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Todo vale en “True Blood”

28/08/2012

(ALERTA SPOILER: Revela detalles de la trama de la serie, hasta el último capítulo de la quinta temporada)

Han pasado solo cuatro años pero parece que “True Blood”, el artefacto creado por el showrunner Alan Ball para la todopoderosa HBO, lleva ya una eternidad en las pantallas televisivas. Cuatro años dan para mucho en Bon Temps y lo cierto es que han ocurrido tantas cosas en la serie que, finalizada su quinta temporada, apenas nos acordamos de lo que era en sus inicios. En  2008 “True blood” suponía una reformulación del mito vampírico en la que los chupasangres convivían más o menos integrados con los humanos gracias a una sustancia sintética que les liberaba de tener que asesinar para sobrevivir. La acción transcurría en un pequeño pueblo de Lousiana, entre pantanos, supersticiones sureñas y una inquietante galería de personajes con muchos esqueletos en el armario. Definirla como “una especie de Twin Peaks con vampiros” tal vez fuese desproporcionado, pero la serie poseía una atmósfera turbia, un apasionado romance entre especies distintas, una liviana lectura sobre la intolerancia y ciertas gotas de crítica social, un grotesco y negro sentido del humor, sangre y sexo a raudales y unos títulos de crédito espectaculares que ya son historia de la TV, vamos, en las antípodas de un producto como “Crepúsculo”.

Pero a partir de la segunda temporada “True blood” se fue transformando en otra cosa, se empeñó en caminar sobre la fina línea que separa lo genialoide de lo directamente ridículo sin miedo a caer hacia cualquiera de los dos lados; las especies sobrenaturales fueron proliferando hasta el punto que apenas quedaba nadie “normal” en Bon Temps y las tramas traspasaban con frecuencia la línea del absurdo hasta configurar un delirante y excesivo cóctel  que no conviene tomarse en serio pero que puede estallar sobre la pantalla en cualquier momento. La serie se ha ganado tantos adeptos como detractores, pero lo que es innegable es que funciona según sus propias reglas y al margen de cualquier convención televisiva. Y también es innegable que tiene un extraño poder adictivo, incluso aunque no se sea fan. Para mí “True blood” es como esos cigarros que uno se fuma en los tiempos muertos por inercia aunque en realidad no apetezcan. Te dices que lo vas a dejar pero al final siempre te fumas otro. Aunque te pases varios episodios llevándote las manos de la cabeza y jurando que esta temporada es la última, que de aquí no pasas, siempre terminas volviendo, porque siempre habrá una salvajada, una burrada,  un WTF!  o incluso una secuencia inusualmente preciosa y llena de sensibilidad que hace que merezca la pena.

Sin embargo , en su cuarta temporada la fórmula ya emitía síntomas de agotamiento y, por mucho que la traca final de “Save yourself” deje un buen sabor de boca, la quinta ha sido irregular y ha ofrecido mucho menos de lo que prometía en su primer capítulo, “Turn! Turn! Turn!”. Cabe reconocerles a los guionistas la valentía de aparcar el que, para bien o para mal, había sido el motor argumental de la serie, el triángulo amoroso entre Sookie Stackhouse, Bill Compton y Eric Northman, muy agotado tras el final de la season anterior. Pero una decisión así conlleva tres problemas: el primero, encontrar otra trama que pueda dar un relevo con garantías al que había sido “leit-motiv” principal de la serie hasta el momento; el segundo, comprobar cómo podrían subsistir estos personajes por sí solos una vez rotos los lazos que les unían; y el tercero, asegurarse de que las historias de los secundarios de Bomp Temps tengan la fuerza y el interés suficiente para arropar la trama principal. Al menos dos de esos tres problemas no se han resuelto satisfactoriamente.

Vayamos con lo más positivo de estos doce episodios. El argumento principal de la temporada ha girado en torno a la Autoridad, una especie de selecto concilio de los vampiros más poderosos del mundo, y la escisión que se produce en sus filas renegando de la pacífica coexistencia con los humanos para reivindicar el culto a la maligna diosa Lilith. La idea de una organización suprema muy por encima de la jerarquía de sheriffs y reyes vampiros que conocíamos, insinuada más o menos en anteriores temporadas, puede haber perdido el misterio que la rodeaba, pero las intrigas y traiciones que han salpicado esta trama, aún a pesar de haberse limitado a prácticamente un solo espacio, han sido lo más interesante de la temporada. Una pena que un personaje tan atractivo como el del Guardián, Roman Zimojic, durase tan poco. Y también ha sido aplaudible la decisión de sumergir a Bill, cada vez más alejado del vampiro atribulado y sensible de las primeras temporadas,  en una espiral de fanatismo religioso y ansia de poder (también apuntada ya en la 4ª temporada) en la que finalmente no ha habido la (temida) marcha atrás, como prueba la brillante escena final, en la que aparece transformado en el nuevo Lilith, dejándote con ganas de más cuando ya pensabas que habías tenido bastante.

Por supuesto, otro de los aciertos ha sido recuperar a Russell Edgington, el chupasangre más cabrón del reino –interpretado por Denis O’Hare como si estuviese siempre en una fiesta sin fin-, un tipo amoral, chiflado, histriónico y sanguinario que fácilmente se convierte en lo mejor de la función cada vez que sale en pantalla, en esta temporada muy bien escudado por el descacharrante Steve Newlin, ahora reconvertido en portavoz de la Liga Vampírica Americana. Ciertamente, el final de Russell ha sido desconcertante, pero ese es otro de los rasgos que convierten a “True Blood” en única. Cuando todo apuntaba a que el vampiro más viejo y peligroso del mundo iba a cometer una auténtica escabechina entre las hadas llega Eric por arte de birlibirloque y acaba con él en un santiamén. ¿Genialidad o timo? La eterna pregunta con esta serie.

Por otro lado, ha sido revelador comprobar que Sookie Stackhouse, sin Bill ni Eric cerca, apenas se sostiene como personaje. Sookie puede haber sido menos cargante de lo habitual pero a cambio ha perdido peso específico en la serie, hasta el punto de que de no haber aparecido este año apenas se hubiera notado su ausencia. Su historia sobre sus orígenes y sus idas y venidas al club de las hadas interesan muy poco, y solo la involucración en el asunto del todavía imprescindible Jason, uno de los pocos personajes de largo recorrido que siguen pareciendo frescos, logra salvar a duras penas esa trama. Eric funciona en solitario algo mejor que Sookie aunque peor que Bill. Definitivamente él tampoco es ya aquel secundario que a la altura de la tercera temporada hizo suya la serie, y mucho menos desde que en la cuarta le convirtieran en un adorable osito de peluche. La historia con su hermana Nora, paralela al conflicto principal, podía haber dado más de sí pero se sigue con cierto interés.

Lo que ya sí que es una losa demasiado pesada para “True blood” es una galería de secundarios que no da para más. Los indicios ya venían siendo preocupantes, pero esta temporada confirma que la serie necesita una renovación urgente en este aspecto porque da bastante lástima ver a personajes que en algún momento llegaron a ser cautivadores chapotear en el lodazal de tramas absurdas que no le importan a nadie. La reinona Lafayette, una vez resuelto su cutre encuentro con el abuelo brujo de Jesús, ha sido un mero elemento decorativo que ocasionalmente hace de médium y suelta algún “bitch” que otro por los viejos tiempos. El cambiaformas Sam Merlotte, tras la lamentable historia de su hermano Jason, no ha tenido mejor suerte en esta ocasión con la farragosa trama de los “Obamas enmascarados” y la posterior búsqueda de la hija de Luna, aunque al menos fue protagonista de una de las mejores escenas del año, aquella en la que convertido en mosca se mete dentro de uno de los cancilleres reventándole al retomar su forma humana. Pero la palma del despropósito se la lleva la inenarrable odisea de Terry Bellefleur con un fuego vengativo que viene pidiendo cuentas por antiguos sucesos ocurridos en Irak. Sencillamente infumable. Y muy cansino resulta seguir viendo a Alcide, el vigoroso hombre lobo cuyo único propósito en la serie parece ser lucir torso y músculos, en tramas terciarias más propias de telefilmes de serie Z. Al menos algunos de estos personajes reconvertidos en material de derribo (Lafayette, Arlene, Andy, Holly) tuvieron un momento de gloria al asistir como espectadores de excepción al desopilante parto del hada Morella en el último episodio.

En cambio, los guionistas se las ingeniaron para ofrecerle al sufrido Hoyt un emotivo final, en una de las secuencias más redondas de la temporada, aquella en la que Jessica le hipnotiza para que olvide toda su historia de amor y pueda seguir adelante con su vida. También nos temíamos lo peor con la conversión a vampiro de la casi siempre insoportable Tara, aunque al final se ha reducido a permanecer durante la mayor parte de la temporada  detrás de la barra del Fangtasia sirviendo bebidas sin molestar demasiado. Por su parte, la inimitable Pam tuvo su cuota de protagonismo en los primeros episodios, que exploraron más a fondo su relación con Eric, especialmente con un flashback en el que conocimos sus orígenes como hija de la noche, pero su presencia fue diluyéndose más de lo que nos habría gustado, limitándose a escupir de vez en cuando alguna de esas perlas estelares que tanto hacen disfrutar a sus fans.

Confirmada ya una sexta temporada, los responsables de la serie –atención, porque Ball se baja del barco y delega todo el poder en Mark Hudis, hasta ahora co-productor- tendrán que estrujarse los sesos para conseguir que la sugerente línea abierta en la última secuencia de la temporada no se quede en agua de borrajas y deberán encajarla con la historia que une a Sookie y el misterioso Warlow, aunque nada de eso será suficiente si las tramas paralelas mantienen un nivel tan paupérrimo como el de esta edición. Bueno, o tal vez dé todo igual, porque una de las máximas de “True blood” es que “todo vale” y más aún si la audiencia sigue dándole su respaldo (ojo, 6.3 millones de personas vieron la finale en EE.UU, récord de la tanda).

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14 comentarios leave one →
  1. JR Perico Palotes permalink
    28/08/2012 23:57

    Menudo análisis… suscribo todo lo que dices, incluso he encontrado en tus palabras cómo expresar algunas sensaciones que he vivido esta noche (acabo de terminar de ver el final de temporada).

    Pues eso, que esto es True Blood, y aunque en ocasiones algunas escenas provoquen un poco de vergüenza ajena, se le permite. Esto ya no tiene nada que ver con la serie cuando empezó, pero pienso ver la sexta.

    Saludos.

  2. Anónimo permalink
    29/08/2012 13:22

    Totalmente de acuerdo en todo lo que dices… De todas formas, en mi opinión, esta temporada ha estado mejor que la cuarta que para mi, fue infumable…

    Sin duda, en la sexta se la juegan :)

  3. Eduardo Ed permalink
    30/08/2012 13:10

    Te has olvidado del fantástico Chris Bauer, el sheriff Bellefleur

  4. Alanna DuPont permalink
    31/08/2012 19:22

    Vemos True Blood ya por costumbre, pero esta temporada no me ha gustado en absoluto. Después de ver la primera me lei todos los libros de Charlaine Harris, su autora y no entiendo como las tramas lógicas de los libros no se han seguido. Decepcionada.

  5. Jorge Luis García permalink*
    01/09/2012 14:12

    Muchas gracias, JR Perico Palotes, Anónimo, Eduardo Ed y Alanna DuPont, por vuestros comentarios. Yo no me he leído, ni pienso hacerlo, los libros de Charlaine Harris, pero intuyo que simplemente sirvieron como punto de partida para Alan Ball y luego llevó la serie por los derroteros que le dio la gana. El problema es que últimamente ha perdido pegada y no saben muy bien qué hacer con los personajes. El sheriff Bellefleur, precisamente, es un ejemplo de esto. Este personaje molaba pero sus tramas actuales ni suman ni restan. A ver por dónde le llevan ahora los cuatrillizos que le han caído encima. Y veremos también qué sucede ahora con Bill. Conociendo la serie, no me extrañaría que en el arranque de la sexta temporada se resbalase con la sangre, se pegase un golpe en la cabeza y se olvidase de repente de Lilith y todo el copón. Que no?

  6. Lamu permalink
    07/12/2012 8:56

    Como siempre, llego tarde, pero llego. Tal vez debería arrepentirme de mis pecados y morir después de lo q voy a decir, pero a mi me han gustado las dos últimas temporadas de True Blood. No tienen nada q ver con esa primera temporada (grandiosa) y se dejan arrastrar, algo miserablemente, por la riada Crepúsculo, pero ese tufillo Buffy 2.0 me ha llegado al corazón (snif).

    Habiendo concluido q seremos buenos y perdonaremos las idas de olla, estoy completamente de acuerdo con que el principal problema de la temporada es la cantidad de secundarios q pululan sin rumbo ni interés. Los guionistas se han metido en camisa de once varas sin ninguna necesidad, pero supongo que sabiendo lo que hacen, puesto que van a por otra temporada sin la amenaza de la no renovación que pende sobre casi todas las series…

    Dices que el personaje de Alcide no tiene sentido, pero intuyes su propósito: lucir torso. Pues eso, querido… Aún no te has dado cuenta de que es una serie de chicas? La tía más buena q ha aparecido x la serie fue la primera muerta, e incluso se han buscado una prota discretita, de la q todas pensamos “QUÉ VEN EN ELLA?”

    Para mi, lo más destacable de la temporada en lo que se refiere a los personajes es la conversión de Eric en el héroe de la serie. No, perdón: en el PUTO HÉROE de la serie. Aún estoy decidiendo si me parece bien o no…

    Término con una recomendación: en el Focoforo están haciendo una revisión colectiva de Buffy, cazavampiros desde el primer capítulo. Es una oportunidad para que los que no han visto la serie tengan apoyo moral para no abandonar el intento y lleguen a la chicha (allá por la mitad de la segunda temporada) de una de las pocas series de la historia que no sólo no decae con el tiempo, sino q mejora. Créanme, señores, merece la pena.

    • Jorge Luis García permalink*
      07/12/2012 22:08

      Bienvenida Lamu! Te aseguro que no estás sola en tu apego por las dos últimas temporadas porque “True Blood” tiene muchos fans que le perdonan e incluso jalean cualquier ida de olla que se les ocurra. Pero qué te voy a decir, si yo, que soy un poco crítico con la serie, he llegado hasta esta quinta temporada y probablemente siga en la sexta…
      En cuanto a tu suposición de que los guionistas saben lo que hacen con los secundarios, yo no estaría tan seguro. Más bien pienso que cuando les llega la noticia de la renovación por una temporada más se ponen a tragar saliva y a maldecir qué coño van hacer un año más con el lastre que arrastran. Respecto a tu revelación de que esta es una serie de chicas, te confieso que no era plenamente consciente de ello (aunque en el fondo de mi ser probablemente sabía que era así). De todas formas, a mí Jessica me pone, y Luna, Nora, Salome…
      Sobre Eric, no estoy tan seguro de que me guste ver a Eric como el héroe, bueno no, estoy seguro de que antes me gustaba más.
      Y te agradecemos tu recomendación sobre Buffy. Yo puedo decir que hubo un mes de julio que tenía las mañanas libres y a lo tonto empecé a verla día tras día mientras desayunaba y reconozco que algo sí me enganchó. Después me cambiaron el turno y me olvidé de ella. Fue un amor de verano. Ahora ya me veo muy mayor para retomar esa relación…
      Nos seguimos viendo por aquí, Lamu. Un beso!
      Por cierto, me encanta tu avatar.

  7. Fernanda permalink
    14/05/2013 23:56

    Que ya regrese esta serie el año se me ha hecho eterno después de ese final con un Bill convertido en Lilith y una Sookie amenazada por la llegada de un nuevo vampiro no puedo esperar por ver True Blood 6, lo bueno es que ya falta poco para el estreno.

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