Skip to content
Anuncios

“House of Cards”: yes, WE can

08/04/2016

HoC_portada

(ALERTA SPOILER: Aquí no te contaremos el final de los pactos que los distintos partidos políticos están intentando para alcanzar a gobernar el país. Pero sí abriremos en canal la cuarta temporada de “House of Cards” hasta su último e impactante episodio. Si no la has visto aún, date prisa… nuevas elecciones se acercan)

A pesar de las enormes series que Netflix tiene en cartel, a las que este año se han unido “Jessica Jones” y la continuación de “Daredevil” (convertida en un inmediato referente televisivo a los planes cinematográficos de Marvel); es “House of Cards” la que sigue demostrando año tras año el enorme poder de difusión que esta empresa ha alcanzado. El pasado 4 de marzo, tras 53 semanas de larga espera, las conexiones a internet de medio planeta volvían a echar humo con el estreno de la cuarta temporada de “House of Cards”. En esta ocasión, con tres tramas principales que marcarán el devenir de los acontecimientos de esta nueva entrega: el intento de asesinato de Frank Underwood (Kevin Spacey), la campaña de Claire Underwood (Robin Wright) por conseguir la vicepresidencia y la carrera por las elecciones generales.

Una vez más, ha sido imposible resistirnos a ser testigos de la ineludible ascensión del mal. Ese ilimitado matrimonio Underwood, rebosante de ambición, demostrando una y otra vez sus dotes para el chantaje, la humillación, la maldad desmedida. Cualidades todas ellas perfectas a la hora de cautivar nuestra atención. Nuevamente, nos declaramos culpables de disfrutar viéndoles manipular, negociar, ultrajar, planificar… en definitiva, ganar. A pesar de su pérfida naturaleza, como espectadores, deseamos que los Underwood alcancen sus objetivos. Disfrutamos de sus manipulaciones aunque, en esta ocasión, también nosotros seamos víctimas de ellas. Tras una tercera temporada que analizábamos aquí y que quizás supuso un pequeño paso atrás en el resultado global; esta cuarta entrega viene para dar al público lo que quiere. Sus responsables oyeron las críticas y dieron el golpe de timón necesario para devolver al show el impacto de las primeras temporadas, demostrando igualmente que no es necesario seguir empujando gente a las vías del tren para aterrorizar al espectador. Basta con aproximarse a los acontecimientos que marcan nuestra más inmediata realidad y mostrar de la manera más cruda y directa los horrores que ya vivimos. 

Underwoods_confrontados

Sin ninguna duda, “House of Cards” alcanza este año su mejor nivel desde su estreno en el año 2013. El principal reclamo de la serie, paradójicamente, ha sido también su punto más débil: la superación sólo llegaba cada vez que Francis Underwood aumentaba su grado de perversidad; aunque eso sí, hasta ahora, la forma de aumentarlo ha sido brillante. “House of Cards” siempre había sido un festín para tiburones, un drama político de crueles y despiadados personajes, que eran inmisericordes los unos con los otros. Pero el mérito de esta nueva temporada es que compagina esa crueldad, con la exploración de nuevos frentes que aportan un mayor dinamismo a la saga. Frentes que abren los horizontes de la serie como nunca antes, aportando además una estructura (de la que hasta ahora estaba desprovista) al conjunto de la historia. La cuarta temporada ayuda a clarificar la serie como un todo y, al mismo tiempo, provee de una gran cantidad de sorpresas y horrores.

Se nos antojaba difícil de imaginar que el principio del fin de los Underwood tuviera como base la tercera temporada; ya que, sin querer desmerecerla, esta no tenía la fuerza y tensión de sus dos predecesoras. Quizás su problema fue tratar de acomodarse y trazar una línea continuista a las dos temporadas de la versión original inglesa. Mientras la anterior temporada pretendía enterrar todos los pecados de los Underwood, la actual entrega los recupera nuevamente para crear una conexión con el pasado, en vez de limitarse a que la trama avance de forma secuencial temporada tras temporada. Este año no sólo se corrige el rumbo, sino que además se centra el foco de todas las tramas políticas en lo mejor de la serie: los Underwood. Todo ello, sin perder de vista al resto de personajes, a los que aportarán una mejor construcción, mayor profundidad y presencia. No sólo incorpora a nuevos y brillantes personajes (destacando este año Ellen Burstyn como la madre de Claire y Neve Campbell como una brillante consejera política al servicio también de la Primera Dama; algo así como la ‘Stamper de Claire’), también presume de memoria histórica al viajar de regreso a sus orígenes en la primera temporada.

HoC_Party

Estas serán las primeras elecciones que Francis Underwood deberá ganar por sí mismo (recordemos que heredó el puesto siendo vicepresidente cuando Garrett Walker renunció a la presidencia… debido a las artimañas que el propio Underwood orquestó a su alrededor). La historia comienza pocas semanas después de la precipitada ruptura en el matrimonio Underwood que vimos en los instantes finales de la anterior temporada. Frank quiere que Claire vuelva a su lado; pero ella no está dispuesta a volver a su lado como Primera Dama. Claire quiere estar a su mismo nivel, tener tanto poder como él.

En general, toda la temporada se sitúa durante la campaña electoral del 2016; aunque algunos acontecimientos secundarios correrán en paralelo y abrirán arcos narrativos que nos alejarán temporalmente del fragor de dicha campaña. Huelga decir que la carrera electoral se verá enormemente influenciada por los conflictos que se generen en el matrimonio Underwood y por la llegada del gobernador republicano Will Conway (Joel Kinnaman) y su británica esposa Hannah (Dominique McElligott), que optarán a ser sus principales adversarios (aunque en “House of Cards”, tarde o temprano, siempre se acaba usando un término más acertado: enemigos).

La mayor tensión en el matrimonio se construye durante los primeros tres episodios, con los Underwood en estado de guerra el uno contra el otro, sobrepasando todos los límites y líneas rojas que la pareja pudiera tener marcadas entre ellos. Comparativamente, los Underwood convierten a Michael Douglas y Kathleen Turner (“La guerra de los Rose“) en simples aficionados a la hora de resolver sus desavenencias matrimoniales. Y no es que Claire no quiera el título de Primera Dama, es simplemente que está harta de no estar a la misma altura que su marido. Tras todo lo que ella ha hecho por Frank a lo largo de los años, comprueba que no ha recibido la misma recompensa que él. Ha llegado el momento de demostrar a Francis todo el poder que ella tiene.

De una forma u otra, en sus manos ha residido siempre el destino de su relación con Frank y de la carrera política de este. Ya hemos visto en pasadas ocasiones como, cada vez que Frank impedía a Claire ocupar un puesto de igual importancia que el suyo, su relación se veía afectada en igual medida. Pero esa situación se acabó. En una temporada claramente protagonizada por Robin Wright (actriz, productora…y este año también como directora de cuatro magníficos episodios), seremos testigos de la complicada relación de Claire con su madre, de su decidida voluntad para no volver jamás a una relación en la que ella no esté al mismo nivel que su marido e iniciando nuevamente una relación fuera del matrimonio. En definitiva, luchará por ser feliz en todos los aspectos. Por las buenas o por las malas, Claire convencerá a Frank de los beneficios que tendría una campaña Underwood & Underwood en su carrera por la presidencia… aunque para cualquier espectador esa jugada es, desde hace mucho tiempo, una apuesta segura.

HoC_Claire

Y será en Texas donde Claire dará el pistoletazo de salida a su carrera política hacia la Casa Blanca. Para ello, antes deberá interceder en los planes de sucesión de la congresista Doris Jones (sensacional Cicely Tyson) y su hija Celia. Sintiéndose atada de pies y manos en su relación con Frank, comprobaremos la crueldad con la que Claire pretende hacerse con el cargo de Doris; intentando usurpar la posición de Celia e interponiéndose en esa herencia natural que Doris había ido cuidado en los últimos años, impidiendo que Celia recoja el testigo de su madre de forma directa. La tensión que se genera entre Claire y Celia Jones, quien durante 10 años se ha estado preparando duramente para ocupar el puesto de su madre en la comunidad, permite a la serie explorar la tensión racial aún presente en la sociedad americana actual. Tensión que aumentará cuando el pasado del padre de Frank tome un indeseado protagonismo en la campaña electoral. A pocas horas de las votaciones, aparece en una valla publicitaria una foto de Calvin Underwood rodeado de miembros del Ku Klux Klan. Cualquier aspiración que Underwood tuviera de ganar en su estado natal, se acababa de desvanecer.

Aquella foto, que celosamente guardaba Francis en una caja de seguridad, representaba la voluntad de los Underwood para hacer lo que fuera necesario por sobrevivir. Cuando el agente Meechum recupera dicha caja y Frank comprueba que, en su interior, la foto está acompañada de unos pendientes que había prestado a Claire días atrás, el telón cae y Frank (que luchaba por no hacer caso de lo que su instinto le dictaba) comprueba que sus temores eran ciertos. Se aprecia perfectamente como Claire se relame de gusto en el momento que Frank abre la caja fuerte y descubre que comparte techo y cama con su peor enemigo. La ira se desata en la pareja y una lucha despiadada comienza.

HoC_earrings

En paralelo a esta lucha de poder, comprobaremos los primeros efectos del conflicto internacional que se libra. Con Rusia reduciendo la producción de petroleo, en los EE.UU. se empieza a limitar la distribución de carburante, generando largas colas en las estaciones de servicio, mientras el precio sigue aumentando y el malestar de la sociedad hacia su presidente crece. También empezamos a darnos cuenta de que Lucas Goodwin (el antiguo editor del Washington Herald) también tendrá una notable importancia este año; no en vano empezábamos (de forma sorprendente) la temporada con él. Tras abandonar la prisión donde estaba recluido por ciberterrorismo, permanecerá oculto gracias al programa de protección de testigos; aunque lo mejor que la nación puede conseguirle por los riesgos que ha corrido en la cárcel es un cuchitril en el quinto pino de Ohio y un trabajo limpiando coches de renting. A pesar de esta penosa situación y aciago futuro, Lucas decidirá el destino de muchas de las principales piezas de este tablero de ajedrez; ya que involucrará a Tom Hammerschmidt (ante la negativa de su otrora compañera Janine Szgorsky) para que recupere la investigación sobre el asesinato de Zoe Barnes y las oscuras maniobras del matrimonio Underwood en su ascenso hasta el Despacho Oval. También intentará convencer (mediante una reunión secreta que significará su principio del fin) a la candidata demócrata Heather Dunbar (Elizabeth Marvel) para que apoye la investigación y la utilice durante la campaña; pero la negativa de la candidata desembocará en un acto de desesperación de Lucas para acabar con la ascensión de Frank Underwood: asesinarle.

HoC_Meechum_hand

Aprovechando una manifestación anti-Underwood, Lucas (que muere en el intento de magnicidio) hiere de gravedad al presidente y acaba con la vida del agente del servicio secreto Edward Meechum (interpretado por Nathan Darrow, Mr. Freeze en la serie “Gotham“). Dentro de su ostracismo y seriedad, Meechum era quizás uno de los personajes más queridos por los espectadores y por los Underwood… hasta la llegada de Tom Yates. Edward comparte una emotiva escena con Francis Underwood por los pasillos de la Casa Blanca, en la que el presidente acaba sustituyendo un cuadro colgado en una de las paredes, por la silueta de la mano de Meechum, cuyo trazo dibuja el propio presidente de los Estados Unidos. Su muerte en el atentado contra Frank supone una gran pérdida para los Underwood. Edward era probablemente la única persona que les conocía realmente. Ellos le habían admitido como alguien más; no sólo de la familia, sino del matrimonio (la escena en la que Frank le pide a Meechum que le haga compañía mientras repasa en el dormitorio algunos discursos, rebosa tensión sexual por los cuatro costados). Puede que Doug Stamper cuide permanentemente de Frank, al igual que Claire en los buenos tiempos; pero el único que entrega su vida por él es Meechum. Ningún otro habría aceptado esa bala y eso es algo que Frank le reconoce de forma póstuma. Sin embargo, es Yates y su intelecto el que, ya en la tercera temporada, empieza a ocupar dentro del matrimonio Underwood un puesto que, por lealtad, le pertenecía a Meechum.

Hoc_three

Además, la recuperación de Tom Yates este año se nos antojaba un poco forzada al principio de la presente temporada. La pretensión de los Conway de apoyar la publicación de la biografía de los Underwood, que el escritor había desarrollado durante la temporada anterior y el posterior fichaje de Yates por parte de los Underwood para anular dicha maniobra, era algo dudosa. Faltaba por demostrar que Yates pudiera realmente afrontar esa labor de redactor principal de los discursos del matrimonio. Sin embargo, su brillante escritura ha sido esencial para el desarrollo de toda la temporada. El discurso de Claire a la hora de aceptar la nominación del cargo de vicepresidenta (en el que no duda de hacer un uso político del fallecimiento de su madre y de su crisis matrimonial) disfraza un objetivo vital para Claire, como es el llegar a ser vicepresidenta, en un acto de sometimiento a la ‘voluntad del electorado’. Y de igual forma pasa con el discurso de Frank a la nación, anunciando el final de las negociaciones con el enemigo, el corte en todas las comunicaciones con los extremistas y avisando de las más que probables consecuencias en forma de atentados y bajas de inocentes civiles, declarando que el país entra en guerra. Con estos dos discursos, Tom Yates se vuelve a ganar toda la confianza del matrimonio, que le acoge bajo su protector regazo.

Ya sabíamos que los Underwood gozaban de una relación más que abierta, así que el hecho de que Claire empezara a sentirse atraída por Tom tras los días de convivencia con su madre y el posterior apoyo que este realiza durante la muerte de la anciana, no supone impedimento para que Frank le abra las puertas de su hogar a Tom Yates. El silencioso petit déjeuner a troi después de la primera noche que el amante pasa en la Casa Blanca es la consolidación definitiva del trabajo que, en todos los sentidos, Tom Yates ha realizado esta temporada.

HoC_Zoe

Tras el atentado de Lucas, empieza todo un reto para la temporada, mantener alejado de la acción durante dos episodios a su personaje central, teniendo apenas presencia física en los episodios cinco y seis al estar bajo un coma inducido. En este punto, la actual temporada de “House of Cards” añade un elemento novedoso: el surrealismo de las alucinaciones que Frank sufre durante su estado comatoso, tras el intento de asesinato. Durante este viaje alucinante por la mente de Francis, contemplamos las pesadillas que, desde el primer capítulo del 2016, pueblan su subconsciente. Pesadillas protagonizadas por aquella gente a la que Frank asesinó directa o indirectamente. Zoe y Peter (Kate Mara y Corey Stoll) realizan un pequeño cameo para regresar de la muerte y atormentar el coma inducido de Underwood, protagonizando una incómoda escena que mucho nos recuerda a aquella otra protagonizada por Claire, Frank y Meechum en la segunda temporada; sólo que ahora son Barnes y Russo los que invitan a Frank a jugar. Ver a Zoe vestida como Claire es, sin lugar a dudas, uno de los momentos más perturbadores de la temporada.

Poner a Frank Underwood a un paso del otro mundo (del infierno, sin duda alguna) acaba siendo un valiente giro argumental pues, para empezar, sucede en el primer tercio de temporada (cuando cualquier otra serie lo habría utilizado como sorprendente final de temporada), sirviendo además como nexo de unión con los hecho más relevantes del pasado reciente de Frank, resucitando de nuevo (nunca mejor dicho) una de las principales tramas originales (la posibilidad de que una investigación periodística hunda definitivamente a Frank) sin tener que hacer uso del alcanfor para quitar el olor a rancio y, por último, provocando que la batalla matrimonial alcance un punto de inflexión. En definitiva, una puerta al pasado que sirva para explicar el presente y definir el futuro de la serie… todo ello con un simple ¡bang!.

Mientras Frank está luchando por su vida, Claire se inmiscuye en pleno conflicto internacional para intentar resolver la crisis energética actual, llegando a negociar a solas con Víctor Petrov, menospreciando al mismo tiempo la responsabilidad que le correspondía a Catherine Durant como Secretaria de Estado. Durante estas negociaciones recuperaremos también al multimillonario Raymond Tusk, quien ayudará a llegar a un acuerdo con China que, indirectamente, presionará a Rusia para aumentar la producción de petroleo. Neutralizada la actividad de la secretaria de estado, el presidente en funciones (el vicepresidente Donald Blythe) tendrá un papel casi de mero espectador mientras se mueve bajo los precisos hilos de Claire, quien no perderá la oportunidad de jugar sus cartas mientras Frank está fuera de juego, llegando a ser una parte vital en el tratado con Rusia y China que le dejará libre el camino para ganarse la nominación al puesto de vicepresidenta.

HoC_drop

Una vez Frank recupera la consciencia, el statu quo vuelve a la pareja. El matrimonio se reformula con diferentes términos y los adversarios recuperan su condición de aliados para consolidar sus objetivos comunes. Tras el coma, el matrimonio Underwood pasa a ser el equipo Underwood. La segunda mitad de la temporada irá gradualmente uniendo de nuevo a la pareja hasta encarar juntos el proceso de primarias del partido demócrata a las elecciones presidenciales, esta vez con Claire ganando el puesto para optar a vicepresidenta de la mano de su marido, el presidente de los Estados Unidos.

Hartos de comprobar que no todos somos iguales ante la ley (para tranquilidad de cierta Familia Real), “House of Cards” nos muestra una vez más a la justicia comportándose como una serpiente, mordiendo sólo a los que van descalzos. Para ello, Doug Stamper (Michael Kelly) no dudará ni un segundo en cambiar el orden de la lista de espera nacional de receptores de donaciones de órganos, para que Frank sea el primero en recibir un hígado. Una decisión que le perseguirá hasta el final de la temporada y que vuelve a demostrar la enfermiza fidelidad que Doug siempre ha mostrado hacia Frank.

Durante la tercera temporada, Stamper gozó de un enorme protagonismo, llegando casi a monopolizar con su rehabilitación el primer episodio. Durante aquella temporada, supimos que no hay nada que Stamper no pueda controlar mediante amenazas, extorsiones o con algo tan simple como una pala… sin embargo, en la cuarta temporada, comprobamos que sí hay algo que Doug es incapaz de controlar: a sí mismo. La actuación de Michael Kelly es brillante cuanto más desatado se encuentra Stamper. Así, la obsesión que empieza a mostrar por la viuda del hombre al que realmente le correspondía recibir el hígado que Underwood necesitaba, promete alcanzar niveles similares a los que ya tuvo con Rachel Posner en el pasado.

HoC_Conway

Con la plena recuperación de Frank, los episodios se vuelven un huracán alimentado por la campaña presidencial. La temporada se atreve además a tocar temas tan controvertidos como el control de armas (resulta irónico y terrorífico que, aquellos que trabajan por concienciar a una nación sobre la necesidad y beneficios de un control de armas que lleve a la población a una situación más segura, sean los que al mismo tiempo planean destruirla), la actividad terrorista de ICO (el ISIS de nuestra actualidad), el poder de la Agencia de Seguridad Nacional para inmiscuirse en nuestras vidas, la capacidad de los motores de busqueda en internet para encauzar y manipular las opiniones del país y los primeros envites del gobernador republicano Will Conway, a quien su insaciable narcisismo (gracias a su perfecta familia, goza de una imagen pública excelente y una exitosa sobreexposición en las redes sociales) pronto le dará pistas a Frank del camino a seguir para destruirle: convencer a los votantes de que los Underwood son mucho más que un matrimonio perfecto, que ellos siempre podrán dar un paso más que ningún otro matrimonio es capaz de dar. Aunque, en un principio, parece que Conway será un adversario con una altura moral similar a la de Heather Dunbar, que no bajará al barro para convencer a los votantes de sus excelencias; pronto acaba mostrando que realmente no está tan lejos de Frank y que, tras sus aparentes buenas maneras, oculta las mismas actitudes que los Underwood. La política, como arte de mentir al pueblo, queda patente en esa insignificante reunión a solas, improvisada, vendida a los medios de comunicaciones como decisiva para tomar decisiones conjuntas y en la que realmente no hacen más que lamerse las heridas y presumir de aptitudes frente a su adversario.

A pesar de que, públicamente, Claire y Frank apoyan la candidatura de Cathy Durant, en la sombra, los Underwood ya están moviendo los hilos para que sea Claire la elegida. Solo que Cathy se percata de ello antes de lo esperado por el matrimonio y también empieza a hacer su jugada, presionando a los Underwood con su propia campaña y ganándose la simpatía de Conway, que la mantendrá de Secretaria de Estado si finalmente es presidente. A grandes males, grandes remedios debe pensar Frank a la hora de citar a Durant en el Despacho Oval y confesar que toda esa investigación sobre su persona es verdad, que él mató a Barnes y Russo. Son segundos en los que el espectador no sabe muy bien cómo reaccionar ante tal confesión… hasta que Frank deja ver que se trata de una cruel broma que está gastando a Durant, tan cruel como la amenaza que helará la sangre de la propia Secretaria de Estado segundos después.

Freddy (Reg E. Cathey) será el único que, en cuatro años, tenga el valor necesario de decirle a Frank en su propia casa lo que verdaderamente piensa de él. Ese “motherfucker” que Freddy le escupe en la cara al Presidente, cuando Frank reduce su amistad durante años a un simple acto de cocinar costillas asadas, nos sienta a todos de maravilla. Aunque no será tan maravilloso su posterior encuentro con Tom Hammerschmidt (Boris McGiver) cuando este último requiera de su ayuda para seguir uniendo el rompecabezas que forma la corrupción y el abuso de poder realizado durante años por los Underwood. El antiguo jefe de Zoe actúa en un principio como un lobo solitario, recolectando pistas contra Frank Underwood, hasta convencer a la actual redactora del Washington Herald para formar un equipo de su entera confianza, que le ayude con el reportaje que podrán contra el abismo a los Underwood. La investigación de Hammerschmidt ha sido el único acto, en todo este tiempo, que ha hecho a Frank reconocer ante su esposa que tiene verdadero miedo por el futuro de ambos.

HoC_Freddy

El propio showrunner de la serie, Beau Willimon (de quien este ha sido su último año al frente, cediendo el testigo a Melissa James y Frank Pugliese) ya avisaba en el 2013 que llevarían la historia mucho más lejos de lo que la BBC lo hizo. Que esta era una historia oscura repleta de crueles personas cometiendo viles actos y que nadie pensara que evitarían ninguna controversia. Esta cuarta temporada ha sido especialmente la que más se ha acercado a la cruenta realidad que nos rodea día a día, sin que le haya temblado el pulso a la hora de hacer terribles guiños a la situación global que vivimos en la actualidad. Demostrando que, por muy extraño e imposible que pueda parecer, la realidad siempre acaba superando a la ficción.

El secuestro de una familia por parte de extremistas islámicos y la manipulación que los Underwood realizan de la operación de rescate es el mejor ejemplo de esta situación y la demostración de como el matrimonio utilizará cualquier recurso disponible para su beneficio propio, incluida la muerte de inocentes y provocar un miedo irracional en su propia nación. La sempiterna y omnipresente teoría del miedo… enfermiza, sí; pero terriblemente efectiva en nuestra sociedad actual. Al fin y al cabo, el miedo es una relación mucho más fiable que el amor.

HoC_ICO

Durante la crisis de los rehenes, que marca definitivamente el tramo final de la temporada, el matrimonio Conway compartirá residencia con los Underwood en la Casa Blanca, con el fin de que Will pueda aportar su experiencia en las negociaciones con los extremistas. Situación buscada por los Underwood para menoscavar la confianza del matrimonio por separado. Frank, pudiendo compartir las culpas con Conway si algo sale mal durante la negociación con los terroristas y, al mismo tiempo, dejando que Will vaya cavando su propia tumba según avanzan las negociaciones, pues su fracaso dejará el camino libre para que Francis pueda declarar oficialmente el estado de guerra de la nación; al que el republicano y su candidato a vicepresidente, el general Brockhart (Colm Feore), no podrán poner pegas, tras haber criticado previamente a Underwood de actuar con mano blanda ante el ISIS (perdón, ICO). Y, al mismo tiempo, Claire podrá ir derribando poco a poco la idealizada imagen de esposa y madre perfecta que Hannah desprende en público, menoscabando la participación de ella en los logros que la pareja ha tenido y poniendo en tela de juicio su decisión de limitarse a ser simplemente la madre de sus hijos.

Do you regret it, not having children?

Do you ever regret having them?

Durante las negociaciones con los terroristas, Frank les convence para que liberen a la mujer y a la hija del matrimonio secuestrado, lo que ya es todo un logro para los Underwood de cara a la nación y un buen presagio para el destino del marido y padre de familia. Pero el conocimiento de la inminente publicación del reportaje de Bob Hammerschmidt provoca un cambio de rumbo en la estrategia del matrimonio, el más controvertido que hayamos podido ver en pantalla en muchos años: sabotear el rescate y provocar el asesinato del único rehén que queda por liberar. Con esta cruel y terrorífica maniobra, los Underwood (a estas alturas, totalmente desatados) pretenden sumir a la nación en un enfermizo pánico que relegue a un segundo plano cualquier escándalo que salga a la luz de su pasado; ganando el voto de la sociedad al adoptar una postura de total inflexión frente al enemigo.

No vamos a ser nosotros los que afirmemos que un político se alegra de los actos que ponen en peligro la seguridad y la vida de sus conciudadanos; aunque es innegable que, para unos cuantos de ellos, un acto de terrorismo le suponga una oportunidad para correr una espesa cortina de humo que oculte su pésima gestión, su galopante corrupción y su, más que probable, enriquecimiento personal… pero dejemos de hablar de la política española y sigamos analizando la cuarta temporada de “House of Cards”.

HoC_killing

La siniestra retransmisión de la decapitación del padre de familia, helando la sangre de todo espectador, incluidos los que ocupan un asiento en la Casa blanca, son los fuegos artificiales que anuncian la mayor victoria de los Underwood a sólo tres semanas de las elecciones. Ya no tendrán que ganarse la voluntad del pueblo, no tendrán que luchar por ocupar un espacio en sus corazones. Simplemente provocarán que el pánico llame a la puerta de cada hogar y rellene la papeleta de cada votante. (Seguro que esta situación no es del todo desconocida para el lector). El estoicismo con el que el matrimonio contempla la ejecución, sin apartar los ojos de la pantalla (en clara contraposición con la reacción del resto de acompañantes, que retiran la vista horrorizados) nos permite contemplar como los Underwood ya se relamen de gusto viendo en el horizonte su triunfal futuro electoral.

No obstante, una última sorpresa depara al espectador. En un momento en el que ya estamos sobrecogidos por la escena que acabamos de contemplar, “House of Cards” decide echar un descomunal órdago a nuestro ritmo cardíaco y orquestar un magistral plano final. La cámara inicia un lento recorrido hacia la cabecera de la mesa, presidida por el matrimonio; mientras uno a uno, el resto de participantes de la negociación va retirándose, incapaz de seguir presenciando el acto de violencia que se emite por la pantalla. Claire solicita que quiten el sonido de la emisión (básicamente gritos, convulsiones del rehén y cánticos religiosos en árabe). La cámara se detiene a una distancia que permite a los Underwood agarrarnos por el cuello y, juntos, romper la (nunca tan frágil) cuarta pared que nos aísla para soltarnos unas amenazadoras palabras que ya forman para siempre parte de la cultura televisiva:

That’s right, we don’t submit to terror…
we make the terror

I am the danger decía Heisenberg a su mujer, en aquella memorable escena en la que se explicaba magistralmente la diferencia entre el verbo ser y estar en la eterna “Breaking Bad“. Es imposible no acordarse nuevamente de ella cuando es el matrimonio Underwood el que nos mira fijamente a los ojos antes de anunciar el apocalipsis: “No nos rendimos ante el terror… nosotros creamos el terror”. Pareciera que “House of Cards” se encontrase con “Breaking Bad”… pero no. A diferencia de Walter White, Frank Underwood nunca gozó de nuestra simpatía en el sentido más convencional de la palabra. Es cierto que disfrutamos viendo como sus planes terminan funcionando, pasando por encima de mucha gente, de muchos sueños y de muchos cadáveres, disfrutamos con el mal que emana por sus poros; pero no es un personaje por el que sintamos admiración. Walter White comenzó siendo un afable y humilde padre de familia cuyos sueños fueron pisoteados, que acabó transformándose en una oscura figura, más grande que el personaje que lo contenía. Frank Underwood es un hombre hecho a sí mismo, sin un atisbo de piedad hacia todo lo que pudiera separarle de lo que quería alcanzar. Un villano exquisito con el que en numerosas ocasiones nos hemos sentido compañeros de viaje en ese ascenso imparable; redefiniendo ya de paso la expresión compañeros. Pero eso también se acabó en esta cuarta temporada. Mientras en las primeras temporadas, Frank era el guía que teníamos dentro de ese campo de minas que es la intrincada vida en la Casa Blanca, haciendo que nos percatáramos de cuando alguien mentía, cuando alguien intentaba mantener las apariencias, compartiendo con él algunos de los momentos más importantes (su primera visita, ya como presidente, al Despacho Oval, que cerraba majestuosamente la segunda temporada)… ahora Frank ya nunca más se dirigirá a nosotros de esa manera. En este sentido, la primera acción destacable dirigida esta temporada al espectador, se produce mientras Frank se está preparando un sandwich; como si el dirigirse a nosotros fuera porque no tenía mejor cosa que hacer y, probablemente, fuera así. Frank ya no se preocupa de nosotros. Los espectadores ya formamos parte de lo que separa a los Underwood del éxito. Su plan para aterrorizar a la sociedad comienza a ejecutarse con nosotros.

HoC_4wall

Guerra, muerte, dolor y terror nos estarán esperando poco después de iniciar el año 2017. A diferencia de “Wag the Dog“, en la que se simulaba una guerra para tapar los escándalos de la administración; Frank y Claire no temblarán ni un milímetro a la hora de aprobar el envío de tropas. Nuevamente, una atroz y cruel acción que se llevará por delante la vida de inocentes. ¿Es este un final terrorífico?, sí… pero, como ya hemos dicho, la realidad siempre puede superar a la ficción. No hay más que imaginar a Donald Trump en el Despacho Oval o cuatro años más de Mariano Rajoy.

Puro pavor.

Anuncios
3 comentarios leave one →
  1. Paulo permalink
    12/04/2016 16:52

    Excelente, el mejor análisis de la 4ta qué he leído.

  2. Ursi permalink
    13/09/2016 21:22

    En las alucinaciones, Zoe lleva el vestido blanco que llevaba en la fiesta la primera vez que se cruza con Francis (http://pixel.nymag.com/imgs/daily/vulture/2014/02/11/11-house-of-cards-ep-5-3.w1200.h630.jpg). No va “vestida como Claire”.

Trackbacks

  1. Nuestras series de 2016 | El Cadillac Negro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: