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Bruce Springsteen, el trueno que no cesa

23/06/2013

Bruce Springsteen Tour 2013

En El Cadillac Negro tenemos un aprecio especial por Bruce Springsteen, y no solo porque le admiremos profundamente como artista o porque el personaje se ajuste como un guante a la iconografía de nuestro blog, sino porque el post que hicimos sobre la crítica de “Wrecking ball”, en marzo de 2012, fue el primero con el que logramos una cantidad de visitas apreciable. Es cierto que por entonces solo llevábamos quince días en la carretera, pero a partir de ahí pasamos de ser frecuentados únicamente por parientes y amiguetes a recibir diariamente a cientos de desconocidos, algunos de los cuales espero que aún sigan con nosotros. La comunidad de seguidores del blog creció, por suerte, aún más con el paso del tiempo y nosotros volvimos a escribir sobre Springsteen con motivo del inicio de su gira por España (Diez canciones de Bruce Springsteen que sonarán en el “Wrecking Ball Tour”) y del histórico concierto que ofreció el 17 de julio en Madrid (Bruce Springsteen en el Bernabéu: 4 hour party people), con resultados tan fabulosos que no hemos querido perder la ocasión de volver a hablar del Boss, ahora que regresa a nuestro país para ofrecer un único show en Gijón (la expeditiva reducción de fechas con respecto a las cinco del año pasado se le puede achacar a la dichosa crisis, pero también a la exigencia de exclusividad del ayuntamiento de la ciudad asturiana).

Hace poco leía una entrevista en Jot Down a Loquillo en la que explicaba perfectamente por qué en 2013 Springsteen sigue siendo incuestionable sobre un escenario. Reproduzco aquí sus certeras palabras: “Springsteen es un monstruo, pero es un hombre que te gana con el físico, con el inapelable repertorio y con una fiereza en el escenario que te aplasta. La energía que desprende es única. Recuerdo la última vez que lo vi en San Sebastián, con 50.000 personas en el estadio, lloviendo a cántaros; no se iba nadie, y tuvo los santos cojones de tocar tres horas y media con el agua y el viento de frente (…). Springsteen consigue que hasta el tío más crítico tenga que callarse. Es inapelable y encima es la hostia. Siempre está en su mejor momento. Lo del tío este es muy fuerte, muy fuerte”. Poco habría que añadir a las palabras del Loco, pero de esa forma no tendríamos post, así que en las próximas líneas vamos a tratar de entender en cinco pasos o cinco claves por qué Springsteen siempre parece estar en su mejor momento y por qué el paso del tiempo no logra hacer ninguna mella en la entrega, la pasión y la intensidad que imprime a sus conciertos.

Bruce Springsteen en Wembley

HERMANOS DE SANGRE

Desde la famosa Reunion Tour de la E Street Band de 1999 Springsteen nos había acostumbrado a alternar sus discos y giras con la banda con proyectos más introspectivos como  “Devils & Dust” y la espartana tanda de conciertos en solitario con la que lo presentó, o como el episodio con la denominada Seeger Sessions Band revisando, tanto en estudio como en directo, el cancionero folk de Pete Seeger. Pero desde “Magic” (2007) Bruce no ha vuelto a presentarse ante grandes audiencias sin el respaldo de su mítico grupo de acompañamiento. Consciente de que los fallecimientos de Danny Federici y, sobre todo, Clarence Clemons podían ser fatales para la supervivencia de la banda, Springsteen no ha querido dejar de lado a sus “hermanos de sangre” y se ha empeñado en demostrar que la máquina sigue tan engrasada y compacta como en sus mejores tiempos. Los más puristas siempre dirán que la E Estreet Band nunca ha vuelto a sonar tan pletórica como en el periodo 1975-1981, y posiblemente tengan razón, pero la realidad es que el grupo está muy lejos de parecer una panda de viejas glorias en decadencia. La sección de vientos incorporada para la “Wrecking Ball Tour” le ha insuflado renovadas energías negroides, y Jake Clemons, el sobrino del “Big Man”, ha cubierto sin traumas y con solvencia la baja del miembro más icónico del grupo. Pocas bandas logran sobrevivir a algo así.  Además, el sentimiento de camaradería y hermandad permanece intacto y eso se nota sobre las tablas. Vean aquí abajo las impagables imágenes del concierto inaugural de la gira europea en Oslo en las que Steve Van Zandt se reincorporaba al combo, tras el rodaje de la serie de gangsters “Lylyhammer”, cantando “My kind of town” al más puro estilo Sinatra.

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DÍAS DE GLORIA

Bruce Springsteen podría limitarse a ofrecer shows de dos horas con los mismos grandes éxitos noche tras noche y probablemente seguiría siendo una experiencia irreprochable, pero esa posibilidad nunca ha entrado en sus planes. El de New Jersey busca y escarba en su extenso e impresionante cancionero, alternando con sabiduría sus clásicos más populares, temas no tan conocidos pero igualmente emblemáticos, canciones del último disco (de “Wrecking Ball” aún siguen cayendo cada noche al menos dos o tres), gemas olvidadas y temas que jamás hubieses esperado que volvieran a sonar en directo. Y en la gira de 2013, a diferencia del año pasado, el show apenas tiene ya una estructura fija ni temas permanentes. La intención es que cada recital cuente, que cada noche sea una aventura distinta. La expresión “cubrir el expediente” no figura en su diccionario. No hay conciertos de transición. Como novedad en esta manga está interpretando por primera vez en Europa hacia la mitad del show uno de sus discos clásicos íntegros y con su secuenciación original. Hasta el momento ha tocado sus tres obras más célebres, “Born to run”, “Darkness on the edge of town” y “Born in the U.S.A”, pero a la lista podría unirse en cualquier momento “The river”, la cuarta en discordia. Ojo, esto no pasa todas las noches, aunque cuando ocurre se puede disfrutar de instantes tan sugerentes e inusuales como la nocturnidad noir casi siempre postergada de “Meeting across the river”.

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LOS LAZOS QUE UNEN

Para Springsteen la conexión con su comunidad de fans y seguidores siempre ha sido muy importante. Sin ese espíritu de comunión absoluta con su audiencia y de retroalimentación constante sus conciertos multitudinarios no tendrían razón de ser. El Boss siempre mira de tú a tú a su público, una audiencia compuesta por todo tipo de edades y estatus sociales, haciéndole sentir que forma parte activa de un momento especial. No es de extrañar que desde la gira de “Working on a dream” haya instaurado la costumbre de recoger múltiples carteles de las primeras filas con peticiones tan variopintas como “Wages of sin”, “Save my love”,  “Lost in the flood”, “Seaside bar song” o incluso la reciente “Jack of all trades”. Bruce suele premiar el ingenio en este tipo de peticiones, así que esmérense si quiere que la suya destaque sobre el resto. En Herning (Dinamarca), una chica escribió “Tougher than the rest” en su barriga de embarazada, y en Munich un seguidor aseveraba en una pancarta que “daría mi testículo derecho por oír “Drift away””, el clásico de Dobbie Grey (si quieres verlo pincha en el vídeo de abajo). Y siempre me acordaré del desafío que le lanzó un espectador en Valladolid 2009: “You ain’t got the balls to play Great balls of fire”. Y vaya si las tuvo.

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ABIERTO TODA LA NOCHE

La duración de los conciertos de Springsteen ha cobrado tintes legendarios a lo largo de su historia. Gozosos maratones de rock’n’roll sudoroso y extenuante en los que parece establecerse un pacto entre artista y audiencia para darlo todo sin ningún tipo de reserva. Lo que para cualquier otro sería la excepción para este hombre se ha convertido en la regla, y el que asiste a un concierto suyo sabe que la experiencia se alargará inevitablemente hasta las tres horas o tres horas y media. Al menos esos son los tiempos en los que se está moviendo en la actual manga europea, lo que no implica que según avance la gira los shows se hagan más y más largos. Eso es lo que ocurrió en 2012 cuando estableció en el Bernabéu una plusmarca que parecía imbatible de 3 horas y 48 minutos…  para pulverizarla días después en Helsinki con 4 horas y 6 minutos. Lo que ya no es tan habitual es que un artista haga de telonero de sí mismo, y eso es lo que ha ocurrido en los conciertos de Padova, Nápoles y Oslo, recompensando a los fans más madrugadores con recitales acústicos en solitario que en algún caso ha llegado a la media hora y en los que ha interpretado “This hard land”, “Growin’ up”, “The promised land”, “All that heaven will allow” o la impresionante “The fever”, que os dejamos aquí abajo. Ya saben, si no quieren arriesgarse a perderse a Bruce en su versión más íntima y austera vayan pronto al estadio.

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MÁS DURO QUE EL RESTO

Reflexionaba mi compañero Rodrigo en su crítica del disco de retorno de Black Sabbath sobre el inminente e inevitable fin de una época, la de los grandes clásicos del rock, y se preguntaba con cierto desamparo a quién diablos irá a ver en concierto dentro de 20 años. Concluía con mucha gracia que para entonces probablemente sólo quede Bruce Springsteen, “que habrá enterrado ya a toda la E Street Band, pero seguirá rodeado de músicos jóvenes tocando conciertos rebajados para entonces a dos horas y media o tres horas”. Y la verdad es que no es difícil imaginarse a un Springsteen octogenario, guitarra en ristre o al piano, hipnotizando audiencias en recintos de menor escala con su sola presencia y una voz rota, curtida en mil batallas tras décadas de giras interminables.  Pero en 2013, a la muy respetable edad de 64 años, y por increíble que parezca, Bruce Springsteen todavía está más cerca del exuberante Elvis Presley previo al servicio militar que del crepuscular Johnny Cash de las “American Recordings”, aun teniendo un poco de ambos. Springsteen sigue siendo uno de los frontmen definitivos del rock’n’roll; aún interpreta con absoluta convicción y sin atisbo de impostura los papeles del rockero irredento cargado de intensidad vehemente y épica callejera, el de sobrio trovador de esencia folk que pone voz a los desfavorecidos y denuncia los desmanes de los poderosos, el de predicador en llamas al frente de un coro góspel y el de entertainer que destila euforia contagiosa al límite del histrionismo.  Todos sabemos que nada dura eternamente, ni siquiera un corazón hambriento, pero viéndole hoy encima de un escenario se hace muy difícil creer que llegará el día en el que no volveremos a correr por la carretera del trueno.

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7 comentarios leave one →
  1. 25/06/2013 0:04

    Enhorabuena por la grandísima reseña del incombustible Boss. Soy un gran admirador de Bruce y me ha encantado, está muy currada. Larga vida al Boss!

  2. Anónimo permalink
    25/06/2013 12:32

    Genial, me ha encantado tu reseña.

  3. Anónimo permalink
    27/06/2013 11:15

    Buenísimo post, tanto el contenido como videos, excelente

  4. Anónimo permalink
    30/06/2013 19:12

    Excelente crónica, Jorge

  5. Jorge Luis García permalink*
    02/07/2013 1:11

    Me alegro, Alberto y anónimos, de que os haya gustado el post. En todo caso, el mérito es casi exclusivo del Boss. Un saludo.

  6. Anónimo permalink
    01/07/2015 1:46

    El mejor. El que siempre sube el animo. 😉😉😉

Trackbacks

  1. ‘Nebraska’: Relojería suiza en el Medio Oeste americano | El Cadillac Negro

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