dulzura”; la vigorosa “Guerra civil”, con su potente final para dejar k.o. a la audiencia en los conciertos; y la electrizante “Te lo digo a ti”, con resonancias a lo León Benavente, que supone todo un puñetazo para los más agoreros.

Insistiendo en la premisa fundamental de estas líneas, Vetusta Morla no han roto todos sus moldes, más bien casi ninguno, pero sí que los han deformado lo suficiente como para confirmar una evolución. Y más allá de intenciones, no se debe pasar por alto el hecho de que estos tipos acumulan ya cuatro discazos a sus espaldas, con muy pocos resbalones y labrándose una carrera honesta, coherente y de altísimos vuelos, por lo que por supuesto a estas alturas se disculpa y se celebra su osadía. No solo es cuestión de suerte.

vetusta_morla

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3 comentarios leave one →
  1. Mr Mustard permalink
    16/11/2017 14:58

    Me ocurre algo curioso con Vetusta Morla: he escuchado su 4 discos, y hay bastantes cosas en los 4 que me gustan, pero no sé porqué no llegan a apasionarme, me dejan algo frío. Esto me ha pasado también con el nuevo album, que he escuchado varias veces esta semana: reconozco que la producción se merece 10/10, y algunas canciones (23 de junio, El discurso del rey, Palmeras en la Mancha..) son buenísimas, pero no sé, el conjunto me deja algo frío, una vez más. Tal vez tenga que ver con mi edad (tengo 46 años), pero lo dudo, ya que a personas mayores que yo como el diputado -y conocido melómano- Patxi López y Jorge Ilegal (líder de Ilegales, y la persona que más admiro en el rock patrio -por cierto, ¿para cuándo un especial en Cadillac Negro sobre el major grupo de rock que ha dado este país, Ilegales) les gustan mucho.

    No sé, es curioso lo que me pasa. Vetusta Morla es el típico grupo que desearía me gustasen mucho más, pero no sé qué ocurre, me dejan algo frío. Lo único que se me ocurre es que quizás percibo su música como algo frío, calculado, pero no sé por qué.

    Bueno, un saludo.

    • Sergio Almendros permalink*
      16/11/2017 19:53

      Bueno, tampoco hay que forzar gustos. Es cierto que Vetusta Morla son muy buenos y profesionales musicalmente, pero ello no creo que les quite emotividad (véase “Maldita dulzura”, o “Al respirar” o, en este disco, “Consejo de sabios”).
      Respecto a Ilegales, es cierto que es un grupo indispensable en el rock nacional y Jorge Ilegal un personaje como pocos. Tenemos una deuda con ellos.
      Un saludo.

  2. Mr Mustard permalink
    05/12/2017 15:38

    Mira por dónde… Han pasado ya varios días desde mi ultimo comentario y tu respuesta, Sergio, y ha cambiado la situación. Me explico: después de lo que yo llamo varias escuchas activas (es decir, escuchando el disco sin hacer nada más, sentado) el otro día me lo pongo de fondo mientras preparo la cena y empiezo a darme cuenta de que estoy coreando los estribillos, las estrofas, las melodías, es decir, me encanta… Es como si algo en mi cabeza al final hiciese clic y todo encajase…. Ahora te puedo decir que creo que es el mejor disco de Vetusta Morla con diferencia (las diez canciones son diez obras maestras, incluso Punto sin retorno y la que da título al album, que al principio se me atascaron algo)… Consejo de sabios, sobre todo, me pone los pelos de punto… Es en este momento mi canción favorita de este grupo, con diferencia.

    Tanto me ha gustado y sigue gustando este disco (discazo, lo reconozco) que he empezado a revisar de nuevo la discografía anterior de VM. No es que esos 3 discos anteriores me pareciesen malos, ese no ha sido nunca el caso, pero como decía en mi comentario anterior tampoco llegaron a engancharme del todo… Ahora que este último disco sí lo ha hecho, voy a darle una nueva oportunidad a los 3 anteriores.

    Gracias, Sergio.

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