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“The Walking Dead”: aquí huele a muerto…

03/04/2017

(ALERTA SPOILER: Prohibido leer sin haber visto hasta el decimosexto y último episodio de la séptima temporada de “The Walking Dead”)

¿Para qué nos ha servido la séptima temporada de “The Walking Dead”? ¿Qué valiosísimas lecciones hemos extraído del visionado de sus 16 capítulos, emitidos en dos tandas entre octubre y diciembre de 2016, y febrero de este año y el pasado domingo 2 de abril? Pues hemos aprendido que si plantamos unas verduritas en nuestro huerto casero debemos cubrirlas con una lona, para que den brotes antes de las heladas, y luego quitamos la lona y por lo visto nos ahorramos tener que deshierbar o algo así. Eso se lo enseñó Maggie a un tipo random en el penúltimo episodio. Ahora también con un poco de levadura seca, peróxido de hidrógeno, jabón líquido para lavar platos, desatascador de baños y una botella de cristal sabemos cómo hacer mucha espuma y luego con un mechero, un palo y un par de globos nos sale un pepino de bomba que da mucha risa. Eso lo hizo Eugene para, básicamente, fardar delante de tres fulanas. La verdad es que Eugene ha sido una mina esta temporada (¿el personaje del año, quizás?), pues gracias a él podemos alcanzar el nivel experto con nuestro Atari en el “Yar’s Revenge”, vengándonos así del malvado Qotile por la destrucción de Razak IV. Ah, con Rosita aprendimos a hacer unos nudos muy chulos. Y gracias a los sagaces repartidores de El Reino, descubrimos que la mejor forma de trasladar UN melón, sin que exista la más remota posibilidad de que se nos pierda, es en el interior vacío del remolque de un camión, dentro de una caja de madera bien sujeta, por supuesto, con unas cuerdas. Tuvimos también unas impagables lecciones culinarias: Dwight nos mostró cómo elaborar un delicioso sándwich vegetal a base de tomate, pepino, lechuga, huevos y mostaza, y fuimos testigos del dominio de Negan con los fogones: ese tipo prepara unos espaguetis a la boloñesa que te mueres… ¡Ahí va, esto sí que moló mucho!: atando un cable la hostia de duro a dos coches, sólo necesitamos una buena recta y un poco de sincronización para hacer papilla a centenares de zombis en apenas 15 segundos. Y… bueno, seguro que se me queda alguna cosilla por ahí, pero básicamente podríamos decir que lo demás, todo lo demás, ha sido puro relleno.

Confieso que he tenido la tentación de dar por concluido aquí el post, porque creo que se entiende perfectamente el mensaje y se capta la ironía. Pero algunos llevamos siguiendo “TWD” desde sus inicios, allá por noviembre de 2010. En este blog hemos escrito sobre ella más que sobre ninguna otra serie, pues con éste ya van doce posts y, de hecho, fue la primera serie que trajimos al Cadillac, siendo la cuarta entrada que publicamos, y ya llevamos casi 700. Así que después de siete años de fidelidad, defendiéndola cuando creíamos que debíamos hacerlo, aunque nunca llegamos a pasar por alto sus flaquezas… no, creemos que es de justicia que expliquemos, intentando hacerlo de la forma más seria y razonada posible, por qué llegados a este punto los tres redactores que aún seguíamos semana a semana en este blog la (aún) ficción estrella de la AMC vamos a dejar de hacerlo. Sí, amigos, es muy probable que éste sea el último post sobre “TWD” que leeréis por aquí. Si será definitivo o por una larga temporada, eso sólo el tiempo lo dirá, pero a día de hoy así están las cosas.

Desde su arranque, “TWD” no ha dejado de recibir, a partes iguales, elogios desaforados y críticas despiadadas. Ha sido muy difícil encontrar ese sano término medio en el que nosotros, al menos, sí hemos intentado movernos. Pero podemos decir que encontramos más lógica en aquéllos que la han disfrutado muchísimo, y consecuentemente no han dejado de alabarla, que en esa otra dañina especie que la ha odiado casi desde el primer minuto y aun así la ha seguido viendo capítulo tras capítulo, temporada tras temporada, con el único objetivo de defecarse obscenamente sobre ella. Es imposible entender cómo alguien no disfruta con algo y aún se martiriza exponiéndose continuamente a ello, con la amplísima oferta que hay por ahí para pasar tan buenos ratos. Vale, sí, lo entendemos, aunque sigamos sin compartirlo: hay gente que parece gozarlo de lo lindo en su condición de ‘hater’, y eso de soltar bilis sobre lo que sea parece que les proporciona un inmenso placer. De nada sirve repetirles eso tan obvio de «Si no te gusta no lo veas». Así que, siendo consecuentes con lo que nosotros hemos defendido durante tantos años, ahora que “TWD” nos parece una serie mediocre y plomiza hemos decidido mandarla al carajo. Después de concederle, eso se lo debíamos, una temporada entera de gracia, quién sabe si esperando un milagro que en el fondo sabíamos que nunca iba a producirse. Eso sí, que tampoco nos venga ahora nadie con tonterías del tipo «Ya os lo decía yo» o «Si me hubieseis hecho caso…», porque no nos valen. Veíamos la serie y escribíamos sobre ella cuando nos molaba, y la aparcamos y nos centramos en otras cosas mucho más disfrutables ahora que ya no nos mola. Parece fácil de entender, ¿no?

Y es que “TWD” llevaba ya un tiempo coqueteando con el desastre, como ya vimos en su sexta temporada y expresó muy bien mi compañero Jorge en su pertinente post. Ese equilibrio que ya teníamos asumido entre, cito, «grandes aciertos combinados con incómodas torpezas, momentos sobrecogedores de intensidad máxima con lapsos de desesperante vacío», empezaba ya a decantarse preocupantemente por lo segundo, a lo que hubo que sumarle esas penosas trampas de guión (la no-muerte de Glenn) que llegaron a su cénit con ese calamitoso cliffhanger final. Siento tener que volver de nuevo sobre ello, cuando ya gastamos tanto tiempo en su momento en vomitar nuestra frustración, pero además de suponer una tremenda falta de respeto hacia el espectador yo añadiría que “TWD” cometió la inconcebible torpeza de tirar por tierra una oportunidad única de haber tenido un momento televisivo a la altura de la Boda Roja de “Juego de tronos”. ¿Se imaginan, por un instante, que los responsables de la ficción de la HBO hubiesen dado inicio a esa inolvidable secuencia, cortándola en su momento clave para mantenernos a la espera de su desenlace durante medio año? Demencial, ¿verdad?

Scott M. Gimple, Greg Nicotero y el propio Robert Kirkman, o sea, los máximos responsables de tamaña tropelía, se apresuraron a explicarnos que entendían el cabreo de algunos espectadores, pero que éstos lo acabarían aceptando y su jugada se revelaría exitosa en cuanto todo el mundo viese el arranque de la séptima temporada. Pues lo siento, pero no. Cierto que The Day Will Come When You Won’t Be” fue un capítulo acongojante de principio a fin, que nos dejó muchas imágenes que permanecerán en nuestra retina para siempre y que tuvo más intensidad y carga dramática que toda la sexta temporada junta, pero eso no hace más que acrecentar mi indignación porque todo eso, o gran parte de eso, fue lo que nos escamotearon en la anterior season finale. Y ya puestos, si ya entonces tenían pensado cómo resolverlo (que yo tengo bastantes dudas), un mal menor hubiese sido cerrar la temporada reventándole la cabeza a Abraham, abriendo la siguiente con esa inesperada segunda víctima, contentando además así a los defensores más acérrimos del cómic de Kirkman. Pero bueno, el daño ya estaba hecho, y en ese punto aún guardábamos esperanzas, muchas, de que podríamos llegar a reconciliarnos con la serie, pues lo que se presentaba por delante podía y debía ser apasionante. Ni en nuestros peores augurios hubiésemos imaginado que no sólo no sería así, sino que “TWD” iba a hundirse de forma tan estrepitosa y palmaria.

Hace ya mucho tiempo, al menos por aquí, entendimos que no debíamos exigirle a “TWD”, la serie, fidelidad absoluta con “Los muertos vivientes”, los cómics, pero sí contábamos con que seguiríamos pudiendo agarrarnos a ellos en sus momentos clave. En las viñetas ya apreciamos un bajón considerable, que se prolongó durante demasiados meses, cuando Rick y compañía llegaron y se instalaron en Alexandria… hasta que, en el número 100, Negan hizo su aparición, con Lucille en ristre, y a partir de ahí Kirkman supo endosarnos algunas de las mejores entregas de su ya entonces muy longeva ficción, construyendo un villano tan apabullante (y tan divertido de leer, algunos ya me entenderéis) que el mismísimo Gobernador se hubiese hecho pis encima en su presencia. Asi que, si Negan y sus Salvadores hicieron honor a su nombre y consiguieron salvar “Los muertos vivientes”, dábamos por hecho que el Negan televisivo llegaría para repetir la jugada con la serie, pero nada más lejos de la realidad. Y la culpa no es de Jeffrey Dean Morgan, que está inmenso en la piel de un Negan que, exceptuando ese lenguaje tan sucio que sería excesivo incluso para una HBO, en líneas generales sigue las pautas del cómic casi al pie de la letra. Por mucho que nos duela a los viejos seguidores de “Supernatural”, lo cierto es que Papá Winchester ha encontrado en “TWD” el que será sin duda el papel de su vida, y por el que siempre será recordado. Al menos Sam y Dean parecen habérselo tomado con humor. Como digo, aunque algunos llegásemos a salivar en su día con ese rumor que apuntaba a Jon Hamm, es justo reconocer que Dean Morgan es el Negan perfecto. La diferencia está en que en los cómics la aparición de tan rotundo villano fue clave y decisiva no sólo por lo que aportó el personaje en sí, sino porque consiguió despertar de su letargo a todos los demás, y levantar otras tramas y subtramas que llevaban demasiado tiempo sesteando. En la serie ha sucedido, en cambio, todo lo contrario, y la presencia de Negan no ha servido más que para, por contraste, mostrar las vergüenzas y dejar en evidencia al resto de personajes, que lejos de espabilarse han ido demostrando, capítulo tras capítulo, que están prácticamente agotados, que su interés se ha desvanecido por completo y que ya no les queda prácticamente nada que aportar. Llevábamos muy poquito de temporada, creo que sólo cuatro semanas, cuando le comenté a mis compañeros, en tono de broma, que estaba planteándome ver sólo los episodios en los que apareciese Negan. Tras la season finale de este domingo, ahora pienso que igual esa hubiese sido la opción más acertada.

También resulta exasperante ver cómo los responsables de “TWD” han acreditado su inutilidad a la hora de encontrar una fórmula distinta, para construir sus temporadas, que la que vienen usando desde sus inicios, y que ya nos tenemos muy aprendida: regresamos después de un parón en alto con un capítulo muy potente, metemos a continuación morralla a cascoporro, malgastando cinco o seis episodios para contar lo que podíamos haber contado en uno y medio, para volver a cerrar muy arriba, dándolo todo en la midseason o season finale de turno. Esto, que siempre ha sido muy cuestionable, con el tiempo se ha hecho ya insostenible. Más aún cuando llueve sobre mojado y porque resulta muy preocupante, por no decir indignante, constatar la alarmante falta de ingenio y de recursos de unos guionistas, se presupone, de primer nivel. Es ese otro eterno debate entre los que han atacado “TWD” porque «nunca pasa nada», y sí tenemos en cambio mucho bla, bla, bla que no suele ir a ninguna parte, rebautizándola como “The Talking Dead”, y aquéllos que la han defendido justificando que esas pausas dramáticas siempre han servido para ir elevando la tensión, haciendo evolucionar por el camino a sus personajes. Nosotros siempre nos hemos posicionado de parte de estos últimos, pero en esta ocasión tenemos que alinearnos ya irremediablemente con los primeros.

No sorprende, por tanto, que “The First Day Of The Rest Of Your Life”, la season finale, haya subido considerablemente el nivel de la temporada, algo que todos dábamos por hecho y que justo por eso no nos debería bastar, como quizás hacíamos antaño, para perdonarles todo lo demás. Era más o menos lo esperado, incluída la muerte de turno de una de sus protagonistas (que ya veíamos venir desde cuatro capítulos antes), y si acaso debemos celebrar, con qué poco nos contentamos, que no nos hayan arrojado a la cara un cliffhanger tan nauseabundo como el de 2016. Y Shiva ha molado bastante, venga, va. Pero dos capítulos salvables frente a 14 que podríamos tirar, en su mayoría, a la basura es un balance pobrísimo, casi diría que ofensivo. Porque si en entregas anteriores esa fase de morralla siempre acababa salpicada aquí o allá con algún momento brillante, incluso capítulos muy reivindicables, este año hemos tenido la NADA más absoluta. Mi compañero Jorge cerraba su análisis de la pasada temporada mirando al futuro y pidiéndole a Gimple y compañía que desistieran «en ese mal vicio de abusar de la paciencia del espectador. Está comprobado que 16 capítulos son más que suficientes para contar una historia, cualquier historia. Aprovéchenlos». Pues no, no lo han hecho, y es especialmente descorazonador porque ya no estamos hablando de un traspiés que pueda solventarse en futuras entregas, sino de la confirmación definitiva de que, mientras siga en estas manos, esto es lo que hay y lo que habrá. No podemos esperar ni un atisbo de genialidad de unos guionistas que, teniendo tanto a su favor, no han mostrado más que mediocridad, torpeza e ineptitud a la hora de elaborar una trama mínimamente interesante. Recientemente fui testigo de la conversación entre dos amigos, también fans de “TWD”, uno de los cuales seguía siendo optimista y defendía que podíamos perdonarle a una serie habernos entregado una mala temporada. El otro, en su réplica, creo que dio con la clave: «Vale, pero no la temporada de Negan». +1.

Mencionaba más arriba la tan cacareada excusa de la ‘evolución’ de los personajes para justificar esos momentos valle tan habituales en la trayectoria de “TWD”. Y si bien es cierto que en años anteriores hemos podido comprárselo, en estos últimos 16 capítulos no ha colado porque hemos sido testigos del estancamiento y la pérdida absoluta de gracia de sus protagonistas. El ejemplo más claro es el de Carol, el personaje que más y mejor creció en sus primeros seis años de travesía por el Apocalipsis zombi, que ya tuvo un viraje un tanto caprichoso en la anterior temporada y que en esta séptima, directamente, no ha hecho absolutamente nada hasta los 5 minutos finales. O Daryl, que aplastado por el peso de la culpa de la muerte de Glenn y por un cautiverio bastante penoso, aunque breve, no ha sido más que la sombra de sí mismo, un tipo del que apenas nos hemos percatado cuando aparecía en pantalla. Si bien Rick, Michonne, y quizás la dolientes Maggie y Sasha han dado lo que más o menos se suponía que tenían que dar, sin demasiados alardes, eso sí, el resto… pero, en serio, ¿realmente a alguien le puede preocupar ya lo que le suceda al resto? ¿Queda ya siquiera un solo personaje por el que derramaríamos lágrimas si acudiese al encuentro de Lucille, o apareciese un caminante y se lo merendase? De hecho, creo que podríamos sentirnos aliviados con la desaparición de unos cuantos. Empezando por Morgan, que ya sea en modo pacifista o psycho killer siempre será un permanente dolor de huevos, continuando con el padre Gabriel, un lastre total, Carl… no, a Carl le salvamos para que Negan le siga vacilando, pero quizás sí se lo haya ganado Rosita, por su ineptitud, y sin ninguna duda la suerte más atroz deberíamos reservársela a Tara, candidata a coronarse como el personaje con menos interés de toda la serie (a su lado uno casi acaba echando de menos a Beth… o a T-Dog) y que tuvo el honor de protagonizar en solitario el capítulo más bochornoso en la historia de “TWD”, “Swear”, que además de soporífero y absurdo era incomprensiblemente largo. Y si la serie siempre ha funcionado mucho peor cuando ha tenido diseminados por el terreno a sus protagonistas (recuerden el fastidioso periplo hacia Terminus), pues mantener el equilibrio entre tramas nunca ha sido la especialidad de su equipo de guionistas, en esta séptima temporada se ha hecho peor que nunca. Tan rematadamente mal que nos ha sido imposible engancharnos a esos escenarios, grupos y caras nuevas que deberían haber aportado aire fresco al show: La Cima o Hilltop, en la que esperábamos haber profundizado mucho más, El Reino, o nuestras mayores esperanzas hechas añicos; los Carroñeros u Oceanside, con los que apenas merece la pena malgastar palabras. Ni siquiera los capítulos ambientados en el Santuario de los Salvadores de Negan han brillado como esperábamos, aunque en comparación hayan estado un poquito por encima de la media, que no es gran cosa.

En realidad, le estoy dando demasiadas vueltas cuando es mucho más sencillo. Uno aguarda cada semana con avidez una nueva entrega de esas series que está siguiendo con entusiasmo, mientras espera poder abordar otras que le recomiendan fervorosamente pero aún no ha podido encontrarles un hueco por falta de tiempo, y cae en la cuenta de que tiene varios episodios pendientes de “TWD” y no ve el momento de ponerse con ellos… por pura pereza. Y al final acaba acometiendo su visionado casi por obligación, en parte con este blog y también porque nos resistimos a abandonar, más aún después de siete años, cualquier cosa que en el pasado nos haya brindado no pocas satisfacciones. Ahí es cuando uno debe valorar si realmente merece la pena malgastar su preciado tiempo cuando lo único que obtiene son decepciones, y cuando ser testigo del declive de una obra puede ser tan doloroso. Porque, ¿cuánto crédito debemos otorgarle a una serie como “TWD”? ¿Debemos perdonarle una mala, nefasta temporada, como defendía ese amigo? ¿Por qué no confiamos en que pueda remontar en su octava entrega? ¿No le queda suficiente arsenal, visto lo visto en su season finale, para regresar el próximo otoño de forma espectacular? ¿Serán capaces sus responsables de reaccionar viendo cómo sus audiencias, aunque siguen siendo bárbaras, han retrocedido a niveles de la tercera temporada, y la valoración de sus episodios ha caído de forma alarmante? Pues me gustaría pensar que sí, pero yo he perdido toda esperanza. Quizás esos espectaculares índices de audiencia hayan sido los culpables de que los gerifaltes de “TWD” se hayan acomodado y dormido en los laureles, pensando que a estas alturas nos tragaríamos cualquier cosa, pero mientras los números les salgan estoy convencido de que les vale, y querrán estirar el chicle, como ya ha amenazado Gimple, incluso hasta 2030 o más allá. Hemos visto muchas, demasiadas series de nuestros amores morir de éxito. La mayoría porque son alargadas en exceso cuando su premisa en realidad no daba más que para dos o tres, siendo generosos, temporadas brillantes. No es el caso de “TWD”, cuyo planteamiento daba para una ficción de largo recorrido, más aún con la base de los cómics. “TWD” está agonizando sin remisión no sólo porque Gimple y compañía no quieren dar un golpe de timón, sino porque tampoco pueden, ni saben, ni tienen el talento suficiente que sí vemos en cambio, y a puñados, en muchas otras producciones actuales.

Otra señal inequívoca de que una serie está herida de muerte, sin que ya nada ni nadie pueda salvarla, suele ser cuando en la terminología seriéfila habitual ‘salta el tiburón’. Ya saben, cuando su argumento se torna tan exagerado e inverosímil que pierde totalmente la credibilidad y la coherencia interna. No es el caso de “TWD”, que lo que está haciendo es arrastrarse en un pozo de mediocridad, apatía y autocomplacencia. Tanto que uno casi desea, pues podría ser una de sus últimas tablas de salvación, que “TWD” salte el tiburón y se vuelva una cosa loquísima y demencial, con la que al menos podamos descojonarnos un rato o maravillarnos con giros y ocurrencias inesperadas. Aunque mi pronóstico es que echarán el resto en la próxima season premiere, cumplirán con su pertinente ración de morralla y se pondrán de nuevo las pilas para intentar despedirse contentando a los más fieles. Si es así, me alegra saber que no estaré allí para que me sigan tomando el pelo. Si sucede todo lo contrario, por favor, avisadnos.

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6 comentarios leave one →
  1. Israel permalink
    04/04/2017 1:03

    Amén! No sé si tienes más razón que un santo o realmente has dicho lo que quería oír. Qué estafa, por favor y lo siento, su mayor exponente ha sido este último capítulo, porque lo de la moralla de en medio, ya lo teníamos asumido. El último de la sexta me dejó con una sensación parecida. Tanto que se me quitaron las ganas de seguir. Hasta el punto de que cuando recordé que yo estaba siguiendo una serie que iba sobre zombis, iban ya por el décimo episodio de la séptima temporada. He de decir que Negan me reconcilió en ese primero de esta temporada. Me pareció brutal e hizo olvidarme de lo que pasó en la sexta, pero después, otra vez la nada. Papelón de Dean Morgan, sin duda alguna, pero como decían en barrio sésamo “Sólo no puedes….” y que con un personaje así, que serías capaz de cargarte la tele o el electrodoméstico donde quiera que estés viendo la serie con tal de verle muerto, no sean capaces de hacer una temporada en condiciones, ya no sé cómo lo van a hacer. El otro día comentaba a un amigo que a partir de ahora iba a ver el primer capítulo y el último, pero en el fondo, tú y yo sabemos que habrá 8ª temporada y la volveremos a ver. Aunque con menos entusiasmo. Malditos….

  2. Anónimo permalink
    04/04/2017 10:19

    Totalmente de acuerdo con todo el artículo. Palabra por palabra, frase con frase. Parece incluso que me has leído la mente. Aunque supongo haya mucha gente pensando lo mismo y sintiendo que reflejas nuestra frustración e indignación perfectamente.
    Yo he sido de las que he visto el último olvidándome de los 7 anteriores de esta segunda entrega. Después de un inicio de temporada memorable, ver la nada absoluta durante 7 capítulos me llegó a indignar y decepcionar tanto, que se me quitaron las ganas de ir siguiéndola al día como siempre. Para más inri, amigos me iban comentando que no pasaba nada, asique fueron pasando los capítulos; el 9, el 10,… Y mi pereza aumentaba ante la indignación de los que me iban transmitiendo que ya se estaban cabreando. Y así he llegado hasta el último sin haber visto el resto. Y vale, pasar, pasan cosas. Pero no todo lo que uno podía esperar. Este tenía que haber sido el 9 y la guerra que se intuye va a suceder, el resto de temporada. Y digo intuye porque como sigan alargando yo también me planteo seriamente bajarme del carro. Triste después de tantos años, pero me niego a perder el tiempo si veo que la serie ya no merece la pena.

  3. 04/04/2017 10:45

    Suscribo cada una de tus palabras de esta entrada, Rodrigo. Yo he sido un fiel seguidor de la serie desde su primera temporada. Ello me llevó a interesarme por los cómics en los que se basa y quedarme maravillado ante ellos. Es la serie más irregular de la historia, y en mi caso la he seguido viendo porque había leído los cómics y esperaba la llegada de Negan y los salvadores como agua de mayo. Me autoconvencía que la serie despegaría en ese momento definitivamente, y por eso la decepción que siento es máxima.
    Sé que caeré en la trampa y veré la 8ª temporada pero la apatía que me despierta la serie ya a estas alturas en casi insalvable…

  4. Domingo Gomez permalink
    04/04/2017 16:59

    Ellos sólitos…los comics que van desde el numero 100 hasta el inicio de la guerra, no tienen mucha acción pero si mucha miga, los personajes y sus motivaciones son bien desarrollados…te dan el trabajo hecho, yo no entiendo por que este despropósito de temporada, desde el 2 hasta el 15 me paso siempre lo mismo, comenzaba el capítulo y me distraía, con cualquier cosa, de hecho, recuerdo vagamente esos capítulos…el capítulo 8 también es bastante decente ahora que recuerdo…por cierto, a mi los sueños de Sasha con Abraham me han parecido como pausas publicitarias, menudos diálogos…tengo la esperanza de que algún día la HBO se haga con los derechos de los comics.

  5. Ruth Abad Muñoz permalink
    05/04/2017 0:18

    Creo que ya te lo dije otra vez, pero te lo repito: leerte es leer mis pensamientos. Sí a todo… excepto a dejar de verla. Aún no puedo despedirme de Rick. Y seguiré esperando a que le dejen un par de episodios a Tarantino.

  6. christian permalink
    10/04/2017 0:18

    Por dicha la serie va a continuar a pesar de toda esa paja que escribieron en este post. Y por dicha ni el autor de esta critica ni los que lo apoyan harán falta como espectadores….

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