Skip to content
Anuncios

“Stranger Things”: retorno a la inocencia

01/08/2016

Stranger Things_Drew Strazan Poster

La cultura de masas lleva tanto tiempo instalada en el culto a la nostalgia que corremos serio peligro de ahogarnos en ella. ¿Cuánta nostalgia podemos soportar? ¿Cuántos rincones del desván de nuestra infancia quedan por expoliar? Contra el vicio de Hollywood de activar como un mono borracho las palancas de la memoria, bombardeándonos indiscriminadamente con continuos reciclajes de los ochenta y noventa, nos queda la virtud de cerrar nuestras carteras y proclamar que no todo vale. Enteraos, ejecutivos de majors y cadenas de TV, no queremos más remakes y secuelas de las películas que marcaron nuestra infancia y/o adolescencia (bueno, ejem, salvo de “Star Wars”, ahí os dejamos vía libre). Dejadlas en su sitio, que ya tiraremos nosotros de DVD o de fibra si nos apetece volver a ver las originales una vez más. De verdad, no necesitamos que traigáis de vuelta a los “Cazafantasmas”, aunque les cambiéis de sexo, igual que en temporadas anteriores tampoco necesitábamos que nos pusierais al día a “Poltergeist”“Terminator”“Robocop”“Carrie”“Desafío total” o “Pesadilla en Elm Street”, por citar solo unas pocas. Parad ya con ese rollo, o, si no hay más remedio que persistir en explotar nuestros recuerdos, seguid el ejemplo de “Stranger Things”.

Porque sí, admitamos que, en dosis controladas y bien administradas, la nostalgia continúa funcionando en esa generación que fuimos críos en los 80 y los 90 y que todavía nos resistimos a vernos como nosotros veíamos a nuestros padres a aquella edad. Está esa pequeña parte de cada uno de nosotros que anhela secretamente regresar a la inocencia, la falta de responsabilidades, las meriendas pegados al televisor, las visitas al videoclub y el espíritu de aquellos veranos interminables en el pueblo o en la playa con hermanos, primos o amigos. Y a ese niño que nos gustaría volver a ser es al que invoca el último artefacto de Netflix, que, en vez de presentarse como reboot o remake de un título determinado, ha optado por picotear de un nutrido puñado de greatest hits ochenteros para construir un universo propio pero inmediatamente reconocible a base de ensamblar con gusto, gracia y coherencia (y, ojo, que eso no es tan sencillo) mil referencias, personajes, subtramas, recursos, entornos y clichés de la época. Aunque “Stranger Things” a estas alturas no nos va a cambiar la vida como sí hicieron muchas de las películas que homenajea,  triunfa plenamente a la hora de crear la ilusión de retorno a aquel hogar perdido en la memoria, pero sobre todo, es el entretenimiento más  puramente disfrutable, sin darle más vueltas, que consumiremos este verano.

 

En realidad es una jugada tan obvia que parece mentira que a nadie se le hubiese ocurrido antes.  Steven Spielberg lleva años tratando de dar con esa serie que conecte con la audiencia de la misma forma que lo hacían sus producciones cinematográficas de los 80, sin reparar en  que al mismo tiempo que su arte y su gusto ha ido madurando con el tiempo, también lo ha hecho la distancia con el “niño grande” que fue. Aunque de vez en cuando aún lo intente, hoy ya no se le debe pedir a Spielberg que haga obras “como las de antes”, porque para eso están otros. Alumnos aventajados que, a falta del sentido visionario de su maestro, se están revelando como perfectos recicladores del  sense of wonder original. Son los J.J. Abrams, Colin Trevorrow y, a la vista de los resultados, estos Duffer Brothers que nadie conocía hasta ahora. Y son unos tipos listos estos hermanos. Tanto como para tener claro que su criatura se iba a armar a partir del imaginario que cultivó aquel Spielberg de finales de los 70 y principios de los 80, incluyendo ahí  las maravillosas producciones de Amblin dirigidas por colegas afines como Robert Zemeckis, Richard Donner o Joe Dante. Hablamos de esa América de clase media y suburbios residenciales, pueblos pequeños en los que nunca pasaba nada hasta que un suceso extraordinario o sobrenatural se colaba por la puerta trasera de la casa familiar, trayendo consigo la emoción de la aventura, la excitación ante lo desconocido y la maravilla de lo imposible.

Stranger-Things_Bike-chase

Ese universo spielbergiano, ese paisaje mítico que secuestró la imaginación de tantos niños de los 80, es en el que se enmarca “Stranger Things”. De acuerdo, el “Super 8” (2011) de JJ Abrams llegó antes, pero admitamos que aquella cinta, aunque disfrutable, era un homenaje muy rígido, una falsificación demasiado perfecta a la que le faltaba lo esencial: la magia genuina de las obras originales. “Stranger Things” es mejor que “Super 8” por varias razones, pero una de ellas es que a la receta Spielberg se le añade otros ingredientes propios de la época que hacen que el guiso posea más matices y sustancia. La retahíla de referencias la habréis leído en muchos sitios (Stephen King, John Carpenter, John Hugues), pero conviene destacar que el invento no se queda en la enumeración de guiños (que también), sino que sabe qué hacer con esas influencias para erigirse en algo más que un mero tributo, de modo que uno puede engancharse igualmente aunque sea torpe a la hora de cazar citas o directamente ignore las fuentes de las que se bebe. Así, aquí conviven con naturalidad la aventura prepúber iniciática con el horror de viscosidad lovecraftiana, el drama de familia desestructurada con los códigos del slasher,  la sci-fi de sabor conspiranoico con la angustia adolescente. La serie es absolutamente consciente de su condición referencial, pero si además de eso es capaz de ensamblar  piezas de “E.T.”, “Encuentros en la tercera fase”, “Los Goonies”, “Cuenta conmigo”, “Poltergeist”, “Alien”, “Carrie”, “La Cosa”, “Pesadilla en Elm Street” o “El club de los cinco” en un único puzzle  sin que poco o nada chirríe, estamos ante un Epic Win de manual. La clase de pastiche genial que habría hecho alguien como Tarantino si en vez de haber mamado el spaguetti western, el kung fu o el blaxplotation hubiese crecido con este material.

Stranger Things_Teenagers

Por si todavía no la habéis visto, no profundizaremos aquí sobre la trama, que tampoco es que sea  para analizar sesudamente sino para dejarse llevar por su mood deliciosamente escapista; tan sólo apuntar que“Stranger Things” le pertenece a un cuarteto de chavales (el líder natural Mike, el tocapelotas Lucas, el gracioso Dustin y el sensible Will) que, claro, son los Goonies, o básicamente cualquier pandilla de los ochenta de la que formara parte Corey Feldman. Y son tan entrañables como tienen que serlo, con sus juegos de rol, sus walkie-talkies, sus bicicletas, su verborrea friki, su resistencia al bullying, sus rencillas y su compañerismo  sincero y leal. Y también hay una misteriosa desaparición, a la que luego le siguen más misterios. Y una madre coraje en una casa encantada que hará lo que sea para recuperar a su hijo perdido. Y un sheriff que lidia con un trauma del pasado pero que no se amedranta ante nada.  Y amenazantes agentes gubernamentales cubiertos con escafandras que practican experimentos clandestinos. Y un monstruo que enseñan poco, como marcaban los cánones impuestos por el tiburón de Spielberg o el Alien de Scott,  para que sea la imaginación del espectador la que termine de darle forma. Y un triángulo de amor bizarro que implica a una princesita del instituto, el chico malo y el marginado del pueblo. Y, por supuesto, está Eleven, una niña de 12 años enigmática, trágica y conmovedora que es el verdadero corazón del show, uno de los grandes personajazos del año seriéfilo y el descubrimiento de la maravillosa Millie Bobby Brown, que lo dice todo solo con sus miradas y expresiones.

Stranger Things_Eleven

Posiblemente la trama principal de “Stranger Things” podría haberse contado en una película, y posiblemente habría sido peor que la serie, o en el mejor de los casos se habría quedado en otro “Super 8”. Sin embargo, el formato de ocho capítulos, liberados de una tacada como es norma en Netflix, permite dotarles a sus personajes de una dimensión y un arco dramático más profundo que si se hubieran limitado a los 90-100 minutos del largometraje estándar. Y que la estructura se acote a 8 episodios y no a 13, o 16 o 24, también impide que Matt y Ross Duffer se pierdan en rodeos tratando de rellenar como sea el metraje establecido. “Stranger Things” tiene el ritmo, la concisión argumental y el poder de adicción como para que quieras verla rápidamente, incluso aunque no seas partidario de los empachantes maratones televisivos. Además, posee una buena factura técnica, respetuosa con la estética que homenajea pero no anacrónica, unas interpretaciones en general más que solventes (incluida la de la recuperada y criticada Winona Forever Ryder, cuya histeria gestual es coherente con el estado mental de su personaje), y un exquisito cuidado por los pequeños detalles, desde esos créditos extraídos de las portadas de los libros clásicos de Stephen King hasta los sintetizadores oscuros que conectan más con las atmósferas de John Carpenter que con el sinfonismo de John Williams, pasando por una selección musical muy de la época en la que aparecen The Clash, Joy Division, New Order, Modern English, Bangles, Toto o Foreigner.

Stranger Things_Winona Ryder

Como todo producto Netflix ( o de, en realidad, cualquier cadena) que triunfa (y lo de “Stranger Things” está siendo un pelotazo imparable potenciado por el boca a boca), ya se ha dado vía libre a una segunda temporada que desde aquí preferimos acoger con cierta prudencia. Los Duffer Brothers se han apresurado a explicar que será una secuela en la que se resolverían los cabos sueltos y que tienen escrito un documento de 30 páginas que detalla más prolijamente los misterios del universo de la serie. Pero no nos engañemos, la historia de “Stranger Things” queda razonablemente cerrada en sus ocho capítulos, y esos cabos a los que aluden sus creadores perfectamente  podrían quedarse como están, incluso se pueden considerar como un homenaje (otro más) a los finales abiertos de las cintas de terror de los ochenta. “E.T” o “Los Goonies” no tuvieron una secuela, y quizás eso haya contribuido a que perviviesen como títulos inmaculados en nuestra memoria. Nunca llegó una segunda parte regulera que ensuciara su recuerdo. Una continuación de una serie tan específica como “Stranger Things” corre el riesgo de marear la perdiz y no aportar nada relevante a lo ya contado, o de que el truco pierda la gracia de tanto repetirse, o de que se caigan con todo el equipo y la caguen a lo grande. Aunque quién sabe, también puede salir bien, pero, de cualquier forma, ya lo hemos dicho antes: la nostalgia, mejor en dosis controladas y bien administradas para no morir de sobredosis.

Stranger Things_Alternative poster

Anuncios
10 comentarios leave one →
  1. Anónimo permalink
    06/08/2016 14:44

    Que reseña!. Me quito el sombrero con ustedes. Estupenda crítica

  2. Indi permalink
    07/08/2016 7:03

    Completamente de acuerdo con esta crítica! Han expresado mi sentir de manera impecable. No tengo nada que agregar. Adoro el regreso de Winona Ryder!

  3. Migue permalink
    20/08/2016 2:12

    Fantástica crítica y completísimo análisis de la serie y sus circunstancias. Mi enhorabuena, de verdad. Un saludo

  4. Christian permalink
    22/08/2016 22:38

    Como siempre, muy acertados con los análisis que realizan aquí en el blog. Un deleite leerlos

  5. Anónimo permalink
    06/09/2016 1:42

    Increible reseña ! envidiable sapiencia cinéfila.

  6. Andrés A. permalink
    11/12/2016 12:24

    Bueno, yo también llegué a esta entrada gracias a uno de los spam que, si mi intuición no me falla, el mismo autor de este blog ha ido metiendo en artículos sobre la serie aparecidos en medios más serios, a modo de auto promoción. Y lamento disentir con el resto de zalameros que aquí han comentado, pero este “análisis” de la serie no justifica el tiempo perdido en su lectura, ya sea por su superficialidad, sus clichés, o directamente falsedades. Lección aprendida para mí, no seguir más lo links spam colo estos.

  7. 15/02/2017 18:36

    Que buena reseña! Aun no la he visto pero me han entrado ganas! Gracias

  8. Jorge Pedro Milostic permalink
    16/08/2017 2:33

    Siguiendo el tema de los puzzles y ensambles de piezas, me parece obvia la referencia bíblica al episodio de David y Goliat (Primero de Samuel capítulo 17) en la escena de la derrota del Demogorgon

Trackbacks

  1. “Sing Street”: all you need is pop | El Cadillac Negro
  2. Nuestras series de 2016 | El Cadillac Negro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: