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‘No’: la publicidad al poder

22/02/2013

No manifa

Todos esos numerosos admiradores de la multipremiada ‘Argo’, esos que tengan ‘mono’ de otro ‘thriller’ que les haga conocer una realidad histórica no demasiado sobada de manera muy entretenida no harían mal en  echar un vistazo a ‘No’, el filme del chileno Pablo Larraín que ha logrado colarse, por primera vez en la historia del país sudamericano, en las nominaciones al Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa. Seguramente se llevarán una agradable sorpresa.

No esperen niveles semejantes de tensión a los de la película de Ben Affleck, pero aunque en principio el filme parece querer vestirse de drama costumbrista, en su corazón late oculto un ‘thriller’ que poco a poco se irá desvelando como tal, apartando subtramas familiares que quedan pronto amputadas. La acción se sitúa en el Chile de 1988, cuando la dictadura de Augusto Pinochet, presionada por las instituciones internacionales, decide lavarse la cara convocando un plebiscito sobre la continuidad del régimen, que éste esperaba ganar sin problemas. De este modo, ven la luz dos campañas enfrentadas: la del ‘sí’, que propugna la continuidad de Pinochet, y la del ‘no’, cuya victoria provocaría automáticamente la convocatoria de unas elecciones democráticas.

René (un entonado Gael García Bernal) es un joven publicista de éxito que cargará, pese a sus iniciales reticencias, con el peso de la campaña del ‘no’. Dura tarea, puesto que René tendrá que partir de cero con un conjunto de fuerzas políticas tan variadas como disgregadas y sin experiencia en estas lides y, además, lograr destacar lo suficiente tanto con el logo y demás elementos de mercadotecnia como, especialmente, en los breves quince minutos diarios en televisión con los que cuenta la facción para promocionarse. Y hacer todo ello en secreto, ya que su propio jefe es el que lidera la campaña del ‘sí’, a lo que se unen unas circunstancias personales -está separado y tiene a su cargo a su hijo-  poco propicias.

No Gael escritorio

Es de este modo cómo echa a andar; enmarcada en un atractivo look ‘ochentero’ con sus monopatines, sus animosos anuncios de Coca Cola y sus consolas antediluvianas, una historia de superación con una típica estructura ‘in crescendo’ en la que vemos cómo, peldaño a peldaño desde unos desastrosos comienzos, la campaña va tomando forma con éxito mediante un ritmo sostenido y un desenfado notable que hace la peripecia realmente entretenida.

No es sin embargo ésta una película de evasión. Bajo ese ameno y casi demasiado feliz desarrollo se impone el verdadero tema central del filme: la dualidad pragmatismo/idealismo y la enorme dificultad de saber escoger entre lo mejor de ambas. De manera muy clara se expone en las disquisiciones entre los organizadores de la campaña del ‘no’, un heterogéneo grupo que no ve con buenos ojos el cariz positivo que René quiere imponer a su campaña, una campaña que solo tiene un objetivo: ganar. No cabe en esta concepción pues la justicia que supondría denunciar y dar a conocer a  los muchos desinformados ciudadanos chilenos las atrocidades cometidas por el régimen. La trágica verdad no despertará tanto las conciencias como un mensaje alegre que preconice un futuro ideal. Una visión, la de René, que es la que acabará llevándose a cabo. No es gratuito que un tema así sea desentrañado en una película sobre una transición política como tantas, cuya necesidad de salir triunfante deja no pocos ‘olvidos’ por el camino. Y de eso en España sabemos algo.

No guardias

Tampoco es baladí el enfrentamiento entre René y su jefe, las dos cabezas visibles de las respectivas campañas. Un tándem profesional perfecto en cuanto a lo de vender productos se refiere, pero a los que la ideología acaba enfrentando. Clásica historia de un mentor superado por un alumno aventajado, veremos que, pese al enconado cara a cara que mantienen, no deja de haber un cierto respeto mutuo y, sobre todo, en el caso de un ‘Lucho’ Guzmán (eficazmente interpretado por Alfredo Castro), que, pese a enterarse de la traición de su pupilo, no prescinde de sus servicios puesto que sabe que su agencia no puede dejar escapar a alguien tan prometedor como René. Con el dinero no se juega, parece pensar, ni aunque ambos estén en las antípodas políticas.

Proveedora de un mensaje tan actual como inquietante, según el cual el marketing mueve más conciencias que fórmulas políticas digamos más puristas, y seguramente abusando un tanto de él (ahí es nada explicar el inicio de la descomposición de un gobierno únicamente a través de una campaña de publicidad), ‘No’ echa de menos algún rasgo de genialidad, alguna secuencia inolvidable que la aúpe a un nivel superior, al de las grandes obras; pero, sin embargo, nos regala dos intensas horas de buen cine, de las que sales más feliz y más informado, conociendo un poco más de unos acontecimientos decisivos que explican buena parte de la política latinoamericana de nuestros tiempos. Una inversión bien rentabilizada, no cabe duda.

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2 comentarios leave one →
  1. 23/02/2013 21:04

    Soy chileno por lo que la película me toca directamente. La vi hace poco y me pareció en general muy bien lograda, excepto por el final. No lo voy a comentar para no arruinarle la experiencia a quien lee pero si diré que ahí se me cayó absolutamente todo.

    El rollo de época está bien logrado, me gustó muchísimo el que intercalaran imagenes del momento con imagenes actuales (muy bien logrado eso) pero el final… aaaaaag, gusto amargo.

    Saludos!
    http://politocine.blogspot.com

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