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“Reflektor” de Arcade Fire: art-rock en la pista de baile

29/10/2013

Arcade Fire_Reflektor cover

Que en la era de Spotify, las descargas instantáneas, las escuchas superficiales y los juicios apresurados nos encontremos con un disco que se resiste ferozmente a dejarse tomar las medidas a las primeras de cambio es todo un motivo de celebración, máxime cuando la banda que lo firma podría haberse conformado con entregar lo que se espera de ella y limitarse a satisfacer las demandas de su nutrida base de fans y de una industria que ya ha abrazado plenamente su propuesta. Hablamos, claro, de Arcade Fire, un grupo que desde el mismo arranque de aquel “Neighborhood # 1 (Tunnels)” con el que comenzaba el imprescindible “Funeral” (2004) nos lanzaba la promesa de estar ante algo especial, una explosión de sentimientos a flor de piel que destilaba euforia extática, pasión desbocada y toneladas de imaginación. “Neon Bible” (2007) renovaba esa promesa atiborrándola de grandilocuencia y barroquismo bien entendidos, y “The Suburbs” (2010) acertaba al rebajar un par de grados la intensidad para ampliar el espectro sonoro, lo que se tradujo en un superventas número uno tanto en EE.UU como en Reino Unido y un imprevisto Grammy al disco del año.

Tres años después, probablemente todos habríamos firmado una secuela estricta de “The Suburbs”, pero Arcade Fire, desde su atalaya de adalides de la sublimación de la épica rock con coartada indie, han optado por preguntarse hacia dónde era pertinente seguir creciendo y someterse a un ejercicio de búsqueda y exploración que pone a prueba su propia capacidad para reinventarse y la de sus seguidores para aceptar esa transformación. Con el recuerdo en el retrovisor de la mutación de Ziggy Stardust en The Thin White Duke, o de U2 talando el árbol de Joshua en “Achtung Baby”, la banda de Win Butler y Régine Chassagne propone en “Reflektor” una versión inédita de sí misma, usando nuevos colores en su paleta pictórica, inyectando sano hedonismo y riqueza poliédrica a un conjunto de canciones que busca el maridaje perfecto entre el art-rock y la pista de baile. La influencia de James Murphy, gurú de la modernidad al frente del sello DFA y de LCD Soundsystem, es palpable, sí, especialmente a la hora de transmitir a la banda su habilidad para robar de los mejores y hacerlo con clase, esquivando el pastiche a base de ironía, distanciamiento e inteligencia. Y todo ello conservando en el fondo la vehemencia emocional que siempre ha caracterizado a Arcade Fire.

La colisión entre el sonido tradicional de la banda y la exuberancia rítmica de Murphy ofrece sus mejores frutos en “Reflektor”, la canción, progresión natural de aquel “Sprawl II (mountains beyond mountains)” que (casi) cerraba “The Suburbs”. Se trata de un pepinazo ultra cool que invita al baile turbio y en el que no dejan de suceder cosas durante sus siete minutos y medio. Percusiones hipnóticas, bajos gordos, sintetizadores, guitarras, piano, vientos y cuerdas van sumando capas y texturas en un aquelarre in crescendo al que no duda en sumarse el viejo brujo Bowie, perfectamente consciente de que ésta es LA canción de 2013. Un espíritu similar alimenta “We exist”, que transporta con su groove disco y su sugerente melodía a los 80’s más elegantes y estilosos, aferrada a una línea de bajo atómica que, como ya han apuntado muchos, remite al “Billie Jean” de Michael Jackson, pero más aún al “Black is black” de los Bravos.

Desde “Funeral” la brisa caribeña ha tenido su hueco en el catálogo musical de los canadienses (recuérdese la cálida “Haiti”), aunque nunca hasta ahora habían explorado tanto en las raíces haitianas de Chassagne. De hecho, el dub maníaco de “Flashbulb eyes”, con sus ritmos sincopados, su obsesivo riff de guitarra y sus efluvios de chatarra electrónica, pillará con el paso cambiado a más de uno, y los aires antillanos se prolongan en la sorprendente “Here comes the night time”, un tema en el que Arcade Fire recuperan su afición por quebrar estructuras, aunque de una forma muy distinta a la de “Wake up” o “Crown of love”. Aquí un impetuoso estallido de batucada carnavalesca es la puerta de entrada y de salida a una hipnótica y relajada pieza de sabor tropical, muy al estilo de Vampire Weekend y demás colonialistas de la world music, conducida por un opulento sintetizador y un bajo bombástico.

“Reflektor” se adentra después por senderos más inmediatos y reconocibles de la mano de “Normal Person”, un mordisco de indie-rock sucio y airado que comienza deslavazado y morcillón pero que se empalma violentamente en un estribillo febril y ferozmente intenso. Le siguen “You already know”, una especie de rockabilly pegadizo y juguetón pasado por el filtro de la new wave, que podría pasar por su propio “Crazy Little thing called love”, y la gloriosa “Joan of Arc”, que empieza como un disparo de hardcore melódico tipo Hüsker Du, continúa como si Blondie copulase a ritmo de Gary Glitter con los Pixies mirando por la cerradura en el estribillo, y termina escabulléndose por el desagüe del post-rock mientras la batería se deforma a golpes de martillo pilón.

Tras una primera parte vibrante y efervescente, en la que el sonido supura espontaneidad y viveza a pesar de su cuidada producción, se abre un segundo bloque de atmósfera más ingrávida, con temas en general menos inmediatos y texturas más experimentales. Así, el CD 2 (porque, aunque en la época digital los formatos han perdido su razón de ser, esto es un CD doble) se abre con la calma de “Here comes the night time II”, que suena exactamente a Neil Young entre cuerdas eclesiásticas y sintetizadores vintage orbitando sin rumbo como los astronautas de “Gravity”.  En la compleja “Awful sound (Oh Eurydice)” conviven ideas tan distintas en tono e intención que es milagroso que el resultado sea tan sugestivo. Un polirritmo tribal introduce una melodía misteriosa marca de la casa, mecida por un bajo muy marcado y unas cuerdas dramáticas, pero sigilosamente, casi sin darnos cuenta, el tema se enreda en teclados celestiales y extrañas ráfagas orquestales hasta mutar en una  balada de soft-rock setentero de estribillo tan dulce como pegajoso y desembocar en un final comunal a lo “Hey Jude”.

“It’s never over (Oh Orpheus)” se construye sobre un sólido armazón sintético de trama funk deudora de Bowie y Peter Gabriel (no es casual que hace poco hayan versionado su “Games without frontiers”) y un riff de guitarra subyugante, mientras Butler y Chassagne superponen voces y melodías con magnetismo y distinción. De hecho, aunque en “Reflektor” Régine no asume el protagonismo absoluto en ningún corte, su aportación en armonías, contrapuntos y detalles supera a la de entregas precedentes. En la oscura “Porno” se alejan totalmente de sus coordenadas estilísticas para apostar con descaro por recuperar el legado de los pioneros del synth-pop ochentero. Aquí se percibe con claridad la huella de Soft Cell, Gary Numan o los Depeche Mode más introspectivos en los sintes, cajas de ritmos y progresión melódica (hasta Butler parece impostar su voz para asemejarse a la de Dave Gahan). En la recta final del plástico reaparecen los Arcade Fire más característicos con la irresistible “Afterlife”, un himno euforizante en el que la llamada a la épica colectiva se da la mano con el pulso dance de New Order, mientras que “Supersymmetry” echa el cierre con una plácida melodía a dos voces arrullada por bongos y sintetizadores que se disparan hacia el cielo en un suave y contenido crescendo antes de desaparecer por completo en una nube de ruiditos ambientales cuya duración no está muy justificada.

Conceptualmente no hay aquí un hilo conductor tan sólido como en “Funeral” –la muerte vista desde el prisma de la adolescencia-, o “The Suburbs” –viñetas de la inocencia perdida en la periferia de la ciudad-, aunque bajo la revisión posmoderna del mito griego de Orfeo y su amada Euridice perviven la búsqueda espiritual y las obsesiones recurrentes en la discografía de la banda (amor, Dios, cielo e infierno, individuo y comunidad etc.). Después de todo, Arcade Fire siguen siendo ellos mismos en “Reflektor”, pero han sabido dar un decidido y valiente paso al frente en una trayectoria que definitivamente se confirma como de largo recorrido y de referencia ineludible en el rock del siglo XXI. En un hipotético Top de la banda, este nuevo disco quizás no llegue a la altura de “Funeral” pero, a falta de la perspectiva que otorgue el paso del tiempo, sí parece en condiciones de medirse y batirse en duelo con los otros dos. Pero lo más decisivo de “Reflektor”, más allá de si puede ser o no una obra maestra,  es que, al igual que ocurría con “Station to Station”, “Achtung Baby” o “Kid A”,  se atreve a romper la baraja y a proponer nuevas reglas de juego. Y a partir de ahí ya todo es posible.

Arcade-Fire-Reflektor-symbols

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8 comentarios leave one →
  1. 29/10/2013 14:14

    Enhorabuena por la reseña, comparto muchos puntos de vista. El sonido de este cuarto disco ha cambiado, en efecto, sin embargo no creo que les haya pasado mucha factura. Como bien dices, en el fondo siguen sonando a ellos mismos. Te invito a echar una ojeada a la reseña de mi página.

    Saludos!

  2. 29/10/2013 16:31

    La intro de Porno es genial,recuerda a los 80,al Prince de “1999” o los Depeche de “Black Celebration”.De momento me quedo claramente con el CD2,sobretodo por Afterlife.
    ¿Soy el único en el mundo que odia el tema Reflektor?de verdad que no le veo nada…

    • Nuria permalink
      29/10/2013 22:30

      Yo diria que Bowie sale en una parte de la canción…Reflektor para mi es un temazo impensable en estos tiempos … Que parece de los 80 ? Si, y?? Hasta me recuerda a Talk Talk…

  3. 30/10/2013 10:43

    Echarle “”””””””” y cambiar es algo de admirar y si en la primera escucha encontré canciones muy buenas según lo escucho mas veces me está encantando.Por cierto mucha de la gente que criticó Achtung Baby de u2 en las primeras escuchas hoy lo pone en un pedestal al igual que Kid A de Radiohead.Mucha calidad Arcade Fire incluso las malas criticas les van a venir bien.

  4. 31/10/2013 19:24

    Pues,con muchas mas escuchas ya del disco,tengo que decir que la decepcion es mayuscula.
    El peor disco de la discografía de los canadienses con muchisima diferencia.Solo me gusta una canción,e incluso me da pereza escucharlo otra vez.Si me llegan a decir que me pasaría esto con un disco de los Arcade Fire no me lo creo.Batacazo histórico!.

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